HE AQUÍ el capítulo 12, escrito durante una larga noche porque quería darles todo esto C: Tengo muchas sorpresas así que no me extenderé mucho... además, estoy cansada. Así que... ¡que comience la función! Oh, y me gustaría que le gritaran a Jaeeton por ser la personifación de lo formidable y ayudarme a inventar nombres y cosas así :D y por ayudarme a ... eh... ¿determinar el canon? LOL. Es genial. Vayan a ver su trabajo, y mientras están en eso, visiten la página de Electric Risk, también. Ella también es genial. Oh, sí. C:


A Q U I E S C E N C I A


El Espíritu Azul estaba de regreso.

Saltó por los techos, cambiándose de máscara con rapidez, y encontró a Katara justo donde la había dejado. Parecía... perdida. La maestra se volvió y lo encontró justo detrás de ella.

-¿Qué estás haciendo?

Ella se sobresaltó, llevándose una mano al pecho para detener la súbita aceleración.

-¡Me asustaste! -Le espetó, mirando alrededor como buscando a alguien.

Zuko la tomó de la mano, incapaz de contener la sonrisa de suficiencia de sus labios.

-No hay tiempo.

Y se fueron.


Capítulo XII

Encuentro de puntos muertos


-No veo por qué tiene que preguntarse tanto -clamó el maestro fuego con ligereza, sin preocupación, como si el asunto fuera algo que se pudiera descartar-. La carta decía que estaban bien - ¿qué es lo que hay que temer? -Mazo miró a la maestra tierra que caminaba a su lado, sin esforzarse en lo absoluto por avanzar en la oscuridad. Los túneles subterráneos eran sinuosos y para alguien acostumbrado a la luz, en la Nación del Fuego, al aire libre, esto era ennervante. Por supuesto, no admitiría que tenía sus reservas al explorar los sistemas de alcantarillas de Nuevo Ozai - Omashu, se recordó deliberadamente, no queriendo ganarse un puñetazo de parte de la maestra tierra - así que el maestro se guardó sus quejas.

Después de que Aang recibió la carta, el Avatar había ido a hablar con Bumi, probablemente sobre cosas de Avatar, cosas aburridas... Mazo estaba mucho más interesado en pasar el tiempo con las chicas (aunque, debía admitirlo, Jing-Wei parecía estar en un humor difícil vayan los Espíritus a saber por qué). En ese momento Toph y él deambulaban por los túneles, sus voces resonaban, y sus pisadas chapoteaban en las que Mazo ni siquiera quería pensar.

La muchacha, mucho más baja que él (por lo tanto evitaba chocar con lo que sea que cuelga en las alcantarillas), y mucho más familiarizada con el entorno (por lo tanto evitando pisar por accidente algún charco particularmente profundo), caminaba unos pasos delante de él, su voz resonaba por lo que parecía venir de todas partes al mismo tiempo.

-No puedes culparlo por preocuparse -le respondió con total naturalidad-. Yo también estoy preocupada. Son nuestros amigos. Chispas, Cabeza Hueca y la Princesita... Te diré que si fueran Jing-Wei y tú los que estuvieran en la Nación del Fuego, no me importaría ni la mitad.

Mazo espero que su comentario picara, pero no lo hizo, simplemente porque el sentía lo mismo. Apenas eran amigos, él y Toph, e incluso Aang. Eran aliados, claro, y se ayudarían el uno al otro cuando hubiera peligro, pero en cuanto a preocuparse se refiere...

-Sin ofender -añadió la maestra tierra, volviéndose para mirarlo por encima del hombro, sus pálidos ojos jade brillaban en las sombras de las tuberías subterráneas.

Él sacudió la cabeza antes de darse cuenta que no podía verlo.

-No hay problema -le aseguró, y siguieron explorando el acueducto. Le gustaba Toph, no de una forma romántica (y si era así, estaba seguro que lo despellejaría vivo si alguna vez siquiera intentaba flirtear con ella), sino de una manera amistosa. Ella era una persona fácil para conversar y sabía que podía determinar si le estaba diciéndo la verdad. Ella tenía que confiar en él ( viendo que era una especie de detector de mentiras humano) y por eso sabía que no podía ni decir una mentira blanca. Era una relación fácil de deconstruir, para nada compleja, y eso, suponía, era lo que le gustaba.

En comparación a su relación con Jing-Wei, Toph era franca, grosera y...

-Pero lo que me resulta extraño es -la maestra tierra interrumpió sus pensamientos-, por qué Katara o Sokka, o Chispitas siquiera, no podían escribir ellos mismos.

Mazo parpadeó.

-¿Qué quieres decir?

-Lo que quiero decir es... ¿quién es este tipo? ¿Por qué quien fuera el que escribió la carta no nos dio un nombre? ¿Por qué esa persona sintió la necesidad de advertirnos que permanezcamos alejados de la Nación del Fuego?

El maestro fuego se encogió de hombros, sintiendo que se le hundía el pie en frías aguas residuales.

-¡Maldición! -perjuró por lo bajo, frunció el ceño y levantó el pie cubierto en lo que estaba seguro que solo podía ser una capa de sedimentos-. No lo se, ¿por preocupación? -Sugirió para responder a sus preguntas anteriores.

Toph sacudió la cabeza.

-No lo sé. Hay algo raro en eso. Conozco a Katara. Ella nos hubiera esacrito. Y si Chispitas no la habría dejado, se hubiera puesto todo "¿Estás loca? Se verá sospechoso que estemos mandando halcones mensajeros, ¿y si los interceptan?" y entonces Dulzura fastidiaría y fastidiaría ¿Qué tiene de sospechoso que le mandemos mensaje a nuestros parientes en Omashu? y entonces Cara de Piedra seguiría encaprichado y ella le discutiría y al final terminaría mandando la carta, una simple carta, probablemente explicando que no mandarían más porque Zuko es un aguafiestas y...

Mazo se apoyó contra la pared.

-¿Hay un punto en todo esto? -la interrumpió, bastante divertido (y solo un poquito alterado) por las precisas imitaciones de los dos maestros control.

-El punto es -retomó Toph, girándose para enfrentarlo con sus ojos penetrantes que no podían ver-, que si iban a enviarnos una carta, la hubieran escrito ellos.

-¿Qué estás diciendo? -Saltó el maestro fuego, mirándola con curiosidad. Era realmente una buena persona, una que había empezado parcialmente a ...

Soltó un suspiro exasperado.

-Estoy diciendo... ¡que el mensaje es falso!

Y en ese momento, de súbita revelación, desde el techo cayeron cuerdas hacia abajo.

Toph retrocedió, sintiendo el ritmo de muchos pies aterrizando en el piso, uno tras otro, un aluvión de enemigos. Cerró la mano en un puño mientras Mazo se acercaba a su lado, alerta, su corazón, latiendo con un ruido sordo.

Estaban rodeados.


Los maestros echaron a correr por las calles, colocándose sus máscaras, Katara la roja y blanca y Zuko la roja y dorada. Las dos figuran corrían con la brisa, moviéndose a través de las sombras cambiantes mientras el sol descendía por el horizonte. Su destino no estaba lejos de la Provincia Hin Siu, al contrario, el Palacio estaba a la vista, pero aún así estaba lejos. La mano de Zuko soltó la de Katara una vez que salieron de entre la multitud (no quería perderla de nuevo, saben, era excelente en el arte de desvanecerse) y se apresuraron juntos por las calles, como dos figuras encapuchadas y enmascaradas, en aparencia celebrando el Festival del Señor del Fuego, pero en realidad lo estaban socavando en todos los sentidos.

-Zuko -susurró la maestra agua cuando se acercaban al límite con la Ciudad Capital-. Hay guardias por todos lados.

Él se limitó a mirarla a través de la máscara, ella podía decir por la forma en que estaba parado, la forma en que tenía los hombros - y cómo podía decirlo era simple: Katara estaba pasando demasiado tiempo con el príncipe desterrado.

-Por supuesto que hay guardias por todos lados, es la Ciudad Capital -razonó, sus palabras cubiertas de condescendencia-. Y además, hay una guardia en la frontera de la Nación del Fuego misma, ¿qué te hace pensar que nos habrían de recibir con carteles sobre las puertas al corazón de la ciudad? -Zuko resopló dentro de su mascara-. La Nación del Fuego no es exactamente la más amigable, sabes.

Katara puso los ojos en blanco.

-Solo decía -replicó a la defensiva, observando el cambio de guardia. Se movían mecánicamente, como un reloj-. Tengo el presentimiento de que nos están esperando o algo.

-¿Por, tus instintos? -Se burló.

Ella arrugó el entrecejo, golpeándolo suavemente en el hombro, un hábito que había adquirido de Toph.

-¡Deberías saber que mis instintos son mucho más confiables que los de mi hermano!

-¿Eso es mucho?

Ella volvió a golpearlo. Zuko sonrió contra su voluntad.

-Bien, bien. Pero hemos llegado hasta aquí, no podemos simplemente retroceder. Y no quiero esperar para que el Festival vaya al Distrito Nueve o a Hee -replicó, enúmerando las otras dos provincias.

Katara negó con la cabeza, volviendo su mirada hacia los guardias y reconoció dos rostros familiares saliendo por las puertas. Una chica con apariencia de aburrida y la otra haciendo piruetas. Estiró la mano para agarrar a Zuko del hombro y le dio un fuerte y único sacudón.

-¡Mirá! -Murmuró-. ¡Mai y Ty Lee! ¡Están aquí, Zuko!

-¿Cuál es tu punto? -Inquirió el maestro fuego, zafándose del agarre mortal.

-¡Probablemente nos están esperando! -Siseó, levántandose de su posición.

Zuko también se paró, dos maestros encapuchados ocultos en los techos, usando máscaras de las celebración del festival, bastante alejados de ese lugar. Katara imaginó que él debía de estar sonriendo ampliamente, aunque ni siquiera podía verle la cara.

-Entonces nosotros estaremos esperando que ellas nos esperen, y si no nos están esperando, las cosas serán mucho más fácil de lo esperado.

Con esas últimas palabras echó a andar, bajó del techo y rodeó la Ciudad Capital para abrir una brecha en el muro menos custodiado.

Katara parpadeó mirándolo, incapaz de creer que lo que había dicho tenía sentido, antes de bajar rápidamente tras él.

Por la mayor parte pasaron desapercibidos, cortesía de la hora, al cruzar por los techos. La Ciudad Capital era grande y opulenta, y era un largo camino hasta llegar al límite más indefenso. Zuko sacó una cuerda de entre su capa y le hizo un nudo al final, arrojándola hasta una pica. La sujetó y el príncipe le hizo gestos a Katara para que pase primera. Ella puso los ojos en blanco, tirando de la cuerda.

-¿Estás seguro que aguantará? -Preguntó, calma.

-No. Por eso quiero que vayas primero.

Ella frunció el ceño y se apresuró a subir, con el maestro fuego siguiéndola de cerca.

Oscureció del todo para cuando cruzaron al otro lado del muro, tan oscuro que se mezclaban perfectamente. Zuko miró rápidamente a la ciudad, fastuosa y chillona, y echó a andar en una dirección. Katara salió corriendo tras él, alerta para ver aparecer a Mai o Ty Lee que se veía muy diferente con su cabello suelto, pero nadie podía doblarse como ella así que tenía que ser ella (¿qué estaban haciendo allí y con Azula en Hin Siu...?) Corrieron y corrieron... y corrieron un poco más, y finalmente Katara tuvo que tironearlo del brazo.

Zuko se giró para enfrentarla y ella soltó un suspiro exagerado.

-¿Sabes siquiera a dónde estamos yendo? -Preguntó, con la respiración un poco agitada.

-¡Por supuesto que sí! -Le espetó el príncipe, ligeramente indignado sin razón aparente.

Katara se llevó las manos a las caderas.

-¿Estás seguro?

-Sí, estoy seguro -respondió Zuko, exasperado-. Solo viví aquí por trece años.

-Muchas cosas pueden cambiar en tres años.

-Ahora realmente no es el momento para discutir -le rebatió el maestro fuego, girándose para seguir en cualfuera la dirección que había tomado, diciéndose que las muchachas eran fastidiosas y que definitivamente sabía a donde iba.

Katara puso las manos en el aire.

-¿Quién estaba discutiendo?

-¿Estás perdido? -Inquirió la maestra agua, con los brazos cruzados sobre el pecho, una ceja arqueada en silenciosa burla.

Se encontraban en las puertas del Palación... o más bien, delante del muro que separaba el Palacio de la ciudad en sí. Zuko murmuraba para sí, midiendo la barricada, caminando de un lado al otro, en aparente busqueda de algo en particular. ¿Una entrada, tal vez? ¿Un pasadizo?

-¡No! -Saltó de una-. Solo... ¡solo me estoy asegurando de evitar a los gaurdias!

La maestra agua suspiró mientras el rodeaba el murallón y le hacia señas para que la siguiera. Se acercó y miró la pared, sin impresionarse.

-¿Y esto es...?

Zuko hizo una mueca ante su cinismo.

-La entrada -exclamó, presionando un ladrillo que levantó una puerta abisagrada, revelando un oscuro sótano de poca altura-. Las damas primero.

Katara retrocedió un paso.

-No, no -insistió, mirándo la estrecha vía-. Después de ti.

Él negó con la cabeza.

-Tengo que cerrar el pasadizo; tú no sabes cómo.

Con un suspiro contrariado, la maestra agua se puso de rodillas y se metió a gatas.

-No puedo ver nada -se quejó, avanzando con dificultad y a tientas. Zuko los encerró y quedó en completa oscuridad-. ¡Zuko! -Lo llamó con un susurro brusco- ¿Esta cosa sigue derecho o...?

Y un grito escapó de sus labios mientras su mano se deslizaba por un tobogán y el resto de su cuerpo tras ella.

Aterrizó en un montón de lodo y Katara soltó un jadeo de disgusto, apenas se hubo parado cuando Zuko cayó trastabillando tras ella. El par quedó tumbado en el suelo en una combinación de miembros y capaz y gruñidos agitados. Zuko frunció el ceño al sentarse, alejándose de la chica que estaba al borde de mandarlo de vuelta al vertedor con agua control para sacárselo de encima. Una capa de barro cubría su capa negra y se paró, quitándosela.

-Deben haberlo cambiado, o algo -admitió, mirando el desparramo de barro a sus pies-. Solía conducir a una parcela de césped.

Katara lo fulminó con la mirada, poniéndose de pie y sacudiendo furiosamente la tierra que manchaba su ropa.

-Sí, bueno, no me sorprende. No creí que nada verde pudiera sobrevivir en la Nación del Fuego -refunfuñó, sacándose la capa con los hombros-. Primero lo primero...

Zuko la miró y luego se giró.

-Necesitamos conseguir disfraces.

-¿Qué? Ya tenemos disfraces -y se señaló la cara, escondida tras la máscara.

-No puedes caminar por el palacio así -rebatió el príncipe, apuntando su atuendo, prendas rojas y doradas, apropiadas para un aquelarre de gitanos pero no para residentes del palacio-. Además, sería sospechoso andar enmascarados por aquí.

-Todo para ti es sospechoso -espetó Katara-. Es el Festival del Señor del Fuego; ¿no deberían de ser normales las máscaras?

-No en el palacio -respondió Zuko, y la maestra agua bien podía reírse ante la ironía si su acompañante no hubiera sonado tan solemne. Él le hizo una inclinación de cabeza, adelántandose a grandes zancadas-. Vamos.

Caminaba con un propósito, sus pasos ligeros pero confiados, mientras se abrían paso por los sótanos subterráneos. Las paredes eran de ladrillos rojos, y las antochas titilaban rodeándolos por adelante y por atrás, en lo que parecía ser un camino eterno. Atravesaron las puertas de madera, con barras en las ventanas, y Katara no tuvo que mirar para saber que había detrás de las mismas. Había tantos de ellos, cerrando los puños, yendo al mismo ritmo que Zuko.

-¿Todas estas personas quebraron la ley? -Susurró, mirando de una puerta a la otra.

Zuko apartó la vista de ella.

-No todos -y siguió caminando.

Katara trató de no mirar más, a través de los barrotes a la gente que se veía tan perdida y desesperada. Hubiera sido malo escucharlos quejarse, gemir y rogar por su libertad, pero su silencio era mucho peor. Ya ni siquiera sentían la necesidad de clamar por libertad...

-Tenemos que ayudarlos -resolvió con calma, mientras llegaban a las escaleras-. No podemos simplemente dejarlos aquí.

Zuko la encaró, con un pie sobre el primer escalón, vacilando al principio.

-Tenemos una misión -le recordó con tranquilidad. Y era una misión bastante importante - no podían permitirse desviarse del objetivo cuando estaban en busca del arma secreta de Azula contra el Avatar.

-Bueno, podemos tener otra misión -persitió.

-No podemos arriesgar la primera -rebatió el príncipe con un dejo de irrevocabilidad, y siguió subiendo, dejando una distraída Katara en conflicto. Dio un último vistazo a los corredores, tipo redes en su construcción, antes de deslizarse silenciosamente por las escaleras. No estaba bien. Dejar a esa pobre gente que se pudriera. No estaba bien, no deberían de estar en esas celdas, privados de toda emoción y esperanza. Ya no eran siquiera humanos.

Simplemente no estaba bien, nada de eso estaba bien.

Y la carcomió, le dio lata desde un rinconcito de su cabeza hasta que la mano de Zuko la agarró de la muñeca con fuerza y la llevó hacia algún lado, cualquier lado, mientras no fuera ahí, y no tuvo tiempo de preguntarle que estaba haciendo cuando la jaló dentro de un cuarto atestado, oscuro y sin iluminación (obviamente un armario de utilería, si las escobas servían como indicadores) y cerró la puerta tras ellos, porque ella había escuchado los pasos, parsimoniosos y perezosos, y supo que alguien venía. Una única voz, aparentemenet molesta, claramente femenina. Les tomó un solo gruñido "Ugh" para determinar quién era.

La seguían unos pasos enérgicos.

-Todavía no sé porque tuvimos que quedarnos atrás -gimoteó Ty Lee, haciendo un mohín para variar de su usualmente alegre expresión.

Las amigas deambulaban por el palacio, haciendo rondas cada tanto pero la mayor parte del tiempo Mai escuchaba a su amiga quejarse de su suerte. En verdad, Mai prefería quedarse a participar de las festividades.

-Son un montón de idiotas con máscaras haciéndoles reverencias a Azula y al Señor del Fuego - ¿qué hay de grandioso en eso?

Zuko sintió que se le contraía el corazón al escuchar su monótono acento, indiferente, aburrido y tan distante...

-Qué quiso decir Azula siquiera -continuó Ty Lee mientras pasaban por delante del armario, en el cual una horrorizada Katara fue empujada contra la pared, la mano de Zuko presionando firmemente contra la boca de su máscara-. "Porque sería rudo no tener un comité de bienvenida para cualquiera que nos visite" ¿Por qué vendrían invitados aquí si hay un festival en Hin Siu?

A veces Mai se preguntaba por qué había sido elegida Ty Lee.

Pero por supuesto la chica podía desenfundar sus incomparables artes marciales y noquear al enemigo en tan solo dos segundos.

La miembro del Loto Blanco puso en blanco sus dolorosamente aburridos ojos.

-No lo sé -suspiró, sin querer desperdiciar aire en explicarle a Ty Lee como funcionaba la mente de Azula (ya era difícil de por sí para el loquero Real)-. Vamos, Azula nos dijo que había un nuevo prisionero en camino -indicó Mai sin interés, abriendo una puerta; probablemente una que conducía al ala de prisión.

-Hablando de prisioneros -saltó su amiga-. Dijiste que el Avatar vendría... -Zuko se tensó dentro del armario, sus dedos presionando más fuerte la máscara de Katara-... y todavía no ha llegado. ¡He estado usando mi cabello suelto por semanas y ese tierno chico de la Tribu Agua todavía no ha aparecido!

Mai dubitó, su mirada se encendió por un momento, antes de deshacerse de la tensión.

-Nunca dije eso -y desaparecieron por la escalera con la puerta cerrándose tras ellas.

Katara apartó a Zuko de un empujón, inhalando aire con fuerza. Se levantó la máscara, mirándolo asesina y acusadoramente.

-¡Tu novia es una agente doble! -siseó en un ataque de rabia, apuntándolo a la nariz con un dedo- ¡Le dijo a Azula que vendríamos!

Zuko frunció el ceño, apartando su dedo acusador, y se levantó la máscara del rostro. El espacio era pequeño, y por lo tanto moverse era difícil. Hubo muchos roces y golpes, y Zuko esperó que fuera el mango de la escoba lo que lo pinchaba donde no debía.

-Nunca quisé confiar en ella en primer lugar -le retrucó en un acalorado susurro, fijando una mirada fulminante ante los alegatos de la maestra agua-. Yo dije que no podíamos confiar en ella, pero tú empezaste con todo eso de "Todo el mundo merece una oportunidad".

La maestra agua se tensó en su lugar.

-Supongo que toda la gente de la Nación del Fuego son unas serpientes-paloma.

-Lo que es mejor que ser un inútil pinguino.

Voces apagadas, respiraciones agitadas; el par no podía hacer más que fulminarse con la mirada en el compartimiento demasiado pequeño, oscuro y estrecho, el calor crecía por el humor que iba en picada.

Los bordes de las máscaras, levantadas sobre sus cabezas, se chocaban de tan pequeño que era el espacio. Pero la incomodidad, por el momento, había sido olvidado, y su temporaria amistad y camadería hecha a un lado, dado que una cuestión de principios y confianza se había alzado ante ellos. La rodilla de uno presionaba el muslo del otro y el codo de alguien estaba apoyado no muy cómodamente sobre una repisa. Pero nadie parecía notarlo por el asunto que se los impedía.

-No se ni por qué me molesto siquiera -escupió Katara, tratando de moverse, intentando desenredarse del príncipe (y consiguiendo empeorar las cosas)-. Por todos los espíritus, muévete, ¿quieres?

-Oh, no, creo que así estoy bastante cómodo, ¿tú no? -Replicó, su voz chorreaba sarcasmo mientras intentaba alejarse de ella, aunque las paredes se rehúsaban a dejarlos separarse.

Katara sintió que algo rozaba su trasero y soltó un gritito involuntario.

La mano de Zuko cubrió sus labios y se quedó quieto, mientras ella lo acribillaba con la mirada. Él se llevó la otra mano a su boca, con un solo dedo levantado sobre ella, en señal de silencio, y ella se dio cuenta con creciente horror que algo más le había rozado el trasero.

Algo que se movía y que claramente no era Zuko, ya que estaba plenamente consciente de que todos y cada uno de sus puntos de contacto. Una mano se curvaba sobre la parte baja de su rostro, la pierna de ella abrazaba la parte interna de su muslo (el cual era el punto más incómodo), su codo le daba en el hueco de su cuello, y la parte interior del codo de él encerraba uno de sus costados, aplastado entre su figura y las repisas en una especie de incómodo abrazo.

Y ella permaneció inmóvil, dejando que se le calmara el corazón una vez más, dejando que se le regularizara la respiración después de su disputa, y se dio cuenta que su piel olía a canela y té y algo más que no podía identificar del todo, pero era calmante, y se relajó. El rostro de Zuko se ensombreció, la única fuente de luz, una vela trémula y débil los apuntaba por encima de sus cabezas desde un recipiente de vidrio. El humo se iba hacia arriba, hacia algún lado, y se preguntó si alguien pudo haberlos oído a través del conducto de ventilación.

Pasó un momento sin que nada pasara, y ella se aventuró a hablar.

-¿Qué sucede?

Le quitó la mano de la boca y negó con la cabeza.

-Nada, es solo que no puedo pensar contigo chillando tanto.


-¡Otro! -Exclamó Smellerbee mientras ella y Sokka giraban y giraban entre los bailarines, los niños los seguían, cada uno con una máscara de variados colores.

Sokka rió al cambiar y la más pequeña, Daga, le agarró la mano. Se rió ahogadamente y la levantó en el aire, haciéndola girar en círculas, y ella tiró la cabeza hacia atrás, extendiendo los brazos y mirando el cielo estrellado.

-¡Más rápido! -Clamó y el guerrero obedeció, logrando una carcajada infantil de la más pequeña de los Guerreros por la Libertad.

El Festival del Señor del Fuego era divertido, para ser una celebración en un lugar que restringía cosas tales como el baile y la libre expresión, y Sokka se preguntó porque se le permitía en ese momento a la gente, tomar parte en tal festejo. Pero se le ocurrió entonces, que la estricta aplicación de la política de Nada-de-Diversión solo se practicaba en la Ciudad Capital. Le preguntó a una muchacha, cubierta con una máscara de dragón volador de plata, si era cierto, y ella lo confirmó, comentando que la Ciudad Capital podía ser bonita y la gente allí quizás fuera elegante, pero que ella prefería su libertad antes que cualquier título extravagante.

Se rió y la dejó ir con un giro encontrándose con Smellerbee una vez más, quién claramente estaba disfrutando.

-¿Has visto a Su Majestad? -Exclamó Sokka por encima de la música y la bulla.

Pero ella no hizo más que negar con la cabeza, gritando un fuerte:

Qué!

Y entonces la pista de baile fue separada, los hombres de un lado y las chicas del otro, así que Sokka y Smellerbee debieron separarse. Se formaron dos líneas, que iban más allá del área designada para el baile, pero no importaba, a nadie le interesaba. Al comienzo de la celebración, se había eregido una plataforma, sobre la cual se habían levantado dos tronos. La familia Real observaba con ojos desinteresados como los hombres realizaban una especie de baile salvaje y extravagante (que consistía en sacudir piernas y brazos, gritar con fuerza y patear el piso - todo en lo cual Sokka era bastante bueno). Las mujeres miraban con altanería mientras sus compañeros pateaban el piso, y Smellerbee se rió cuando Sokka le piso el pie a alguien, pero todo era en nombre de la diversión.

Entonces le tocó bailar a las mujeres, un zapateo ligero en el lugar, y unas palmadas de vez en cuando; parecía un baile de la Nación del Fuego, o más bien un baile de Provincia, lo suficientemente simple para que cualquiera lo aprendiera, y lo suficientemente divertido para mantener a todos entretenidos. Sokka sonrió de oreja a oreja cuando Smellerbee le erró y aplaudió cuando debió haberse agachado, la mujer a su lado estiró el brazo (como todas las otras mujeres en la fila habían hecho) pegándole satisfactoriamente a la luchadora por la libertad en la cara.

Smellerbee balbuceó algo y se tambaleó contra la persona a su derecha, y la fila de mujeres cayó al suelo, como una fila de resplandecientes dominóes.

Ozai miró el desorden con el ceño fruncido, y se volvió hacia su hijo, cuyo rostro carecía de todo interés para con el baile y la celebración en sí.

-Deberías mostrarle a estos idiotas como hacerlo -le sugirió y la princesa le contestó con una mirada, una mirada que solo ella podía darle porque si alguien se atrevía siquiera a pensar en darle una mirada así al Señor del Fuego, sería quemado vivo antes de siquiera parpadear.

-En serio, padre, ¿crees que me rebajaré a su nivel? -La muchacha sacudió la cabeza, dejando que un suspiro escapara de sus labios, y volvió la atención al baile, donde la fila de mujeres se estaba levantado; no habían sufrido daño algo, parecía, y era una lástima porque una reyerta hubiera sido mucho más entretenida. Prefería estar en el palacio, esperando a su hermano y a quien fuera hubiera tenido la audacia de infiltrarse en su hogar, pero no podía haccer nada. Ser una princesa tenía sus beneficios, oh vaya si tenía beneficios, pero todo tiene un lado malo siempre.

Un joven, un hombre que reconoció como un sirviente del palacio, al final de la larga hilera de hombres bailando, que le dedicó lo que podía presumir era su sonrisa más encantadora.

-¡Princesa! -La llamó por encima de la música-. ¡Princesa! -La mirada de Ozai era suficiente para desalentar a alguien menos hombre (o a uno más inteligente), pero el idiota no captó el mensaje-. Princesa, ¿qué tal un baile?

Azula posó sus ojos dorados sobre él, su mirada penetrante e implacable.

-Yo no bailo.

-¡Vamos, es fácil! -Insistió el muchacho.

-Si quieres conservar tu lengua, dejarás de hablar en este momento -le replicó, clavándole las uñas al brazo del trono.

Estaba incómodo, pero no dijo nada mas, y se conformó con volver a bailar.

-Creo que rompiste su corazón -comentó Ozai, bastante divertido.

Azula puso los ojos en blanco, apoyando su mentón en su mano.

-Si seguía molestando le hubiera roto mucho más que eso.

La línea de hombres y mujeres se deshizo de nuevo, transformándose en una masa de máscaras y fastuosas fajas y cosas, las monedas tintineaban al ritmo de la música, al ritmo de los tambores de cuero y al ritmo de las cuerdas de la pipa. Sokka y Smellerbee se tomaron del brazo y saltaron en círculos, antes de soltarse para girar con alguien más en una larga cadena humana de máscaras y carcajadas, y Sokka se abrió paso hasta el final, donde Ozai y Azula contemplaban todo con total aburrimiento. Sintió que se tensaba, consciente de ellos, pero sabía que no lo reconocerían. Al girarse, piso a su compañero en el pie y trastabilló con sus piernas, sintiendo que sus brazos y su mentón golpeaban el piso antes de que pudiera tomar verdadera consciencia de lo que pasaba.

Su ficha de Pai Sho se le salió del bolsillo, resbaló por el piso, y Sokka gimió por el impacto de su caída, sintiendo el aire fresco enfriar el sudor que le corría por la frente...

¿Aire fresco?

El guerrero miró de inmediato hacia arriba, a una Azula que se había puesto de pie, con los ojos amenazantes, un gruñido retorcido en sus labios. Pero antes de que pudiera hacer algo, un sonoro grito de: ¡PLEITO! emergió de entre la multitud y las masas se enfrentaron, tomando parte en la pelea, lo cuál presumió era el desarrollo normal de un festival. La imagen de Azula fue oculta instantáneamente, y se puso de pie a tropezones. Podía verla buscándolo entre la multitud, y escuchó su estruendosa demanda para que todo mundo quede quieto, y él hizo como le dijeron, se agachó y quedó cubierto por un par de cuerpos.

Azula bajó de la plataforma, sus ojos dorados llameaban.

-Formen una fila -ordenó con brusquedad, y todos obedecieron, incluso Sokka, que se había vuelto a poner la máscara.

Vio a Smellerbee de pie frente a él, a los niños alineados tras ellas, y sus ojos se movieron hasta la mochila- se habían repartido explosivos entre ellos, en caso de que algo así sucediera. La muchacha asintió, sabiendo que estaba pensando, y apretó la tira de la mochila.

Sokka estaba un poquito lejos de Azula en la fila, pero sabía que ella lo atraparía - si no había visto su máscara, simplemente lo sabía porque Azula parecía haber visto todo (por lo cual su rostro conmocionado y alarmado era simplemente invaluable). Se acercaba y se acercaba y él cerró los ojos, el corazón acelerándose en el pecho y sabía que si Toph hubiera estado allí le hubiera dicho que la cortara porque le estaba dando dolor de cabeza.

La broma le ayudó a aclarar su mente, pero la inminente condena seguía allí.

Azula avanzaba por la línea de hombres y mujeres, mirando a ambos en caso de que el idiota hubiera intentado esconderse entre las mujeres. Caminaba como una leona cazando a su presa; y la mirada en sus ojos sugería eso mismo. Podía saborear la victoria, otro as para ganar; uno a uno estaba juntando a los amigos del Avatar, los coleccionaba como figurines invaluables; acomodándolos en una repisa en su casa. Una sonrisa irónica cruzó sus labios y se detuvo, señalando con el dedo.

! -Siseó, agarró la máscara solo para encontrar a un sonriente Shin tras ella.

-¡Princesa! ¿Has cambiado de opinión?

Azula soltó la máscara sobre su rostro, y soltó un gruñido sanguinario, sus ojos abarcaban todas las caras que la miraban.

Sokka tragó saliva, temblando en su lugar. Tenía su espada y su bumerán, pero por alguna razón, dudaba que fueran de mucha ayuda contra el relámapgo de Azula. Fue en ese momento cuando empezaron los disturbios, alguien hizo fuego control contra alguien y de repente todos corrían y en la frenética confusión, Sokka se agarró a Smellerbee que agarró a uno de los niños y a la larga cadena que habían formado ellos, los Luchadores por la Libertad.

-¡Suenen la alarma! -Exigió la voz de Azula-. ¡Tenemos enemigos en nuestro territorio! ¡Informen al palacio! ¡Aseguren el perímetro! -Soltó una especie de bufido demoníaco, de la manera más elegante posible, y se giró, dando más y más ordenes-. ¡Quiero al campesino vivo!

Y alguien tomó a Sokka del brazo y él jadeó cuando lo sacaron a tirones del lío y lo metieron dentro de una especie de casa y cerraron la puerta tras él y se incorporó frente a los niños (que lloraban y temblaban, aferrándose fuertemente a sus guardianes), como cualquier guerrero haría, con las rodillas temblándole.

-¡Retroceda! -Advirtió, sacando su bumerán.

Era una mujer, bastante alta y vestida con opulencia. Se quitó la máscara, mirándolo con reproche.

-Deja eso, estoy aquí para ayudar. ¡Guarda ese juguete de inmediato antes de que le saques un ojo a alguien!

Sokka ni siquiera tuvo la oportunidad de explicar bastante a la defensiva que su bumerán no era un juguete, porque Smellerbee empujó a un lado al guerrero, apuntando con un horrible dedo a su salvadora.

-¿Embajadora?


Katara estaba a punto de decirle al Príncipe de Fuego que fácilmente podía mover su rodilla apenas un centímetro y aplastar sus joyas familiares, cuando unos sonoros pasos resonaron sobre ellos, haciendo caer polvo del techo. Haciendo las discusiones a un lado, el par se miró a los ojos y Zuko le sacó las palabras de la boca.

-Tenemos que salir de aquí -ni bien acabó de decirlo cuando las alarmas sonaron y Zuko supo que tenían que salir de allí rápido-. Ven, muévete hacia la derecha -la apremió por lo bajo, forzando la voz e intentando liberar su mano-. ¡No, no, tu otra derecha! -susurró.

-¡Solo tengo una derecha! -Le espetó la maestra agua.

Zuko soltó un suspiro de exasperación mientras más pisadas estruendosas sacudían el techo.

-Por aquí, solo muévete -susurró, acomodándose de modo que quedó de cara a la puerta, bloqueándole la barrera (una experiencia dolorosa, sus miembros chocaron, sus huesos amenazaron con hacerse añicos, y debió de hacerse más cortes y moretones, pero en ese momento no tenían el lujo de escapar sin un par de rasguños) y manoseó el picaporte, aflojándolo, hasta que la puerta se abrio finalmente, exponiéndolos al aire fresco. Salieron tambaleando, Katara cerró la puerta, y apenas el príncipe vio unas sombras parpadeantes al otro lado y se dio cuenta que los guardias se acercaban. Sin pensarlo dos veces, la agarró de la mano una vez más, poniéndose la máscara sobre el rostro- ¡Por aquí!

Salieron disparados por el pasillo, doblando de forma cerrada para evitar a los guardias, pero no habia caso, una vez que las alarmas sonaban, todo el mundo estaba alerta. Katara podía sentir la sangre agolpándose en su cabeza y regularizó su respiración de la mejor forma que pudo, pero tenía miedo incluso aunque se rehusara a demostrarlo. Zuko derrapó antes de detenerse después de subir un tramo de escaleras atropelladamente.

La voz de Mai le llegó desde arriba.

-Por allí -le indicó a los guardias que venían-. Vi a alguien corriendo en esa dirección -y señaló en una dirección en la que Zuko y Katara no habían estado.

El príncipe no perdió tiempo preguntándose a quién debió haber visto, y siguió en la dirección contraria, bajando por un pasillo. Estaban en los cuartos de los sirvientes, el piso reservado para los trabajadores del palacio y demás. No quería admitirlo ahora, pero esstaba perdido. La agarraba por la muñeca con fuerza, y deambularon por las recámaras de los sirvientes, pasando puerta tras puerta, evitando las que estaban abiertas, y luego dobló y se encontró con una pared, y Katara chocó con él.

-¿Ahora qué? -Inquirió por lo bajo, claramente asustada pero reticente a demostrarlo.

Zuko frunció el ceño, volviendo la cabeza para observar con detenimiento el pasillo de donde habían venido. Las sombras, débiles pero creciendo, de la gente que corría decoraba la pared más alejada.

-Ahora... ahora... -sus ojos saltaban por las puertas, ¿cuál, cuál? Se debatía pensando en quién podían ser sus residentes, y se quedó allí por un momento, pensando que hacer - y las palabras de su tío resonaron en su cabeza ¡Nunca piensas las cosas!

Y lo resolvió, Al diablo, y arremetió contra la puerta más cercana, porque no había llegado tan lejos pensando, y lo había hecho bastante bien.

Cerró la puerta tras ellos de inmediato, y mantuvieron sus espaldas contra ella, Zuko atento a las pisadas que se alejaban, presumiblemente dirigiéndose en una dirección diferente, y suspiró.

Katara le dio un codazo y él la miro. Tenía los ojos como platos, sorprendida, pero de una buena manera, y él miró hacia delante, una ligera sonrisa se esparció lentamente por sus labios. La maestra agua se alejó bailoteando, dirigiéndose hacia el lado izquierdo de la habitación donde una colección de vestidos estaba colgada. A la derecha había montones de corazas de pecho, cotas de mallas y cascos. Ella se volvió hacia él, sacando dos batas de los percheros.

-¿Qué tal? -Preguntó, sosteniendo uno y uno contra su figura-. ¿Verde o azul?

El príncipe arqueó una ceja, cerrando con llave la puerta tras él y se alejó hacia la sección de los guardias.

-Definitivamente azul -y tomó una de las túnicas rojas que colgaban contra la pared.

Siempre se había preguntado donde estaba el cuarto de la lavendería.

Se quitó la remera de inmediato, tirando a un lado la máscara de inmediato, y se vistió con la toga. Miró fugazmente a Katara que tenía los ojos fijos en él, apabullada, y un poco ofendida, como si acabara de insultarla.

-¿Qué estás esperando? ¿Que alguien te vista? -Y agarró una cota de malla, probándosela.

Katara se sonrojó.

-¿Te importaría? -apremió.

-No, no, para nada -repuso bruscamente y empezó a quitarse los pantalones.

La maestra agua se tiñó de reojo y se volvio.

-Solo - ¡no mires! -Demandó, agarrando con fuerza el vestido azul, la tela era suave y sedosa entre la punta de sus dedos.

Zuko bufó, pero ella lo escuchó quitarse los pantalones, sacarse de una patada las botas, y el revuelo y el susurro de la ropa y el armadura.

-¿Realmente crees que estaría pensando algo así en un momento como este?

La parte curiosa de sí quizás le hubiera preguntado en que momento pensaba en eso, pero la parte lógica le dijo que se callara y se cambiara. Así que eso hizo. No fue tan difícil, pero estuvo roja a más no poder duranet todo el proceso porque él estaba justo allí, y aunque estaba detrás de un perchero lleno de vestidos hermosos, se sentía completamente expuesta (y todo lo que podía ver; si siquiera se atrevía a mirar, lo cual no haría, ¡porque tenía demasiado autocontrol para eso!, hubieran sido sus pies).

Katara terminó y salió de allí atrás, atando desordenamente el obi a sus espaldas.

-¿Y bien?

Zuko la miró brevemente mientras elegía un casco.

-Sí, lindo -y entonces reacción. No había forma de negar que se veía asombrosa en azul, extrañaba verla en azul. No se le había ocurrido que había estado usando rojo por dos semanas. Parpadeó entonces, acomodándose el casco sobre la cabeza como para esconder el sonrojo que que se le desparramaba por la cara. Dejaron la ropa en una pila sobre el piso (y él metió la máscara del Espíritu Azul debajo de la armadura).

-No estás encariñada a nada de esto, ¿verdad? -La muchacha sacudió la cabeza-. Bien

Y dejó la evidencia achicharrada.

-Vamos.

En el momento que salieron de la habitación, una voz imponente les ladró.

-¡Ustedes, ahí!

Se congelaron y se volvieron para enfrentar a un guardia que les hacia señas.

-Vamos, ¿qué están haciendo? ¡Estamos en alerta y tú estás perdiendo el tiempo con las concubinas! ¡Tienes suerte de que no te denuncie!

Zuko asintió, sin decir una palabra, y le dirigió a Katara que le indicaba que siguiera el juego.

-Y tú -el guardia le llamó la atención a la maestra agua-. ¡No deberías estar vagandoo por ahí durante un código rojo, escóltala hasta sus cuartos y luego encuéntranos en el patio!

Zuko saludó y el hombre desapareció.

Katara lo golpeó en el brazo.

-¿Qué? -Se quejó, aunque no le dolió.

Ella lo fulminó con la mirada.

-¿Por qué no me dijiste que estaba buscando entre los vestidos de las concubinas?

Y Zuko no respondió pero le tomó la mano (notó que lo había estado haciendo con demasiada frecuencia últimamente) porque si hubiera sabido que eran los vestidos de las concubinas no la hubiera dejado que se los pusiera. De la misma manera, no tenía ni idea donde dormían las concubinas, pero no importaba. La llevó hacia arriba por unas escaleras y terminaron en un piso donde todos parecían desaliñados, o por decirlo de otra forma en una especie de apuro maníaco.

Miró hacia arriba, sus ojos dorados alertas.

-Escucha, Katara, si es necesario -respiró hondo, dandole a su mano un ligero apretón-, quiero que corras...

-¿Qué? -preguntó la maestra agua, volviendo la cabeza en su dirección- ¿Por qué habría de correr? Yo no voy a correr - ¡Corre tú!

Zuko parpadeó, confundido.

-¡No voy a correr!

-¡Bueno pero solo me lo estás diciendo porque te sentías obligado!

-¿Qué significa eso siquiera? -Inquirió en un murmullo rápido, mientras se mezclaban entre los otros.

-Me lo estás ofreciendo porque es lo correcto.

-¿Eso es malo?

Katara estaba a punto de decirle que sí, que era malo, cayó en la cuenta de que no... de que en realidad no lo era, y cerró la boca, girándose. No era malo; al contrario, era muy bueno, noble, gallardo y cortés...

-No voy a correr -afirmó con decisión. Antes de que Zuko pudiera responder, una mujer con cabello gris los divisó y agarró a Katara.

-¡Desgraciada! ¿Qué estás haciendo aquí afuera con un guardia? ¡Sabes bien que no se puede! ¡Debería darte veinte latigazos, pero un tiempo de crisis tendré que dejarlo pasar! ¡Ahora vamos, a las recámaras!

Y así, el dúo se separó.

Katara se volvió para mirar a Zuko con los ojos preocupado, pero él se limitó a inclinar la cabeza, una silenciosa promesa de regreso, antes de unirse a los otros guardias en el patio. La mujer la arrastraba (con un agarre mortal incluso peor que el de Zuko, como un pájaro, con las uñas, rasgando...) era alta y tenía una postura rígida, la espalda derecha, los hombros hacia atrás, la barbilla levantada. Katara avanzaba a los tropezones balanceándose rápidamente, preguntándose si los dedos de la mujer le marcarían la piel. La llevaba (la arrastraba, la jalaba, la remolcaba) de vuelta al piso de los sirvientes y la detuvo delante de dos enormes plantas que no podía creer que Zuko y ella hubieran pasado por alto.

Con dos golpes fuertes, una muchacha, sorprendemente hermosa pero obviamente mucho más joven que la maestra tierra, respondió parpadeando con miedo.

-¿S-Sí, Lady Muzuashii? -Preguntó, temerosa, echándole un vistazo a la concubina que claramente no reconocía.

-Ésta estaba deambulando lejos de su hogar -espetó Muzuashii, metiendo Katara a la fuerza-. Ve que no cene esta noche -giró sobre sus talones, alejándose indignada.

La puerta se cerró y Katara se encontró mirando un cuarto lleno de jóvenes, todas vestidas como ella, pero con el cabello recogido, el maquillaje fresco e impecable. La muchacha que respondió la puerta miró a Katara parpadeando.

-Eres una de los intrusos, ¿verdad?

-¿Q-qué? -Preguntó Katara, alarmada-. No... yo...

-¿Katara?

La maestra agua levantó la mirada de inmediato y encontró una concubina de aspecto familiar que parecía haberse abierto paso a través de la horda de muchachas.

Suki!


-¡Tú! -Exclamó la embajadora, mirando fijamente y con horror a Smellerbee- ¿Estás afiliada al Loto Blanco?

Smellerbee frunció el ceño.

-¿El Loto qué?

Sokka levantó la mano.

-Aguarden un segundo -intervino, mirando a la una y luego a la otra-. ¿Ustedes se conocen?

-¡Esa es la horrenda criatura que me echó té encima! -declaró la embajadora, mirando a Smellerbee con odio.

El guererro, sin embargo, se volvió hacia su amigo, soltando una carcajada divertida.

-¿Ese es el mono-cerdo que...?

-¡Mi nombre es Lin-Lin! -Chilló la mujer.

Smellerbee le pegó un codazo en estómago a su compañero.

-¿Eres buena? -Le preguntó a la estirada mujer.

Lin Lin se sonrojó.

-¡Por supuesto que soy buena!

Sokka volvió a levantar su mano.

-Así que... tú eres buena, nosotros somos buenos... ¿qué tal si nos ayuda a escapar? Medio como que tenemos a una psicótica maestra-relámpago detrás de nosotros. Sé que debe pasarle todo el tiempo, pero sería grandioso si pudiéramos, sabe, ¿ponernos en marcha?

La embajadora sacudió la cabeza, claramente confundida.

-Sí, por supuesto... pero esperen, esperen. ¿Son parte del Loto Blanco o no? -Le preguntó.

-Yo sí, ellos no -respondió el guerrero débilmente-. Y creo que acabo de escuchar un grito de fatalidad afuera y juzgando por la luz repentina, Azula debe haber mandado a alguien al olvido con fuego control... viendo que ese sea el caso, de veras creo que sería mejor si...

Un hombre bajo y robusto apareció entonces, mirando sorprendido a los invitados. Bajó la vista a la bandeja en sus manos y luego volvió a levantarla para mirar a los demás.

-¿Debería buscar más té?

Smellerbee se golpeó la frente.

-¿Peligro? ¿Psicópata loca? ¿Seguridad?

-Cierto, cierto, por supuesto, primero... todos ustedes, bajen a la bodega y...

-¿Este lugar tiene una bodega? -Sokka no pudo evitar preguntar, y la Embajadora le dirigió una mirada-. Perdón, perdón, es que se ve tan pequeño.

Lin Lin puso los ojos en blanco.

-Vamos, todos ustedes, ugh, Rohi y yo tenemos que ir y ayudar a Azula...

-¿Tienen que hacer qué? -Rugió Smellerbee.

-Relájate, pequeño demonio -replicó la mujer irritada-. Estamos en contra ella. ¡Ahora antes de que abra nuestra puerta de una patada y nos frite a todos! Despues de que lidiemos con eso vamos a tener una pequeña charla, y luego le mandaremos un mensaje a Iroh...

Los hicieron pasar a todos por un pasadizo secreto donde fueron llevados como ovejas lobos a un corral. Lin Lin y su esposo, Rohi, les exigieron que permanezcan callados y quietos y que no salgan hasta que ellos los buscaran, antes de desaparecer hacia el mundo para enfrentar a una malhumorada Azula. Sokka echó un vistazo alrededor, midiendo las paredes, el espacio cerrado, el aura subterránea de todo aquello y se dejó caer sobre un asiento.

-Genial, volvimos al comienzo.

Smellerbee se encogió de hombros.

-¿Preferirías estar ahí afuera?

Sokka dejó caer los hombros.

-Buen punto.

La luchadora por la libertad soltó un suspiro pesado, mirando las escaleras.

-Yo solo... solo me preocupa, tú sabes...

-Lo sé -susurró Sokka, apretando su mochila llena de petardos-. Pero son inteligentes... bueno, Katara lo es.

-La Peste de Fuego no dejará que nada le pase -afirmó Smellerbee sin más.

-¿Tú crees? -Preguntó el guerrero de forma ausente, golpeándose por haber dejado ir a Katara.

Ella asintió con la cabeza, confiada, casi objetivamente porque estaba muy segura.

-Lo sé.


La búsqueda resultó en vana - el campesino había desaparecido, se le había deslizado de entre los dedos, y Azula y su padre dejaron a Hin Siu convertida en un desastre carbonizado. Estaba furiosa, claramente rabiosa, y esperaba que al menos los guardias del palacio (o al menos Mai y Ty Lee) fueran lo suficientemente competentes como para haber capturado a su querido hermano quien (estaba tan segura como era poderosa) había pasado por allí. Pero cuando llegaron al Palacio, se encontró a todos los guardias reunidos en el patio y a Mai y a Ty Lee de pie con ellos, la primera con su típica apariencia de completo aburrimiento, y a la última coqueteando con un par de muchachos.

Sus subalternas eran patéticas.

Pero eran sus adláteres, y nadie tenía la infalible precisión de Mai, así como nadie podía bloquear los chi como Ty Lee... así que no le quedaba otra que quedarse con ellas.

Miró a los guardias atentamente, los ojos entornados y con sospecha mientras desfilaba delante de las filas, hasta llegar finalmente con el Capitán.

-¿Qué encontraron? -Inquirió con severidad.

Él alzó dos capas embarradas.

-Esto. En el vertedor, Lady Azula.

Zuko cerró los puños desde su lugar, pero se mantuvo firme, maldiciéndose mentalmente por haber olvidado las capas.

La princesa frunció el ceño. El vertedor. Su hermano debía de haber estado en los alrededores; o todavía estaba.

-¿Eso es todo?

-Bueno, buscamos por todo el palacio pero nadie encontró nada -le informó el hombro, conteniendo el miedo-. Es como si la tierra los hubiera tragado.

Azula tuvo que refrenarse para no abatirlo.

-¿Como si la tierra los hubiera tragado? -Repitió-. ¿Eres realmente tan estúpido como...? -Y parpadeó. Su mirada era fría, calma, realmente malvada, y asintió-. Puedes irte -sin otra palabra, la príncesa les ladró a su cohortes para que la siguieran adentro, y empezó a descender hacia donde estaba la única maestra tierra prisionera que se atrevería a ayudar a un par de renegados.

-¡Déjenme salir! -Exclamó la muchacha, peleando contra las cadenas sujetando sus muñecas y tobillos.

-No tiene caso que pelees -una voz peligrosa y casi viperina le indicó arrastrando las palabras, perezosa y cansinamente, como si lidiara con ello todos los días. Y probablemente era así. La princesa puso los ojos en blanco, llevándose las manos a las caderas con elegancia real - aburrimiento-. Estas cadenas estan diseñadas especialmente, son un nuevo artefacto de ese mecánico del Reino Tierras. Esposas que bloquean el chi.

-¡Y vienen en tres colores! -Añadió Ty Lee con una sonrisa alegre.

Toph sacudió la cabeza, rehúsandose a rendirse, y siguió luchando.

-Me sacarán de aquí, sabes -rebatió-. Vendrán y te matarán. ¡A ti y a ese mono cerdo que llaman Señor del Fuego!

Azula soltó un suspiro desinteresado.

-Oh, por favor, eres incluso más drámatica que Zuzu.

-Ellos vendrán por mí... -insistió la maestra tierra, cerrando las manos en puños.

La princesa se limitó a sonreír con suficiencia, curvando sus labios en una sonrisa ladina.

-Lo sé -levantó las dos capas, cubiertas en lodo fresco-. También sé que hay gente que irrumpió en el palacio hoy.

Toph bufó.

-¿Por eso es todo el jaleo? Pensé que te habías quebrado una uña.

Ty Lee soltó una risita y Azula le dirigió una mirada severa, antes de volver su vista a la recientemente atrapada maestra tierra.

-Bueno, dos personas rompieron las defensas y están en algún lugar, lo sé.

-Bravo, ¿te gustaría una medalla? -Se burló la chica.

-Sé que los estás ocultando -le respondió Azula sin inmutarse, arrugando los ojos aunque la maestra era inmune a sus múltiples expresiones intimidantes.

Toph se limitó a arquear las cejas.

-Eh, ¿hola? -Sacudió las cadenas- ¿Dónde los esconderías, entre mis pantalones?

-Los has visto, entonces -insistió la maestro fuego.

-¡Soy ciega! -Refuto con un suspiro exasperado-. En serio, ¿por qué la gente siempre se olvida de eso?

Azula gruñó, arrojando las capas a sus pies.

-Sé que sabes que están aquí, y los encontraré.

-Quienes sean que son, no son lo suficientemente estúpidos para dejar que los encuentres.

Ella le sonrió y Toph no necesito verlo, la sonrisa de suficiencia era obvia en su tono.

-Oh, pero verás, ellos lo son, porque han venido a rescatarte.

Toph espero que ella y su amiga se fueran (¿Dónde estaba la Señorita Condenación y Oscuridad?) antes de intentar liberarse de las cadenas una vez más, gastando su energía, desperdiciando su tiempo, pero lo intentó y lo intentó, porque nadie más lo haría, y en esas otras celdas, sus espíritus estaban quebrados, pero el suyo nunca sería aplastado; ni por una princesita mimada y narcisista, ni por nadie.

-Sokka, Katara, Zuko -murmuró entre dientes-, quien sea que eres... por favor... no me vengas a buscar.


Avatar:

Tuvimos un cambio de planes. Sokka, Smellerbee y seis niños están actualmente aquí, en la casa del maestro espadachín. Hubo una revuelta en la Nación del Fuego y la misión fue descubierta. Necesitamos planear algo nuevo, pero por ahora, no llamen la atención y no, NO, se aventuren en territorio enemigo. Mi sobrino y tu Sifu de agua control todavía deben pasar informes. Vengan aquí de inmediato, de inmediato, ¿entiendes? Nada de desvíos, o se te enfríara el té y no calentaré para ti.

El Dragón del Oeste.

Aang bajó la carta, los ojos grises decididos al tiempo que recorrían los rostros que lo miraban fijamente.

Mazo, Jing-Wei, Bumi...

Los números disminuían, disminuían rápido.

Inclinó la cabeza, estrujando el mensaje.

-Vamos a ir a la Nación del Fuego.


¿Y bien? ¿Cómo estuvo? C:

Haciendo a un lado los errores de grámatica y de ortografía - Los arreglaré después de dormir un poco.

POR cierto. Este fic tendrá una secuela. Pensé que les gustaría saberlo. LOL.

Se aprecian los comentarios. Me gustaría oír de todos esos Lectores Fantasmas que andan al acecho.


Capítulo XIII - Un golpe preventivo

La agarró por la fuerza, le colocó una navaja contra la garganta, y Jing-Wei soltó un grito estrangulado.

-¡Aang!

El Avatar vaciló, estudiando al enemigo con la mirada endurecida.

-¡Suéltala! -Exigió.

-¡Retrocede! ¡O la mataré!

Aang se adelantó un paso.

-¡No me pruebes, Avatar! -Rugió el muchacho, el tono no dejaba lugar a la negociación.

El grupo de maestros, amigos reunidos una vez más, rodeban al par, observando con mirada atenta, debatiendo si atacar o no.

Jing-Wei agarró la fuerte mano que la tenía por el cuelo, intentando zafarse haciendo tierra control, pero sabiendo que no podía. Incluso si su vida estaba en peligro, no podía, no podía obligarse a herirlo. Las lágrimas surcaban sus ojos y caían por sus mejillas con cruel amargura, y sacudió la cabeza, suplicando a su captor.

-¡Por favor, por favor, no hagas esto! No tienes que...

Pero él bufó, presionando la hoja contra su carne de modo que una una línea rojo marcó su pálida complexión, sonsacando un jadeo agudo de la muchacha con nombre de ave.

-¡Basta! -clamó el Avatar, su mano se cerró con fuerza sobre su planeador cerrado, inseguro de que hacer.

Y de la nada una flecha pasó volando, apuñalando a su enemigo en un costado.


NT: TamiiV, funny-life, KaoruB, NinieN y Pamex17 GRACIAS, GRACIAS :) Los rr's si que hacen de mi día uno muy lindo :) No dejen de hacer comentarios, críticas constructivas y demás! :D Gracias por leer y comentar! :D :D