Squall estaba dispuesto a afirmar que estaba viviendo el mejor y más emotivo momento de su vida. La derrota de Artemisa no contaba, pues la había seguido ese problema de la compresión/descompresión temporal que había estado a punto de acabar con él. La fiesta posterior había sido un evento social, con todo lo que eso implicaba y su primer beso con Rinoa había sido estropeado por su voluntariosa y estúpida panda de amigos discutiendo a gritos quién había agotado la batería grabando chorradas. Los quince segundos anteriores, sin embargo, estaban exentos de todas esas inconveniencias y Squall estaba seguro de que siempre recordaría ese nudo que se formó en su garganta cuando Seifer, que encabezaba la marcha, se giró hacia ellos y con la voz constreñida también por la emoción, anunció:
-El tomberi ha llegado a su destino.
Los SeeDs se miraron entre ellos con los ojos brillantes de lágrimas contenidas.
-Creía que este momento no iba a llegar nunca –suspiró Quistis.
-Bueno, tenía que llegar –respondió Irvine-. Al fin y al cabo esta isla no es tan grande.
-Acerquémonos despacio y echemos un vistazo. Luego decidiremos nuestro curso de acción –indicó Squall uniendo la acción a la palabra y avanzando con cautela hasta el límite del follaje.
El campamento tomberi estaba plagado de esas pequeñas y fastidiosas criaturas que evolucionaban de un lado para otro con lo que parecía ser más apuro del habitual. Incluso el tomberi al que habían estado siguiendo hasta entonces pareció acelerar su paso en cuanto se reunió con los de su especie. La ceja enarcada de Irvine a su izquierda y el encogimiento de hombros de Rinoa a su derecha le confirmaron que también ellos consideraban ese comportamiento extraño en esas estúpidas criaturas por lo que Squall, aunque sus entrañas se retorcían en rebelión ante la idea, se sintió obligado a preguntar a Zell:
-¿Es esta rapidez alguna característica propia del tomberi desalumbratis? –susurró.
-No sabría decirte, macho, te recuerdo que son criaturas únicas y los ficheros de la ADMU todavía no han sido actualizados con la información pertinente. Pero les voy a echar un Libra –añadió remangándose una manga imaginaria, como un mago preparándose para hacer un truco especialmente asombroso- Los hechizos Libra de la ADMU incluyen una herramienta de autodiagnóstico utilísima para utilizar con nuevas criaturas.
-Estoy seguro de que me sorprenderá –contestó Squall sin entusiasmo alguno- Venga, no hagas esperar a tu público.
GRACIAS POR EMPLEAR NUESTRA NUEVA HERRAMIENTA DE AUTODIAGNÓSTICO. *Si detecta alguna anomalía en el uso de esta aplicación diríjase al departamento de Evolución Continuada de nuestra oficina ADMU más cercana*
ADMU: La diversidad en la unicidad.
Diagnosticando….
Tomberi Desalumbratis
Fuerza: La justa
Inteligencia: Aproximadamente la de dos peces de colores.
Resistencia a la magia: Sin comprobar
Tamaño: stándard*
Velocidad: no mucha*
Color: el verde habitual*
Ropaje: Túnica sucia y manta térmica espacial de ultimísima tecnología*
Característica especial: no lleva candil*
*aportación facilitada por uno de nuestros miembros en contacto directo con la criatura*
NO EMPLEEN ESTA INFORMACIÓN PARA DAÑAR, SI NO PARA PRESERVAR LA BIODIVERSIDAD DEL PLANETA, AUNQUE SEA DE TIPO MONSTRUIL. GRACIAS POR SU COLABORACIÓN.
*Actualizando información*
-Es impresionante lo que se puede hacer cuando tecnología y magia se dan la mano, ¿eh? –afirmó Zell, asintiendo para sí mismo con aire satisfecho.
Después de todas las experiencias acumuladas en esa isla, Squall ya no tenía fuerzas para responder a ese tipo de comentarios. Se enfrentaban además a un problema peliagudo. Entre ellos y su libertad se interponían un centenar de tomberis, eso en el supuesto de que a esas alturas los tomberis no hubieran roto ya los circuitos de la radio que habían robado. Eso significaría jugarse el tipo contra ellos para nada. Y jugárselo de forma particularmente complicada porque no tenían con ellos a Diablo ni una buena provisión de hechizos Gravedad.
Quistis pareció seguir la misma línea de razonamientos de Squall:
-Si peleamos, nos van a machacar. Son demasiados, ¿qué tal si intentamos negociar?
"¿Negociar con inteligencias equivalentes a las de dos peces de colores? Por favor… bueno, espera un momento, no creo que Zell llegue a la inteligencia de un solo pez de colores y trato con él todos los días. A lo mejor no sería tan complicado…"
En ese momento, proveniente de un estrecho sendero a la derecha de los SeeDs hizo su entrada en el claro el Rey Tomberi, 20 veces más grande que cualquiera de sus súbditos y… Squall torció la cabeza a un lado, tratando de descubrir qué era lo iba mal en esa imagen.
-Que Rey Tomberi más raro, ¿no? –susurró Selphie-. Es el primero que veo que no lleva corona.
"Ah, era eso. Debe ser cierto eso que dicen de que las mujeres se fijan más en los detalles vitales, como qué llevaba puesto el asesino, o si usaba un buen tinte para el pelo…"
-Zapatéale un Libra a éste también –instó Irvine a Zell- Seguro que nos da alguna información útil.
Ignorando el resoplido despectivo de Squall, Zell lanzó el hechizo con herramienta de autodiagnóstico y todo. El resultado fue el mismo que el hechizo anterior con únicamente dos variaciones:
Tamaño: Mucho.
Inteligencia: Aproximadamente la de cuatro peces de colores.
"¿Cuatro peces de colores? A ver si va a ser demasiado listo para nosotros…"
-¡Ja, cuatro peces de colores! –exclamó Selphie- ¡Con lo difícil que es poner de acuerdo a dos, imagínate a cuatro!
"Eso no lo había pensado. Gracias Selphie por devolverme la esperanza."
-Muy bien, tropa, éste es el plan: A los tomberi les encantan las cosas, no importa lo útiles o inútiles que sean, así que vamos a hacerles regalos. Entraremos en su campamento repartiendo pociones, piedras bonitas y cualquier cosa que tengáis, excepto las colas de fénix.
-Nos van a atacar, tío.
-A lo mejor no. No están acostumbrados a la gente –apuntó Quistis-. El tomberi al que seguimos no nos amenazó en ningún momento.
"Tiene la inteligencia suficiente para saber que suponemos el mismo peligro que una ardilla vieja"
-A medida que nos adentremos -continuó Squall-, fijaos bien. Estamos buscando nuestras cosas, así que estad atentos a cualquier tipo de acumulación de objetos, aunque sean basura. Intentaremos hacer algún tipo de intercambio con el Rey Tomberi. Si no lo acepta o si las cosas se ponen feas habrá que salir por pies de ese asentamiento, pero solo huiremos después de haber recuperado al menos los circuitos y mi sable pistola. ¿Alguna pregunta?
Irvine levantó la mano
-¿Quién hablará con el Rey Tomberi?
-Quistis. Ella entiende de diplomacia.
-Deberías hablar tú, que para algo eres el rey de la isla –se inmiscuyó Seifer-. Y además, lamento decirte que hueles como uno de ellos. Eso es un punto a favor del mutuo entendimiento.
El resto de ceporros que componía esa unidad SeeD de élite mostró su conformidad y sin espíritu para discutir con ellos, Squall aceptó el cambio con un brusco movimiento de cabeza.
-No tiene sentido retrasarlo más. Adelante. Id con los ojos bien abiertos.
Se adentraron en el campamento tomberi con las mejores de sus sonrisas, repartiendo obsequios a los sorprendidos bichos y consiguiendo que éstos les siguieran de tal forma que cuando se detuvieron ante el Rey tomberi estaban rodeados por una amplia cohorte compuesta por prácticamente toda la tribu tomberi.
-Rey tomberi –comenzó Squall, haciendo una inclinación y todo. Al fin y al cabo era capaz de mostrarse servil si la ocasión lo requería-. Hemos llegado recientemente a vuestra hermosa isla y hemos decidido acercarnos a presentarle nuestros respetos, y a intercambiar con su Majestad regalos que simbolicen nuestras buenas intenciones.
El Rey tomberi les miró con curiosidad.
-RreEGgaaaAlos. ReEssspEetOO Aa ReeYy. YyyYo llLeeeEvarR Ttú REyY.
La mole se dio la vuelta y enfiló el sendero por el que había llegado al claro. Squall intercambió una rápida mirada con sus compañeros mientras le seguían.
-¿Habéis visto algo? –les preguntó
-Nada todavía –le respondió Seifer-. Deben tener su tesoro bien oculto.
Al final del sendero se encontraba el trono del Rey tomberi, hacia el que se dirigía el gigantesco espécimen, con su gran corona colocada sobre el asiento. Pero en lugar de sentarse en su trono, el bicho se apartó hacia un lado y se quedó quieto. Sólo entonces se dio cuenta Squall, y el mundo pareció hundirse a su alrededor, de que en el trono, prácticamente oculto por la gran corona que le rodeaba, estaba sentado Pulga…
