Capitulo XIII. ¿Recuerdas al amor?
¿El amor sería su próximo plan?
Desde hace varios años su vida es un plan. Trabajar, obtener dinero, gastarlo en cosas importantes y crear su empresa. Ahora estaba sentada en su sillón con una soda al lado, y un gran peluche en sus brazos. Mientras recordaba la bella noche que había pasado con InuYasha. Su confesión de amor hacia ella, su beso, sus momentos junto a él. Y todo la lleva a una cosa.
Esta enamorada de InuYasha, y ya no se puede negar.
Sonrió ante esa verdad. Nuevamente estaba enamorada, después de años sentía cosquillas en el estomago, sonreía sin motivo, bailaba sin música y hasta abrazaba un peluche. El teléfono resonó en el departamento, rápidamente corrió a el. Al ver el número en la pantalla se decepcionó, era Sango.
Tomó la llamada.
- Buen día, Sango - Saludó.
Buen día ¿Cómo te fue anoche?- Conocí a la ex esposa de InuYasha, vi a su madre después de muchos años y fuimos a cenar a un restaurante muy caro donde pasamos una velada inolvidable... Me fue súper, exceptuando lo primero - Rió ella.
¡OH wow InuYasha no me dijo todo eso! ¿Es linda la ex esposa de él?
- Una súper modelo de España. Pelo rubio, ojos azules y muchos, muchos atributos - Recordó ella amargamente.
¡OH espera no te me amargues! ¡InuYasha te quiere a ti! ¿Se te declaro no?- Si pero... Yo no le supe que decir, no se si darme otra oportunidad con él - Respiró profundo - Estoy muy confundida respecto a la extraña relación que tenemos ahora ambos - Concluyó.
¿Lo quieres?- Lo amo, siempre lo he hecho - Confesó agradeciendo que Sango no estaba viéndola sonrojada.
¿Entonces qué dudas?
- Si realmente InuYasha y yo podemos llegar lejos esta vez - Soltó mirando por la ventana como un extraño auto se aparcaba.
¡Kagome no pienses más y cuando llegue InuYasha dile que lo amas también!
- ¿Cuándo llegue InuYasha? - Del auto salió el ojidorado con un enorme peluche, un Shopping muy bonito y un gran ramo de rosas - ¡OH por Dios! ¡Estoy en pijama! - Rápidamente fue a su cuarto pero el teléfono no era inalámbrico así que el cordón la jalo y cayó de espaldas al suelo - Auch - Se quejó escuchando a Sango reírse.
Tranquila el te quiere como sea, hablamos y ya sabes dile que lo amas date la oportunidad- OK. OK. OK bye - Cerró e inmediatamente se escuchó el timbre.
Miró la puerta con terror. Estaba en pijama, no se había peinado y menos prepararse para recibir visita. Se miro al espejo. No estaba tan fea. Caminó lento hasta la puerta. Respiró profundo y abrió.
Allí en la puerta estaba el de espaldas a ella. Esa espalda tan ancha que se hizo con el tiempo, porque el ultimo InuYasha no tenia idea de que tendría ese cuerpo. Sonrió nostálgica, extrañaba abrazarlo y besarlo como hacia cuando tenia miedo.
- Buen día InuYasha - El chico en cuestión saltó al escuchar el saludo.
Ella rió por la palidez del chico.
- Lo siento estaba distraído - Dijo este con una sonrisa nerviosa.
Ella lo invitó a entrar con la mirada. El chico entró metiendo el enorme peluche hasta el sillón, junto al ramo de rosas y el Shopping que tenia intrigada a la pelinegra. El chico se sentó con un suspiro en el enorme sillón blanco de la pelinegra, ella se sentó al lado.
- Los detalles... ¿Son para mí? - Preguntó intrigada.
- Si, menos el Shopping hasta dentro de una hora cuando hablemos - Confesó con un ligero sonrojo.
- ¿Hablar de qué? - Cuestionó muchos más curiosa que antes.
El ojidorado se le quedó mirando hasta que, repentinamente, se acercó y la besó. Ella respondió sin restricciones, correspondió ese beso. El se movió para acercarse sin separarse de ella, tomo con su mano derecha la mejilla izquierda de la pelinegra mientras el beso se profundizaba.
Ella envolvió sus brazos en el cuello del chico, al sentirlo cerca. Se sintió feliz en ese momento, y estaba dispuesta a todo. La desesperación y la pasión se hacia presente en ese beso. El aire les comenzó a faltar a lo que ambos se separaron sonrojados y agitados.
- Es extraño - Rió ella recuperando su respiración normal.
El la miró extrañado.
- ¿El qué? - Preguntó.
- Los besos, los regalos, tu declaración... Todo eso, creí que no se volvería a repetir nunca más - Confesó ella recordando hace cinco años los terribles días que había pasado con la ausencia del chico.
El chico unió su nariz a la de la chica.
- A mi me parece algo maravilloso - Dijo lamiendo sus labios incitando a otro beso.
La chica lo besó de nuevo esta vez con ternura. Fue más un roce de labios, pero un roce de labios perfecto. Se sintieron en el cielo, y volvieron a la tierra. Fue mágico. El roce seguía sin pasar de ahí, era perfecto así hasta que sonó el celular de la chica.
Ella se separó, y tomó el celular.
- ¿Si? - Veía como el ojidorado entraba a su cocina.
¿Kagome? ¡Que bueno que contestas!
- ¿Madre? - Preguntó sorprendida.
Si, Mi amor. Hace mucho no te comunicas y deseo verte. Ay kagome ¿Cómo puedes abandonar a tu madre de esta manera? Todos estamos aquí esperando tu visita, mi amor has cambiado de ciudad no de vida. ¿Cuándo vienes?
- Pues... La verdad no tenía eso en mis planes - Concluyó ella sintiendo como su cocina era invadida.
Nunca me enojo, Kagome. Pero te voy a dar una orden y es que vengas el fin de semana a pasarlo con tu familia, y no se habla más sabes que te quiero pero eres mi hija, y me debes visitar ¿no?
- Si - Dijo resignada.
¡OK te espero trae visitas!
- ¿Visitas? ¡OK, mamá! No puedes pretender que... - Fue interrumpida por su madre.
No pretendo nada, jovencita. Que pases buen día te amo adiós.
Su madre había colgado. Hablaría con Sango para llevarla con su madre, aunque tampoco era obligatorio. No había tenido tiempo de visitar a su madre con todo su trabajo, el chico que ha invadido de nuevo su vida, los planes con los chicos.
Bueno... No tenía tiempo para pensar en eso. Ahora tenía todo un adonis en la cocina esperando por ella, y algo le dice que durará el día completo con ella. Se acercó a la cocina para encontrarse con el ojidorado preparando lo que parecía ser una comida.
- OH Ya terminaste... ¿Me ayudas con las albóndigas? - Le preguntó este al sentirla en la cocina.
- Claro - Inmediatamente se preparó para cocinar.
Mientras ella volvía rollitos la carne el chico estaba concentrado en observar la pasta para que no se ablandara demasiado. El chico de repente se le queda mirando mientras hacia los rollitos era demasiado hermosa la escena, quería que fuera así siempre. Cocinando juntos, conviviendo juntos. Siempre juntos.
Ella lo miró al rato.
- ¿Qué pasa? - Preguntó confundida.
- Te amo - Dijo con plena confianza.
Se acercó, le rozo la mejilla con su mano. Estaba sonrojada que linda se veía así.
- Yo... también te amo - Balbuceó ella provocando una sonrisa en el chico.
- No sabes lo feliz que me haces - Declaró.
- ¿Te hago muy feliz? - Preguntó ella pasando sus brazos por el cuello del chico.
- No hay números para contar lo feliz que soy cuando estoy contigo - Expresó él rozando sus labios contra los de ella.
Ella hizo un gesto de oler algo. Y miró al ojidorado con una sonrisa.
- Creo que la pasta se esta por quemar - Dijo ella divertida.
- ¿Qué? ¡OH no! - El ojidorado corrió a apagar la estufa.
La sacó del recipiente. La puso en un recipiente sin agua. Mientras el agua hervida lo dejaba en otro recipiente, si es que quedaba algo de agua. La chica reía por la rapidez del muchacho, era un buen cocinero. Se nota que un tiempo el tuvo que ser el cocinero de su casa. InuYasha siempre ha sido así, puede tener sirvientes, pero el siempre ha preferido hacerlo todo solo.
El orgullo Taisho. Como lo llamaba ella.
Luego de que paso el susto el chico volvió a mirar a la pelinegra. Y le sonrió. Le encantaba verla reír, y aunque sabia que era de él que se reía no importa. La única que se puede reír de el, es ella. Mientras ella sea feliz, no le importara ser el causante de su risa.
- ¿Cómo los prefieres? - Preguntó.
- ¿Qué? - Cuestionó confundida.
- ¿Prefieres los espaguetis blancos o rojos? - Cuestionó riendo.
- Mmm....... Sigue haciendo los rollitos, y yo terminaré los espaguetis te haré algo que te gustara - Guiñó el ojo.
- De acuerdo - Asintió.
Ella se acercó a su cocina, donde ella guardaba sus recipientes, de allí sacó un sartén. Lo puso en la estufa con el fuego a media velocidad. Picó cebolla, ají verde en pedazos chiquitos para que no se sintiera. La verdad era que daba un sabor exquisito, pero un pedacito es muy desagradable en particular. O eso pensaba. Un poco de sazón natural. Hecho aceite para freírlo todo junto.
Algo faltaba. Se quedó pensando.
- ¿Cómo se llama lo que estas haciendo? - Preguntó interesado el ojidorado mientras se lavaba las manos.
- espaguetis blancos con jamón - Dijo ella.
- OK bueno me he dado cuenta de que cocinas malísimo así que por favor no dañes la pasta - Rió el al recibir un golpe juguetón de la chica en su brazo.
¡OH si! El jamón, y el maíz.
Rápidamente picó pedacitos de jamón y lo hecho a la sartén a freírse también. Busco una lata de maíz, la vació en el sartén. Buscó leche rápidamente, otra cosa que faltaba. Vertió un poco en el sartén, lo movió hasta que todo junto parecía una crema. Busco los espaguetis y lo vertió en el sartén. Movió, movió y movió.
- Ya solo hay que esperar que se cocine - Dijo para si misma.
- ¿Debo enojarme porque mi novia tiene todo un bar en su casa? - Preguntó observando todas las botellas de alcohol que tenia la chica en su casa.
- ¡OH! No, no debes enojarte. Siempre en el trabajo me regalan bebidas, ya que no saben que regalarme ¡Ah bueno! Los enamorados a veces me regalan joyas caras, pero nada fuera del otro mundo - Dijo llamando la atención del ojidorado, y sobre todo de sus celos.
- Comprendí. Y no, no debo enojarme por lo de los enamorados porque mis enamoradas allá en España siempre me invitaban a comer a su casa, me regalaban caros perfumes ¡Ufff.....! Y recuerdo esa vez que una chica hizo un pastel para mí ¡Uy! Estaba delicioso - Siguió el juego llamando la atención de los celos de la chica.
- Que mal que están tan lejos, ahora - Aclaró ella mirándolo.
- No lo lamentes, les di mi dirección por Chat así pueden hacerme la visita - Dijo con una mirada sugerente.
- ¡OH! Entonces estamos bien los dos, porque mis enamorados todos se saben mi dirección - Devolvió la indirecta.
Se giró hacia los espaguetis. Los apagó. Los sacó, y los sirvió en una cacerola. Ordenaron la mesa con todo lo que habían preparado.
Se sintió como si el tiempo hubiera retrocedido cinco años atrás. Cuando un beso de InuYasha era una de las cosas que más deseaba a cada despertar suyo. El ojidorado se separó para luego acariciarle la mejilla con ternura dejando sorprendidos a todos.
- Estas… hermosa esta noche – Susurró sensualmente en el oído de la chica.
Ella sonrió ante el halago. Dándose cuenta del juego que el ojidorado esta jugando con ella. Lo tomó de la camisa acercándolo hasta sentir su respiración sobre la suya.
- Tu te ves… exquisito esta noche – Soltó ella.
Ambos se sonrojaron ante la comprometedora posición que ambos tenían.
Ella estaba tomándolo de la camisa atrayéndolo hacia ella. El tenía una mano en su mejilla como si fuera a besarla.
- ¡Chicos la cena…! – Calló el pelinegro al ver los protagonistas del show que tenia a todos en silencio.
Sonrió.
- ¿Necesitan privacidad? – Preguntó al estar cerca de la pareja que inmediatamente se separó.Ella rió sola al recordar ese día.
- ¿De qué te ríes? - Preguntó confundido incitándola a sentarse en la mesa que tenía al frente de la suya.
- ¿Te acuerdas de la noche de navidad? - Preguntó ella.
La botella volvió a girar sorprendiendo a más de uno, pero satisfaciendo a muchos.
- ¡Kagome e InuYasha! – Gritaron todos excepto los nombrados.
Ambos se miraron con timidez. Se acercaron hasta sentir sus respiraciones. Aquel cosquilleo que siempre sentían cuando se besaban y eran adolescentes.
Sentían sus labios como dos imanes queriendo atraerse. Necesitaba tocar esos labios rojos de nuevo para satisfacer esa necesidad.
Sus labios rozaron como un simple pero luego de poner un poco de distancia ambos cerraron los ojos acercándose nuevamente hasta dar con un beso.
La lengua del ojidorado invadió la boca de Kagome reconociendo de nuevo aquel sentimiento tan extrañado por ellos. La tomó de la mejilla para acercarla más hacia él. Ella se abrazó al cuello de él tratando de quitar toda distancia entre ellos.
El aire les comenzó a faltar al mismo tiempo en que se separaban para nuevamente besarse con ímpetu.Se sonrojo furiosamente ante el recuerdo de esa noche. Pero la sonrisa de orgullo fue lo que más llamo la atención de la pelinegra.
- InuYasha... ¿Qué estas recordando? - Preguntó nerviosa.
- Lo que me mandaste a recordar - Exclamó el inocentemente.
- ¿Estas... recordando el... beso? - Tartamudeó ella.
- No - Se defendió rápidamente.
- Se que estas pensando en eso - Delató ella.
- ¿Y cómo puedes saber lo que estoy pensando? ¡OH vamos! Deja tu paranoia – Dijo el fingiendo seguridad.
- La dejaré cuando tu admitas que estabas pensando en el beso, eso no es nada malo como quiera soy tu novia ¿o no, amor? – Propuso ella sonrojando al chico de nuevo.
El la miró sonrojado para luego pasar a una expresión de egocéntrico. Se paró de la silla y caminó hasta quedar hincado a la altura de la chica. La vio sonrojarse ante su cercanía eso sería más fácil, y divertido.
- ¿Qué pasa si hubiera pensado en eso? – Cuestionó dejando boquiabierta a la muchacha que no esperaba aquella pregunta tan directa.
Jeje
Hola. ¿Cómo están? Mucho tiempo, si lo se. Bueno sin más
previstos les entrego este capitulo que hice con mucho cariño para
ustedes nos vemos pronto, créanme esta vez aunque no lo
merezca. Nos vemos. Se les quiere de gratis.
