LOS PERSONAJES DE ZOOTOPIA NO ME PERTENECEN, A EXCEPCIÓN DE MIS OC
Agradecimientos:
Byakko Yugure: gracias por tu review. Hum... oye, no sé; pero sólo le pongo parte de mi a los capítulos, a mi historias, y si eso toca fibras sensibles, pues es maravilloso xd Hum... ya veremos si tu teoría es cierta, tendrás que esperar, además, ya faltan muy pocos caps para terminar el fic, sólo hay qu esperar xD Wuat con el pobre Leonzáles xD. Gracias por leer.
The Damned Nameless: gracias por tu review. Jajajaja, pues... sí, quién sabe :'v Oh, si a eso le pasara a mi Winnie... sólo diré que le enseñaré al diablo nuevos métodos de tortura :( Y de verdad me alegra mucho que te guste, mz. Eka lov ono :3. Gracias por leer.
XI
Nicudy 2.0
Apenas puse un pie en la jefatura, percibí la presión que había en el aire, como una bruma oscura y pesada que absorbiera el ánimo del lugar. Fue como chocar contra un muro invisible; los demás policías compañeros caminaban con la cabeza gacha y refunfuñando, e incluso Benjamín estaba con el ceño fruncido, algo que se veía extraño en su rostro.
—Bogo los está esperando —nos dijo, algo mosqueado.
—¿Sucedió algo, Ben? —preguntó Judy, con calma y delicadeza.
Ben se cruzó de brazos.
—¡Oh, claro que sí, Judy! Hace menos de quince minutos que llegaron los de Crímenes Mayores. Al Estado no le gustó que la ZPD tardara tanto en resolver y atrapar al asesino de Los Ritos Rúnicos y terminó por designar a dos investigadores de Crímenes Mayores.
Oh, dioses, ahora sí nos fuimos al carajo. Crímenes Mayores era una especie de división de la policía, podría decirse, pero conformada nada más por animales elegidos por el Estado, por el mismísimo gobernador, quien está por encima del alcalde Leonzález. Compuesta por animales que se destacaron en la Academia de policía, demostrando buen servicio en su, valga la redundancia, servicio; la unidad se enfocaba en delitos que eran demasiado para la policía, como amenazas terroristas, asesinos en masa, traficantes de algún tipo de drogas, etc.
Todo eso sonaba muy bonito, solemne, pero en realidad Crímenes Mayores era un ave de rapiña potenciada con cafeína, que no perdía oportunidad de arrebatar la presa a una ZPD que se hallaba de patas atada.
Pelusa salió disparada hacia la oficina de Bogo y yo la seguí trotando, que corriera tan rápido era un indicativo de que estaba enojada. Se detuvo en el acto frente a la puerta del despacho y tocó, cuando la alcancé, la voz gruesa y molesta de nuestro jefe nos indicó que pasáramos.
Lo hicimos. Cerré la puerta a mi espalda y caminé a una de las dos sillas tamaño búfalo de la oficina, sin mirar a los de Crímenes Mayores, ayudé a subir a Pelusa y ella se sentó al lado mío. Entonces ella me dio un leve codazo, apremiándome con la mirada que viera a los dos animales de la División.
«Esto debe ser una broma», pensé, rodando los ojos, incordiado. En la gran silla había dos animales acomodados con un aire resuelto. El primero era un conejo gris como el humo de cigarro, ataviado con un esmoquin, de ojos azules como glaciares y motivos negros en el pelaje de las orejas y mejillas, así como las muñecas y patas. La segunda era una zorra, ataviada en un ajustado vestido negro con una chaqueta de traje que resaltaba el pelaje blanco, pero no un blanco inmaculado, sino de un tono más... como la crema; sus ojos también eran azules, aunque tenían ese halo de buscadora de posibles estafas que algunos zorros en el bajo mundo de la ciudad emanaban. Buscando pichones.
Más allá de los aspectos pulcros y pulidos de los dos animales, me parecía una especie de broma que fueran una zorra y un conejo, nuestras antítesis.
—Hopps, Wilde —habló Bogo, cortando la tensión que estaba formándose—, les presento a los inspectores Savage y Winter. Como tal vez ya sepan, y si no lo saben les informo, ambos pertenecen a la escuadra de Crímenes Mayores y están aquí para ayudarlos en su investigación.
—Disculpe, jefe Bogo —intervino la zorra, Winter—, pero nosotros no ayudamos en la investigación, sino que tomamos el mando.
—¿Disculpa? —saltó Judy—. Esta es nuestra investigación, no pueden tomarla.
—Podemos y lo haremos, Hopps. Haremos un trabajo mucho mejor que ustedes.
—Skye, por favor —intervino el conejo, Savage—, conoces nuestras órdenes. No tenemos información alguna más allá de las runas que figuran en los expedientes de los homicidios. Tenemos que trabajar en conjunto con la ZPD. —Me miró y luego a Judy—. Pido disculpas, oficiales, pero Skye no es muy dada a trabajar en equipo.
Skye lo miró con el ceño fruncido.
—Trabajo contigo, lo que ya es mucho.
Savage parpadeó dos veces, acto que se veía desde lejos era para mantenerse calmo. Estiró la pata, tendiéndola hacia nosotros.
—Jack Savage, oficial Wilde, oficial Hopps, espero que podamos detener estos crímenes lo más rápido posible.
Le apreté la pata y luego fui a por la de Skye Winter, quien me la estrechó con un brillo malicioso en los ojos. «Lo que faltaba, tiene un temperamento como el de Zanahorias», pensé. Lo sabía con aquel gesto, y sabía que de ahora en adelante la investigación se volvería una carrera entre ambas para ver quién derrotaba a la otra.
Cuando Judy estrechó la pata de Skye, ambas se vieron a los ojos y duraron un rato así, midiendo la fuerza de la otra. Le lancé una mirada a Savage, tratando de preguntarle cómo podía sobrellevar algo así, a lo que él se encogió de hombros, frunciendo un poco los labios de impotencia. Conocía aquella respuesta. No se podía sobrellevar algo así, sólo podías dejarte llevar y rogar no terminar inmiscuido en una locura.
Algo así como yo con Zanahorias.
—Espero los cuatro se lleven bien y logren atrapar al asesino antes de que siga con lo suyo —comentó Bogo, haciéndonos a los cuatro voltear a verlo. Vaya, la presencia de Skye y Pelusa era tal que podían opacar a Bogo. Esto se pondrá feo—. Hopps, Wilde, pongan al corriente al inspector Savage y a la inspectora Winter. Pueden retirarse.
Asentí y me bajé de la silla, tendiéndole la pata a Judy para que bajara, pero ella me ignoró y bajó de un salto, caminando como un dragón a punto de lanzar una llamarada.
—Vamos a la sala cinco —dijo, saliendo casi volando de la oficina.
«Odín, dame paciencia, que la necesitaré.»
Cuando todos nos encontrábamos en la sala, cada uno sentado en una de las sillas de la mesa ovoide, pusimos al día a los dos inspectores.
Les contamos que el asesino ya llevaba cuatro muertos consumados, si contábamos a los cuatro lobos como uno solo, debido al contexto de las escenas del crimen. Víctimas como tal había ocho, en la cual incluí a Finnick, mi hermano de andadas. Ante ello, los dos inspectores me dieron el pésame y perdieron aquella carcaza burocrática, dejando ver el lado animal que tenían. Sumado a eso, añadí que había un quinto asesinato a la lista, la de una cuidadora de una casa hogar hacía nueve años.
—Está —continuó Judy—, como bien saben, también el tema de las runas.
—Sí —asintió Savage—, las analizamos en nuestra división, sabemos sus nombres, sus significados y a los dioses que, algunas de ellas, aluden. Sin embargo, el contexto de las mismas en las escenas no lo tenemos claro.
—Simple, inspector Savage —respondió mi novia—, sólo busque el significado de éstas dentro de las escenas. Está oculto a simple vista.
—Cronológicamente sería —mencionó Skye, moviendo un lapicero como si fuera una batuta—: protección, viaje, regalo, vacío y fuego, ¿cierto? —Pelusa asintió. Se sentía la tensión caldeándose entre ellas, pero estaban más relajadas la una con la otra—. Etapas en la vida del asesino, tal vez, o puede que sean momentos clave en su psiquis emocional.
—O puede que no —mencioné—, puede que también esté haciendo todo al azar, que mate a los animales conforme los encuentra. Digamos que era más sencillo ubicar a una cuidadora que a cuatro matones quienes se especializaban en pasar desapercibidos.
—Eso nos pondría en una situación delicada, Wilde —dijo ella—, porque sin saber quiénes son los siguientes objetivos, no podemos adelantarnos y detenerlo.
—Pero, Skye —apuntó Savage—, estamos hablando de un asesino que tiene consciencia forense, porque no tenemos muestras de ADN más que la que el oficial Wilde recolectó y que tardarán en entregar sus resultados. Y por la transcripción de los informes de los dos oficiales, el asesino encubre bien su especie. Sumado a que es tan metódico en sus homicidios que será casi imposible que nos adelantemos para atraparlo.
Yo no respondí a ello, porque no quería capturar a Helmi, en caso de que ella fuera la asesina; quería matarla para vengar a Finnick.
—También está el hecho, Savage, Winter, del punto mitológico de todo esto. —Miré a Pelusa pero ella me hizo un gesto para que siguiera—. Creo yo que cada uno de los homicidios está influenciado por uno de los Mundos.
Ahora que se lo comentaba a animales externos, notaba el peso de aquella aseveración. Con Pelusa podía decir cualquier cosa que pensara sin temor a decir alguna estupidez, porque ella no me juzgaba, sólo escuchaba.
—El primero, Algiz, la runa de Heimdall, el guardián del puente arcoíris, el Bifrost, entre Midgard y Asgard. El primer Mundo: Midgard. El segundo homicidio tenía a Raido, la runa del viaje, la transición, y el único Mundo que se me ocurre es Alfheim, el Mundo de los elfos de la luz. Con el tercer homicidio, Gebo, el regalo, alude a Freya y la historia del nacimiento de la raza Svartalf, elfos o enanos oscuros: Nidavellir. El cuarto, Perthro, el vacío, alude al vacío de Helheim, el Mundo de los muertos deshonrosos o los que no murieron en batalla. El último homicidio, Kenaz, el fuego, no debo de explicar a qué mundo alude, ¿o sí?
—Muspelheim —concluyó Judy—. Por ende, quedan cuatro Mundos. El de hielo, Niflheim; el de los dioses Vanir, dioses de la fertilidad, Vanaheim; el de los gigantes, Jotunheim; y el de los dioses Aesir, dioses de la batalla, Asgard. Lo que quiere decir que quedan cuatro asesinatos pendientes, en el peor de los casos.
»Y ahora que salen los Mundos a colación, me enfocaré en la última víctima. Raphael Mines, un chacal, muerto al ser incendiado vivo no sin antes haberle fracturado las extremidades para imposibilitarle la huida. En su cuerpo se halló la runa Kenaz, que significa «fuego» y se asocia al dios del fuego, Padre del Engaño, El Astuto, Loki. ¿Qué les dice eso, inspectores?
—Fuego, mentiras... —murmuró Skye—. Tal vez que la víctima engañó a nuestro asesino y lo lastimó a base de mentiras; algo tan fuerte que lo marcó a fuego.
Judy y yo nos miramos al mismo tiempo, había perdido su molestia con los inspectores de Crímenes Mayores y me lanzó una de sus expresiones de genuina sorpresa: cejas arqueadas y sonrisa invertida, pero no con ánimo molesto, sino más bien alegre. Yo entendía lo que quería decir: «Ella es buena».
—Por ende —seguí ahora—, fuimos al lugar de trabajo de la víctima: la empresa de reubicación de familias El Noveno Arcoíris. Resultó que no pudimos hablar con el jefe de la compañía, pero obtuvimos información de uno de los trabajadores, como que Raphael era un gestor infantil severo y que contaba con una lista de quejas que, por casualidad del destino, no aparecían en su expediente.
—¿Y cuáles eran dichas quejas, oficiales? —quiso saber Savage.
—Pequeñas palizas a los jóvenes que eran muy rebeldes y hacerlos pasar hambre —contestó Pelusa—, pero la más preocupante es el rumor de que abusó sexualmente de una adolescente. Sin embargo, como ya se dijo, nada de eso aparece en su expediente.
—Corrupción por parte del dueño, ¿eh?
—Así parece, pero lo preocupante no es que aquellas quejas no aparecieran en su expediente permanente de la empresa, ni hubiera reporte criminal, sino que el dueño de dicha empresa, y quien por tanto se encarga de anotar o hacer de la vista gorda en cuanto a las quejas, es Leodoro Leonzález, el alcalde.
Fue como si cayera un yunque en la sala, porque tanto Jack como Skye se quedaron en silencio por unos segundos, asimilando la información.
—Además —agregué—, al investigar a Natalie Jane, quien era déspota y prejuiciosa por el asunto de clases sociales y especies, dimos con que tuvo tres hijos, de los cuales dos la odiaban. Uno de ellos fue una víctima, Jork Jane, quien fue desacreditado y desheredado por su madre por no haber elegido una loba de su clase, sino una leona; él creía que su madre estuvo tras la muerte de su pareja felina. La hija, Aleh Jane, también la odia, pero no hemos podido obtener una orden para catear su casa, ni tenemos causa probable para arrestarla e interrogarla aquí. El tercer hijo, Patrick Jane, es el único beneficiario del seguro de vida de la madre.
Vi que Skye tensaba su cuerpo, lo que me hizo preguntarme si ella tenía familia así de controladora y extremista.
—Lo que nos lleva —continuó Judy— a la hermana de Natalie. Janet Jane, hermana menor de la loba, tenía una familia con su esposo, Harald Holjem, lobo sueco con melanismo, un hijo de quince años, Tyr Holjem, y una hija de catorce años, Helmi Holjem.
»De esta forma tenemos varios sospechosos: Aleh Jane, Patrick Jane y Helmi Holjem, sumado que Leonzález es un animal de mucho interés, con dos coincidencias en el caso, ya que conocía a Natalie y a Raphael.
Jack Savage se llevó una pata a la barbilla, con el ceño fruncido y esas rayas, su expresión de concentración se veía muy aprensiva.
—¿Se han dado cuenta de algo?
Los demás nos quedamos atentos.
—¿De qué, Jackye? —preguntó Skye.
«Ah, caray, ¿qué tenemos aquí?»
—El nombre —dijo—: Aleh. Es un anagrama para Hela...
—La diosa de la muerte, soberana de Helheim. —Skye abrió mucho los ojos—. ¡Oh, carajo!
—¿Un anagrama? —pregunté, sorprendido.
—Nunca los subestimes, Wilde —me advirtió el conejo—, llegará el día en que los necesitarás.
—Dejando eso de lado, muchachos —habló Pelusa—, centrémonos. Este hallazgo ha sido esclarecedor, pero debemos mantenernos neutrales. Hagamos esto: Savage, Skye, por favor investiguen a Leonzález, Patrick y Aleh, ¿les parece? Con sus recursos tendrán más sencilla la situación. Nick y yo seguiremos la línea de investigación que nos lleva a Helmi Holjem.
—Muy bien —asintió Savage, poniéndose él y Skye de pie—. Tenemos sus números de teléfono, en caso de encontrar algo, les avisaremos.
Dicho eso, ambos salieron de la oficina y nos dejaron solos.
Judy me acarició el dorso de la pata con dedos cariñosos, yo le tomé la pata y entrelacé sus dedos con los míos.
La necesitaba cerca para lo que iba a hacer.
Mientras menos hable del funeral de Finnick será mejor para mi salud emocional, colega. Eso sí no puedo contártelo, fui muy duro para mí.
Lo que sí te diré fue que todo transcurrió rápido, el papeleo y el entierro los logré coordinar el mismo día, sepultándolo en el cementerio principal de Zootopia, uno que, casual o irónicamente, se llamaba Valhalla.
Algo de interés fue que cuando le pedí un momento a Pelusa para despedirme a solas, al rato ella volvió agitada y me arrastró hacia una sección del cementerio muy alejada, cerca de un bosquecillo dentro de la propiedad.
Me señaló tres tumbas contiguas, cuyos nombres dejaban claro que se trataban de Janet, Harald y Tyr Holjem. Sin embargo, ese no era el punto interesante, algo que ya de por sí eran las tumbas, sino que en sus lápidas, debajo de los obituarios, tallada en la piedra estaba una runa.
—¿Qué diablos? —pregunté con la voz ronca por la despedida.
La runa era como una letra «F» mayúscula, sólo que en lugar de las dos líneas horizontales fueran de esa forma, estaban desviadas en diagonal hacia arriba.
—Es la runa de Frey, Nick —me dijo Judy—, el dios Vanir del verano, la fertilidad y la paz. Fehu; simboliza la salud, la abundancia y la positividad.
—Pues esto sí que es positivo, Pelusa. Sabemos que vamos bien encaminados, pero ¿cómo encontramos a una loba que parece haber sido devorada por la tierra?
Saqué mi teléfono y busqué un número en específico.
—¿Qué haces? —quiso saber.
Le guiñé un ojo.
—Ya verás. —El número cayó al cuarto tono—. Hola, Munin, necesito un favor.
—¿Otro? —rió ella—, pero si aún no me has pagado el anterior. Sabes que esto significará que el favor, si me resulta difícil, hará que te cobre un gran favor sumándolo al anterior, ¿verdad, cielo?
—Sí, sí, lo sé —suspiré, no me importaba mucho el pago de los favores, siempre y cuando lograra encontrar a Helmi.
—Dime, pues, ¿para qué soy buena?
—Necesito que localices a un animal: loba desaparecida desde los catorce años cuando sus padres murieron en un tiroteo en un centro comercial. Helmi Holjem. Hija de Janet Jane y Harald Holjem, y si te sirve de ayuda, Tyr Holjem es su hermano mayor.
Hubo un momento de silencio una luego una carcajada.
—Pónmela más difícil, Nicholas. ¿Para cuándo lo necesitas?
—Para ayer.
—Bien, dame quince minutos. Yo te llamo; salúdame a Judith, besos.
Y colgó.
