Disclaimer: Todos los personajes y lugares que aparecen en el fic pertenecen a J.K. Rowling; a excepción de Cassandra Nayron, Anne Sullivan, Eric Misdet, Evelyn Grams, Catherin, Miranda Lupin y todo lo relacionado con la Fundación Seward.
Siento mucho, muchísimo el retraso... espero que no me matéis mucho pero si alguien tiene la culpa es la uni. Es mi último año de carrera y espero que comprendáis todo lo que significa eso, así que si tardo un poco más en actualizar no me lo tengáis en cuenta... Como recompensa a la espera viene este cap... ningún comentario más, espero vuestros rr's con muchas ganas! (Por cierto, que en el cap anterior tuve problemas con ff y al parecer no podíais dejar rr... espero que esa sea la razón de que fuera el cap donde menos rr hubo jeje).
Disfrutad! Espero que te guste socia! ;p---------------------------------------------------------------------------------------
Capítulo 12¿Imaginación o realidad?
Tras varios intentos, Casey acabó por darse por vencida y tuvo que aceptar ser la madrina en la boda de su amiga. Una noticia que le agradaba tanto como a Sirius, es decir, muy poco. No es que no quisiera ser la madrina, sino que no quería serlo con Sirius como padrino. Él era el único problema allí. Y sin embargo, la castaña se vio sumergida en aquella nueva situación, con el chico Black como compañero... otra vez.
Sirius también puso mala cara al escuchar la noticia, porque tal y como Casey se comportaba en aquel momento con él, lo iban a pasar bastante mal para ayudar a organizar la boda. Más que nada porque era una de esas situaciones en las que no se podía pasar sin hablarse el uno al otro y con las ganas que la chica tenía de hablarle a él... Pero Sirius se conformó, no le quedaba otro remedio e intentó verle el lado positivo. Casey se vería obligada a hablarle, oportunidad que él podría aprovechar para hablar con ella de lo que había pasado entre los dos. Quizás conseguía que ella volviera a tratarle como siempre... Y, desde luego, él no se iba a quejar por tener que verla cada día. Después de un rato pensando, Sirius acabó sonriendo. Había llegado a la conclusión de que tal vez la idea de Casey como madrina no fuera a ser tan mala.
Y aunque la boda era un tema del que podían estar hablando por horas, la conversación se desvió en un momento y de pronto estaban hablando otra vez de la escuela.
Casey le estaba comentando al señor Potter acerca de sus compañeros en la Fundación Seward cuando a la chica se le ocurrió una idea. Recordó la imagen de Evelyn acariciando sutilmente a Remus unos días antes y luego miró al chico, que estaba sentado frente a ella. Remus la observó con una ceja alzada, esperando que ella le dijera algo, pero la chica sólo sonrió de forma inocente y volvió a su conversación con el padre de James. Al licántropo no le convenció aquel gesto, pero James reclamó su atención de nuevo y dejó de pensar en ello.
- ... ¿verdad, Remus? – preguntó Casey unos minutos después, dirigiéndose a su amigo con una sonrisa jovial.
- No te he escuchado ¿qué decías?
La pregunta de la chica había llamado la atención de todos en la mesa y ahora todos los ojos estaban fijos en el licántropo.
- Le estaba comentando a Charlus que en la escuela no todos tenemos la misma edad ni todos venimos de Hogwarts. – repitió la chica mirando de reojo a Anne. – Sin ir más lejos, en nuestra clase hay una chica que es un año más mayor y que viene de Bélgica o Francia, no estoy muy segura. Se llama Evelyn y es una chica encantadora ¿verdad, Remus?
James, Sirius y Lily sonrieron con disimulo. Anne simplemente se había quedado estática.
- Sí, Evelyn es una chica encantadora. – respondió el licántropo con recelo. Estaba viendo venir a su amiga y no estaba muy seguro de si quería tener una conversación como aquella en aquel preciso momento.
- Es muy amiga de Remus. – le contó Casey a los demás, aún con la misma sonrisa en el rostro. – Yo creo que no le caigo tan bien como él porque a mí casi ni me habla, ni tampoco me ha invitado al teatro muggle... pero es simpática ¿verdad, Remus? – se dirigió a su amigo con rin tintín.
El chico sonrió forzadamente y si las miradas matasen, Casey estaría en aquel momento en coma profundo por lo menos. Le hizo un gesto con los ojos a la chica para que no dijera nada más, pero ella sólo siguió sonriendo.
James le dio un golpecito en el hombro a su amigo.
- Así que teatro muggle... – le dijo con picardía.
- No nos habías contado nada de Evelyn, Lunático. – intervino Sirius con el mismo tono que James.
El licántropo se sintió muy incómodo y empezó a pensar a cuál de sus amigos mataría primero. Pero más incómoda se estaba sintiendo Anne, que veía como todos reían con la situación mientras que a ella le era imposible mover cualquier músculo de la cara. Había oído hablar de Evelyn vagamente, pero nunca la había relacionado de aquella forma con Remus. El que él se pusiera nervioso y no fuera capaz de desmentir lo que todos estaban imaginando sólo incrementaba el malestar de la chica. Remus no era de los que se ponían nerviosos por nada ni por nadie que no le importara aunque fuera un poco, así que Anne tuvo que admitirse que esa chica, Evelyn, sí era especial para él de algún modo.
Casey y Lily estaban muy pendientes de su amiga, aunque los demás no lo notaran. Las dos sabían que el comentario de la castaña había funcionado y que Anne se había quedado pensando... Pero no habían tenido en cuenta la posibilidad de que aquello no le sirviera a su amiga como empujón, sino más bien como confirmación de que entre ella y Remus jamás pasaría nada.
Porque era lo que Anne estaba pensando realmente cuando el chico se decidió a mirarla y a sonreírle con aquella media sonrisa que escondía la culpa de que todo aquello era verdad, de que a él Evelyn sí le importaba. Anne desvió la mirada todo lo disimuladamente que fue capaz y se tragó el suspiro triste que peleaba por salir. Remus nunca la querría más allá de la amistad... quedaba tan claro en aquel momento como el hecho de que Eric era el único capaz de ayudarla. Ahora sí tenía una buena razón para no terminar su relación.
La morena estaba deseando salir de allí y vio el cielo abierto cuando Dorea apareció de la cocina con un pergamino para ella.
- Lo acaba de dejar una lechuza para ti, Anne.
La chica le dio las gracias al tiempo que tomaba la carta y la abría con rapidez. Lily se acercó a su amiga para leer por encima de su hombro y torció el gesto nada más ver quién firmaba.
- Eric acaba de conseguir unas entradas geniales para el teatro y la obra empieza en media hora, así que tengo que irme. – comunicó la chica con una sonrisa.
Todos pensaron que estaba contenta por ver a su novio, pero nada más lejos de la realidad. Si Anne sonreía era por salir de allí y no tener que oír más los comentarios de los chicos, que seguían pinchando a Remus para que contara más cosas sobre Evelyn.
- Muchas gracias por el almuerzo Dorea, ha sido delicioso. Nos vemos pronto. – se despidió poco antes de desaparecer por la puerta de la habitación.
Remus siguió con la mirada a la chica desde que se había levantado de la mesa y no apartó sus ojos de la puerta hasta que se oyó el sonido de la puerta principal al cerrarse. Cuando volvió a su posición original se percató de que todos le estaban mirando con diferentes gestos; los señores Potter con curiosidad y los demás con suspicacia. Él sonrió como si nada hubiera pasado.
- ¿Qué me decías Lily? – dijo el licántropo después de ver que nadie estaba por la labor de volver a iniciar la conversación.
James, Sirius y Lily ya sabían de los sentimientos de su amigo por Anne y para Casey tampoco era un misterio que había algo extraño en él. Pero ninguno lo pensó en voz alta y Remus lo agradeció participando más en la conversación.
Después del café el chico de ojos dorados también se disculpó y se marchó, alegando que había quedado con Evelyn para ir al cine. El comedor se llenó de risitas cómplices que incomodaron al chico hasta que dejó de oírlas una vez fuera de la casa.
Dorea y Charlus también se acabaron retirando, con la excusa de dejar a los novios y a los padrinos hablar tranquilamente. Tenían mucho que organizar todavía.
oOo
Eric había notado desde el primer momento que Anne no estaba completamente con él en el teatro. La chica se había pasado toda la obra en silencio y con una mirada ausente que su novio no le había visto antes. Él recordó que ella le había mencionado que había tenido una discusión con las chicas y pensó que su estado se debería a eso con toda seguridad. Por eso no le dio demasiada importancia y estuvo más pendiente de lo que sucedía sobre el escenario que a su lado.
Pero Anne no estaba distraída por la discusión que ya habían arreglado, sino por la imagen de Remus saliendo de aquel mismo teatro, con la chica que había visto una sola vez en la biblioteca de la Fundación agarrada al brazo de él. No se podía quitar esa visión de la cabeza y eso le crispaba los nervios. Se dijo más de una vez que ella estaba con su novio, que debía pensar en él y no en Remus...pero su imaginación seguía jugándole malas pasadas.
No estaba de ánimos para salir y no lo hubiera hecho si Eric no le hubiera repetido hasta la saciedad lo difícil que había sido conseguir aquellas entradas... Y después del teatro, el chico había insistido en invitarla a tomar un café y ella no había podido negarse. Después de todo ya no trabajaba en el ministerio y sólo veía a Eric en los fines de semana y algunas tardes entre semana. Así que fueron a una cafetería del centro y pasaron un par de horas hablando. O más bien Eric habló, porque Anne se limitaba a escucharle, hacer gestos de vez en cuando y decir algún que otro monosílabo.
Cuando el chico por fin aceptó la petición de ella para que la acompañara a casa, pagó la cuenta y salieron de la cafetería. Caminaron en silencio algún tiempo, con las manos cogidas en un gesto de rutina hasta que llegaran a la casa de la chica. De vez en cuando él comentaba algo y ella respondía vagamente, pero nada más. Hasta que al chico le llamó la atención una pareja que venía caminando en dirección contraria a la de ellos por la acera de enfrente.
Eric sonrió antes de dirigir a su novia al paso de peatones más cercanos. Anne no se percató de nada ya que se dejaba dirigir por su novio mientras ella pensaba y pensaba. Por esa razón se sorprendió mucho cuando Eric se volvió de pronto para hablarle en tono confidente.
- No sabía que Lupin tenía novia. Ya podía haberla traído a la cena ¿no crees?
Inmediatamente Anne dirigió su mirada hacia dónde lo hacía su novio y lo que vio no le gustó en absoluto. A unos metros de ellos venía Remus riéndose con una chica de pelo largo cogida a su brazo, una chica que a Anne le resultó terriblemente familiar. Era Evelyn. Eric miró a su chica interrogante, al ver que ella no decía nada. Ella lo miró también y abrió la boca.
- Es que no son novios. – pensó en decir con firmeza. Pero se dio cuenta que ella no sabía a ciencia cierta si Remus estaba saliendo con Evelyn o no... así que se quedó callada con una sonrisa forzada y encogiéndose de hombros. Aquella incertidumbre le provocó un pinchazo en el estómago y entonces apeló en silencio a la poca simpatía que Eric parecía tener con Remus para que pasaran de largo o, a lo sumo, con un rápido saludo.
Pero Eric estaba tan contento de pensar que Lupin tenía novia que decidió que no había por qué ser maleducado con él y tironeó de la mano de su novia para que se acercaran a ellos.
El licántropo los había visto bastante antes, pero le sorprendió el hecho de que fuera Eric quien se acercaba a ellos tan sonriente. Anne, sin embargo estaba mirando hacia un punto que estaba por detrás de Evelyn mientras se acercaban.
- ¡Vaya Lupin! Qué enorme coincidencia encontrarnos por aquí, con lo grande que es Londres. – lo saludó Eric estrechando la mano del licántropo.
- Hola. – musitó Anne mirando no muy disimuladamente hacia otro lado.
En cuanto se quedaron parados ella soltó la mano de Eric como si quemara, aunque el chico pareció no notarlo. Remus sí que lo hizo, sobre todo al ver la fugaz mirada que Anne había lanzado a las manos que Evelyn tenía aún sobre su brazo.
- Soy Eric Misdet, un placer. – saludó el chico a Evelyn, dándole un beso en la mano que ella le tendía. – Soy el novio de Anne, supongo que a ella ya la conoces.
La morena miró a Evelyn al escuchar su nombre y la saludó con una sonrisa fría.
- Sí, la recuerdo. – contestó Evelyn con dulzura mientras correspondía más cálidamente a la sonrisa de la chica. – Es amiga de los chicos, alguna vez nos hemos visto en la Fundación.
- Ella es Evelyn Grams. Es ... – empezó Remus con incomodidad, pero la chica no le dejó terminar.
- Estudiamos juntos en Seward. – finalizó ella con la misma sonrisa dulce con la que había saludado a Anne. – Tú... trabajas en el Ministerio ¿verdad?
Anne definitivamente dejó de prestar atención a la conversación y se esforzó por interesarse en los coches que pasaban cerca. No le apetecía ver cómo Evelyn y Eric hablaban de las veces que se habían visto en el ministerio y mucho menos le interesaba ver la forma en que Remus estaba mirando a la chica, que tenía aún una de sus manos en el brazo de él. Quería irse de allí lo más pronto posible, pero sus esperanzas volaron al escuchar que Eric les estaba hablando a los otros dos de la obra que acababan de ver y que, casualmente, Remus y Evelyn habían visto pocos días antes.
Pasaron largos minutos mientras ella observaba los coches sin ningún interés, pensando en la empalagosa dulzura de Evelyn y en lo raro que se le hacía que Eric, de la nada, pareciese llevarse tan bien con Remus. Ni siquiera le molestó que Eric la disculpara con los otros alegando que estaba muy cansada, simplemente se volvió de nuevo a ellos y les ofreció una lacónica sonrisa a modo de disculpa. Pensó en pedirle a Eric que se fueran ya a casa, pero se cruzó antes con la mirada de Remus y no fue capaz de evadirla.
La estaba mirando fijamente, sin ningún sentimiento aparente y sin importarle que no estuvieran solos. Mientras, Eric y Evelyn seguían comentando la obra de fondo. Anne quiso bajar la mirada pero le fue imposible, era como si los ojos dorados del chico la tuvieran atrapada. Pero no entendió lo que él quería decirle, si es que quería hacerlo, porque la mirada de Remus sólo le transmitía una intensidad que ella no acertaba a relacionar con nada.
Y él la siguió mirando incluso cuando Eric la tomó de nuevo de la mano para marcharse y los dos siguieron su camino. Anne se volvió un instante, aún sintiendo los ojos dorados en su nuca, pero cuando lo hizo Remus ya volvía estar caminando junto a Evelyn. Volvió su vista hacia delante y se agarró al brazo de su novio sin saber muy bien por qué y suspiró mientras el chico le comentaba maravillas sobre lo bien que le había caído la supuesta novia de Remus.
En ese momento el licántropo se había vuelto y sonreía con melancolía y tristeza al ver cómo la chica de la que estaba enamorado se alejaba de él con otro. Ella no era para él, tenía que empezar a aceptarlo.
Evelyn observó a su acompañante antes de decir nada. Él seguramente no se había dado cuenta que ella había notado las miradas que le había dirigido a Anne, pero Evelyn lo había visto todo. Y prefirió no comentarlo, porque sospechaba algunas cosas y no le gustaban.
- Anne me cae bien, parece muy simpática aunque hoy no lo haya parecido. – le comentó ella al final, mientras seguían caminando. - ¿Eric y ella llevan mucho tiempo juntos?
- Creo que desde después de Navidad, no estoy muy seguro. – respondió el chico evasivamente. Quería cambiar el tema ya. - ¿Sabes? Creo que prefiero el teatro al cine muggle.
- El teatro es más interesante, sí. – dijo ella escuetamente. – Es que Eric no sé, no me termina de caer bien... No me preguntes por qué, sólo he notado algo en él que no me gusta.
El licántropo no contestó a aquello y permaneció en silencio, recordando la conversación que Anne y Lily habían mantenido antes de la cena de Navidad en casa de James.
" - ... no lo ocultes esta vez y arriésgate, Anne. – continuó la voz de Lily, sacando al chico de sus pensamientos. – Porque una vez no haya salido bien no significa que todo el tiempo vaya a pasar igual.
- ¿Tú crees?
- No pierdes nada por intentarlo. – insistió la pelirroja. – Y esta vez tienes la ventaja de saber que no le eres indiferente. – añadió con picardía.
Anne miró a su amiga y esbozó una tímida sonrisa."
Después de acompañar a Evelyn hasta su casa, Remus pudo pensar con tranquilidad en aquella conversación. De ella había deducido que Anne se había enamorado antes y que no había sido una buena experiencia. Él se había preguntado cuándo había pasado aquello si hacía tan poco que habían salido del colegio, pero en aquel momento no le dio la importancia que le estaba dando ahora. Ahora lo pensó mejor y llegó a una conclusión.
Era más probable que Anne se hubiera enamorado mientras estaban todavía en el colegio que en los pocos meses que transcurrieron desde que salieron de allí hasta la Navidad. Así que seguramente aquel chico debía estar en Hogwarts a la misma vez que ellos. Pero había tantos chicos en el colegio y Remus nunca se había fijado mucho en quién se llevaba bien o no con Anne.
Iba a ser difícil, pero estaba dispuesto a averiguar quién era.
oOo
- Entonces ¿mejor carne que pescado? - preguntó Lily haciendo anotaciones en una libretita.
- Definitivamente yo comeré más si hay carne. – murmuró Sirius con diversión al otro lado de la mesa.
Estaban todavía en la casa de James, sentados en la mesa del comedor mientras ayudaban con los preparativos de la boda. Ya habían decidido que la fiesta después de la ceremonia la celebrarían en el jardín trasero de la casa, tal y como Dorea les había sugerido. Era un lugar que a Lily le gustaba mucho y además allí tendrían la privacidad necesaria para los magos que difícilmente encontrarían en cualquier restaurante muggle.
- Habrá que contratar un catering o algo así ¿no? – Casey estaba sentada al lado de Sirius para su mala suerte, pero no le dirigía la palabra a él en ningún momento.
- Yo había pensado en el restaurante ese que tanto te gusta Lily, el de la calle que hay cerca de la estación. – comentó James mirando a su chica, que asintió convencida. – No sé si harán cosas por encargo, pero mamá y papá llevan años yendo allí, así que son amigos de los dueños. Seguro que ellos pueden ayudarnos con eso.
- Vale, me encanta la idea. – convino la pelirroja con una sonrisa. – Pondré entonces el menú en la lista de cosas casi listas.
- ¿Cuántas listas hay? – inquirió Sirius arqueando una ceja. – Digo, sólo por curiosidad.
- No hay tantas. – se quejó la pelirroja mirándole con el ceño fruncido.
El chico sonrió haciéndose el convencido, pero James se había inclinado hacia atrás y le estaba haciendo gestos desde una posición en que Lily no podía verlo. Movió las manos dándole a entender a Sirius que había demasiadas listas. Los dos rieron por lo bajo mientras la pelirroja seguía atareada con su libreta y Casey los miraba con reprobación.
- Vosotros os vais a encargar de las flores. – anunció Lily un instante después. – A Casey le gustan mucho y sabe bien cuáles me gustarían a mí. Y como a James todas le parecen iguales y yo ya tengo demasiado de qué preocuparme, va a ser un buen entretenimiento para los dos.
- Black sólo me va a estorbar, mejor me ocupo yo sola. – se apresuró a indicar Casey hablando como si Sirius no estuviera allí a su lado.
Él la miró muy molesto y se cruzó de brazos sin replicar nada. A él las flores tampoco le iban mucho, pero si a ella le molestaba su compañía a él sí que le agradaba la idea de pasar tardes y tardes observando a la chica mientras ella elegía flores.
- Sirius no estorba. – contestó Lily pacientemente.
- A veces es un poco incordio, pero no estorba. – añadió James con burla, ganándose un pisotón de su amigo.
- ¿No prefieres venir conmigo a lo de las flores y que James y Sirius se encarguen de cualquier otra de las mil cosas que hay que hacer?
- No te molestes Casey, pero prefiero que vayas tú con Sirius y yo con James. – declaró Lily con diversión. James le dio un sonoro beso en la mejilla y sonrió complacido.
Casey resopló, se cruzó de brazos pero no pudo negarse. Como Lily empezara a fastidiar mucho con los deberes de "padrinos" iba a empezar a enfadarse, y mucho, con su amiga.
- Si quieres nosotros podemos ir a Saint James mientras ellos miran lo de las flores ¿no? – James se centró de nuevo en lo que estaban. – Supongo que tendremos que buscar al encargado del parque.
- Yo había pensado en que fuéramos los cuatro mañana, aprovechando que es domingo y lo tenemos libre. – repuso Lily mirando al chico. – Seguro que hay algún acto o algo y el encargado tiene que estar por allí.
Casey miró a su amiga con fastidio al darse cuenta que ya le habían planeado el día siguiente. Y nada menos que un día completo con Sirius Black, también conocido como el chico que la besaba una y otra vez en sus sueños. Apoyó su frente en la mesa y suspiró.
- ¿Estás bien Casey?
Sólo se oyó un gruñido como respuesta a la pregunta de James. Sirius tenía una media sonrisa de resignación; iba a ser muy complicado tener a la chica de compañera en aquello.
En ese momento apareció Charlus Potter requiriendo la ayuda de los chicos y las amigas se quedaron a solas durante unos minutos.
Pero Lily no consiguió sacar ni una sola palabra de la boca de su amiga, que había aceptado no mirar sólo a la mesa pero se había negado en rotundo a hablar de Sirius. Los chicos llegaron poco después y se encontraron a la pelirroja con los codos apoyados en la mesa, con la cara sobre las palmas de las manos y mirando a su amiga. Casey resoplaba de vez en cuando y no dejaba de mirar al techo y a la mesa alternativamente.
James tocó el brazo de su novia para llamar su atención y la instó a que se levantara y saliera de la habitación con él . Ella lo hizo con cierto recelo, puesto que Sirius había vuelto a sentarse junto a Casey y ella estaba empezando a fruncir demasiado el ceño.
- ¿Cuándo te viene bien ir a mirar las flores? – le preguntó Sirius en un tono normal, sin estar ni molesto porque ella no lo mirara ni divertido por el gesto de la chica.
Pero Casey se limitó a no contestar, como a cada una de las preguntas que él le siguió haciendo.
- ¿Sabías que eres una infantil? – se enfadó Sirius al final.
Ella sonrió con suficiencia pero no volvió la cara.
Sirius contó en silencio hasta diez y luego se levantó bruscamente de la silla, haciendo que ella se sobresaltara.
- Acepta de una vez que tú eres la madrina y yo el padrino. – gruñó el chico antes de salir por la puerta.
Diez minutos después ella estaba saliendo también de la casa, con la promesa de llegar a la hora al día siguiente. Se despidió de Lily y de James con la misma sonrisa de suficiencia que había mostrado con Sirius, pero que cambió al oír cómo la puerta de la casa se cerraba tras ella.
- Bueno y ahora que esos dos se han ido, tengo algunas novedades que comentarte.
Lily miró a su novio con curiosidad y lo siguió hasta el salón principal.
oOo
A la mañana siguiente Casey se levantó directamente de mal humor, como le ocurría siempre que no conseguía dormir bien. Y claro, como se había despertado mil veces después de tener el mismo sueño no había logrado dormir más de cuatro horas seguidas.
- Mil y una formas de caer en la broma de Sirius Black. – murmuró la chica al mirarse al espejo.
Tenía ojeras, el pelo despeinado y el mismo aspecto de la época en que no dormía bien porque se pasaba las noches pensando en el chico. Eso había sido unos años atrás y la única diferencia con el presente era que ahora ya no se levantaba con la sonrisa bobalicona en la cara y con la sensación de que ese día sería EL día.
Se vistió con parsimonia y sin ganas, deseando que encontraran pronto al encargado de St. James y aquel día acabara pronto. "Demasiados deseos", se dijo cuando estaba terminando de desayunar y una pelirroja apareció en su cocina.
- ¿No habíamos quedado en la puerta de la estación Victoria dentro de una hora?
- Sí, pero no estaría mal una charla matutina ¿no? – repuso Lily alegremente, cogiendo una tostada de la mesa y sentándose al lado de su amiga.
- Estaría muy mal porque sé a lo que vienes y no quiero hablar de eso. – se irritó la castaña.
- Ahora tienes ojo interior y sabes lo que voy a decirte... Qué interesante. – dijo la otra chica con sorna.
- No necesito el ojo interior cuando sé que Remus es un bocazas y no habrá tardado mucho en contarle a James por qué llegamos discutiendo al almuerzo. Y como James te quiere tanto y no te oculta nada, seguro ayer le faltó tiempo cuando Sirius y yo nos fuimos para contártelo todo. ¿Me equivoco?
- Ligeramente. – Lily le dio un mordisco a la tostada. – Porque Remus no es un bocazas; se preocupa por sus amigos, que es distinto.
Casey entrecerró los ojos y apuró su vaso de zumo. ¿Por qué sus padres desaparecían de la casa en aquel momento? Miró de reojo a su amiga que se estaba comiendo la tostada alegremente y pensó que seguramente ella tenía algo que ver con el repentino silencio en la planta baja de la casa.
- Mi información es casi de primera mano. – comenzó la pelirroja ya con más seriedad. – He hablado con Remus y con James y los dos están seguros que no es una broma y yo estoy de acuerdo. ¿Puedo saber por qué tú no?
Casey abrió los ojos de golpe por lo directo de la pregunta y miró a su amiga con indignación.
- Me estás diciendo que, después de todo lo que le hemos visto hacer y deshacer ¿tú crees que no es una broma¡Está más claro que el agua!
- ¿Podrías dejar de pensar que todo lo que él te haga o te diga tiene una doble y cruel intención?
- No, no puedo. – bufó Casey cruzándose de brazos.
- Si lo hicieras verías las cosas como son realmente y no como tú las ves. – dijo la otra chica tranquilamente. – Admito que Sirius no es el paradigma de la madurez, pero ha cambiado desde que salimos del colegio. Te lo digo yo que le veo cada día en la academia. ¿Por qué no darle una oportunidad y escuchar bien lo que él te quiera decir?
- Porque a mi no me dio ninguna.
- Demuestra entonces que has madurado y que eres capaz de dar oportunidades aún cuando tú no las recibiste.
Casey se masajeó las sienes al tiempo que cerraba los ojos y hablaba.
- No más este tema, por favor. ¿No tengo ya bastante con Remus y con ver a Sirius cada día?
Lily aceptó que la tregua iría bien en aquel momento y no dijo nada más del asunto. Pero aprovechó para escribir una nota rápida mientras su amiga terminaba de arreglarse en su habitación antes de salir al encuentro de los chicos.
oOo
Desde que Anne se enteró que la señora Lupin estaba enferma había hecho todo lo posible por sacar tiempo e ir a visitarla un día. Pero las clases en la universidad eran más estresantes de lo que había esperado y si a eso había que sumar las reuniones y tareas de la Orden y las tardes que pasaba con Eric, no había encontrado la ocasión. Además, la chica no quería tener que encontrarse a Remus en la casa así que estaba esperando la oportunidad perfecta. Oportunidad que se presentó ese domingo, cuando estaba segura que el chico no estaría en casa después del almuerzo. Eric le había comentado vagamente que Evelyn había dicho algo de ir de nuevo al teatro esa tarde cuando se encontraron el día anterior. Así que Anne aprovechó la oportunidad y apareció en casa de los Lupin el domingo poco antes de la hora del té.
- Hasta el medimago está extrañado conmigo. Nadie esperaba que me curara tan pronto.
- Deben haber sido los cuidados de Remus.
Estaban en la sala, sentadas en el sofá y con un par de tazas de té sobre la mesilla. Miranda Lupin le estaba comentando con alegría a la chica lo rápido que había superado el extraño resfriado que la había tenido en cama unas semanas antes.
- Sí, él se ha preocupado tanto de que yo estuviera bien que tiene que haber sido eso. – respondió la señora con ternura. – Ha estado demasiado intranquilo.
- Es normal. – dijo Anne lentamente. – Después de lo del señor Lupin, es comprensible que tenga miedo a quedarse solo.
Miranda sonrió con melancolía y miró hacia una fotografía que tenía cerca. Bebió un poco de té y luego se volvió hacia Anne y puso una de sus manos sobre la que la chica tenía encima del sofá.
- Todos tememos a la soledad, pero mi hijo le tiene mucho más miedo que el resto de las personas.
- Remus no tiene más posibilidades de quedarse solo que cualquier otro. – aseguró Anne entendiendo a lo que la mujer hacía referencia. – Es lo que él cree, pero se equivoca. Su problema sólo está aquí. – añadió señalándose la sien con el dedo índice.
- Me alegra que pienses así. – le dijo la señora Lupin como si se hubiera quitado un peso de encima.
- Siempre he pensado igual desde que él me lo contó. Y siempre se lo he dicho. – repuso la chica un tanto incómoda por la mirada que le dirigía la mujer.
- Pues debe hacer tiempo que no se lo recuerdas, porque últimamente anda un poco extraño.
- ¿Extraño? – repitió Anne con cierto temor. ¿Le habría contado Remus a su madre que ellos dos ya no tenían la misma relación que durante el colegio?
- Sí, más huraño y callado que de costumbre, lo cual ya es decir. – le explicó Miranda observando su reacción. – Tengo la impresión que se trata de una chica, ya sabes cómo es él con ese tema.
Anne asintió distraídamente, haciendo un esfuerzo porque no se le notara mucho el nudo que acababa de aparecer en su garganta.
- Me ha hablado de una compañera de clases, no recuerdo su nombre, pero estoy segura que no es ella.
- ¿Por qué? – intervino Anne en un hilo de voz. No se sentía bien con aquella conversación, porque Miranda era mucho más observadora que Remus, que ya lo era de por sí, y si seguían hablando de aquello Anne no podía asegurar que pudiese aguantar el tipo mucho tiempo. Volver a escuchar sobre la vida amorosa del chico le revolvía el estómago.
- Porque sé que se lleva muy bien con ella, me lo contó Casey cuando vino el otro día y Remus está como... No sé, como si se hubiera fijado en alguien que no le hace mucho caso. – la señora Lupin miró a la chica suspicazmente cuando Anne no pudo evitar un gesto de pánico, que rápidamente borró de sus ojos.
- No sé nada al respecto... Remus y yo no hablamos mucho del tema últimamente. – se limitó a contestar la chica.
Anne le echó un vistazo a su reloj de pulsera y se preguntó interiormente si estar sólo media hora era suficiente para una visita.
- Creo que hace mucho que no... – comenzó Miranda cuando el sonido de la puerta principal cerrándose llamó la atención de las dos.
La señora Lupin no supo decidir quién estaba más sorprendido de los dos: si Remus o Anne. Hábil y disimuladamente recogió las tazas de la mesilla y desapareció de la sala, dejando a los dos chicos a solas.
Anne se levantó rápidamente del sofá y empezó a recoger su bolso mientras balbuceaba algunas explicaciones en voz baja. Remus todavía estaba delante de la puerta, con las llaves en una mano y el abrigo en la otra, observando con una mezcla de sorpresa y alarma a la chica. ¿Habría dicho su madre algo para que Anne se pusiera de repente tan nerviosa? Porque no podía ser por el hecho de que él estuviera allí, al fin y al cabo era su casa y la chica seguro habría previsto la posibilidad.
Por poco se le escapa. Sacudió ligeramente la cabeza al darse cuenta que Anne acababa de pasar a su lado para irse de la casa. La tomó suavemente de un brazo y la hizo darse la vuelta. ¿Tenía un brillo de miedo en la mirada?
- Hace mucho que no venías a casa.
- Yo... yo... – Anne respiró profundamente, se irguió y él la soltó del brazo. – Sólo quería ver a tu madre.
- ¿Y por qué aprovechas cuando sabes que yo no estoy? – Remus alzó una ceja y vio como ella cambiaba el bolso de una mano a otra, con nerviosismo.
- He venido cuando he podido. – respondió todo lo fríamente que fue capaz.
- Puedes quedarte el tiempo que quieras. Por mí no hay problema porque puedo subir a mi habitación y así ya no te molesto. – dijo el chico con un tono de irritación que a ella no le gustó.
- No importa, ya sé cómo está tu madre y ya me voy. – Anne se dio la vuelta y caminó con paso firme hasta la puerta.
Remus la siguió y esperó a que ella abriera la puerta para volver a hablar.
- ¿Qué te pareció Evelyn? Es más educada y amable que Eric ¿no crees?
Anne se dio la vuelta y le lanzó al licántropo una mirada de enfado.
- No sé por qué tengo que volver a insistir en que fue un mal día para él. Y Evelyn... – se apresuró a continuar, viendo que Remus volvía a abrir la boca para replicarle. – Es una chica muy dulce, muy cariñosa y muy amable... Me recuerda a las chicas con las que solías salir cuando estábamos en el colegio.
Al instante se arrepintió de decir aquello, porque había sonado como una escena de celos y Anne no debía estar celosa. Se mordió la lengua y se dio la vuelta otra vez para salir definitivamente de aquella casa.
Al licántropo le pilló desprevenido la última parte de la frase... ¿A qué venía sacar a relucir nada del colegio?
Pero ninguno de los dos tuvo demasiado tiempo para pararse a pensar porque, justo cuando iba a cruzar la puerta, a Anne se le apareció una gran lechuza oscura en la cara. Le quitó el sobre que traía atado a la pata y leyó en voz alta el remitente.
- ¿Lily?
Remus se acercó sigilosamente y leyó el contenido de la nota por encima del hombro de Anne. Al llegar al final sonrió. Anne se dio la vuelta para preguntarle si él sabía algo de aquello y se encontró al chico demasiado cerca.
- ¿Qué Sirius besó a Casey? – preguntó dando un par de pasos atrás. - ¿Eso quiere decir que, después de todo, a él le gusta Casey?
- ¿Te sorprende?
- No... no, ahora que lo pienso no. Es sólo que... – la chica se calló al percatarse del tono amistoso que estaba usando. – Tengo que irme, despídeme de tu madre por favor.
Y salió disparada de la casa de los Lupin, mientras Remus dio unos pasos hasta estar fuera de la casa de nuevo y se quedó allí de pie observando cómo la chica se marchaba.
oOo
- A mí no me parece tan malo que Lily se haya cansado y James haya querido acompañarla a casa. No sé por qué te lo parece a ti.
Casey resopló por enésima vez en aquel día y se resignó a tener que hablarle a Sirius, sobre todo porque James y Lily se habían marchado y los habían dejado a los dos con el tema del encargado de St. James.
- Porque estoy harta de estar dando vueltas y no encontrar al encargado, porque esa música que están tocando es aburridísima y, principalmente, por estar hablando contigo.
Sirius esbozó una pequeña sonrisa de triunfo. Sabía que Casey no podría no hablarle después de la marcha de los novios y eso le hacía un poco feliz. A lo mejor conseguía hablar finalmente con ella de todo lo que llevaba días pensando.
- Lo mejor será que volvamos otro día porque este hombre parece no trabajar en domingo. – bufó la chica mientras se alejaba a grandes zancadas de la carpa donde estaban celebrando un concierto.
El merodeador la siguió en silencio cuando salieron a uno de los caminos del parque y esperó a que llegaran un poco más adelante para intentar que le escuchara.
- Podemos volver mañana antes de ir a la Orden. – sugirió Sirius minutos después.
Casey se volvió y le lanzó una mirada que a él le pareció que estaba cargada de furia y luego continuó caminando. Tenía que hablar, era ahora o nunca.
- Deja ya de seguirme, Black. Nuestros deberes de padrinos han acabado ya por hoy, así que puedes dejarme sola. – exigió la chica sin parar de caminar.
- Antes de que nos fuéramos a mí me gustaría comentarte algo.
- ¿Está relacionado con la boda? – inquirió ella bruscamente.
- No, es sobre lo que pasó el otro...
- Si no tiene que ver con la boda no tengo nada que hablar contigo, Black. – cortó ella rápidamente y sin volverse. Casey pensaba que él iba a intentar hacerla caer en la broma y no estaba dispuesta a hacerlo.
- Llevo días aguantándote que no quieras escucharme, pero ahora... – Sirius la agarró de un brazo y la hizo darse la vuelta. - ... vas a escucharme. No tengo la intención de estar meses esperando para poder pedirte disculpas. Por favor.
Ella alzó una ceja y lo miró suspicaz. ¿Disculpas¿Así la iba a hacer caer? Intentó soltarse del brazo pero Sirius no la dejó. La estaba mirando fijamente y cuando ella se quedó quieta y le devolvió la mirada, algo hizo que se calmara y asintiera. Además, rara vez Sirius Black pedía las cosas por favor.
Sirius la soltó con recelo y empezó a ponerse nervioso. Cuando lo había ensayado no había parecido tan difícil.
Casey se cruzó de brazos y esperó que él comenzara a hablar.
- Tenemos que hablar. – repitió el chico sin poder ocultar el nerviosismo.
- Yo ya sé lo que vas a decirme, pero si te empeñas.. – masculló Casey, que esperaba oír cómo él la había besado sólo para que ella se callase y que todo aquello de que le gustaba era sólo otra de sus estúpidas bromas.
Pero Sirius no iba a decir nada parecido y si ella no hubiera estado tan concentrada en enfadarse con él, se habría dado cuenta de lo difícil que estaba siendo para él.
- Supongo que debería decir que siento lo del otro día. – él se estaba pasando una mano por el pelo mientras empezaba con la explicación que llevaba tanto tiempo preparando. – Pero la verdad es que no puedo pedirte disculpas porque no siento haberte besado. De hecho, si la situación se volviera a repetir, yo te volvería a besar. Sin embargo, sí que siento que tú no veas las cosas de la misma forma, así que te pido perdón por haberte hecho pasar aquel momento, que ha quedado claro que no fue muy agradable para ti. Y no estoy intentando decir que me arrepiento...
Toda aquella explicación la dijo rápidamente y mirando hacia todos lados, con un nerviosismo más que patente. Y a la chica se le cambió por completo el gesto de enfado por uno de sorpresa, porque definitivamente no se esperaba el rumbo que acababa de tomar la explicación de Sirius. Ni tampoco esperaba ver al merodeador tan nervioso... o era muy buen actor o aquello estaba siendo real. El chico, por su parte, siguió hablando sin pararse a pensar si aquel cambio en ella era bueno o malo; él sólo quería pasar aquel momento lo más rápido posible y marcharse a casa con sus sentimientos.
- Es muy difícil para ti el estar segura de que lo que digo es verdad y lo entiendo. Al fin y al cabo yo siempre te he tratado de mal en peor, te he gastado bromas de muy mal gusto, te he hecho enfadar hasta el límite... Incluso te he hecho creer que te odiaba... Así que es de lo más normal que no vayas a creerme esta vez, yo no lo haría. Pero no sé por cuánto tiempo más podría quedarme callado y seguir soportando ese vacío tuyo...
La chica seguía perpleja y en silencio. ¿Qué era exactamente lo que él quería decirle? Sirius se calló durante un instante, se metió las manos en los bolsillos y buscó con su mirada los ojos de la chica. Tomó aire y continuó hablando sin dejar de mirarla a los ojos y con la voz más serena que antes, aunque también con más desánimo.
- Y sé que parece extraño porque hasta para mí lo ha sido... después de todo lo que te he hecho pasar, pero es que estas cosas no se pueden evitar. Y... me gustas, muchísimo. – confesó Sirius rápidamente. – Pero tranquila, después de esta conversación no haré nada al respecto. No valdría para nada ¿no? Está más que demostrado que tú me odias, ya me lo has dicho en más de una ocasión. – el chico titubeó un poco ante la mirada más que asombrada de Casey. – Sólo quería pedirte que olvides ese beso, que actúes como si nada hubiera pasado. Sé muy bien que después de todo, me merezco lo que tú sientes por mi; me merezco ese desprecio porque me lo he ido ganando con los años.
- ¿Qué olvide que tú..? – comenzó Casey en un hilo de voz.
Pero Sirius ni la oyó, sólo quería terminar de decir todo lo que había ido a decir y marcharse. Para él estaba muy claro que Casey no sentía lo mismo que él, ella se lo había demostrado muchas veces y no sólo durante aquellos días después del beso. Y a pesar de saber eso, él había sacado a la luz todos sus sentimientos y se los había enseñado a ella. ¿De qué le iba a servir callarse? Remus le había aconsejado que se lo dijera todo a Casey, aunque ni él mismo fuera capaz de hablar de sus sentimientos con Anne. Por eso al principio Sirius había dudado ¿por qué iba a confesarle todo a Casey¿Por qué seguir un consejo que ni Remus mismo era capaz de seguir?
Pero ahí estaba al final, sin saber muy bien por qué, pero estaba. Contándole a la chica que vivía de forma permanente en sus pensamientos que, después de años de mostrar odio, se había dado cuenta que era cierto lo que decían... que detrás del odio podían esconderse los mejores sentimientos. Y después de haberle confesado que ella le gustaba mucho, ella seguía callada. ¿Por qué no le sorprendía aquella reacción?
- En fin, lo que quería pedirte de verdad, después de dar tantas vueltas es que, ya sé que me odias pero ¿podríamos evitar las peleas? No es nada agradable sentirse como me siento cuando peleo contigo. Sólo te pido eso, puedes seguir odiándome si quieres.
Casey había hablado poco durante aquella "conversación-confesión" porque no era lo que ella había esperado que sería. ¿Qué iba a decir justo ahora? Si estaba tan perpleja, tan en shock, que le costaba incluso mantenerse en pie. Lo malo es que Sirius se tomó aquella continuación del silencio como una respuesta afirmativa, así que bajó ligeramente la cabeza y se despidió de ella.
- Nos vemos mañana, Nayron.
Y comenzó a caminar, dejando atrás a la chica. ¿Cómo la iba a olvidar si tenía que verla casi a diario¿Cómo se hacía eso? Se preguntaba Sirius a sí mismo, mientras seguía caminando con las manos en los bolsillos.
Mientras tanto, la cabeza y el corazón de Casey daban vueltas y la mareaban. Porque Sirius había sido sincero, lo había visto en sus ojos, en sus gestos... y él... ¡él pensaba que ella lo odiaba¿Cómo era tan ciego¿Era el único que nunca se había percatado que todo lo que ella hacía cuando estaban juntos era porque él la traía de cabeza?
- Y qué más da eso ahora. – murmuró ella para sí antes de darse la vuelta y gritar. - ¡Espera!
Él, unos metros más allá, se paró y se dio la vuelta con cierto temor. Por un momento había creído que saldría ileso de aquella confesión, pero se veía que Casey seguía pensando que todo era una gran broma.
Casey corrió un poco hasta estar frente al chico. Ahora ya no estaba asombrada, ni perpleja, ni en shock... ahora sonreía.
- Tienes razón en casi todo lo que has dicho. – comenzó ella alegremente. – Menos en la parte esa que dices que te mereces lo que yo siento por ti, porque desde luego que no lo mereces.
- ¿Cómo¿Te han cambiado los recuerdos o qué¿Cómo puedes decir que no me lo merezco después de cómo me he comportado contigo? – repuso el chico con un total desconcierto. Ni entendía lo que ella estaba diciendo, ni la manera en que le sonreía.
- Sigo recordando todas y cada una tus palabras, desde las que hablaban sobre mí cuando aún no me dirigías la palabra. Por eso te estoy diciendo que no te mereces esto. – concluyó Casey con una voz suave que jamás había llegado a usar con él.
Ella se terminó de acercar a Sirius y él entornó los ojos, esperando la peor de las maldiciones. Pero Casey lo único que hizo fue ponerse de puntillas y darle un beso que descolocó por completo al merodeador. Él se sorprendió tanto que en un primer momento se quedó estático, tardando unos segundos en responder al beso. Pero lo hizo. Colocó sus manos en la cintura de Casey, dispuesto a aprovechar el momento, no fuera a ser sólo uno más de sus sueños.
Casey estaba radiante cuando se separó unos centímetros del chico, sonriendo como lo hace la gente que acaba de convertirse en una persona feliz. Sin embargo Sirius seguía con la misma cara de asombro. Soltó a Casey de la cintura y con su mano derecha se pellizcó en el antebrazo izquierdo.
Por supuesto aquel beso no había sido un sueño, así que el pellizco sólo sirvió para hacer reír a la chica.
- No sé qué pretendes con esto, pero jugar así conmigo no es buena idea... – comenzó Sirius con un tono nada amigable.
Casey dejó las risas al instante, aunque la sonrisa enigmática de su rostro no se llegó a borrar. Volvió a acercarse hasta estar pegada a Sirius de la misma forma que habían estado mientras se besaban y con una mano acarició una de las mejillas de él.
- ¿Me vas a decir que no lo sientes? – le preguntó en un susurro.
El enfado del chico se esfumó en el mismo momento en que ella tocó su mejilla. ¿Cómo no rendirse a aquella sensación de bienestar que ella le proporcionaba con sólo una caricia?
- No es posible que no me odies. – musitó él, aún bastante desconcertado.
- Bueno, yo tampoco he sido un angelito contigo y no me enorgullezco de haberte hecho pasar por ciertas situaciones. Pero es muy complicado sentir algo por ti, Sirius. Es confuso, enrevesado y difícil de sobrellevar.
Él la miró a los ojos y sonrió de verdad, por primera vez en un tiempo.
- Para mí ha sido difícil entender lo que sentía. – le explicó Sirius, que ya estaba más confiado y había vuelto a tomarla de la cintura. – Al principio era yo el que te esquivaba, el que hacía como que no existías porque me parecías una pesada. – Casey se rió. – Y luego, al ver que tú me empezabas a hacer invisible, comencé a ser quien se ponía de lo más pesado para llamar tu atención. Toda una demostración de madurez.
- Yo estaba cansada, porque lo que sentía por ti me hacía daño y por eso me propuse sacarte de mi cabeza cuando estábamos en sexto curso. Pensé que sería más fácil si actuaba como si tú no existieras. – confesó ella.
La mano que tenía libre había alcanzado una de las del chico, para entrelazarse a ella.
- Lo peor de todo era no saber por qué demonios me molestaba tanto tu actitud conmigo. Yo creyendo todo este tiempo que me odiabas desde el colegio y todo era una táctica para olvidarte de mi. – se quejó él con un dramatismo que a ella la hizo reír de nuevo. Pero el chico después volvió a ponerse más serio. – He necesitado todo este tiempo para darme cuenta de por qué me ponía enfermo oírte hablar de Messer, verte con él o con otros chicos; para comprender que si disfrutaba viendo tu cara cuando yo estaba con Catherine era sólo porque en el fondo quería que tú te sintieras igual de mal que yo.
- Y si estuviste tanto tiempo sin saber cuáles eran tus verdaderos sentimientos ¿qué te hizo descubrirlos?
- Verte besando a ese Matt. – contestó el chico rápidamente y con cierto rintintin al referirse al compañero de Casey. Incluso no pudo evitar poner mala cara al recordar el momento.
La chica sonrió, porque para ella no había sido un beso tan malo y así se lo hizo saber a Sirius. Él la miró interrogante, con una ceja alzada y cara de pocos amigos.
- No me pongas esa cara porque gracias a ese beso estamos tú y yo aquí, ahora. A ti te hizo darte cuenta por fin de lo que sentías por mí y a mí... Para mí fue importante porque, mientras él me besaba, yo cerré los ojos y cambié su cara por la tuya, así que para mi, quien me estaba besando eras tú. Y por eso me resigné a que sería imposible olvidarte alguna vez, por mucho que lo intentara. – admitió ella al final, ganándose una sonrisa de satisfacción del chico.
Sirius suspiró aliviado y como ya estaba cansado de que todo fueran palabras, enmarcó el rostro de Casey con sus manos y le dijo que iba a demostrarle que sus besos eran mejor en realidad que en la imaginación. Y mientras duró aquel beso, los dos sintieron que era el final de toda explicación, que por fin podían rendirse a aquel sentimiento que los había unido hacía tiempo atrás y que habían tardado tanto en aceptar.
Cuando se separaron seguían abrazados, con las frentes unidas y sonriéndose con la mirada. Casey no podía creer que aquel sueño se le hubiera cumplido, mientras que Sirius se lamentaba por su inmadurez, que les había llevado a desperdiciar tanto tiempo en peleas y malas palabras.
- He de admitir que la realidad es mucho mejor que la imaginación y que todos los sueños. – confesó Casey en un susurro.
El merodeador mostró su acuerdo con aquello dándole un ligero beso, para luego suspirar y decidir que era el momento de ser totalmente sincero.
- Desde que nos conocimos he cometido muchos errores contigo, por eso ahora quiero hacer las cosas bien desde el principio.
La chica se le quedó mirando extrañada. ¿Por qué de pronto Sirius volvía a ponerse nervioso?
- ¿A qué errores te refieres? – preguntó Casey después de un momento, porque estaba viendo que el chico no terminaba de atreverse a hablar.
- Más de una vez te he mentido, a eso me refiero. Por eso ahora quiero ser sincero contigo. – a él le temblaba ligeramente la voz.
Casey lo miraba con curiosidad y con una sonrisa enigmática, porque el nuevo brillo que apareció en los ojos grises del chico era especial. Y con aquella mirada Sirius sólo podría estar a punto de confesarle algo importante para los dos, algo que le pertenecía sólo a ellos. Casey conocía muy bien aquella mirada, porque la había visto en ella misma... y por eso esperaba no equivocarse.
- Antes te mentí, cuando te dije que me gustabas. Yo... lo que yo siento por ti es mucho más que eso.
Ella se sintió tan feliz de no haberse equivocado con sus pensamientos que abrazó al chico al instante. Sirius la acercó más a sí pasando sus brazos por la cintura de ella y apretó un poco más el abrazo. Luego enterró su cara en el cuello de ella, de forma que aspiraba la fragancia que desprendía su pelo.
- Estoy enamorado de ti. – le susurró al oído, consiguiendo que ella se estremeciera.
Definitivamente, la realidad era mucho mejor.
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N/A: Me costó, y ya olvidé cuántas veces repetí la última escena hasta que quedó así... Espero con muchas ganas todos los rr's!
Un beso a todos!
Nasirid
