Capítulo 12: Doceavo despiste

Las tiendas estaban repletas de chicas con ansias por comprar chocolate, el dulce aroma del amor volando por el cielo, la esencia de una adelantada primavera en el aire; todas esas coincidencias solo podían significar una cosa. El día de San Valentín se acercaba. Este año no tenía a nadie especial a quien entregarles mis chocolates, por ello decidí hacer muchos chocolates de la amistad para todos mis amigos y ayudar a Popu con el suyo.

Llegué a casa con dos bolsas repletas de tabletas de chocolate, me había pasado, pero mejor que sobrase a que faltara, así podría comer los que sobrasen.

– ¿Es que quieres dar chocolates a toda la escuela? –dijo Popu mirando las dos enormes bolsas.

Me dirigí a la cocina y puse todas las tabletas en la olla más grande que pude encontrar, prendí el fuego y deje que se derritiesen. Popu estaba a mi lado viendo como las tabletas se volvían una masa marrón. Su mirada era diferente del año pasado donde solo hizo para sus amigos, esta vez era muy diferente, ya que este era un verdadero chocolate de San Valentín. Mi hermanita había crecido y se había convertido en una hermosa chica; no había cambiado el hecho de que los chicos de su clase la persiguieran, a diferencia de uno. Kimitaka poco a poco dejo de molestar a Popu y su relación se fue enfriando hasta solo hablarse cuando fuera necesario. Ella no se dio cuenta que de entre todos los chicos él era especial. Ella sí que era despistada, no darse cuenta de eso puede ser muy peligroso, ya que si uno no actúa a tiempo lo puede perder.

Cuando terminamos de hacer los chocolates, al compararlos quede en shock, mi hermana tenía un precioso chocolate en forma de corazón, en el medio estaba decorado con las siluetas de flores y el nombre de Kimitaka en el medio. Mis chocolates parecían salidos de una pesadilla.

– Nunca cambiará el hecho de que eres una mala cocinera. –rio Popu mientras los miraba. Mis mofletes se inflaron de enfado y juré no volver a ayudarla, era una mala agradecida.

Al día siguiente antes de ir a mi clase fui a la de Ompu, Hazuki y Momoko. Mi sorpresa fue ver a Momoko con Okajima tomados de la mano, cuando me acerqué ella saltó hacia mí y me dijo que se había confesado y que él sentía lo mismo. Los felicité y le di un chocolate a cada uno para luego dirigirme hacia Masuru y Hazuki que también parecían irradiar amor. Por último fui con Ompu se encontraba sola, cuando le di mi chocolate esbozó un pequeña sonrisa.

– ¿Ocurre algo? –pregunté extrañado por su comportamiento. Mire a su alrededor y no vi a Tooru por ningún lado. – ¿Dónde está Tooru?

– Él está enfermo. –dijo despreocupadamente. Entonces lo entendí, ella también quería confesarse, parecía que este día había dado fuerzas a todos.

– Entonces, ¿por qué no me acompañas a dejarle este chocolate? –dije yo tratando de animarla.

Sus blancas mejillas se pintaron de escarlata y dijo que no era necesario que ella se lo daría. Así que le animé y le desee suerte, no quería público cuando se confesara, era una estrella.

Al regresar a mi clase vi unas cuantas cajas con chocolates en el asiento de los chicos de futbol. Akatsuki, León, Kimura daban las gracias a las chicas y parecían nerviosos por tanta atención. Marina fue hacía su novio y le dio su chocolate haciendo que las demás chicas se alejaran inmediatamente. Aiko llamó a León y él acudió rápidamente entonces tomó su mano y ella puso una mueca molesta y se sonrojó pero no dijo nada. Me acerque y les di uno de mis chocolates, entonces Akatsuki preguntó si no tendría uno para él, bromeé y le dije que se me habían acabado, entonces puso pucheros. Saqué otro de mi bolso y se lo entregué, este era un poco más especial. Para él y Kotake hice chocolates en forma de pelota para que les diera suerte en su próximo partido. El me agradeció y me dio un beso en la frente provocándome un enorme sonrojo.

– No deberías aceptar este tipo de cosas Akatsuki, te necesito vivo para nuestro partido. –dijo Kotake, llevaba su mochila llena de chocolates y en su manos dos enormes bolsas repletas, además de que su pupitre también estaba lleno. Eso de alguna manera me molesto.

– Entonces no te tienes que preocupar, para ti no hay. –dije muy molesta. Una enorme mueca se formó en su rostro y fue a su asiento.

No hablamos en todo el día y eso solo hacía ponerme de más mal humor. Veía un montón de chicas confesar sus sentimientos pero él las rechazaba, entonces una de ellas le preguntó si había alguien que le gustaba, y él asintió. Me sorprendió bastante, no sabía que había alguien que le gustara, de alguna forma mi pecho se estremeció y no pude concentrarme el resto del día.

Entonces Akatsuki cuando las clases terminaron me invitó a salir a comer.