Capítulo 12: Secuestrada

Sin dudas fue una velada inolvidable. Los rayos del sol entraron por la ventana más cercana de la presa y del remolque. No se inmutaron por el rey del cielo que invadió los rincones más cercanos. Amanecieron abrazados y acurrucados por las sabanas que tapaban partes pudendas de sus anatomías.

Se escuchó el canto de las aves fuera de la presa. Todo pareció estar en calma, como ellos que descansaban serenamente. Ella con su cabeza apoyada en el bronceado pecho de Rex y él abrazando la fina cintura de su novia con una mano.

Unos pequeños ruidos se hicieron notar afuera del remolque. Aparentemente desvelando a la bella joven que sólo ladeó su cabeza para acomodarse ignorando el ídem de del exterior. Quizás fue algo pasajero, aunque esos ruidos se presentaron mucho más fuertes despertando de golpe a la muchacha que abrió sus ojos con rapidez. Atenta a los sonidos que se volvieron a escuchar.

—Rex.— lo llamó un poco asustada cubriendo su desnudo pecho con la sabana moviendo al joven que solo gruñó. —Rex, Rex, Rex, despierta.— lo llamó de nuevo alarmantemente mirando como el joven despertaba lentamente.

—¿Qué...? ¿qué pasa?— preguntó aturdido y somnoliento soltando un bostezo mientras se incorporó con lentitud en la cama.

—Hay alguien afuera.— advirtió la bella joven tragando saliva.

—¿Qué?— el moreno murmuró sin creerlo restregando un ojo mientras escuchó el ruido ahora de forma más intensa. Rex abrió los ojos como platos al darse cuenta que ya no estaban solos. Las voces de un hombre portentoso y un hombre de voz relajada eran las que se escucharon más cerca. Así que rápidamente pensó que debían estar al ras del remolque. —¡Rayos!— exclamó por lo bajo.

—¿Qué haremos?— preguntó asustada esperando su reacción.

—Ya sé, ya sé.— el joven pronunció tropezando en el hablar. —Primero...— Rex se levantó a toda prisa sin hacer ruido y se puso sus prendas en un tiempo record. Recogió la ropa de Laumy y se la alcanzó despreocupadamente para luego colocándose a hurtadillas caminando en cuatro patas y llegar a ver por el cristal de la puerta las figuras de los dos hombres buscando a algo o alguien. Eso es lo que descifró el joven arma. —Son ellos.— murmuró con rencor cuando la joven se colocó su mini chaqueta negra al mismo tiempo que fruncía a medias el ceño en señal de extrañez. Se acercó cuidadosamente a la ventana que daba a la cama, asomó su vista por el vidrio analizando el terreno; un cristal empañado con un fino polvillo de suciedad.

—¿Saldrás a enfrentarlos?— la joven preguntó de lejos viendo el perfil que más le favorece al joven. Según ella el derecho.

—¿Tengo cara de no hacerlo?— cuestionó mirándola rápidamente con una sonrisa decidida.

—Rex no, espera.— ella advirtió bajando de la cama haciendo el menor ruido y no siendo vista lo menos posible. —Son peligrosos.— recordó deteniéndolo de un brazo.

—Tranquila mami, relájate.— el muchacho pronunció con gracia y seguridad. —Sé cómo manejarlos.— concluyó corriendo la puerta y saliendo al exterior. —Muy bien fenómenos.— Rex los llamó despectivamente captando la atención de los hombres transformando sus tecno-brazos. —¿Quieren pelear o van salir corriendo a esconderse detrás de Gatlocke?— preguntó con agudo humor chocando sus enormes puños entre sí.

—Es Rex y trae compañía.— dijo Hunter Cain observando a los jóvenes.

—La muchacha de la bodega.— comentó el hombre montado en su Siamese P-90 llamado Valve.

—Sí y la Locomotora Loca no responde de sí, si la tocan.— mencionó Rex haciendo una mueca de enojo.

—Rex, yo puedo cuidarme sola.— mencionó la joven un poco agobiada saliendo detrás de él.

—¿Puedes?— preguntó curioso elevando una ceja.

—¿Alguna vez dudaste de mí?— cuestionó la muchacha con una sonrisa una vez que transformó su mano en una tecno-ametralladora.

—Es una EVO, una buena razón para ser eliminada junto con él.— pronunció Hunter Cain apuntándoles con su Sweet Caroline dispuesto a dispararles.

—¡ABAJO!— Rex demandó tirándose al suelo junto con Laumy cuando un bazucaso a travesó la pared de la presa.

—Vaya, que simpático el fortachón, ¿verdad?— mencionó Laumy cuerpo a tierra. Incorporándose rápidamente junto con su novio. —¿Tienes algún plan?— preguntó la joven viendo calculadoramente a sus oponentes.

—No ¿Y tú?— preguntó curioso cuando pegó su espalda con la de ella como táctica de ataque.

—No, por eso te pregunto.— objetó la chica mirándolo sobre su hombro derecho.

—¿Creí que tú eras la que pensaba más que yo?— el joven preguntó ingenuamente alterado ante la situación, mirando al frente y elevando una ceja.

—Y yo creí que tú eras el que pensaba mucho más que yo.— devolvió la pregunta un tanto aturdida.

—El decir que use el 98% de mi inteligencia no quiere decir que sea igual que Einstein.— comunicó el joven arma con serenidad.

—Pues... gracias por comunicármelo, Rex.— pronunció neutral cuando otro bazucaso fue lanzado, agachándose instintivamente junto con él esquivando la munición que sobre voló por arriba de sus cabezas. —¿Ahora tienes un plan?— preguntó con mínima exaltación una vez recta.

—¿Patearles el trasero es una opción?— Rex opinó optimista recibiendo una sonrisa segura de ella.

La pelea entre ellos duró por varios minutos. Rex y Laumy los habían cansado bastante, lo suficiente para que den el último golpe entre los dos. Y aunque lo intentaron, en un descuido de Rex por pelear con el cazador de EVOs, Valve, el hombre que se fusionaba con su motocicleta aprovecho la oportunidad y secuestro a la bella joven retirándose del lugar, atravesando el agujero en la pared junto con Hunter Cain.

—¡Laumy!— gritó Rex cuando reaccionó al darse cuenta del cobarde escape y del secuestro de su chica poniéndola como un botín a rescatar. Y sin pensarlo dos veces Rex se convirtió en Rex Ride persiguiendo a los enemigos que viajaron a toda velocidad por el mismo desértico cañón que estuvieron meses atrás.

Laumy gritó y pataleó para liberarse de las fornidas cadenas que consolidaba Siamese P-90. Pero era inútil, ella no tenía la fuerza sobrenatural de Rex.

—¡Suéltenme!— gritó encaprichada la joven segunda arma de Providencia.

—¡Cállate niña! Y quédate quieta.— demandó quejándose el excéntrico samurai manteniendo su vista al frente.

—¿A quién le dices niña?— la joven preguntó con inusual arrogancia tirando de las cadenas. —Ya dejé de ser una niña hace mucho tiempo.— la jovencita objetó enojada y con doble sentido. —Bueno... hace unas cuantas horas.— murmuró para ella.

El latino estaba que le pisaba los talones a los secuaces de Gatlocke. Pero algo falló en el camino, sus nanites comenzaron a decaer obligándolo a esfumar su motocicleta y dar varios trompos por el suelo.

—¡Rex!— gritó Laumy con desesperación viendo como su chico chocó fuertemente contra el cemento. La visión se achicó a medida que se alejó con los captores.

Rex golpeó el pavimento de un puñetazo cuando se incorporó después de estar pecho a tierra por unos segundos. La furia lo inundó instantáneamente.

—Suéltenme ¿A dónde me llevan?— preguntó un poco asustada y al no recibir respuesta por parte de los hombres, su estado y semblante empezaron a atemorizarse en el acto. —Rex... no me dejes sola en esto, por favor.— susurró para ella mirando al cielo con nostalgia sabiendo que Rex no perdió sus niveles nanites a propósito.

El viento soplaba y acariciaba los cabellos del joven agente; aun enfurecido pero se discernía a levantarse del medio de la ruta. Intentó transformarse aunque sus nanites no respondían a sus desesperantes llamados mentales. Respiró lleno de frustración casi como con ganas de llorar.

—No te abandonare, Laumy.— el joven juró luego de perderles el rastro en el rocoso paisaje. Respondió leyéndole el hablar a la joven dondequiera que se encuentre. —Jamás.— prometió dispuesto a recuperarla cueste lo que cueste.