La pelea en el interior de la casa se detuvo mientras Roy continuaba golpeando la puerta gritando como loco, haciendo todo lo posible porque los que estaban adentro lo oyeran y pudiera llevarse de ahí al homúnculo que fingía ser su querido amigo fallecido. Los soldados que lo habían seguido tenían sus armas cargadas en caso de que fuera necesario abrir fuego por si la situación se complicaba, Mustang no quería tener que hacerlo con una chica tan joven en el interior de la casa, la cual podría salir herida, pero vio que ya no tenía más opción.

Roy: -mira a sus hombres- Entren por la parte de atrás y llévense a la hija de Hughes a un lugar seguro, no la quiero metida en esto

Los soldados de uniforme azul y dorado hicieron un saludo militar y obedecieron la orden del Führer, yendo tan rápido como pudieron a buscar a la jovencita para sacarla de ahí antes de que la pelea se volviera demasiado violenta para ella, un homúnculo suelto no la iba a perdonar ni siquiera por el hecho de ser aún casi una niña, ni siquiera por el hecho de que Elicia de verdad pensara que esa cosa era su padre.

Los hombres de Mustang abrieron con cuidado la puerta de la cocina, entrando a la casa en silencio, sin alertar al homúnculo o podría alterarse y matarlos. Subieron luego por la escalera que llevaba al segundo piso, buscando en cada habitación para ver si encontraban a Elicia, encontrándola por fin. Le dijeron que era por su seguridad, pero ella no hizo caso, e impuso mucha resistencia.

Elicia (enojada): -le lanza una almohada a uno- ¡Lárguense! ¡Lo que ustedes quieren es matar a mi padre, no se los voy a permitir!

Soldado 1: Señorita, por favor comprenda, tenemos ordenes de llevarla lejos de aquí para que no salga herida, le rogamos que coopere

Elicia: -toma la lámpara de su mesa de noche- ¡Les dije que se fueran, no me obliguen a usar la fuerza!

Soldado 2 (molesto): ¡Suficiente! Vendrás con nosotros mocosa, si no es por las buenas entonces será por las malas

Los soldados finalmente debieron llevarse a la chica gritando y pateando. Elicia hizo todo lo que pudo por soltarse del agarre del más grande de ellos, llegó incluso a golpearlo en la cabeza para ver si podía noquearlo, pero sus manos eran muy pequeñas y él demasiado grande, y no hizo más que lograr que se enojara más.

Soldado 2: -mira al otro- ¿Ayúdame, si? Esta mocosa no deja de causar problemas

Elicia no podía más, cuando el compañero de ese gorila quiso tomarla de las piernas para evitar que lo siguiera pateando sintió que le hervía la sangre, así que simplemente se defendió dándole una patada entre los ojos, rompiendo los anteojos oscuros que llevaba puestos. Le dio al que la sostenía un fuerte codazo bajo la barbilla, el cual si logró dejarlo un poco mal, lo suficiente como para que la soltara, eso finalmente le dio tiempo de salir corriendo, pero ambos soldados iban tras ella y ya no sabía cómo detenerlos. Apenas vio que se habían parado sobre la alfombra que cubría el suelo del pasillo la tomó del otro extremo y tiró de ella, haciendo que ambos hombres se cayeran. Elicia de nuevo huyó de ambos y volvió abajo, donde las cosas seguían muy violentas.

El homúnculo seguía generando cuchillos desde su mano y lanzándolos hacia ambos hermanos, quienes los esquivaban lo más que podían. Edward corrió a la cocina y tomó todas las ollas que pudo, dejando a Alphonse encargado de la pelea un momento. Usando la alquimia convirtió todo el metal en un par de poderosas espadas, lo bastante filosas como para protegerlos y darles algo de tiempo antes de que los militares se involucraran.

Edward: -sale corriendo- ¡Al! ¡Atrápala! -le lanza la espada-

Alphonse: -la atrapa- Hermano ¿Qué planeas hacer?

Edward: -va con él- Ya lo verás

Ambos comenzaron a pelear con el homúnculo frente a ellos, evadiendo los cuchillos y nunca perdiéndolo de vista. Los dos hermanos se defendieron entre ellos, pero no parecía suficiente, comenzaban a cansarse y ya no iban a aguantar mucho más.

Elicia mientras tanto miraba todo desde un rincón, escondida para que no fueran a verla. Estaba muy asustada, pero el problema era que no sabía a quién apoyar, si a sus maestros o a su padre, así que por eso prefería mantenerse callada. Los dos soldados que habían querido llevársela yacían arriba inconscientes, así que no serian problema por un rato, pero realmente la pobre chica no estaba preocupada por eso. Con cuidado y en silencio fue a la bodega, la cual seguía desordenada luego de la transmutación. Revolvió todas las cajas y cosas ahí para encontrar algo que le sirviera, que fuera grande y pudiera servir de escudo. Finalmente encontró una enorme placa de acero de las que su madre usaba para reparar el techo de la casa cuando habían goteras en invierno. Corrió al lugar de la pelea con ella tan rápido como pudo.

Elicia: ¡Papá! ¡Toma esto!

La placa de acero era un buen escudo, ya que las espadas de los hermanos no servían contra ella. Recibía rasguños, golpes y se abollaba, pero nunca llegaba a romperse, así que eso le evitaría varias heridas innecesarias al homúnculo.

Maes (sonriendo): -la mira de reojo- Te lo agradezco cariño, desde pequeña siempre fuiste muy lista

Elicia: -sonríe-

Alphonse (triste y preocupado): -la mira- Elicia… ¿por qué lo ayudas? ¿No ves lo que está haciendo? Tu padre jamás le hubiera hecho daño a alguien que apreciara, y jamás te hubiera querido cerca de una pelea

Maes: No le hagas caso hija, sigue trayéndome cosas para usar como escudo, estos dos no quieren dejarme en paz y no quiero salir herido

Edward se enfureció al oír a esa cosa hablándole de esa manera a su alumna, como si de verdad fuera su padre y ellos sólo estuvieran causándole problemas. Empuñó su espada aún más fuerte y golpeó con todas sus fuerzas la placa de acero frente a ellos, cortándola finalmente a la mitad, cosa que parecía imposible, pero estaba tan enojado en ese momento que no midió su propia fuerza.

Maes (tranquilo): Ed, mira lo que hiciste, ¿sabes lo caras que son esas cosas?

Elicia: Tranquilo papá, iré por otra -se va rápido-

Maes (sin mirarla): -sonríe cínicamente- Tómate tu tiempo hija, no tengo prisa

La lluvia de cuchillos pareció empeorar luego de eso, y comenzaron a volar en todas direcciones mientras ambos hermanos trataban de hacerlos rebotar en las hojas de sus espadas. Edward estaba sudando y muy exhausto, ya no iba a resistir mucho más. Por suerte pudo ver algo en medio de los cuchillos que volaban hacia ellos, y lentamente comenzó a acercarse al homúnculo.

Edward: ¡Al! No lo pierdas de vista, tengo una idea

Alphonse: De acuerdo hermano, pero ten cuidado por favor

El alquimista y mayor de los Elric fue acercándose hacia el que le lanzaba esos cuchillos afilados y peligrosos, protegiéndose en todo momento con la larga espada que había creado. De un solo golpe cortó una de las manos del homúnculo, haciendo que la sangre comenzara a brotar de la enorme herida. Maes se arrodilló en el suelo sosteniendo el lugar donde antes estaba su mano, ya que le dolía bastante, pero no tanto como para olvidar lo que estaban haciendo.

Maes: -mira a Edward y sonríe de nuevo- Nada mal Ed, veo que has mejorado mucho en batalla, y tu alquimia está bastante bien también, lástima que no hayas crecido nada en estos años, eso no ha cambiado nada -empieza a reír-

Edward (furioso): -levanta su espada- ¡Cierra la boca desgraciado!

Edward tenía la intención de cortarle la cabeza al homúnculo, aún sabiendo que eso no lo mataría de verdad, pero antes de poder hacer nada Maes alzó su otra mano y sostuvo del cuello al alquimista lo bastante fuerte como para empezar a dejarlo sin aire, amenazando con matarlo si no lo soltaba pronto.

Alphonse (asustado): ¡Hermano! -mira a Maes- ¡Déjalo por favor! ¡Ya basta!

Maes: -lo mira- Ya estoy cansado de ustedes dos, los humanos son tan tontos a veces, ¿por qué no me dejan con mi hija y se largan de una vez en vez de seguir molestándonos? ¿Tanto les cuesta entender que ella no quiere volver a verlos? Yo soy su padre ahora y yo soy todo lo que ella necesita, no a un par de torpes como ustedes

Alphonse: Señor Hughes ya basta, ¿por qué hace esto? Usted jamás nos hubiera hecho daño

Edward (casi sin aire): Al… él… él… n-n-no es… H-Hu-Hughes… n-no es más… qu-que un… un…

Maes: -aprieta más fuerte- ¿Un qué? ¡Dilo ya y acabemos con esto!

Las cosas se complicaban más y Alphonse no tuvo de otra más que usar su propia arma para herir al homúnculo y lograr que soltara a su hermano antes de que lo asfixiara. Le cortó el abdomen, tirándolo al piso mientras sangraba como loco, y luego de eso fue Edward para ver si estaba bien. Tosió al volver a recibir oxígeno y miró a su hermanito, que se veía aliviado por verlo vivo, pero seguía preocupado por lo que podría pasar luego.

Alphonse: Hermano, el Führer Mustang está afuera, tenemos que pedirle ayuda, él sabrá qué hacer, ya no tienes que seguir arriesgando tu vida

Edward: No… no quiero a los militares aquí, podrían descubrir que Elicia fue quien creó a esa cosa y quizá la arresten, no quiero ni pensar en lo que podrían hacerle por semejante crimen

Alphonse: Pero hermano…

Maes (aún sangrando pero regenerándose): Escucha a tu hermano Alphonse, no dejemos que los militares vengan, lo mejor es arreglar esto entre nosotros, como verdaderos hombres

Edward (enojado): -lo mira- Infeliz…

Cuando Edward estaba por echarse encima del homúnculo y golpearlo, la puerta de entrada de pronto comenzó a quemarse de la nada, para quedar reducida a cenizas en poco tiempo. Por ella entró el Führer, visiblemente harto de pedir por las buenas que lo dejaran entrar y habiendo decidido entrar por la fuerza. Vio a ambos hermanos sin mucha emoción en el rostro, pero cuando se detuvo en los ojos del homúnculo, vacíos y sin alma, fue cuando se enojó de verdad.

Maes: -se levanta- Roy, veo que decidiste unírtenos, pero ¿no te han dicho que es de mala educación entrar sin tocar primero? Creí que un hombre como tú sabría algo tan básico como eso

Roy (furioso): ¡Cállate! Veo que realmente no te pareces en nada al verdadero Maes, no eres más que un egocéntrico y un mentiroso, pero me encargaré de que no sigas provocando más problemas, vendrás conmigo ahora por las buenas, o te puedo asegurar que sufrirás mucho

Maes: -da media vuelta y camina- Me lo pones muy difícil Roy, realmente me estaba divirtiendo mucho con Ed y Al, sin mencionar que Elicia lucía feliz de tenerme de regreso, ¿en serio quieres estropear todo eso?

Roy: No quiero volverlo a repetir, ven con nosotros… o te aseguro que te arrepentirás

El Führer nunca perdió de vista al homúnculo, el cual ahora le daba la espalda, pero lo que hizo fue tan rápido que no lo vio venir. Con todas sus fuerzas una foto enmarcada le fue lanzada a la cara, golpeándolo muy fuertemente en la frente y dejándolo casi ciego un momento, además de con un feo corte. Más fotos y otras cosas le comenzaron a ser lanzadas al pobre militar, acompañadas por varios cuchillos que podrían habérsele clavado de no ser porque los quemaba y derretía antes de que eso llegara a pasar.

Elicia: -llega corriendo- ¿Qué es lo que pasa aquí?

Edward: ¡Elicia! ¡Vete de aquí ahora!

Elicia: No me iré hasta que me expliquen lo que ocurre

Alphonse: Elicia, mi hermano ya te lo dijo, ese de ahí no es tu padre, no es más que un homúnculo, un ser sin alma, sin corazón, sin nada, no es capaz de amarte, simplemente te hará más daño. Huye de aquí y busca un escondite seguro ¡rápido!

Elicia (a punto de llorar): ¡No! El que está ahí es papá, yo lo traje de regreso con la alquimia, yo…

La pobre no pudo terminar de hablar al momento en que algo cayó por casualidad a sus pies, se trataba de una de las fotos que el homúnculo le había arrojado a Roy durante la pelea, la cual ahora estaba rota y parcialmente quemada. El marco y el vidrio estaban casi destrozados, y la imagen de los tres apenas y se podía distinguir. La chica la tomó y la miró, no pudiéndolo creer del todo.

Edward: ¿Ya lo ves Elicia? Ese no puede ser tu padre, él nos mostraba fotos como esas todo el tiempo, diciéndonos siempre lo bellas que eran tu madre y tú, él jamás hubiera dejado que algo como eso le pasara a una de ellas

Elicia: -se limpia una lágrima- ¿Y eso qué? Solo es una fotografía, tomaremos muchas más cuando mamá vuelva de su viaje, todo lo que me importa es que papá esté aquí para posar con nosotras

Roy estaba igual de impresionado que los hermanos, la chica definitivamente no quería creer que su padre estaba irremediablemente muerto y hacía hasta lo imposible por creer que ese homúnculo era él, pero por el momento tenía que estar concentrado en defenderse de esa cosa antes de que lo matara, sabía que el verdadero Maes nunca hubiera querido una cosa como esa y no quería decepcionarlo.

Elevando la temperatura de su llama lo más que pudo, Roy logró quemar la cara del homúnculo, dejándolo ciego un momento y haciendo que quedara vulnerable. Con eso tuvo tiempo de sacar su arma y dispararle todas las veces que fueran necesarias, logrando neutralizar sus intentos por acercársele para seguir atacándolo. Aún en el piso, quiso generar más cuchillos con su mano, pero lo pudo detener pisándosela y luego golpeándolo en la cabeza, dejándolo muy mal. De haber sido una persona de verdad, eso hubiera sido suficiente para acabar con él, pero como no era más que un homúnculo era obvio que acabaría recuperándose y volvería a atacar, pero al menos en lo que se regeneraba, el Führer podría llamar refuerzos para que lo ayudaran.

La pobre de Elicia había tenido que ser testigo de todo eso, hubiera querido ayudar al que consideraba su padre, pero no sabía cómo, simplemente se quedó en el suelo de rodillas, abrazando la foto calcinada contra su pecho y tratando de contener el llanto antes de que acabara por llorar de angustia y tristeza. Viendo cómo el Führer del ejercito seguía golpeando a Maes sin piedad, la chica pensó que necesitaba hacer algo, pero su mente estaba tan nublada por la situación que sólo se limitó a cerrar los ojos fuertemente, como deseando poder transportarse a un sitio mejor y sin toda esa violencia.

Una gota de agua se dejó escuchar, le siguió otra, después otra. Elicia abrió los ojos, y entre el ruido de la pelea pudo escuchar un sonido que venía de la cocina, el cual era tenue, pero llamó lo suficiente su atención como para ponerse de pie otra vez, sólo para volverlo a escuchar. Vio luego que venía de la cocina, así que fue rápido y pudo ver que era la llave del lavaplatos, la cual estaba goteando. Recordó entonces que Roy estaba usando fuego, que era el alquimista de fuego, famoso por crear grandes llamaradas a partir de una chispa, gracias al círculo en su guante. Era una habilidad muy especial, pero se volvía un inútil si llegaba a mojarse apenas un poco.

La chica no lo dudó y tomó una cubeta de la alacena, la cual llenó lo más rápido que pudo, para luego regresar donde el Führer y Maes. Sin que el líder del ejercito la viera, la chica le gritó al homúnculo para que se hiciera a un lado. Él le hizo caso, dejando al otro expuesto. En un segundo, Roy se encontraba completamente empapado de pies a cabeza, cosa que hacía que su alquimia ya no sirviera de nada. Por más que intentaba crear una chispa, todo lo que salía era un humo gris y débil.

Roy (furioso): -la mira- ¡¿Te importaría explicarme qué rayos crees que haces, mocosa impertinente?!

Elicia: Lo lamento, pero no dejaré que le haga daño a papá, ahora váyase de mi casa

Roy: Ya me enteré que fuiste tú quien la creó, tú hiciste esta cosa usando alquimia… cuando acabemos con esto ni creas que vas a salir impune, estás en graves problemas

Elicia: No me importa, haga lo que quiera, pero no dejaré que dañe a mi padre

Imitando el gesto de uno de sus maestros, Elicia aplaudió y luego tocó el piso de madera. No convirtió el material en otra cosa, sino que hizo que el piso duro ahora comenzara a ondear como si fuera de agua, haciendo que ni el homúnculo ni Roy pudieran sostenerse en pie. El primero huyó de ahí a tiempo, pero el Führer cayó por la falta de equilibrio. No parecía gran cosa, pero haciendo una segunda transmutación ahora el piso que sostenía a Roy cedió debajo de él, creando un enorme y profundo agujero por el cual debía caer… por fortuna alcanzó a sostenerse de un borde antes de que fuera demasiado tarde, pero amenazaba con caerse en cualquier momento.

Alphonse (preocupado): ¡Führer!

Roy: ¡Yo estoy bien! ¡Detengan al homúnculo y salven a la chica!

Elicia: ¡Ya le dije que me deje en paz!

La chica estaba por hacer una tercera transmutación, quizá ahora haciendo que el Führer cayera por el enorme agujero en el suelo hacia su muerte, pero Edward se levantó de donde estaba a tiempo, y logró transmutar unas esposas de madera usando unas tablas sueltas del piso, con las cuales inmovilizó las manos de Elicia, impidiendo que las juntara para seguir usando su alquimia.

Elicia (enojada): -trata de soltarse- ¡Ed! ¿Qué fue lo que hiciste?

Edward: Lo lamento, pero no dejaré que mates al Führer ¿en qué rayos pensabas? No era esto lo que tenía en mente cuando comencé a enseñarte alquimia, quería que la usaras para ayudar a otros, pero en vez de eso estás arriesgando las vidas de mucha gente al permitir que un homúnculo camine libremente por las calles

Elicia: Ya cállate, no sabes de qué hablas, ¡y ya quítame estas cosas!

Maes: Cariño, lamento interrumpir su discusión, pero gracias por haberme ayudado con ese idiota, me estaba haciendo perder tiempo valioso

Edward: ¿Tiempo? ¿Para qué?

Maes (con malicia): Es una sorpresa… lo averiguarán pronto. Adiós

Sin que nadie pudiera detenerlo, el homúnculo escapó de la casa a una velocidad increíble, tanto, que las balas de los militares que llegaron en ayuda del Führer ni siquiera alcanzaron a tocarlo. Se fue muy lejos, rumbo al cuartel general, donde todos los militares seguramente estarían a cargo de su búsqueda.

Con todos ellos ahí, podría hacer absolutamente todo lo que quisiera con ellos, sería algo muy divertido.

CONTINUARÁ…