Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es completamente mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo doce.

—Bella, dime qué está pasando— Alice se volvió a plantar en frente de mí, con sus brazos en jarras y la actitud de "no voy a dejarte ir sin que me digas qué está sucediendo".

—Ya te lo dije, iré a Forks a pasar unos días, quiero ver a Charlie— traté de sonar lo más convincente que pude, sus ojos se hicieron tan pequeños que apenas se veía una rendija de verde.

—No te creo— sentenció, tan segura de sí misma como siempre—. Algo te pasó y quiero que me lo digas— exigió, detestaba que hiciera aquello, sabía que era fatal mintiendo, ni siquiera le había podido mentir cuando su corte de cabello había sido horrible la primera vez que lo hizo ella.

—No pasó nada, quiero irme a casa. — Tomé la pequeña maleta que había preparado en su apartamento, había recurrido a mi vieja ropa que ella tenía "confiscada" porque no era "apropiada" para Seattle, según sus propias palabras.

— ¿Qué hay de Ed? — Rayos, golpe bajo, Alice, pensé.

— ¿Qué hay con él? — comencé a cambiarme de ropa por el pijama que había encontrado hasta el fondo de su armario, había extrañado mucho el viejo pantalón raido y la camisa agujerada.

— ¿Ya le has dicho que te vas? — Me concentré en cepillar mi cabello y evitar su mirada— ¿Se pelearon? — Suspiré y continué con mi cabello, tratando de luchar con las lágrimas que ya se agolpaban en mis ojos.

—No tengo por qué decirle nada— susurré apenas.

—Oh, cariño— sentí los delgados brazos de mi prima sosteniéndome, como la primera vez que me había visto llorar en el ático de la casa de Charlie, a los quince años y me había dado cuenta que realmente Renee se había ido.

Si Emmett se había vuelto como mi padre, Alice era casi mi segunda madre, loca, impulsiva y como fuera, era lo más cercano que tenía a alguien así.

Ella también se había refugiado en nosotros cuando sus padres habían muerto, por eso mismo se había quedado con nosotros y con Charlie cuando Renee se había marchado, a pesar de que mi madre era su única pariente de sangre.

—Voy a matarlo— dijo con acritud mientras yo limpiaba mi rostro de las vergonzosas lágrimas, la alarma comenzó a sonar en mi cabeza inmediatamente.

—No, Alice, no quiero que le hagas nada, ni siquiera quiero que lo veas, por favor— mis hipidos me dificultaban respirar, pero necesitaba hacerle saber que Ed no había hecho nada malo, simplemente no me amaba, mientras que mi corazón le pertenecía completamente a él.

— ¿Entonces por qué te vas sin decirle nada después de haber estado con él? — aquello sonaba totalmente lógico, pero debía hacerle creer que todo con él estaba bien.

—Estamos bien, Alice, es mi amigo, sólo eso— debía creerme, no estaba diciendo ninguna mentira.

—No mientes, ¿eh? — negué con mi cabeza, pero eso era lo que me dolía, que él sólo era mi ángel, y ahí venía otro problema.

—Quiero irme a casa.

—Yo te llevaré, descuida, Bells. — me consoló mientras sonreía con toda la dulzura de la que era capaz.

Me recosté en su cama, con ella a mi lado, acariciando mi cabello, como cuando teníamos siete y ocho años, y el pesado de Emmett me molestaba con mi torpeza, aunque después ella también lo hiciera, por las noches me consolaba cuando me dedicaba a llorar en la oscuridad de mi habitación.

El día trajo una mañana fría y gris, colocamos mis maletas en el Mini Cooper de Alice y salimos rumbo a la carretera, ella se encargó de hablar con Angela y logró que me dieran permiso de faltar el lunes, de Ed no preguntó nada y no se enteró de nada, por lo que sabía él podía haber regresado de donde había venido ya, quizás seguía haciendo su trabajo de proteger de mí, pero a lo lejos, como lo había estado haciendo todo este tiempo.

Mi celular comenzó a sonar, era Emmett, casi olvidaba que debía llamarlo antes de irme, en Forks las tormentas a veces dificultaban la señal de teléfono.

—Hola, Emm, descuida ya estoy con Ally y vamos rumbo a la carretera. — Me apresuré a contestar, siempre hacía eso cuando sentía que la perorata de Emmett o Alice no me dejarían ni siquiera hablar.

¿Tienes idea de lo que estás haciendo? — Ese no era Emmett, pensé con un nudo en el estomago, era la muy molesta voz de una Rose furiosa, demonios. —Isabella, no maldigas. —Me reprendió.

—Rose, yo…

Ed está desesperado buscándote— mi corazón se encogió hasta pegarse casi a mi columna— ¿Dónde estás?

—Rose, dile a Emmett que estoy bien— Y por Emmett me refiero a Ed, pensé, sabiendo que me escucharía. — Adiós, Rose.

Terminé la llamada, ya le había hablado a Alice de Rose, medianamente, y no quería además que supiera que ella conocía a Ed ni su relación con él.

— ¿Por qué Rose tenía el teléfono de Emmett? — preguntó sin quitar su vista de la carretera.

—No sé, supongo que están de patrulla y Emm no puede hablar por teléfono.

—Policía tenía que ser— dijo encogiéndose de hombros, bufé, como si ella no respetara todas y cada una de las reglas de transito, Charlie había tenido su influencia en nosotros, bien que mal.

Condujo todo el camino en silencio, sólo recordándome algunas pequeñas cosas, como la primera vez que fuimos a Seattle en auto, o nuestra primera semana en la gran ciudad, habíamos salido despavoridas hacia Forks y regresamos un mes después con Emmett junto a nosotras.

—Prométeme que no te quedaras— susurró Alice, cuando estábamos por llegar a las afueras de Forks, llevábamos casi cinco horas de camino* y noté cómo mi prima comenzaba a ponerse melancólica.

Recordé la última vez que estuvimos en Forks, llevaba apenas un mes en mi nuevo trabajo y Jessica estaba más odiosa que nunca, sentía un hostigamiento constante, ni siquiera la presencia conciliadora de Angela funcionaba más, tenía unas ganas enormes de regresar a Forks y poder estar en el tranquilo ambiente de mi hogar, le había tenido que confesar a Alice mis ganas de volver y quedarme para siempre.

—Mi lugar está en Seattle, Alice, allá están tú y Emmett, pero necesito estar aquí, aunque sea unos días, tú sabes que mi único hogar es Forks— ella asintió pero noté cómo se relajaba considerablemente.

Llegamos casi a las tres de la tarde a la casa de mi padre, seguía tal cual la dejamos cerca de cinco años atrás.

La pintura blanca estaba desgastada por todas las lluvias que azotaban el lugar, los verdes pastos nunca secos porque el sol nunca permanecía el suficiente tiempo para secarlos, los árboles rodeaban toda la propiedad y el pequeño porche tenía en frente la patrulla del Jefe Swan.

Si bien Emmett se había deshecho de la camioneta de mi madre, Charlie igual me había comprado una parecida cuando cumplí dieciséis y la cual había extrañado horrores.

—No puedo creer que Charlie aun conserva esa chatarra— le saqué la lengua infantilmente.

—Deja a mi bebé en paz, extrañé mucho mi camioneta.

—Bella— su tono serio me alarmó— ¿De verdad no vas a quedarte? — me abracé a ella en el diminuto espacio de su auto y acaricié su negro y largo cabello.

—Te lo prometo.

Me regresó el abrazo y salimos de su auto porque la lluvia comenzaba a caer.

—Forks me debe millones en zapatos— se quejó de nuevo, una vez estuvimos en la puerta de la casa, sólo a ella se le ocurría usar sus zapatos de diseñador en el lugar más lluvioso—y por ende, lodoso— de todo Estados Unidos.

—Deja de quejarte, Ally, hay que entrar.

No estaba Charlie, pero se encontraba Sue, su pareja y algo así como mi madrastra.

—Alice, Bella, qué sorpresa. — Sue y yo nos llevábamos bien, pero no era muy dada a expresar sus sentimientos, en eso se parecía a Charlie y a mí.

—Hola, Sue, qué tal.

—Cuanto tiempo, Sue. — saludamos.

Nos dejó entrar, ya que la lluvia comenzaba a azotar mucho más fuerte.

— ¿Se quedarán ambas? — preguntó al ver mi maleta, pero dudosa, conociendo a Alice.

—Sólo yo— le aseguré.

—Y sólo por el fin de semana— terminó Alice, poniéndose cómoda en la casa que fue su hogar también por toda su adolescencia.

—Charlie estará muy contento, ¿te quedas a cenar, Alice? — preguntó Sue, entrando en confianza, así era ella, un poco reacia al principio, como su hija Leah, y totalmente abierta momentos después, como su hijo Seth.

Comenzamos a conversar animadamente, las tres sentadas en el sofá de la casa, Sue era una buena mujer, honesta y realmente amaba a mi padre, que era lo que más me importaba.

— ¿Sue? Vi el auto de Alice en la entrada— Llegó mi padre preguntando, con su voz aparentemente tranquila pero en la superficie esperanzada, Alice se colgó de su cuello como cuando tenía doce años para saludarlo, yo lo saludé un poco menos eufórica, pero igual me gustaba estar con él, la presencia de Charlie, aunque a veces incómoda en algunos temas, me daba el mismo efecto calmante que la de Emmett.

—Es bueno tenerte aquí, aunque sólo sea un fin de semana, pequeña— susurró en mi cabello mientras me abrazaba, lo rodeé fuertemente con mis brazos, esto es lo que había estado buscando, los cálidos brazos de mi padre.

Después de cenar y cuando la lluvia aminoró, Alice se fue, prometiendo llamarme en cuanto llegara a Seattle, y prometiéndole a Charlie no rebasar el límite de velocidad.

—Papá, iré a mi habitación, estoy exhausta— me excusé después de quedarme un tiempo viendo la televisión con ellos.

Ambos asintieron y se despidieron de mí deseándome dulces sueños, aunque lo dudaba bastante.

Subí a mi antigua habitación, seguía como todo lo demás en la casa, Sue se encargaba de que el polvo no acabara con todo.

Ambas camas, la de Alice y mía, seguían juntas, el espacio en la pequeña habitación nunca había permitido que estuvieran en ninguna posición diferente, dos camas individuales juntas en medio de la habitación, un pequeño escritorio, las cortinas azul pálido, maniquíes de Alice y varios libros tirados.

Me tumbé en la cama cuando estuve en mi más viejo pijama, el cual había escondido en el armario de la habitación. Mi teléfono comenzó a sonar cuando el sueño comenzaba a vencerme, con lo difícil que había sido que llegara.

Era Emmett y estuve tentada a dejarlo sonar, pero no estaba segura de que Rose le hubiera dado mi mensaje y no le había llamado en toda la tarde, así que conteste.

—Emm

—Bella— mi corazón se detuvo y el aire abandonó mis pulmones, por inercia me levanté en la cama.

Era Ed y no sonaba nada bien, su voz estaba alarmada… Y muy, muy triste.

—Bella, no cuelgues. — Ahogué un sollozo que pugnaba por rasgar mi garganta, pero muchas lágrimas ya surcaban mis mejillas.

— ¿Emmett está bien? — Era lo primero que quería saber, eso de que Rose y Ed me llamaran todo el tiempo del teléfono de mi hermano comenzaba a preocuparme.

—Sí, tu hermano está bien. — Me aseguró con voz neutra.

—Bien— Dije cortante, al menos descartaba el tener que preocuparme por él, de todas formas él estaba con su ángel, y no estaba perdidamente enamorado, como yo— ¿Tú estás bien?

—Bella, ¿dónde estás? Debo estar contigo— no pude contener el último sollozo que se me escapó, sentía mi corazón hincharse de amor por él, quería estar a su lado, verlo de nuevo— Debo protegerte, Bella. — Y Ahí estaba de nuevo el problema, él no me amaba, yo no quería estar junto a él sabiendo que nunca podría corresponder mi amor.

—Adiós. — Susurré con el alma estrujada.

Corté la llamada sin esperar a que me dijera nada y apagué el teléfono, ya podría llamar Alice o Emmett a casa de Charlie si querían, ambos se preocuparían, pero no podría resistir volver a escuchar su voz, o verlo, si alguna vez lo volvía a ver.

Pero iba a volver a Seattle tarde o temprano, y él estaba en mi casa y en mi trabajo, ¿quedarme en Forks? No era una opción, se lo había prometido a Alice, ella sólo me tenía a mí y a Emmett, no podría hacerle eso.

Con la cabeza dándome vueltas y llorando hasta deshidratarme, me quedé dormida.


Hola hermosas, un nuevo día un nuevo capítulo, ¿qué les pareció? La verdad a mí me dio mucha tristeza, pero bueno...¿Qué le vamos a hacer? ¿Tienen alguna opinión, un comentario, una idea de lo que puede pasar después? Cualquier cosa es bien recibida y sólo tienen que ir hasta el final de este capítulo y dejar un comentario en el recuadro de abajo, nada más fácil y rápido que eso.

Agradecimientos, agradecimientos a:Lu Ransom R, jupy, eddieIlove, grisAliceCullen, isa28. Todas saben que las adoro con locura.

También agradecemos a:politali22, blueorchid02 Por sus alertas y favoritos.

Feliz miércoles mis niñas, nos leemos en el próximo, besos.

An.