Los personajes de Ranma ½ pertenecen a la mangaka Rumiko Takahashi y solo escribo para los fans por diversión que aman esta genial serie de Anime y manga sin obtener algún ingreso económico.

Capítulo 12

Tres años atrás...

—¡Bienvenida a casa, Izanami! — exclamó Shun lanzando confeti.

Izanami estaba en la entrada de su casa con una cara aburrida y enfado. Vestía su uniforme de militar verde y tenía su cabello agarrado en un chongo, escondido en su gorro que era verde al igual que su uniforme. Sus maletas estaban a un lado y esperaba que está fuera la ultima vez que las usará. No entendía porque hacía Shun tanto alboroto, entendía que no se veían desde que ella tenía ocho años, pero en verdad ¿La extrañaron? Si era así desde cuando la hubieran sacado de esa cárcel y cómo pasaron siete años sin verla, no fue así. Ahora tiene 15 años y pues sí, había cambiado mucho. Por eso su cara era de total decepción. Hubiera preferido pasar desapercibida a esto. ¿Qué seguía? ¿Un pastelito?

—Has crecido mucho, Izanami. —dijo con una voz tierna. —Déjame verte mejor... —Shun la recorrió con la mirada. —eres una joven muy hermosa, —comentó con una voz de idiota. —si no te viera como mi hija ya me hubiera casado contigo.

Izanami solo frunció el ceño.

—Si...—habló Izanami. —y tú...no has cambiado. —dijo viéndolo más detenidamente. La verdad lo vio más a detalle y no había cambiado en nada. Esperaba verlo más viejo, pero seguía mirándose joven. —Te conservas muy bien ¿No? no tienes ninguna arruga.

El chico se tensó.

—Te estarás preguntando por Usui ¿Verdad? —quiso cambiar de tema. —sé que tenías muchas ganas de verlo ya que siempre decías que era el amor de tu vida y te querías casar con él, así que querrás saber...

—Eso era cuando era una niña. —respondió rápidamente.

Shun la sitio con furia o más bien como un general respondiendo a una pregunta.

—Usui no pudo estar aquí porque hubo una emergencia en el trabajo. —siguió el chico levantando las maletas y caminando hacías las escaleras. —Pero en la noche te llevaremos a cenar para celebrar tu regreso.—sonrió el chico. —Tu cuarto lo arreglé para que estuvieras cómoda.

—Espero que hayas quitado los conejitos de la pared. —comentó la chica siguiéndolo.

El chico rio nerviosamente.

—Luego los quitaremos... ¿si?—suspiró la chica.


—Hay sangre, pero ninguna víctima. —señaló Usui en medio de la calle.

—Es extraño ¿No? —preguntó la generala. —va como en camino. —miró al ver las cuadras de la ciudad.

Las calles estaban tapadas y había muchas personas alrededor atrás de una cinta. Los que se encontraba del otro lado eran agentes tomando fotografías y otras que buscaba muestras para el laboratorio.

—¿Qué quiere decir? —preguntó Usui.

—Este mes he estado pasando esto, sangre escrito en el suelo, pero no hay nadie herido y la última fue ha dos cuadras, y la anterior a dos cuadras de ese. —explicó la mujer. —Además, escribe alguna clase de poema o algo así, "No seré feliz hasta que desaparezcas de mi vida"

—La última vez fue "No seré feliz hasta que me lo entreguen". —concluyó el chico.

—A quién buscamos es una chica. —dedujó la generala.

—¿Cómo puede saber eso? —preguntó Usui viendo a su jefa.

—Mira la sangre, —señaló. — a lado hay unas marcas de mano, pero no hay huellas por lo que usaba guantes, pero por el tamaño es más que obvio.

—Son más pequeñas, —susurró el chico. —deberíamos analizar la sangre para saber de quién es.

—Por cierto, ¿hoy no llegaba Izanami? —preguntaba la generala.

—Sí, Shun se está haciendo cargo de ella. —dijo indiferente y concentrado en la huella de sangre.

—Me lo hubieras dejado a mí esta emergencia y hubieras ido a recibirla. —espetó su jefa.

—¿Para qué? No quiero que me este molestando diciéndome que nos vamos a casar cuando cumpla 16 años, — dijo de molesto. — y resulta ser que ahora tiene 15.

—Sí, era tan adorable. —sonrió la generala tiernamente.

—¡Por supuesto que no lo era! —gritó Usui.

—Cálmate Usui, ya pasaron siete años. Ya es una joven y puede que ya se le haya olvidado. Una escuela militar endurece a cualquiera. —comentó la generala con orgullo.

—Si, eso me queda más que claro. —dijo viendo a su jefa que solo gruño con su comentario.

—Tal vez sea puedes llevarte la sorpresa de que ya no se vea como una niña y te llegue a interesar como mujer. —dijo pegando ligeramente con su codo en el brazo de Usui.

—No pensé eso, —dijo sin emoción. —ahora ya estoy preocupado por dejarla sola con Shun. Ese nada más mira unas piernas bonitas y va en su búsqueda.

—Pues entonces date prisa...—dijo la generala mirándola de reojo. —Si no quieres que se aproveche de una niña mucho más joven que él, y vaya que hay mucha diferencia.


Usui abrió la puerta de su casa y entró colgando su abrigo y bufanda a un lado. Se quitó sus zapatos y entró con un suspiro.

—¡Ya llegué! —anunció el chico.

Se escucho un ruido fuerte en el segundo piso y entonces recordó lo que su jefa le había dicho, pero después se quitó esa absurda idea, pero y si...

Corrió rápido hacia las escaleras y las subió completa en menos de dos segundos. Llegó a la habitación que era de Izanami, la abrió y no le sorprendió mucho lo que vio. Shun se había caído y tenía las maletas vacías que había traído Izanami.

—¡Usui! Pensé que te tardarías más. —dijo con una voz aguda por el golpe y porque no podía respirar, además de que se le cayeron más cosas que estaban guardadas en lo más alto del closet desapareciendo por completo.

Usui suspiro, metió sus manos en sus bolsillos y se acercó. Miró que en la cama estaba la ropa que al parecer había traído Izanami y le sorprendió que era muy poca por lo que pensó que tal vez la tendrían que llevar de compras, lo que era aún más gastos.

—¿Por qué no esperaste hasta que ella se instalará? —preguntó Usui con flojera y otro largo suspiro.

—Eso fue lo que le dije. —habló una voz femenina.

Usui volteó y se impactó al ver a esa niña que ya no era la que él recordaba. La chica ya se había cambiado solo dejando su camisa blanca de manga larga que estaba abajo del uniforme y un pantalón que le quedaba hasta las rodillas. Estaba descalza y su cabello estaba completamente suelto y llevaba un jugo de caja en la mano.

El chico se había quedado paralizado viéndola sin poder articular ni una sola palabra, definitivamente ya no era una niña.

Izanami se acercó y pasaba su mano enfrente de sus ojos mientras succionaba el popote de su jugo.

—¿Sucede algo? —preguntó Shun aún debajo de las cosas. —¿Por qué hay mucho silencio?

—No lo sé, —respondió Izanami viendo a Usui y dándole otro sorbo a su jugo. —solamente dije algo y se quedó viendo hacia la nada. Sigues siendo extraño...y tú sigues siendo un idiota. —dijo acercándose a Shun y quitando todo lo que estaba encima de él.

Usui salió de su asombro y ayudó a Izanami para que Shun saliera de esa montaña de basura. Para él era basura que nunca quiso tirar. Shun pudo ponerse de pie y los miró a los dos con una sonrisa. Shun se acercó a Izanami y la abrazó por milésima vez.

—Estoy tan feliz de que estés aquí. —dijo mientras la abrazaba fuertemente.

La chica no podía respirar y ella no hacía nada por regresar esa muestra de afecto. Shun se alejó de ella y miró a Usui.

—Usui, ¿No le vas a decir algo? —dijo un poco molesto por la falta de interés del chico.

Usui miró nuevamente a Izanami pero esta vez frente a frente. Ella lo miraba sin sonreírle y eso lo ponía muy nervioso.

—¿Qué quiere que le diga? —preguntó enderezándose. — Lo más probable es que quiere que la abrace como cuando era una niña y eso es algo que no...

—No quiero que me abraces. —dijo fríamente. —Con un solo "Hola" me conformo. —contestó y salió de la habitación.

Usui estaba impactado, parecía que su orgullo había pisoteado. En verdad esperaba eso, más bien rezaba de que a Izanami se le olvidará todo eso de que se casaría con ella y cuando la vio se quedó embobado por lo hermosa que se había vuelto y después de lo que le dijo no era lo que se había esperado que sentiría.

—¡Izanami! ¡No te enojes! —gritó Shun no sin antes darle una mirada acusadora a Usui. —¡No debiste decirle eso! ¡Acaba de llegar! Te tienes que disculpar con ella.


Dos horas después llegaron a un restaurante de comida tradicional no muy elegante, pero si modesto y sencillo. La mesa donde comían era cuadrada, Shun y Usui estaban sentados juntos, e Izanami estaba enfrente de ellos. La chica devoraba la comida como si no hubiera comido absolutamente nada desde hace tiempo. Los chicos la observaban con sorpresa.

—Veo que te gusta la comida ¿No? —habló Shun.

—Sí, es mejor que la de ese horrible lugar. —respondió sin dejar masticar la comida.

—No hables con la boca llena. —regañó Usui.

Izanami dejó de comer y puso una cara seria. Hizo el plato hacia adelante y puso sus brazos en la mesa. Usui se tensó dejado su cubierto en la mesa.

—¡Eres un idiota! —habló de manera agresiva.

La contestación de Izanami sonaba en su cabeza una y otra vez.

Shun le daba un trago a su bebida y comenzó a reír un poco nervioso.

—No se peleen, hay que convivir y disfrutar el tiempo perdido, —intentó calmar un poco la situación. —porque no hablamos mejor de lo que haremos antes de que comiencen las clases, que eso me recuerda Usui que debemos buscar una buena escuela cerca del trabajo para que termine la secundaria.

—¿Una escuela? —preguntó Usui confundido.

—¡Obvio! Izanami no regresará a la escuela militar. —decretó el chico.

—¡Qué! ¡Debes de estar bromeando! —gritó el chico levantándose de su asiento.

—Ella no volverá a ese lugar, —espetó Shun molesto por la actitud de su amigo. —soy su tutor.

—¡Yo también lo soy! por lo que puedo opinar y ella volverá a la escuela militar.

—¡No volveré a ese lugar! —habló Izanami interrumpiendo el enfrentamiento de los amigos. Tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido. —¿Tanto te molesto?

—¡No es eso! Solamente pienso en que es lo mejor para ti. — se defendió Usui contestándole de manera agresiva.

—¡No te creo! Tu quiste que me fuera a ese feo lugar porque no me soportabas. Yo te quería y nunca me enviaste ni una sola carta. —gritó la chica enojada y sacando todo su coraje que le tenía a Usui.

—Yo siempre se lo decía, pero él se negaba hacerlo. —explicó Shun.

—¡Eso ya no importa! ¡Por eso te odio Usui! —gritó Izanami y se fue saliendo del restaurante.

Usui suspiró y se sentó en su asiento. Ya comenzaba su migraña, hace años que Izanami no le causaba un dolor de cabeza, siempre era así con ella, cada problema era la responsable, era bastante traviesa de niña. Pasó sus manos por su cabello y suspiró por milésima vez.

—Ahora entiendo porque me ignoraba. —susurró Usui.

—¿Y eso te molesto? —miró a su amigo y entendiendo porque Izanami estaba molesta toda la tarde. —¿Cómo no te va ignorar? —levantando la voz. —siempre decía que eras su favorito, a pesar de que siempre te molestaba o eso era lo que decías y cuando ella se fue, tú evitabas sus llamadas y no le escribías. ¿Qué esperabas? ¿Qué te siguiera queriendo?

Usui solo se quedó en silencio y sin tener alguna respuesta a sus preguntas.

—Ella ya no es una niña. — le dejó en claro Shun.

—Sigue siendo una niña, —contradijo Usui. —tiene 15 años para mí sigue siendo...—bajó la mirada. —mi favorita.

—Parece que acabas de recordar de qué siempre le decías eso cada noche antes de dormir. —sonrió Shun.

Usui sacó dinero de su billetera y la dejó en la mesa más doble propina. Iría a buscar a esa niña que le saca de quicio y eso que apenas era el primer día de muchos días porque él tampoco quería que se fuera nuevamente.

—¿Por qué dejas doble propina? —preguntó Shun.

—Porque en la mañana cuando avisaron de la emergencia comía aquí y por salir corriendo no deje propina, a pesar de que la escena del crimen estaba a...—Usui se detuvo y comenzó a temblar. —...a dos cuadras de aquí. —susurró antes de salir corriendo.

Shun no entendía, pero lo siguió a la misma velocidad. Cuando Usui salió del restaurante miró por todos lados, pero no miraba a Izanami. Parecía un loco, no comprendía Shun lo que le pasaba, pero después de no ver a Izanami por ningún lado empezó a preocuparse. Miró al suelo y había algo escrito con rojo, era sangre;

Llama a este numero si quieren volver a verla xxx-xxx-xx45.


—¿Cuándo me quitarás el paliacate de mis ojos? —preguntó Izanami con tranquilidad.

Cuando salió del restaurante sintió un mareo y se sentía cansada, era lo que ella recordaba. Despertó sentada en una cama o eso creía por la comodidad de donde se encontraba, pero sus manos estaban atadas a algo por lo que descarto la cama, pero le sorprendió que sus pies no lo estuvieran.

—¿Vas a hablar o no? —preguntó Izanami. —No he escuchado a mi captor, ni si quiera se si es hombres o mujer o si son varios, —sonrió la chica. —pero por la presencia de este lugar solo hay una persona, —movió un poco sus manos. —y por las ataduras de mis manos, puedo sentir que no son tan fuerte así que son de una mujer. En conclusión, quien me secuestró es una mujer.

Se escuchó una silla crujir, y pasos de alguien que se acercaba.

—Eres buena. —habló una voz femenina.

—Eso dicen, aunque soy mala para planificar un plan. Se reían de mí en la escuela militar por eso. —recordó con molestia los primeros días en esa escuela.

—¿Fuiste a una escuela militar? —preguntó la mujer que sonreía.

—Si, pero a pesar de todo me hice respetar. Era buena para saber que era lo que planeaba el enemigo y siempre ganábamos. — explicó la chica. — Por eso sé que no eres buena en esto.

La mujer dejó de sonreír cuando escucho eso.

—¿Soy tu primera víctima? —preguntó Izanami.

—¿Por qué lo preguntas? —dijo la mujer rechinando los dientes.

—Porque si no lo fueras, me tendrías atada de los pies y además hace frío, por lo que sé que está abierta la puerta y pues normalmente un secuestrador hace lo posible por esconderse, pero hasta ahora percibo el olor de algo extraño y cuando te acercaste a mi reconocí ese olor. Lo olí por primera vez cuando una compañera se lastimo con un arma, ese es olor a sangre. ¿Solamente has estado asesinando para llamar la atención? Es eso ¿Verdad? —se estaba divirtiendo, sabía que era una principiante, por lo que no tenía miedo.

La mujer casi se le salía una vena por lo saltada que estaba en su frente. Se encontraba furiosa, pero sabía que obtendría lo que quisiera si la tenía a ella, solamente tendría que esperar la llamada.


—No creo que sea la misma persona. —habló la generala sentada en la silla de Shun.

Usui, Shun, Midori y la generala se encontraban en la oficina de Shun y Usui intentaba tomar el teléfono, pero la generala se lo impedía, lo que lo estresaba aún más.

—¡Maldita sea! ¡Dame el teléfono! —gritó el hombre con desesperación.

—¡Cálmate! —gritó la Generala. —Se nota que eres policía. —dijo con sarcasmo. —Hay que planear una buena estrategia.

—¿Cuánto es lo que tenemos disponible? —preguntó Shun.

—Esto es absurdo, secuestro una niña de 15 años que está bajo tutela de unos policías. —comentó Midori.

Usui aprovechó el descuido de la generala para tomar el teléfono y marcó el número.

—¡Oye espera! —exclamó demasiado tarde, la línea estaba sonando.

Sonó el teléfono y la mujer corrió para contestarlo.

—¿Hay un teléfono aquí? —preguntó Izanami con asombro. —Eso quiere decir que no estamos tan lejos de la ciudad, pensé que si por el piso, el suelo está sucio por lo que deduje...

Sus palabras quedaron ahí porque fue golpeada por un objeto desconocido.

—¿Eso fue un mazo? —preguntó Izanami cayendo junto con la silla.

—¡Ahhh! ¡Cierra la boca! —gritó la mujer. Hace tiempo que no estaba tan cabreada y la sacaban de quicio.

—Hola.

¿Dónde está Izanami? —gritó Usui

—Ya se estaban tardando en hablar. Por un momento pensé que no les importaba lo que le pasara a esta niña y en cierta manera los entendería. —dijo pensando en lo molesta que era.

¿Dónde tienes Izanami? ¿Está bien? —dijo Shun preocupado. —¡Quiero a mi niña!

—Porque mejor no la escucha... —puso el teléfono en dirección a la chica, pero la chica no dijo nada.

—¡Yo no escucho nada! —gritó Usui.

—¿Por qué no hablas? —gritó la mujer.

—¿Quiere que grite como una damisela en peligro? ¡Eso es muy cliché! —respondió Izanami.

La mujer estaba a punto de matarla ahí mismo, en eso sí era buena y no tendría quejas de ella.

¿Qué es lo que quiere? —habló la generala. —podemos ofrecer lo que sea.

—Aunque les pidiera dinero, ¿Creen que me arriesgaría y les creería que tienen esa cantidad para después tenderme una trampa y arrestarme? Sé que son policías. —dijo la mujer.

—Hasta que diste el clavo como secuestradora. —felicitó Izanami.

—¡Cállate idiota! —gritó la mujer.

¿Entonces qué es lo que quieres? —preguntó la "Generala" con mas tranquilidad.

—¡Quiero el decadente! —dijo lo que quería.

Los policías se tensaron, esta mujer no era cualquiera.

—¿El decadente? —preguntó Izanami. — ¿Qué es el decadente?

Nosotros no sabemos qué es el decadente. —respondió la generala.

La mujer pasaba sus uñas por la madera de la mesa donde estaba el teléfono. Crujía tan fuerte que a Izanami le comenzó a molestar.

—Escuchen bien, saben que yo soy la que ha estado cometiendo asesinatos, no querrán que a ella le suceda lo mismo. Yo lo quiero y es lo único que pido, piénselo y les vuelvo a hablar en media hora. — advirtió.

Colgó el teléfono con fuerza y respiraba fuertemente. Hubo un largo momento de silencio hasta que Izanami hablo.

—¿Qué es el decadente? —preguntó seriamente.

—¿No sabes que es el decadente? —preguntó la mujer.

—Es la primera vez que escucho de él.

—Es algo que tus amigos han estado ocultando durante muchos años, yo lo quiero para viajar al pasado y cambiar algunas cosas que me llevaron a donde estoy. Puede conceder cualquier deseo, incluso, hay rumores de que puede convertirse como un buen arma.

—¿Una máquina del tiempo? ¿Una lámpara mágica como el de Aladino? —preguntó Izanami

—Algo así, aunque se dice que tiene aún más beneficios que solo eso. Sobre todo, de que también pueden detener el envejecimiento de una persona si estás muy cerca de él o si lo usas en varias ocasiones, es como si tuviera una energía radioactiva. Si estas cerca de un sustancia radioactiva, te enfermas de cáncer o de otras enfermedades, eso es un ejemplo.

—Eso explican porque no han cambiado en lo más mínimo, —susurró Izanami. —sigue igual de jóvenes.

La mujer se acercó a ella hasta estar frente de su rostro pesar de no poder ver sus ojos. Izanami sintió la cercanía de la mujer.

—Izanami ¿No es cierto? ¿Ese es tu nombre? —preguntó estando tranquila.

—Si, ¿cuál es tu nombre?

—Akane. —respondió la chica.

—Akane... eso explica todo...todo tu mal humor. —dijo tranquilamente. Era muy directa, no le gustaba esconder cosas.

—¡Eso no tiene nada que ver! —gritó la chica indignada.

Hubo otro incómodo silencio. Akane se acercó a ella y le quitó la venda de los ojos para que se pudieran ver a los ojos por primera vez. Cuando Izanami abrió los ojos, vio otros de color café, miró su rostro y sintió una punzada en el estomago. Jamás se había sentido así, era una sensación que no podía explicar, pero no dejaba de verla. Tragó duro y suspiró.

—Eres idéntica a él. —susurró Akane sin pensar en sus palabras.

—¿A quién? —preguntó Izanami sin dejarla de ver.

Akane se levantó, no contestó la pregunta y se alejó de ella. Se puso a observar el lugar, era una bodega iluminada, miraba mucho rojo, pero era tan grande que no le molestaba. Había un segundo piso de fierro a los alrededores. Akane estaba vestida con un saco largo negro con un nudo en su cintura como amarre, pantalón y botas negras.

—¿Sabes algo? ¡Estoy sorprendida! — habló Izanami causando la atención de Akane.

—¿Por qué? —preguntó Akane.

—Eres muy bonita. —susurró la chica con una sonrisa.

Akane se puso colorida y corrió rápidamente a taparle la boca antes de que dijera algo y evitando que ella la mirada.

Izanami intentaba hablar, pero la apretaba muy fuerte que no podía y solo hacía sonidos incoherentes.

Escucharon ruidos. ¡Alguien había entrado!

—¡Izanami! —era la voz de Usui.

Akane miró a Izanami aún con su mano en la boca de la chica.

—Esta no será la última vez que nos veamos y de eso me encargaré. —dijo segura y con una sonrisa.

Izanami solo asintió.

Akane subió por la escalera y salió por una ventana. Izanami se quedó ida hasta que la vio desaparecer. Seguía mirando sin importarle que Usui ya estuviera enfrente de ella, gritando su nombre y preguntándole si estaba bien mientras le desataba las manos.

—¡Oye responde! —gritó desesperado Usui.

—Si fuera un hombre me casaría con ella. —susurró la chica aún hipnotizada.


—Tal vez deberíamos llevarla al médico. —decía Shun preocupado porque Izanami no respondía y su mirada estaba en silencio mirando a cierto punto.

—Puede que tenga una crisis post-traumática por el secuestro. —explicó Midori.

Izanami vio a Midori con una cara de enfado.

—No necesito tus terapias, Midori. Estoy bien y por lo que veo tampoco has cambiado en lo más mínimo. —rechinó sus dientes viendo que aún se miraba igual de joven.

—¿Viste a la chica? ¿Cómo era? —preguntó la generala apareciendo enfrente de Izanami, lo que hizo que la chica gruñera.

—Por lo que veo usted tampoco, ni una sola arruga. —Sonrió Izanami con sarcasmo.


—Después de todo, ella fue la quien le dio la idea a Usui de mandarla a una escuela militar.

Ranma se reacomodaba en la silla y cruzó de brazos mientras seguía escuchando a la mujer.

—Para que no te aburras con el resto de la historia, la haré más corta. —seguía hablando la generala sin mirar a Ranma y girando su silla a la izquierda para ver su mueble de libros. —Después de eso, Izanami se obsesionó por querer ver a Akane otra vez. Incluso molesto, hartó y se salió con la suya para entrar a los decadentes. —gruñó la mujer.

—Sí, me imagino su sufrimiento. —suspiró el chico.

—No enfrentamos muchas veces a ella, y cada vez Izanami estaba más y más por querer enfrentarse a ella. —dijo calmadamente.

Ranma no entendía el porque de su desesperación. Había algo que no entendía, pero esperaba que esa mujer le dijera.


Izanami y Akane estaban sentadas en unas sillas a una distancia de un metro y Midori estaba enfrente de ellas.

—Creo que después de esta platica podrán estar tranquilas...—sonrió la mujer. —por un día. —dejo de sonreír pensando que habrá un nuevo problema entre ellas, mañana o en algunas horas. —¿Cómo se sienten? —preguntó volviendo a sonreír.

—¡En paz! —contestaron ambas chicas con enfado.

—¿Y qué harán después de esto? —preguntó Midori.

—Convivir armoniosamente. —contestaron de la misma manera.

—¡Yeah! ¡Estupendo! —exclamó feliz. —bien iremos al siguiente tema... Izanami, no debes de romper las celdas, aunque me sorprendió tu fuerza.

—Saber que Akane tiene otro hijo, me puso de malas, —dijo malhumorada. —suficiente tuve con la existencia de Nanami. —evadió la mirada de Akane. —A parte, saber que tengo otro sobrino y que no dejaba de tomarme fotos ayer, me molesto mucho. Parece que le guste.

—¿Qué esperaba? Eres muy bonita. —Dijo Akane indiferente, lo que causo que Izanami se ruborizara.

—Bueno, siguiente tema, —cambió de tema, pensando que tal vez Izanami se volviera a enojar. — la pregunta es para Akane...

—¿Ehh? —Akane miró a Midori.

—¿Cómo te sentirse de ver nuevamente a Ranma? —preguntó ansiosa de saber la respuesta de Akane

La cara de Akane se endureció. Izanami la miró de reojo, ella también esperaba esa respuesta.

—No responderé esa pregunta si ella está aquí. —respondió refiriéndose a Izanami.

—¡Ehh! —chilló Izanami.

—Si no seguiste con Izanami en su pregunta, me imagino que fue porque no quieres que se enoje. —sonrió Akane dando en el punto.

Izanami cerró la puerta cuando salió de la habitación. No creía que la corrieran así, quería escuchar la respuesta de Akane. Dio un gran suspiró y cuando iba a caminar hacia la salida del pasillo, casi se cae para atrás al ver a Usui y Shun pegados a la puerta de la oficina.

—¿Qué se traen ustedes? —preguntó Izanami en voz baja y acercándose a ellos.

—La generala está encerrada en la oficina con Ranma. —respondió Shun.

—¡Qué! —Izanami se pegó a la puerta para intentar escuchar algo.


Ranma puso su codo en el escritorio de la generala y se recargó en su mano poniéndolo en un puño y acercando su mejilla en él.

—¿Podemos ir a lo importante? —preguntó Ranma porque quería saber cómo la arrestaron.

La generala echó para atrás su cabeza, recostándose en su silla.

—La verdad desconozco la razón de cómo Izanami llegó a ese alto edificio y supo que Akane estaba ahí, pero Akane se las ingenió y pudo entrar aquí y robar el decadente y cuando llegue...Izanami caía desde el piso número 10, pero el decadente la salvo. Se las ingenió y sin que Akane se diera cuenta, se lo quitó.

—Pero ¿Cómo fue eso posible? —preguntó Ranma.

—No lo sé. —respondió. — Tal vez fue un deseo de Izanami para volverse a enfrentar a Akane nuevamente, acuérdate que el Decadente concede el deseo si en verdad lo deseas. Su deseo, creo fue sobrevivir. Lo que sé es que ahí cambiaron las cosas entre ellas porque a partir de ese momento, Izanami quería matar a Akane.

—¡Qué! ¿pero no sabe lo que pasó? —preguntó Ranma nuevamente con ese miedo de que ella lo volviera intentar.

—Jamás quisieron decirlo, pero sabemos que ahí, salió esa promesa. —confesó la pequeña mujer.

—¿Promesa? —preguntó confundido.

—La promesa de que morirían juntas. —bajó la mirada, pero respondió firme.

Izanami escuchó eso y comenzó a recordar aquel día.

¿Por qué te recuerdo a él? ¿Aquel hombre que te desgracio la vida? ¿Por eso estás interesada en mí? —preguntó molesta y a punto de llorar.

Akane no respondió mientras la tenía pegada hacia la ventana sujetándola por el cuello.

¿Por eso quieres el decadente? —decía con una voz ahogada. —para no conocerlo y vivir una vida en paz. —agarró el brazo con la que tenía del cuello, sin intentar quítalo. —Solo porque me parezco a ese hombre, no tienes interés en mí por lo que soy, solo por una persona a quien no conozco ni quiero conocer. —dijo con mucho rencor a ese hombre. — Eso es una vergüenza para mí. Me equivoque contigo, Akane. Solo eres una chica que quedó despechada y no puede olvidar.

¡Tú no sabes lo que pase! —gritó la chica con lágrimas. —Él siempre me insultaba, pero no importaba, porque sabía que estaba conmigo, pero yo fui la tonta que jamás se acercó por miedo al rechazo o porque se burlara de mi. ¡No lo soportaría! Pero paso, y se burló de mi de la peor manera. A pesar de todo lo que me decía, me enamore de él y verte hace que mi odio crezca más.

¿Tanto para matarlo? ¿En este momento me piensas matar para satisfacerte porque no puedes matarlo a él, pero a mí si, porque soy una desconocida? —preguntó con rabia.

Si. —respondió fríamente.

Lánzame por la ventana entonces, —dijo Izanami bajando la mirada.

Akane se sorprendió, quería su propia muerte.

pero si sobrevivo, a partir de este momento hagamos la promesa de que las dos moriremos juntas. Si aceptas, rompe el vidrio con mi cuerpo y saldré volando por el aire. ¿Aceptas?

Si.

Akane hizo caso y agarró con fuerza el cuello de la chica y rompió la ventana saliendo la chica del edificio y cayendo desde más de diez metros.

Izanami sonrío.

Eres una idiota. —susurró con lágrimas.

Todos los espectadores que eran huéspedes y habían salido por desalojo de la policía, gritaron de terror al ver a una joven cayendo. Usui empujó a todos y gritó su nombre. Shun se había quedado estático y no hacía nada para detener y evitar su muerte. Una luz brillante salió del vientre de la chica y su velocidad empezó a disminuir lo que hizo que Usui pudiera observar donde caería. Abrió sus brazos y pudo atraparla en sus brazos. A dos metros la luz desapareció. Usui cayó de rodillas con la mirada hacia el frente, sus ojos más abiertos y lagrima saliendo. Estaba pálido, pero pudo salvar la persona a quien más quería y era lo que importaba. Pudo sentir en sus manos vidrios que estaba incrustados en la espalda de la chica, y uno muy grande incrustado en su estómago. Escucho decir su nombre en un susurro por lo que salió de su crisis emocional y la llevó a la ambulancia que se encontraba ahí.

Akane pudo observar desde la ventana rota que se había salvado. En ese momento llegó la Generala con varios de sus hombres.

Akane Tendo estas arrestada por homicidios múltiples, secuestro e intento de asesinato hacia Izanami Osawa. —dijo mientras la esposaba. Akane no puso resistencia y se dejó sin dejar de mirar hacia abajo. —tienes derecho a guardar silencio y cualquier palabra puede usarse en su contra.

La generala la guió hacia la salida de la habitación salía con una sonrisa.


Midori esperaba la respuesta de Akane. Sin embargo, Akane no pudo evitar pensar que a pesar de que no tenía nada que ver con la pregunta que le había hecho, recordó sin poder explicarlo el día de la promesa. Sonrío porque sabía que ahí fue donde su vida dio un nuevo giro y entendió que no había marcha atrás, lo hecho, está hecho. Si la vida fuera así, cambiar el pasado y que fuera en cada momento, no habría aprendizajes en la vida. No necesitaba el decadente para ser feliz, buscaría su propia felicidad.

Miró a Midori que esperaba su respuesta y sonrío como hace tiempo no lo hacía.

—Me volví a enamorar de él. —respondió —Eso es lo que me pasó al verlo y escuchar su voz nuevamente.

—¿Cuál será la estrategia del plan? —preguntó Midori con una sonrisa.

—Vivir el presente... y ser feliz. —contestó poniéndose de pie. —Creo que será todo por hoy, me siento mal y me cabeza me está doliendo. —abrió la puerta y salió de la habitación.


Ranma, Nabiki y Akane entraron a su casa, siendo Akane quien entró primero, después Nabiki y al final Ranma que cargaba una maleta pequeña. Akane venía bien abrigada con bufanda y saco, el mismo que usó en la persecución.

Ranma miraba la maleta pequeña de Akane, era muy poca. ¿Acaso pensaba quedarse poco tiempo? Eso era algo que no iba a permitir, no otra vez.

—Me imagino que estas conmocionada por estar aquí después de mucho tiempo, —habló Nabiki. —bueno estuviste aquí mientras estabas dormida, pero despertaste estando en el consultorio del doctor Tofu.

Akane no respondió y no mostraba cierto interés, era como indiferencia de estar en su casa.

Cuando vio entrar a Kasumi, su rostro cambio y no dudó en lanzarse en sus brazos y abrazarla, llorando por primera vez.

Ranma sonrió después de todo el caos que sucedió, pudo sentir a la Akane de antes, aunque sea un poco, se sintió feliz de ver cómo sollozaba en los brazos de Kasumi.

Akane se separó de Kasumi y limpió sus lagrimas con el dorso de su mano.

—Me alegra que estemos todos, bueno casi todos. —sonrió brevemente.

Eso les hizo recordar a Nabiki y Ranma en decirle sobre la muerte de su padre.

—Akane...—habló Ranma teniendo la atención de la chica. —tengo que decirte algo, es sobre tu padre...

—No te preocupes, Ranma, —interrumpió Akane. —lo sé, ya lloré lo suficiente a mi padre. —respondió con una sonrisa leve.

—¿Cómo te enteraste? —preguntó Nabiki.

—Ese maldito de Ryoga...—susurró Ranma con molestia.

—Iré a descansar. —dijo Akane dirigiéndose a las escaleras.

—Iré contigo. —habló Ranma.

—No, —negó Akane. —solo por esta noche quiero estar sola. —se acercó a Ranma, le quitó el equipaje y subió.

Ranma se entristeció, tal vez ya no había oportunidad con ella. Se fue por el pasillo dirigiéndose a la cocina.

Nabiki y Kasumi no se sorprendieron de Akane pero si de la reacción de Ranma.


Ya eran más de las doce de la noche, Ranma estaba recargado en la puerta que daba hacia el estanque. Tenía una bebida en lata en su mano y la agitaba mirando el cielo nocturno. No podía dormir a pesar de que ya llevaba dos días sin dormir bien. Esperaba que cuando Akane despertara, al fin podría dormir en paz, pero no era así. Se sentía menos tranquilo que cuando había llegado Akane en su situación. Tal vez era mejor que él se fuera, pero aún era demasiado pronto para eso. Ni siquiera a podido hablar con Akane y hace unas horas era el momento indicado para hablar, pero ella se lo negó. En otro momento no lo hubiera hecho, pero pensó en lo cansada que debía estar, que dejó que mejor descansara.

Después de escuchar la historia, tal vez comprendía un poco más a Akane del porque no volvió, pero no puede perdonar que nunca intentó por lo menos una vez comunicarse para saber si estaba bien, pero recordaba las palabras de Shun, de que habían hecho lo posible por hacerla feliz pero siempre había momentos en el que ella estaba deprimida.

Con respecto a Izanami, después de lo sucedido en la oficina le quedó más que claro que era una Saotome. No creo que sea necesario ni una prueba más. Tal vez lo intente, pero sigue sin agradarle en lo más mínimo, pero tal vez si la trata un poco más y ella también diera de su parte, puede que tenga una relación más tranquila.

—¿Me pregunto si ella también hizo lo posible porque Akane fuera feliz? —se preguntó refiriéndose a Izanami.

—¡Claro que si! ¡No lo dudes! —chillo Izanami apareciendo a un lado de ella, o más bien, recargándose de lado contrario de Ranma.

Ranma se asustó y casi cae al césped, pero pudo detenerse y sujetarse antes de caer. Aunque la lata si cayó y se derramó.

—Tendrás que ser idiota. —espetó viendo la lata que derramó en el césped. —¡Toma!

Le lanzó una lata de té, nueva y Ranma la cacho y se dio cuenta que era igual a la suya por lo que dedujo que entro a la cocina. Cuando la miro también traía una.

—Oye... ¿Entraste a la cocina? —preguntó el chico irritado.

Izanami le dio un sorbo y sonrío, confirmando lo dicho. Izanami venía con suéter blanco de manga larga, pantalones del mismo color y botas negras que le llegaban un poco arriba de los tobillos.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Ranma más tranquilo. —Nos seguiste, ¿verdad?

Izanami le dio un trago a su bebida y tardó en responder.

—Quería saber que fue lo que te dijo la generala.—pidió hablando seriamente.

Ranma escupió la bebida. ¿En serio pregunta eso?

—¿Pero como no lo sabes? Si estabas a tras de la puerta junto con tus tíos, hermanos, lo que sean tuyos. —le recordó el chico con molestia. Recordó que cuando salió, todos ellos, incluyendo Akane, cayeron al abrir la puerta.

—Shun es como mi padre, aunque sea un idiota, —respondió con una sonrisa nostálgica. —mientras que Usui... no lo tengo bien definido, pero siempre se preocupa por mi... —respondió pensando que era él para ella. —es mi favorito...—susurró la chica con una sonrisa.

—Lo único que me falta para estar menos intranquilo es darle su merecido a Ryoga. —dijo aplastando la lata. —Ese...

—Maldito cerdo. —dijeron ambos chicos al mismo tiempo.

Los dos se voltearon a ver y comenzaron a reírse.

—Shh... cállate— calló Ranma aun riéndose. —podemos despertar a los demás, tienes una risa muy fea.

—¿Qué te pasa? es igual a la tuya. — dijo la chica con una lágrima en el ojo y riéndose, hace tiempo que no se reía así.

Los chicos se seguían riendo y eso fueron los sonidos que escucho Akane, se detuvo cuando los vio y se hizo hacia atrás y los observó por un momento. Era inevitable no sonreír. Había bajado porque había ido a la habitación de Ranma porque se sintió mal como lo trato, sabía que quería hablar con ella, pero no lo dejo por miedo. No podía dormir y más por el respirador al que tenía que estar que era muy incomodo. Estaba muy intranquila por lo que decidió ir a su habitación a hablar, pero no lo encontró y dedujo que tal vez estaba en el Dojo pero no estaba y la última opción era la cocina. Pero cuando vio a los dos chicos riéndose no pudo evitar esconderse por un momento para verlos.

Sin embargo, prefirió mejor dejarlos solos sin interrupción y volvió a su habitación. Parecía que esta noche dormiría en paz.

Después de un rato, Izanami le explicaba a Ranma la razón del porque Akane supo de la muerte de su padre.

—Ryoga no se lo dijo. —afirmó Izanami. Los dos chicos estaban sentados viendo el estanque, estaban más cerca, pero sin tocarse. —En aquel entonces no lo conocía, ni Akane lo había visto. —explicaba Izanami. —Un día, nos hablaron por teléfono para decirnos que Akane había escapado de la cárcel.

—¿Escapado? —preguntó Ranma asombrado. Cada vez se sorprendía más de Akane.

—Si, en ese momento tenía que ponerme abusada y planear cómo mataría a Akane —miró al chico. —porque sino, ella se adelantaría...pero...

—Eres mala para los planes. —sonrió el chico.

—Así es, —contestó la chica de la misma manera. —pero no me fue difícil encontrarla porque ese día dio la casualidad de que vi el periódico y supe de la muerte de su padre.

—Si...—suspiró el chico. —los vecinos le hicieron un memorial. —dijo recordando aquellos días.

—Así que sin decirles nada a Shun y Usui, y por supuesto a la generala, vine Nerima y tenía razón, ella estaba en el entierro escondida a unos metros.

—¿Qué? —el chico se levantó impactado. No creía lo que ella le decía, pero recordaba algo, sentía una presencia conocida aquel día, pero por más que buscaba, no lo encontraba. Era ella... no lo podía creer.


¿Cómo es posible que solo te escapas para esto?—preguntó Izanami que se encontraba atrás de ella. Ambas estaban atrás de un árbol y montón de arbustos alrededor.

Akane había conseguido una chamarra larga negra y un gorro para esconder su cabello que ya había crecido, solo un poco, pero si lo suficiente para recogérselo. Pero eso era lo que menos le importaba. La noticia de la muerte de su padre la paralizó y se odio a sí misma por no haber aprovechado esos últimos momentos con él.

Tenía ganas de llorar, pero aguantaba porque no quería que nadie la oyera. Estaba lo suficientemente alejada porque sabía que, si acercaba de más, Ranma se daría cuenta de su presencia. Sabía que Izanami la buscaría, pero no pensó que la encontraría ahí mismo.

Como siempre... me dejas a lo ultimo. —reclamó Izanami.

¿Por qué siempre quieres convencerme que tú debes de ser mi mayor prioridad? —preguntó Akane sin dejar de ver la ceremonia de su padre. —si fueras hombre diría que estás obsesionada conmigo... no, espera...así es. No es necesario ser hombre.

Me sorprende que seas chistosa en estos momentos. —en verdad le molesto su comentario.

No lo negaba, sabía que había cierta obsesión, pero ni ella sabía él porque, siempre quería estar cerca o más bien como se sentía en esos momentos, pero también tenía ganas de mandarla con su padre. Se dio cuenta de que las personas se iban, se acercó a Akane y la puso de rodillas para esconderse y que nadie las viera.

Después de que ya no había nadie, se puso de pie y miró a la chica que aún estaba en el suelo, tenía la mirada en un lugar lejos de ahí.

Te dejaré que te acerques para que te despidas de tu padre. —le permitió Izanami. —Después de que te despidas iras conmigo y te llevaré de nuevo a prisión.

Está bien. —respondió Akane.

Mientras caminaban, Izanami sacó su radio y pidió refuerzos.

Usui, estoy en el distrito de Nerima con Akane. —dijo aplastando el botón del aparato.

Después de unos segundos se escucharon los gritos de él provocando sustos y muecas en Izanami y Akane.

¿Y lo dices así, tan tranquila? —gritó el chico. —¡¿Estás con esa maniaca?!

¿Me dijo maniaca? —preguntó irritada Akane.

¡No es necesario que pidas refuerzos! —siguió gritando el chico. —te dejaré que te mate esa psicópata, amargada, despachada, abusiva y mi...

Akane agarró la radio porque ya comenzaba a molestarla y le gritó tan fuerte para que se le quedará grabada esas palabras.

No sé quién eres, pero lo sabré cuando vengan por mí y no usare mi fuerza asesina con Izanami, lo haré contigo y te dejaré cortado en mil pedazos en un callejón, amargado, gritón, bipolar, viejo y bueno para nada que no sirve como hombre. ¿Entendiste maniaco oxigenado peliteñido? —lo insultó hasta el cansancio.

¡Wow! Le dijiste todas sus verdades. —dijo Izanami sorprendida mientras le daba el radio. —Fue fabuloso. —dijo encantada.

Llegaron a la tumba y se puso de rodillas, no dijo palabras, pero después de un rato no aguantó y llora. Era lo único que podía hacer, solo repetía la palabra "perdón".

Izanami no sabía si sentirse mal o feliz, pero sentía lastima por ella, tal vez no era una mala persona, pero eso no quitaría las ganas de matarla, era una promesa que no podía romper.

Escuchó la recarga de armas, no tardaron mucho en llegar. Había armas y ofíciales alrededor de ellas, incluyendo Shun y Usui.

¿Maniaco Oxigenado, peliteñido? —masculló Usui lo que le provocó risa ante los demás.

No lo puedo negar, fue buena esa, — no dejaba de reírse la generala. —pero concentrados muchachos. Akane Tendo no te muevas, estas nuevamente arrestada y esta vez recibirás un castigo que no olvidaras. —sonrió la mujer.

Akane se dio la vuelta y sonrío.


—¡Izanami! ¡Izanami! —llamaba Ranma.

Izanami salió de sus recuerdos cuando escuchó la voz de su hermano.

—¿En qué pensabas? —preguntó Ranma.

—En nada. —respondió Izanami. —No importa, pero, hay algo que tengo que platicar contigo.

—¿De qué se trata? —preguntó Ranma mirando a ver a la chica y poniendo sus manos hacia atrás para recargar su cuerpo.

—Es sobre Akane y por qué quedó en coma.

—Eso es algo que no han explicado. —dijo el chico con interés.

—Después de que Akane y tú se fueron, no encerramos por dos horas en la oficina de la generala hablando sobre eso. El caso es... que yo no fui quien la atacó.

Ranma se asombró, él creía que así había sido.

—Es cierto que yo salí en busca de Akane, pero cuando llegue me había enterado de que ella estaba hospitalizada, solo pregunte cómo estaba y eso fue todo para irme y desaparecerme por un tiempo. Le pedí hospedaje a Miki pero ya sabes cómo terminaron las cosas. —dijo con una gota de sudor en su frente.

—Espero no verla nuevamente. —dijo Ranma con una gota de sudor en su frente.

—Usui pensaba que había sido la generala porque Akane no cumplió con su palabra y después de que yo me fui, ella salió corriendo por mi y entonces una manera de detenerla era atacándola y golpeándola, pero no fue ella. Por lo que llegamos a la conclusión...

—¿Qué conclusión? —preguntó Ranma.

—Esta es la tercera vez que alguien ataca a Akane y la última vez había sido en el funeral de su padre

—¡Qué! —Ranma empezó a respirar agitadamente. —¿Qué fue lo que pasó Izanami?

Izanami comenzó a relatar.


Akane se acercó a Izanami con las manos levantadas. Se acercó a su oído.

Parece que nuestro combate quedará para la próxima...—le susurró.

Estaré esperándolo ansiosamente. —sonrió la chica.

Sin embargo, no sus años de práctica de artes marciales fueron en vano. Vio un brillo al fondo de los arbustos, alguien estaba escondido. Sus ojos se abrieron de más, agarro del cuello a Izanami con su brazo girándola y agarrando la pistola de la chica que tenía en su cinturón.

Todos pensaron que quería matarla, pero cuando Akane apuntó a los arbustos y disparo, cayó un hombre con una herida de bala en la cabeza.

Todos quedaron asombrados y sobretodo Izanami que por un momento vio toda su vida. Su corazón latía desenfrenadamente. Era la primera vez que estaba cerca de Akane y de esa manera, sintió un cosquilleo en su estómago y además que se sentía tan bien estar en sus brazos, pero no sabía porque pensaba en esas cosas. ¿Qué acaba de pasar? ¿Quién era ese hombre? Volviendo a la realidad.

La generala quedo impresionada, pero después de eso pensó en una brillante idea.


Sentía miedo, alguien intentaba matar a Akane. Tenía que estar siempre al pendiente de ella, debía protegerla, era su deber como su prometido. Apretó sus puños, su sangre hervía de furia y coraje.

—Después de eso, la generala la contrató y fue un caos y un alivio a la vez.

—¿Por qué? Creí que te caía mal Akane, supe por la generala que tenías al principio problemas con ella. —dijo recordando lo que le había platicado en la tarde.

—Si, pero después de eso, consiguió un teléfono y me hablaba todos los días para molestarme y lo peor de todo es que la generala lo sabía y no hacía nada. —se quejó recordando los primeros días después del funeral y Akane, aun en prisión.


Izanami estaba en su escritorio trabajando en la máquina de escribir haciendo unos informes de denuncias. Desde de lo ocurrido con Akane, Shun se lo ocurrió la idea de que estuviera en oficina todo el tiempo y eso le molestaba, pero no le quedaba de otra que obedecer.

El teléfono comenzó a sonar y contestó sin dejar de revisar unos papeles.

Hola. —habló Izanami.

Disculpa, ¿Ahí sirven café?

Perdón, pero si es una broma, no caeré en eso. —contestó la chica de mal humor, de por sí ya lo estaba y no le causaba gracia.

¡Uy! Que humor. —habló una voz de mujer.

Esa voz...— Izanami revisó que no hubiera nadie y se escondió y susurró. —¿Akane? ¿Eres tú?

¡Sorpresa! ¿Te gusto mi chiste? —preguntó de buen humor.

Ni terminaste de contarlo. —se quejó Izanami. — ¿Cómo conseguiste un teléfono?

Alguien me dio una tarjeta de teléfono, aquí todo es fácil...es el paraíso para mí. —dijo la chica maravillada.

Después de eso, cada día y a la misma hora, llamaba por teléfono empezando con un chiste malo, desde el punto de vista de Izanami.

Sonó el teléfono e Izanami estaba tan distraída tomando café que no se fijó en la hora.

Hola. —contestó Izanami.

Dime, ¿Te gustan los payasos? —dijo con una voz baja y malévola.

Izanami solo hizo una mueca, sobándose la cabeza antes de comenzar a pelear. Era algo de todos los días.

Al siguiente día...

Hola. —contestó Izanami.

Había una vez, un perro que se llamaba pegamento que se cayó y se pego. — rio Akane.

¿En serio? —Izanami estaba harta. —Ese es el peor de todos de los que me has contado.

Y así hubo varias veces más.

El teléfono nuevamente sonó e Izanami contestó

Hola.

Las flores rojas son hermosas, como el color de la sangre... pero cada vez que la veo me acuerdo de tu sonrisa. —habló Akane poéticamente. —Cada vez que digo este poema que escribí me dan ganas de verte, Izanami.

Izanami respiró hondamente, soltó el teléfono, agarró un papel y lo hizo bola y se lo lanzó, rozando el cabello de Usui, ya que su escritorio estaba a un lado de ella.

¿Por qué sigues molestándome? —gritó Izanami.

La bola de papel le pegó a Akane que estaba en un escritorio a un lado de Usui.

¿Tienes ganas de verme? ¡Estoy aquí y me estas viendo! —gritó Izanami. A pesar de que ya no estaba en prisión, trabajaba y vivía con ella, no dejaba de hacer bromas por teléfono.

Usui solo escuchaba los gritos y peleas de ellas, estando en el medio, sacó sus pastillas para el dolor de cabeza. ¡No las soportaba!


Eso le causo mucha risa a Ranma, sabía que Akane era mala para los chistes, pero esto era bastante. Ya se las imaginaba.

— Sin embargo...tengo que confesarte algo—Izanami miró a Ranma. —Cuando me secuestro, no fue la primera vez que vi a Akane. Ella y yo nos conocimos cuando yo tenía siete años y ella nueve años.

—¿En serio?

—Si, sonrió la chica. —fue en una feria. —la chica empezó a recordar.


Usui llevaba de la mano a Izanami que apenas era una niña. Tenía más o menos tres años viviendo con ellos y a Shun se le ocurrió la idea de llevarla a divertirse a una feria.

Muy bien Izanami, —Usui soltó la mano de Izanami y se puso de rodilla para estar a la altura de la niña. Ella venía con un vestido rosa de tirante que le llegaba por debajo de la rodilla. Usui venía con pantalón negro y camisa blanca, como normalmente era, solo que sin corbata y saco. —te daré estas fichas para que juegues.

Usui empezó a mirar alguno que podría ella jugar mientras buscaba a Shun. Encontró uno de disparo donde había muchos peluches.

Puedes jugar en ese, —señaló el juego con pistola. Sin embargo, Usui se distrajo cuando vio una chica guapa pasando cerca de ellos. —buscare a Shun, así que espérame. —dijo sin dejar de ver como bobo a esa chica.

Izanami voltea a ver dónde estaba mirando Usui y lo miró con el ceño fruncido.

¡No es cierto! — chilló Izanami. —te iras a seguir a esa chica guapa.

Usui salió de sus pensamientos cuando escuchó a la niña gritar.

Por supuesto que no. —se defendió Usui.

Esa chica es muy fea, yo soy bonita. —Dijo mostrando una sonrisa.

Izanami, entiende que tienes siete años y yo soy un hombre mayor, —le explicaba a la niña. —tu y yo no nos casaremos.

Algún día, te callare esa boca de niña. —Izanami se fue de mal humor.

Usui miró como la niña se acercaba a ese juego y sacó de su bolsillo una pelota de hule y empezó a aplastarla repetitivamente y con fuerza para liberar su estrés.

Izanami llegó al juego a lado de una niña que estaba concentrada mientras disparaba. Izanami vio un peluche de panda grande y sus ojos brillaron, lo quería y conseguiría ese peluche.

Puso atención en la niña que estaba a un lado, tenía un vestido verde de tirante y tenía cabello azulado y corto.

Hola, mi nombre es Izanami. —saludó Izanami.

La niña dejo la pistola, miró a Izanami y le sonrió.

Mi nombre es Akane. —saludó la niña.

¡Qué bonito nombre! —dijo Izanami.

Mi papá me lo puso. — sonrió orgullosa. —Mi papa es peleador de artes marciales. —presumió Akane.

¡Genial! yo amo ver gente golpeándose. —quedó con la boca abierta de la emoción, al igual que Akane.

El dueño del juego le dio el peluche de panda a Akane, por su ronda en el juego. La cara de Izanami se entristeció al ver cómo le entregaba el peluche.

¡Yo quería ese peluche! —gritó Izanami.

Lo siento, pero yo lo gane. —se disculpó Akane.

Izanami entrecerró sus ojos y se acercó a ella.

Sabes artes marciales ¿Verdad? —preguntó la niña seriamente.

Sí, soy muy buena. —contestó Akane.

Amabas niñas se miraron atentamente, con el ceño fruncido. Akane soltó el peluche y se desato el caos.

¡PELEA! —gritaron ambas niñas comenzando a jalarse el pelo y caer al suelo.

¡Policía! ¡Policía! —gritó el dueño del juego.

Usui intentaba relajarse, pero cuando escucho gritar la palabra "policía", no le tomó importancia, pero cuando escuchó que eran dos niñas, solo vino a su mente.

¡IZANAMI! —gritó Usui deteniendo a las niñas.


Ranma no paraba de reír, si le creía, Akane era muy violente desde niña, pero de repente recordó lo de Akane. La risa de Rama se detuvo.

—Nos desviamos mucho, Izanami. —se quejó Ranma.

—Bueno quería contarte un poco de mi vida y los años de Akane. —se justificó.

—Sí, pero más bien, pareciera que me estuvieras contando todas tus desgracias en donde perdiste contra Akane. —contestó Ranma. —Además de que ese peluche aún está en el cuarto de Akane. —dijo para hacerla rabiar un momento.

—¡No me lo recuerdes! —gritó enojada de que ella no lo pudo conseguir. —Ok, volviendo al tema...tú conoces mejor a Akane. — miró a Ranma. —No era la primera vez que había un malentendido entre ustedes ¿o me equivoco?

—No te equivocas. — contestó Ranma.

—¿Y qué hacía Akane? —preguntó Izanami.

—Se enojaba y me ignoraba por días, pero a veces se iba por unos días y al siguiente día regresaba porque yo la buscaba y la atraía a fuerzas.

—¡Exacto! —chasqueó los dedos. — ¿Entonces porque esta vez fue diferentes?

—No entiendo tu punto. —Ranma estaba confundido.

—Piénsalo Ranma... ¿Cómo es que Akane se enteró del decadente? —preguntó seriamente.

Ranma se tensó.

—Si yo que vivía con Usui y Shun nunca lo supe y si me entere fue por Akane, ¿Cómo es que ella sí lo supo?

Ranma no sabía que responder, pero esa inquietud empezó ¿Por qué no había pensado eso?

— y después de esto, mi teoría es más que segura, Akane no trabajaba sola, alguien la ayudó y la destruyó y quiere acabar con ella. Tal vez por su traición. Alguien le enseñó a asesinar porque déjame decirte que era muy buena. — dijo recordando las veces que le mostró ese don de ella.

Ranma seguía sin responder, estaba estático.

—Tal vez ella se fue por unos días para pensar un poco las cosas y en ese tiempo lo conoció y la convenció de eso, robarlo y olvidarse de ti. ¿Después de usarlo que haría con él? Esa persona era quien en verdad quería el decadente y lo peor de todo es que Akane lo protege.

—¡Suficiente Izanami! —interrumpió Ranma. —No puedo seguir escuchando, el solo pensar en eso me irrita.

—Lo único que te pido es que me ayudes averiguarlo porque si dejamos las cosas así, Akane puede morir. —se levantó y miró seriamente a Ranma. —Mañana quiero que me acompañes a ver a Miki.

—Por si lo recuerdas, ella te quiere matar. —dijo pensando en que no sería una buena idea.

—Sí, pero resulta ser es que Miki fue secuaz de Akane por lo que ella es la única que nos puede decir que hizo Akane después de que se fue de esta casa y antes de conocerla. —dijo con determinación ya que nadie la detendría hasta no llegar al fondo de todo esto. —Bueno, más bien, antes de volverla a ver porque la conocí de niña. —se corrigió en lo que dijo.

Ranma no lo pensó y aceptó la propuesta de Izanami, todo esto lo haría por la mujer que tanto amaba.