Lamento mucho el retraso, lo de la advertencia de los reviews no la escribí yo. Gracias a los reviews, espero que les guste.
Tal vez tarde en actualizar, me estoy centrando más en acabar "Amistad Incondicional" Supongo que por eso el capítulo largo.
Lejos, sepultados entre las sombras, yacen los mayores triunfos ninja. Los shinobis se que se niegan a revelar información. A pesar de ser rudo y prácticamente inquebrantable, Ibiki Morino jamás contó el dolor que pasó por que no quiso revelar información. Konohamaru había nacido y crecido delante de él y ahora sabía que era realmente difícil no perder la cordura. Asió los reposabrazos de la silla como si fuera lo único que quedaba, clavó las uñas como un felino enojado y cerró los ojos con fuerza.
- Dime, pequeño, ¿sabes quién soy?
-Un traidor.
Orochimaru dejó de caminar alrededor del pequeño. Recordando cómo Hinata le había respondido de la misma forma cuando se lo preguntó. Esbozó una sonrisa afectada y puso sus manos en el respaldo de la silla donde Konohamaru estaba sentado. Sus dedos pálidos, se movieron como arañas largas y se aferraron a la madera con fuerza.
-Un shinobi valiente – admitió – Te pareces a tu abuelo, pequeño Konohamaru.
El ninja enrojeció y se crispó de rabia.
-¡No te atrevas a hablar de él! – gritó agitándose con fuerza en el asiento, aunque no sirvió de nada -¡Tú eres un asesino! ¡Tú, pedazo de...!
No pudo terminar la frase, se retorció como si se hubiese quemado.
-No me hagas enojar, Konohamaru chan – dijo suavemente la serpiente – Cada vez que te pases, Tsuru soltará una gran descarga eléctrica en tu silla.
Konohamaru, furioso, escupió a los pies del sannin.
-Vamos al grano – dijo repentinamente seco y frío, calculador – Tienes algo que quiero, Konohamaru chan y si no quieres cooperar, entonces tendré que castigarte.
- No diré nada – gritó Konohamaru.
Orochimaru lo miró con desenfado.
- Lamento que no tengamos un equipo de interrogación tan bueno como el de Konoha, Konohamaru chan. No tenemos técnicas para revelar indoloras, así que es mejor que reconsideres.
Salió de la lúgubre habitación, sin mostrar ninguna expresión, pero sin obtener la naturalidad de Sasuke al hacerlo. Había cierta presión en sus miembros y su mirada de reptil estaba ligeramente desencajada. ¿Es que nunca obtendrían resultados? Llevaban cierto tiempo torturándolo, aislándolo y se negaba a hablar.
-Maldito Hiruzen Sarutobi – dijo entre dientes, apretando el paso – Aún después de muerto, ¡Sigues frustrando mis planes!
¿Le habría costado a Sasuke dejar la aldea?
Por lo visto, sus intereses habían podido más que sus lazos, sus recuerdos buenos y malos, había puesto su objetivo por encima de todo lo que conocía, fuera racional o irracional.
Y si le formulaba la pregunta a él, tenía una idea aproximada bastante certera de lo que le respondería, algo como: "No tengo por qué contestarte, Hyuuga" o simplemente, la ignoraría, pues estaba casi segura de ello. Sasuke era así y no se le podía culpar.
Sus extremidades y cuello le dolían desde el entrenamiento anterior. Nunca, ni siquiera en los entrenamientos extenuantes y dignos de su clan, se había esforzado tanto en tan poco tiempo.
En situaciones como ésa, sólo una pregunta volvía a hacerla pensar en lo correcto:
¿Qué haría Naruto en su lugar?
No se le ocurría nada que no hubiera intentado ya. Sólo quedaba seguir la corriente, con un poco de suerte saldría pronto de ahí.
No quería pensar demasiado en el futuro inmediato, por que las posibilidades se tornarían aterradoras.
"Si es bueno, se desvanece. Si es malo, ocurre"
¿Quién le había dicho eso? ¿Kakashi san? ¿Neji nii san? Alguien que compartía esas ideas...Oh, ya recordaba.
Shikamaru le había asegurado que era cierto, cuando fueron emparejados en una misión de exploración y al llegar al extremo de un precipicio, tuvieron que probar suerte con un viejo puente colgante. En un principio, Hinata estuvo a punto de caer, pues sus pies eran más pequeños y cabían mejor entre las aberturas, pero justo en el centro, el puente había colapsado, enviándolos al vacío. Fue una verdadera suerte haberse salvado.
Pero ahora estaba sola en terreno desconocido. Si no fuera por los infortunados eventos, nunca se habría dado cuenta de que Konohamaru chan también compartiría la misma prisión que la asfixiaba.
Inquieta, dio vuelta en la cama. El techo gris recibió su mirada, como siempre, aunque nunca dormía lo suficiente, se quedaba horas mirando a través de la ventana o caía en obscuras pesadillas. Sus defensas e inmunidad bajaron visiblemente, así que estaba resfriada cuando soplaba un viento frío, se veía obligada a sobrellevar entrenamientos y curaciones extenuantes con poca energía, chakra y ánimos. Sabía que así eran las condiciones de guerra y la perspectiva, de que pudieran atacar Konoha de nuevo, le nublaba el juicio. Algo le decía que así sería.
Estirando un brazo al lado para coger la otra almohada, se dio cuenta de que estaba amaneciendo. Se quedó inmóvil.
Le parecía percibir tacto humano, piel cálida, por que las sábanas eran lisas y frescas. Con miedo a ver qué había tocado, retiró la mano lentamente, conteniendo la respiración. Tenía un presentimiento, pero no podía ser, claro que no.
Se levantó discretamente, se puso los zapatos sentada desde el borde de la cama. Tenía una gran tentación de voltear y saber si era cierto, pero sabía que de esa forma destrozaría sus nervios.
Antes de incorporarse, sintió que algo la presionaba hacia abajo.
Volteó sin pensarlo y un Sasuke no tan dormido le devolvió la mirada. Se dio cuenta de que a sus espaldas, se había acercado a ella y atravesado en la cama, le sostenía la muñeca.
-A mediodía, frente a la ciénaga – le avisó. Un extraño brillo atravesó la mirada de Hinata asintió, nerviosa.
El torso de Sasuke estaba descubierto, así que su cara se coloreó con rapidez. Ciertamente, no era morbosa, estaba acostumbrada a eso, pero no podía asegurar de que estaba cubierto del todo, no se atrevía a ver y Sasuke era diferente. Era sencillamente, único, sabía como alterarle los nervios incluso más que Naruto, y agregando otra cosa, no tenía que lidiar con eso en Konoha, por que dentro de las rígidas reglas Hyuuga, la exposición del cuerpo era sólo la necesaria. Kiba solía quitarse la chaqueta y exponer su varonil torso, pero era otra cosa estar en una situación como ésta. Esperó que Sasuke ya no la estuviera jalando, se levantó rápidamente oyendo cómo su acompañante se levantaba definitivamente de la cama.
Cuando estuvo frente a la puerta, se detuvo por instinto. Así que Sasuke sí había dormido a su lado durante toda la noche. Contempló de forma ingenua y ligeramente ausente el sitio donde ambos habían estado.
Por lo menos habían estado bien separados.
Deslizando la pesada puerta de piedra, pensó que vivir en el mismo sitio que Sasuke no era fácil, pero tampoco era complicado. Cuando tenía tiempo, la entrenaba todo el día. En ocasiones no la dejaba regresar sin antes completar su entrenamiento, arriesgándose a vigilarla durante la noche.
Ella, por su parte, estaba impresionada por la habilidad de su senpai. Era difícil pensar que alguien pudiera vencerlo, y ella continuaba pensando que no merecía aprender de él.
Ciertamente no era muy amable como Kurenai, ni tan estricto y furioso como su padre. Era igual de callado que Neji, pero sólo hablaba cuando tenía que hacerlo. No se exasperaba por un movimiento en falso, tal vez pretendía que nunca ocurrió. Tampoco mencionó nada acerca del entrenamiento peligroso de la vez anterior. Se limitaba a enseñar y nada más.
Suspirando, pensó que un maestro así hubiera sido el indicado para ella cuando su padre la olvidó. Le costó creerlo durante un tiempo, pero se dio cuenta de que Hiashi Hyuuga sólo quería tener descendientes fuertes, que se hicieran famosos y honraran el clan para opacar a Neji, que forzosamente tenía que ser menos por ser de la rama secundaria.
Se dio cuenta de que tenía el estómago vacío, pero el sol no había salido, así que dudaba que ya le hubieran llevado el desayuno al cuarto. Se había levantado demasiado temprano, por lo que le quedaba tiempo para entrenar y bañarse.
Parecía increíble que en un lugar sucio y subterráneo se diera prioridad a la limpieza corporal, pero así era. En el cuarto que compartía, había un cuarto de baño y en los pasillos, había puertas exclusivas para eso.
Algo que no entendía, era por qué Sasuke había dormido ahí. Era su cuarto, por supuesto, pero Hinata se había dado cuenta de que evitaba dormir ahí cuando ella estaba presente. No sabía por qué, tal vez fuera desagrado, pero se lo agradecía. No estaba acostumbrada a convivir demasiado con hombres que no la conocieran desde que tenía 6 años o menos y la ponía nerviosa. Sasuke era impredecible y bueno, ella no creía estar a su nivel.
Saliendo a la intemperie, dejó que la brisa matinal sacudiera sus cabellos, era así como despertaba en Konoha y ese gesto de familiaridad le inspiró confianza.
Aunque habían pasado varias lunas, no se había sentido más cómoda con su estancia en ese lugar. Tampoco había encontrado a Konohamaru, el único consuelo que tenía, era saber que se había fortalecido.
Frotó sus brazos para obtener calor. Si bien la comida y la ropa aparecían en su habitación cuando la necesitaba, algunas eran prendas que no se pondría aunque estuviera muriendo de calor.
Sasuke le había dicho que fuera reservada y no hablara con nadie que no conociera. Le ordenó evitar a Orochimaru y sus subordinados lo más que pudiera. Le prohibió buscar a Konohamaru, pero ella quería saber si el pequeño se encontraba bien en ese momento.
Activó su línea sucesoria, un dolor agudo le perforó la cabeza. Dejándose caer de rodillas, puso sus manos en la frente. Escuchó pasos detrás. Decidida a no ser tomada por sorpresa, se dio la vuelta y escrutó entre sus dedos. El dolor no la dejaba ver, le daba náuseas.
-Te dije antes que no lo intentaras – dijo Sasuke, con su tranquilidad característica.
- Yo...
-No mientas – la interrumpió – Por que no sabes hacerlo y es más inútil conmigo. Levántate.
Ella lo hizo con esfuerzo. ¿La había seguido?
-Acércate – le ordenó gravemente. Sin esperar respuesta, tiró de su brazo para levantarla sin cuidado. Hinata se incorporó con esfuerzo.
La puso contra la pared. Le dedicó una mirada que ella a duras penas pudo ver.
-Quítate la ropa – le ordenó.
-¿Eh? – deseó haber oído mal, por que eso la confundió en seguida. Su piel tomó un tono rojo que no envidiaría nada a su propia sangre.
Sasuke la giró también de forma brusca, levantó la tela que cubría su espalda y colocó sus manos en la piel. Ella se estremeció, aunque el tacto no era frío.
-Creo que como ninja médico no has recibido mucha formación – retiró sus manos mientras ella trataba de entender que pasaba – Por que entonces reconocerías ese sello.
-¿Sello?
¿Sería verdad? ¿Tendrá un sello en su espalda? No recordaba haber sido sellada.
-¿Nunca te preguntaste por qué el veneno de la intoxicación no te mató aunque no te di el medicamento correcto?
No, la verdad pasó por alto ese detalle. ¿¡El medicamento correcto! ¿Eso quiere decir que no planeaba que ella se recuperara? Seguramente no se hubiera dado cuenta si hubiera sido bien entrenada en la medicina.
-No – respondió.
Sasuke ya lo pensaba. Era una pregunta retórica.
-Tu cuerpo no puede procesar más de un veneno a la vez – le dijo como si explicara algo muy sencillo que no ha sido entendido – Orochimaru te selló para que no pudieras usar el doujutsu.
-Pero... yo ya lo he...
-No cuando quieres espiar.
Ella prefirió no contestar nada.
-Te quitaré el sello – dijo Sasuke calmadamente – Por que necesito que hagas algo para mí.
Hinata aún no se acercaba a él. No entendía del todo así que prefería no arriesgarse.
Sasuke no lo vio o lo ignoró, por que se acercó resueltamente y la giró de nuevo.
-Siéntate – le ordenó.
-N-no – repuso tratando de estar calmada – estoy bien así.
Bajó su cierre delantero con manos nerviosas. Con un ligero movimiento de los hombros, fue desprendiéndose de su chaqueta y del poco color habitual y pálido en su rostro. Inspiró hondo, cuando quedó en la pequeña blusa negra y la de malla. Esperaba que no fuera difícil, estaba acostumbrada al dolor hasta cierto punto.
-Hyuuga – dijo Sasuke - ¿No has entendido? ¿Crees que puedo remover este sello si no puedo verlo?
Y entonces enrojeció hasta la raíz del cabello, en parte al exponer su torpeza, era más que obvio. Recordó lo que le había dicho esa noche, sobre su aspecto sin chaqueta y enrojeció hasta el límite de lo posible. Y por otra parte, en la familia Hyuuga eran muy estrictos en esos aspectos. Las mujeres jamás enseñaban más que lo reglamentario, hasta las rodillas, el rostro, el cuello y hasta los codos.
Hinata recordaba cómo en cierta ocasión, su padre había calificado de forma no muy cortés a Sakura e Ino, que dejaban ver gran parte de su cuerpo.
De forma lenta, levantó ascendentemente su camisa de malla, sacándola con un poco de esfuerzo, sus dedos parecían prensar la delicada estructura de la tela y no querer soltarla.
De igual forma se quitó la camisa negra, quedando en sujetador.
Fue ahí cuando la vergüenza la consumió.
-N-no puedo hacerlo – susurró.
Sasuke seguí ahí, detrás de ella, recargándose en la pared. No se mostraba exasperado o curioso, no se notaba nada detrás de esa cara inexpresiva. Aunque él sabía que no le había ordenado deshacerse de la última prenda, (ya podía ver el sello) quería ver hasta qué extremo podía llegar
-Así que no puedes hacerlo – dijo. Esperó un poco para ver si otra descarga de dolor la hacía arrepentirse o avanzar.
Pero a ella le dolió como si fuera un golpe. Era algo que se agregaba a la larga lista de las cosas que no podía hacer. El dolor le atravesó la cabeza de nuevo, por un instante se preguntó si Neji se sentiría así cuando se activaba el sello en su frente.
Cerró los ojos instintivamente, se llevó las manos a la cabeza para evitar un dolor que estaba acabándola de forma lenta e intermitente.
-Es ahora –le advirtió Sasuke, probando si lo hacía – O cada vez será peor.
Con manos temblorosas, se repitió que Sasuke no era ningún pervertido. Sólo iba a quitarle un sello. Necesitaba hacerlo, o su byakugan se deterioraría.
Torció su brazo para llevarlo a la espalda. Después de un "clic" que a ella le pareció demasiado ruidoso, sintió las manos de Sasuke en la espalda. Se cubrió por delante.
Oyó los sellos y volteó ligeramente. Sasuke parecía repetirse algo mentalmente, se concentraba en hacerlo bien. Sintió el dolor punzante esta vez en todo el cuerpo. Perdió el control, así que se dejó caer de rodillas, pero Sasuke la tomó por debajo de los brazos.
-No te muevas, Hyuuga – gruñó de espaldas a ella.
Eso estaba tornándose difícil.
Cuando el dolor por fin fue bajando, sintió que se llevaba con ella su juicio.
Se soltó desde los brazos de Sasuke, quería tomar contacto frío con la piedra, ya que había perdido el control de su cuerpo. No podía moverse, pero tampoco oyó que Sasuke lo hiciera.
Después del dolor, sintió un leve rastro del hormigueo. Sus músculos estaban flojos como si la hubiera atacado un usuario del trueno. Sentía la frente perlada de sudor.
-¿Puedes levantarte?
Intentó asentir, probó con hablar pero hasta sus cuerdas vocales estaban atascadas, mientras que dentro de su cabeza se desataba una cacofonía confusa.
Se incorporó, lentamente, sintiendo que la gravedad la seguía atrayendo.
Se abrochó con esfuerzo el sujetador, tomó su chaqueta y se la puso por encima. Recogió el resto de su ropa y lo dobló. Apretando los dientes apoyó sus manos en la piedra para juntar un poco de fuerza y levantarse.
-Hyuuga.
Miró hacia arriba. Sasuke la miraba a ella.
Y eso fue lo último que vio antes de que la inconsciencia la venciera.
Aunque la mueca de Karin no podía ser más notoria. La forma en la que fruncía el rostro la hacía ver como una bolsa de papel arrugada. Arrastraba los pies, aplazando su llegada y la hostilidad que desprendía al acercarse a la inconsciente Hinata era casi palpable, de gusto ácido.
Finalmente, se acercó lo suficiente para poder hablarle sin gritar.
-¿Para qué me llamaste? – habló la pelirroja evitando mirar a la inconsciente Hinata, que Sasuke no había soltado, sin pasar por alto el hecho de que la kunoichi estaba muy descubierta y en los brazos de SU Sasuke.
-Trae a Juugo y a Suigetsu. Necesito que estén todos.
-Pero...
-Ahora – ordenó el Uchiha.
Dando una cerrada media – vuelta, Karin fue en su búsqueda. Extrajo unas llaves que estaban ocultas en el cinto de la cadera y abrió las respectivas celdas.
-Eh, zanahoria – le gritó Suigetsu desde el tanque acuático, al verla acercarse - ¿Por qué la cara?
-Cállate – musitó mientras lo liberaba.
- ¿Qué pasa? ¿Te volvió a rechazar Sasuke?
Provocándola y burlándose de ella, Suigetsu disfrutó mucho el acompañarla, por que podía ver que la furia contenida ni siquiera la dejaba hablar.
Suigetsu paró en seco frente a la celda de Juugo.
-Hola, grandulón – saludó cuando la enorme figura de su compañero se asomó desde las sombras y se acercó a ellos con lentitud.
-¿Nos mandó llamar? – preguntó cuando estuvieron en el pasillo adyacente a la cámara de torturas.
Karin no les respondió. Simplemente, los guió a través de pasillos y túneles hasta poder divisar la figura de Sasuke y Hinata, tendida junto con él. Su cara dejaba translucir una expresión serena y pura, aunque seguía siendo poseedora de una palidez asombrosa.
- ¡Oye! – exclamó Suigetsu - ¡Es ella, la nueva!
Examinó también su ligera desnudez y se apresuró a sacar conclusiones poco acertadas. Miró a Sasuke, de hito en hito y luego bajó la mirada de nuevo. Siempre había pensado que ninguna chica era tan buena como para que Sasuke la considerara, pero al ver evidencias tan comprometedoras, sonrió enseñando sus dientes de tiburón. Al fin y al cabo, la mujer no era nada fea. Y Sasuke era un hombre, después de todo.
-Está más que claro, tiburón idiota – reclamó Karin, al fin.
Como siempre, los interrumpió el buen juicio de Juugo.
-¿Qué necesitas, Sasuke san?- preguntó el imponente gigante, callando instantáneamente la disputa que estaba por armarse.
- Me iré tras una pista – respondió Sasuke mirando exclusivamente a Juugo – Necesito que la mantengan entrenando.
-¿Eso es todo? – reclamó Karin con voz más aguda, como escandalizada.
-Que no se meta en problemas – dijo ignorándola – Suigetsu, Juugo. Síganla y entrénenla. Karin.
Ella volteó, olvidando todo lo anterior y en sus ojos se leía esperanza.
-Cúrala – ordenó.
Tragándose la furia que amenazaba con estallar, se inclinó para despertarla, pero Sasuke la detuvo.
-No. Sólo cúrala.
Karin tampoco supo nada del sello en su espalda, aunque hubiera sido más evidente si Sasuke la hubiera soltado, cosa que no hizo para nada, les murmuró unas cuantas indicaciones a sus subordinados y cargando a Hinata en brazos, desapareció por los túneles obscuros y retorcidos, como si los hubiera trazado alguien sin ninguna idea sobre direcciones.
Hinata se incorporó, varias horas después, sintiendo que la atmósfera había cambiado hasta sentir frío y obscuridad a su alrededor. Sasuke estaba de nuevo recargado en el marco de la ventana, al parecer totalmente ajeno a ella.
-Hyuuga – dijo después de unos minutos – Necesito que hagas un trabajo para mí.
-¿Un trabajo?
-Necesito un pergamino secreto que está en el tercer estante del estudio de Orochimaru. Ya que te quité el sello, es justo que me lo traigas.
-¿Ahora? – murmuró aterrada.
-No –respondió bajando de un pequeño salto – Pero tienes tres días para hacerlo. Eres la única que puede verlo. Karin te ayudará.
-¿Karin?
Sasuke no contestó su pregunta.
-Juugo y Suigetsu te entrenarán los días que esté fuera. Cuando amanezca, te estarán esperando.
-¿Dónde? - Sasuke no tomó en cuenta la poca información que estaba proporcionando, ni el hecho de que Hinata no conociera a ninguno ni pudiera reconocerlos.
Sólo cruzó la habitación como una sombra y salió sin ruido ni movimiento. Ella se levantó, sintiendo que alguien la estaba observando. Prefirió quedarse con la sensación a usar el byakugan sin haberse recuperado.
Se acurrucó en un rincón de la cama, el opuesto en el que se quedaba el fuerte shinobi.
Se envolvió con las sábanas, como si fueran telarañas y evitó dirigir la mirada a las sombras que se proyectaban de los altos árboles.
Le recordaban que no estaba en el lugar apropiado, lejos de su hogar y ayudando a los enemigos de su aldea. Había ofrecido sus servicios al vengador y desertor más fuerte de los últimos tiempos a cambio de la libertad del pequeño Konohamaru.
Ojalá todo terminara de una u otra forma.
Deseaba ir en ese momento en busca de Konohamaru, liberarlo y enviar un mensaje a Konoha, pero era imposible. Esperaría la oportunidad más cercana y la aprovecharía.
Trató de quitarle todo el hierro al asunto antes de dormir, antes de que los gritos que hendían el espacio acústico modificaran su mente y se viera sumida en terribles pesadillas.
-Hey.
Rodó hasta quedar en el otro lado. La sombra que había estado removiéndola se encogió de hombros. Se adelantaron para rodear toda la cama.
-Así que aquí vive Sasuke kun – dijo Karin al acomodarse los lentes e inspeccionar el lugar.
-Shhh – advirtió Suigetsu - ¡La vas a despertar!
-Para eso vinimos, idiota – replicó Karin, instantáneamente de mal humor al ver a la Hyuuga durmiendo en la misma cama en la que seguramente lo hacía el Uchiha.
-Pero es linda cuando duerme – observó Suigetsu acercando su rostro al de ella – Y huele muy bien.
-Cállate –le espetó Karin.
-Primero tú – le replicó Suigetsu, retirándose de la cama y dejando que Juugo penetrara más en la habitación. –Si no hubiéramos venido también, te hubieras llevado la ropa de Sasuke o algo así.
-¡No es cierto! – gritó ésta con las mejillas rojas, alzando los puños. Hinata captó la atención de todos nuevamente al abrir ligeramente los ojos.
-Buenos días, bella durmiente – saludó Suigetsu con una sonrisa que exponía a la vista todos sus dientes.
Hinata abrió los ojos bruscamente, se levantó de forma rápida pero torpe y trató de armar mentalmente el extraño cuadro que estaba presente a ella. Recordaba al grandote, que había tratado de asesinarla, no había visto a la pelirroja pero tenía vagos recuerdos del que estaba más próximo a ella.
-Buenos días – contestó recordando que Sasuke le había avisado que al amanecer la esperarían para entrenar. Tendió la cama (ante el resoplido de Karin y las miradas de aprobación del resto)
-Vámonos ya – chasqueó Karin la lengua de forma impaciente.
-¿Sasuke no te lo dijo? –preguntó burlón Suigetsu, disfrutando al ver cómo Karin se ponía recelosa al momento – Tú no nos acompañas.
Nadie habló por unos segundos.
-Tú – la señaló – Te quedas – hizo una pausa lenta – Allá – señaló el pasillo.
-¿Qué? – chilló ella, sintiéndose incomprendida.
-Sí – dijo felizmente – Te quedas a cubrirnos las espaldas, cuidar de los reclusos y a no entrar a su habitación.
Karin dio una cerrada media vuelta, resaltando más su furia y salió como un huracán a cumplir sus obligaciones. Estaba molesta por varias razones, la más poderosa era sin duda, que Sasuke no se hubiera molestado en avisarle pero a Suigetsu sí. ¿Qué tenía ese retardado que no pudiera hacer ella? Ella no lo traicionaría, le había demostrado ser leal en varias ocasiones, aunque su existencia dependiera de ello. Casi se estrella con una pareja de experimentos que patrullaban, pero los esquivó por muy poco y les lanzó unos cuantos improperios. Se encerró de un portazo y quitándose la ropa, examinó las mordeduras que cubrían su pecho, cuello y brazos.
No salió en todo el día, pensando en cosas que probablemente, sólo ella entendía.
Gracias por seguir este fic, y a las y los que siguen "Amistad incondicional"
