Capitulo 12
La posada del "Morro del Cerdo" era tan desagradable como su nombre indicaba y olía igual de mal.
De todos los moteles en los que había estado, y eran muchos, cientos de ellos, Sam nunca había estado en un antro tan desagradable y aún así estaba tan agotado que se quedo dormido enseguida.
Habían dejado a sus monturas en un establo, donde un mozo al que apenas le estaban empezando a salir los cuernos barría con lentitud y desidia.
Nesbiros había arreglado las acomodaciones y le había prometido una buena propina si además de dar de comer y beber a los caballos los limpiaba y les frotaba el pelaje. El mozo no había parecido muy entusiasmado, hasta que Nesbiros le enseño un botecito lleno de luz brillante y morada para convencerle.
Las habitaciones que habían alquilado, dos, eran continuas y se comunicaban tanto desde dentro como desde fuera, mediante unas puertas destartaladas cuyos goznes chirriaban estrepitosamente cada vez que alguien las abría o cerraba.
Si no fuera porque estaban en mitad del infierno, Sam no se habría sorprendido si la posada fuese un lugar poblado de espíritus psicópatas.
Horas más tarde, no sabía calcular cuantas, le despertó el maullido de un gato y se levanto desorientado del camastro de paja en el que se había echado.
Astaroth estaba echándole un ungüento marrón a la criatura que chillaba y se trataba de escapar con uñas y dientes. A pesar de eso la morena lo sostenía firmemente y aplicaba el producto sin parar.
Fijándose bien, Sam se dio cuenta de que si bien parecía un gato, tampoco eran un gato normal. Igual que los perros que había visto en la plaza, ese gato no se parecía a ninguno que hubiese visto antes.
Aparte de sucio y lleno de heridas, uno apreciaba enseguida que sus proporciones eran diferentes y aun diminuto como era, sus garras estaban afiladas como cuchillas.
– ¿Qué tal el sueñito, bella durmiente?– le preguntó la chica mientras lidiaba con el animal– Valefor ha salido a buscar a Sagat antes de que se meta en líos y Nesbiros ha ido a buscarnos algo de comer.
– Bien.
Sam se quedó ahí de pies, algo incomodo y sin saber que decir.
Ahora que ya estaba tan cerca de recuperar a su hermano, parte de la rabia que había estado sintiendo esos últimos días había desaparecido y se daba cuenta de que había estado enfadado continuamente constantemente y que estaba muy cansado psicológicamente.
Seguía preocupado por su hermano, muy preocupado, pero igual su presencia que estaba mucho más cercana lo estaba calmando. No faltaba mucho para que pudiese sacar a Dean de ahí de una vez por todas.
- ¿Puedes ayudarme a bañar a Dean?
Sam salió de sus ensoñaciones y parpadeó confuso.
- ¿Eh?- pregunto, dudando de si había oído bien.
- A Dean, el gato– aclaró Astaroth estirando los brazos para que viese bien a la peluda bola marrón. El gato tenía los ojos abiertos y asustados y estos eran de un color verde intenso– Valefor ha dicho que los ojos de tu hermano son verdes, y ha insistido en que se llame así.
Dean maulló enfurecido, mientras trataba de soltarse de las manos del demonio, que había estado poniéndole un líquido que quemaba y escocía en la piel.
Sam, lo cogió de las manos la chica, casi sin pensarlo y lo acunó entre sus grandes brazos tratando de calmarlo.
El gato abrió la boca y le soltó un bufido largo y pronunciado. Luego trato de revolverse, pero los brazos de Sam acaparaban más que los de Astaroth y también tenían más fuerza así que el gato se conformó con quedarse ahí quieto esperando la oportunidad para huir.
Valefor aprovechó ese mismo momento para abrir la puerta. Detrás de ella Sagat caminaba haciendo eses y con el rostro de un color pálido verdoso.
– Ha estado bebiendo aguardiente demoniaco desde que entró en la taberna– la voz de la pelirroja cargaba con un fuerte tono de indignación– Lo peor es que como no tenía un duro para pagar he tenido que apoquinar yo y ya sabes que no ando bien de dinero. He tenido que organizar una timba de póker con unos demonios que olían fatal, y encima se ha armado una pelea de la ostia cuando les he levantado toda la pasta…
– Pues así borracha no nos sirve– se quejó Astaroth– Para cuando se le pasen los efectos del alcohol pueden haber pasado dos meses. Me molesta darle la razón a Ness, pero….
– Pues se queda aquí– Sam acaricio la cabecita de Dean, que ya parecía algo más calmado. No tenía ninguna intención de que la borracha esa fastidiase todo el plan.
Valefor se encogió de hombros, dando
a entender que no le importaba realmente si Sagat se quedaba allí o
volvía con ellos. La demonio daba más problemas que otra cosa.
–
¿Y Ness?– preguntó tras echar un vistazo a la habitación y no
verle.
– Espiando a los guardias. ¿Nos ayudas a bañar a Dean? El pobre está muy sucio y se le van a infectar las heridas que le han hechos esos hijos de puta.
Valefor accedió de buen gusto, puesto que no tenían nada mejor que hacer mientras esperaban. Además ella también sentía debilidad por los animales.
El pobre Dean parecía que era el único que no estaba de acuerdo con la situación. Él hubiese preferido que le siguiesen pinchando con hierros antes de entrar en contacto con el agua.
Aun así, entre los tres consiguieron meterlo en un barreño de madera con agua tibia y lo enjabonaron varias veces hasta que se le fue toda la mugre.
Sam, que era el que lo sujetaba mientras las dos chicas lo enjabonaban y frotaban acabo con las manos llenas de arañazos. Finalmente, para cuando llego Nesbiros, Dean el gato estaba tan limpio como no había estado en su vida, y durmiendo hecho un ovillo encima de las piernas de Sam.
– Señorito Samuel, Sus maldezas– saludó este al entrar– He seguido con el plan minuciosamente. Las botellas de licor infernal mezclado con Rufiana, semillas de Peonia y Cola de Caballo llegaran al turno de las tres de la mañana, que es el menos vigilado y en el que los demonios están más cansados.
– ¿Puede el veneno matar a los demonios?–
preguntó Sam con curiosidad.
En todos los libros en latín,
arameo, griego y demás que había leído y estudiado el veneno no se
encontraba en las formas de matar demonios y el jamás lo había
probado para ver si hacia efecto.
– No señorito Samuel,
pero determinada toxicidad puede dejarnos fuera de juego durante unas
cuantas horas– explicó Nesbiros complacido– Y esta mezcla la he
elaborado yo mismo, por lo que puedo afirmar sus propiedades. Unas
pocas semillas de peonia pueden matar a un mortal, la rufiana provoca
dolores espantosos y muerte después de horas de intensa agonía y la
cola de caballo produce parálisis.
Sam asintió no muy
convencido.
– ¿Y porque se iban a tomar los guardias una bebida sospechosa que apareciese de repente?–preguntó exponiendo sus dudas al resto.
– Es licor infernal– dijo Valefor como si eso lo explicase todo.
Sam miró a Nesbiros interrogadoramente.
- Oh, su Winchesteridad. Mientras que el aguardiente y el vino del infierno son bastante comunes, el licor no lo es. Procede directamente de las arcas de Su Maldad Oscura el Príncipe de las Tinieblas, el Señorito Lucifer y pocos demonios podrían resistirse a algo así.
– Yeah, a mi me está doliendo en el alma malgastar una de mis preciadas botellas así- comentó Astaroth con expresión de tristeza.
– ¿Y qué tiene de especial ese licor?– Sam arqueó una ceja tratando de comprender la lógica absurda de los demonios, que lo miraban sin entender.
– Ya lo comprobaras algún día, si tienes suerte– murmuró Astaroth tratando de zanjar el tema. La pelirroja se tapo la boca con la mano para ocultar su risa y Nesbiros se puso ligeramente colorado, lo que en él venía a ser que su piel se puso morada como una ciruela.
La cosa se quedo así y se sentaron alrededor de una mesa de madera a discutir los últimos detalles del plan mientras cogían fuerzas con la comida que había comprado Nesbiros.
Esta
estaba compuesta por carne seca y salada en su totalidad, pero todos
se obligaron a ingerirla ayudándose de largos tragos de agua, con la
idea de que necesitaban estar descansado y con todas sus fuerzas para
el viaje de vuelta.
Sagat fue la única que no probó bocado,
puesto que dormía la mona en uno de los camastros.
Dean se negó a probar la carne y todos supusieron que era todavía demasiado pequeño, así que probaron a darle una mezcla de miga de pan con leche de sátiro que lamió con avidez. Después, ya con la panza llena se fue paseando por los regazos de todos los presentes a la vez que ronroneaba fuertemente.
– Bien- dijo Valefor– Como especialista en temas de robos y sustracciones, lo mejor que podéis hacer es hacerme caso en todo. Cuando los guardias de las tres se hayan tomado el licor tardaran de 20 a 30 minutos en quedar inconscientes. Eso nos deja más o menos dos horas y media para entrar, recuperar al humano y salir por patas.
Todos asintieron. Esa parte estaba clara, una vez descolgasen a Dean estarían todos en peligro y si tenían suerte no los descubrirían hasta que los guardias de las seis fuesen a relevar a sus compañeros.
- ¿Cómo le bajamos?- preguntó Sam pragmáticamente.
- Eso lo tienes que hacer tú- le explicó Astaroth- Las redes de Araña son el sustento del infierno, y para que no se roben tienen un mecanismo de defensa instalado. Si un demonio toca la tela de araña se quedara ahí pegado y su energía será absorbida hasta que no quede nada de él o alguien lo libere.
- Efectivamente– prosiguió Valefor- El punto clave aquí, es que tú eres humano, por lo que la tela no reconocerá una amenaza. Tendrás que escalar hasta arriba, unos cien metros y soltarle. Lo cual puedes ser complicado porque no tenemos nada tan fuerte como para romper los hilos de energía…
El grupo se quedo en silencio dándole vueltas al nuevo problema. No habían caído en eso. Podían ir, subir y tocar a Dean, ¿pero cómo le iban a liberar?
- Oh, mierda– gruño Valefor– Supongo que podría crear algo para engañar a la red, pero tardaría días…
- Bueno, quizá en ese caso lo mejor sea esperar– empezó a decir Astaroth.
- ¡Un momento!- Las corto Sam– ¿Y los dientes?
- ¿Dientes?- preguntaron las dos chicas confusas. ¿Sam pensaba morder la red para liberar a su hermano? ¿Se había vuelto finalmente loco después de respirar tanto azufre?
- Los dientes de Ogro– explico Sam impacientemente– Allí en el motel, comentaste que eran valiosos y que eran muy resistentes…
- ¿Tienes dientes de Ogro y no me has dicho nada?– Valefor miro ceñuda a Astaroth que se busco en los bolsillos hasta sacar los dos colmillos de brillo cristalino.
- Se me había olvidado por completo– musitó Astaroth mirándolos con autentica lastima– Mierda, ya sabes que hubiese sacado un montón de dinero por ellos…
- Seguro que se te había olvidado– afirmo la pelirroja con sarcasmo– Anda, dámelos, creare con ellos algo capaz de cortar la red.
Astaroth hizo un mohín y le tendió los colmillos con desgana a su amiga que se retiro a una esquina y sacando un cincel minúsculo y un martillo de igual tamaño empezó a golpear el cristal con fuerza.
– ¿Cuánto tardará?- pregunto Sam con impaciencia al ver que la demonio llevaba ya una hora y no parecía progresar.
– Tardará un rato, señorito Samuel. Es uno de los materiales más duros que se conocen, y precisamente las herramientas de la señorita Valefor están hechos de ello. Su precio está por las nubes.
Astaroth pareció aun más compungida.
Dean eligió ese momento para maullar. Tenía sueño y con tanta charla no le estaban dejando descansar. De un salto se puso en el centro de la mesa y empezó a lamer una de sus patitas.
– Su maldeza… ¿Qué va a hacer con la criatura? No pensara cargar con ella, espero…
Astaroth se hizo la sueca y se excuso diciendo que tenía que ir a estirar las piernas y que después de todo la misión especificaba que rescatasen a Dean, y que el gato también se llamaba Dean así que seguramente entraba dentro del contrato.
