El juego de Eva (Fifty shades of Ezeva)
Disclaimer: Total Drama Island y sus personajes son propiedad de sus creadores. Yo escribo por diversión y sin animo de lucro.
Resumen: Eva tuvo una conversación que hizo que se plantease cosas. Ahora está dispuesta a vencer su miedo al sexo con la ayuda de sus amigos y a vivir sus primeras experiencias.
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#9 Pasión (II)
—¡Guau! ¡Guau! Miradme, soy Eva en clase —se burló Izzy.
—¡Cierra la puta boca, loca! —contestó la morena enfadada.
—Ha sido lo más gracioso de todo el curso, ¿verdad Katie? —preguntó Sadie entusiasmada. Katie tardó unos segundos en responder.
—Eh... sí Sadie —respondió desanimada. No pasó desapercibido para ninguna de las chicas, pero ninguna comentó nada al respecto.
—Parece mentira que ya quede tan poco para ir a la universidad —comentó Beth con algo de tristeza en su voz. A Eva le alegró que saliese otro tema.
—¡Sí! Ya nada será igual —dijo Lindsay.
—Lo hemos pasado muy bien todos estos años —añadió Katie—. No me creo que esto se vaya a acabar. ¡Parece que fue ayer cuando nos presentamos todos en clase el primer día!
—Sí, estos cuatro años se me han pasado volando —admitió Eva—. No pensé que me divertiría tanto en un instituto.
—¡Ha sido guay! ¡Boom boom! —exclamó Izzy.
—¿Habéis pensado qué estudiaréis en la universidad? —preguntó, sorprendentemente, Lindsay.
—¡Katie y yo estudiaremos en la escuela de moda! —dijo Sadie.
Katie no dijo nada, se sentía insegura y tenía miedo. ¿Qué iba a ser de ella y de Noah si tenían un bebé? ¿Irían a la universidad? ¿Sus padres les obligarían a casarse? Oh, sus padres, ¿Qué dirían sus padres? Los padres de Noah eran conservadores, pero los de Katie mucho más, eran muy católicos y la chica sabía que no la perdonarían si se quedaba embarazada antes del matrimonio. No estaba lista para ser madre.
—¿Necesitas hablar, Katie? —preguntó Sadie. La otra asintió—. Anda vamos. Luego hablamos, chicas.
—Vale —contestó Izzy con una sonrisa.
Las dos super mejores amigas se levantaron y se fueron. Las cuatro restantes se miraron ligeramente confundidas.
—¿Sabéis qué le pasa a Katie? —preguntó Beth.
—No, y Noah también está raro hoy —contestó Eva.
—Qué extraño —respondió la de gafas.
—¡Yo quiero ser pastelera! —anunció Izzy retomando el tema de conversación anterior.
—Eso mola, Izzy —reconoció Beth.
—¡Sí! Haré pasteles que creen una fuerte adicción y haré que todos los prueben y supliquen y coman más y más y más y más hasta que me den el poder en toooooooodo el mundo, ¡boom, boom!—explicó la pelirroja. Todas se quedaron calladas un momento.
—¿Habrá pasteles light? —preguntó Lindsay con una sonrisa.
—Te va a dar igual —le contestó la pelirroja—, te pondrás gorda igual por comer demasiados de mis dulces, adictivos, cremosos, pastelosos, acaramelados, sabrosos, jugosos, crujientes, chorreantes y salados pasteles.
—¡Yo no quiero estar gorda! —exclamó la rubia angustiada.
—No te vas a poner gorda, Lindsay —la tranquilizó Beth—. ¿Y tú que quieres estudiar? —le preguntó para hacerla pensar en algo más.
—¡Yo quiero ser enfermera! —dijo la rubia.
—¿Y eso lo sabe Tyler? —preguntó Eva.
—No, ¿por?
—Porque cuando lo sepa le van a entrar ganas de ponerse malo muy seguido —contestó la morena con una sonrisa. Todas se rieron.
—Jijijiji, tal vez.
—¿Y tú qué estudiarás, Beth? —quiso saber la morena.
—Siempre me ha gustado la idea de ser periodista —contestó la de gafas.
—¿Y escribirás artículos sobre Justin? —preguntó Izzy.
—Si tiene éxito como arquitecto, tal vez, porque quiere dejar lo de ser modelo —contestó la castaña.
—Vaya, eso sí que no me lo esperaba —contestó Eva.
—Es muy presumido, lo reconozco, pero ya está harto de esa vida. Sólo es modelo porque su madre lo metió en ese mundo de pequeño, pero ahora quiere dejarlo y hacer algo que de verdad le gusta —explicó la castaña—. Estoy muy orgullosa de mi chico.
—¡Owen quiere ser maquillador profesional! —dijo Izzy.
—Segunda sorpresa del día —dijo Eva.
—¿Y tú qué quieres ser, Eva? —preguntó Linds.
—Yo... yo creo que seré psicóloga —contestó. Las otras la miraron con la boca abierta—. ¿Qué pasa? —preguntó con el ceño fruncido.
—Yo pensaba que te dedicarías a algo relacionado con el deporte —respondió Beth.
—Pues pensaste mal —dijo con una sonrisita.
—Tyler hará la prueba para entrar a los cursos para ser entrenador —dijo entonces Lindsay emocionada.
—Qué disgusto se va a llevar el pobre —contestó Eva.
—¿Por? —preguntó Linds.
—Lindsay, tu novio es muuuuuuy malo en los deportes —le recordó la morena—. Perdió una carrera contra un caracol y una tortuga.
—¡Eso fue porque se ató mal los cordones! —contestó Lindsay defendiendo a su chico. La morena suspiró aburrida.
—Si a lo de ser malo en el deporte ya le añades su evidente retraso mental apaga y vámonos.
Lindsay se quedó callada unos instantes antes de mostrar una enorme sonrisa.
—¿Y adónde nos vamos, Eva?
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Leshawna, Gwen y sus amigas estaban hablando en otra parte del patio.
—Y Mike me llevó a por un helado —dijo Zoey.
—Genial... pero Harold ha dejado a Leshawna —dijo Gwen.
—¡Eso no es posible! —dijo Zoey—. Yo creía que era su amor verdadero.
—¿Estabais saliendo? —preguntó entonces Samey.
—¡No, claro que no! —exclamó la de coleta, ofendida.
—¿Entonces cómo va a haberte dejado si no estabais juntos? —insistió la animadora. Leshawna iba a responder pero Samey se le adelantó—. Vale, lo capto: Harold ha pasado de ti.
—¡No ha pasado de mi!
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La última clase del día estaba llegando a su fin y Gwen seguía llevando a Ezekiel en su mente, al igual que todo el día. Le gustaba de verdad porque era muy dulce y tímido; Ezekiel no la tacharía de puta ni la juzgaría por el pasado, él la querría y sería bueno con ella. Lo suyo con Trent había fallado porque el chico era demasiado buenazo para ella, era un romántico sin remedio pero pesado para su gusto; no tardó en irle detrás a Duncan. Era el malote perfecto y lo suyo fue intenso y genial hasta que Courtney -la novia del chico- lo descubrió todo y le otorgó el título de máximo putón del instituto. El punk había vuelto con su novia y ahora la gótica estaba sola, se había cansado de experimentar y quería un chico al que llamar suyo. Ezekiel se le ofreció en bandeja casi: literalmente el chico cayó sobre ella tirándole sus macarrones con tomate por encima. Ezekiel se disculpó unas quinientas veces antes de marcharse apresuradamente, pero lo más extraño fue que a Gwen no le importó que su bonito vestido de encaje negro estuviese cubierto de tomate, ni que todos se estuviesen burlando de ella, porque lo único que quería era observar a ese ser angelical que se había ido tras decir "De verdad lo siento, eh". Ese chico tenía que ser suyo.
Mientras, sin que ninguna de las dos lo supiese, Eva pensaba en el mismo chico que Gwen. La deportista tenía un lío importante porque estaba francamente excitada y llevaba así casi todo el día. No había podido concentrarse mucho debido a las recurrentes ideas eróticas que le venían a la cabeza gracias, en parte, a los consejos sexuales que sus amigos habían anotado para ella en el PENE y también a la experiencia del día anterior con el chico y a su "experimento" individual. Tenía muchas ganas de saber qué se siente al hacer el amor por primera vez y eso le planteaba una duda: ¿por qué no decírselo a su novio? Él quería hacerlo y ella también, ¿qué lo impedía? Tal vez sus nervios, su temor ante la posibilidad de sentir dolor o tal vez, y sólo tal vez, un poco de inseguridad. Cuando Eva salió del instituto se despidió de sus amigos y emprendió el camino de vuelta a casa hasta que, cuando no llevaba mucho andando, recordó que ella y Zeke tenían que presentar su proyecto de Baudelaire al día siguiente y que, además, el chico no había acudido a clase ese día y eso podía ser sinónimo de enfermedad. Eva, sintiendo miedo al imaginar a su novio febril y tembloroso, sacó su móvil para llamar a su madre y conseguir que ésta le diese permiso para ir a terminar su trabajo y que, además de eso, le concediese tiempo extra para pasarlo con su pareja, aunque estando castigada eso lo iba a preguntar por si colaba.
—¿Eva? —dijo Olga al coger el teléfono.
—Hola mamá —contestó la chica.
—¿Te pasa algo, nena?
—No me pasa nada, tranquila. Es sólo que había olvidado que tengo que acabar un proyecto para mañana.
—¡¿Qué?! ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no dejes las cosas para el último momento?! —la regañó Olga. Eva y Ezekiel hubiesen ido bien de tiempo si Chris no hubiese castigado a la chica, pero si tenía que elegir la morena prefería que su madre pensase que era vaga a que supiese que se había ganado un castigo por parte de un profesor.
—Lo sé, lo siento. ¿Puedo ir?
—¡Faltaría más! Pero cuando acabes te quiero de vuelta a casa inmediatamente.
—Pues...
—¿Qué?
—Es que mi chico está enfermo...¿puedo ir a verle?
—Eva, estás castigada.
—Lo sé, pero es que no ha venido a clase y estoy preocupada por él. Anda mamá, déjame ir por favor —suplicó. La mujer suspiró al otro lado.
—Vale, vé pero no tardes en volver, jovencita —contestó Olga.
—¡Gracias mamá, eres un sol! —exclamó la chica contenta.
—Anda, no me hagas más la pelota que ya ha colado —contestó sonriendo.
Ambas colgaron a la vez después de eso.
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Ezekiel llegaba justamente a su casa en ese momento después de un día estresante pero con resultados bastante satisfactorios. Según sus médicos estaba de maravilla y el dentista no había tenido que curarle ninguna caries ni nada, en resumen: fabulososo. Otra cosa que contribuyó a mejorar su día fue poder quitarse por fin la ropa de repipi que su madre le obligaba a llevar al médico, si bien podía no haberlo hecho al no estar ella presente para ver si cumplía o incumplía su orden no le pareció bien desobedecer una norma tan clara de su madre. Se puso un pantalón azul clarito corto y una camiseta blanca cómoda y ancha y se tiró en su cama sintiendo las sábanas frías, lo cual le resultó agradable ya que hacía bastante calor.
—Esto es vida, eh.
Cuando se acomodó cogió su móvil de la mesilla para llamar a su chica. La morena tardó unos segundos en responder.
—¿Mi amor?
—Hola Eva, eh.
—¿Cómo te encuentras?
—Estoy bien, eh. ¿Y tú?
—Yo bien... ¿puedo ir a tu casa? Es que tengo que decirte algo.
—Claro, ven cuando quieras, eh.
—¿Puedo ir ahora?
—Sí, eh.
—Pues ahora nos vemos —y dicho esto, colgó.
Zeke miró la pantalla de su móvil confundido antes de, por decirlo de algún modo, acojonarse. Eva quería dejarle, ya está, Eva se había dado cuenta de que era un degenerado y lo iba a mandar a tomar viento. Se apresuró en ir al baño a asearse para estar presentable cuando llegase su todavía novia y cuando estaba en mitad de un lavado de dientes frenético escuchó el timbre y tuvo que escupir la pasta de dientes, la cual formó un desagradable engrudo en la pila. El castaño no perdió tiempo reflexionando al respecto y bajó las escaleras como alma que lleva al diablo, cuando abrió la puerta se encontró con una sonriente Eva que enseguida le abrazó y besó.
—No pareces muy enfermo —comentó ella abrazada a él pero mirándole a la cara. Él cerró la puerta y rodeó la cintura de ella con sus brazos.
—Es que no estoy malo, sólo tenía que ir a unas revisiones y lo olvidé, por eso no te he avisado. Lo siento, eh —explicó.
—Mi Zeke... prefiero que seas idiota a que estés malo —dijo ella de broma.
—¡Oye! —protestó él.
—Tenemos que hablar, cariño —dijo ella poniéndose seria.
—Claro. ¿En mi cuarto, eh?
—Vamos.
Zeke se dirigió al piso superior seguido por Eva asustado. Vale, ella no iba a dejarle pero le iba a decir algo malo, se lo había notado en la cara y en la voz. Cuando llegaron Eva dejó su mochila y ambos tomaron asiento sobre la cama del chico.
—Verás... Izzy ha hecho una capullada en clase y por encubrirla me han castigado a mi, bueno, a mi y a ti —explicó la morena.
—¿A mi por qué? ¡Si yo no estaba, eh! —protestó él muy cabreado. Bueno, por lo menos Eva no tenía ninguna queja sobre su relación.
—Lo siento, Zeke. El castigo es hacer mañana la presentación de Baudelaire —le anunció.
—Ah, pues no es tan grave, eh —dijo el chico relajándose.
—¡Pero si no tenemos nada hecho!
—Eres una exagerada, Eva.
—¡Y tú un imbécil! —contestó ella mosqueada.
—Me refiero a que yo seguí con lo que faltaba y lo acabé. Sólo nos queda preparar la presentación, eh —explicó él. Ella le miró sorprendida.
—Ezekiel... has hecho mucho más que yo y eso no es justo —dijo ella.
—Pero si a mi no me importa, eh.
—Pero a mi sí, cariño.
—¿Y qué te parece si hacemos la presentación cómo tú digas? Así estaremos iguales, eh —sugirió Ezekiel.
—Me parece bien —dijo Eva.
Les tomó aproximadamente una hora y media cuadrar todos los datos y organizar la presentación en sí, además de hacer unos pósters con rótulos, fotos de distintas ediciones de las flores del mal, etc. Eva elogió a Ezekiel por su excelente caligrafía en más de una ocasión, y él la elogió por sus ideas para que la presentación resultase poco tediosa a la par que instructiva.
—¡Terminamos! —exclamó Eva tras escribir la última palabra—. Esta noche antes de dormir ensayaré frente al espejo mi parte de la exposición.
—Eso es buena idea, eh —contestó Zeke antes de tumbarse en su cama. Eva dejó sus cosas a un lado y se tumbó junto a él mirándole a la cara.
—Guapo —le dijo.
—Guapa, eh —contestó él.
—No tenías que haber hecho todo ese trabajo tú solo, idiota.
—Me da igual haber hecho todo eso solo, ¿sabes por qué, eh?
—No, no lo sé —dijo sonriéndole.
—Porque yo haría cualquier cosa por ti, mi amor, eh —contestó.
—Eres tan... ¡Oh, a la mierda!
Tras decir esas palabras Eva empezó a besarle apasionadamente y enseguida Zeke descendió para besarle el cuello, algo que ella adoraba porque le resultaba extraño y sexy, como una mezcla entre placer sexual y un cosquilleo agradable.
—¿Sabes...? —empezó a hablar ella acariciando el pelo de su chico.
—¿Qué, eh? —preguntó él separándose para poder mirarla a la cara.
—Ayer... por la noche... —empezó a explicar sonrojada. Zeke la acarició para que se calmase.
—¿Qué pasó, eh? —Ezekiel ya estaba cachondo perdido a esas alturas.
—Me toqué un poco —confesó. Zeke la miró con los ojos como platos, pero después sonrió y la besó en la mejilla.
—¿Y cómo te sentiste, eh? —quiso saber. Eva le sonrió tímidamente antes de esconder su cara entre el hombro y el cuello de Zeke.
—Fue una pasada —contestó.
—Me alegro cariño, eh —dijo Zeke. Eva se separó y le miró a la cara con vergüenza.
—Pe-pero tú lo hiciste muy bien también—aclaró la morena.
—Uh, Eva, me estoy poniendo muy cachondo, así que si no quieres que hagamos travesuras mejor deja de hablar de cosas sexys, eh —pidió el chico. Eva se mordió el labio y acto seguido empezó a estimularle pene por encima de los calzoncillos y del pantalón.
—Sí quiero hacer travesuras...
—¿Y qué hacemos, eh?
—Pues... no sé... quítate la camiseta —pidió ella.
—¿Me lo puedo quitar todo, eh? —preguntó el castaño con voz sexy. Eva se mordió el labio con deseo.
—¡Hazlo ya! —ordenó, y Ezekiel obedeció raudo y veloz—. Y ahora ven aquí que te quiero lamer entero.
Ezekiel abrazó a la chica y ésta empezó a lamer y mordisquear su cuello sin piedad. El pene de Zeke estaba duro como una piedra y reclamaba la atención que se merecía.
—Necesito tocarme, eh —le dijo a su novia. Eva negó con la cabeza.
—Tócame a mi, mi amor.
Ezekiel decidió que su pene podía esperar cuando vio que Eva se quitaba su pantalón corto de deporte dejando a la vista unas bonitas braguitas verdes con un dibujo de una manzana por delante. El chico se relamió al verlas. Eva se sentó tumbó junto a su novio dispuesta a jugar con su falo, pero él tenía otros planes.
—A ver eso, eh —pidió señalando las bragas de la chica—, no las he visto muy bien.
Eva sonrió y abrió las piernas para que pudiese verlas, y también para excitarle. Ezekiel contempló la zona maravillado al pensar que sólo una fina capa de tela verde le separaba de la entrada de su querida novia, después prestó atención a sus bonitas piernas. Eva se alarmó cuando su chico le levantó la camiseta, pero se relajó al ver que no pensaba sobrepasar el sostén y cuando él la besó dulcemente.
—¿Confías en mi, eh?
—Sí, soy tuya mi amor.
Ezekiel besó el plano y fuerte vientre de Eva, e incluso formó un círculo de besos alrededor de su ombligo antes de descender por una de sus caderas y hacer y camino de besos desde el muslo hasta la rodilla. Desde la rodilla hasta el tobillo dio un lametazo que hizo a Eva gemir. La morena no entendía qué pretendía su chico, pero aún así le estaba gustando todo lo que le hacía. Lo entendió cuando sintió cómo él masajeaba su píe.
—¡Oh, dios Zeke!
—Relájate y disfruta, eh.
Algo en la voz de Ezekiel la hizo obedecer de inmediato. Ezekiel masajeó lenta y concienzudamente ambos píes. El chico quería que ella estuviese lo más cómoda y relajada posible para poder hacer su siguiente movimiento.
—No pares por favor...
—No voy a parar, tranquila, eh.
Cuando hubo acabado besó la otra pierna para que ella siguiese calmada y empezó a ascender haciendo nuevamente un camino de besos. Cuando Eva quiso darse cuenta Zeke estaba depositando suaves besos en la manzana de sus braguitas.
—¡Ah! —gimió.
Pero Zeke no se quedó ahí y, para sorpresa de la chica, le bajó las bragas de un tirón y las tiró al suelo.
—¡Ezekiel! —protestó asustada.
—No es lo que piensas, tranquila, eh.
Eva se sentía muy expuesta, así, abierta de piernas y sin ropa interior frente a su chico.
—Zeke yo- —pero su protesta fue acallada por los besos del granjero en su zona más intima. No podía creerse que Ezekiel estuviera besando los labios superiores de su vagina y dio un respingo cuando sintió uno de los dedos de él explorando un poco más adentro. Era muy placentero y sexy en su opinión.
—Estás caliente y húmeda, eh.
—¡Tócame! —tras decir eso ella misma llevó una mano a sus genitales para darse placer, pero Zeke lo impidió—. ¡Zeke no aguanto!
Ezekiel separó con dos de sus dedos los labios superiores de la vagina de Eva y estimuló con su lengua un punto concreto que hizo que Eva se volviera loca.
—¡OH DIOS! ¡Sí, sí, sí! —gemía ella sintiendo unas oleadas de placer cada vez más fuertes recorrer todo su cuerpo. Sentía vergüenza, sentía placer y no quería que acabase.
Mientras tanto el muchacho seguía lamiendo intentando que su amada novia sintiese todo el placer posible. Sólo quería que ella supiese lo mucho que la adoraba, que fuese feliz y estar juntos porque estaba loco por ella.
Ambos sabían de algún modo que habían encontrado en el otro a su alma gemela.
Continuará...
Reviews?
kena86: Intento no caer en muchos clichés pero es que a veces es bastante complicado ^.^U
KovatePrivalski97: Me gustaría decirte muchas cosas pero lo resumiré en algo que me gustaría que tú interpretases: la ópera no acaba hasta que no canta la gorda ;) en cuanto a lo de la novia de Noah en the RR me alegra porque así disminuirá (espero) el número de gente que shippea Nova (Noah x Eva) y aumentará (espero) el de gente que shippea Ezeva.
Juanjonh343: Te agradezco tus reviews pero la verdad es que estoy bastante desconcertada con el último :/
Devin: Gracias por el review.
Luki: XDDDDD hovedeze ah lah kuín
XOXO
OFIXD
