Protegiendo…me del demonio Edward.
Summary: Isabella Swan era una chica que estaba contenta con su vida. Hasta que le asignan como reto para su asenso el tener que cuidar de nada más y nada menos que de Edward Cullen, un malcriado hombre que solo le pondrá trabas al trabajo de Bella.
Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es mía, no busco beneficiarme con nada solo lo hago por diversión. Espero que les guste y que lo disfruten. Dejen reviews para saber si les gusta. Esta historia contiene escenas sexuales y lenguaje fuerte. Se recomienda solo a mayores de 18 años. Si eres menor, leer bajo tu propio riesgo.
"Ámame
cuando menos lo merezca,
porque será cuando más lo necesite"
"primer mes: y ya con problemas"
Bella POV
— Necesito que vayas a dormir a mi cuarto esta noche, Emmett — dije cuando él había abierto la puerta. Estaba todo adormilado y se frotaba los ojos con el dorso de la mano… ¡se veía tan lindo! — ¿puedes? — le pregunte e hice un puchero para ablandar su corazón.
— sí, si lo que quieras — y salió dando tumbos por el pasillo, abrió la puerta y entro. Jasper dormía con el trasero levantado y no pude aguantarme pero me reí quedito, llegue a la cama de mi hermano y me deje llevar, solo recuerdo haber tocado la cama cuando todo se volvió negro…
— ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí, Isabella? — Decía alguien desde la oscuridad en la que me encontraba — ¡yo te quería de verdad! Pensé que tú eras diferente a todas las demás mujeres pero veo que me equivoque, tú eres igual de golfa y mezquina que las demás — me acusaba esa voz, pero por más que prestaba atención no podía reconocerla. Mientras la voz se iba acercando, se iba haciendo más ruidosa y menos entendible — pero me las pagaras con lo que de verdad amas — se escuchó que decían a mi espalda luego de unos momentos.
Yo no podía ver donde estaba, todo estaba muy oscuro y a diferencia de otros sueños raros que tenía, aquí no había ninguna luz que me indicara que estaba en una casa, en una habitación, o en cualquier otro lado y eso hacía más tenebroso el lugar.
Seguía sin poder identificar la voz de la persona y se me hizo más difícil todavía cuando dejo de hablar y solo se oían quejidos provenientes del fondo. Cuando pude avanzar, tropezaba con cosas invisibles que estaban regadas por todo el piso ilimitado, trataba de encontrar una pared pero por más que caminaba no lograba tantear nada y eso me desesperaba aún más…
— ¡Ijaeja, Ijaeja! — me llamaban, parecía que tenía una mordaza y por eso no se entendía bien mi nombre. Seguía sin ver y cada vez se sentía más horrible; tenía miedo de quedar atrapada en esa oscuridad y no poder salir ni encontrar a la persona que me llamaba — ¡Ijaeja, Ijaeja! — volvían a llamar pero el ruido provenía de todos lados y no sabía dónde buscar…
— Isabella despierta — me decía Jasper sacudiéndome por los hombros — es solo una pesadilla, no es real — seguía diciendo — ¡despierta maldición! — dijo Jasper y me di cuenta de que lo escuchaba pero no podía abrir los ojos, se sentía horrible esa sensación…
— ¡Jasper! — lo abrace cuando al fin pude abrir los ojos. Fueron los 3 minutos más alarmantes de mi vida.
— solo era una pesadilla, solo eso — repetía mientras me abrazaba más fuerte y me pasaba una mano por el cabello — tranquila solo fue un susto.
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— entonces ¿vamos bien con los papeles de la Sra. Sánchez? ¿Están en orden? — me preguntaba Jenks, pero yo no le prestaba mucha atención pues mi mente todavía estaba pensando en la pesadilla que había tenido esta mañana.
—eh… si señor Jenks está todo en orden, no se preocupe — le dije y le sonreí de manera cómplice…
— Bueno eso me parece grandioso — sonreía arrogante pero para nada se acercaba a la sonrisa de arrogancia de Edward - porque Edward es único – dijo la vececilla. — tengo otros documentos que también necesito que me pongas en orden Marie, son sobre la herencia de una muchacha, nada importante, solo necesito que lo acomodes conforme las fechas que su eh… pariente, que en paz descanse, vino a hacer para su testamento — decía algo nervioso pero como dijo Emmett, me hice a la pendeja y no pregunte nada.
— claro que sí señor Jenks ¿Quién tiene los papeles? — le pregunte con la voz más inocente que pude sacar
— Los tiene James, como siempre muchacha — entonces me levante y no pude evitar un escalofrío al sentir la mirada morbosa de Jenks
— Si ya no me necesita más, me retiro Sr. Jenks — y salí de su despacho.
— Esto es lo que tiene Jenks para ti — me dijo su secretario extendiendo su mano hacia mí con los papeles en ella, pero no dejaba de ver en el ordenador. Me acerque para agarrarlos pero el retiro su mano y me señalo sus labios… – Y yo que pensaba que Edward era el demonio – dijo mi conciencia y le di toda la razón. Mire que no hubiera nadie por los pasillos y rodee su escritorio, me acerque a él y lo bese, apenas un roce entre nuestros labios, pero él quería más así que me agarro del cabello para acercarme y con la lengua pidió entrar en mi boca.
Cuando no había probado a Edward, como lo había probado este fin de semana, los besos que James y yo nos dábamos a escondidas no me sabían tan mal, si bien, él no sabe besar como es debido era algo lindo sentir sus labios, claro cuando no tenían exceso de saliva… pero ahora… ¡Dios! No podía evitar compararlos con los suaves y dulces besos que Edward me dio en todo el fin de semana y el que me había dado antes de irme a "trabajar"… — eres demasiado convincente ¿sabes? — me dijo una vez que nos habíamos separado. — Ten y por cierto en treinta minutos es mi descanso — decía sonriendo con ganas — ¿A dónde quieres que vayamos? — me pregunto, sus ojos azules brillaban como nunca y me daba pena el saber que le rompería las ilusiones y eso me hacía sentir mal.
— A donde tú quieras cariño — y le di, como recompensa por ser el conejillo de indias de mi malévolo plan, un beso suave en los labios y me fui al baño…
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— ¿este lugar es de tu agrado? — pregunto James. Seguía con esos ojos azules brillantes de ilusión y solo hacían sentirme más mal de lo que ya me sentía. Me tomo de la mano y la acaricio con ternura… y más mal me sentía. Yo misma me daba asco.
— si es lindo. Toma — le dije retirando sutilmente mi mano y dándole los papeles que me había dado el viernes por la mañana — gracias otra vez por ayudarme a entender mejor los asuntos del despacho del Sr. Jenks. Pero creo que todavía no entiendo bien las cláusulas, se me hizo algo complicado entender jeje — me reí hipócritamente pero él no lo noto, leyó los papeles detenidamente y se puso demasiado pálido pero no le dije nada. — entonces ¿me ayudaras? ¿Me lo podrías explicar por favor? — y le hice mi mejor cara de niña buena. Él compuso lo mejor que pudo su cara y me regalo una sonrisa forzada.
En fin, el almuerzo transcurrió tranquilo, me había "explicado" lo primero que se le había venido a la mente y yo había puesto mi cara de tonta para que se lo creyera mejor y al parecer así fue.
Cuando regrese a casa alrededor de las 8 de la noche y estacione el coche vi que Edward salía de la casa del vecino algo apurado, no le preste mucha atención porque en la puerta había una mujer de unos treinta y poco despidiéndolo con una mano… la otra sostenía una toalla… ¡una toalla! Apague el motor con algo de brusquedad y por los espejos retrovisores vi que se apuraba a llegar a la puerta de nuestra casa.
— así que por eso te querías quedar hoy ¿eh? Y a mí me acusas de usarte solo los fines de semana ¡qué poca! — le acuse. Él se sobresaltó al oír mi voz y enseguida volteo a ver a la casa de la vecina pero la tipa ya no estaba. — Tu querida amiga se metió cuando tú cruzabas su entrada para venir acá — le dije secamente y el ahora volteo a verme. — no me mires con esos ojos que me das asco. ¡Se supone que eres mi marido! — Le dije alzando un dedo y golpeándolo en el pecho… - ese pecho que de seguro y había tocado los de la vecina- dijo mi conciencia y de inmediato lo solté. Tenía en su mirada lujuria pero no contenida sino tenue, se veían serenos y brillantes lo cual me confirmaba lo que ya sabía… ¡él había tenido sexo salvaje con la puta vecina y ahora yo era la de los cuernos! Sin esperar a que el me contestara, entre a la casa y todos nos miraron con cara de no entender porque llegábamos juntos, no le di importancia y me dirigí a la cocina por algo de beber.
— Bella ¿Qué pasara conmigo? — preguntaba Alice desde el umbral de la cocina yo me voltee y vi su preocupación escrita por todos lados. Y así como había venido mi ira, si esfumo y le dio paso a la preocupación. Pero no deje que Alice la viera.
— Nada Alice tu seguirás viva mientras nosotros tres te cuidemos — y le bese su cabecita pues con el poco tiempo que llevábamos ya la consideraba como a mi hermanita — huele realmente bien ¿tu hiciste la cena? — le pregunte porque las únicas que cocinábamos de lunes a viernes éramos Alice y yo, la Barbie aquí casi estaba de adorno. Cuando nos tocaba limpiar solo refunfuñaba y hacía de mala gana su trabajo pero con el paso de los días ya la empezaba a tolerar… o a evitar que viene siendo lo mismo.
— No. Esta vez lo hizo Rosalie — y me quede con el ojo cuadrado – ¿la Barbie… cocina?- pregunto mi conciencia – sabia de la Barbie maestra y la Barbie doctora pero no de la Barbie chef hay que hablar con Ruth Handler* — se burlaba mi conciencia.
— ¿enserio Bar… Rosalie hizo la cena? — le pregunte, no me la podía creer. Alice solo asintió y sonrió con ganas — ¿y que hizo para cenar? — Le pregunte algo recelosa… - no me vaya a poner veneno en la comida… o peor ¡un laxante! – Dije por dentro – tienes un serio problema con el orden de tus prioridades – dijo mi conciencia pero para mí era peor estar evacuando todo el santo día a estar en el hospital con un lavado de estómago… - ¡Dios si están mal mis prioridades! – me queje.
— Lasaña — dijo encogiéndose de hombros pero yo, por dentro, me moría lentamente… - ¡nooooo! Lasaña. Esa Barbie hizo mi comida favorita y no podré comérmelo por miedo a morir - grite por dentro pero me sonó algo exagerado – vamos a probar un bocado y si luego de diez minutos no nos pasa nada seguiremos comiendo – me aconseje a mí misma pero no estaba del todo segura.
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Trate con todas mis fuerzas de no demostrar que esa era la lasaña más rica que había probado en toda mi existencia pero falle y Rosalie sonrió triunfal pero evite enfadarme… a fin de cuentas para algo servía la Barbie.
— ¿alguna vez has pensado dejar el modelaje y dedicarte a… no se… tal vez ser chef? — le pregunte a Rosalie pero era muy pronto para juzgar — haces muy rica lasaña — le dije y ella se quedó con los ojos abiertos… como todos los demás. Era muy bien sabido en esta casa que entre ella y yo no había lo que se decía respeto, admiración ni un tantito de cariño, por eso se asombraron al ver que admitía que Rosalie era buena para algo — ¿sabes hacer otro platillo que no sea lasaña? — le pregunte mientras devoraba mi lasaña muy lentamente saboreando cada bocado. Como no contesto levante mi vista y vi que seguía con los ojos abierto — ¿Rosalie?
—Sí — dijo algo apenada – quien lo diría la Barbie apenada – pensé — se hacer casi de todo. Esme me enseño cuando estaba chica. Ella es muy buena — dijo pero se sonrojo y se quedó callada y yo no le seguí preguntando…
Edward POV
— ¡Llaman a la puerta! — grite desde mi cuarto, seguía acostado y toda la mañana y algo de la tarde me la pase durmiendo oliendo la rica almohada. Como había predicho Isabella no pude dormir en toda la noche, la pequeña virgencita con sus manos inquietas me había quitado el sueño y para colmo Emmett vino a dormir al cuarto y se tiró encima de mí, aplastándome y dejándome sin aire. Como pude me zafé y me acosté en la otra cama, luego de unas dos horas viendo el techo sin poder olvidar las caricias de Isabella puse mi cara en la almohada… ¡olía tan bien! Olía a rosas… literalmente, olía rico. – ¡enfermo! – gritaba todo mi ser y la verdad lo era. Nunca había olido la almohada de una mujer ¡nunca! Ni siquiera creo haber olido la de mi madre y para empeorar las cosa el olor de su cabello impregnado en la almohada hizo que me quedara completamente dormido abrazándola… pensando que era ella. Pero en la mañana me desquite…
Flash back…
Me había despertado un golpe seco en mi rostro. Abrí rápido los ojos asustado por el ataque sorpresa y vi que Isabella reía felizmente.
— Tu… encuentras divertido el hacerme maldad — le acuse y ella solo se encogió de hombros y siguió asintiendo. Le arrojé la prenda que reposaba cerca de mi cara pero falle. Lo tire con poca fuerza y no llego ni a sus pies y eso ocasionó que ella estallara en carcajadas… ¡se veía tan linda así, sin preocupaciones y simplemente siendo feliz! Aunque su felicidad sea ocasionada por mi dolor eso no me importaba con tal de verla alegre y sonriendo; es más hacía crecer mi ego de macho el creerme que solo yo podía lograr esa sonrisa en ella. Hasta ese momento no me había fijado que solo llevaba una toalla anudada sobre los pechos y traía el cabello todo mojado, solo con verla mi amiguito empezó a quedar más grande de lo que ya estaba por el sueño que había tenido de ella.
— sí y no, galán — dijo cuándo pudo dejar de reír — necesito que te levantes que tengo que vestirme y obviamente tú no puedes estar aquí — dijo y me arrojo de nuevo la prenda que estaba en el suelo… dándome otra vez en la cara.
— ¡oye! — me queje como niño chiquito mientras me sentaba en la cama — no es justo yo sigo medio dormido por eso te aprovechas. — Ella meneo la cabeza y su cabello, que ahora era medio corto, se movía de lado a lado… danzando.
— No. Tú eres lento de reflejos y aunque estuvieras bien despierto te seguiría golpeando justo en medio de la cara — y volvió a reírse pero se dio la vuelta y abrió el armario, buscando su ropa. Con el sigilo de gato que tengo salí de la cama y me acerque a ella. Vi que se estremecía ligeramente, sintiéndome llegar y eso hizo que creciera aún más mi ego… y otra cosa.
— Seré lento de reflejos pero no soy ruidoso — le dije en doble sentido, pegando mis labios a su oreja mientras la tomada de la cintura y la pegaba a mí ya creciente y adolorida erección. Ella soltó un gemido tenue y eso me llego hasta lo más profundo de todo mi ser, jamás había disfrutado tanto de un gemido como ahora y más siendo un gemido de inocencia sin una pisca de falsedad ni mentira. — ¿o es qué opinas lo contrario? — le pregunte mordiéndole levemente su cuello y como respuesta obtuve otro tenue gemido. — Isabella — susurre su nombre en italiano mientras le daba la vuelta y devoraba sus labios. Esos labios que sabían a menta… le mordí levente el labio inferior y ella abrió su boca para que yo pudiera entrar… se sentía tan bien el tenerla entre mis brazos – es un idiota Jacob si la deja ir – pensé – serás un completo idiota si se la regresas – dijo ni conciencia y me estremecí al pensar eso. Ella no era mía y en cualquier momento podría venir Jacob, rogarle que lo perdone y alejarla de mí… pero no se lo permitiría o como mínimo no se lo pondría tan fácil. Ella pensó que me estremecía por su cercanía y pego aún más su cuerpo al mío y como pudo levanto sus brazos y envolvió mi cuello para acercarme más. Mientras ella pasaba sus manos por mi cabello, yo las tenía muy quietas a cada lado de su cintura, si me movía para arriba o para abajo todo acabaría… para ella. Muy lentamente deshice su abrazo y ella hizo un mohín, le di un dulce beso y me dirigí a la puerta – no mires atrás, no mires atrás – pensé – eres un caballero no un villano, eres un caballero no un villano – me repetía una y otra vez.
— ¿iras conmigo a trabajar? — me pregunto Isabella y yo automáticamente voltee pero ella ya no estaba en el cuarto sino metida en el baño con la puerta entre abierta. – Además de sigilosa, mala – dijo mi conciencia y yo me queje. Era muy malo saber que ella estaba con la puerta entre abierta y más malo aun el saber que estaba desnuda ahí ¡Y SIN MI!
— no, tengo sueño. Ve sola hoy — le dije algo indeciso… pero enserio tenia sueño — alguien no me dejo dormir anoche — ella salió con sus sonrisita triunfal y enseguida supe porque, ella creía que por sus caricias no pude dormir… y era verdad — no te creas importante. Tu hermano ronca como un oso — pero ella siguió con esa sonrisita y solo dijo ¡aja! Y paso a mi lado.
— ¡hey! Para que no me extrañez — la agarre del brazo e hice que se pegara a mí y la bese sin sutilezas, ella jadeo y se separó de mí y me limpio los labios que de seguro y tenían labial. Sonreí de lado como sabía que a ella le enojaba y no falle, torció los ojos y salió del cuarto algo más que ruborizada…
Fin del flash back…
— ¡¿Qué no oyen que llaman a la puerta? — pregunte a gritos cuando el sonido del timbre me saco de mis recuerdos. Levantándome de la que ahora era mi nueva cama, salí al pasillo. Me estaba volviendo loco el sonidito del ding dong incesante.
— abre tu yo estoy ayudando a tu prima a cocinar — grito Emmett desde la cocina
— y yo estoy ayudando a tu hermana a estirarse — grito Jasper desde el cuarto de ellas y la verdad me molesto eso, no es que pensara que estuvieran haciendo algo malo pero ella era apenas una niña, acaba de cumplir 19 ¡por el amor de Dios! Y Jasper tendrá sus buenos veintitantos
— será mejor que salgan y la estires donde pueda verte — le amenacé asomándome al cuarto y viendo que efectivamente la estaba ayudando a estirarse… pero aun así no me gustó nada
— solo mi sta aiutando* — me dijo Alice en italiano… evidentemente molesta
— quindi che egli aiutare…dove io veda* — le espete en el mismo idioma y me dirigí a abrir la puerta
— ¡¿Qué? — Le grite a la persona que estaba tocando el timbre sin quitar su dedo porque pensé que era un chiquillo latoso… no una mujer despampanante — perdón yo creí… yo pensé — balbuceaba como idiota, ella me puso dos dedos en los labios y me hizo callar.
— Descuida — dijo en tono seductor y me guiño un ojo — solo venía a preguntar si podría alguien ayudarme con mi… eh tubería, es que esta un tanto averiada y no pasa el agua — decía moviendo sus manos y hombros como si fuera una niña inocente creyendo verse sexy – ¡que, tenemos cara de plomero! – pensé pero era un caballero y ayudaría a sexys mujeres como ella.
— Claro en un momento estoy con usted — le dije peinándome nerviosamente el cabello – si Bella se entera nos mata – pensé y me estremecí.
— ¿estás bien? — pregunto acercándose más de la cuenta y mostrándome sus pechos dadivosos que sobresalían gracias al sostén demasiado pequeño que los contenía.
—Sí, si estoy bien no se preocupe — le dije apartándome un poco del camino — ¿en dónde vive perdón? — le pregunte para cambiar de tema.
— en la casa de al lado — y volvió a guiñarme –das un paso más hacia esa casa y eres hombre muerto- dijo la vocecita de mi cabeza –tenle más miedo a Bella que a Jenks. Al menos ella está más cerca de ti. Piénsalo bien – me aconsejo pero yo no era de nadie y no le iba a tener miedo ¡a nadie! Ella había dejado bien claro que no éramos nada, que solo nos estábamos divirtiendo, viendo quien cedía primero y si ella andaba con ese idiota de James yo andaría con mi vecina. Total "nuestro matrimonio anda mal; ya no nos llevamos como antes; puede que Edward tenga una amante" bien pues le daría veracidad al asunto.
— Ok estaré ahí en un mom — pero sus labios me callaron dándome un simple beso.
— ¡gracias! Te lo agradezco de corazón — y se llevó una mano al pecho izquierdo… ¡mi mano!
— c-claro Sra.… — tartamudee.
— Nada de señora — dijo algo enojada pero no era mi culpa, se le veía sus buenos años — soy señorita — decía separando cada letra — y me llamo Tanya Denali — y volvió a recuperar su tono sensual mientras me pasaba una mano por mi pecho — y te espero en mi casa. No tardes — y volvía a guiñarme y yo seguía como un idiota con la boca entreabierta e inmóvil como una estatua y solo pude asentir varias veces.
— no tiene nada de malo su tubería — dije desde abajo del fregadero. – yo no era un plomero para saber si estaba bien o no su tubería- pensé. Antes de salir de mi nueva casa había ignorado las miradas que Emmett y Rosalie me daban al verme tirado debajo del fregadero viendo detenidamente la tubería. Quería saber lo que pudiese en poco tiempo para no fregar la tubería de la vecina. Mi tubería y la de la señorita Denali no se diferenciaban nada más que por el color, así que o el de ella no tenía nada o las tuberías de los dos estaban seriamente fregadas — tendría que hablar con un plomero de verdad para salirse de dudas señorita — y me salí de debajo del fregadero llevándome una agradable sorpresa… a Tanya desnuda con una simple camisón cubriéndola.
— ¿q-que es esto? — le pregunte mientras no buscaba donde mirar. Mis ojos se iban directo hacia sus pechos y hacia más abajo — señorita Tanya por favor cúbrase — me voltee hacia la pared y pensé - ¿soy gay? ¿Isabella tiene razón al haber dicho que yo era gay? ¿Cómo es que ahora estoy dudando de mis preferencias? - me voltee de nuevo y sin darle tiempo a recapacitar, levante a Tanya y la bese con demasiada brusquedad pero es que quería desesperadamente comprobar que yo no era gay. Le quite el camisón y le bese los pechos, ella gemía y envolvía sus piernas en torno a mi cintura. Yo ahora devoraba sus pechos, besaba su cuello y mordía su lóbulo tal y como había hecho con Isabella el fin de semana… pero nada ni siquiera un intento por levantarse, nada.- ¿Cómo es que con Isabella si se despierta?- Ella se froto más contra mí, al no sentir mi erección se separó y me acaricio el pene por encima de la ropa - ¡es Isabella, es Isabella! – intente mintiéndome y solo así empezó a despertar pero no quedaba del todo erecto. Ella creyendo que había logrado despertarlo sonrió triunfal y sin soltarme me guio al sofá. Ella se tiró primero y me jalo a mí quedando más juntos todavía. Empezó a desvestirme y a besarme por donde pasaban sus manos – así que engañaras a Isabella – dijo mi mente – no la engaño. No puedo engañar a alguien que no es nada mío, ella lo dejo muy claro anoche. Es solo un juego para los dos y si ella tiene al estúpido de James de lunes a viernes, yo tendré a mi vecina los mismos días – y acalle toda queja que mi cerebro producía.
Le levante la cara y la bese en la boca, pero ella la retiro luego de un momento y yo baje, besando su mejilla, su mandíbula y su oreja. Ella se estremecía pero a mí no me causaba nada más que un leve latigazo. La intente besar otra vez.
— No — dijo jalándome el cabello con algo de fuerza — nada de besos, esa es mi regla — - y también era la mía — pensé. Solo pude asentir y seguir besándola por todo el cuerpo pero era más que obvio… no lograría algo con ella si mi amigo me traicionaba con no despertar. - ¡maldición! Esa mujer está más que buena ¡y yo no puedo hacer nada! – me queje. Ella iba directo hacia mi pantalón quitándome el botón y mi mente viajo hacia una escena más cómoda y feliz. Isabella había hecho el mismo movimiento el viernes pero a ella se le había escapado una risilla sensual y a esta mujer se le escapo un gemido de anticipación que en su tiempo me hubiese puesto a mil.
— lo siento no puedo — le dije levantándome pero ella me había agarrado del brazo. Sin esfuerzo me zafé y recogí mi camisa que estaba tirada casi junto a una toalla. Me vestí lo más rápido que pude y le tendí la toalla — mi esposa. Yo — pero ella volvió a poner sus dedos en mis labios callándome.
— no hace falta que me lo expliques — decía jadeando — cuando gustes aquí estaré — y me guiño de nuevo. Se puso la toalla y me abrió la puerta. — Eres el plomero más sexy que ha pasado por aquí — sonreí por lo que dijo y me fije que ya era de noche. Normalmente Isabella y yo regresábamos por ahí de la siete o siete y media pero como yo no había llevado reloj no sabía qué horas eran. Salí todo apresurado sin siquiera despedirme y rezaba porque Isabella no hubiese regresado a casa todavía… pero Dios no estaba de mi lado.
— así que por eso te querías quedar hoy ¿eh? Y a mí me acusas de usarte solo los fines de semana ¡qué poca! — me acuso. Me sobresalte al oír el enojo en su voz – ¡oh no! un mal día en el trabajo – pensé. Voltee a ver para saber si Tanya ya se había metido a su casa o si estaba viéndonos desde la puerta. — Tu querida amiga se metió cuando tú cruzabas su entrada para venir acá — me dijo secamente como si le hablara a un perro que no quería. Me gire para verla y lo lamente. Me patee por dentro al ver en sus ojos tristeza pero ella lo cambio a ira en segundos. — No me mires con esos ojos que me das asco. ¡Se supone que eres mi marido! — y me golpeo con su dedito mi pecho. – ¡amigo traicionero! - pensé al sentir que mi amigo se empezaba a endurecer con apenas y el golpeteo de su dedo. Pero luego de un minuto lo dejo de hacer. – no puedes entender que ella esta celosa bruto – dijo la vocecilla que tanto quiero y tenía razón ella estaba celosa porque yo había estado con otra, no en el sentido que ella creía, pero si había estado con otra. Me entraron unas ganas de abrazarla y decirle que no había nadie más que ella – ya, decidido, te volviste gay – dijo mofándose de nuevo la vocecita pero no le hice caso al contrario me di cuenta de que enserio quería a Isabella… por alguna extraña razón. Ella solo me veía y fruncía cada vez más el ceño – de seguro y está pensando la mejor forma de matarme. Sabía que debí de haber salido de ahí cuando tuve oportunidad- pensé. Como si no hubiese pasado nada se dio la vuelta y se dirigió a la casa y yo como el buen perro faldero que me volví la seguí sin decir ni mu.
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— Dormirás con el señor Cullen de ahora en adelante Emmett — decía Isabella mientras ella y Jasper terminaban de lavar los platos. Hoy nos tocaba a nosotros dos pero ella en el último momento dijo que quería hablar con Jasper de algo, Jasper solo sonrió con complicidad y la siguió cuando recogían los platos y los ponían en el fregadero. – te pasa por pendejo. La próxima vez llega antes que ella – me aconsejo mi voz interna. - ¿habrá próxima vez?- me pregunte pero no quería saber la respuesta.
— Si Bella — dijo simplemente Emmett y se dirigió al cuarto que ahora era de Isabella para sacar sus cosas. — Listo mi linda capitana — decía haciendo un saludo militar y todas las mujeres se rieron… ¡hasta Rose!
— bien ahora saco las mías — y se dirigió a mi cuarto. Sacando solamente la almohada que me había servido para dormir y la sabana para taparse. – Al menos no saco su ropa – pensé. Y sonreí porque mañana me despertaría como me había despertado hoy. Ella paso por mi lado y me hizo señas para que me acercara; así lo hice, la seguí hasta su nuevo cuarto y ella me acorralo una vez que estuvimos solos. — te lo diré así de simple — decía amenazándome de nuevo con su dedo pero no me tocaba — si vuelves a ver a esa mujer o si la saludas o lo que sea — decía dándole énfasis a sus palabras con su dedo — no solo la mato sino que a ti te castro — y me toco -¿Cómo puede seguir virgen si es así de atrevida? – pensé. — ¿entendiste? — y yo solo pude asentir, me sentía tan sumiso… tan poco hombre, así que actué por instinto.
— y si tu vuelves a estar con ese tal James no solo lo mato sino que a ti te — pero no me dejo continuar, me agarro y me jalo para que bajara a su altura. Me beso con lujuria y desesperación y yo le correspondí alzándola y llevándola a la cama más cercana. La deje con delicadeza y ella se rio por eso. Sin soltarme hizo que me pusiera encima de ella. Sin dejar de besarla le acaricie los pechos y ella gimió tenuemente y lo que no pudo hacer Tanya ella lo logro con un solo gemido.
— Isabella te hablan — dijo Jasper tocando la puerta, al instante nos quedamos helados. — Es Aro — como pudo salió de la cama y yo me tire al suelo para que no pudiera verme.
— ¿Aro? ¿Qué necesita? — le pregunto pero no hubo respuesta. — ¡hola! — y se asomó por un lado y se rio quedito al verme en el suelo — sí señor, ya estoy trabajando como su asistente y hasta ahora está detrás de Alice pero no se los motivos — se quedó viéndome pero no tenía ninguna expresión en los ojos — no señor, de mi padre no ha salido nada hasta ahora — se quedó callada un momento — claro que sí señor le mantendré informado — y colgó. Se pasó la mano por el cabello, nerviosa y apretó la mandíbula con demasiada fuerza.
— Tranquila ya encontraras la evidencia que necesitas — le dije mientras me levantaba. La abrace, ella dejó caer su cabeza en mi pecho y dejó salir un suspiro triste — me tengo que ir — le dije luego de unos minutos pero en verdad no quería irme, ella levanto el rostro y cerró los ojos, sonreí de lado y la bese dulcemente y salí de ahí.
Lo que quedaba del resto de la semana transcurrió normal pero yo ya extrañaba los ruiditos que hacia Isabella cuando dormía y extrañaba el sentiría ahí, a mi lado.
El domingo no quiso quedarse conmigo, pero tampoco salió con los demás. Había dicho que tenía ganas de despejar su mente... ¡Y de qué manera la despejo! En la tarde, fui con Alice al centro comercial; ahí vi a Isabella agarrada de la mano y riendo feliz con un tipo... y lo vi todo rojo.
— Mi vedi lo non sono l´unica (veo que no soy la única) — decía Alice jalándome del brazo — ¿perché non hai si dice cosi? (¿Por qué no lo has dicho?)— me pregunto mientras nos alejábamos de donde estaban ellos.
— Perché non c'è niente da dire, Alice (porque no hay nada que decir, Alice) — le dije dejando escapar un suspiro —e ¿come sia questo in "io non sono l´unica? (y ¿Cómo es eso de "no soy la única"?)— le pregunte alzando una ceja. Ella se ruborizo y miro a otro lado — non dirmi che con Jasper (no me digas que con Jasper) — le acuse y ella se ruborizo más — ¡Dio! Alice siamo sono alcuni idiots (¡Dios! Alice somos unos idiotas) — me queje y ella simplemente se rio.
— Vámonos de aquí — dijo en español y salimos de la plaza…
Bella POV
Se dice que uno se enamora muchas veces pero no sabía que también se podía de muchos. Jacob, Edward y ahora James los tres eran personas que me atraían ya sea con su carisma, con su elegancia y galantería o con su misterio pero con cada uno sufría... De diferentes maneras.
—entonces ¿qué dices? — me pregunto James sonriéndome.
— ¿qué perdón? — le sonríe de vuelta
—divórciate de Anthony y... Bueno tú y yo podremos... Más a delante... No sé... Casarnos tal vez. —… ¡Dios!
— no lo sé, James, todavía no estoy segura de que él tenga una amante y... No sé — dije bajando la cabeza sí no pensaba en algo pronto se me saldría de las manos y dudo que él sea de los que perdonan fácil y no son resentidos...
—sólo piénsalo va — y me tomo de las manos para irnos de la plaza.
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— Si bueno cuando se entere no solo a mí me mata — gritaba Emmett — ¿Qué porque? Porque ahora yo estoy a cargo de él y se me desaparece así como así y cuando ella lo sepa nos jalara las orejas — decía Emmett pero no necesitaba saber el nombre del perdido ni donde estaba — es mi hermanita pero cuando se enoja, se enoja — decía y me reí por su comentario.
— Descuida — dije cerrando la puerta. Él se sobresaltó y yo puse una cara inescrutable — tú no tienes la culpa, solo que cuando vuelva de jugar con la vecina dile que no venimos aquí de vacaciones y que si alguien lo descubre y Jenks lo mata no va a ser culpa de nadie — y me dirigí a mi cuarto, antes de llegar la Barbie me irrumpió el paso y me miro con odio — ¡ahora que Rosalie! — dije sin ánimos.
— Es tu responsabilidad cuidarlo y saber dónde está — decía con ojos enojados y hasta ahí llegue.
— no amiga, él era mi responsabilidad, además él no es ningún niño para estarlo vigilando las veinticuatros horas del día y si él quiere ir a revolcarse con la… vecina que vaya. Su seguridad está aquí, en esta casa, no ahí — le grite y ella se quedó quieta pero yo ya no podía parar, necesitaba descargarme — todavía el lunes lo vi salir de ahí. ¿Quién me asegura que no ha estado yendo toda la semana?… ¿Tu? No lo creo. — La empuje levemente para que se apartara — no lo voy a llevar de la manita a la casa de la vecina y ver que se la esté cogiendo como más les guste y traerlo de vuelta. Él sabe que está en peligro y aun así se expone por esa vieja… bien pues a ver si esa vieja lo puede proteger como yo lo hice cuando vuelva a aparecer Jenks. — le espete.
— Lo puede llevar Emmett — dijo encogiéndose de hombros y sonriendo con maldad
— ¡pues que lo lleve! —y cerré la puerta del cuarto con fuerza.
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— Los papeles que me dio Jenks no sirven para nada — dije enojada y aventándoselos a Jasper — por más que leo y leo no le busco ninguna trampa o algo parecido. Todo parece tan legal — me queje y me pase las manos nerviosas por los cabellos. Mañana se cumplía un mes y tenía que informarle a Aro de nuestro avance y si quería terminar todo esto antes de tiempo tenía que apurarme.
— le puedes decir a Edward que los cheque para ver si tiene algo o no. — Decía Jasper tranquilo — tú no eres abogada y por eso no sabes bien donde buscar — dejo los papeles en mi cama y salió dejándome sola. Llevaba días evitando al mujeriego de Edward porque no quería que se me acercara y me besara como hacíamos antes… aunque lo necesitara y quisiera, no iba a dejar que esos labios que siempre tocan a la puta de Tanya me tocaran y digo siempre porque él muy idiota después de haber llegado todo alcoholizado a la casa me había dicho lo que más me dolió y había jurado irse todos los días con ella…
Flash back…
— ¡ábranme! — gritaba Edward o más bien balbuceaba a gritos — no me ejen aquí afuerita que me ejtoy helando — lloriqueaba. Suspire y me pare a abrirle, escuche la risita de Jasper y le avente una almohada que solo hizo crecer más su risa.
— Ábrele a ese idiota y deja que duerma en la sala porque aquí no entra — me dijo Emmett desde la puerta de su cuarto y yo solo asentí y me dirigí hacia la puerta.
— te podrías callar — le dije jalándolo para que entrara — que hay gente que quiere dormir — y él puso cara de perrito abandonado — es tu culpa estar así, así que lárgate al baño y te bañas con agua fría mientras yo te preparo un café para que se te baje — y por un momento me sentí la típica esposa y me estremecí
— Por eso me gustas — y me dio un beso que sabía a alcohol y a algo más. – De seguro y al coño usado de la vecina –…con ese pensamiento a quien no le da asco.
— no me beses y menos cuando regresas todo usado — le dije y lo empuje — ahora al baño. — el no dijo nada, solo me dirigió un saludo militar y marchando se dirigió al baño y yo no pude más que sonreír como la idiota que era e ir a prepararle su café…
— ¡tómatelo! — Le ordene cuando él puso su cara de asco — es solo café — pero el solo movía su cabeza de lado a lado. Me tome un trago y le devolví la taza — ves, no tiene veneno — le dije en broma pero el solo seguía negando. — ¿Qué tienes? — le pregunte cuando vi que tenía los ojos llorosos. — ¿Tanya no te dejo satisfecho? — me burle pero también me irritó.
— odio lo que, hip, haces conmigo — decía dando cabezadas — odio, hip, sentirme sumiso y, hip, y —… y luego nada porque se escuchó sus ronquidos y yo me reí porque se veía lindo así, vulnerable…
— ¡¿Edward? — lo moví del hombro un poquito y se levantó de golpe tirando el café y la silla
— odio, hip, lo que haces con tus ojos, hip, si justo eso — y me apuntaba con un dedo pero yo no podía verme así que no supe que era — y ¡odio tus besos! — y eso llego hasta lo más hondo de mí ser. Me dieron ganas de llorar, nadie me había dicho algo así, ¡en la vida!
— bueno pues anda a disfrutar de los besos de la puta de Tanya. — Y le di una bofetada, que si el café no lo ayuda el golpe si lo haría —No es mi culpa no tener la experiencia de la vecina y sabes que, me vale un reverendo cacahuate si odias mis besos o no y vete olvidando de mí — le dije
— pues lo hare, hip, y sabes y me iré, hip, ¡TODOJ LOS MALDITOJ DIAS! — grito pero yo no aguante y me dirigí a mi cuarto, limpiándome una traicionera gota.
Fin flash back…
Y claro, ni perdón pidió al día siguiente, solo se quejó de un dolor de cabeza y de que todo le daba vueltas, de que no se acordaba de nada. Intento darme un beso cuando nadie veía pero el recuerdo llego antes de que pudiera juntar nuestros labios, él obvio quedo pasmado cuando yo me aleje y cuando me preguntó porque, se lo conté y quedo más pasmado… y como era de suponer todos los días se iba a achocar con esa tal Tanya, sin importar lo que decían… y yo quedaba como la idiota de los cuernos.
*esposa de Elliot Handler, cofundador de la empresa Mattel, ella las creo.
*solo me está ayudando
*entonces que te ayude… donde yo vea
Los quiere y los ama…
Wills-Cullen-Swan
