La habitación estaba oscura, al abrirse la puerta se fue inundando poco a poco de la tenue luz del pasillo. James Potter asomó su cabeza a través del umbral, observando sin pudor lo que había dentro.
Era la habitación de Rose, Sam, Ann y Anthea. Y él, tan tranquilo había entrado como quien no quiere la cosa. Burlando la trampa de las habitaciones de chicas y entrando con descaro a esa zona restringida, especialmente para él.
Entro en la habitación. Y acercándose a la cama de Sam tropezó fuertemente con una pila de libros que cayeron al suelo provocando un fuerte estruendo.
—Mierda, —susurró James—.
Bruscamente Ann se sobresaltó de la cama y cogiendo rápida como un rayo la varita que tenía sobe la mesita de noche, la agito lanzando un conjuro de roja llama chispeante en dirección al intruso.
—Desmaius—. Pronunció rápidamente contra James, que pudo a duras penas, defenderse.
—Protego—, el hechizo se desvaneció como la niebla antes de poder llegar a tocar al chico. —¿Qué mierda haces Prewett? ¿Quieres acabar conmigo, eh? —Gritaba—.
—¿Quieres que lo intente otra vez, creo que esta vez no fallare… —Dijo casi dormida—.
Rose se despertó sobre saltada por los gritos de estos dos locos. Encendió una pequeña vela que tenía en la mesita de noche, y con un movimiento de varita inundo la habitación con luz.
—¿Se puede saber que narices haces, James? —Dijo molesta, bostezando y estirando los brazos—.
Anthea también se despertó, y al mismo tiempo se incorporó sobre su cama. Ann que ya se había despejado completamente se levantó rápidamente de su cama y fue hacia James varita en mano.
—¿Se puede saber quién te has creído para meterte en nuestra habitación de madrugada, Potter? —Dijo Ann yendo hacia él.
—Cálmate, Ann… —Intervino Anthea—, creo que James está en estado de shok.
Sam se despertó haciendo un gruñido.
Se incorporó con un ojo más abierto que el otro y con los pelos completamente desordenados y despeinados.
—¿Qué está pasando? —Dijo somnolienta—. ¿Ya hay que ir a clase?
—No, Sam… —Dijo Rose—. El capullo de James ha entrado en la habitación, y solo son las… —La chica se acercó a su mesita de noche y cogió uno de los aparatos Muggles que tenía sobre ella, —las dos de la mañana… ¿Crees esto normal, James?
—Mañana te mato, Potter…—Dijo Sam casi sin vocalizar y cayendo en redondo sobre su almohada—, ahora no tengo ganas.
—Bueno, como veo que a nadie le importa porque estoy aquí, —Comenzó James. Todas le dedicaron una mirada iracunda—. Os lo voy explicar…
—A ver… —Rose se cruzó de brazos y espero su respuesta—.
—Solo vengo para que Sam, —La chica se incorporó inmediatamente— me explique qué narices ha hecho para que Will este como loco saltando y gritando por la habitación…
Todos los presentes miraron a Sam con las cejas fruncidas.
—¿Sam? —Dijo Rose—, ¿Qué has hecho? NO nos has contado nada…
—Bueno pensaba hacerlo mañana, como sorpresa… Pero el idiota de tu primo se me ha adelantado —Explicó excusándose—.
—Yo aún no he dicho nada, estoy esperando a que lo hagas tu… —James y Ann estaban de pie uno al lado del otro, mientras James la miraba de arriba a abajo—.
—Pues habla… —Insistió Anthea.
Ann llevaba un conjunto de pijama blanco, casi transparente. De pantalón corto y camiseta de tirantes. —Es tan preciosa, por Merlín—, pensó James mirándola. El pelo ondulado caía por su espalda desordenado, y la morena piel de sus piernas brillaba con la luz de las velas que Rose había encendido. James iba mirando con determinación cada parte de su cuerpo. Desde sus finas expresiones y sus labios carnosos, hasta sus largas piernas delicadas y perfectas.
Ann se giró para mirar al chico que no reaccionaba ante la insistencia de Anthea. Llevo su mano rápidamente hasta su nuca y le propino un fuerte golpe.
—Potter, ¡INVECIL! Que te están hablando… —Ann se había dado cuenta de que el chico la miraba de arriba abajo, pero prefirió pasarlo por alto—.
—¡Augh! —Se llevó una mano a la dolorida nuca—, que bruta eres… A ver, ¿por dónde iba?
—¿Que ha pasado con Sam? —Volvió a insistir Rose—.
—Ah, ¡sí! —Dio un respingo y volvió al tema—, pues que estaba yo tan tranquilo en mi cuarto, cuando entra Will pegando gritos y saltando…
—¿Enserio ha hecho eso? —Pregunto Sam con una sonrisa de oreja a oreja—.
—Algo así, pero eso no es lo peor, Rose… —James miraba a su prima—. Cuando subíamos de la Sala Común, estos dos. —Dijo señalando a Sam—. Se quedaron en las escaleras.
—¡Ah! Por eso tardaste tanto, —intervino Anthea—.
—¿Y qué hacíais en las escaleras? —Le pregunto Ann a Sam con los brazos cruzados bajo el pecho—, los dos solos…
—¿Sabes lo que hacían Ann? —Le empezó a decir James que se giró y quedo enfrente de ella—, Lo que a ti te hace tanta falta…
—Te vas a llevar una buena osita, Potter. —Dijo ella descruzando los brazos—.
—¡A ver! —Rose atrajo la atención hacia ella de nuevo—, lo que quiero saber es ¿Qué ha pasado? Concretamente. —Miro a su amiga que se escondía la cara con la sabana—.
—Bueno pues que Will me besó. —Dijo Sam a punto de explotar de emoción—.
—NO ME LO CREO… —Grito eufórica Anthea—, ¡Por fin!
—¡Porque no me lo has dicho antes, Samantha! —Rose puso los brazos en jarra y miro a su amiga con las cejas arqueadas—.
—Te lo iba a contar mañana, Rose, —se excusó—. ¡POR MERLÍN! No sé cómo me lo he podido contener, ¡Oh, madre mía!
—¡Shh!
—¿Ósea que es verdad? —Dijo James—. Pensé que sería una broma absurda de Will—.
—¡No! Es obvio… estos dos llevaba demasiado tiempo así. —Añadió Anthea—, ya era hora…
—Pues yo no me había dado cuenta, —Dijo James subiendo y bajando los hombros—.
—Tú y tú detestable sexto sentido, —Le reprochó Ann—.
—Es decir… —Comenzó Rose— Volviendo al tema… ¿Te has pegado el lote con el idiota de William Bean, y no se lo dices inmediatamente a tu mejor amiga?
—Bueno, como ya te he dicho… Te lo quería decir mañana.
—¡NO SAM! Me lo tenías que haber dicho inmediatamente… —Insistió Rose—.
James miraba el numerito de las amigas sin secretos desde su punto de vista, y se empezó a aburrir. El cansancio pudo con él y después de un par de reproches por parte de Rose, decidió dejarlas solas.
—Bueno, señoras… —Dijo James—. Creo que me voy a ir ya… Estos royos de mejores amigas no me van, me irían más si no fuerais mi prima y la novia de mi mejor amigo. ¿Me explico?
—Eres un cerdo… —Dijo Ann que había vuelto a meterse en la cama—. Vete ya, Potter…
James fue hacia la puerta de la habitación.
—Tranquila, Prewett… que ya me voy. —James se apoyó en la puerta de madera—. Por cierto Ann… Ese pijama te sienta como un guante, estas para comerte. —Dijo sin ningún escrúpulo, y al mismo tiempo salió de la habitación, cerrando la gran puerta tras él. Ann rodo los ojos, y sin que nadie la viera esbozó una pequeña y maliciosa sonrisa, poniéndose roja como un tomate—.
La habitación se sumió en un reconfortante silencio.
—Rose, enserio… No te enfades, —dijo Sam mirando preocupada a su mejor amiga—.
—¿Cómo me voy a enfadar, Sam? Si me alegra más que nada en el mundo —Dijo la pelirroja—, solo quería que me lo contaras, eso es todo…
—Entonces… —Anthea cogió su varita y apago con un suave movimiento de muñecas todas las luces la habitación—. Todas a dormir…
—Después de esto me va a costar dormir, —dijo Sam—.
Las demás chicas rieron.
—Serás la primera, Sam… —Dijo Ann con la risa en los labios—. Buenas noches, señoritas
—Buenas noches—.
A LA MAÑANA SIGUIENTE EN LONDRES…
Esa mañana, en concreto, no había mucho trabajo en el Ministerio. Habían cogido hacia un par de semanas un grupo de cinco magos que intentaban atentar contra Gringotts, pero el grupo de Aurores, victoriosos, habían conseguido detenerlos antes de que tal acto se llevara a cabo.
Ahora se estaban investigando las raíces de esos cinco magos, sus pasados y se escudriñaba a fondo sus identidades. Ronald Weasley el Auror, tenía sobre su mesa los informes de uno de esos cinco hombres, de nombre Bernad Murray. Eran tres carpetas repletas de crímenes que ese ''hombre'' había cometido. Desde agresiones a brujas menores a conqueteos con la marca tenebrosa, en sus tiempos.
Ronald se preguntó cómo se hombre no podía estar encerrado en Azkaban de por vida. Pudriéndose entre cuatro paredes, para que tuviera tiempo para reflexionar sobre todas las atrocidades que había cometido.
Entre tanto, el correo interdepartamental llegó. Las cartas se colocaron en su mesa cómodamente, era una pila de cartas apelotonadas una encima de la otra.
Ron dejo las carpetas de los informes encima de la mesa, dejándolas caer despacio. Y cogiendo las cartas, empezó a leer el remitente de cada una.
—Publicidad, —iba pasando las cartas de una en una y tirándolas a la basura seguidamente, —Publicidad, publicidad… —Se paró en una con un sello azul, —Importante, —La dejo sobre la mesa para leerla más tarde—, Publicidad, tonterías, publicidad, —y así pasaba una carta tras otra, hasta llegar hasta la carta que cambiaría su día por completo, y lo que quedaba de año—. ¿Hogwarts? —Se paró detenidamente en una carta blanca, con un sello redondo de color escarlata con el emblema de Hogwarts—.
No supo porque pero inmediatamente pensó en que Hugo ya se habría metido en algún lio, sabía que su hijo había heredado su mala suerte para encontrarse siempre metido en líos innecesarios.
Abrió la carta, sin preocuparse. Ni siquiera pensó en que podría ser una carta sobre Rose, ella nunca se metería en líos, era una Prefecta prácticamente perfecta.
Saco el papel que contenía el sobre, un manuscrito largo y bien redactado. Empezó a leer:
Salutaciones Sr. y Sra. Weasley,
Es de mi agrado informarle de que su hija Rose Weasley, alumna de sexto año, estudiante y residente en la escuela de Hogwarts de magia y hechicería, ha sido seleccionada como Campeona del Torneo de los Tres Magos, para sí mismo representar a la escuela en este certamen.
Este campeonato exige una responsabilidad total por parte de la señorita Rose. Nos hemos ocupado de que esté informada al máximo sobre las consecuencias que conlleva esta responsabilidad. Ella ha aceptado todo cuanto se ha propuesto, ya que ella fue quien decidió presentarse ante el Cáliz de Fuego, y como ya sabrá, no hay vuelta atrás una vez hecha dicha selección.
Se están llevando a cabo todas las precauciones posibles para la seguridad de los Tres Campeones en todas y cada una de las tres pruebas vigentes. Así que solo nos falta la confirmación por parte de los dos Padres i/o tutores legales. Necesitamos que uno de ustedes dos venga a hospedarse durante las pruebas, a Hogwarts. Quizás unos días antes para preparar emocional y psicológicamente a la señorita Rose. Sería estupendo contar con uno de ustedes para esta tasca. Esperamos su respuesta,
Atentamente, la directora McGonagall.
Ron dejo caer el papel lentamente sobre la mesa. Apretó los puños hasta que sus nudillos quedaron blancos, y clavándose las uñas en la palma de la mano.
Tenía un fuerte nudo en el pecho, y sintió ganas de ir a Hogwarts ahora mismo y gritarle a su hija: ¿Qué narices había hecho? No podía creer que Rose le hubiera decepcionado de esa manera. L e había especificado en una carta que tenía completamente prohibido presentarse ante tal Torneo, ni por fama ni dinero arriesgaría la vida de su hija ante tal peligro.
—YO LA MATO, —grito de rabia—.
Se levantó de su silla, arrastrándola hacia atrás. Fue casi corriendo hasta la puerta, la abrió y salió al pasillo escopeteado hacia el despacho de al lado.
El despacho de Ron estaba justo al lado del de Harry. Ambos trabajaban como Aurores, codo con codo. Y nunca mejor dicho.
Entro hecho una furia en el amplio y limpio despacho de su amigo. Cerrando la puerta de un fuerte golpe tras él.
—¿Ron? —Dijo Harry, que estaba mirando el correo, igual que Ron hacia escasos minutos—. ¿Qué te pasa?
—¿Qué que me pasa? —Grito enfurecido—. ¡ROSE! Rose, me pasa…
—¿Qué pasa con Rose? —Harry se levantó dejando el correo sobre la mesa, y fue hacia su amigo que se movía nervioso por la estancia—. Ron…
—¿Recuerdas que te dije que se había presentado al Torneo? —Dijo con las manos apretadas—.
Harry afirmo moviendo de arriba abajo la cabeza. —Sí, sí… James me dijo por carta que también se había presentado—.
—Bien, pues… —Gesticulo con las manos—. ¡HA SALIDO SELECCIONADA!
—¿Qué? —Harry abrió muchos los ojos, y miro a su amigo—.¿Cómo dices? ¿Estas realmente seguro, Ron?
Ron saco la carta y la puso encima de la mesa.
—Léela tú mismo—. Harry la cogió y empezó a leer. Los ojos y la boca se le abrían más a medida que iba leyendo la carta. —Estoy alucinando…— Harry acabó de leer la carta y doblándola se la devolvió a su amigo—. ¿Estarás contento, amigo mío? —Harry le dio a su amigo unas palmaditas en el hombro a Ron que le fulmino, a continuación, con la mirada— ¿Qué te pasa, acaso no te hace ilusión? —.
—¿Ilusión? —Ron perdió los papeles por un segundo—. ¡¿Cómo narices me va hacer ilusión, Harry!? —.
—¿Y porque no? —Harry poco a poco se iba alejando del loco de su amigo—.
—¿Te recuerdo tu experiencia en el Torneo?
—Era diferente, Ron…
—¡Cedric murió! Maldita sea… ¿Lo recuerdas? —Ron gritaba como un histérico—.
—¡Ya estamos otra vez con eso! —Ron y Harry ya habían hablado sobre qué pasaría su alguno de los niños salía seleccionado para el Torneo, y Ron siempre ponía el mismo argumente para negarse—. Ron, Cedric no murió por el maldito Torneo… ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? —Hizo una pausa, cogió aire y continúo—. Es duro, si… No te lo niego, pero no puedes comparar con el Torneo que se llevará a cabo este año. Seguramente estará mucho más controlado. Ahora no está Voldemort para matar a nadie más, y tu hija se ha presentado por ella misma, y ya es mayorcita como para saber lo que hace y afrontar las consecuencias de sus actos… ¿No crees?
—Ya… ¿Sabes? Me gustaría verte si tu querida Lily saliera seleccionada…
—Todavía tiene 11 años, Ron—.
—Bueno… pues si tuviera 16. — Gruño—.
—Pues más valdría que se escondiera, porque la mato… —Harry se puso en segundo en la piel de su amigo, y entendió. Imaginarse a Lily, su niña, sintiendo todo lo malo que el paso en su Torneo era espantoso—.
—Ahí lo tienes… —Ron miro de nuevo la carta que tenía en las manos—. Es mi niña… no quiero que sufra ni le pase nada malo…
—Lo bueno es que puedes hospedarte en Hogwarts, y así estas con ella… ¿No? —Dijo Harry—. Oye ¿Se lo has dicho a Hermione?
—¡Hermione! —Ron se llevó las manos a la cabeza, había recurrido antes a Harry que a su mujer. Lo iba a matar—.
Alguien interrumpió en la estancia. Abrió la puerta y entró.
—¿Qué pasa conmigo, chicos? —Hermione estaba en el umbral de la puerta del despacho de Harry. Llevaba en la mano izquierda una bandeja con dos cafés y un donut muggle. Le traía el desayuno a Ron, para desayunar juntos, como tenían costumbre hacer.
—Hermione… ¡Por Merlín, siéntate! ¡Corre! —Ron fue hasta su mujer y cogiéndola del brazo bruscamente la sentó en una de las sillas muy nervioso—.
—¿Ronald que narices te pasa? Estas temblando… —Hermione miro a su amigo Harry que ladeaba la cabeza y miraba al suelo. Y distinguió una pequeña sonrisa en sus labios de diversión por la ridícula escena que Ronald estaba montando—.
—Tu hija… —Comenzó a decir Ron—.
—Nuestra hija…
—Bueno creo que yo aquí no pinto nada, —a Harry se le escapaba una pequeña risa por los labios—.
—¡Tu siéntate ahí! ¡QUE NADIE SE MUEVA! —Ron gritaba desde una punta de la sala, estaba prácticamente histérico—.
—¡Ronald cálmate! Y cuéntame enseguida que pasa con Rose…
—Herms… ¡HA SALIDO SELECCIONADA CAMPEONA DEL TORNEO DE LOS TRES MAGOS! —Dijo mientras se cogía y estrujaba los cabellos naranjas que le caían a ambos lados de la frente.
—¡¿Qué!? —Gritó Hermione—. No puede ser… ¿ENSERIO?
—Sí, lo sé es terrible… —Dijo, al parecer, un poco más calmado—.
Harry seguía sentado y callado observando sin abrir la boca.
—¡Es fantástico! —Dijo eufórica Hermione— ¡Por fin va a poder demostrar delante de todo Hogwarts lo que vale, que es la mejor estudiante de toda la escuela, y por supuesto la mejor maga!
—¡Eh, no perdona! James es el mejor mago… —Harry se levantó de un salto de su asiento replicando—. Y Albus, y Lily la mejor maga.
—Perdona que discrepe, amigo mío… Mi Rose es la mejor MAGA DE HOGWARTS, ¡Y DEL MUNDO ENTERO! —Dijo enfurecido Ron—.
—Ron, hace un minuto la querías matar…
—Ya… pero es no quita que no crea que es la mejor maga, —Le hizo una mueca a su amigo—.
—¡A ver! Volviendo al tema… ¿Mi hija es la Campeona del Torneo, enserio? —Dijo Hermione—.
—¡Toma! —Ron le tendió la mano con la carta a su mujer que le miraba iracunda por la actitud que estaba teniendo—.
Hermione empezó a leer.
—OH POR MERLÍN!, —hizo una larga pausa y miro a su marido—. Haz las maletas, Ronald… ¡Nos vamos a Hogwarts!
