Capítulo 29 – El Rey y el Herrero

—¿Qué crees que pasaría… si un humano muere en Equestria? —preguntó Azorakt una noche. En ese entonces, no era un Rey terrible y gigantesco. No era el alicornio malvado y trastornado. Era una creatura joven, terminando prácticamente la fase de infancia de la especie a la que pertenecía.

Más allá del mundo, en aquella tierra tan distinta y aterradora, tan lejana, tan irreal. Aquella tierra habitada por esos seres que se llaman así mismos "humanos". En ella Azorakt no poseía ningún poder, aunque siempre lo ambicionó. En su primera infancia, justo cuando nació, para sus padres se transformó en el rey de su casa. Todos sus deseos eran concedidos al instante y nada que el quisiera estaba fuera de su alcance. Cuando creció, se acostumbró a que debía obtener lo que deseaba por cualquier medio y que su voz debía ser escuchada por todas y todos.

Las cosas tuvieron que cambiar un poco cuando nació su hermana, pues la atención de sus padres comenzó a concentrarse en la bebé, y el aun infante Azorakt no pudo soportar que sus constantes peticiones no fueran respondidas de inmediato. Al final, en su corazón, los celos sembraron un deseo de venganza hacia su inocente hermanita, al mismo tiempo que deseaba acaparar a la pequeña, por considerar que todas las personas de su alrededor debían quererlo y apreciarlo solo a él.

Los años corrieron, y cuando hubo jugado aquella cruel broma a su hermanita, haciéndola creer que era capaz de dar muerte al contacto, ocurrió que ambos descubrieron con jubilo, que existían proyecciones de un mundo hermoso, un mundo colorido, un Mundo Más Allá. Aquellas visiones de ponis amistosos y llenos de dicha les brindaron alegría a los dos hermanos, pero lo que mas atrajo al mayor fue la comunidad que crecía de manera veloz en una región inmaterial de aquel mundo que sus habitantes llaman Internet.

Uno tras otro, habitantes del mundo humano se volvían aficionados a aquellas proyecciones de un mundo hermoso y lleno de amistad. Pero en lugar de ver la posibilidad de alumbrar su mundo con estos hermosos nuevos colores, Azorakt vio la posibilidad de hacerse con una posición de poder en aquella creciente comunidad de bronis.

Bronis. Esa era la palabra que usaban los amantes de las proyecciones del mundo poni para autodenominarse. Otros seres humanos comenzaban a llamarlos de igual forma, sin mucho interés. Otros seres humanos comenzaban a denominarlos despectivamente de esa manera, para hacer patente su desprecio y odio hacia ellos y el mundo poni que añoraban. Estos eran los antibronis.

Durante mucho tiempo hubo enfrentamiento, y ni el cálido fuego de la amistad de los corazones de los Bronis quería apagarse, ni la feroz llama de odio del corazón de los antibronis deseaba darles tregua.

Así pasó un tiempo, y el joven Azorakt se decidió a fundar una comunidad virtual que integrara a aquellos aficionados de los ponis que, según él, tuvieran la fuerza, el valor y la entereza necesaria de hacer frente a los antibronis.

Una Comunidad de Bronis Radicales, cuyo corazón no fuera gentil y tolerante, que buscaran dominar sobre sus detractores para aniquilarlos. Que fueran también, amantes del dolor, del mal, de la guerra, incluso del odio, pues, pensaba Azorakt, solo a través de ellos lograrían sobreponerse al hostil mundo gris en que vivían.

A esta comunidad, cuando se encontraba ya formada y era liderada por el joven Azorakt, llegó un humilde y tímido broni. Era joven, mas, por su manera de hablar parecía mucho más viejo de lo que era.

—Esa es, sin duda, una interesante, aunque muy complicada cuestión —respondió en aquella ocasión Burning Spades, que en ese entonces no había sido ni bibliotecario, ni herrero. De hecho, él no era en ese entonces un testarudo poni de tierra.

Tímido, gentil y precavido, este broni no compartía con muchos otros miembros de la comunidad la pasión por la violencia, la oscuridad y lo siniestro, sino que tenia un corazón cálido y amable que a fuerza de la soledad, la intolerancia y el desprecio, se había vuelto frio y duro, pero aun conservaba la capacidad de compartir el poder de la amistad.

Desde su llegada a la comunidad, Burning Spades atrajo hacia si la atención de otros miembros, gracias a sus extrañas teorías acerca de la realidad del Mundo Poni. Aunque amaban y admiraban a los ponis, todo broni sabía que, para los habitantes del mundo humano, el Mundo Poni no existía.

Y Burning Spades no difería, pero agregaba:

"Para nosotros, el Mundo Poni no existe… en el mismo plano."

Para hacerse entender, Spades publicó varias de sus teorías en los espacio virtuales de la comunidad, haciendo hincapié en que, por mas que cualquiera viajara, jamás alcanzaría el Mundo Poni pues este nunca se cruzaba en el mismo plano dimensional que el Mundo Humano.

No pasó mucho tiempo para que el propio líder de la comunidad fijara su atención en este peculiar broni. Y desde entonces ambos comenzaron a tener largos diálogos que duraban desde recién entrada la tarde hasta después del amanecer, discutiendo las teorías o posibilidades acerca de la existencia de aquel hermoso mundo que ambos tanto añoraban.

Uno, para vivir en él y llenarse de sus hermosos colores. El otro para llevar su maldad hasta allá, para trastornarlo y hacerse con todo su poder.

En una ocasión, aquel líder y aquel simple miembro comentaban la posibilidad de que algún humano muriera estando en la inalcanzable Equestria.

—Me imagino —continuaba el joven broni aquella noche —que podrían suceder dos posibilidades. La primera, sería que, al morir, un broni en Equestria, su esencia indestructible fuera transportada de vuelta a nuestro mundo. Puede que su cuerpo humano se reconstruyese aquí en la Tierra y continuara vivo o que, al haber perdido su forma física, su esencia se disolviera del plano material desapareciendo para siempre.

»La otra posibilidad, es que su esencia no fuera capaz de hallar el camino de vuelta, y, ya sea que por su naturaleza ajena, quedara obligada a vagar como una entidad espectral para siempre en el Mundo Poni, o que siendo idéntica a de los habitantes nativos, su esencia pudiera disfrutar del descanso y la paz que experimentan los ponis difuntos. Estas son, claro, solo opiniones, no porque tenga manera alguna de probarlas.

—Habría que estar ahí, y que sucediera para poder estar seguros, ¿no es así? —consultó interesado Azorakt.

—Exactamente —respondió Burning —es una lastima que, de hecho, sea imposible para nosotros llegar a ese mundo.

Esa fue la última vez que ambos bronis cruzaron palabra, pues Burning Spades no volvió a ser visto en la Comunidad de Bronis Radicales, sino que desapareció como si hubiera dejado de existir en el Mundo Humano…

A una cantidad imaginaria e infinita de tiempo y espacio de distancia, ambos bronis, ahora transformados en un Rey y un Herrero, se volvieron a ver, esta vez cara a cara. Esta vez con rostros nuevos y vistiendo otros colores exteriores.

—¿Cómo se atreven, despreciables traidores? —preguntaba enfurecido Azorakt al ver como los que habían sido, en otro tiempo, los más poderosos soldados de su ejercito malvado se habían vuelto al bando opuesto —¿Se atreven a levantar sus cascos en contra del ejercito de su Rey?

Los llamados Cuatro Ponis Terribles, colocados como un escudo alrededor de las Seis Principales, no lucían en su mejor forma. Golpeados, despeinados, magullados, y, en el caso de WarHammer, desarmado, pero en su mirada brillaba una resolución que no tenían cuando invadieron aquel mundo.

—¿Nuestro rey? —con una risa petulante, el primero en hablar fue Emperor, Poni Terrible de la Derrota —Ya no más. Hablo por los cuatro cuando digo que hemos tenido suficiente de ti, Azorakt.

—Así es. Nosotros somos los más poderosos bronis de la comunidad, y aun así fuimos vencidos… —continuó WarHammer, Poni Terrible de la Guerra —porque estábamos luchando del lado equivocado…

—Estas seis ponis nos han mostrado la verdad —sonrió entonces Decadence, Poni Terrible de la Escacez —lastima que tuvimos que viajar tan lejos para poder darnos cuenta…

—¿No lo ves, hermano? —se levantó de su sitió Last Breath, Poni Terrible de la Muerte —De alguna manera nos convertimos en lo que mas temíamos. Dejamos que nuestros sentimientos negativos nos dominaran y nos volvimos odiadores…

—¡Ya basta! —ordenó Azorakt a su hermana.

—Nos volvimos iguales que los antibronis… —concluyo la alicornio amarilla.

—¡Aniquílenlos! —gritó el Rey Negro completamente fuera de su juicio —¡Acaben con esos traidores y con las Seis Principales!

Al instante, las hordas de ponis dementes se lanzaron en contra del círculo de la plaza donde se encontraban las Ponis de la Armonía esgrimiendo ya sus Elementos. Con mirada asesina en los ojos, y con gritos enardecidos y demenciales aplicaron sus cascos, cuernos y alas en contra de los cuatro ponis que les servían de escudo a las seis amigas.

Pero su empeño fue inútil. Con su pericia sin igual, Emperor se alzaba por el aire, batiendo sus alas majestuosas, derribando pegasos y noqueando unicornios y ponis de tierra con la gracia de un águila al vuelo.

Por su parte, la imparable mole de músculos de WarHammer, aplicaba sendos golpes con sus colosales piernas, lanzando por los aires a todo desafortunado broni que lograba alcanzar, mientras que seis fornidos ponis de tierra que se habían montado en su cuerpo trataban en vano de subyugarlo.

Mientras tanto, Decadence lanzaba ráfagas mágicas por los aires, paralizando a los pegasos, o convirtiendo en arena movediza el suelo bajo los pies de los ponis de tierra, sin perder de vista a los unicornios, a quienes les drenaba la magia para usarla luego en contra del ejército radical.

Finalmente, Last Breath encendió su cuerno, que destelló con aquel brillo pálido mientras que con sus ojos resplandeciendo, caminaba repartiendo fatiga y desmayos a todo aquel que miraba, mientras que todoponi se alejaba de su camino aterrorizado por su poder letal, pues la alicornio sabia que el mayor poder de la muerte se encuentra en el terror que inspira.

—¿Ahora entiendes, Azorakt?

Sobrevolando el campo de batalla, el malvado rey alzó la vista y se encontró con la intensa luz roja del Poni de Acero volando frente a él.

—Esos cuatro bronis han aprendido finalmente lo que este mundo representa. —continuó Burning Spades con su rostro cubierto tras su casco de metal abollado —Han hallado el verdadero tesoro de la amistad y saben que vale la pena defenderlo, en lugar de hollarlo y corromperlo…

—Tu… esto es tu culpa… —gruñó el alicornio encendiendo su cuerno con un fulgor azul oscuro —¡Eres un poni muerto, Burning Spades!

Y con un poderoso batir de sus alas artificiales, el herrero se lanzó a volar aun mas alto, dejando una estela de color rojo, seguido por su rival, el rey loco, que tras de si iba dejando una oscura nube azulada.

Ambos bronis se alzaron sobre las nubes negras que cubrían la ciudad de Canterlot, tan cerca de las estrellas que aun se veían con un resplandor fúnebre en las regiones rojizas del cielo que aun dominaba la luna inmóvil, mientras que del otro lado del horizonte, el cielo se veía de un color azul desteñido, donde el sol había sido obligado a subir hacia lo alto para estrellarse con su lumbrera hermana.

Ambos astros seguían ahí, a punto de colisionar y destruirse y no se habían movido un milímetro desde hacia más de una hora.

Con desmedida furia, Azorakt proyectaba ráfagas mágicas en contra de su rival que volaba describiendo un círculo alrededor del Rey Negro, evadiendo cada uno de sus ataques pero sin contratacar.

El diminuto cuerno de cristal del Poni de Acero no había dejado de brillar en todo el tiempo, mientras que la luz roja que marcaba el poder de la Amistad que alimentaba la armadura del herrero iba menguando conforme se iba quedando sin magia. Pero él no estaba conjurando nada… aparentemente.

Burning había dado ya varias vueltas por el aire cuando la ira del rey ya estaba por llegar a tope. La cortina de nubes negras bajo sus cascos impedía que ambos combatientes pudieran ver como se desarrollaba la batalla abajo, en tierra.

El enojo de Azorakt llegó a tal límite, que concentrando toda su rabia, logró emitir una poderosa detonación mágica que Spades no pudo evadir. El herrero perdió el control al vuelo, y cuando se volvió a estabilizar, ya era tarde.

El alicornio se había lanzado contra el en una demencial carrera, y lo había envestido con una fuerza tal, que el yelmo de Burning se partió y cayéndose de sobre su cabeza, se perdió en la oscuridad incompleta que reinaba sobre el mundo.

Casi inconsciente con el golpe, y con su armadura dañada más allá de toda reparación, el herrero comenzó a caer en picada, pero antes de que callera sobre el manto de nubes negras, un casco lo rescató tomándolo por el peto de su coraza.

Pero al mirar arriba, con sus anteojos hechos pedazos, no reconoció el pelaje azul y la melena multicolor que le habría gustado ver, sino que comprendió que era el propio Azorakt quien lo cargaba con uno solo de sus cascos al vuelo.

—No pensabas que permitiría que murieras solo estrellándote contra el piso, ¿verdad? —dijo el rey con infinita malicia, remontando el vuelo de regreso a las alturas, cerca de los astros a punto de colisión —No. Quiero poder disfrutar el momento justo cuando la vida escape de tus ojos… Burning Spades, estas por descubrir lo que pasa con un broni que muere en Equestria…

Y alzando su casco, el maniaco Rey de los Bronis Radicales se dispuso a propinar un triturador golpe letal… pero su momento se vio opacado por la expresión de Burning. No era de miedo. No era de odio.

Estaba sonriendo.

—¿Qué es tan divertido? —preguntó el rey.

—Ya es hora… —dijo Spades en un susurro, levantando sus dorados ojos al cielo —de volver a casa…

Y mirando hacia arriba, Azorakt contempló con horror un gigantesco circulo de hechizos. Varias ruedas concéntricas lo formaban mientras que algunas de sus orbitas interiores lo atravesaban diagonalmente. Complejísimas líneas lo cruzaban formando arreglos geométricos imposibles, al tiempo que entre runas y textos ilegibles, se distinguían formulas matemáticas que ningún unicornio por anciano y sabio que fuese habría podido descifrar jamás. Aquellos círculos prohibidos y aberrantes que flotaban en el cielo dibujados con una débil luz color rojo habían sido trazados al tiempo que Burning daba giros esquivando las ráfagas mágicas de su enemigo.

Los ojos del alicornio se llenaron de horror, al tiempo que haciendo acopio de toda la magia que le quedaba, los cristales en los flancos de la armadura de Spades reventaron emitiendo unas cuantas chispas de color rojo.

El malvado rey ni se inmuto y volviendo a mirar al herrero, se burló del el:

—Parece ser que tu armadura ha decidido morir justo antes que tú —dijo viendo como el invento del poni de tierra, ya sin aquel brillo rojizo, no era más que un montón de metal quemado y retorcido.

—Valió la pena el sacrificio, con tal de dar una señal…

Las últimas chispas rojas que salieron antes de que el Poni de Acero se apagara para siempre, descendieron hasta Canterlot, atravesando las nubes negras de tormenta y cayeron rodeando a las Seis Amigas que miraban como las fuerzas de sus cuatro defensores eran mermadas poco a poco por un numeroso ejército de enemigos.

Al ver las luces rojas caer al piso lentamente y extinguirse, Rainbow reconoció de inmediato aquella tonalidad de luz y un extraño peso se asentó en su corazón, como si supiera que la hora había llegado.

La hora de acabar con aquella guerra. La hora de salvar Equestria. La hora de decir adiós…

Con un grito desgarrador, y un par de lágrimas rodando por sus mejillas, el Rubí Rojo de la Lealtad se encendió y lo siguieron el Zafiro Azul de la Alegría, la Espinela Rosa de la Amabilidad, el Diamante Purpura de la Magia, el Berilio Anaranjado de la Honestidad y la Amatista Morada de la Generosidad.

Seis columnas de luz se elevaron al cielo, describiendo hermosos espirales, al tiempo que una onda de choque de luz blanca, apartó a los invasores de los alrededores, permitiendo que Emperor pudiera descansar sus desplumadas alas blancas, que WarHammer recostara su magullado cuerpo, que Decadence bajara su fatigado cuerno y que Last Breath diera reposo a su cansada mente.

Aquellos Colores hermosos se elevaron por encima de la negra nube que cubría Canterlot y alcanzaron las lejanas alturas donde el abominable círculo mágico esperaba.

Viéndose rodeado por tan tremendo poder mágico, Azorakt entró en pánico, y soltando el cuerpo inmóvil de Burning Spades miró aterrado como el circulo se iba llenado con la magia de los Elementos, que formaban un vórtice de seis colores en su borde.

Uno a uno, los fragmentos del cielo que quedaban dentro del círculo, entre sus rebuscadas líneas y caracteres, comenzaron a desprenderse, como se desprenden los fragmentos de un vidrio cuando se rompe una ventana. Cada trozo de la realidad se desvaneció, siendo tragado por una oscuridad insondable, perpetua. Un horror que se proyectaba a una distancia y tiempos desconocidos, poblada solamente por el brillo mortecino y aterrador de estrellas irracionales y nebulosas inconcebibles, de rincones del universo que jamás debían ser contempladas por ningún poni.

El portal acabó de tomar forma, como una Perforación Redonda en la Cascara del Mundo, abierta hacia aquel demencial Mundo Más Allá.

Pero el hechizo no estaba terminado. Aquel vórtice de seis colores que enmarcaba al portal seguía girando, como un remolino en aguas turbulentas que, rugiendo, comenzó a proyectarse en todas direcciones, ejerciendo un poder mágico tal que comenzó a levantar, uno por uno, a los Bronis Radicales del lugar en el que estaban, haciéndolos volar en el aire, dirigiéndose inevitablemente al interior del portal.

Y así como una pajilla absorbe el líquido de un vaso de jugo de manzana, el Portal en lo Alto comenzó a absorber uno a uno a los ponis invasores. Los ponis de tierra aferraban sus fuertes cascos a la tierra, los unicornios, intentaban en vano sostenerse con magia a objetos pesados, mientras que los pegasos trataban de escapar de la fuerza atractora batiendo sus alas tan rápido como podían, pero todo era inútil.

Las Seis Principales miraban asombradas el espectáculo, veían ponis de tierra, pegasos y unicornios ser levantados del suelo y elevarse a la altura increíble donde el portal se los tragaba uno a uno. Cuando cualquiera de ellos entraba por la ventana hacia otro mundo, su cuerpo se desintegraba y quedaban reducidos a una ardiente llama de color blanco que se perdía en la negrura del espacio desconocido en forma de una estrella fugaz.

No había escapatoria, no había donde esconderse. Steel Madness, el poni de tierra sádico, sacaba de su bolsa de herramientas una tras otra, una infinidad de afilados instrumentos que usaba para aferrarse al piso, pero cuando sus garfios, cuchillos, guadañas y demás fierros resultaron inútiles, se elevó y fue devorado por el portal. De vuelta al mundo humano.

Mientras tanto, Wild Instinct, el poni salvaje, había cavado en la tierra un túnel haciendo uso de sus cascos, pero aun desde el fondo, el poder mágico lo sustrajo y lo levantó haciéndolo entrar en el portal. De vuelta al mundo humano.

Por su parte, BlackRune, el malvado unicornio ocultista, había comenzado a recitar un conjuro prohibido, trazando caracteres malignos en la tierra con su cuerno, en un intento por deshacer el hechizo de Armonía que obraba en sus compatriotas… pero no hubo magia ni poder que lo librara. El vórtice lo absorbió y fue tragado por el portal. De vuelta al mundo humano.

Aterrorizado al ver perdido a su ejercito, Azorakt se debatía, haciendo uso de toda su fuerza y poder mágico para no ser enviado de regreso, pero no tenia suficiente magia para hacer frente al poder de los Elementos. Poco a poco, su cuerpo fue entrando por el portal, empezando por sus alas que se deshicieron, al tiempo que su crin y cola se desintegraban también. Antes de que el resto de su cuerpo desapareciera, lanzado a las tinieblas del Espacio entre los Mundos, maldijo su suerte, a ese mundo, a las Seis Principales y a Burning Spades quien lo había traicionado…

Pero lo confortó por un momento… la idea de que podría ajustar cuentas con él del otro lado. De vuelta al mundo humano.

Finalmente, colocados alrededor de las Ponis de la Armonía, los Cuatro Ponis Terribles comenzaron a elevarse. No pusieron resistencia y en sus rostros había paz y serenidad. Aunque fatigados por el combate, les sonreían a las seis amigas.

—No podemos sino agradecerles, Seis Principales —dijo Last Breath, quien echándose atrás la sombría capucha que le cubría la cabeza, reveló un hermoso rostro de yegua color amarillo pálido y una melena blanquizca y corta. —Jamás podremos pagarles por todo lo que nos han enseñado acerca de la Magia de la Amistad…

—Nos enseñaron que perder no esta tan mal si aprendes de tus errores —sugirió el pegaso blanco.

—Que nada puede poner a pelear a dos ponis si entre ellos existe amistad sincera —añadió el poni rojo.

—Que se puede ser feliz, aun si no se tiene nada, pero si se cuenta con amigos verdaderos —resumió la unicornio negra.

—Y que si tienes alguien que te apoya, aun el dolor que trae consigo la muerte puede ser superado… —concluyó la alicornio amarilla. —Es una lastima que debamos irnos, pero si bien volvemos a nuestro mundo con los cascos vacíos, no así nuestros corazones. Espero que si nos volvemos a ver algún día podamos ser buenos amigos todos.

Twilight Sparkle dio un paso al frente, y sonriéndole a los bronis que ya se elevaban, dijo a nombre de las seis:

—Ya somos amigos.

Y ascendiendo al cielo, entraron al mismo tiempo por el portal, y dejaron de ser aquellos Cuatro Ponis Terribles, aquellas imitaciones de las plagas del Juicio Final, para volver a ser lo que eran ellos en realidad. De vuelta al mundo humano.

Una vez que todos los bronis hubieron cruzado el portal, las Seis Principales accionaron nuevamente la magia de los Elementos de la Armonía, y el orificio en el tramado de la realidad volvió a cerrarse, oprimido por el remolino de seis colores que le había traído a todos y cada uno de los invasores. El portal fue reduciéndose, hasta que desapareció dejando limpio el cielo.

Las seis amigas respiraron aliviadas y se dejaron caer al suelo para descansar por un momento sus fatigados cuerpos, cerrando sus ojos un instante.

Solo una de ellas se mantuvo sobre sus cascos, con los ojos bien abiertos y una carga pesada sobre el corazón. Solo una reunió algunas de las fuerzas que le quedaban para gritar, mirando alrededor:

—¿Spades…?

Las otras cinco ponis abrieron los ojos, colocándose sobre sus cascos se unieron a la preocupación de Rainbow.

La plaza principal de Canterlot estaba hecha un campo de batalla, como si un terremoto y un huracán y un incendio hubiesen golpeado al mismo tiempo. No había mucho daño en los negocios aledaños, pero los parques, fuentes y explanadas de la plaza estaban destrozados.

Las miradas de las seis amigas se posaron en cada rincón de la plaza, buscando por doquier al herrero, pero no había rastro de él ni de su armadura. La negra nube que pesaba sobre Canterlot se había disuelto dejando que la luz del sol y de la luna les revelara el devastador panorama.

Pero no lo encontraron, y un miedo terrible se apoderó de la mente de las chicas. La posibilidad de que ya no pudieran volver a ver a su amigo Burning Spades, de que el poder mágico del Vórtice de la Armonía lo haya levantado para que el portal lo devorase… y que el cuerpo del herrero se hubiera desintegrado, y su esencia hubiera sido exiliada del mundo para jamás volver…

de vuelta al mundo humano…