—¡Adiós, nena! — exclamó Rarity, al tiempo que yo salía de la escuela. Ese era el último día de clases. De nuevo, a las aburridas vacaciones. Claro, no serían tan aburridas después de empezar con mi entrenamiento más seguido de las clases de canto. ¿Piano? Lo volví a descuidar por pasar más tiempos con mis "amigas".

Era un día soleado, aunque suene cursi. Las nubes grises se encontraban algo lejos, cerca de las montañas. Se veía que en la noche iba a llover. Me fui con calma hacia mi casa, poniéndome una capucha por si las moscas, ya que cargaba mi suéter, color negro.

A pesar de la hora, el sol era tenue, casi ni notable. A paso lento caminaba, con la mirada gacha. Pensaba en mis nuevas vacaciones, en cómo me iría en todo ese transcurso. Las manos en el bolsillo, una mirada perdida y la cabeza en las nubes era lo que llevaba.

Entré en mis pensamientos, de nuevo. Pensé en Flash: ¿me habrá olvidado? ¿Dónde se encuentra? ¿Está bien? ¿Está mal? ¿Está vivo? ¿No lo está? ¿Habrá conseguido a otra?

sigue soltero? Respuesta: no sé.

Luego, pensé en Apple Jack: ¿será que está enojada? ¿El próximo año le volveré a hablar? ¿Seremos amigas otra vez? ¿No tengo esperanza? ¿Querrá irse del colegio? La respuesta: no sé.

Pensé en las chicas, Rarity, Rainbow, Pinkie Pie y Fluttershy: ¿de verdad me quieren? ¿Por qué cambiaron tanto conmigo? ¿Por qué me odiaban? ¿Será que me tratan bien, pero hablan mal de mí a mis espaldas? ¿Me estarán haciendo una trampa? Respuesta: no sé.

Por último, mis padres: ¿por qué me odiaban tanto? ¿Qué les hizo cambiar? ¿Será la popularidad? ¿Las calificaciones? ¿Otra cosa? ¿Quieren algo de mí? ¿De verdad me aman? Respuesta: ¡no lo sé!

Mi cabeza se volvió una ensalada, no sabía qué pensar. Las palabras de las personas que me rodeaban eran unas, y sus hechos otras. Me preguntaba si lo que hacía estaba mal, si no debía dejarme manipular, de nuevo.

Tan hundida estaba en mis pensamientos, que no vi a Kevin pasar a mi lado. Noté su presencia cuando posó su mano en mi hombro. Me sobresalté de tal manera que di un brinco. Me miraba con una sonrisa que ni yo conocía. Le observé de arriba abajo, frunciendo el ceño.

—Suéltame, idiota. —escupí con rencor y desconfianza, pues todo ese año, descubrí que ya tenía a media escuela como ex. Me alejé de él con algo de miedo, debo admitir.

—¡Vamos, Twilight! No me vas a decir que me odias solo por lo que pasó la otra vez. —rió, como si fuéramos amigos o algo por el estilo.

—¡Ja! Pues me oyes bien, niño: sí lo estoy. Y no sólo por eso, sino también porque crees que tienes a todos ante tus pies, cuando en realidad ere un descarado…

—Pues lo seré, cariño, — interrumpió, dejando en claro que conmigo no estaba nada apenado. Arqueé una ceja, indignada por como se dirigía hacia mí. — pero de mí no te escapas.

—Eso está por verse. — musité, alejándome de él, a paso rápido. Lo que no sabía era que él estaba esperando a que me fuera, para luego tomar un atajo que lo llevaría al patio de mi casa.

Al entrar en la urbanización por donde yo vivía, pude notar que mis padres iban entrando a la casa, junto con Kevin. Fruncí el ceño de nuevo, fastidiada de ese niño. Así que corrí lo más rápido que pude, entrando a mi hogar y observando a los susodichos hablar en la cocina. Tiré mi bolso en el piso, entrando de golpe en el ya mencionado lugar.

—¡Twilight! No nos había dicho que tenía un amigo tan simpático. —comentó mamá. Quedé helada al verlo con esa sonrisa atrevida que lo identificaba. Carraspeé y bajé la vista.

—Se llama Kevin. —anuncié, olvidando por completo lo que iba a decir con respecto al chico, el cual se me acercó de una manera tan veloz, que no noté que me quería robar un beso. No reaccioné, simplemente abrí los ojos desmesuradamente, con las mejillas más rojas que un tomate. Es decir, ¿cómo se atrevía hacer eso en frente de mis padres? ¡Cómo?

Se separó de mí después de tres segundos, al darse cuenta que no le correspondí. Él fue ahora el que carraspeó y se acomodó la corbata, algo incómodo por la situación. Yo seguía inmóvil, viendo al chico sumamente sorprendida, y a la vez molesta. Mis padres se confundieron por lo ocurrido, mas no se molestaron.

—Disculpa, Twilight. —dijo, finalmente, el joven. Me confundí con lo que dijo, pues primero me besa, y luego, ¿se disculpa? Eso fue algo inesperado, por completo. —De verdad no sabía que te daba vergüenza comentarle sobre nuestra relación a tus padres. — volví a abrir los ojos de sobremanera, dejando a mis padres boquiabiertos. Ok, ahora si entendí su comportamiento.

—¿Disculpa? — exclamó mi progenitora. Él se encogió de hombros, haciéndose el inocente. —¿Ustedes son pareja? — yo iba a negar esa idea, hasta que Kevin me colocó un dedo en el labio y me susurró al oído:

—Sé sobre tus rasguños en la piel, así que será mejor que no niegues la idea de que somos pareja a tus padres si no quieres que ellos sepan sobre eso. — me impresioné aún más por lo que me dijo: ¡¿Cómo rayos sabía sobre mis rasguños?!

Suspiré, rindiéndome sin ninguna escapatoria. Es que, no sabía cómo reaccionarían mis padres si se enteraran de mis lapidaciones. Tenía miedo de que me gritaran o algo peor.

—Sí, somos pareja hace unos meses, cuando fui a su casa. —mentí, llorando por dentro al tener que fingir ser novia de ese patán.

—Wow. —fue lo único que logró articular mi padre. Bajé la mirada, de nuevo. Sentí como el chico me rodeaba con sus brazos y me apegaba a él.

—En ese caso, me alegra por ustedes. —mencionó mamá, con una sonrisa forzada. Al parecer, aprobaba la relación. —Espero sean felices juntos. Yo, iré a preparar la sala para tu entrenamiento de canto; tienes que estar preparada para la presentación del año que viene. —dicho eso, se retiró con mi padre hacia la sala. Kevin se me acercó, pretendiendo besarme, pero yo lo empujé ésta vez.

—¡Ni creas que te voy a besar! — exclamé, molesta con el chico por su chantaje.

—Oye bien, Twilight, — se paró y me miró de frente, muy serio. —seremos pareja frente de muchos o de pocos, acompañados o solos, de noche y día. ¿Me oíste? No es una actuación hacia tus padres, sino la realidad. — aseguró.

—Y si no, ¿qué? — pregunté, restándole importancia a lo que haría. Je, pero no debí hacerlo.

—Bueno, en ese caso, — tomó mi muñeca y apartó la manga, dejando descubiertos los rasguños. —de esto se enterarán, no solo tus padres, sino también la Directora, los estudiantes, maestros vecinos, etc. ¿entendido? Porque sobre esto solo sabemos Apple Jack y yo. —me le quedé observando un rato. Aunque, después de todo, no tenía de otra que decirle que sí.

—Bueno, —suspiré— somos novios entonces. —él sonrió atrevidamente, y me abrazó. No tuve más opción que corresponder, con lágrimas en los ojos.

De repente, oímos un chillido que venía de arriba, y a la vez varias cosas cayéndose. Nos sobresaltamos y ambos fuimos a averiguar que pasaba. Al entrar en mi habitación, pudimos apreciar el desastre que hizo Raúl en la misma; el maquillaje por todos lados, la cartelera arañada junto con los papeles y las chinches en el piso… etc. Encontramos al gato debajo de una sábana.

—¡¿Raúl, que hiciste?! — exclamé. Kevin observó a la mascota y la cargó.

—¿Tus padres saben que tienes al animal? —interrogó, acariciando al pequeño. Volví a suspirar, y negué.

—Pero no me vuelvas a chantajear, ¿oíste? — avisé, tomando a Raúl y colocándolo en el piso, a lo que él se va debajo de la cama.

—Oh Twilight, ¿qué crees que dirían tus padres si se dieran cuenta de que tienes una mascota?

—No las aceptan. Y no les digas, o les contaré sobre lo que pretendías hacerme la otra vez. —amenacé.

—No te van a creer. Además, son tus padres, no los míos. Así que… yo gano esto. —aseguró. Arqueé una ceja, cruzándome de brazos.

—Ok, haz lo que quieras. Con tal de que no se enteren…—comenté. Un silencio se formó repentinamente, hasta que él me empujó hacia la cama y me comenzó a besar. Traté de esquivarlo y gritar, pero me fue imposible.

Sentí que estaba atrapada al notar que ya no llevaba camisa, ni él ni yo. Un nudo se me hizo en la garganta. No podía hablar ni reaccionar a todo aquello. Lágrimas comenzaron a brotar en mis ojos. Hasta que oí a mi padre gritar:

—¡Twilight, a ensayar! — nunca pensé que su llamado sería mi salvación. Fue entonces que Kevin me soltó y rió lentamente.

—Te dije que no te salvas. Hay que terminar lo que se empieza, ¿no? — dicho eso, se colocó la camisa, se peinó y se retiró. Quedé igual de helada que la otra vez.

Lentamente, me fui vistiendo, tratando de olvidar lo vivido. Salí del lugar, sin notar que había dejado mi suéter en la cama, y que los rasguños estaban sin maquillaje, completamente descubiertos.

—¿Qué voy a cantar hoy? — pregunté, viendo como Kevin cruzaba la calle y se iba. Mis padres estaban sentados en el mueble más grande, con una libreta.

—¿Qué te parece Like you? —recomendó mamá. Yo asentí sonriente.

—Muy bien. Yo vuelvo en un segundo, ¿sí? Necesito hacer algo…—mencionó mi padre, caminando hacia afuera. Yo comencé a cantar.

Luego del ensayo, noté que papá no había regresado, y que mi madre me veía en los brazos, confundida. Decidí colocarlos detrás de mi espalda. Volvió a formarse un silencio, hasta que ella formuló:

—Te tengo un regalo. Espera acá. —dicho eso, se dirigió a su habitación.

No me iba a quedar allí, ya que tenía curiosidad de saber qué hacía mi padre. Así que me dirigí hacia el jardín, pero no estaba. Decidí volver a casa, pues no quería recorrer media ciudad buscándolo, porque en la casa no estaba. Me volteé, pero al dar el primer paso, me detuve en seco, al escuchar unas risas, murmullos y suspiros. Volví a voltear, y pude divisar a mi progenitor, besando a otra mujer. Quedé pasmada y a la vez indignada. Me les acerqué un poco y carraspeé, llamando su atención. Me hubiera gustado que vieran su estúpida expresión al verme.

—¿Así que pierdes el tiempo con esta mongólica?¿ Por qué no lo pensé antes? Mamá estará decepcionada. — mencioné. A diferencia de papá, la chica parecía de lo más relajada.

—Mocosa, tu madre tiene que aprender a compartir. En especial a un bombón como tu padre. — me crucé de brazos, negando con la cabeza.

—Ella no es así. Además, no me digas mocosa, que lo que tú haces no es nada digno de una dama.

—¡Pero no le digas! — gritó papá de repente. Reí.

—No le diré si me dejas darle una lección a esta idiota. —anuncié. —¡Ah! Y si terminas de una vez por todas con ella. Luego la paliza.

—¡Pero…!

—¡Pa! Le diré, y se molestará mucho. Además, estarás en la ruina, pues ella es la rica, ya que ganó la lotería. Tú solo te aprovechas de ella. —mencioné. Él bajó la mirada, la miró y le dijo:

—Ya la oíste. Adiós. — sonreí , viendo su indignada expresión. Saqué una chinche que tenía en el bolsillo de la falda. La mujer abrió sus ojos como platos al ver mis muñecas.

—¡¿Qué te pasó?! — chilló. Volví a reír.

—Tengo un gato muy travieso, señorita. —fue lo único que contesté, a lo que silbo, atrayendo a Raúl. Ese era como un llamado para el que lo entrené. —Raúl, acabala. — el animal se le lanzó encima y comenzó a arañarla. Papá abrió la boca al ver a mi mascota. —¿No es lindo? — pregunté, al notar la manera en que observaba la escena. Silbé de nuevo, haciendo que el gato parara y se acercara a mí. La chica se encontraba en el piso, con rasguños por toda la cara, las piernas y los brazos. Su cabello era un desastre. Me arrodillé y con la chinche, le hice un último rasguño en el labio. —Te vuelves a meter con mi familia, y las pagarás con tu vida. No creas que me tienes intimidada. — la amante sólo corrió asustada hacia la calle, perdiéndose de vista.

—¿Quién es ese gato? — interrogó mi progenitor, exigiendo una explicación. Me encogí de hombros.

—Es Raúl, lo tengo de hace un año. Tampoco le digas a mamá sobre él. Tenemos un trato. — papá me sonrió. Era la primera vez que hablábamos así. Finalmente, caminamos hacia la casa. Raúl se metió en una de las ventanas, pues sabía que no debía ser visto.

Al entrar, papá se fue a su habitación, mientras yo voy por un vaso de agua en la cocina. Pero al entrar en dicho lugar, me encuentro con una bolsa de regalo en el comedor. Así que me le acerco y leo la tarjeta. Decía:

Twilight, querida, en estos días vi que

observaste algo muy peculiar en el mostrador de una tienda

. Así que supuse que te gustaba, por la forma de verlo.

A fin de cuentas, espero que te guste. Lo compré para que pudieras ser feliz.

Con amor: tu madre.

Me extrañé un poco. Pero sólo abrí el regalo: era una caja. Una pequeña caja elegante, como de esas que se usan para guardar el anillo de matrimonio cuando se va a proponer. La miré y luego la abrí. Mis ojos brillaron, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Tragué fuertemente saliva, sacando el presente: una hojilla de sacapuntas.

La observé detalladamente, para luego volver mi vista de nuevo a la bolsa; habían otras cosas adentro. La revisé y saqué un suéter morado junto a un polvo del color pálido que tiene mi piel. Finalmente, saqué una tarjeta que había en el fondo.

El suéter y el maquillaje deberías utilizarlos si no quieres que te descubran.

Ten discreción, cariño…

Y recuerda: una sonrisa confunde. Utilízala, es un gran accesorio.

Al terminar de leer, llevé todos los presentes al cuarto, donde estaba entrando Raúl a penas. Cerré la puerta con seguro, de nuevo. Iba a estrenar mi nueva hojilla, hasta que el maullido de mi gato me distrae.

—Shhhh, Raúl. Hay que tener discreción. — y al terminar de decirlo, comencé a rasguñarme.

Gracias, mamá. Gracias, papá.

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¡Hola! De nuevo a tiempo. ¡Wi! Se siente bien.

Oigan, ¿a que no saben? ¡Voy a primer año! Hoy fue mi promo :D extrañaré a mis compañeros. En especial al suicida que les mencioné la otra vez. Antes de que se fuera, me dijo:

"Te admiro ¿sabes? Por tener muchos problemas, pero seguir con vida, y tener tus brazos limpios. Sé optimista, y nunca cambies. Te prometo que a la próxima me verás con una gran sonrisa, sin un abrigo y con las hojillas fuera de mi bolso. Es una promesa."

Y luego se fue :( pero bueno…

Comenten, critiquen, confíen en mí ; ), que no muerdo, y si les gustó denle a "Fav"!

Bye!

PD: el próximo viernes es probable que actualice. Mas no les aseguro nada.