Mohinder despertó aturdido. Al principio no se atrevió a abrir los ojos siquiera, pues prefería pensar que los últimos pensamientos que recordaba, no eran más que un mal sueño y que cuando despertara, todo volvería a la normalidad. Prefería creer que haber visto entrar a Matt en su dormitorio, sentir en terrible dolor en su espalda que apenas le dejaba concentrarse en nada y recordar continuamente, la imagen de Nathan, cayendo al suelo a causa del disparo hecho por Gabriel, no había sido más que un sueño macabro y nada más.
Al darse cuenta que realmente estaba consciente y que no se trataba un sueño, intentó moverse, pero el dolor en la espalda le hizo detenerse. "Te vas a hacer más daño, será mejor que te quedes quieto." La voz de Gabriel, llegó clara hasta él.
Por fin, Mohinder abrió los ojos y durante un momento miró a su alrededor. Desde luego, no sabía donde se encontraba, pero si estaba seguro de cómo había llegado allí. "Déjame volver a casa."
Una sombra se movió a su lado, junto a donde él estaba tumbado, se volvió hacia ella y allí se encontró a Gabriel, de pie, mirándole, como si observara su objeto más preciado. "Te diste un buen golpe en la espalda. Te conviene quedarte quieto y descansar."
Mohinder trató de incorporarse, pero la punzada de dolor, le hizo caer de nuevo en la cama, que reconoció rápidamente como la de Gabriel, en su apartamento de Queens. Le costaba respirar a causa del dolor, pero no quería demostrar su debilidad ante el hombre que había estado a punto de destrozar su vida y destruir su familia, si no lo había hecho ya.
Volvió a intentar levantarse, pero esta vez fue Gabriel el que le impidió ancorarse. "¿Vas a retenerme aquí por mucho tiempo?, ¿Ahora que soy, tu rehén o algo parecido? No sabía que tuvieras ese tipo de perversiones." Mohinder trató de sonreír con toda la malicia de la que fue capaz, pero el dolor, no le dejaba pensar con coherencia.
"Nunca se te ha dado bien ser sarcástico." Gabriel se sentó en la cama junto a él, poniendo su mano sobre el hombro de Mohinder. "Para eso necesitarías un poco de maldad."
"Supongo que eso es lo que a ti te sobra." Mohinder lo miró con dureza, mientras intentaba alejarse de la mano de Gabriel. No quería que se atreviera a tocarle después de todo lo que había hecho.
Gabriel dejó de mirarle. Sabía que el profesor tenía toda la razón para odiarle después de todo lo que había ocurrido y tampoco sabía como conseguir que volviera confiar en él; cuando ni siquiera el mismo era capaz de creer en sus propios pensamientos.
"Llévame a casa." Gabriel nunca había escuchado a Mohinder sonar tan sereno y tan frío al mismo tiempo, no recordaba un solo momento en el que no hubiera notado un mínimo de sentimiento en su voz.
"Tienes que descansar." Gabriel se volvió hacia él, pero al encontrarse con los ojos faltos de la dulzura que siempre le había conocido, tuvo ganas de poder echar el tiempo hacia atrás.
"Intentaste llevarte a Molly, querías matarla, como llevas haciendo desde antes de que yo te conozca." Con cierta dificultad, Mohinder consiguió incorporarse un poco y colocarse a la misma altura que Gabriel. "Nunca cambiarás, nunca dejarás de mentirme."
Gabriel quería hablar, decirle que estaba equivocado, que las cosas simplemente habían salido mal y que nunca hubiera querido hacer daño a nadie. Pero todo había terminado de una forma tan desastrosa, que ni siquiera el mismo estaba seguro de que era lo que pretendía en un primer momento.
"Te odio Gabriel, Sylar o como quieras llamarte, te odio por haber creído en ti y por haber podido enamorarme de un ser tan despreciable como tu."
"¡No! No digas eso por favor." Creía haber sentido la hoja de una gran espada clavarse un poco más por cada palabra que había escuchado, por cada mirada de rencor proveniente de Mohinder. "Tu no lo entiendes, no quería matar a Molly, nunca le hubiera hecho daño."
Mohinder comenzó a reír con rabia. "¿Cómo puedes decir eso después de haber dejado morir a Nathan? Tal vez ya esté muerto, tal vez Matt no vuelva a hablarme, ni siquiera me mire a la cara después de esto y sinceramente no podría reprocharle nada, porque tendría toda la razón, igual que si no permite que me vuelva a acercar a Molly nunca más." Aunque los ojos se le llenaron de lágrimas no estaba dispuesto a llorar delante del hombre al que más odiaba en ese momento y al que más tenía que haber odiado siempre.
"Lo de Nathan nunca tenía que haber ocurrido y te juro que no pretendía hacerle ningún mal a Molly."
"¡Le disparaste a Nathan, querías matarlo!" Mohinder se sentó en la cama y continuó moviéndose lentamente, pues no quería que el fuerte dolor volviera otra vez a impedirle marcharse de allí. Se volvió una vez más hacia Gabriel y lo miró con dureza. "Tranquilo, seguramente, Nathan estará ahora muerto. Enhorabuena, espero que todo aquel juego conmigo, todo aquello de que me querías, te sirviera para conseguir cumplir tus planes."
Finalmente Mohinder consiguió levantarse, pero un momento después de quedarse de pie, sin ningún tipo de apoyo más que sus propias piernas, se tambaleó y tuvo que apoyarse en la pared para no caer.
"Mohinder, escúchame por favor, se que lo que ocurrió fue horrible y no puedo decir nada para que llegues a perdonarme algún día." Gabriel comenzó a andar hacia Mohinder, sabía que este no se iba mover de donde estaba, no porque no quisiera marcharse de allí lo antes posible, tal y como indicaban sus ojos, si no porque después de haber visto el golpe que se había llevado unas horas antes contra la pared, no podría ir muy lejos sin que el dolor le asaltara con fuerza.
"Cállate, ya me has mentido muchas veces, no voy a dejarme engañar en esta ocasión, así que ahórrate tus palabras." Sin embargo, Gabriel continuó andando hacia él. "Quédate donde estás." Mohinder estaba totalmente convencido de lo que ahora sentía, pero no podía poner la mano en el fuego por no caer de nuevo en el mismo error que llevaba cometiendo demasiadas veces.
"Tu sólo escúchame y deja que te enseñe algo." Gabriel se acercó a un cajón que tenía al lado y sacó de él un pequeño paquete. "No quería matar a Molly, eso es totalmente cierto, te juro que no te estoy mintiendo." Le entregó el paquete a Mohinder y retrocedió un par de pasos.
En un primer momento, Mohinder no supo que hacer. Estaba seguro que todo aquello no podía ser más que un sucio truco de Sylar para volver a engañarle otra vez, pero por más que luchaba contra sus propios pensamientos, no era capaz de decirse que no había tenido sentido nada de lo sucedido en el apartamento, que aquella misma noche, Gabriel había sido el hombre más encantador con él, que las cosas que le había dicho en la cama, no habían podido ser una completa mentira.
Por fin, se decidió a abrir el paquete y pero no pudo comprender que era lo que tenía entre sus manos. "Necesitaba a Molly para que encontrara a quien me podía conseguir eso." Mohinder seguía mirando las tres jeringuillas sin entender una sola palabra de lo que le estaba diciendo el otro hombre. "¿Recuerdas cuando te dije que había perdido mis poderes? Lo hacen con el virus que contienen esas jeringuillas. Tenía que conseguir más para inyectármelo."
Mohinder levantó la mirada hacia Gabriel. "¿Por qué no lo dijiste? No tenías porque secuestrar a una de las personas más importantes de mi vida, no tenías porque llevarte a mi hija."
Nada más pronunciar aquello, Mohinder enmudeció. Hasta ese mismo momento, nunca se había planteado que tipo de relación tenía con Molly, nunca se había considerado el padre de esa niña, pero ahora que había estado a punto de perderla, se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba a aquella niña cerca de él.
"Mohinder… lo siento, aunque se que decirlo no va a servir de nada. Pero es cierto, nunca quise que todo esto terminara así." Gabriel bajó la mirada, tenía que decirle la verdad, de una vez por todas, y ser sincero con el hombre del que había estado totalmente enamorado desde el primer momento. "A veces, no puedo controlarlo, no quiero dejarle salir, se que sólo puede terminar mal si le permito tomar el control. Pero a veces Sylar es demasiado fuerte para mi." Gabriel, señaló las tres jeringuillas. "Por eso necesito el virus, quiero terminar de una vez por todas por esa parte de mi que no hace más que poneros en peligro cada vez que aparece. No quiero perderte por su culpa."
- o -
Pocas veces se había dado cuenta hasta ese momento de lo angustiosa que podía ser la sala de espera de un hospital. Pero ahora que Matt era quien tenía que esperar a que los médicos le dijeran como se encontraba Nathan, si al menos había sobrevivido al traslado al hospital desde el apartamento o si en lugar de ello se había desangrado, la espera, se estaba haciendo eterna.
Sin embargo, no podía desmoronarse, no cuando Molly estaba a su lado, sin haber dormido en toda la noche, preguntándole por Mohinder y esperando igual que él, tener alguna noticia sobre Nathan.
Finalmente, un médico apareció delante de él. Quería acosarle a preguntas, pero prefirió mantenerse en silencio hasta que el médico le dijera algo.
"Está fuera de peligro." Aquellas fueron las palabras más felices que había escuchado en mucho tiempo y las primeras que le hacían sentirse un poco mejor después de todo lo ocurrido. "La bala ha salido limpia y tan sólo a atravesado el hombro, sin tocar nada importante. Con mucho descanso y sin emociones fuertes, Nathan estará bien en poco tiempo."
Si ese médico supiera como era su vida, no diría eso de no tener emociones fuertes, quiso decir Matt pero la emoción no le dejaba pronunciar nunca palabra excepto, "¿podemos pasar a verle?"
"Está todavía bajo los efectos de la anestesia y les aconsejo que no estén demasiado tiempo, el paciente tiene que descansar mucho."
Matt y Molly, entraron en la habitación bajo el mayor de los sigilos posibles. En la cama se encontraron a Nathan, durmiendo, tan tranquilo, que parecía que no hubiera sucedido nada.
Matt se acercó a la cama y tomó entre sus manos una de las de Nathan y sonrió. Había pensando todo lo que podía ocurrir si Nathan no hubiera sobrevivido a ese disparo. Había pensado, que tenía que haber sido él quien lo hubiera recibido, que él era el policía, el que protegía a los demás, había deseado haber matado a Sylar mucho antes para evitar todo aquello.
Sin embargo, ver de repente los ojos entrecerrados de Nathan y escuchar su voz en un susurro, le devolvió a la realidad con rapidez y le hizo olvidar aquello. "Siento haberte dado ese susto."
"Ahora eso ya no importa. El médico ha dicho que te pondrás bien muy pronto y que todo quedará como un terrible susto." Matt apretó con fuerza la mano de Nathan y este tan sólo sonrío como respuesta, estaba demasiado cansado y sedado como para tener otro tipo de reacción.
"¿Y Mohinder?" Matt hubiera deseado que Nathan nunca hubiera hecho esa pregunta y mucho menos, teniendo delante a Molly, pero al ver el rostro de la niña, que sin decir nada estaba preguntando lo mismo, no tuvo más que contestar a eso.
"Se lo llevó Sylar. Creó que lo que realmente quería era llevarse a Molly, pero Mohinder se puso en medio y los dos desaparecieron antes de que yo pudiera hacer nada."
"Tienes que ir a por él." Nathan no quería quedarse sólo, deseaba tanto que Matt se quedara todo el tiempo posible a su lado, saber que cuando se despertara otra vez, volvería estar allí. Sin embargo, sabía que recuperar a su amigo era mucho más importante en ese momento.
"Primero tengo que asegurarme que estás bien." Matt vio moverse con nerviosismo a Molly al otro lado de la cama y un momento después se volvió hacia Nathan. "Molly se quedará contigo, ella te cuidará hasta que yo vuelva con Mohinder."
Nathan asintió y cerró los ojos, la anestesia estaba comenzando a desaparecer por fin y estaba empezando a notar el dolor en el hombro. Al notar los labios de Matt sobre los suyos, volvió a abrir los ojos.
"Ten cuidado y tráelo de vuelta." Matt asintió y por fin, por mucho que no quería hacerlo, liberó la mano de Nathan. Sin mirar atrás, por miedo a no marcharse nunca de la habitación, salió y se dirigió a la salida de hospital. No tenía que preguntarse donde estaría escondido Sylar, Molly ya se había encargado de buscarlo y le había dicho que estaba en su apartamento de Queens. Estaba decidido a matarlo y nada ni nadie, ni siquiera las súplicas de Mohinder se lo iban impedir.
