CAPITULO 12

Ahora Archie se levantaba temprano, porque hacía lo hacía así y le gustaba sentarse a desayunar con ella. Insistía en pasar el día a su lado, llevarla a pasear en barca, montar a caballo y dar largos paseos por los bosques cercanos, la llevó a visitar a Tom y pasaron un día en su granja. Había sido una semana perfecta, donde Candy apenas había tenido tiempo para pensar y, cuando ella había sacado el tema de que debía regresar al Hogar de Pony, Archie lo había evitado rápidamente, abduciendo que a ella le sentaría bien unos días de descanso antes de volver, para recuperarse de todo lo malo que había pasado y que si hiciera falta urgente allí, seguro que mandaban a buscarla. Archie pasaba los días temblando, pensando que cualquier día ella se iría y Candy parecía pensar que simplemente se sentía solo en aquella casa tan grande.

-Tendrías que ir a Nueva Cork, con Albert, y ayudarlo –le decía Candy, pero Nueva Cork estaba muy lejos de ella y quizás, quizás, si continuaba a su lado lo mismo conseguía hacerse imprescindible para ella.

Por la noche se sentaban junto a la chimenea y recordaban tiempos más felices, cuando no estaban tan solos. Archie entonces se sentía celoso de los recuerdos, sentía que ella a él nunca lo hubiera echado tanto de menos como echaba a los demás. Siempre había sido invisible para ella, y ahora sólo podía fingir que era su amigo y nada más. A veces sentía deseos de ser sincero con ella y confesarle sus sentimientos, pero desechaba la idea al instante. Había pensado en muchas maneras de hacerlo, para no asustarla con su pasión, si presentaba su amor como un simple consuelo de dos almas heridas que se habían acercado porque se necesitaban. Pero no, si fingía eso Candy saldría disparada a buscar a Annie para él. Candy a veces la mencionaba, pero había escrito a Patty y tampoco ella tenía noticias de su amiga.

Candy no se daba cuenta de que Archie nunca la mencionaba y quizás pensaba que era porque pensar en Annie le hacía daño, cuando la realidad era que ni se acordaba de ella y, en el fondo, se alegraba de que hubiera desaparecido antes de que la relación entre ellos se hubiera hecho más seria.

Pero Candy no conocía nada de esto y Archia no sabía cómo sacarla de su error sin que la relación entre ellos se enturbiara, porque Candy saldría corriendo en cuanto supiera sus verdaderos sentimientos. O quizás en el fondo los conocía y sólo esperaba el momento en que él los confesara.

La idea se fue abriendo paso en su mente, una secreta esperanza. Ella era discreta pero no rechazaba sus atenciones, las tomaba como atenciones de amigo, pero tenía que darse cuenta de que eran algo más y había aceptado quedarse unos días, sonreía a su lado y bromeaban. ¿Tan malo era tener un poco de esperanza? Si al mismo tiempo tuviera valor habría sido mejor, pero Archie temía equivocarse y perder lo poco que había conseguido, su amistad y su presencia. Y no había ninguna forma de poder estar seguro.

Llevaba Candy ya dos semanas en la mansión de los Andrew cuando el timbre de la puerta sonó de una forma que a Archie le recordaron campanas fúnebres. Con un mal presagio vio cómo un mozo dejaba un paquete para Candy en la entrada y un par de cartas para ella. Archie lo miró con aprensión, como todo lo que tuviera que ver con los Legan.

-Son mis cosas, las han empaquetado –anunció Candy, al abrir la caja y ver su contenido. Archie se había olvidado completamente de ello y había conseguido ropa nueva para ella. Candy no había dicho nada, como si estuviera retrasando el momento de reclamarlas y de romper el último lazo que la ataba a los Legan.

Pero Neal no había dudado tanto y había hecho empaquetar sus cosas y enviárselas, un claro mensaje de que no iba a reconsiderar su decisión y volver a readmitirla, o quizás cansado de esperar a que ella acudiera cabizbaja y le rogara que la dejara volver. Ni una nota suya acompañaba la caja, las cartas eran del Hogar de Pony y Candy las miró, extrañada de recibir dos cartas tan seguidas. Dejó a Archie al cuidado de sus cosas y se sentó en el salón a leerlas.

Archie dispuso que llevaran la caja a la habitación de Candy y ordenó abrirla y desempaquetarla por si hubiera alguna sorpresa dentro. No sabía qué esperaba encontrar, Neal ya no era una adolescente que metiera ratas muertas en las maletas de las chicas pero Archie no se fiaba de él. Sin embargo no había nada extraño y Archie volvió al salón para encontrarse con una Candy demudada y cegada por las lágrimas, rápidamente se acercó a ella y se sentó a su lado en el sofá, sin saber qué hacer ni cómo preguntarle qué le pasaba, pero Candy extendió la mano con la carta para que Archie la leyera.

Querida Candy:

No te asustes, de salud estamos todos bien, gracias a dios. Te escribimos porque creemos que estás en disposición de ayudarnos y sabemos que lo harás con gusto. ¿Recuerdas que se lleva hablando tiempo de la nueva carretera que cruzará el pueblo y se unirá a la carretera estatal que están terminando? Dicen que será un gran avance para el pueblo pero, si se hace como lo están proyectando, será una tragedia para nosotros.

Ha venido un grupo de gente midiendo y contando y dicen que nuestra zona parece la mejor para la carretera. Nos han dicho que respetarán la casa, pero no la colina de Pony ni nuestro pequeño huerto… todo eso se convertirá en asfalto. Los niños no podrán salir de la casa. Y no sabemos qué hacer. Nos han dicho que el proyecto de la carretera ha sido concedido a las empresas Legan. No sé si puedes hacer algo, pero como trabajas para la familia hemos pensado que puedes estar en buen lugar para hacerlo.

Esperamos tus noticias.

La otra carta no traía mejores nuevas:

Los peritos ahora dicen que lo mismo no es posible conservar la casa, que tienen que hacer más mediciones. ¿Qué vamos a hacer? ¿Adónde iremos?...

-Maldito Neal –Archie apretó los puños y a punto estuvo de salir corriendo a darle la paliza que se merecía, pero Candy no dejaba de llorar y se calmó para intentar consolarla.

-Tranquila, Candy. Neal no se saldrá con la suya. Escribiremos a Albert, él podrá hacer algo.

Archie se sentía un poco inútil, porque aparte de darle una paliza a Neal no se le ocurría nada más que verdaderamente solucionara el problema.

-Seguro que lo ha hecho para vengarse –siguió diciendo, mientras la abrazaba-. Te ataca donde sabe que te va a hacer daño. ¡Maldito!

-Pero ¿por qué? ¿por qué? ¿Tanto daño le he hecho? –Candylevantó la cabeza y buscó la respuesta en los ojos de Archie.

-Sigue enamorado de ti, está claro. No puede tenerte y te hace daño.

-Eso es imposible, Archie, ha pasado demasiado tiempo.

Como si eso importara, pensó Archie mientras le acariciaba los sedosos cabellos, Candy respondió a su contacto e intentó esbozar una sonrisa.

-Archie ¿qué puedo…?

Archie no pudo más, la cercanía, el calor del abrazo, la intensidad de sus sentimientos, todo fue más fuerte. La frase de Candy fue interrumpida por los ardientes labios de Archie presionando los suyos, intensamente, con desesperación. Candy retrocedió entonces, asustada, intentando librarse de su abrazo, para mirarlo después con asombro, entre los ojos llenos de lágrimas.

-¡Archie!

-¡Qué! No vas a decir ahora que te sorprende. Has aceptado mis atenciones todo este tiempo, tenía que terminar pasando.

-Pero yo… yo no…

-Nos obligas a amarte y luego nos rechazas a todos. ¿Adónde vas? ¿Sales corriendo otra vez? ¿Vuelves al Hogar de Pony? Ya no tienes un sitio al que volver para escapar de los que te aman… o no lo tendrás pronto –terminó la frase en un susurro que ella no pudo oir.

Archie la contempló mientras salía corriendo por la puerta que daba al jardín y por un instante decidió seguirla, pero se contuvo. Había leído el rechazo y la decepción en sus ojos. No el amor, el reconocimiento que había esperado. No quería volver a verlo, al menos de momento, no al menos hasta pensar qué iba a decirle.

De todas formas tenía cosas que hacer, cogió la carta que había caído al suelo y se dirigió a su habitación, tenía una larga carta que escribirle a su tío Albert. Ojalá hubiera podido hacer más por ella.