Primer recuerdo que incluyo en el fic. Que lo disfruten!
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El fin de semana había sido una pesadilla. Un paciente murió y resultó que había contagiado a su pareja, que casi se muere a no ser por la intervención del neurólogo del Hospital. Resultado: lunes a las 11 de la mañana y Cameron apenas estaba llegando. Con el cansancio se le había olvidado poner el despertador y se había quedado dormida.
- Llegas tarde, - le espetó House desde el despacho. – Me falta mi café, - hizo ruido con la taza sobre la mesa y Cameron se fue directo a la cafetera.
- Tú deberías estar en la clínica...
- Necesito el café para estar despierto.
- Con toda la cafeína que ingieres me sorprende que aún te haga efecto...
House se levantó de su silla y fue hasta la sala de Diagnósticos, deteniéndose junto a la pizarra para apoyarse despreocupadamente en su bastón.
- Cuddy me ha dicho esta mañana que debo conseguirme dos empleados más. Tu oficina te quedará pequeña otra vez.
Cameron presionó el botón de encendido de la cafetera y se volvió hacia el nefrólogo.
- ¿Debo suponer que has mirado siquiera la pila de currículums que tienes sobre tu escritorio?
- ¿Currículums? – Se asomó por un momento a su despacho. - ¿Esos son currículums? – Vio a su empleada cruzarse de brazos y apoyarse contra la mesada. – Revísalos tú y dame cuatro opciones. Al fin y al cabo van a ser tus compañeros.
- ¿No piensas contratar a nadie por su aspecto, historial delictivo o padres importantes?
- Tú eres bonita y sabes allanar propiedades ajenas. Y no necesito a niños mimados que corran tras mi empleada más antigua...
La joven médica se volteó otra vez con una sonrisa ladeada. Escuchó que una silla se corría y enseguida de nuevo el ruido de la taza. Para cuando se le acercó con la jarra su jefe ya estaba sentado muy cómodamente con sus pies sobre otra silla, estirándole el recipiente con expresión lastimosa.
- Te sale muy mal el papel de necesitado.
- Pero contigo me funciona, - le sonrió. Ella no pudo evitar sonrojarse.
Una vez servido el café, dejó la jarra en su lugar y fue a ponerse su bata para ir a las consultas. Efectivamente, salió de Diagnósticos y se metió en el ascensor, pero al revisar sus bolsillos notó que su identificación no estaba. Pensando que se le habría caído, volvió sobre sus pasos, y al entrar otra vez en su oficina se encontró a House en el mismo lugar donde le dejara... y con su placa entre los dedos.
- Devuélvemela, - exigió, extendiendo la palma abierta.
-Revisa los currículums, - intentó negociar. Cameron se acercó para quitarle el prendedor, pero el nefrólogo se puso de pie, alzándolo por encima de su cabeza para dejarlo fuera de su alcance.
- Dame mi identificación, - reiteró, molestándose. Al no obtener respuesta se puso de puntillas para arrebatársela. Incluso pegó un saltito. Nada, no llegaba.
- ¿Vas a elegir a tus nuevos compañeros?
Cameron sonrió. Era hora de cambiar de táctica.
Lo tomó del cuello de la camisa con ambas manos y se valió de ese apoyo para acercarse rápidamente a su rostro y cubrir su boca con la propia. Por un instante lo notó tensarse, pero deslizó su lengua fuera y lo obligó a separar sus labios. Ya lo tenía rendido. Llevó una mano a su nuca para forzarlo a inclinarse más, facilitando para ambos el tour por la boca ajena. Y cuando él bajó el brazo opuesto al del bastón para pegarla más a su cadera, ella se escabulló limpiamente, quitándole el prendedor en el proceso.
Emprendió la retirada velozmente, pero la voz de House la detuvo en la puerta.
- Te he dicho que besar y apuñalar no está nada bien...
- Obtuve lo que quería, ¿no? – Le mostró triunfal la identificación. – Además, me lo haces fácil. Has respondido al beso otra vez... – Le sonrió ampliamente, dejándolo descolocado, y se alejó por el pasillo.
El nefrólogo maldijo al aire. ¿Desde cuándo se ponía tan blandengue cuando la tenía a ella cerca? Había adoptado eso de besarlo como modus operandi. ¿Por qué? No, esa no era la pregunta correcta. Tenía que preguntarse por qué él se empeñaba en responder al beso. Dos veces ya.
Un esbozo de sonrisa apareció en su aún húmeda boca. Se pasó la lengua por el labio inferior lentamente. La respuesta no era difícil, por mucho que intentara negarlo. El despido de Chase había sido una excusa para quedar solo con ella. La renuncia de Foreman había caído del cielo. Y que Cameron no se fuera tras el rubiales a Arkansas tenía que ser una especie de señal. Ella quería seguir con él pese a todo. Y viceversa.
Trató de salir a toda velocidad por el pasillo para alcanzarla, pero vio desde la oficina cómo el ascensor se cerraba. Esperó al otro y bajó. Y corrió (o eso intentó) hacia la consulta donde la vio desaparecer a lo lejos.
- ... siéntese en la camilla y quítese la camisa... – comenzó a ordenar ella sin mirar. Pensaba que el sonido de la puerta se debía a la entrada de su paciente. Igual, House hizo lo pedido. Cuando Cameron volteó se sobresaltó al verlo allí con el torso desnudo. La estupefacción dio lugar al nefrólogo para estirar la mano y quitarle otra vez el prendedor. Acto seguido, estiró un poco la cinturilla del pantalón y los boxers y lo dejó caer dentro.
- Quítamelo, - sonrió desafiante.
Apenas cinco minutos después House salía de la salita abrochándose la camisa. Ya se estaba escabullendo de la clínica cuando lo interceptó Cuddy.
- Te saltaste un botón, - le señaló.
- Y a ti se te olvidó una manga de tu blusa, - replicó haciendo alusión a la prensa asimétrica. La Decana obvió el comentario.
- ¿Qué haces saliendo de la consulta de Cameron con la camisa desabrochada?
- Me la acabo de tirar. Un rapidito de cinco minutos. – Ante la ceja enarcada de la jefa agregó: - Si no me crees, ve y pregúntale... – Ya se iba cuando la escuchó otra vez.
- A tu consulta. Ahora. O te cancelo tus Vicodin de esta tarde.
Se giró sobre su talón izquierdo y cojeó sobre sus pasos.
- Castradora, - murmuró al pasar por su lado.
Lo vio entrar a una sala de consultas, y tras asegurarse de que un paciente iba tras él, se dirigió a donde estaba la inmunóloga.
Se sorprendió de verla de lo más tranquila, prolija y arreglada. Casi esperaba que lo que House había dicho fuera verdad.
- ¿Qué sucedió aquí? – interrogó poniendo los brazos en jarras. Cameron se encogió de hombros.
- Los hombres creen que una es estúpida y que conseguirán todo sin esfuerzo.
Cuddy frunció el ceño.
- Te está acosando, - afirmó, más que preguntar. – Sabía que no debía dejarlo solo contigo...
- Al contrario, soy yo quien lo acosa. Pero eso no significa que tendrá todo en bandeja.
Ahora sonrió. Debió haberlo imaginado. El malhumor de House no concordaba con un rapidito.
- No te doblegues muy rápido, - aconsejó antes de dar media vuelta para irse.
- Aceptó un trato de siete citas informales, - explicó. La Decana la miró por sobre el hombro. – Tendrá lo que quiere si aguanta siete citas... – La vio fruncir el ceño otra vez.
- ¿Y tu identificación?
- Dentro de los boxers de House.
Enarcó una ceja y luego elevó las manos en señal de rendición.
- No quiero saber. Espero que sepas lo que haces...
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