Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de Stephanie Meyer y la historia es de la escritora Judy Christenberry.

Capítulo 12

— ¿Qué le pasa a Edward? —preguntó Bella, conteniendo el aliento.

—Se pondrá bien —dijo Carlisle—, pero no come ni duerme y Aro está preocupado por él. Supongo que le habrá… afectado todo esto.

— ¿Qué puedo hacer yo? —preguntó la joven.

No quería que Edward sufriera. No había hecho nada malo.

—Nada, querida —Carlisle le dio un golpecito en el hombro—. Hablaré con él por la mañana.

—Iré contigo —dijo Bella, con seguridad—. Después de todo, es culpa mía —se sentía culpable de disfrutar de la familia de Edward mientras él estaba solo.

Esme dio un paso hacia ella.

—Querida, si vas tú también, puedes darle falsas esperanzas.

— ¿Falsas esperanzas? —repitió la joven, que no comprendía bien lo que quería decir la otra.

—Puede pensar que lo quieres. Que vas a volver con él.

—Él no me quiere, Esme. Yo a él sí, pero él no.

Carlisle y Esme se miraron.

—Creo que Edward y tú tenéis los cables cruzados —comentó el hombre—. ¿Por qué crees que no come ni duerme?

La joven no podía responder. No quería expresar en palabras la esperanza que hacía que el corazón le latiera más deprisa. No podía permitirse creer que Edward la quería.

—Tengo que ir contigo —se limitó a repetir.

—Iré temprano —le advirtió Carlisle.

—De acuerdo.

— ¿Por qué no pasas la noche aquí con Nessie? —preguntó Alice—. Así la puedes dejar conmigo por la mañana. Siempre que vuelvas a tiempo de darle de comer, no habrá problema.

— ¿No te importa?

—No. Quiero que arregles las cosas con Edward —la abrazó Alice—. Tú eres la hermana que nunca he tenido.

Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas.

—Vamos —dijo Carlisle—. Te acompaño a tu casa a buscar un cambio de ropa para la niña y para ti.

Amanecía cuando Carlisle, Esme y Bella llegaron al rancho. Y ya había varias luces encendidas en la casa.

—Creo que está levantado —dijo Carlisle—. Iré yo delante. Solo Dios sabe en qué estado estará.

Las dos mujeres salieron del coche detrás de él. Esme le tomó una mano a Bella. Las dos sabían lo importante que podía ser aquella mañana.

La joven había dormido poco. No sabía qué hacer. No quería casarse con Edward si no la amaba. Pero si la deseaba tanto como para enfermar por su causa…

Sabía que ella lo deseaba, lo quería… Quería que fuera el padre de Nessie.

Y todo dependía de… lo que ocurriera aquella mañana.

Carlisle abrió la puerta de atrás y entró en la cocina.

—Hola, papá —lo saludó Edward.

— ¡Maldición, hijo! ¿Qué te pasa? Estás en los huesos.

—Ves, ya te lo digo yo —intervino Jake.

Bella contuvo el aliento.

—Deja de darme la lata, Jake —dijo la voz de Edward.

— ¿Has desayunado ya? —preguntó su padre—. ¿Solo vas a tomar café?

—No dejo de decirle que tiene que comer —comentó el cocinero—. Y también dormir. Lleva una semana dando vueltas por la casa.

Bella no pudo esperar más. Entró en la cocina, seguida por Esme.

Cuando vio al hombre al que siempre había considerado increíblemente atractivo, no pudo evitar un respingo.

Edward lo oyó y se volvió hacia ella.

—Puede que tengas razón, papá, porque ahora también veo a Bella —observó con voz hueca.

—Estoy aquí —musitó la joven—. No es una alucinación.

— ¿Por qué? —preguntó él.

—Estaba preocupada por ti. ¿Por qué te haces esto a ti mismo?

Edward movió la cabeza.

—No sé a qué te refieres.

—No comes ni duermes. ¿Por qué?

—No puedo… Estoy preocupado por Nessie y por ti. ¿Va todo bien?

—Estamos bien —su corazón rebosaba de amor, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Tal vez no podía quererla, pero se preocupaba por ella. Y sabía que sí querría a la niña. ¿Le había pedido demasiado? ¿Podía aceptar lo que le ofrecía?

Carraspeó.

—Jake, ¿puedes prepararnos el desayuno a todos mientras ayudo a Edward a asearse? Y Carlisle, ¿quieres llamar a su capataz y decirle que hoy no irá a trabajar?

Los dos hombres la miraron sorprendidos, pero asintieron de inmediato.

— ¿Qué pasa aquí? No quiero comer nada. Y aunque no me encuentro muy bien, sí pienso ir a trabajar —declaró Edward, confuso.

Bella le tendió una mano.

—Ven conmigo.

—Bella, no puedo prometerte lo que quieres. No puedo olvidar a Tanya y a nuestro hijo. Lo he intentado, pero no puedo. Miré los álbumes de fotos. Jake me mostró las que colocaste tú. Te lo agradezco, y quizá soy un poco obsesivo, pero no puedo fingir que no existieron.

El corazón de la joven se llenó de remordimientos. Ninguno de los dos había comprendido al otro.

—Edward —dijo con un suspiro—. Yo no pretendía que los olvidaras.

— ¿No?

La joven sonrió con ternura.

—Vamos. Hablaremos luego. Antes tienes que comer y dormir.

Edward miró la mano de ella con el ceño fruncido. La tocó y suspiró aliviado.

—Danos veinte minutos, Jake.

—Entendido.

Tiró de él escaleras arriba, y confió en que la expresión confusa de él se debiera a la sorpresa de verla y no a su estado de salud.

Cuando llegaron al dormitorio, le dio un empujón hacia el interior.

—Quiero que te duches y que te afeites —tenía barba de tres días y parecía un vagabundo—. Te sentirás mejor.

—Bella, ¿has oído lo que he dicho? No puedo hacer lo que me pediste.

La joven lo abrazó por la cintura y se puso de puntillas para darle un beso breve.

—Edward, yo no quería eso. Todo irá bien. Si no te importa, Nessie y yo volveremos aquí. Pero esta vez seré yo la que cuide de ti. Y cuando ambos estemos bien, decidiremos lo que queremos hacer.

—No quiero que te marches nunca más. No puedo soportar estas idas y venidas —repuso él, estrechándola en sus brazos.

—Lo sé. No me iré si tú no quieres.

El hombre estuvo a punto de desmayarse de alivio.

—No te duermas todavía —exclamó ella—. Entra en la ducha.

Edward entró en el baño como un niño obediente y cerró la puerta.

Mientras esperaba, Bella deshizo la cama y le puso sábanas limpias. Cuando el hombre salió, estaba mucho mejor, aunque seguía pareciendo agotado.

— ¿Quieres desayunar aquí o abajo? —preguntó ella.

— ¿Dónde estarás tú?

—Donde estés tú —le aseguró ella.

—Entonces abajo. Causaré menos molestias.

La joven le tomó la mano de nuevo y bajaron juntos a la cocina.

—Tienes mejor aspecto —dijo Jake en cuanto entraron—. Todo está listo.

Bella vio que Edward miraba la comida con aire confuso. Si llevaba un tiempo sin comer, no sería fácil. Le apretó la mano.

—Solo esfuérzate un poco.

El hombre la miró.

— ¿Te quedas?

—Me quedo.

Oyó un respingo, que seguramente procedía de Esme, pero no se volvió. Su atención seguía fija en Edward.

Este se sentó a la mesa, sin soltar todavía la mano de ella. Los demás se sentaron también.

—Jake, sírvele un vaso de leche. No necesita más cafeína por el momento —dijo la joven.

—Desde luego. Tenía que haber pensado en ello.

Edward frunció el ceño.

— ¿Leche?

—Es lo que tomamos Nessie y yo. Creo que deberías solidarizarte con nosotras, ¿no te parece? —sonrió Bella. Se inclinó y rozó los labios de él con los suyos.

—De acuerdo —musitó el hombre.

Tomó un sorbo del vaso de leche que Jake le puso delante.

—Bien. Ahora prueba con los huevos. Necesitas proteínas —sugirió la joven.

Edward obedeció. Esme dio un suspiro y Jake y Carlisle se relajaron.

—Oh, el beicon está buenísimo —dijo Bella—. ¿Verdad que sí, Edward?

Este la miró un instante y luego comió un trozo de beicon.

— ¿Dónde está Nessie? —preguntó de repente.

—Con Alice —dijo Esme. Miró su reloj—. Bella tiene que estar de vuelta a las ocho.

—Has dicho que te quedarías —comentó Edward, con tono de alarma.

—Y lo haré. Pero tengo que ir a buscar a la niña. No te importa que venga ella también, ¿verdad?

—Esta es su casa. Por supuesto que puede venir. ¿Me lo prometes?

La joven se inclinó a darle un beso rápido en los labios.

—Te lo prometo. Creo que te ha echado de menos.

Edward sonrió, pero se le cerraban los párpados. Bella le sacudió el brazo.

—Tienes que comer un poco más antes de acostarte, ¿vale?

El hombre consiguió tragar un par de bocados más de huevos revueltos y de beicon. Luego le sonrió.

—Tengo que dormir. ¿Lo prometes?

—Lo prometo.

— ¿Nessie también?

—Por supuesto.

Edward, satisfecho, cerró los ojos.

— ¡Espera! Carlisle, hay que llevarlo arriba.

Jake y su padre se colocaron uno a cada lado de él y lo ayudaron a incorporarse. Bella se adelantó a abrir la cama. Esme cerraba la marcha.

Carlisle ayudó a la joven a quitarle la camisa y los vaqueros. Edward quedó tumbado en ropa interior.

Bella lo tapó con la manta.

—Gracias por ayudar —dijo a los otros—. Me quedaré unos minutos hasta que se duerma y luego bajaré.

Los otros tres salieron de la estancia y ella se sentó al borde la cama y pasó los dedos por el cabello de Edward. Iba a convertirse en su esposa. Puede que no la quisiera como a ella le hubiera gustado, pero la deseaba.

Había creído hacer lo correcto al exigirle que la amara. Pero nunca había tenido intención de pedirle que olvidara a su primera esposa y su hijo.

¿Cómo hacer que lo entendiera así? ¿Cómo asegurarle que no tenía intención de robarle a su familia?

Miró a su alrededor, intentando pensar. Y de repente tuvo una idea.

Bella descubrió que los parientes de Edward estaban dispuestos a hacer lo que ella pidiera. Nunca había tenido el amor y el apoyo de una familia y sentía deseos de pellizcarse cada cinco minutos para cerciorarse de que estaba despierta.

—Me alegro mucho —exclamó Alice, cuando Esme le contó que su hermano iba a casarse.

Bella sonrió.

—Tenemos que esperar a que piense con coherencia para estar seguros —les recordó—. Creo que si hoy le hubiera pedido que robara un banco, lo habría hecho. Parecía un zombie.

—Pues yo estoy segura —protestó Esme—. ¿Cuándo podemos empezar a preparar la boda?

—No habrá mucho que preparar —señaló la joven—. Será una boda íntima.

—Si crees que vamos a permitir que os caséis como si os avergonzarais de lo que hacéis, estás loca —dijo Carlisle—. Tenemos muchas cosas que celebrar.

—Si Edward está de acuerdo.

—Lo estará —sonrió su padre.

—Vale. Supongo que puedo gastar mis ahorros —asintió Bella.

—No harás nada semejante —le aseguró Esme—. Será nuestro regalo… de Carlisle y mío.

—Pero… —musitó Bella, avergonzada, porque era tradición que la boda la pagara el padre de la novia.

Alice la abrazó.

—Más vale que aceptes. Ahora eres miembro de nuestra familia y va siendo hora de que descubras lo testarudos que son los Cullen.

—Hablaremos de la boda cuando Edward se muestre conforme —repuso la joven—. ¿Me puedes llevar a mi apartamento? —preguntó a Carlisle—. Quiero estar en el rancho cuando se despierte.

El hombre se mostró de acuerdo.

—Aunque creo que dormirá doce horas por lo menos.

—Lo sé, pero quiero estar segura.

Bella puso en marcha su plan secreto mientras estaba en el pueblo, y el dependiente de la tienda prometió tenerlo todo listo para las cinco. Le pediría a Jake que fuera a recogerlo.

Fue al rancho con su coche. Sus futuros suegros se ofrecieron a acompañarla, pero rehusó. Jake la ayudaría a sacar las cosas.

— ¿Crees que podemos trasladar ya a Nessie al piso de arriba? —preguntó al cocinero—. Ahora ya puedo subir escaleras sin problemas.

—Desde luego —sonrió el viejo vaquero.

—Quizá debería hablarlo antes con Edward —musitó la joven.

—No será necesario. Podéis instalaros mientras duerme. Se sentirá complacido.

—Espero que tengas razón.

Esa tarde durmió un rato en la cama de Edward. Él no se había movido desde por la mañana, pero quedaba sitio de sobra para ella. Y tumbada a su lado, se sentía bien.

Cuando Nessie la despertó a las cuatro, descubrió que Edward la tenía abrazada, como si quisiera demostrar su aprobación en sueños.

Al menos, eso era lo que ella esperaba.

Apartó el brazo de él, salió de la cama y fue a buscar a su hijita a la habitación de al lado.

—Hola, tesoro. ¿Tienes hambre? Papá se alegrará de verte cuando despierte, pero puede que cambie de idea si no dejas de gritar.

Se sentó con ella en la mecedora, sumida en sus pensamientos. ¿Sería cierto que podía esperar aquel final feliz o era demasiado bonito par ser cierto? Estaría casada con el hombre al que amaba, viviría y criaría a su hija en el seno de una familia que las quería.

—Por favor, Señor, que sea cierto —rezó.

Cuando bajó a la cocina, después de amamantar a Nessie, encontró un paquete sobre la mesa.

—He ido a buscarlo como me pediste —le dijo Jake—. ¿Qué hay dentro?

—Una sorpresa para Edward —se limitó a decir ella.

— ¿Crees que se despertará para cenar?

—No estoy segura. Puede que no. Pero necesita comer. Quizá haya que despertarlo.

Cuando la cena estuvo lista, preparó una bandeja con un vaso de leche, un filete, patatas y alubias.

—Volveré en unos minutos —le aseguró a Jake.

Una vez arriba, le costó un rato despertar a Edward. Cuando lo consiguió, le colocó un par de almohadas a la espalda.

—Quiero que comas un poco —dijo—. ¿Estás despierto?

El hombre se dejó caer a un costado.

La mujer le dio un beso.

Aquello atrajo su atención.

— ¿Bella? ¿No estoy soñando?

—No. Pero tienes que comer algo. Luego puedes volver a dormir.

— ¿Y estarás aquí cuando despierte?

—A tu lado. Vamos, abre la boca —acercó un tenedor con comida a sus labios—. Mastica —le pidió, ya que había vuelto a cerrar los ojos.

Edward obedeció.

Bella, que sabía que no tenía mucho tiempo, probó a continuación con el vaso de leche. Consiguió que diera unos bocados más y se bebiera toda la leche antes de volver a dormirse.

Estaba preocupada. Había vuelto a instalarse allí, y él ni siquiera era plenamente consciente de ello. ¿Y si la echaba cuando se despertara?

Si lo hacía, se marcharía del pueblo enseguida.

Los padres de él estaban preparando la boda.

Tendió una mano y le acarició la mejilla. Lo único que podía hacer era espera… y confiar.

A la mañana siguiente, Edward se despertó con hambre. Su primer pensamiento fue que se sentía mejor que en mucho tiempo. El segundo, que la vida tenía más sentido aquella mañana.

El tercero fue que había alguien en su cama.

Abrió los ojos y contempló el rostro tranquilo de Bella. Recordaba vagamente que sus padres y ella habían ido al rancho. ¿Pero qué había ocurrido para que acabara en su cama? ¿Le había prometido lo imposible… olvidar a Tanya y a su hijo?

De ser así, tendría que ser sincero con ella cuanto antes. Pero al fin había llegado a la conclusión de que las quería a Nessie y a ella. Quizá no fuera imprescindible que le dijera que todavía pensaba también en su primera familia.

Pero si no se lo decía, no sería sincero.

Estaba contemplando la posibilidad de tocarla, cuando su hija soltó un grito. ¡Nessie! Bella abrió los ojos antes de que pudiera salir en su busca.

—Buenos días, Edward. Creo que nuestra hija quiere desayunar. ¿Y tú?

—Ah… Sí.

La mujer salía ya de la cama, ataviada solo con un fino camisón.

—Volveré enseguida.

¿Pensaría dar de mamar a la niña allí? Era una experiencia que había deseado compartir con ella desde el principio.

Oyó su voz.

—Jake, el desayuno en media hora, por favor.

—Entendido —gritó el cocinero.

La mujer apareció en la puerta con la niña en brazos.

—No es un modelo de paciencia, ¿verdad? Jake dice que se parece a ti en eso. Que tu hijo era igual.

Edward se quedó atónito al oír mencionar a su hijo. La miró con fijeza. Hasta que ella le puso a la niña en los brazos.

— ¿Te importa sostenerla mientras coloco unos cojines?

—Ah… claro que no —murmuró, algo confuso por el comportamiento de ella.

La joven se instaló a su lado en la cama y se destapó un pecho. Luego le quitó a la niña y él observó a Renesmee agarrarse al pecho como si estuviera muerta de hambre.

Bella levantó la vista.

—Si no quieres esperar a que la señorita se canse de comer, seguro que Jake tiene ya café preparado.

—No, no, quiero mirar.

Le pasó un brazo por los hombros y ambos guardaron silencio. Resultaba muy reconfortante tener a las dos tan cerca.

Cuando llegó el momento de cambiar de pecho, Bella le pidió a Edward que le sacara el aire a Renesmee mientras se preparaba. El hombre le frotó la espalda a la niña hasta que la oyó eructar.

Bella soltó una carcajada.

—Es bueno contar con un experto —musitó—. ¿Cuánto tardó tu hijo en dormir toda la noche seguida? Olvidé preguntárselo al doctor Vulturi.

—Bella, no comprendo.

— ¿Qué?

No quería sostener esa discusión en ese momento en que apenas había cruzado el umbral del paraíso, pero era preciso que lo hablaran.

— ¿Por qué hablas de… de mi hijo? —preguntó.

La mujer no pareció haberlo oído. Siguió mirando a Nessie. Pero cuando él ya se disponía a repetir la pregunta, la oyó decir:

—Quería que supieras que cometí un error.

— ¿Sobre qué?

—No dejé claro lo que quería.

Edward frunció el ceño.

—Dímelo ahora.

—Yo no quería que olvidaras a Tanya y a tu hijo. Sé que los querías y los querrás siempre. Solo quería que nos hicieras un hueco también a nosotras.

Los ojos de Edward se llenaron de lágrimas. La estrechó contra sí. Apoyó su cabeza en la de ella y rezó en silencio una plegaria de gratitud.

—Te quiero. Quiero a Nessie.

— ¿Entonces todo está bien? ¿Deseas que nos quedemos?

— ¡Por supuesto! —exclamó él, apartándose—. ¿Lo dudabas?

—No estaba segura de que ayer por la mañana supieras lo que decías. No quería asumir que… Parecías muy confuso.

— ¿Qué te dije?

—Que querías que me quedara.

— ¿Y no te dije que para siempre?

La joven negó con la cabeza.

Edward la besó en la boca. Cuando levantó la cabeza, preguntó:

— ¿Cuándo te dijo Aro que podías…? Ya sabes…

—No se lo pregunté. No parecía tener mucho sentido hacerlo. Pero creo que quizá no estés todavía preparado para eso. Anoche se te veía muy débil.

La niña eligió ese momento para soltar el pecho de Bella.

—Puedes sacarle el aire otra vez —dijo la joven. Edward tomó a Renesmee en brazos.

—Me gusta esto de compartir el trabajo.

—A mí también —le aseguró ella.

— ¡El desayuno! —gritó Jake desde el piso de abajo.

—Ya vamos —dijo Bella, miró a Edward—. Pásame a Renesmee y vístete. No queremos escandalizar a Jake.

— ¿Tú vas a bajar así?

—No. Me pondré la bata que me compraste cuando estaba en el hospital. Ah, por cierto, olvidaba decirte que tu madre está preparando la boda.

—Pues espero que sea para dentro de poco —salió de la cama, sorprendido de ver que le temblaban algo las piernas.

Se acercó a la cómoda a buscar unos vaqueros. Cuando abría el segundo cajón, su mirada cayó sobre un retrato enmarcado colocado sobre el mueble y que no estaba antes allí.

Después de la muerte de Tanya y el niño, había retirado todas las fotos. No podía soportar mirarlas. Pero su retrato favorito de los tres juntos ocupaba ahora un lugar de honor en la cómoda.

— ¿Bella? ¿De dónde ha salido esto? —preguntó con voz ronca.

La mujer, que se había puesto la bata, se acercó a él con Nessie en los brazos.

—Espero que no te importe. Pensé que así te demostraría que no intento suplantarlos. Ahora somos todos, una familia.

Edward la abrazó, con los ojos fijos todavía en la foto.

—Te creo, cariño; y te agradezco que hayas puesto la foto ahí. ¿Seguro que no te importa?

—Seguro.

El hombre la estrechó más contra sí. Al fin tenía otra vez una familia. Con todos ellos.

— ¡Se enfrían los huevos! —gritó Jake.

— ¿Estás bien? —murmuró Bella.

—Sí; por primera vez en mucho tiempo, estoy bien.

—Entonces vamos a engordarte para que la gente no piense que soy una cocinera terrible cuando nos casemos.

Bajaron las escaleras juntos… como tenían intención de seguir estando siempre.

FIN

Gracias por tomarse un momento para leer la historia.

Gracias por los reviews.