Notas iniciales: Antes de empezar, quiero contarles algo chistoso. Estaba haciendo un quiz de upsocl que decía "este test de texturas revelará una de tus ambiciones secretas en la vida" de puro ocio la verdad. Nunca le creo a test así, pero este me sorprendió demasiado cuando me salió "quieres escribir libros exitosos". Fue como "maldita sea, me observan en silencio" jajajjja.

Ok, vamos a lo que nos convoca.

Gracias a todas por sus lindos reviews ❤️❤️ me encorazonan.

...


Capítulo 12: Enfrentando las pesadillas

...

Abrí los ojos lentamente, el dolor de cabeza me estaba matando. Quise llevar una mano a mi cabeza para aliviarme las molestias cuando noté que no podía moverlas, forcejee hasta que sentí el sonido de las cadenas. Estaba esposado a un fierro que estaba justo detrás de mi espalda.

No veía con claridad, todo estaba muy borroso, me di cuenta que no llevaba mis lentes. Traté de girar mi cabeza hacia los lados pero el dolor se acrecentaba. El miedo me invadió, no tenía idea de donde estaba, por qué estaba ahí y qué me harían.

Unos pasos rítmicos se hicieron presentes, voltee inconscientemente, sintiendo un hachazo en mi cabeza. Solté varios quejidos y cerré los ojos.

–Al fin despertaste, bello durmiente –exclamó cantarinamente una voz grave–. ¿Estuvo buena la siesta?

–¿Dónde estoy?

–Pfff, eso da igual. Yo me preocuparía de otras cosas.

–¿Q-qué quieres?

–¿Qué quiero? Mmm… interesante pregunta, ¿quieres saber?

–Si quieres dinero pídemelo, te daré todo lo que quieras, pero no me hagas daño.

–Jajajaja –la risa era áspera y tétrica, me heló la sangre–. No me interesa tu asqueroso dinero, inútil –dicho esto me propinó una fuerte patada en las piernas, las que recién me había percatado que tenía amarradas con una soga.

–Aaaghh –me quejé del dolor.

–¿Sabes qué quiero? –se inclinó y me tomó fuertemente la mandíbula, provocándome mucho dolor en mi cabeza–. Quiero destruirte, hacerte pagar el haberte llevado a Viktor. Quiero hacerte todo el daño posible hasta que te arrepientas. Quiero golpearte, oh sí, ver como tu piel se enrojece y levanta del daño, ojalá romperte la piel para ver como tu asquerosa sangre se derrama entre mis manos. Quiero que me ruegues hasta que no puedas más, quiero que te arrepientas de haber decidido nacer.

Esas declaraciones me cortaron la respiración y me helaron la sangre, sentí como varias gotas de sudor frío recorrieron mi piel y mi labio inferior temblaba del susto. Mi corazón latía con demasiada rapidez, sentía como bombeaba con fuerza la sangre por mi garganta. La sonrisa de la chica era amenazante, tétrica y absolutamente sombría.

Sacó de su bolsillo una linterna, yo la miré completamente asustado, ella ladeó la sonrisa, se veía que se deleitaba con mis expresiones de pánico. Apretó un botón y sonidos de fuertes chispas se escucharon en todo el lugar.

–No, no, no… –susurré agitado, intentando moverme para que la linterna de electroshock no me tocara, pero al estar sujeto al fierro se me hizo imposible.

Grité, grité muy fuerte, sintiendo como se me desgarraba la garganta como si de un cuchillo se tratara, pero no se podía comparar con el intenso dolor que me provocaba la corriente eléctrica en mi estómago. No sé cuánto tiempo dejó la linterna, pero se me hizo eterno. Cuando sacó la linterna vi como disfrutaba mis gritos, incluso se relamía el labio inferior. El dolor me tenía mareado.

–Ja, ¿no se suponía que te destacabas por tener un enorme aguante? Tu vida son puras mentiras –dicho esto volvió a electrocutarme, sentí como hacía más presión en mi piel. Intenté apartarla con mis gritos, pataleando, moviéndome como fuera, el dolor era demasiado intenso.

Cuando ella retiró la linterna, me fue imposible retener mis lágrimas, pero eso no hizo más que enojarla.

–¡Eres un bebito llorón! –me propinó una fuerte cachetada en la mejilla derecha, volteándome el rostro, la cabeza ya no daba más del dolor por el golpe con la llave inglesa. Ella tomó unos mechones de mi cabello y lo tironeó hasta que mi mirada topó con la suya, se veía furiosa, veía el fuego de su ira.

Supe, en ese momento, que no tendría escapatoria.

–Me das asco ¡asco! –jaló más fuerte mi cabello, ya no soportaba el dolor que tenía en la cabeza–. Le diste pena a Viktor, porque eres miserable, inútil, sin gracia, patético… –a cada insulto me jalaba más fuerte el cabello, llegué a pensar que incluso me lo arrancaría por la fuerza–. Asqueroso, sin talento –me soltó la cabellera, agaché la cabeza ocultando mis sollozos–. Te daré verdaderas razones para llorar –volvió a tomar la linterna y apretó fuertemente contra la zona baja del estómago.

–¡Aaaghh! ¡Basta ya! ¡No más!

–Sufre miserable, sufre…

–¡P-por favor! ¡Detente! ¡Aaaggrh!

Cuando apartó la linterna, ya no tenía fuerzas para seguir gritando, solo lloraba con amargura. Me dolía todo, sentía que me estaba quemando por dentro.

–Tengo cosas que hacer ahora, así que después volveremos a vernos. Ponte cómodo y disfruta tu nuevo hogar, inútil –escuché que escupió sobre mi ropa y se retiró del sótano, dejando todas las luces y la televisión encendidas.

Completamente adolorido, me recargué sobre el fierro, era jodidamente incómodo todo. Las muñecas me dolían, el cuerpo entero me dolía, no sabía qué hora era, tenía hambre y no sabía si Yurio se habría dado cuenta que no llegué a su casa.

Con las pocas fuerzas que me quedaban comencé a gritar pidiendo ayuda, lo más fuerte que pudiera, pero el dolor me ganó. Traté de acomodarme donde menos incómodo estuviera y cerré los ojos. Solo quería que alguien me sacara de este horrible lugar.

...


–¡No!… ¡No!… ¡Déjame!

Abrió los ojos bruscamente, su respiración agitada se escuchaba por todo el recinto. Estaba muy oscuro, no podía ver qué tenía adelante. Intentó moverse para salir de ahí cuando notó que sus brazos tenían algo. Preso del pánico, tironeó los cables para poder salir de ese lugar, sintiendo un ardor interno al quitarse sea lo que sea que tenía. Tenía miedo, mucho miedo. No tenía idea de donde estaba, solo sabía que tenía que escapar antes de que la rusa apareciera y lo matara.

Se levantó de donde estaba, sin embargo estaba tan débil que cayó directo al suelo, golpeándose la cabeza, no alcanzó a cubrirse el rostro.

La puerta se abrió con brusquedad y las luces se encendieron, se cubrió su rostro con temor, estaba condenado, no podría escapar.

–Oh por Dios, ¿qué te pasó? –escuchó una voz femenina a la distancia. No quería mirar, no quería verla.

–No me lastimes, por favor, no me hagas daño.

Gritó desesperado cuando la chica lo tocó, intentó apartarla con manotazos, pero estaba demasiado débil como para hacerle algún daño.

–Tranquilo, estás a salvo, estás en un hospital –levantó la mirada y vio a una chica de aspecto angelical de cabello rubio amarrado a una coleta y profundos ojos azules vistiendo un delantal blanco–. Aquí nadie te lastimará.

–¿Hospital?

Los recuerdos aparecieron rápidamente, en su mente recordó la visita de Phichit, Mila y Viktor. Miró hacia la cama, el ruso ya no estaba.

–Tu novio tuvo que irse, el doctor Solovióv le pidió que se retirara para que pudieras descansar. Él no te quiso despertar.

La enfermera lo ayudó a levantarse, el chico se asustó al verse los brazos con sangre, especialmente ver sus venas hinchadas. Ella soltó un suspiro.

–Vamos a tener que pincharte de nuevo, te sacaste todos los sueros.

–Lo siento –musitó con culpa, sin mirarla.

–Descuida, vamos juntos a la cama.

La enfermera lo ayudó a recostarse y volvió a conectarle los sueros.

–Si necesitas ir al baño pulsa este botón –le mostró un botón rojo que había al costado de su cama–. Si tienes una pesadilla y estás asustado, también puedes pulsarlo. Está para cualquier cosa que necesites.

–Gracias.

–Aprovecha de descansar –la enfermera le sonrió, le dejó prendida la luz de la mesita de noche y apagó la luz principal.

Yuuri miró hacia la ventana que tenía a la izquierda, afuera estaba todo oscuro, no sabía qué hora era, pero el susto le había quitado el sueño.

Tomó el control remoto que estaba a la izquierda y encendió la televisión, se dirigió a un canal de películas pero al notar que estaba en ruso todo no tenía mucho sentido. Decidió apagarla e intentó volver a dormir.

...

…los traumáticos recuerdos volvían en forma de pesadillas…una pesadilla demasiado real.

...

A la mañana siguiente le hicieron las evaluaciones neurológicas y todo indicaba que él estaba muy bien. Lo único que los médicos ignoraban eran las secuelas emocionales.

Como al medio día aparecieron dos policías en su sala para hacerles algunas preguntas, para así cerrar el caso. Tuvo que comentarles a los oficiales, con detalles, todo lo que vivió en esa maldita casa, haciéndolo sentir mal al ver su indiferencia. Lo único bueno es que en el allanamiento a la casa de las rusas encontraron sus lentes y se los devolvieron, aunque no veía al cien por ciento, sí mejoró considerablemente su visión.

–Bien, hablamos con tu doctor y dentro de pocos días recibirás el alta. Estás citado a declarar en seis días más al Juzgado de Policía Local, es obligatorio que te presentes ese día a la hora indicada –le entregaron un papelito con la citación en inglés–. Y tendrás que presentarte un día antes en la primera comisaría de San Petersburgo –le entregaron otro papel con la citación en inglés–. ¿Quedó claro?

–S-sí.

–Ok, nos vamos.

Él quería ver a su familia lo antes posible, pero sabía que era su deber declarar para que se hiciera justicia.

...

Los médicos le dieron el alta al tercer día. Viktor iba decidido a ir a buscarlo y llevarlo a su casa, cuando notó que Yuuri salía de la sala junto a su madre. Le dio remordimiento ver a su ¿suegra todavía? pues sabía que por su culpa ella había sufrido mucho, incluso parecía que había envejecido diez años de golpe. Se escondió en el pasillo para que ellos no lo vieran, aunque los asiáticos no son muy cariñosos, pudo notar que Hiroko no soltaba a su hijo. Decidió retirarse del hospital, la vergüenza no le permitió acercarse a saludar.

–De seguro deben odiarme.

...


Hiroko llevó a su hijo al hotel donde se hospedaba y le aseguró que lo acompañaría en todos los procesos legales necesarios.

–Mamá –la llamó cuando estaban en el dormitorio.

–¿Sí?

–Quiero regresar a Japón –le confesó sin mirarla. Ella se le acercó y con afecto le corrió los mechones de su frente.

–Entiendo, te hará muy bien estar en casa y disfrutar del onsen.

–¿No crees que soy… ammm… patético, verdad?

–¡Claro que no! ¡Tú eres maravilloso! –lo animó con una gran sonrisa.

Ella no sabía que las duras humillaciones de la rusa habían calado más profundo que las marcas en su piel.

–Deberías darte un baño caliente, te hará bien –le recomendó, él asintió.

Hiroko se levantó para preparárselo pero él lo impidió.

–Tranquila, mamá, puedo hacerlo yo.

–¿No quieres que te lo haga?

–Tú descansa, recién llegaste de Japón. Deberías ir a comer algo.

–No quiero separarme de ti, nunca más –la señora lo abrazó, pero en vez de sentirse grato se sintió incómodo, especialmente porque ella presionaba zonas que le dolían.

Al final, Yuuri logró convencer a su mamá de ir a comer algo mientras él se bañaba, sin embargo la condición fue que ella prepararía el baño y, una vez todo listo, se iría. Él aceptó.

Cuando estuvo todo listo, ella le dio una suave caricia a su hijo y salió del dormitorio. Él ingresó al baño lentamente, soltó una pequeña sonrisa al ver la bañera lista. Comenzó a desvestirse, cuando las marcas en su estómago lo interrumpieron. Nunca se las había visto, eran horribles. Se estremeció al recordar el aroma del cigarro y el dolor al sentir ese calor quemarle la piel. Se retiró la playera con pesadez y luego los pantalones, sin embargo la desagradable sensación volvió al ver las marcas en sus piernas. Intentó ignorarlas, pero al momento de ir a buscar una toalla se miró de frente en el espejo.

No se había visto en todos estos meses y le pareció ver una persona completamente diferente. El espejo reflejaba a una persona escuálida, tanto así que se le marcaba la quijada y los pómulos, su palidez era tan fuerte que incluso se veía un poco verdoso. Tenía marcas horribles en el cuello, tórax, estómago y brazos. El reflejo le devolvió una mirada angustiada, incluso su labio inferior temblaba. Notó que lágrimas caían por sus pómulos al ver su reflejo llorar, él no las sentía deslizarse.

Inútil, eres un inútil patético llorón. Mírate, llorando por un par de rasmillones.

–No más –susurró mirando con congoja su maltrecho reflejo, autoabrazándose con sus delgados y heridos brazos.

¿Qué te vio el grandioso Viktor Nikiforov para perder el tiempo contigo?

Se metió a la bañera llorando amargamente, los recuerdos y verse constantemente las heridas le impidió disfrutar el baño. No pudo estar muchos minutos, se sentía mal al verse así, se sentía miserable, destruido, insignificante. Rápidamente se secó con una de las toallas blancas, sintiéndose reconfortado al cubrirse las lesiones y sentir que algo suave lo cobijaba. Intentando no mirarse, se vistió con la mirada fija en las murallas del hotel, sintiendo rechazo por su demacrado cuerpo.

...


Viktor se mantuvo distante físicamente, sin embargo le preocupaba el estado de Yuuri, así que le escribía mensajes para saber sobre su estado. No obstante, no sabía hasta qué punto podía llegar, no sabía cual era el límite entre la paz que el chico necesitaba a la sobreprotección. Por él, lo tendría en casa cobijado bajo sus brazos todo el día, todos los días, cuidándolo de que nada ni nadie volviera a hacerle daño ni lo apartara de su lado, jamás.

V: ¿Alguien te acompañará mañana a declarar?

Y: Sí, mi madre me acompañará.

V: Me avisas cualquier cosa.

Y: Gracias.

Qué difícil era empatizar con una situación que nunca antes había vivido, especialmente cuando él se sentía culpable de que hubiera sucedido.

...

Las dos citas fueron horribles.

Los oficiales volvieron a hacerle las mismas preguntas en la comisaría y se veían apáticos cuando él les contaba. Lo que más dolía era que rebuscaran los detalles.

–Pero, ya me preguntaron esto en el hospital –murmuró afectado al recordar todo otra vez. Tenía pesadillas todos los días, ya no quería revivir más esos eventos.

–Necesitamos los antecedentes y estás obligado a cooperar.

Tuvo que entrar solo a la sala de interrogación, el solo hecho de estar en esa blanca habitación, frente a los grandulones rusos mirándolo con seriedad, usando esos chalecos antibalas, le generaba escalofríos. Eran muy fríos para interrogarlo, lo peor es que ya habían interrogado a su torturadora, así que le preguntaban por cosas que ella les había comentado. Cuando terminaron de "tomar sus declaraciones" su mamá salió a buscarlo. Se asustó al verlo demacrado y apabullado.

–¿Qué pasó? –preguntó en un inglés muy básico.

–Estrés postraumático –mencionó con indiferencia un oficial–. Mañana es la cita en el juzgado –le informó a la víctima y se retiraron.

–¿Qué te hicieron? –le preguntó preocupada.

–Solo… indagaron qué fue lo que pasó. No te preocupes, será por un tiempo –intentó tranquilizarla.

Él mismo quería creerse eso.

...

Si ese día fue duro, el día siguiente sería horrible.

Tuvo que declarar en la misma sala donde estaban sus victimarías. No quería que su madre estuviera, debido a que tendría que escuchar todo lo que pasó, no pudo evitarle ese dolor. Primero tomaron las declaraciones de las victimarias, quienes ya habían sido interrogadas y el informe de esas interrogaciones estaba en manos del juez. Las tres tenían el mismo abogado y las familias de ellas estaban discutiendo ferozmente, pues la familia Berezutsky le reclamaba a la familia Vólkov de meter a su hija en algo que no cometió.

–¡Silencio! –ordenó el juez en ruso, al lado de la madre de Yuuri había un intérprete que traducía todo del ruso al japonés–. Comenzaremos con la declaración de Polina Berezutskaya.

Ingresó a la sala una joven de cabello rubio y ojos azules completamente ojerosa, se veía en su rostro la angustia que le producía la situación. Yuuri jamás la había visto, pero sabía que en esa maldita casa vivía más gente que las hermanas Vólkova, escuchaba los pasos desde el sótano. Ingresó esposada acompañada de una gendarme. La familia de ella sollozaba al verla tan demacrada.

–¿Juras decir la verdad y solo la verdad?

–Sí, lo juro.

–Tenemos tus declaraciones registradas y un informe redactado por la policía, así que te pedimos que no faltes a la justicia.

–Yo juro que no hice nada, de verdad. Yo solo compartía piso con las hermanas Vólkova, Tatiana es compañera de universidad y me ofreció alquilarme un cuarto.

–La víctima estuvo 5 meses en el sótano, ¿cómo nunca escuchaste nada?

–Valeriya tenía un estudio, me dijeron, que era su rincón sagrado. Yo sí escuché sonidos raros, pero Tatiana me convenció de que era un soundtrack ambiental. En general llegaba tarde a la casa, algunas veces estaba temprano que era cuando no tenía que trabajar, pero comúnmente yo no pasaba en la casa. Juro que nunca supe y juro que si hubiera sabido habría sacado al chico de ahí.

–¿Nunca se te ocurrió ir a mirar?

–La verdad no, me dijeron que no pasaba nada.

–¿Y los ruidos? No puedes decir que te convencieron con eso de la cinta ambiental.

–Juro que así fue –la chica ya estaba llorando, desesperada por estar en esa situación.

Siguieron interrogando a la victimaria, incluso el abogado que asesoraba a los Katsuki, entregado por la Fiscalía rusa, le hizo unas duras preguntas, pero ella siempre contestó que era inocente.

–Yo de verdad me arrepiento de no haber sido más valiente –levantó la mirada y miró directo al japonés–. De verdad lo siento –le habló en inglés–. Perdona no haberme atrevido, si hubiera sabido te habría sacado de ahí. Siento mucho todo lo que te ocurrió, yo no soy así, yo no soy una asesina ni maltratadora. Yo solo me junté con las personas equivocadas –cambió la dirección de su mirada para buscar a sus padres–. Mamá, papá, lo siento, lo siento mucho. Juro que yo no hice nada, lo juro por ustedes y por mí, ¡soy inocente!

–¡Basta ya! ¡Silencio! –la rusa se calló, Yuuri al ver su mirada de terror logró empatizar con ella–. Bien, haremos un pequeño receso para que la comisión judicial discuta el caso.

La comisión se reunió y comenzaron a charlar el caso en voz muy baja. Luego de quince minutos, la presidenta de la comisión cedió la palabra al juez.

–Qué pase Tatiana Vólkova.

La gendarme retiró a la chica rubia, que lloraba de miedo por ir a la cárcel, cuando apareció la castaña. Se veía muy tranquila, caminó junto a la gendarme y se sentó en el cubículo.

–¿Juras decir la verdad y solo la verdad?

–Sí, lo juro.

–Tenemos tus declaraciones registradas y un informe redactado por la policía, así que te pedimos que no faltes a la justicia.

–No tengo nada que ocultar –miró fijamente al japonés, él recordó cuando ella lo alimentaba o le daba agua, ¿le estará pidiendo una colaboración?

–Se te acusa de secuestrar a este joven, ¿qué puedes decir en tu defensa?

–Yo no hice absolutamente nada –contestó con mucha tranquilidad.

–Tú condujiste el automóvil que secuestró a Yuuri Katsuki.

–Efectivamente, yo iba manejando ese día. Yo solo me ofrecí a llevarlo porque iba caminando con las maletas en pleno invierno, pero… –hizo una pausa, miró a su familia–. Perdón, mamá y papá, pero fue idea de Valeriya. Ella lo noqueó con la llave inglesa del maletero, yo le reproché su actuar, pero ella me dijo que quería asustarlo.

–¿Asustarlo es torturarlo por 5 meses? –preguntó el abogado de Katsuki.

–Valeriya me dijo que quería asustarlo y yo accedí, nunca me imaginé que lo tenía encerrado en el sótano.

–La víctima declaró que tú lo alimentabas y que observabas las torturas durante estos meses, ¿cómo dices que no sabías que lo tenía en el sótano?

–¿Él dijo eso? Pero si yo jamás bajé. Mi hermana se ponía como loca si alguien quería entrar. Además, yo trabajo y estudio, ¿en qué momento iba a verlo?

–¿En qué trabajas? No apareces en ningún registro laboral.

–Independiente –mencionó con naturalidad.

–¿Qué haces?

–Trabajo vendiendo cosas en la universidad, tenía que costear mis cosas de alguna forma. También hago tutorías, no me da el tiempo de llegar a casa.

–¿Tu horario te permitía estar más tiempo en casa?

–Hipotéticamente sí, pero yo casi nunca estaba en casa. Incluso cuando tomaron detenida a mi hermana yo no estaba.

–¿Qué estabas haciendo?

–Había salido a vender, por eso cuando me llevaron detenida yo cargaba solo dinero.

–¿Nunca escuchaste nada?

–Pasa que Valeriya quiso hacer su estudio aislado. Reconozco que yo la ayudé a forrar las paredes con material aislante para que no nos molestaran sus ruidos raros. Pero yo no tenía idea que él estaba ahí.

–Mi defendido declaró que tú estabas ahí.

–Pero si yo no lo conocía. Yo sólo lo vi caminando, lo llevamos, mi hermana quería asustarlo y yo le seguí el juego. Nunca me imaginé que pasaría a mayores –levantó sus hombros en señal de confusión.

Le hicieron varias preguntas, pero ella mantenía el tono tranquilo. Yuuri sentía mucha impotencia, porque ella sí era cómplice, pero estaba mintiendo. Tenía todo muy calculado, el abogado le hacía duras preguntas pero ella respondía con tranquilidad siempre.

–Bien, haremos un pequeño receso para que la comisión judicial discuta el caso.

La comisión se reunió nuevamente y comenzaron a charlar el caso, esta vez tardaron unos largos cuarenta minutos. La presidenta de la comisión cedió la palabra al juez.

–Que pase Valeriya Vólkova.

Ingresó a la sala la rubia de ojos verdes acompañada de la gendarme, llevaba una sonrisa en sus labios. Se sentó en el cubículo y le dedicó su mejor mirada al japonés, él sintió escalofríos en todo su cuerpo.

–¿Juras decir la verdad y solo la verdad?

–Sí, lo juro.

–Tenemos tus declaraciones registradas y un informe redactado por la policía, así que te pedimos que no faltes a la justicia.

–Disparen no más.

–¿Por qué secuestraste a la víctima?

–No sé porque cuidan tanto a ese inútil sin talento, cuando yo le hice un favor al mundo del patinaje sacándolo de una vez.

–¿Disculpa? –preguntó aturdido el juez.

–Yo lo secuestré, yo lo torturé, yo le hice tantas cosas, ¿quieren oír? –soltó una risa maniaca que alteró a todos los presentes–. Lo electrocuté, oh sí, ¿recuerdas Katsuki como te retorcías de dolor y me suplicabas que parara? –lo miró fijamente, declarando en inglés, él no pudo evitar recordar esas veces con la linterna–. Te quemé también, hay una hermosa obra de arte en tu cuerpo, lleno de caminitos para que recuerdes cada maldito día de tu existencia lo patético que eres. También te golpee con mis manos, con lo que pillara cerca, especialmente con mi mejor amiga la llave inglesa. Amaba oír tus gritos, Katsuki, amaba ver como se te levantaba la piel por los golpes, me deleitaba con tus expresiones. Sé que nunca te diste cuenta porque te quité los lentes, pero yo grabé cada escena.

–¿Qué? –todos quedaron anonadados por las declaraciones de la rusa.

–Y no te imaginas cuánto dinero me dieron por las cintas.

–¿Las vendiste? –preguntó el abogado defensor de Yuuri. El abogado defensor de las Vólkova le hacía gestos para que se callara.

–Hay muuucha gente enferma como yo en este mundo –una siniestra risa brotó de sus labios–. Llevarás esas marcas para siempre, Katsuki, por robarle a Rusia su pentacampeón –todos estaban estáticos ante esas declaraciones–. Pero, ¿sabes qué? Debí haberte matado, ¡debí matarte cuando tuve la oportunidad! Como esa vez que me suplicaste morir y te ahorqué, debí haberte apretado más fuerte ¡Le harás un favor a este mundo muriéndote!

–¡Basta ya! ¡Llévensela!

–¡Eres basura Katsuki! ¡Solo porque tu amigo te buscó apareciste, pero nadie te buscaba! ¡La policía dejó de buscarte a las dos semanas! ¡Porque a nadie le importas! –no pudo seguir hablando porque la sacaron de la sala.

Los padres de la chica lloraban amargamente por las declaraciones, no podían creer que su bebé era una psicópata de esos calibres. La señora Katsuki no entendió todo porque el intérprete no quiso traducirle, sentía que las tripas se le revolvían al escuchar todo eso, por lo que para ella sería aún más fuerte. Yuuri lloraba desolado, no entendía como esa chica lo odiaba tanto para que, aun en libertad, le destrozara más el alma. Sin embargo, la señora Katsuki no necesitó traductor para entender la magnitud de las declaraciones.

–Bien –llamó el juez con dificultad, aun shockeado por el espectáculo–. Haremos un pequeño receso para que la comisión judicial discuta el caso.

Nuevamente la comisión se reunió, tardaron unos diez minutos. Como de costumbre, la presidenta de la comisión cedió la palabra al juez.

–Qué pase Yuuri Katsuki.

El chico sentía que le fallarían las piernas, lentamente caminó hacia el cubículo en compañía del intérprete. No estaba en la mejor situación psicológica luego de todo lo acontecido.

–¿Juras decir la verdad y solo la verdad? –el juez volvió a hablar ruso y el intérprete le tradujo directo al japonés.

–Sí, lo juro.

–Tenemos tus declaraciones registradas y un informe redactado por la policía, así que te pedimos que no faltes a la justicia.

–Entendido.

–¿Por qué Viktor Nikiforov fue acusado de tu supuesta muerte?

Ahora su madre se enteraría de todo.

–Viktor… una vez, me gritó.

–¿Una vez o más de una vez?

–Más de una vez.

–¿Solo gritos o algo más?... –el japonés no quería responder–. Señor Katsuki, la verdad y solo la verdad.

–Viktor… me pegó también –la señora Katsuki se llevó ambas manos a su boca–. Pero yo no quiero hablar de eso.

–Contestarás mis preguntas con la verdad absoluta –dictaminó el juez, él asintió–. Queremos todos los detalles.

Así, el japonés contó todas las razones por las que se iba a ir de la casa de su prometido a la casa de Yuri. Luego contó como fue el secuestro y como fueron los días ahí. El juez insistió en detalles, pero al ser la tercera vez que contaba como lo habían torturado se largó a llorar. El juez, sin ningún signo de misericordia, siguió la interrogación.

–-Disculpe, señor Juez, mi representado no está en condiciones para seguir –mencionó el abogado al ver como Yuuri se cubría el rostro con sus manos para que no lo vieran llorar. A Hiroko se le rompió el corazón verlo así.

–Señor Katsuki, la última pregunta, ¿cómo lograste salir del lugar?

En medio de sus lágrimas, el japonés contestó cuando sus amigos encontraron la casa y él, al oír a las rusas decir que los espiaban, salió del sótano como pudo para intentar escapar.

–La rubia me golpeo con algo, no sé qué fue, y perdí la consciencia. Ya en el hospital, mi mejor amigo, Phichit Chulanont me contó cómo me sacaron de ahí

–¿Cómo fue? –Yuuri respiró hondo y volvió a contar como Otabek, Yuri y Phichit lo sacaron de ahí.

–Bien, regresa a tu lugar

El intérprete lo ayudó a volver a su puesto, su madre lo esperó para darle un pequeño abrazo de ánimo.

–Fuiste muy valiente hijo, estoy orgullosa de tu fortaleza –sin embargo, él se sentía más fracturado que antes.

–Bien, resolución del caso. Hemos oído en directo las declaraciones de la víctima y de las acusadas, tenemos en nuestro poder los informes de la policía sobre los interrogatorios, las pruebas encontradas en el domicilio, y sus hipótesis. Estos informes han sido estudiados por la comisión judicial aquí presente y, sumado a lo expuesto el día de hoy, se llegará a una sentencia –todos guardaron silencio, los padres de las rusas estaban atemorizados–. Cedo la palabra a la presidencia de la comisión judicial.

–Gracias, señor Juez –una señora platinada muy elegante, con una carpeta en mano, se colocó de pie al frente de su puesto–. En base a lo discutido por la comisión, la detenida Polina Berezutskaya... –los padres de la chica se levantaron de sus asientos del nerviosismo–. Es declarada con mayoría absoluta como inocente del delito de secuestro –los padres de la chica suspiraron aliviados–. Sin embargo, es declarada con 15 votos a favor y 6 en contra del delito de obstrucción a la justicia en su calidad de cómplice–. Los padres de la chica no podían creer lo que oían.

–¡Mi defendida no hizo nada! –exclamó el abogado.

–¡Silencio! ¡No se interrumpe a la presidenta de la comisión judicial! –espetó el juez severamente.

–Referente a Tatiana Vólkova –la señora siguió dando a conocer el dictamen, los padres de las chicas se llevaron las manos a su rostro–. Es declarada con 20 votos a favor y 1 en contra como culpable de los delitos de obstrucción a la justicia en calidad de cooperadora necesaria y secuestro en calidad de autor intelectual –la madre de la chica comenzó a llorar angustiosamente, el padre la abrazó para contenerla–. Ahora, la detenida Valeriya Vólkova, es declarada con mayoría absoluta como culpable de secuestro en calidad de autor intelectual y material, lesiones gravísimas, tortura e intento de homicidio calificado reiterativo. Gracias, señor Juez –espetó la presidenta, volviendo a su puesto.

El juez se aclaró la garganta antes de seguir.

–Ante estos antecedentes, se procederá a dictaminar la sentencia. Para la señorita Polina Berezutskaya, de 23 años, se le condena a pagar una indemnización de 300.000 rublos rusos a la víctima Yuuri Katsuki y a reclusión nocturna por los siguientes noventa días. Para la señorita Tatiana Vólkova, de 22 años, se le condena a presidio efectivo por 5 años y un día por los delitos cometidos. Para la señorita Valeriya Vólkova de 16 años, se negará el derecho de imputabilidad por ser menor de edad y se le condenará como adulto…

–¡Rechazo ese dictamen! –espetó el abogado defensor.

–La señorita Valeriya Vólkova es sentenciada a cadena perpetua sin beneficios carcelarios por los siguientes 40 años.

–¡Rechazo la sentencia en nombre de la legislación de protección de menores!

–Además –el juez ignoró completamente al abogado–. La familia Vólkov deberá pagar una indemnización a la víctima Yuuri Katsuki de 450.000 rublos rusos por los daños y perjuicios sufridos, según lo exigido por el abogado defensor de la víctima –dicho esto, golpeó la mesa con el martillo, dando fin al caso–. Se da por concluida la sesión.

El abogado de la familias rusas les mencionaba que buscará la forma de reducir la condena de las chicas y que abriría un nuevo juicio. La familia Katsuki solo se retiró del lugar, ni siquiera querían el dinero.

Afuera de la sala había un grupo de periodistas, en su mayoría rusos, sin embargo había varios japoneses y algunos pocos de diversas partes del mundo. Al ver al patinador salir de la sala se abalanzaron sobre él para obtener las primeras declaraciones, ya que el magistrado había declarado que no quería prensa dentro del control de detención.

–Señor Katsuki, ¿cómo se encuentra luego de estos días de recuperación?

–¿Tiene algún mensaje para la policía rusa?

–¿Se querellará contra la policía rusa?

–¿Volverá a patinar para la próxima temporada?

–¿Cómo está su relación con Viktor Nikiforov?

–¿Qué tiene decir sobre los mensajes de odio que recibió de las fans de Viktor?

–¿Cuáles son sus planes a futuro?

–¿Regresará a Japón o se quedará en Rusia?

Su madre lo cobijó para que no lo molestaran, incluso se quitó su chaqueta para colocarla sobre la cabeza de su hijo. Aunque no era parte de sus funciones, el abogado defensor se colocó delante de los asiáticos para permitirles el paso y hacer el quite a los periodistas.

–Mi defendido no hará declaraciones, por favor retírense –repetía por cada dos preguntas que hacía la prensa, a quién poco parecía importarle el estado del chico.

–Quiero volver a Japón –le murmuró a su mamá en medio del ajetreo.

–Tranquilo hijo, compraremos los pasajes ahora.

Un taxi los esperaba fuera del Juzgado de Garantía, rápidamente subieron al vehículo sin dar declaraciones a la prensa.

...


Yuuri se iría en cuatro días más, sin embargo aún no sabía qué hacer con sus sentimientos hacia Viktor. Quería pensar en eso, pero a la vez necesitaba descansar de todo. Caminó hasta la terraza del hotel, donde podía ver gran parte de San Petersburgo, incluso se veía a la distancia la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, la cual estaba cerca de la Plaza del Palacio y otros atractivos. Soltó un fuerte suspiro, se suponía que él formaría una nueva vida en ese frío país, lucharía para llegar al torneo de los Cuatro Continentes, para después intentar una vez más ganar el GPF. Se suponía que él debería estar feliz mientras miraba el precioso atardecer que le regalaba la vida, pero no podía sentir eso. No podía sentir felicidad y eso lo angustiaba.

–Yuuri –escuchó una voz grave a sus espaldas, el japonés volteó para ver quién era. Su vista se nubló.

¡Patético! ¡Eres basura!

–¡Oye! ¿Qué te pasa? –Yuri lo había sujetado por los hombros al ver que el extranjero se había perdido en una laguna de pensamientos. Yuuri agitó su cabeza intentando volver al presente. El enorme parecido con Valeriya lo perturbaba.

–N-nada… eh, ¿qué haces aquí?

–Te vine a ver, supuse que estarías aquí –el ruso lo soltó y miró hacia donde estaba el sol–. Tiene una muy buena vista.

–¿Cómo supiste…?

–Phichit me dijo que alojas aquí y supuse que estarías viendo el atardecer –respondió sin darle mucha importancia–. También me dijo… que te irías luego.

–Sí, regresaré a Japón.

–Ya veo –el ruso caminó hacia el borde de la terraza para apoyarse en la baranda, Yuuri lo miró extrañado.

–Yurio… yo quería agradecerte –el ruso volteó extrañado al oírlo.

–¿Eh?

–Tú también fuiste a buscarme y… gracias a que tú me escuchaste ahora estoy libre –le dedicó una pequeña sonrisa, Yuri notó la mirada dolida de su tocayo.

Sin moverse de la baranda, Yuri comenzó a bajar el cierre de su propia chaqueta, acto que extrañó al japonés pero lo alertó al ver lo que tenía bajo la chaqueta. Apuntó al pecho pero ninguna palabra salió de sus temblorosos labios.

–Sí, es la medalla de oro de este GPF –murmuró el ruso mientras se sacaba la medalla y volvía a subirse el cierre de su chaqueta, caminando hacia él.

–Felicit… –Yuri lo hizo callar colocando su propio dedo índice en los labios de su tocayo.

–La gané para ti –dicho esto intentó colocársela.

–¿Eh? ¡No! –Yuuri la rechazó, apartándose del ruso, molestándolo.

–¡Nada que no! Me esforcé para ganarla para ti, tú te la merecías, no pudiste competir.

–¡Es tuya!

–Maldita sea Katsudon ¡Yo patiné pensando en ti! –esa declaración sorprendió al mayor, Yuri estaba muy sonrojado, bruscamente se la colocó. El japonés miró la medalla en su pecho, la tomó suavemente, sin notarlo algunas lágrimas cayeron por sus pómulos.

–¿Por qué haces esto? –el ruso lo abrazó con fuerza, sorprendiéndolo.

–Yo jamás te haría daño, olvídate de ese imbécil de Viktor y quédate conmigo. Si quieres irte a Japón, yo me voy contigo, yo te acompañaré en todo, dame la maldita oportunidad –la voz del ruso se quebró, Yuuri sentía las lágrimas del adolescente en su hombro derecho.

Dolía, dolía mucho lo que sucedía.

El asiático lo apartó con suavidad, Yuri intentó esconder su rostro entre los mechones de su cabello, pero Yuuri guió su rostro para que lo mirara mientras le secaba las lágrimas con delicadeza.

–Te agradezco tu amabilidad, eres una linda persona.

–¿Por qué no? –le reprochó con mucha frustración, adelantándose a lo que el mayor le diría.

–Lo siento Yurio, pero yo no puedo ofrecerte nada.

–¡Solo quiero una oportunidad! ¡No te estoy pidiendo nada! –Yuuri sonrió con tristeza.

–Mejor quédate con alguien que pueda devolverte todo este amor, tienes a Otabek.

–¡Tú no entiendes nada! ¡Él es mi mejor amigo! Es como tú y Phichit. Yo no quiero a nadie más que a ti, ¿tanto te cuesta entender?

–No puedo amar a nadie, porque ahora ni siquiera me amo a mí mismo –Yuri lo miró aturdido al escucharlo, esa mirada de tristeza que tenía Yuuri podía romper el corazón hasta del ser más frío del mundo–. Eres joven, yo soy algo pasajero en tu vida, busca a alguien que te quiera, te valore y te cuide –Yuuri le dio una suave caricia en la mejilla mientras él mismo no podía contener sus lágrimas. Yuri lo abrazó con fuerza, lastimando más al pobre japonés–. A mí veme como un amigo, nada más.

Al oír eso, Yuri se apartó bruscamente del asiático de un empujón en el pecho, lo miró con rabia mientras sentía como se le rompía el corazón por el rechazo.

–¿Yurio?

El ruso no volteó, solamente caminó con brusquedad hacia la salida, mientras sollozaba amargamente. Yuuri se quedó en la terraza sin saber qué hacer, sintiendo la medalla del ruso más pesada que antes.

–Perdona Yurio, perdona no poder ser la persona que necesitas.

...


Notas finales: Perdonen el fail del tribunal, intenté documentarme lo más que pude pero cada país tiene sus propias leyes y tipos de juicios, la verdad se me hizo muy confuso todo.

Este es el penúltimo capítulo! D: así que sí, el próximo es el final (me da pena despedirme de este bebé, hizo que renaciera mi amor a la escritura). Sin embargo, si les van quedando dudas no duden en hacérmelas saber para hacer un epílogo que esclarezca todo.

Y antes de irme, vengo a hacerme publicidad xD empecé a publicar un nuevo fic, se llama "Bajo las Aguas Negras" para que también le den amor ❤️

Gracias por leer! Hasta la próxima.