Capítulo 12: Agresividad pelirroja.

El grito de Molly se escuchó en toda la casa. Hermione fue capaz de entender perfectamente las palabras, bien pronunciadas y hasta pareciera que con un sonorus "¿¡QUÉ HACE ESA AQUÍ?!" Se detuvo frente a la puerta de Draco, justo antes de llamar. Bajó corriendo las escaleras, a pesar de saber que no estaba en condiciones de hacerlo «Vamos tonta, no seas curiosa, vas a desmayarte de vuelta si sigues esforzándote» Se dijo. Pero, ¡A la mierda el reposo! Alguien estaba gritando y pidiendo explicaciones en la planta baja y ella quería saber quien.

Draco escuchó el horroroso grito de indignación de una mujer, que, por lo oído, pedía explicaciones por la presencia de otra mujer. ¿La comadreja menor quizás? Pidiendo saber qué hacía Lunática por allí. O tal vez la zanahoria andante que por indignado, la voz se le había vuelto tan aguda que parecía su madre. Se levantó divertido de la cama y se dirigió al pasillo para espiar la escena. ¿Tal vez alguna admiradora de Potter? ¡O un novio! Se reía de sus ocurrencias mientras bajaba las escaleras.

Y allí la vió, vestida con un camisón verde claro semi-transparente, con cintas plateadas que se entrelazaban en la parte de atrás. De frente no podía verla pues estaba apoyada en la pared, asomando la cabeza hacia la sala para ver qué sucedía.

Llegó hasta ella y le susurró justo sobre la oreja "¿Qué haces fuera de la cama?" La muchacha pegó un salto y no gritó solamente porque Draco colocó la mano sobre su boca. Se miraron, se sonrieron y se besaron. Todo lo que necesitaban.

"¿Qué está sucediendo allí?" Preguntó el rubio mientras volvian a colocarse en la misma posición espía, esta vez con Draco pegado a su espalda.

"Es la Sra. Weasley. Quiere matar a tu madre" Draco rió por lo bajo «Anda vamos, inténtalo comadreja mayor».

El ambiente era de lo más tenso. La pelirroja parecía un toro de dibujos animados, de esos que parece que tienen los cuernos más grandes de lo normal y echando tanto humo por la nariz que bien podrían llenar una ciudad entera con niebla. Harry se debatía «Ver a la Sra. Malfoy morir asesinada por una psicópata pelirroja rechoncha. O aturdir a la Sra. Weasley y luego borrarle la memoria haciéndole creer que es una mujer vieja y soltera dueña de ocho gatos que vive en Marruecos y su sueño es ser modelo de manos en la televisión muggle»

"¡Respóndeme Harry! ¿Qué significa esto?" Exigió Molly.

"Sra. Weasley, yo se lo puedo explicar, no es lo que cree" Luna y Narcissa lo miraron con cara de «¿De qué diablos estás hablando?»

"¡Estás compartiendo una...una ¡Una merienda! Con una mortífaga. Estás traicionando a los tuyos, Harry. A tus amigos, a quienes te quieren, a tus ideales, a tus padres, a tí mismo... Yo no esperaba esto de tí" replicó la pelirroja.

"Ni mis padres ni mis amigos tienen nada que ver en esto, Sra. Weasley. No es ninguna traición. Creo que ahora que la guerra terminó deberíamos dejar de lado esas ideas..." La mujer lo interrumpió.

"¿Dejar de lado esas ideas? ¿Qué ideas? ¿Clasistas? ¿Discriminatorias? ¿Qué ideas, Harry? ¿No te das cuenta que quien siempre ha discriminado, incluso a tí, está allí tomando el té contigo?"

"¡Señora Weasley! Por favor" pidió el moreno.

"¡Es una mortífaga, Harry!"

"Esposa de un mortífago, en realidad. Y madre de otro. No llevo la marca en el brazo, sería anti-estético" dijo Narcissa, con toda la calma y cortesía del mundo acariciando la lozana piel de su brazo blanco impoluto.

Molly arrugó el rostro. Narcissa Malfoy le estaba dirigiendo la palabra. A ella ¡Una mortífaga le hablaba! "¿Por qué me haces esto, Harry? ¿Y tú... Tú también Lunita?" Preguntó tomándose el pecho.

"No veo por qué no, Sra. Weasley. Todos merecemos una segunda oportunidad, si se diera el gusto de conocer mejor a la Sra. Malfoy se daría cuenta que es una mujer espectacular" dijo sencillamente la rubia. "¿No Harry?" El moreno asintió. Narcissa sonrió con superioridad.

"De todos modos ¿Qué se supone que hace aquí?" Preguntó Molly furiosa.

"Vivo aquí" Dijo Narcissa mientras se volvía a sentar elegantemente en el sofá.

Molly abrió la boca hasta casi hacerla chocar contra el suelo. Dirigió su vista a Harry sin saber que decirle. El chico no la miraba directamente. Luna en cambio tarareaba por lo bajo una canción de cuna.

"¡EXPLÍCAME ESTO AHORA MISMO HARRY JAMES POTTER!"

"Verá Sra. Weasley, Narcissa y Malfoy están..." Ella lo interrumpió de vuelta.

"¡Y pronuncias su nombre! Te he pedido por los últimos siete u ocho años que me llamaras Molly y tú insistes en decirme señora. Y viene...viene ésta y le llamas por su nombre con tanta ligereza" Unos pequeños sollozos escapaban de la mujer.

"Verá Sra. Weasl..Molly, verá Molly, la Sra. Malfoy y su hi.." Trató de corregirse pero la pelirroja lo interrumpió nuevamente.

"¡¿Dónde está Hermione?! ¿Ella está enterada de todo esto? ¿Acepta semejante bajeza?"

"No me parece que sea ninguna bajeza, Sra. Weasley. Es más, considero a los Malfoy como una de las familias más aristocráticas de todo el mundo mágico, siempre lo he hecho, a pesar de que no compartíamos los mismos ideales. Si hablásemos de bajeza, tengo muchos otros ejemplos para eso" Hermione apareció por las escaleras con las mejillas sonrojadas, los puños apretados, nudillos blancos de hacer tanta presión y con los ojos miel llenos de furia.

Harry tragó grueso al verla aparecer. El camisón verde claro tenía cintas plateadas entrelazadas al frente, en el pecho. Caía suavemente hasta mitad de sus muslos, con una tela más que sugerente, que dejaba ver una ropa interior de color verde más oscuro debajo. Iba descalza y sus pasos parecían ser más de una modelo de pasarela que pasos normales, parecía caminar por la punta de sus pies con mucha elegancia, nunca había notado eso en ella. Tal vez porque nunca había visto que contoneara sus caderas así con tan poca ropa. Ni había visto sus piernas, que asomaban imponentes y hermosas. La visión angelical que estaba teniendo se vió interrumpida dramáticamente por el agudo grito de Molly, capaz de ser escuchado por un perro medio sordo a kilómetros de distancia.

"¡Tú también Hermione?!"

"Sí, Sra. Weasley. Yo también soy una persona decente y educada que acepta a todos como sus semejantes sin juzgar sus actos pasados. Si hay arrepentimiento, pues eso es suficiente para mí"

"¿Cómo pudiste aceptar vivir bajo el mismo techo que esta...esta..." Pero antes de que dijera lo que quería decir calló, la mirada heladora del segundo Malfoy la hizo guardarse lo que iba a pronunciar.

A Draco le pareció suficiente el teatro de la jefa del clan pelirrojo, y no iba a permitir que continuase insultando a su madre. Se colocó detrás de Hermione, tal vez en un gesto bastante protector y dando a entender muchas cosas para quien supiese mirar, pero no le importó. Clavó su mirada en la mujer de cabello rojo y los resultados fueron inmediatos.

"Ni Granger ni Potter tienen la culpa de tener que compartir techo con mi madre y conmigo" dijo el rubio arrastrando las palabras "El ministro y los excelentísimos payasos del ministerio así lo decidieron. Son nuestros guardianes por los próximos tres años. Si tiene alguna queja, debería hacérsela saber al Wizengamot y no venir a rebajarse más de lo normal con actuaciones de cuarta como ésta" Palabras hirientes y certeras, como siempre que se dirigía a alguien de esa familia.

Harry guardó silencio, por más que siempre estuvo en desacuerdo con Malfoy y siempre le había parecido un cabrón, como hasta ahora, en este momento debía darle la razón. ¿No decían que el calla otorga?

"Yo..." dudó Molly. Narcissa la miraba con una de sus estilizadas cejas levantada. Así que decidió cambiar olímpicamente de tema "Hermione, me contaron que pasaste muy mal en el ataque a Diagon Alley esta tarde. ¿Estás lastimada, bonita? Yo podría curarte las heridas si es que..."

"No se preocupe, Sra. Weasley. Narcissa ya se encargó de eso" respondió secamente la castaña.

"Oh" dijo Molly haciendo un mohín de indignación con los labios "Entonces déjame que esta semana te prepare la comida"

"Narcissa también se ocupa de eso. Justamente estábamos hablando de unas recetas de tarta de berenjena con naranja que a los knizclets les encanta. Ella me decía que no sería la mejor combinación pero de todas formas se animará a probarla. Claro que debemos comprar polvo de raíz de ajo antes porque dicen que los tarmuthés se aparecen siempre en los lugares donde abunda la tarta de berenjena y naranja. ¿No es así, Narcissa?" Dijo Luna.

Hermione y Draco hicieron cara de asco al imaginarse la comida, Harry ponía todo de sí para no carcajearse. Narcissa asentía elegante y seriamente con la cabeza, mientras Luna le contaba todo como si se tratase de un tema de estado. Molly en cambio se hacía cada vez más pequeña.

"Igual deberías venir a almorzar a casa mañana, Hermione, corazón" insistió Molly con los dientes apretados.

"Oh, Hermione, querida" Dijo Narcissa como si todo el ambiente que se viviera fuera de rosas y algodón de azúcar. "Me llegó una carta, de una amiga que vive en Surrey, Celestina Warbeck ¿No te suena de algún lado?" La castaña asintió temerosa, esperando el momento en que Molly explotase de la rabia y todos quedaran salpicados de sus órganos vitales, o hiciese combustión espontánea al escuchar que su cantante favorita era amiga de Narcissa. "Bien, pues resulta que nos ha invitado a almorzar con ella, a Draco y a mí, pero como a Draco nunca le ha gustado, me he tomado el atrevimiento de decirle que llevaré a una hija de corazón conmigo. ¿Me acompañarías, querida?"

"Claro, Narcissa. Asistiré encantada".

Fue todo lo que Molly necesitó para limpiarse con dramatismo excesivo las manos en el delantal que siempre tenía puesto y sacara un puñado de polvos flu de uno de los grandes bolsillos del delantal. Se dió la vuelta y lanzó los polvos a la chimenea, perdiéndose luego en las llamaradas verdes mientras decía claramente furiosa "¡Despacho de Minerva McGonagall en Hogwarts".

La cantarina risa de Luna rompió el silencio sepulcral que se había formado en la sala. Todos la miraron interrogantes queriendo saber la razón de su alegría "Es que recordé la vez en que papá y yo fuimos a una excursión en busca de torposoplos y papá en vez de capturar uno se lo tragó!" Explicó ella entre risas.

A Harry le pareció adorable la manera en que sus mejillas enrojecían y pequeños hoyuelos aparecían al costado de su boca. Así que contagiado por la alegría de la rubia la acompañó en sus risas, las cuales encontraba inentendibles pero lo llenaban de una emoción extraña.

Narcissa, Draco y Hermione se miraron confusos para luego de unos segundos romper a reír uniéndose a las carcajadas de los dos.

El patronus de Xenophilus Lovegood apareció por allí pidiendo a Luna ir a visitarlo nuevamente porque quería darle un ungüento de hongos hecho por él mismo, decía que supuestamente ayudaría a Snape a recuperarse. La chica luego de prometer a Hermione y Narcissa que tendría cuidado y volvería antes de las diez de la noche, salió de Grimmauld y se desapareció en la entrada.

Narcissa insistió en que Hermione no podía seguir estando fuera de la cama, que debía reposar para recuperar fuerzas.

"No es recomendable que estés levantada, Hermione, querida. Luego de sesiones como esas debes guardar cama por lo ménos por un día. Las consecuencias son terribles si no descansas"

"Deberías escuchar a mi madre, Granger. Sabe de lo que habla" dijo Draco con la mirada triste. Ni Hermione ni Harry dijeron nada, entendían lo que significaba.

Hermione se dirigió a su cuarto y Narcissa al suyo, invitando a Draco a acompañarla para conversar con él sobre la carta que los Greengrass habían enviado al mediodía, negándose a aceptar la cancelación del compromiso. Harry se retiró a su habitación también, para descubrir uno de los muchos televisores que Hermione había comprado esa mañana. ¡Cuanto le relajaría una buena película!

"¿Ya te he hablado de que cancelé el compromiso con los Greengrass?" Preguntó Narcissa a su hijo una vez que estuvieron en el cuarto. Este asintió. "Bien, pues se han negado. Alegan que no les importa que seas un mortífago, lo importante es el corazón"

Los dos hicieron una mueca de burla y Draco habló "¿Cuál es el siguiente paso?"

"Deberíamos contactar con nuestro abogado, Bennet, para que les notifique mediante los medios legales. Aún tenemos tiempo para preocuparnos por eso pero no podemos arriesgarnos a jugar con fuego. De todos modos yo me haré cargo del asunto, tal vez una visita mía los convenza".

"¿No crees que Astoria es un buen partido, madre? ¿Quién querría a un mortífago como yo en su familia? Ellos están aceptando eso".

"No, querido. Ellos están aceptando tu bóveda en Gringotts. Los Greengrass juntarían a sus hijas con el Lord si fuese necesario. Además ¿De veras estás preguntándome quién te aceptaría?"

Draco se pasó repetidas veces las manos por el pelo. "Madre, no sé si ella piensa algo así. Tal vez yo sólo sea una aventura para Granger".

"¿Crees tú que la Srta. Granger es de las que tienen aventuras?" Preguntó muy seria.

"No. No lo sé. No parece ser de ese tipo. Es decir, no lo es. ¡No lo sé madre! ¡Me desespera no saber qué piensa ella!"

"¿Eres un Malfoy o un Weasley?" Preguntó Narcissa, arrugando la boca al pronunciar el último apellido. "Usa tus técnicas, léele la mente, estudia sus gestos, sus movimientos. Y si descubres que no te ama, conquístala".

"¿Por qué me estás apoyando con ella?" Preguntó curioso el rubio.

"Porque ella es la indicada, Draco. Te quiere, lo veo en sus ojos. Te mira de la misma manera en la que yo miraba a tu padre cuando estábamos en Hogwarts. Sé que ella daría todo por tí, como yo dí todo por Lucius" dijo ella acariciando el lugar donde se encuentra el corazón, lugar en el que ella tenía una mancha negra, producto de su amor por Lucius y la falta del alma de éste.

Draco no contestó. Así que Narcissa aprovechó para seguir "Además, ella es una heroína de guerra. Bien sabemos que al principio nadie lo entendería, pero ¿Desde cuándo a un Malfoy le interesa la opinión de los demás? Y ella tiene todo para ser una Malfoy, hijo. La sangre es lo único que le juega en contra, pero es lo de ménos, ni siquiera importa. Tiene clase, distinción, elegancia, es muy bella, y se le nota a leguas que ha nacido en una cuna de oro. Y es la mejor bruja de su generación, es tu tía Bella en versión Dumbledore. ¡Es genial!" Draco rió por las ocurrencias de su madre y se recostó en su regazo.

"Creo que tienes razón, madre".

"Siempre la tengo, cariño" Murmuró ella acariciando los rubios cabellos de su niño, quien rápidamente, como de costumbre cuando estaba en ese plan con su madre, cerró los ojos y se abandonó a lo relajante de la situación. Narcissa tomó un libro de su mesa de luz y se dispuso a leer, en paz.

No pasó ni una hora cuando la chimenea volvió a fundirse en llamaradas verdes. Nuevamente una cabeza pelirroja se asomaba. Winnie se apareció frente al recién llegado.

"¿A quién anuncio?" Preguntó toda formal.

"A nadie. Es una sorpresa" dijo Ron. Winnie asintió y se desapareció de nuevo.

Ron no podía creer la sarta de cosas que le había dicho -o gritado- el Ministro. Aún se le revolvían las entrañas de la rabia que le causaba. ¡Nadie creía en su palabra! Y él los había visto. ¡Hasta pidió que le dieran de tomar veritaserum! Pero no. Nadie lo escuchó. Y esa maldita traidora estaba allí, seguro que revolcándose en alguna habitación con el Sebastian, o hasta con Harry. ¡Maldita traidora! Cuando la encontrara...

Caminó silenciosamente hasta la cocina, se asomó y no había nadie. Supuso que ella estaría en su cuarto ¿Cuál había sido la última vez? Arrgg, no lo recordaba. Tendría que ir viendo de cuarto en cuarto. O tal vez si probaba con el hechizo que Hermione les había enseñado... Sacó su varita y susurró "Homenum revelio". Seis personas se encontraban en la casa ¿Seis? Sí. No estaba equivocado. Cuatro en el segundo piso y dos en el tercero.

Recordó que la biblioteca estaba en el tercer piso, tal vez la facililla de Hermione estaba revolcándose con su amante mortífago en la biblioteca, entre sus preciados libros.

Subió al último piso ignorando a las cuatro personas que se encontraban en el segundo. Llegó hasta la biblioteca y se encargó de revisarla. Nada, no había nadie allí. Salió al pasillo y abrió lentamente la primera puerta, no encontró a nadie. Fue hasta la segunda y trató de hacerlo lo más silenciosamente posible, aunque no tuvo suerte y la puerta chirrió. Se asustó pensando que alguien lo descubriría antes de tiempo, pero se asustó más cuando divisó una figura durmiendo en la cama. Se acercó hasta él y pudo ver a Snape, muy diferente a como se veía en la enfermería de Hogwarts, parecía ménos pálido y respiraba sin dificultad, una venda le cubría el cuello, ya sin rastros de sangre, y vestía un pijama azul marino que casi hacía juego con la decoración de la habitación. Por más que se sintió tentado a echarle una maldición, se controló y pensó que estaba ahí por Hermione, no por el murciélago grasiento.

Salió nuevamente de allí y fue hasta el siguiente cuarto. Al abrir la puerta no vió a nadie. La cerró sin más protocolo. Le quedaba la última puerta y supo que allí sí encontraría a alguien, pues tan sólo quedaba esa y la del baño. La abrió lentamente sin hacer ningún ruido y asomó la cabeza. Un fuerte olor a miel y vainilla inundó sus sentidos, lo reconocería siempre. Allí la vió, durmiendo tranquilamente en una gran cama matrimonial. ¡Seguro que la compartía con Harry! Maldita maldita mil veces maldita.

Se acercó con furia a la cama y zarandeó a la chica, quien rápidamente se despertó y enfocó los ojos.

"¡Ron! ¿Qué haces aquí?"

"Eres una maldita traidora, Hermione" murmuró el muchacho. "¡Una traidora!"

"¿De qué estás hablando?!" Casi gritó la castaña.

"¡Te ví! ¡Yo te ví con él! ¡Eres la novia de un mortífago! ¡Eres una asquerosa!" Gritó esta vez el pelirrojo.

"¡¿Qué?! ¡Has enloquecido! ¿Novia de quién?! ¡Estás demente, Ron!" Gritó a su vez Hermione.

"¿Qué crees Mione? ¿Que él te ama y serán felices por siempre? ¡Todos te odiarán! ¡Eres una traidora! Está contigo solo por Harry y por mí, quiere sacarte información sobre nosotros. ¡Eres una maldita tonta traidora!"

"¡Deja de decir que soy una traidora! ¡Cállate! ¡Nadie está conmigo por Harry ni por tí! Además ¿Quién querría saber nada de tí?"

"¡Traidora! ¡Me engañaste! ¡Engañaste a todos! ¡No eres más que una zorra arrastrada! ¡Seguro que siempre les vendiste información! ¡Por eso nunca nos encontraron en el bosque! ¡Por que tú les pagabas con sexo!" Gritó a voz de cuello.

"¡¿Estás loco!? ¡Tú nos abandonaste A-BAN-DO-NAS-TE en el bosque porque no podías aguantar no tener a tu mami! ¿Y yo soy la traidora? ¿Y acostarme con mortífagos para no develar nuestra ubicación? ¡Es lo más estúpido que se te ha ocurrido en la vida! Y mira que has dicho cosas estúpidas" Le gritó la chica una vez más.

"¿Te gustaba ser la zorra de ellos, no? ¿Te gustaba engañarme, no? ¿Eso te gusta? ¿Ser una puta? ¡Mujerzuela hipócrita!" Gritó enloquecido, fuera de control, sin coordinar. La mano de Hermione estrellándose contra su rostro lo alteró aún más. "¿Te gusta duro, no Mione? ¡Claro por eso estás con un mortífago! Ya verás que yo también puedo darte duro" Le dijo empujándola contra la cama.

La chica se desesperó y buscó su varita bajo la almohada y no la encontró. Seguramente se había caído mientras dormía. En un acto desesperado le pateó con la rodilla a la altura del vientre, no logró darle entre las piernas. Ron se enojó muchísimo y al grito de "¡Maldita zorra aprenderás a respetarme!" impactó su puño en el rostro de la castaña, partiéndole la boca y llenándole de sangre el interior.

Era la segunda vez en el día que sentía la sangre inundar su boca y casi ahogarla. Estaba muy cansada y agotada, el cuerpo le dolía en su totalidad. Casi no tenía fuerzas para luchar contra el pelirrojo que ahora la apretaba bajo su cuerpo y la tomaba violentamente de las manos, mientras acercaba su boca a la delicada piel de su cuello. Asco. Puro asco. Era lo único que sentía. Pero mientras pudiera no dejaría de gritar y tratar de zafarse. Mientras tanto el pelirrojo con un "Incarcerous" había conjurado unas cuerdas negras que la amarraron de pies y manos a la cama, y él se bajaba la bragueta del pantalón.

El rubio y el moreno salieron de las habitaciones en las que estaban pues parecía que había un alboroto en alguna parte de la casa. Se encontraron al salir y se miraron interrogantes. Un débil grito femenino los hizo moverse y correr como una ráfaga al piso superior. Conocían ese grito. Sabían de qué se trataba. No era la primera vez que lo oían. Hermione. Problemas. Tortura.

Draco corrió más rápido. Harry lo seguía rozándole los talones. El moreno apuntó su varita a la puerta unos metros antes de llegar para dejar que el rubio entrase sin detenerse. Draco vió la puerta abrirse con fuerza y se adentró con la varita apuntando al interior. No lo dudó dos veces. "¡Expulso!" El pelirrojo salió volando por los aires y chocó violentamente contra la pared, cayendo al suelo y quedando en una rara posición.

El rubio se apresuró a liberar a Hermione y a abrazarla, ella se lanzó a los brazos del rubio y lloraba desconsolada, a los gritos. Harry quien había visto todo no supo qué hacer, pero su vista voló hasta Ron y le hirvió la sangre. ¡Maldito Ron! Caminó hasta él y lo apuntó con su varita "¡Eres un desgraciado Ron! ¡Debería matarte!" Le gritó con odio.

"¡Ella es una zorra! ¡Una maldita puta que se acuesta con un mortífago! ¡Una simple sangre-sucia con aires de reina!" Pero no pudo seguir porque el rubio lo apuntó con la varita y con un hechizo no verbal hizo que su corazón intentase salir de su pecho por unos segundos. Los ojos de Ron se abrieron desesperados y se llevó una mano al pecho tratando de mitigar el dolor e impedir la salida del órgano vital. Un frío doloroso le recorrió la espalda y comenzó a sudar instantáneamente. Se sentía morir. De repente todo acabó. Se quedó respirando pesadamente, casi al borde de un desmayo.

"No vuelvas a decir algo así de ella en tu vida comadreja, si es que la valoras" Siseó Draco, con Hermione sollozando en sus brazos. El Lord le había enseñado cientos de hechizos de tortura, usar algunos con el miserable pelirrojo resultaba de lo más tentador.

Harry deseaba en ese momento ser como Malfoy. Poder abrazar a Hermione y que ella se consolase en sus brazos, mientras él tenía la sangre fría para torturar e incluso matar al infeliz de Ron sin siquiera mover los labios. El moreno observó a su antiguo amigo y reparó en que tenía el pantalón desabrochado y casi bajado. Nuevamente la furia y el odio se apoderaron de él al darse cuenta de cuáles eran las intenciones de Ron. Lo miró con desprecio, con furia. "¡Maldito asqueroso! ¡No tienes vergüenza!" Y se lanzó contra él golpeándolo sin piedad e insultándolo. Por más que Ron quiso defenderse, el hechizo de Malfoy lo había dejado sin fuerzas. Harry lo golpeó durante un tiempo, el pelirrojo ya estaba casi inconciente.

"Deténlo, Draco, deténlo por favor" Lloraba Hermione con la cabeza escondida en el pecho del rubio quien miraba la escena casi con gozo. Escuchó las palabras de su chica, y muy a su pesar levantó la varita y petrificó al niño-que-vivió, quien por primera vez estaba haciendo algo bien.

"Sácalo de aquí, Draco, no quiero verlo, pero no lo lastimes" Lloraba Hermione.

El chico se levantó y fue hasta Weasley, quien parecía a punto de morir de un momento a otro. Lo tomó por el cuello de la camisa y lo arrastró hasta el pasillo, donde lo tiró con furia por la pared.

Narcissa corría hacia la habitación de Hermione luego de escuchar claramente como alguien molía a golpes a una persona. Cuando vió a Draco lanzando al joven Weasley al pasillo pensó que había sido él. Se acercó hasta la habitación de Hermione y vió a la chica llorando desconsolada en la cama, y al chico Potter petrificado en el suelo en posición de ataque. Rápidamente comprendió todo. Se acercó hasta Hermione y la abrazó maternalmente. La chica se acurrucó en sus brazos y lloró, no podía dejar de hacerlo. La rubia llamó a Winnie y le ordenó llevarlas hasta la habitación de Draco. El elfo obedeció rápidamente, con un chasquido de dedos las dos estuvieron en la cama del rubio.

"Tranquila, querida" susurró la rubia. "Todo estará bien" Pero Hermione no dejaba de llorar y de temblar, es más, estaba teniendo una crisis pues los temblores se iban volviendo violentos. "Lo siento mi niña, pero es lo mejor" murmuró Narcissa antes de apuntarla con la varita y susurrar "Desmaius".

Hermione cayó desmayada en la cama de la mujer. Definitivamente era lo mejor. Winnie la acomodó y le cambió las ropas, y le dió una poción para dormir sin soñar. Narcissa en cambio fue hasta la habitación de Lucius con un objetivo fijo. Al conseguirlo caminó rápidamente hasta el piso de arriba, donde vió a Draco mirando con odio al pelirrojo quien aún se encontraba tirado en el piso.

"Haz lo que tengas que hacer" murmuró poniendo en manos de Draco lo que había ido a buscar: La varita de Lucius. Luego entró a la habitación para despetrificar a Potter.

Draco se sorprendió al principio pero luego lo entendió. Justamente por eso no estaba asesinando ya al idiota de Weasel. Porque su varita estaba vigilada por el Ministerio, al primer hechizo de magia negra o alguna maldición imperdonable los aurores se presentarían y sería llevado a Azcaban. La varita de su padre, en cambio, no tenía ningún impedimento.

La furia le inundaba los ojos y sólo veía rojo. Aún era capaz de pensar y razonar, pero cómo quería dejar de lado el razonamiento y la cordura y someter al imbécil a todo tipo de torturas, de aquellas en las que el Lord lo había hecho participar para enseñarle como se debía tratar a los inferiores. Quería hacer que sus venas se hinchasen en su interior para luego hacerlas explotar y provocarle la muerte. O

hacerlo vomitar sus entrañas y volverlas a tragar. Quería que el Weasel se ahogara en un charco de su propia sangre. Quería matarlo con dolor, con violencia. Un simple Avada sería darle un premio.

La había tocado a ella. La había hecho llorar. A su amor, a su chica, a su mujer. ¡Debía sufrir! Ser sometido a las peores formas de castigo. Esa criatura pelirroja que estaba medio muerta en el piso había sido capaz de ponerle un dedo encima a su futura esposa, de lastimar a la futura madre de sus hijos. Matarlo era poco.

"Haz lo que tengas que hacer Malfoy" sonó la voz de Potter detrás suyo. "Pero hazlo rápido, mientras yo llamo a los aurores para que vengan a llevar a este imbécil. Pero no lo mates, no se merece morir. Que se pudra en Azkaban" Y se dirigió con rapidez a la planta baja, sin dirigirle la mirada al pelirrojo.

Potter le estaba dando el permiso de cometer un delito. Y sonrió irónicamente. Levantó la varita y entonces recordó sus ojos, los ojos de su amada, llenos de lágrimas implorándole que detenga al moreno, que impida que su mejor amigo mate a su agresor. Y recordó su corazón, lo benévolo que era, lo bondadosa que era su chica. Sabía que si enteraba que había lastimado al chico se enfadaría. Con Dolohov había sido distinto, Weasel era importante para ella, aún después de sus actos.

Narcissa observaba a su hijo debatir mentalmente y suspiraba con melancolía. Le recordaba tanto a Lucius y a los primeros años de su noviazgo, cuando aún eran personas normales y no magos oscuros. Sabía que el joven pelirrojo se merecía las peores maldiciones, pero muy en el fondo esperaba que Draco se controlara y no se dejara llevar. Pues ella sabía que una vez que se sucumbiera a las ganas, luego era muy difícil renunciar a ellas.

El rubio miró su brazo izquierdo manchado con la marca del Lord. Y no quiso ser como él. No quiso ser un mortífago y matar al infeliz. No quiso ser lo que era. Granger había dicho que él era bueno, que era una buena persona. Una buena persona dejaría eso en manos de la justicia, no la buscaría por cuenta propia. Al final bajó la varita luego de susurrar una maldición de magia negra, al fin y al cabo, era un Malfoy.

Narcissa sonrió complacida cuando vió a su hijo decidirse correctamente. Pero claro, era un Malfoy y no dejaría las cosas así como así. Reconoció inmediatamente la maldición. «Impotentia et infecunditate» Un antiguo libro de maldiciones en latín se abría en su cabeza para hacerle recordar la maldición de impotencia e infertilidad a la que eran sometidos los muggles y los nacidos de muggles en la antigüedad. E incluso en épocas del Lord, quien usaba esa maldición en quienes le fallaban y él «perdonaba». Lucius se había salvado milagrosamente de ella.

Para cuando los aurores pisaban, por segunda vez en el día la casa, Draco y Narcissa ya estaban atendiendo a Hermione en la habitación del rubio. Kingsley había asistido nuevamente pues no podía creer que el chico hubiese hecho tal cosa. Casi se cayó de espaldas cuando Harry apareció en su oficina muy furioso diciéndole que quería presentar una denuncia por intento de violación.

Cuando vió al chico Weasley tirado ante la puerta del baño del tercer piso, también le entraron ganas de masacrarlo. Hermione era como su hija. Ordenó a los aurores que lo llevaran a Azkaban directamente, mientras se preparaba un juicio en su contra. Lamentaba tener que romperles así el corazón a Arthur y a Molly, pero era su trabajo. No hizo ni una pregunta sobre los golpes y el estado del chico.

Quiso ver a Hermione y la encontró dormida -desmayada le había aclarado Narcissa-, con un gran golpe en el rostro y el labio muy hinchado. No había rastro de sangre en ella pero era obvio que la herida de la boca había sangrado. El corazón se le llenó de dolor. Aunque se sintió tranquilo cuando vió que el joven Malfoy no se apartaba de ella ni un segundo, estaba seguro que él la cuidaría bien.

Al bajar a la sala se dirigió a Harry y le pidió acompañarlo hasta el Ministerio para presentar la denuncia formal y decidir qué hacer con el chico. Harry avisó a Narcissa lo que haría y se fue con Kingsley.

La noche llegó y Luna se apareció en la casa. Narcissa y ella fueron las únicas que cenaron esa noche. Harry aún estaba fuera y Draco no se había movido de al lado de la cama, negándose a salir hasta que ella despertara.

"Siempre supe que Ronald Weasley escondía mucho rencor en el corazón" Opinó Luna en medio de la cena. Narcissa no pudo más que darle la razón.

Harry llegó muy tarde. No había sido difícil presentar la denuncia, lo malo habían sido los periodistas, todos queriendo saber los detalles del suceso. Gracias a Merlín que la carpeta del caso era privada y nadie podía tener acceso a ella. No se aclaró la razón de la entrada de Ron a Azkaban. Sabía por boca de Kingsley que los Weasley estaban destrozados, pero no le importaba. Estaba seguro que alguno de ellos se presentaría en la casa, así que se encargó de cerrar la red flu y colocar barreras de protección que impidieran la aparición de los Weasley dentro del número doce. Si querían hablar con él que aprendiesen a tocar la puerta, como la gente normal.

Fue a ver a Hermione y la encontró dormida aún. Malfoy estaba dormido también en un sofá al lado de la cama, con un libro en las manos. Si antes tenía leves sospechas, ahora estaba totalmente seguro. Entre Malfoy y Hermione algo pasaba, de lo contrario ella no se hubiera lanzado a los brazos del hurón como lo hizo, ni él se quedaría a cuidar su sueño como lo hacía ahora.

Una pequeña mano cálida tomó la suya y él se sobresaltó. Se giró y vió a Luna sonreirle tímidamente. Se dejó llevar y la chica lo sacó de la habitación. "Déjalos descansar. Lo necesitan" le dijo ella con esa voz tan suave que tenía.

"Claro, no iba a molestarlos" Le contestó él.

"No deberías. Tú también encontrarás el amor correcto alguna vez, Harry" Le susurró. El chico no entendió sus palabras al principio pero luego todo encajó. Quiso replicar pero Luna volvió a hablar. "Ve a descansar, Harry. Lo necesitas. El día ha sido muy pesado" Y se retiró no sin antes dejarle un beso en la mejilla.

El moreno se tocó la mejilla, estaba cálida, al igual que los labios de Luna. Se acarició el lugar del beso y de repente la posibilidad de que Hermione y Malfoy tuvieran algo ya no le molestaba tanto. Luego se retiró a dormir.

Draco se había despertado al escuchar el casi silencioso clic de la puerta al ser cerrada suavemente. Observó a la chica que dormía aún en su cama y el corazón se normalizó. Por un momento pensó que tal vez estaba nuevamente en peligro.

Se colocó el pijama y se acostó a su lado, abrazándola protectoramente y oliendo el aroma de su cabello. Miel y vainilla. Deliciosa. Rápidamente se quedó dormido.

Hermione se sentía pesada. Se removió un poco y se dió cuenta que estaba en una cama, muy cómoda, dicho sea de paso. Inhaló el perfume francés mezclado con menta que se sentía en el aire. Abrió los ojos lentamente y se encontró con la cabeza en el pecho de alguien. Recordó todo lo que había sucedido y se separó abruptamente de la persona con quien estaba, imaginándose por un momento que tal vez era Ron. Pero el corazón volvió a su lugar cuando vió que quien la abrazaba era Draco. Su Draco.

El chico abrió los ojos y la encontró observándolo. Sonrió y ella le devolvió la sonrisa. Hermione se volvió a acomodar sobre su pecho y suspiró. Allí se sentía tranquila, en paz, se sentía protegida. Se sentía en casa. Él la apretó más contra sí y le dió un beso en la cabeza.

"No me dejes" Le pidió ella dejándose llevar nuevamente por el sueño.

"Nunca" susurró él para sí mismo. Pero Hermione lo escuchó perfectamente. Abrió enorme los ojos luego sonrió. Draco no la dejaría nunca. ¿Significaba eso que tal vez estaba enamorado de ella? Ojalá que así fuese, por que ella tenía serias dudas de que tal vez ella sí estuviese enamorada de él.

Y se durmieron toda la noche, abrazados en la cama de él, con la luna que se colaba por la ventana de testigo, y la imagen encantada de París que los observaba.

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¡Hola! ¿Cómo están? Ojalá les haya gustado este capítulo.

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¡Muchísimos besos y abrazos! Ana.