Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.
Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.
Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.
La historia está escrita desde el punto de vista de Rosalie.
Los personajes de esta historia son HUMANOS.
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12.
- Rosalie, cariño. ¿Qué te pasa?
- Nada.
- Ya. Anda, deja que te ayude.
Estaba en el suelo del cuarto de baño, de rodillas al lado del retrete, en el que acababa de echar mi desayuno. Victoria me apartó el pelo de la cara y me pasó una toalla. Me limpié la boca con ella y me senté en el suelo. Victoria tiró de la cadena y se sentó a mi lado.
- Venga, dime. ¿Que te pasa?
- Nada. - repetí.
- ¿Tengo que decirlo yo?
- No. - me cubrí el rostro con las manos y cerré los ojos.
- ¿Se lo has dicho a alguien?
No respondí, aunque negué con la cabeza.
- ¿Ni siquiera a él?
Volví a negar con la cabeza, suspirando.
- ¿Sabes de quien es?
- No. - Me puse en pie como pude y fui hacia mi cama.
Victoria se tumbó a mi lado al momento, con su móvil en la mano.
Hacía ya un mes que había tenido mi primer retraso menstrual, lo cual me había asustado mucho. Yo nunca había tenido ningún retraso. Pero cuando ese mes tampoco me había venido, me acojoné viva. Fui a la farmacia, me compré dos tests de embarazo y ambos dieron positivo. Me desmayé y Victoria me encontró en el suelo y empezó a sospechar algo. Me obligó a ir al médico y allí me lo confirmaron de nuevo y volví a desmayarme.
No se lo había dicho a nadie porque en realidad no sabía quien era el padre, aunque deseaba de corazón que el bebé fuera Emmett.
- Pues vas a tener que hacer algo.
- Ya lo se, pero no se por donde empezar.
- Empieza por llamar a tus padres. - dijo, dándome su móvil. - No es plan de que vuelvas el mes que viene a casa y te vean con el bombo.
- No digas tonterias. No creo que se me note hasta dentro de un par de meses o así.
Victoria me golpeó en el hombro y dejó su móvil en mi mano.
- Llama a tus padres. - ordenó. Me dieron ganas de mandarla a la mierda, pero lo estaba haciendo por mi bien. Era una gran amiga.
- Vale. - Me rendí. Victoria besó mi mejilla y salió de la habitación.
Respiré hondo mientras marcaba el número de casa y me puse a temblar en cuanto oí su voz. Llevaba dos meses sin hablar con él, a pesar de que nos mandábamos e-mails todas las semanas.
- ¿Diga?
- Ho-hola. - dije, sintiendo como se aceleraban los latidos de mi corazón.
- ¿Eres tú, Rosie?
- Si.
- Tu padre volverá en pocos minutos.
- Tengo que... tengo... - ¿por qué se me hace tan dificil hablar con él? ¿Es que estoy tonta o qué? - tienes que saber algo.
- Cuéntame.
- Por teléfono no.
- ¿Cuando vas a volver?
- En un mes.
- Pero... terminas las clases mañana.
- Si. Pero estoy trabajando y no me dan vacaciones hasta el mes que viene, que es cuando cierran. - dije, sentándome en la cama.
- ¿Es algo importante?
- Mucho.
- Emmm ...Tu padre acaba de llegar.
No me dio tiempo a decirle nada más, ya que mi padre se puso al teléfono. No quería decírselo por telefono, pero no había otra forma de hacerlo. Había puesto el manos libres de la base del teléfono inalámbrico y, tanto él como Alexandra, se quedaron mudos en cuanto dije la palabra embarazo. Evidentemente, ambos dieron por supuesto que el padre era Jacob y mi padre, cuando recuperó el habla, me preguntó si ya se lo había dicho a Jake. Entonces la que se quedó muda fui yo. "¿Como puedo saber quien es el padre antes de que llegue el gran momento?"
- ¿Cariño?
- ¿Eh?
- Rosalie, ¿te encuentras bien?
- Estoy bien, tranquila, Alexandra. - mentí. Y me pilló de inmediato. "No se mentir."
- No sabes mentir. - dijo Alexandra, soltando una risita. - Aunque es comprensible. Estás viviendo momentos difíciles y estás lejos de casa, aunque ya sabes que puedes contar con nosotros para lo que necesites.
- Gracias, Alexandra. - dije, emocionada. - Nos vemos en un mes, papis.
- Adiós. - dijo Alexandra. Mi padre seguía sin habla.
- Adiós.
Colgué el teléfono y me tumbé de nuevo en la cama, aunque no estuve así por mucho tiempo. Fui al cuarto de baño y empecé a llenar la bañera con agua caliente. Cogí mi mp3 y empecé a desnudarme y me quedé mirándome al espejo. En realidad, empezaba a notárseme un poco la tripa.
Nunca había pensado en la psibilidad de quedarme embarazada, y mucho menos tan joven, pero desde que había descubierto mi estado, me había emocionado y ya ansiaba que llegara el momento de tener a mi bebé en brazos.
Me metí en la bañera, me puse los auriculares y puse el mp3 en marcha con algo de música chillout. Cerré los ojos, intentando dejar mi mente en blanco. No quería pensar en nada. Necesitaba relajarme, aunque no lo conseguí. El rostro de dos personas aparecieron en mi mente, y ya no pude dejar de pensar en ellos. La insinuación de mi padre me tenía de los nervios.
Jacob y yo habíamos estado saliendo durante algo más de siete meses. Siete meses de sexo sin proteción y nunca habíamos tenido ningún susto. Me tomaba la píldora y había confiado en que sería totalmente efectivo.
- ¿Rosalie?
- Si?
- ¿Donde estás?
- En la bañera. - dije, quitándome los auriculares, aunque volví a cerrar los ojos y a intentar no pensar en nada. Gran fracaso.
- ¿Has conseguido relajarte?
- No.
- ¿Has hablado ya con tu padre? - abrí los ojos y vi a Victoria en la puerta del cuarto de baño.
- Ya se lo he contado. A él y a Alexandra.
- Y?
- Cren que Jacob es el padre.
- Comprensible. - asentí con la cabeza. - ¿Tú que piensas?
- Quiero pensar que Emmett es el padre, aunque no puedo estar segura al cien por cien. ¿Me pasas una toalla, por favor?
- Claro. - Victoria me acercó la toalla y salió del baño.
Me puse en pie, me cubrí con la toalla y volví a la habitación. Victoria estaba frente a su ordenador, preparando sus vacaciones de verano. Me había dicho que quería ir de viaje, pero aun no sabía a donde ir.
- ¿Aun no has elegido destino?
- No, pero ya he hecho una selección. Sitios en los que haya playa. - dijo, señalando el mapa.
- Vente a Santa Mónica conmigo. - cogí mi peine de encima de mi mesita y me senté en la cama, peinándome distraídamente.
- ¿Lo dices en serio? - dijo, volviéndose de golpe.
- Si.
- ¿De verdad?
- De verdad. Quiero que conozcas a mis padres, a Jacob, a Alice...
- ¿Y a Emmett? - preguntó con picardía, alzando una ceja.
- No. - dije, rotundamente. Pobre de la que se acercara a mi Emmet.
- Prometo no intentar nada con él. - dijo, alzando ambas manos. No pude evitar ponerme a reír. - Y ese Jacob... tiene algún amigo o...
- Tiene un hermano y un primo. Viven los tres juntos. - me quité la toalla y me puse uno de mis vestidos.
- ¿Como se llaman?
- Su hermano se llama Seth y su primo James.
- Ya tengo ganas de conocerles. - apagó el ordenador y fue hacia la nevera. Reí. Era toda una loba.
Cogió dos cervezas pero, cuando estaba a punto de darme una, dio media vuelta y cambió mi cerveza por un zumo de naranja.
- Gracias. - abrí mi zumo y empecé a beber lentamente. - Entonces, ¿aceptas?
- Claro.
- Mis padres estarán contentos de conocerte.
- Yo también. ¿Qué? ¿Te vienes esta noche de fiesta? - dijo, empezando a bailar por la habitación.
- ¿Y potar por toda la pista de baile? Paso.
- Pero tienes que salir.
- No tengo intención de hacerlo. - me tumbé en la cama y me tapé la cara con la almohada.
Sentí a Victoria acercarse, se sentó a horcajadas sobre mis piernas y me quitó la almohada de la cara.
- Que estés embarazada no significa que tengas que quedarte encerrada.
- No es por eso.
- ¿Entonces?
- Quiero estar cerca del baño cuando vuelvan a darme las nauseas.
- Solo te dan por la mañana.
- Victoria, no me apetece aunque, si te sirve de consuelo, saldré a pasear un rato esta tarde, antes de ir al trabajo. - cogí mi almohada de la mano de mi amiga y volví a cubrirme la cara. - Iré a leer un rato al lado del lago.
- Me sirve. ¿Bajas a comer? - preguntó, quitándose de encima.
- No.
- Pero tienes que comer.
- Y comeré, pero cuando tenga hambre.
- Comer chocolatinas y doritos no es comer.
- Bajaré a comer más tarde. - mentí. No tenía ninguna intención de bajar a comer. Solo tenía ganas de estar en la cama.
- No te creo. - Canturreó. - Prométemelo.
- Yo no hago promesas.
- Pues vas a tener que hacerlo, si quieres que te deje tranquila. - comenzó a hacerme cosquillas y yo comencé a patear debajo de su cuerpo.
- Juro que bajaré a comer en una hora como mucho.
- Vale. - dijo, bajándose de encima de mí.
Victoria cogió sus cosas y fue hacia la puerta.
- Victoria.
- Si?
- Me apetece un helado de trufa. Y galletas. De esas que tienen trocitos de chocolate.
- ¿Chips a Hoy?
- Si.
- Cuando vuelva lo tendrás aquí.
- Gracias, Vicky.
Victoria me guiñó un ojo se marchó. No tardé mucho en quedarme dormida. Solo me desperté porque mi móvil comenzó a sonar. Era un mensaje de Victoria. Decía que bajara a comer, que ya había pasado una hora desde que se había marchado.
Como la señorita ya me había despertado, decidí hacerle caso. Cogí mi bolso, con mi móvil y un libro dentro y fui hacia el comedor. Me compré un bocadillo y fui paseando hacia el lago, al que llegué media hora más tarde. Me senté en el suelo, a la sombra de un gran árbol, y empecé a comerme mi bocadillo de atún mientras estrenaba el libro que me había comprado la tarde anterior. Estuve leyendo durante una hora más, hasta que dieron las tres y media.
Esa tarde solo iba a trabajar tres horas, como hacía todos los viernes. Con lo que cobraba, estaba planeando comprarme un coche pero, en ese momento, encontré un mejor uso para ese dinero. "Será todo para mi bebé."
Esa tarde tuve mucho trabajo, ya que en la oficina solo estábamos la jefa y yo, trabajando en los planos de una casa, que tenía que entregar esa misma noche.
- Creo que lo tenemos. - dijo, después de dar varias vueltas alrededor de los planos. - ¿No te lo parece?
- Yo creo que si, aunque...
- ¿Aunque qué?
- Esto. - dije, señalando la parte del piso de abajo del edificio. - Tal vez...
- Dime. No te cortes.
- Creo que si pusiéramos una columna aquí y aquí, podríamos agrandar el balcón y poner...
- Si! Es verdad. - mi jefa, la señora Cullen, cogió el plano e hizo unos dibujos a lápiz por encima. - ¿Como lo ves?
- Yo lo veo perfecto.
- Que suerte que vinieras a Nueva Orleans. - dijo, sentándose en su silla, a mi lado. - ¿Que iba a hacer yo sin ti?
No supe como responder. Sentía como el calor invadía mis mejillas y, al momento, Esme se puso a reír.
- Bueno, terminamos por hoy. ¿Quieres que te lleve de vuelta a la universidad?
- Se lo agradezco, señora Cullen, pero...
- Esme, por favor.
- Gracias, Esme, pero prefiero ir dando un paseo. Me vendrá bien. - dije, poniéndome en pie. Siempre había oído que, durante el embarazo, era bueno caminar. A parte, a mi me gusta mucho caminar.
- Pero ha oscurecido.
- Haré luz con el móvil. - dije, provocando que se pusiera a reír. - Gracias por el ofrecimiento.
- De nada. Nos vemos el lunes.
Cogí mis cosas y me marché. Inconscientemente, llevé una mano a mi tripa, acaricándola por encima del vestido. "Que pasen ya estos siete meses. Quiero tenerte ya entre mis brazos."
Cuando llegué al campus, me fijé en que había luz en mi habitación, lo cual me resultó muy extraño. En teoría, Victoria se había marchado a las seis y no volvería hasta que cayera la madurgada. Sino era ella, ¿quien podía ser?
Eché a correr hacia el edificio y subí los escalones de dos en dos los cuatro pisos. Saqué un pequeño spray pimienta del bolso que me había comprado Bella cuando comencé a trabajar y también cogí mis llaves. Abrí la puerta de la habitación con cuidado, intentando no hacer ningún ruido. Vi una sombra en el baño, entré en la habitación y me escondí al lado de mi armario, que estaba al lado del cuarto de baño, y esperé a que el desconocido o desconocida saliera de allí.
Estaba cada vez más nerviosa, protegiendo mi vientre con mi brazo, alzando la mano en la que tenía el spray.
La sombra empezó a moverse, sus pasos se oían cada vez más cerca. Me acerqué un poco más y, cuando le tuve a tiro, le di al spray.
- ¡¿Quien eres?1 - grité, mientras le dispara en los ojos, provocando que se pusiera a gritar. - ¡¿Qué haces en mi habitación?!
- Me cago en la puta, Rosalie! - gritó, cayendo al suelo de rodillas, con las manos cubriéndole los ojos. - Creo que me voy a quedar ciego!
Cuando oí su voz, casi me desmayo. Sentí como empezaba a perder fuerzas y me tambaleé hacia la cama.
- Como escuece!
Me volví para mirarle y le vi, aun arrodillado en el suelo. Quería levantarme, acercarme y acompañarle al cuarto de baño a que se lavara los ojos, pero no conseguía que mis piernas obedecieran a mi cerebro.
- Estos cacharros deberían estar prohibidos.
Por mucho que lo intentara, no podía moverme. Ni siquiera podía hablar. Tampoco sabía que decirle.
- ¿Rosie? - se sentó en la cama, a mi lado, y me cogió de la mano.
- Eh?
- Rosie, cariño. ¿Que te pasa?
- ¿De verdad eres tú? ¿De verdad que estás aquí?
- Estoy aquí.
- Oh, Emmett.
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Hola, hola.
Espero que el capi os haya gustado. Al fin Emmet y Rosalie están juntos.
¿Que pasará a partir de ahora?
Espero vuestras opiniones y comentarios.
Besitos.
