SEMILLA DE ODIO

Los personajes de esta historia no me pertenecen, la trama es mia.

Beta: Jocelynne Ulloa (FFAD)

www facebook com / groups / betasffaddiction

Capítulo 12

Un latigazo descontrolado amenazó mis extremidades, no era justo lo que yo esperaba, era muchísimo mejor, muchísimo mayor. Una reacción en mi cuerpo y en mi espíritu que me convertía en pasta maleable en sus manos. Sí, ella gozaba con eso. Su lengua era tibia, dulce y el suave toque de mi piel en su rostro, me hacía sentir lamidas de puro fuego. Aquella chica era lo que yo tanto había temido encontrar en mi vida, todo lo que alguna vez anhelé dentro de mí, aunque me negara a reconocerlo, sería capaz de darlo todo por ella, sin pedir nada a cambio.

Pero algo estaba ocurriendo que se me escapaba. Ella no se sacudía igual que yo, a ella no le temblaba el cuerpo ni jadeaba mientras nuestras lengua se acariciaban. Ella era como un tempano de hielo y al abrir mis ojos la observé mirándome con aquella mirada castaña que me arrancaba el alma. Tardé un segundo en comprender que estaba besando a un trozo de piedra y mi corazón se sacudió convulso.

— ¿De qué estas hecha? — Pregunté, dando un paso hacia atrás, asustado como un niño pequeño. —Ni si quiera te has inmutado.

Ella estaba como petrificada, su mirada indescifrable me hizo sentir mareado y casi exhausto.

—Pregúntale a Charles, quizás él, pueda explicártelo. —Ladró como un perro.

Inspiré profundamente y paseé las manos por mi cabello, me estaba volviendo loco. Sí, eso era lo que me estaba sucediendo, estaba perdiendo lo papeles por la hija de Charles, maldito destino de mierda.

—Tu padre no tiene nada que ver en esto. Ni si quiera se te ha acelerado el pulso. Eres como una piedra. —Siseé, mortalmente aterrado por sus palabras.

—Sí lo soy, claro que lo soy. —Caminó, aquellos dos pasos que nos distanciaban y apuntó con su dedo índice sobre mi pecho, intenté no gemir por aquel toque que me sacudía. —Yerma, hueca… y podrida de odio.

Giró sobre si misma para marcharse, pero algo me decía que la detuviera, si ella se marchaba en aquel momento me sentiría tan perdido y agobiado que mi mayor y único consuelo sería grandes dosis de alcohol. Alargué el brazo y tomé su codo a conciencia, no debía dejar escapar aquella oportunidad para preguntarle cuál era ese dolor tan insoportable que la volvía un ser insensible. Ella no se giró y su cabeza se quedó escondida casi en mi clavícula.

—Dime el por qué. Dime ¿porque eres así? —Fue un ruego, una pura necesidad de empatizar con todos sus miedos, quería que los compartiera conmigo.

—Suéltame. He permitido que tu lengua me tocara la garganta, pero no voy a permitir que me asustes. Ya no me asusto por nada ni por nadie.

Yo, ¿ella sentía que quería intimidarla? ¿Pero que clase de vida ha llevado Isabella Swan? Yo solo quería ofrecerle la poca humanidad que me quedaba, la única, quería donársela a ella.

Me rendí momentáneamente y la dejé ir, sintiendo el desespero de mi alma y mi cuerpo por su lejanía de nuevo, pero un pensamiento se escapó de mis labios junto a un suspiro desalentador.

—Yo puedo hacer que dejes de serlo, déjame intentarlo—. Susurré, emocionado—. Estoy obsesionado contigo.

Ella giró su rostro frío y casi sonrió. Me mató aquella curvatura de sus labios, la quería para mí, toda ella la sentía como mía.

— ¿Quieres obtener algo más de Charles Swan, que su dinero o su amor? ¿A su hija? —Ella amplió su sonrisa y un estremecimiento me violentó el cuerpo, ahora sonreía con animadversión. —Ni lo sueñes, nada que haya estado cerca del hombre que me procreó, tiene valor para mí. Búscate otro jueguito, Masen.

Me dejó sin palabras, tan seco como ella y la vi marcharse con un grito desgarrador ahogado dentro de mi pecho. Esto es lo que te mereces, Masen, me dije. Por ser toda tu vida un gran hijo de puta.

Pero mi cuerpo la siguió, breves segundos después de que ella desapareciera por la puerta, necesitaba saber donde se dirigía, con quien mantendría una conversación, si sus gestos no era únicamente sobrios y agrios para mi persona, si no que era un pozo de insensibilidad para todo el jodido mundo.

La vi hablando con la enana. Me recargué en una pared y la observé sitiándome un maldito acosador, pero no me importaba, no quería quitarle la vista de encima, era demasiado tentadora para mis ojos y ellos solos volaban hacia su cuerpo sin hacer ni puto caso a mi cerebro que gritaba que me diese la vuelta y fuera a flirtear con cualquier otra dama que se me pusiera a tiro, pero no. Ella se había llevado algo de mí que ni si quiera pensaba que tenía: Mi corazón, mi tierno y jodido corazón.

Cerré los ojos abrumado y recargué con pesar la cabeza sobre la pared con algo de fuerza, quizás un golpe en ésta, me sacara de aquel embelesamiento y el hombre que normalmente habitaba dentro de mí, hiciera acto de presencia una maldita vez, pero no fue así.

— ¡Edward!— La voz de Alice me pilló desprevenido y tiré de mi cabello con fuerza, descontrolado.

— ¿Qué quieres?— Pregunté, poniendo los ojos en blanco, esperando cualquier tipo de cursilería con respecto a Carlisle.

— ¿Has besado a Bella?— Su pregunta me hizo sonreír de manera pecaminosa, rememorado el correoso tacto de su lengua con la mía, la avaricia de mis manos sobre su piel.

— ¿Eso te ha dicho ella?—, pregunté mirando en la dirección donde esperaba verla de nuevo. Pero no estaba, se marchaba entre la gente y me tensé, deseando correr detrás de ella y cargarla sobre mi hombro, esconderla del jodido mundo.

Alice elevó una ceja y levantó el rostro; toda regia.

—Me ha dicho que literalmente le has metido la lengua en la garganta, Edward. ¿Qué pretendes? Bella es la hija del hombre que se ha convertido casi en tu padre—.Lo decía a modo de reprimenda y casi me echó a reír en sus putas narices.

—Me importa una mierda Charles. La quiero a ella. Punto, Alice. No preguntes más—. Dije con solemnidad, ganándome una mirada desaprobatoria por parte de mi hermana.

—No. Ella no es para ti—. Espetó ella con severidad—. Ella odia todo el entorno de Charles, Edward. No vayas por ahí, si no quieres sufrir.

Alice giró el rostro y yo la imité, ahora podía ver a la mujer que me quitaba el sentido hablando con el ser que me había dado la vida, estaban demasiado próximos y por el rostro de mi jodido "padre", parecían estar haciéndose confesiones sin la puta luz de la luna, me enderecé para ir hacia ellos y sacudir a Carlisle con un puñetazo, dejándolo desparramado en el suelo.

Alice pareció ver mis intenciones y acarició mi brazo con su pequeña mano, arrastrando el vello cobrizo de mi piel.

—Ella te odia, Edward. Te odia.

— ¡No puede odiarme! ¡No me conoce, joder, Alice! Yo no he hecho nada para que me odie. —Estaba al borde de un ataque de nervios, jamás en mi vida me había sentido así por nada y por nadie y la verdad me sacudió el alma con un golpe mortal. Cerré los ojos con furia y los restregué con fuerza, Mierda, joder. ¡No! Estoy llorando de frustración o ¿de dolor? o ¿de desamor? Jodido hijo de puta, vas a sufrir como un condenado por amor. ¿Esa es manera de redimirte, Edward Masen? ¿Esa es la manera que vas a pagar todo el dolor que injustamente causaste sin ser consciente de ello?

—Edward—. La voz de Alice me hizo gemir y me recargué sobre su pequeño cuerpo, comenzado a sentir en mi cuerpo breves convulsiones por el llanto. Ella me acarició el cabello, susurrándome palabras de aliento, pero la verdad en labios de otro es mucho más jodida de asimilar. —La amas, Edward. No sé como ha podido ocurrir, pero por primera vez en tu vida amas a alguien desinteresadamente al margen de mamá—. Mi hermana suspiró adolorida. —Lástima que sea la última persona en la cual debías de haberte fijado.

Separé mi cabeza de su hombro y la miré con la vista nublada por las lágrimas.

—Intentaré ser su amigo, Alice. Voy a luchar junto a Charles para que vuelva. Deseo tenerla cerca de mí, no me gusta como "él" la mira.

La enana frunció el ceño y dio un paso hacia atrás desolada.

—Papá y yo hemos apoyado a Bella en estos últimos tiempos. No la separes de nosotros, Edward, no creo que sea justo.

—Pero si necesario, Alice, al menos de Carlisle—. Espeté, limpiando las últimas lágrimas que surcaban mi rostro.

Ella asintió rápidamente y agarró mis manos con fuerza.

—Te deseo toda clase de suerte hermano, pero no olvides que aquel hombre de allí, es nuestro padre.

Me besó la mejilla antes de marcharse, pero me ahorré el comentario que gritaba mi corazón maltrecho. Él nunca había sido algo prioritario para mí, pero ahora se había convertido en mi enemigo. Un enemigo que debía de masacrar con todas mis armas.

.

.

.

Desquiciado y algo bañado en alcohol, llegué a casa trastabillando con la alfombra de la entrada. Tiré las llaves sobre el pequeño mueble del recibidor y caminé con paso renqueante hacia uno de los sofás que bañaba la oscuridad de la noche. Me recargué sobre éste, con un denso suspiro e intenté despojar todos los miedos que me tenían en un estado tan desesperante. Sólo debía de esperar unas horas, hablar con Charles y trazar algún tipo de plan para que Bella viviese en mi casa. Teniéndola cerca, me iría ganando su amistad y poco a poco su amor. Nunca me he visto en esta situación y he de decir que esto es mortalmente aterrador para mí, siempre han sido ellas las que han babeado por que las besara, luchado con sus artes de seducción para meterme en sus camas. Ahora el karma o Dios saben que cuento, me hacía devanarme los sesos con infinidad de planes sin sentido para tenerla cerca de mi cuerpo, ganarme su inerte corazón.

La luz de la cocina se encendió y vislumbré la figura de mi madre caminando hacia mí, preocupada.

— ¿Edward?—. Su voz como un bálsamo hizo que mis ojos volviesen a empañarse de aquel líquido correoso que casi no conocía. — ¿Qué te ocurre, mi amor?

Me levanté de un salto y ella se quedó rígida cuando mis brazos buscaron su cuerpo y lo abrazaron con fuerza.

—Mamá—. Gimoteé con desesperación. —Estoy jodidamente enamorado. —Las manos de mi madre temblaron cuando me agarraron el rostro y sus ojos impactaron con los míos.

— ¿Enamorado, Edward?—. Ella sonrió. — ¿Quién es la afortunada? ¿Y por qué lloras, hijo mío? —Su voz en un susurro, me hizo aún mas daño, pues debía de aceptar la realidad que me devastaba de una manera mortal.

—Es Isabella… ¡Mamá, ella nos odia!— Grité desgarradoramente, deslizándome hacia el suelo y quedándome hincado de rodillas, con las manos tapándome el rostro. —Ayúdame mamá, porque si no la tengo cerca, creo que moriré. —Reí preso de la locura. — ¿Se puede morir de amor?

Continuará…

Gracias a las que apoyáis esta historia y estáis pendientes de la actualización.

Es una historia que me cuesta hacerla por motivos personales y tengo que tener muy claros los sentimientos de cada personaje.

Besos a todas por ocupar vuestro tiempo en leer estas locuras y por supuesto ídem de ídem a mi fabulosa beta Jocelynne , ella es espectacular.

Sistercullen.