Siento mucho la demora, pero tuve que salir de emergencia. Mi abuela no esta bien de salud y ella vive en un pueblito donde ni siquiera hay internet, por lo que pude subir hasta hoy. Espero entiendan y también que les guste el cap. Gracias a las chicas que dejaron su review Janalez, jana Cullen y brujcullen.
Capítulo 12
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Victoria´s Secret… ¡Victoria´s Secret! ¿Cómo no lo imaginé? Alice está completamente loca si cree que voy a entrar a este lugar.
– ¿¡Victoria´s Secret!? Alice no voy a entrar a ese lugar. Lo juro, no hay ningún problema con mi ropa interior…– Dije lo que pensaba muy rápidamente mientras trataba de echarme a correr, pero Rosalie me tomó de los brazos y me hizo voltear sobre mis pasos.
– ¿Puedes calmarte? Diablos chica, actúas como si esto fuese un castigo.
–Y lo es, esto es muy, muy incómodo. Además, no planeo mostrarle mis bragas ni a Edward ni a nadie– Dije volviéndome histérica. Las chicas rodaron los ojos.
–Tampoco pretendemos eso Bella. –contestó muy irritada Alice.
– ¿Ah, sí? ¿Y cuál es el plan entonces?
–Como Alice ya te había explicado– comentó mi rubia amiga como si le hablara a un retrasado mental – La idea es vestirte un poco más a la moda y que así todos, pero sobre todo Edward, puedan ver toda tu belleza.
–Para eso no necesito comprarme unos calzones nuevos Rose– Seguí perturbada.
–Agh, eres imposible. Explícale Rose.
–Lo que tratamos de decir, Bella. Es que para realizar el cambio debemos cubrir cada detalle. Y créeme cuando te digo, que un buen conjunto de ropa interior te hace sentir confiada y sobre todo, sexi; Y ese, mi querida y pequeña Bella es el secreto de la belleza. Como te ves es muy importante, pero como te sientes lo es aún más. –Estas chicas estaban mal de la cabeza. No me convenció del todo lo que decían, pero no perdía nada con entrar y probarme una que otra prenda.
Y así nos adentramos en la tienda. Realmente habían cosas hermosas, con las que imaginé que las palabras de Rose tomarían sentido, cualquiera se sentiría segura de sí misma usándolas. Aunque también había prendas que me hacían ruborizar con solo verlas.
–Bien Bella, creo que este sostén es de tu talla. ¿Es hermoso, no? –Un tic nervioso se apoderó de mi ojo izquierdo al ver la diminuta prenda que Alice sostenía en sus manos. ¿Acaso quería que mis queridas "amigas" quedaran exhibidas frente a todo el pequeño pero escandaloso pueblo de Forks? Y no es que yo fuese de busto grande, no. Pero ese minúsculo trozo de tela no alcanzaría a cubrir siquiera lo necesario. Al parecer Rose notó mi cara de estupefacción y negó rápidamente mientras le quitaba el intento de sostén de las manos al duende; ésta en respuesta bufó y se encaminó a buscar otro vestuario más acorde a mí.
Luego de algunos minutos de buscar, Alice volvió con más ropa, la cual me hizo probarme aunque dijo que no era necesario, sabía que me quedaría. Y así fue, realmente era linda. En su mayoría eran de encaje, pero nada demasiado revelador.
–Bien, ahora que la quisquillosa señorita Swan encontró algo de su agrado es hora de ir a comer y luego al salón de belleza– Dijo Alice entre molesta y emocionada.
Las seguí sin rechistar dudo que nada fuese más molesto y vergonzoso que ir a comprar ropa íntima donde un pervertido te ve con cara de deseo mientras a lo lejos alza las prendas para imaginar cómo se verían en tu cuerpo. Lo sé, asqueroso. Y además de eso, ir con tu amiga porque quiere que le muestres a su hermano "lo que se pierde". Realmente Alice ha perdido la cabeza.
Luego de comer una deliciosa pasta en el restaurante italiano que estaba justo en frente del centro comercial volvimos adentro.
Entramos el pomposo salón de belleza que estaba abarrotado, pero Alice ya había hecho una reserva y nos hicieron pasar de inmediato. Fui la primera porque según Alice sería la más impaciente, ya que era la que con menos frecuencia venía a estos lugares. Aunque también dijo que solo iban a cortar un poco las puntas de mi cabello porque se veía muy bonito así. Luego de que lo cortaran me hicieron unos lindos rizos, no era nada del otro mundo, pero realmente me veía y sentía muy bien. La siguiente fue Rose, siguieron el mismo procedimiento que conmigo. Ni de lejos me vería tan espectacular como ella. Alice que todo este tiempo estuvo callada -algo demasiado raro- solo habló para darle las instrucciones de lo que quería que le hicieran. La estilista la vio con asombro y pregunto si estaba segura, Alice asintió decidida, no supe que sería lo que le pidió, de cualquier forma la vería cuando hubieran terminado así que, a diferencia de Rose –que si leía entretenida- seguí ojeando y sin leer nada en realidad en la revista que tenía en mis manos.
–Bien, ¿Cómo me veo? –Dijo de repente el duende hiperactivo. Al levantar la cabeza no podía creer lo que veía. El hermoso y largo cabello azabache de Alice había desaparecido. No es que no se viese bien, al contrario, se veía igual o incluso más linda que antes, pero ciertamente era un cambio extremadamente radical.
–Alice…– Fue todo lo que pudo salir de mi boca. Ella me miró sonriente para luego voltear hacia Rose que guardaba en su cara la misma expresión que seguramente yo tenía en estos momentos.
–Alice…– Pronunció Rose en un susurro. Alice rodó los ojos pero aun así nos miró divertida.
–Sí, ese es mi nombre. Pero, ¿Es todo lo que saben decir?
–Disculpa. Es que… esto es impresionante. Te ves hermosa– Pronunció la rubia. Alice la miro con un falso gesto de ofensa y se tocó el corazón con ambas manos.
– ¿Insinúas que antes no me veía así? Lastimas mi dulce corazón Rosalie Hale.
–Vamos Alice, sabes a lo que me refiero– se defendió Rose.
–Sí, se lo que quieres decir. Luce estupendo ¿no? –Dijo ahora mostrándonos la parte trasera de su cabeza, su cabello apuntaba puntas en todas las direcciones, dándole así un aspecto aún más parecido al de un duende.
–Bien, creo que es hora de regresar a casa. Aún nos queda una noche de chicas, muchos planes para llevar a cabo y algunos secretos que confesar– Cantó Alice, dirigiendo su mirada hacia Rose en la última parte.
Nos encaminamos a la salida y casi río al recordar el día de ayer en este centro comercial. La paliza que se llevó Newton sin duda era un suceso divertido. Las chicas al parecer también lo recordaron pues ellas si comenzaron a reír violentamente, me uní a ellas mientras llegábamos al auto de Emmett, quien nos había prestado su auto porque el de Alice era muy poco espacioso para llevar tantas bolsas. Aun no lo había visto y ella no lo mencionó mucho. Y por la razón que fuera que no sacaba su auto, estaba agradecida. Era muy gracioso ver a Alice saltando para subirse en el asiento del conductor. Solté una risita y ella me fulminó con la mirada. No le di importancia y yo también salté para subirme al enorme Jeep.
– ¿Te parece si pongo algo de música? –Le preguntó Rose a Alice.
–Claro– respondió Al simplemente.
Y al igual que Emmett el día de ayer, encendió la radio pero no había nada interesante, así que decidió darle play al disco que se encontraba en el reproductor. Pero si ayer me pareció de lo más absurdo el que Emmett escuchara a Hannah Montana, hoy cambié completamente de opinión: Hannah Montana no era tan mala.
– ¡Oh por Dios! –dijo Rose echándose hacia atrás en el asiento del copiloto, las tres estallamos en risas histéricas al escuchar las canciones que contenía ese CD. Parecía que Emmett había recolectado las canciones más ridículas de la historia. Decidimos dejarlas para pasar una tarde animada. Esto era insólito, reímos en todo el camino con tan singular lista de reproducción. Entre las canciones que escuchamos estaban:
El macarron chacarron – El mudo.
El baile del gorila – Melody
Asereje – Las ketchup.
La Macarena – Los del Río.
Pican los mosquitos – El morro.
Cerca del desvío no pavimentado que llevaba hasta la casa de los Cullen comenzó una nueva canción: A thousand miles de Vanessa Carlton. Reímos aún más.
–No puedo creer que tu hermano escuche esa canción tan afeminada. Es buena, pero es para chicas– Dijo Rose cuando logró calmarse.
–Ahora entiendo porque no tiene novia– Contestó Alice haciéndonos reír nuevamente. Para cuando nos estacionamos estábamos cantando a todo pulmón. No nos dimos cuenta que los chicos y Esme nos veían con sonrisas en su cara hasta que terminó la canción y ellos aplaudieron. Las chicas bajaron un poco el volumen y yo ni siquiera tuve tiempo de ruborizarme, me lo estaba pasando estupendo.
–Me alegra que les gustara mi recopilación de éxitos– Dijo Emmett llegando hasta nosotras y sonriendo de oreja a oreja. Las chicas nos miramos entre nosotras para soltarnos a reír de nuevo. Era una lista ridícula y más ridículo aún era el pensar que era una buena elección que un chico de 18 años llevara ese tipo de música en su auto.
–Oh cariño, estás muy equivocado si crees que esos son éxitos. ¡Apestan! –Le gritó Rose a la cara, Emmett la miró resentido mientras los demás reían a carcajadas. Me tome el abdomen con ambas manos al reconocer la canción que sonaba ahora.
– ¡Y qué forma de cerrar con broche de oro!– Chillé como pude. Los chicos me vieron como si estuviese loca y probablemente lo estaba. Alice de inmediato le subió al volumen y todos se vieron con los ojos como platos antes de reír. La canción era Barbie Girl de Aqua. Emmett ofendido como estaba por las palabras de Rosalie dijo con sorna:
–Esa canción es perfecta para ti. –La rubia lo miró con furia y abrió la puerta del auto dispuesta a golpearlo, pero el grandulón viendo sus intenciones se echó a correr.
– ¡Ven aquí Emmett Cullen!
Rápidamente Rose salió del auto a perseguir al atlético Cullen, aunque cabe decir que sin importar lo grande y musculoso que fuera, no era demasiado veloz, por lo que, como era de esperarse lo alcanzó y lo trajo de las orejas. Esme no parecía para nada molesta, negó con la cabeza mientras entraba a la casa con una enorme sonrisa. Emmett no puso mucha resistencia a los tirones que le daba Rose, incluso parecía entretenido. Alice y yo también salimos del auto para presenciar mejor lo que hacían.
– ¿Cómo me has llamado, gorilón?
–Creí que lo habías escuchado. ¿Tu nuevo corte de cabello te afecto el oído?
Esto era raro. Por lo general los hombres nunca notan los cambios de imagen de una mujer, y el de Rosalie en realidad no era demasiado evidente. Y si Emmett se había dado cuenta de ello, solo podía significar que se fijaba en mi amiga más de lo que aceptaría. Sin duda era un lindo detalle.
Estaba tan ensimismada viendo la escena de mis amigos pelear que no me había percatado de nada más, hasta que vi como Edward se acercaba hacia el lugar donde yo estaba parada, pero antes de que llegara Alice me tomó del brazo y me arrastró lejos de él, nos dirigíamos dentro de la casa. Estando en el umbral Alice se giró para llamar a Rose.
–Deja ya de jugar con mi hermano, Rose. Tenemos muchas cosas que hacer. –Y sin decir más, siguió su camino con mi brazo pegado a su mano. Llegamos hasta su habitación y yo me senté en su cama para esperar a Rose, Alice se quedó de pie junto a la puerta. Segundos después la rubia entró con una sonrisa en su rostro.
–Rosalie Hale, ¿Qué ha sido todo eso? –Dijo una impaciente Alice con los brazos en jarras y su pie golpeteando el suelo.
–Tú también escuchaste que me llamo Barbie…
– ¡Ja! Por favor, a mí no me engañas, fue por algo más que eso. Vi la forma en que lo mirabas. –Dijo Alice acusadoramente.
– ¿Y de qué forma se supone que lo miraba?
–No te hagas la inocente Rose, tu sabes de lo que hablo.
–No, no lo sé. –Contestó. Pero obviamente si lo sabía. Hasta yo sabía de lo que Alice hablaba.
–Por Dios, hasta Bella sabe de lo que hablo. – ¿Era mi imaginación o me estaba ofendiendo?
– ¡Hey! –Me quejé. Alice me dio una mirada de disculpa.
–Sin intención de ofender Bella, pero eres algo despistada a veces. Como sea, cuéntanos de que va todo esto.
Rosalie suspiró y se sentó en la cama agachando la cabeza, luego se puso de pie y se asomó por la ventana para finalmente con otro suspiro darnos la cara y decir:
–Es de eso de lo que quería hablarles.
Traté de pensar que sería tan duro como para que ella actuara así, pues no era muy común verla dudosa. Medité que tenía que ver Emmett en todo esto y como pocas veces, mi cerebro me dio una respuesta inmediata. Abrí la boca por la impresión, yo ya sabía de qué iba todo esto…
