Los días en la academia avanzaban con una lentitud increíble, aún más cuando las clases se habían suspendido hasta nuevo aviso. El motivo… los alumnos de la clase diurna comenzaban a desaparecer, noche a noche alguien se perdía en las espesuras de los bosques cercanos a la academia, apareciendo luego convertidos en vampiros nivel E a los que ellos, en su labor de prefectos, tenían la obligación de exterminar. La clase nocturna también se encontraba suspendida, y al parecer seria por un largo periodo, aunque sus miembros seguían colaborando con la seguridad de la academia.

Aimi dejó de lado las anotaciones que llevaba realizando en un cuaderno que le servía como diario de vida, y se concentró en observar el deprimente panorama que ofrecían los arboles sin hojas que podían divisarse desde la ventana de su habitación. El invierno había destruido ya todo lo que el otoño se había negado a llevarse con él, y se notaba en lo dañado de los árboles y los blancos y lejanos paisajes que podían verse desde lo más alto de la academia.

No había ya nada de divertido en ser prefecta, pensó mientas su mente volaba más allá de los altos muros que protegían el edificio. Cada noche algún alumno desaparecía… cada noche eliminaban a un nivel E que ellos alguna vez habían considerado como un compañero. Ya ni siquiera los juegos con Aidou lograban animarla, y eso que el pelirrubio ponía todo su esfuerzo en sacarle al menos una sonrisa. "Idiota" se regañó a sí misma, tratando de sacar al apuesto vampiro de su mente… ella tratando de olvidarlo, y él más presente que nunca.

-¿Te molesto? –la desganada voz de su amigo Ichiru se escuchó desde la puerta de la habitación. La peli naranja negó en silencio, guardando el cuaderno bajo la almohada -¿Cansada?

-¿Qué crees tú? –él sonrió, bajando la mirada, evidentemente agotado por las largas jornadas de vigilia. Aimi suspiró, sentándose en el borde de la cama –pienso que… a pesar de todo, no me arrepiento de haber venido a esta academia

-¿No, verdad? Tiene algo mágico en el aire

-sí, mucho olor a sangre inocente derramada –no logró descifrar lo que los ojos del joven trataban de decirle, nunca lo lograba. Bostezó, apoyando la cabeza en el hombro de su amigo –se acabará ¿Verdad? Si tú me dices que todo estará bien, sabes que te creeré

-no te convertirás en un nivel E, si eso es lo que te preocupa, muchos te protegen

-¿Quiénes son "muchos?

-pues… Zero, el director, Yuuki, yo… Aidou –alzó la mirada desconfiada, separándose bruscamente del joven y novato cazador -¿Qué? Sabes que lo hace…

-¿Estaría loca si me diera la oportunidad de quererlo?

-¿No lo haces ya? –Aimi suspiró a modo de respuesta, llevándose una mano al pecho –lo quieres demasiado…

-nunca pensé que pudiera existir un sentimiento tan fuerte

-probablemente superado solo por el amor de madre –murmuró Ichiru desordenándole el cabello -¿Sientes por él lo mismo que Yuuki siente por Zero?

-¿tú crees que eso sea amor?

-no lo sé, con esos dos nunca se sabe…

-puedo darte un ejemplo mejor –Ichiru la observó expectante, mientras ella jugaba con su cabello –quiero a Aidou del mismo modo que Rima Tohya quiere a Shiki…

-eso sí es amor Aimi, amor del fuerte

-¿Amor del fuerte?

-una clase de amor capaz de resistir y enfrentarse a todo y a todos –al notar la expresión extrañada de la peli naranja, Ichiru sonrió de medio lado –no es fácil ser joven con dinero y un buen apellido en una sociedad como la es la de ellos, créeme, siempre existe alguien que se entromete y actúa de la manera que a él le plazca… los sentimientos no son muy valorados en una sociedad así

-hablas como si hubieras vivido en ella

-lo hice… antes de llegar a esta academia –admitió el peli plateado con cansancio –ya te lo había dicho, amé mucho a una preciosa purasangre que me protegió desde niño… la misma purasangre que convirtió a mi hermano

-¿Qué? ¿La misma? –Ichiru sonrió ante la sorpresa de ella –p-pero… ¿Por qué tú te enamorarías de la pura sangre que convirtió a tu gemelo en…?

-es raro ¿Verdad?

-te aseguro que si no fueras tú quien lo está diciendo, no lo creería –su amigo guardo silencio por un momento, colocándose de pie para observar el paisaje que la ventana de esa habitación ofrecía –Ichiru, ¿Por qué no te mordió a ti también?

-siempre dijo que de todos los humanos… yo sería el único a quien nunca mordería, luego murió y ya nada importó respecto a ella

-¿Cómo murió? –los músculos del joven se tensaron, y una sombra cubrió su mirada por unos segundos, antes de suspirar y retomar su clásica sonrisa

-eso es algo que a la pequeña Aimi no debería interesarle –dijo desordenándole el largo cabello, aun cuando su amiga mantenía una seria expresión que no lo hizo borrar su sonrisa

-¿Qué tan serio puede ser?

-ya te lo dije, no debe interesarte y punto final –retiró su mano y avanzó hasta la puerta, deteniéndose unos segundos antes de salir por completo del cuarto –es más Aimi… te agradecería que Zero no se entere de que estuvimos hablando de esto…

Aimi asintió en silencio, y luego de ver una pequeña sonrisa en los labios del peli plateado, este la dejó nuevamente sola y con un montón de dudas dando vueltas en su cabeza. Ichiru muchas veces había mencionado a esa sangre pura, pero nunca había dicho su nombre, y el hecho de que no quisiera contarle cómo fue que murió la intrigaba aún más. ¿Qué tanto misterio podía esconder la muerte de una sangre pura? Especialmente cuando se trataba de la mujer por cuya mordedura Zero sufría las consecuencias de ser un vampiro.

Se preguntaba qué tanto de especial podían ser los sangrepura. Kaname no parecía ser la gran cosa, y aún así todos lo trataban con tanto respeto, incluso el mismo director de la academia. Claro estaba, Zero era una de las excepciones. "Tú no sabes nada" se dijo a sí misma observando su reflejo en el espejo, pasando descuidadamente una mano por su cabello. ¿Cómo sería pertenecer a una sociedad así? ¿Qué tanto de malo podía ser cargar con un buen apellido? Aidou parecía feliz con ello… aunque siendo muy sincera… solo Aidou parecía feliz.

Negó en silencio, volviendo a encontrar su mirada en el espejo. Siempre terminaba pensando en él, pero había otros temas también muy importantes. Los recuerdos que la unían con Rima Tohya por ejemplo. No la había visto últimamente, es como si de la nada hubieran decidido que ellas no podían permanecer juntas por más de 5 minutos en un mismo lugar. Estiró la mano, rosando el espejo con la punta de los dedos. Lo único que las diferenciaba era el largo de su cabello, y que ella tenía como novio a uno de los jóvenes más guapos de toda la academia Cross.

Y obviamente que Rima era una vampira y ella una simple humana.

..

..

Ichijo dejó su eterno paseo de un rincón a otro de la habitación, deteniéndose unos segundos para observar a sus amigos más detenidamente, y luego retomar su caminata, negando en silencio una y otra vez. Rima bufó, soplando su flequillo con impaciencia a la vez que entrelazaba sus dedos con los de su novio.

El pelirrubio volvió a observarlos, casi con una expresión preocupada. Finalmente Rima se coloco de pie de golpe, algo molesta por su exagerada reacción. Le había hecho una simple propuesta, no era para que se pusiera de esa forma.

-¡Ya fue suficiente Ichijo! ¡Me tienes los nervios destrozados! –explotó la joven mordiéndose las uñas

-es que Rima… ¡No puedes hacer eso!

-Ichijo, tengo sueños con ella, sueños en los que trato de devorarla, sueños en los que jugamos como si ambas fuéramos de la misma familia… yo… yo de verdad necesito saber la verdadera relación que existe entre Rima Tohya y Aimi Nozomi

-de verdad que yo te entiendo, pero… –suspiro, desordenándose el cabello para tratar de despejar su mente -¿los archivos secretos del consejo de ancianos?

-¿Qué más puedo intentar? El director se niega a aclarar mis dudas, y Kaname-Sama… ni siquiera este idiota ha logrado hacerlo hablar

-¿Disculpa? ¿Idiota yo? –Preguntó Shiki ofendido -¡No es mi culpa que Kaname sea tan bueno cambiando de tema como lo es cambiándose de calcetines!

-volvamos a lo importante –dijo Ichijo, ignorando al pelirrojo -¿Cómo pretendes llegar a esos archivos?

-más importante aún, ¿Cómo piensas tú llegar hasta esos archivos? –contra ataco la joven, dejándolo con una expresión de terror

-no estarás insinuando que…

-¿Quién más en esta habitación es nieto del líder del consejo de ancianos? –Shiki se colocó de pie, abrazando a la peli naranja por la espalda al mismo tiempo que esta reclinaba levemente la cabeza para corresponder al beso que se venia

-como sea… me mataran si me descubren

-bien, supongo que tendré que arriesgarme yo… -suspiró ella luego de haber besado a su novio

-De acuerdo Rima, tú ganas –dijo Ichijo pasándose una mano por el cabello con exasperación –pero Shiki tendrá que ir conmigo, de todas formas nunca desconfiaran del primo de Kaname Kuran –Rima frunció el ceño, observando de reojo a su novio, quien parecía más dormido que atento a lo que se decía –iremos mañana mismo

-¿de día? –Preguntó Shiki ahogando un bostezo, para luego apoyar el mentón en el hombro de su novia –que pereza… todo sea por mi hermosa Rima –un sonrojo cubrió las mejillas de ella, aunque Ichijo estaba demasiado nervioso como para notarlo.

Luego se fueron a su guardia, junto a Aidou. Últimamente sólo eran ellos 3, Aimi e Ichiru solían estar junto a Yuuki, mientras que Zero seguía estando con Ruka y Kain. Según el director, los habían dividido porque se necesitaba una mejor cobertura de la academia ahora que los ataques a alumnos habían aumentado. Según Rima, sólo lo hacían para separarla de Aimi.

Shiki acababa de irse con Aidou, persiguiendo a un nivel E que había aparecido en su camino. Ella por su parte, decidió esperarlos sobre la rama de un árbol, jugando a sacar pequeñas chispas de sus manos. Era aburrido, en verdad lo era, además, ¿Por qué tardaban tanto? Chasqueó la lengua antes de colocarse de pie y saltar desde su escondite. Fue una caída perfecta, hasta que un fuerte dolor la hizo tomarse la cabeza con ambas manos antes de volver a caer al piso.

-¡Ya Aimi! –Se quejaba una pequeña peli naranja tirando del cabello oscuro de una fina muñeca de porcelana, mientras que su gemela tiraba con fuerza de las piernas -¡Mamá me la dio a mí!

-¡Te morderé si no la sueltas! –abrió los ojos aterrada, soltándola de golpe

-si lo haces se lo diré a mamá –la otra le enseñó la lengua antes de sonreír y devolverle la muñeca

-¿Sabes lo mucho que me gusta hacerte enfadar? –Rima frunció el ceño, mientras que la otra seguía riendo. No debían tener más de 8 años, y aún así ambas transmitían una madurez casi imposible para dos niñas tan pequeñas –volvamos adentro, papá se enfadara si tardamos mucho

-hermana…

-¿Hmm?

-¡Te quiero mucho! –exclamó lanzándose a sus brazos. La otra le correspondió el abrazo de inmediato, creando una tierna escena familiar

-las gemelas Tohya –se escuchó una espeluznante voz sus espaldas. Las niñas se soltaron, volteando hacia quien había hablado. Era un hombre alto, de largo cabello plateado y mirada escalofriante, cuyos ojos se encontraban de un intenso rojo. Su abrigo aún traía sangre fresca, y de vez en cuando caía alguna gota de él –que bellas para tener 7 años apenas… su sangre debe ser deliciosa

-¿Quién eres tú? –se escuchó la voz decidida de una. A estas alturas, estando ellas tan juntas, ya había perdido la noción de quien era ella y quien era Aimi. ¿Por qué lo veía todo como si fuera una película dentro de su cabeza? Se miró las manos… ella estaba allí, ya de 16 años, pero nadie parecía notarla -¡Llamare a papá!

-tengo miedo –susurró la otra ocultándose tras su hermana

-deberías tenérmelo –le dijo el hombre con su macabra sonrisa –porque estoy aquí para beber tu sangre pequeña…

-¡No! –gritaron ambas sin soltarse. Él comenzaba a acercarse, y sus pequeñas piernas se negaban a responderles. Rima pudo ver el terror reflejado en la mirada de ambas. En cierto modo… verlo también la atemorizaba, aun siendo una adolescente. Lo que más le sorprendió era que… ese sujeto era un pura sangre

-¡Hijas! ¡Ya es hora de comer! –se escucharon unos gritos cercanos, que se detuvieron de golpe. El vampiro que estaba frente a ellas se esfumó sólo segundos antes de que su madre apareciera de pronto -¿Dónde estás? ¡Puedo sentir tu presencia! –gritaba a la nada, pero Rima también seguía sintiendo la atemorizante presencia. Las niñas estaban demasiado pequeñas y asustadas como para notarlo -¡No lo lograste una vez! ¡Y no lo lograras ahora! ¡Jamás podrás tener la sangre de mis hijas! ¿Me oyes bien? ¡Jamás!

-mamá… -la llamaron las gemelas al mismo tiempo, reclamando su atención –tenemos miedo

-calma preciosas, volvamos adentro, ¿Sí? –la mirada de esa mujer era muy distinta a la que su madre había tenido durante toda su vida. La de esta se encontraba llena de amor paternal, mientras que la que había crecido viendo era una fría y distante.

Luego todo se volvió negro a su alrededor. Los parpados le pesaban y una extraña fragancia inundaba todo a su alrededor. Seguía en el suelo, y aunque el dolor se había ido, se sentía como si alguien hubiera drenado todas las energías de su cuerpo. Si con suerte podía abrir los ojos. En un esfuerzo increíble, logró alzar levemente la mirada, encontrándose con la misma que vio en ese recuerdo. Ese sujeto estaba ahora frente a ella. Ya no traía la misma ropa manchada de sangre, pero sus ojos seguían siendo tan rojos como en ese entonces.

Trató de gritar pero… ¿A dónde había ido su voz? De pronto la garganta se sentía demasiado seca y rasposa, como si hace siglos que no probara la sangre. Él se arrodillo, quedando casi a su altura. La tomó del mentón, haciéndola levantar el rostro para mirarlo más directamente. Su cuerpo tembló y un escalofrió la recorrió por completo al momento de sentir su tacto sobre su piel.

-casi 10 años –su voz era aún más escalofriante. Rima trató de moverse, pero la nula energía que tenía apenas le servía para mantener los ojos abiertos y la respiración algo normalizada –y aún sigo causándote terror

-n-no me toques –logró decir con un hilo de voz

-has cambiado, solías ser demasiado asustadiza de niña

-y-ya no soy u-una niña

-es obvio que no, basta con solo mirarte, ya eres toda una mujer, eres tan hermosa como tu madre

-mi m-madre esta… m-muerta –él sonrió ladinamente, pero estaba muy lejos de ser una sonrisa seductora

-claro… por fin te tengo Rima Tohya, luego de tantos años esperando encontrarte a ti y a tu gemela… tus padres hicieron un muy buen trabajo ocultándolas… por suerte, tú seguiste llevando el apellido Tohya, no cómo tu hermana

-no t-tengo una he-hermana

-¡Claro que la tienes! Solo que ya no es una vampira

-¿Aimi? –se negó a seguir mirándolo, por lo que sus parpados se cerraron. Él bajó su mano hasta su cuello, rozándolo apenas –e-ella es una…

-¿Una humana?

-i-iba a decir ca-cazadora –lo corrigió con una sonrisa de triunfo en sus ahora pálidos labios –una cazadora –repitió con mayor determinación

-lo sé… a eso me refiero con que las ocultaron demasiado bien

-si vas a m-matarme… hazlo de u-una vez

-eres valiente… ¿Sí sabes qué soy…?

-un pura sangre… n-no entiendo p-porqué q-quieres beber m-mi sangre

-pequeña, realmente has estado viviendo en una cueva –sus labios se acercaban a los de ella, rozándolos apenas, aunque la sensación de asco apareció de inmediato -¿No sabes cuánto poder te brinda la sangre de gemelas?

-q-que asco… -susurró ella sin atreverse a abrir los ojos –n-no sabes b-besar –agregó casi escupiéndole el rostro. Finalmente él la soltó, sin dejar de sonreír macabramente –ya m-mátame

-si eso es lo que quieres –se acercó al pálido cuello de la joven, quien sólo pudo presionar aun más los parpados, esperando una muerte segura.

-¡Rima! –giró pesadamente en la dirección que se escuchaba la voz. No podía ser verdad, ¿Por qué de todos los guardianes y prefectos que habían a esas horas en la academia, tenía que ser precisamente ella quien la encontrara? ¿Dónde estaban los demás?