Capítulo 11. Obstáculo 1
Todo entre ellos parecía tan distinto a tan sólo unos días atrás, y Blaise sabía que sólo podía culpar al ojiverde por el giro de 180 grados en la personalidad de su pareja, desde que 'el niño que vivió' regresó al mundo mágico y pareció encontrar fascinante la compañía de Seamus, eran pocos los momentos en que ambos no estaban juntos.
Seamus se suponía debía ayudarlo a adaptarse al tipo de vida caótico al que iba a enfrentarse todo el día, pero a pesar de su pequeña fortuna en Gringotts, Potter seguía insistiendo en que debía trabajar, que era algo que le iba a costar abandonar de la rutina en su nueva vida. Aquella que tendría que dejar atrás, porque el ser héroe es un trabajo a tiempo completo.
Blaise odiaba cada momento en que Seamus se despedía de él con una sonrisa en el rostro y desaparecía de su campo visual.
Sabía que el irlandés seguía siendo fiel, porque los Gryffindor eran así de inocentes y respetaban sus relaciones, de un modo en que los Slytherin jamás harían.
Para el irlandés, Blaise lo era todo y él lo apreciaba.
Lo que no apreciaba era que ahora su tiempo compartido se viera reducido porque el de cabellos castaños consideraba su amistad con Harry un nivel más por encima de su relación con el Slytherin, pero Blaise no podía enfadarse demasiado, porque él mismo, ocasionalmente, encontraba la compañía del rubio mucho más placentera que la de su pareja.
Claro que después no podía evitar más que sentirse como la más grande basura del mundo por aquellos pensamientos, porque sabía que contaba con el afecto y amor incondicional del otro joven, quien renunció a tantas cosas por estar con él.
No te lo mereces. Pensaba constantemente, pero aunque sabía que recibía más de lo que le correspondía, ¿qué persona en su sano juicio es capaz de rechazar algo que te dan sin condiciones?
Quizás, la única condición de Seamus, de forma tácita, era la compañía de Blaise.
El joven de cabellos castaños no quería quedarse solo, menos ahora que lo único que tenía en la vida, además de Blaise Zabini, y que era su madre... había sido secuestrada y apartada de su lado.
No fue un buen novio porque no consoló a Seamus cuando escuchó la noticia, porque esa misma noche, cuando su novio se abandonaba al sufrimiento, abrazándose a sí mismo, envuelto entre sus sábanas, él encontraba placer en el cuerpo de su amante.
Y eran actos como ése, los que lo hacían sentirse como la peor basura del universo.
Realmente, todo lo que tenía, era demasido para alguien como él.
Por eso mismo, tampoco le reclamaba a Seamus su reciente actitud.
El joven se mostró tan emocionado cuando llegó a casa y le dijo que Harry se mostró tan amable con él y que compartieron bastante, que consiguió enterarse cómo Harry sobrevivió sin magia en el Londrés Muggle, y sus ojos brillaban con tanta emoción, y su voz parecía más animada, que no pudo más que odiar un poco más al ojiverde.
Porque de sus dos hemisferios: Draco y Seamus, ambos parecían fascinados con el regreso del héroe mágico.
Odiaba aquella fijación de los dos jóvenes.
Lo de Draco era algo bastante intenso, no era completamente odio, ni tampoco completamente repulsión, pero era demasiado intenso como para que a él le causara la misma gracia que parecía ocasionarle al rubio, quien podía pasar horas riéndose de lo débil e indefenso que el ojiverde parecía en aquellos momentos.
Jamás algo llamó tanto la atención del rubio, menos durante mucho tiempo.
En cierta forma, se sentía desplazado, y no le gustaba sentirse así.
Se preguntó vagamente si era la misma sensación que experimentaba su pareja cuando él lo menospreciaba y prefería pasar su tiempo con su amante.
Blaise no era estúpido.
Todo el mundo parecía conocer de sus actividades con el heredero Malfoy, era un secreto a voces, algo que todos oían, que todos comentaban, pero que a Seamus nadie le confirmaba realmente, y si bien el irlandés no era completamente estúpido, jamás tuvo la oportunidad de descubrir a su pareja y a su amante, y cuando menos sabía que el moreno tenía cierto respeto por el departamento en que ambos vivían.
Alzó el rostro.
No estaba solo.
El mismo rubio que tantos problemas le ocasionaba, pero que era capaz de hacer que los olvidara, estaba sentado frente a él, inmóvil y con una sonrisa en el rostro.
Su cabello rubio y lacio enmarcaba su pálido rostro y sus ojos azules, con un tinte casi grisáceo, rayando en lo plateado, brillaban con emoción contenida.
El moreno sabía que tenía una noticia.
Draco sabía algo que él no, lo que lo ponía tan contento.
Y si su mente no le fallaba, seguramente que era algo relacionado con Harry Potter, porque últimamente lo único que parecía satisfacer al rubio eran aquellas conversaciones que involucraban al héroe o enterarse de lo que éste estaba haciendo.
Y aunque no se lo dijera, Blaise sabía que Draco estaba muy contento por el desarrollo de la amistad entre el cara rajada y Seamus.
Draco, después de todo siempre quiso recuperar aquel puesto que el irlandés le arrebató.
Era él quien merecía el título del dueño del corazón del Slytherin.
Sacudió la cabeza y regresó su mirada al frente, la visión maravillosa ante él simplemente amplió más su sonrisa, complacido por la atención que estaba recibiendo, que era más de la que usualmente recibía por parte de su amante.
Esta vez, sin embargo, si podía culpar a Seamus de su acercamiento al rubio.
Era sólo hombre, necesitaba consuelo, apoyo y comprensión.
Cosas que su pareja estaba negándole para compartirlas con alguien más.
Seamus pareció convertirse en la niñera a tiempo completo del ojiverde.
- ¿Qué es lo que sabes ahora? - preguntó de una vez, al darse cuenta que el rubio no iba a hablar, porque seguramente prefería que Blaise rogara un poco para obtener cualquier tipo de información, y no iba a hacerse el difícil.
Si la noticia no le interesaba, simplemente iba a convencer a Draco de cambiar el tema.
El sexo siempre fue una distracción bastante efectiva con el rubio.
Pero sí, era sólo sexo, porque desde que sus celos se apoderaron de su sentido común y razón, se dio cuenta que lo suyo con Draco era puramente un vínculo carnal, para satisfacer aquella necesidad de sexo desenfrenado y bastante bueno que con Seamus era incapaz de satisfacer.
Quizás estaba siendo cruel con ambos.
Con Draco por jugar con sus sentimientos, con Seamus por engañarlo... pero él también sufría.
A su manera, pero lo hacía.
Draco frunció el ceño.
El tono del moreno dejaba a entrever que no estaba dispuesto a entretenerlo del modo en que él había querido toda la tarde.
Puso los ojos en blanco y suspiró.
Conocía los sintomas de su amante, sabía qué era lo que tenía.
Su diagnóstico era que el otro Slytherin estaba celoso.
- Es sobre Potter. - respondió.
Oyó el resoplido del otro joven y no se contuvo, volvió a rodar los ojos, cansado de la actitud de insensible y aburrido que Blaise adoptaba siempre que la conversación se desviaba a Harry Potter.
El rubio decidió continuar.
- ¿Recuerdas lo que te dije de las pociones que poseo en la cámara secreta de los Malfoy? - preguntó, pero ni siquiera esperó una respuesta antes de continuar, demasiado entusiasmado como para detenerse. - Le escribí una carta a Granger, siguiendo órdenes de Snape, y ella respondió. Está decidida a aceptar mi ayuda porque cree que es hora que realmente se termine la poción.
- ¿Estás seguro que tu poción no va a matar a Potter?
La ironía en su voz le hizo sonreír.
- No seas ridículo, Blaise. - dijo con voz seria, pero en sus ojos había un brillo que el otro no podía distinguir, una luz que hacía mucho tiempo no estaba en los ojos del rubio. - Pasé tanto tiempo esperando este momento como para irlo a arruinar con algo tan estúpido como para envenenarlo con una poción.
Hubo una pausa, pausa un poco incómoda por parte del moreno.
Draco, por su parte parecía pensar en algo que lo mantenía sonriendo ampliamente, y es que estaba visualizando su próximo encuentro con el rubio, porque suponía que sus amigos le habían dicho quién era y qué tipo de relación tuvieron en sus tiempos de Hogwarts.
Seguro, también, que ahora le trataba más distante que antes, porque parecía que ahora toda su atención se centraba en Seamus.
Y aunque la idea la agradaba, porque eso significaba que podía apartar al irlandés de su camino, también le hacía preguntarse qué era lo que todos parecían ver en el castaño... no era alguien tan especial a los ojos del rubio... sólo un joven más, bastante común, que tuvo la suerte de cruzarse en el camino del Slytherin moreno y llamar su atención un poco.
- No hay nada de satisfacción en matar a alguien con una poción envenenada.
- ¿Qué tipo de satisfacción buscas de Potter? - quiso saber, quizás con un tono de voz demasiado brusco.
El rubio simplemente lanzó una sonora carcajada que hizo sonrojar a Zabini.
Su posesividad hacia Draco no se había manifestado recientemente, y el hecho que lo hiciera ahora quizás le daba un poco de esperanza al joven.
Pero el rubio sólo pareció interesado en reírse de la situación.
- Eres un idiota, Blaise. - afirmó con voz suave. - Si yo quisiera algo más de Potter, créeme que ya lo tendría... ni siquiera él es un reto para mí. Nunca nadie se me ha resistido, ni siquiera tú, y aunque no estés realmente conmigo, tampoco me apartas por completo.
Apartó el rostro, porque era cierto.
Se preocupaba por darle falsas esperanzas al rubio cuando era justamente eso lo que hacía cuando le permitía quedarse con él, cuando pasaban noches de pasión juntas y se entregaban a momentos de frenesí y desesperación.
Era demasiado.
- Sabes que no es así, Draco.
El rubio golpeó la mesa.
- Deja de arruinarme mi diversión, ¡maldita sea, Blaise! - gritó y observó con deleite la expresión confusa del rostro de su contraparte. Jamás le había gritado a Blaise, porque el otro jamás hizo nada para enfadarlo, pero su comportamiento de chiquillo mimado empezaba a molestarlo.
¿Y qué si estaba celoso?
No era como si las otras dos partes de aquella relación: él y el irlandés, no hubiesen tenido que soportar exactamente lo mismo.
¿Quién era él para exigir su atención por completo?
- ¡Si estás enfadado, enfádate tú y deja de interferir en mis planes y en mi entretenimiento! A nadie le agrada una persona tan seria y aburrida como tú estás siendo ahora.
Vio que el rubio pareció calmarse, así que simplemente respiró profundamente y asintió.
Sabía que todo lo que escuchó era cierto, ¿por qué tanto interés en las actividades de Draco cuando llegó a la conclusión que no lo amaba?
¿Por qué simplemente no decirle adiós?
Lo vio de nuevo, apreció su etérea belleza, sus rasgos elegantes y finos... supo por qué seguía estando con él, porque conquistar a Draco Malfoy era algo que nadie lograba, y que él lo hubiese hecho, significaba tanto que no quería renunciar a aquel privilegio.
Estiró su mano y rozó la del otro, sintiendo la suavidad de aquella piel de porcelana.
Para el rubio no fue difícil descifrar aquella mirada que recibió de parte de Blaise y negó con la cabeza.
- Aún no termino con lo que estaba diciendo. - comentó casualmente y apartó su mano de la de su amante, privándolo de su roce. - Snape cree que tengo que insistir en ayudar a Hermione a terminar la poción, porque es posible que ella haya aceptado la ayuda, pero por temor, se rehúse a usar mis ingredientes.
- Es normal, todos los Gryffindor saben de tu peculiar relación con Harry.
Se encogió de hombros.
- No había nada de peculiar, simplemente nos desagradábamos mutuamente y encontrábamos cierto placer en hacer que el otro tragara nuestro polvo. - recordó con una sonrisa el rubio.
Blaise no consideró pertinente recordarle al rubio que quien había comido el polvo la mayoría de las veces había sido el rubio.
- ¿Crees que Granger te permita ayudar? - decidió cambiar de tema.
Draco pareció apreciarlo, porque volvió a estirar su brazo y sujetó la mano de Blaise entre la suya, sus dedos largos y blancos enredándose en los dedos oscuros y gruesos de Blaise, quien se llevó aquella mano pequeña a los labios y la besó.
- Será mi condición para darle la poción... y como Snape ofreció estar presente, Granger tendrá que aceptar.
Zabini frunció el entrecejo.
La mención de su antiguo profesor de pociones le decía que él no iba a poder estar presente.
- Puedo hablar con Snape.
- Olvídalo, Draco. - dijo. - No quiero estar presente, seguro que estás más ocupado viendo como Potter se toma la poción como para prestarme atención a mí.
El rubio enarcó una ceja.
- Eres un idiota. - espetó. - Eso es lo que hacemos siempre que hay Gryffindors presentes, y ahora me exiges mi atención... ¡vete al demonio!
Blaise se dio cuenta de lo que había estado pidiendo.
La atención del rubio en el mismo lugar donde Harry iba a beber la poción, donde seguramente iban a estar Granger, Weasley, Seamus y Snape.
- Draco.
- ¡No, Blaise! - exclamó. - Sé que no eres tan estúpido... déjemoslo así.
Asintió.
Lo aceptaba, tuvo un lapsus y por eso fue que no pensó en lo que estaba diciendo, no sabía lo mucho que su falta de raciocinio podía destruir todo aquello que le costó tanto tiempo lograr construir.
Volvió a besar la mano del rubio.
Había algo atrayente en tenerlo ahí, en su oficina, sólo para él, sin interrupciones, porque hasta donde sabía, tenía un par de horas libres, lo que le daba el tiempo suficiente para entretenerse con el rubio, quien seguramente estaba de acuerdo con él y sus planes.
Quizás no amaba a Draco, pero en ese momento, ¡cómo lo deseaba!
-------------
Caminó por aquel largo pasillo.
Su día había sido bastante entretenido porque lo compartió con Harry y si bien él aún no se permitía disfrutar por completo sus momentos con él, por el tipo de relación que los unió antes del accidente del ojiverde, tampoco se permitía que su culpabilidad le arruinara por completo todo su día.
Aún mantenía ciertas distancias con Harry y sabía que éste se dio cuenta desde el principio, porque no le presionaba.
No lo hacía porque quería que Seamus aprendiera a sentirse a gusto cuando estuviera con él, lo cual era un pensamiento que le hacía sentir bien.
Alguien, finalmente, parecía preocuparse un poco por él, lo que le brindaba cierto confort.
Uno al que no quería renunciar.
Encontraba en Harry y sus momentos compartidos, todo aquello que Blaise en un principio le ofreció y prometió, pero que un día repentinamente le arrebató.
Odiaba a Malfoy, pero no podía culparlo completamente del triángulo amoroso en el que vivía, porque para engañar a alguien se necesitan dos personas, y Blaise cooperó bastante bien durante todo ese tiempo.
Seamus aún no abandonaba a Blaise, porque seguía amándolo.
Tonto corazón que latía aún con amor cuando escuchaba a Blaise o cuando lo veía.
Estaba en el Ministerio, el mismo lugar donde Blaise trabajaba.
Su pareja tenía un puesto importante y siempre estaba relacionándose con funcionarios de renombre, por lo que muchas veces también se veía forzado a viajar y a dejar solo a su novio.
Por supuesto él no se quedaba solo, porque en muchos de sus viajes, por coincidencias, según Blaise, Draco siempre tenía que ir a realizar algo en el mismo lugar en que él se encontraba.
Muchas veces sintió la ardiente necesidad de irse él a ver a Blaise, pero temía interrumpirlo en su trabajo y que realmente todos aquellos rumores que escuchaba fueran sólo paranoia suya.
Siempre pensó que Blaise se merecía un poco más de su confianza.
Ahora se preguntaba si estaba bien habérsela dado.
Giró en una esquina.
Sabía que la oficina de Blaise estaba en otro piso, pero antes, no perdía nada si iba a saludar a su buen amigo Dean, que le dijo que iba a estar en el ministerio por un trámite que tenía que realizar, antes de regresar a San Mungo, donde estaba laborando.
Antes de llegar, sintió que alguien se acercaba y le tocaba el hombro.
Se volvió rápidamente y se encontró con Dean.
- Creí que estabas...
- No. - le interrumpió. - Ya se solucionó el problema, resulta que el mortífago que tenemos en San Mungo realmente no sabe tanto como muchos aquí creían, así que puede quedarse en San Mungo... lo cual está bien... merece el tratamiento.
- ¿Mortífago dijiste? - preguntó el joven.
Dean asintió.
- No te preocupes, al parecer no hay relación alguna con las desapariciones y la actividad de algunos mortífagos... ya los conoces, algunos actúan por despecho, por perder la guerra, pero no son tan peligrosos como lo fueron antes. - explicó el joven. - Fue sólo un hecho que pareció relacionarse, pero no tenía ninguna relación realmente.
Pero el irlandés no pareció muy relajado.
La sola idea de mortífagos relacionados con la desaparición de su madre hacía que los vellos de su piel se erizaran, porque sabía que no eran las personas más agradables sobre la faz de la tierra.
- En serio, relájate un poco, Seamus. - pidió Dean con una sonrisa. - Harry está aquí y nos va a ayudar, así que no hay que preocuparse, ¿ok?
Asintió.
No se sentía mucho más relajado pero debía pretender que sí, además Harry sí le brindaba cierta seguridad.
Sonrió un poco y recibió un asentimiento de Dean.
- ¿Cómo va todo?
Seamus suspiró.
- Uno pensaría que Hermione sabe lo de Harry por la cantidad de tiempo que nos hace compartir juntos, pero lo dudo... era algo que no compartimos con nadie... bueno, yo te dije, pero fue porque tú nos viste.
Dean movió afirmativamente la cabeza.
Un día los observó acurrucados en la cama de Seamus, susurrándose cosas y encontrando confort el uno en el otro.
Seamus no le pudo ocultar más aquella relación.
- ¿Y Zabini? ¿Cómo está tomando las cosas? - quiso saber, porque odiaba la forma en que el Slytherin trataba a Seamus, como si le hiciera un favor al ser su novio.
Quería que su amigo retomara lo suyo con Harry.
Parecía que parcialmente, Seamus también lo quería.
- No lo sé... hace unos días que no nos vemos tan seguido, ya sabes... él dice estar muy ocupado en el trabajo y yo estoy casi todo el día con Harry. Sé que debe estar molesto, le molesta que yo lo ignore y él cree que estoy ignorándolo.
- ¿Vas a verlo?
Seamus asintió, sonriendo levemente.
Un momento con su novio sonaba bastante bien, quizás era hora de una reconciliación, porque sí extrañaba bastante al gruñón de su novio.
- Entonces yo me despido, no creo que Neville pueda tanto tiempo sin un poco de ayuda, últimamente hemos estado recibiendo a mucha gente, no sé por qué.
- Parece que estamos en guerra de nuevo. - dijo el castaño.
Su amigo asintió.
Todos parecían haber notado eso... y era hora de empezar a contraatacar.
- Nos vemos después, Dean. - se despidió Seamus, dándole un fugaz abrazo a su amigo, quien se atrevió a apretar estrechamente a Seamus antes de dejarlo ir.
Lo quería tanto, era su mejor amigo... y en realidad quería que se olvidara de Blaise.
Seamus reanudó su camino hacia la oficina de Blaise.
Sabía que su novio odiaba las sorpresas, pero esperaba que esta vez fuera diferente, porque quería darse una oportunidad, superar un poco aquellos obstáculos que estaban interponiéndose en su relación, y un momento sólo ellos dos sería ideal para eso.
Avanzó con paso veloz, porque estaba alegre y quería acortar rápidamente la distancia que lo separaba de Blaise.
Pero cuando llegó a la puerta de Blaise, se arrepintió de su entusiasmo, de su emoción y las ganas de superar todo, porque aquello que escuchó fue claramente un gemido.
Cuidadosamente, para no hacer ningún ruido, abrió la puerta y lo que observó fue aquello que terminó por destruirlo por completo.
Como si lo de su madre no fuera suficiente ahora tenía que enterarse de aquello que quiso nunca aceptar... se suponía que Blaise lo amaba, pero era mentira, porque si realmente lo amara, no buscaría satisfacción en una persona distinta a él.
Y tal como todos se lo dijeron durante tanto tiempo, el cuerpo bajo el de Blaise, moviéndose ritmícamente mientras gemía y se aferraba al moreno era el de Draco Malfoy, quien parecía bastante satisfecho de sí mismo, quizás por poseer algo de Blaise.
Algo que nunca sería de Seamus.
El joven dio media vuelta y se marchó a paso veloz.
Odiaba sentirse tan traicionado.
Y Blaise definitivamente no se merecía sus lágrimas y su sufrimiento, pero era una lástima que sin embargo los tuviera.
-------------
Tomó una decisión, sabía que quizás no era la mejor decisión que tomaba en su vida y realmente no le importaba, estaba tan desesperada que estaba dispuesta a aceptar ayuda de cualquier persona que se ofreciera a dársela.
La carta de Malfoy llegó en un momento en que estaba a punto de darse por vencida, porque era realmente complicado.
La poción era lo único en lo que estaba trabajando actualmente, porque requería bastante concentración y que no se confundiera.
Un mal cálculo y podría resultar mortal... hasta ahora todo parecía ir bien y la supervisión de Snape era algo que ella agradecía bastante, porque el profesor era una persona bastante inteligente y siempre sabía qué hacer para resolver los problemas que surgían.
Estaba sentada en aquel café viejo y un poco sucio que el Malfoy escogió para su encuentro.
Dijo que no era nada ilegal, sin embargo no quería estar en un lugar donde cualquier persona pudiese escucharlos, y tampoco quería que Hermione llevara a su siempre presente escolta, mejor conocida como Ron Weasley.
Aceptó porque a ella le interesaba aquello que Draco iba a darle, no le importaba que Ron se molestase.
Lo hacía más por Harry que por ella.
El día en que se preocupara más por ella que por su amigo, iba a ser un día especial, porque desde el principio fue ella quien insistió en la elaboración de aquella poción.
Fue la única que descubrió que parte de la magia de Harry ya no estaba en su cuerpo, y que ahora era bastante frágil y débil... pero que seguía contando con su valor y sus ganas siempre presentes de hacer lo que era mejor para los demás.
Sonrió complacida.
Le agradaba saber que Harry no cambió por completo, y le agradaba aún más ver como su amiga podía ser la salvación de Seamus, aquella liberación que tanta falta le venía haciendo.
Quizás Seamus sí amara a Blaise, la cuestión era... ¿Blaise amaba a Seamus?
Escuchó como alguien se aclaraba la garganta, así que alzó la vista.
Frente a él estaba el rubio, sus ojos brillaban con una emoción que ella no le recordaba.
- ¿Estás dispuesta a aceptar mis condiciones? - cuestionó el rubio, antes de sentarse frente a ella, porque no quería hacerse falsas ilusiones para que luego ella le dijera que no iba a trabajar si lo hacían siguiendo sus órdenes.
Ella movió la cabeza, tan sólo un poco.
Draco lo aceptó.
Si luego se arrepentía, era problema de ella.
Se sentó frente a ella, no sin antes hacer una mueca de asco.
Odiaba aquel lugar, pero según Snape, era el mejor lugar para hacer negocios.
- ¿Qué es lo que me tienes que ofrecer, Malfoy? - quiso saber ella.
El rubio sonrió.
- Mi padre dejó una poción especial en la cámara de mi mansión, según los escritos que describen de que va la poción, ésta contiene los ingredientes requeridos para recapturar la esencia de una persona... o más bien fracciones de ésta... funciona de maravilla cuando hay una ruptura en el alma, lo cual ocurre cuando matas a una persona. El alma de Harry se fracturó... se rompió, por haber matado a Voldemort, y por el tipo de vínculo que ambos tenían algo extraño ocurrió.
Ella asintió.
Conocía esa parte.
- Snape está seguro que la poción lograra recapturar aquel fragmento del alma de Harry que está vagando por ahí... que no se desintegró, porque no sólo fue su alma, sino parte de su magia y de sus memorias lo que lo abandonó. - continuó. - Snape también cree que fue un mecanismo de defensa de su magia.
- ¿Mecanismo de defensa?
- La magia le dio cosas maravillosas a Potter, pero también le dio mucho sufrimiento... algo así dijo Snape. - bufó. - Su magia quiso salvarlo de este momento.
Hermione movió la cabeza.
No lo dudaba, pero tampoco quería aceptarlo.
- ¿Me darás esa poción?
- Lo haré. - dijo él. - Harry Potter amnésico no es realmente Harry Potter, y realmente no pienso humillarlo así... aunque sigo sin saber para qué lo quieren... no hay nada de que salvarnos.
Ella le miró de reojo.
- Eres un auror bastante desinformado, hasta el profesor Snape sabe sobre las desapariciones y los ataques fantasmas... han estado atacando a mortífagos que traicionaron a Voldemort y no murieron, y a personas que aunque le fueron fieles, ahora fingen arrepentimiento.
Draco abrió mucho los ojos.
Voldemort no podía estar de regreso, el maldito le arrebató a su familia y Potter finalmente se deshizo de él, era lo único que le agradecía.
- No creemos que sea Voldemort. - explicó la chica con expresión cansada, resignada... - Pero actúa de forma similar, eso sí, sin dejar la marca... y aún no hay señas de que los desaparecidos hayan sido asesinados, quizás es sólo alguien que busca crear caos y confusión.
El rubio asintió.
- ¿Lo está logrando?
Ella negó.
- Aún no... muy pocas personas saben acerca de estos acontecimientos... nosotros, ni siquiera le he dicho aún a Harry.
- ¿Por qué?
- Porque no se acuerda de nada aún. - dijo ella. - Hay que darle una oportunidad de que vaya aceptando esto, poco a poco.
Un asentimiento.
- Mañana iré a tu departamento y llevaré la poción, empezaremos a darle los toques finales a aquello con lo que has estado trabajando.
Ella movió la cabeza.
- Ten cuidado, Malfoy. - dDijo. - Sé que nunca fuiste mortífago, pero tu familia fue una de las principales traidoras a Voldemort... si es alguien que hace esto por venganza, seguro vendrán por ti.
- No te preocupes, Granger... soy un niño grande, sé cuidarme bien yo solito.
Sin esperar respuesta de parte de la joven, salió de aquel lugar, dejándola sola y con un sentimiento extraño en su interior.
¿Había tomado la decisión correcta o no?
TBC
Notas:
El capítulo no está completo, lo demás lo omití para tener algo de repuesto y no tardar tanto en actualizar... el próximo capítulo viene la pelea de Seamus y Draco... y un poco más de explicación... y en un par de capítulos más, Harry recupera la memoria.
