"Levántate." Le dijo el hombre mayor edad. Pese a rondar casi los sesenta años, el hombre tenía una mirada temible y los otros tres tipos que le acompañaban parecían tenerle miedo.

Dean estaba agotado, no le habían dado de comer en dos días, o tal vez llevaba más tiempo allí, no estaba seguro y apenas había probado dos vasos de agua. Muchas veces había oído lo que aguanta un cuerpo humano sin probar el agua, pero la verdad era que nunca le había prestado atención.

"Vamos levántate." Volvió a decir el hombre con un tono más agresivo que la primera vez. Le dio una pequeña patada a Dean y cuando el cazador se removió, el hombre se echó a reír. "Bueno al menos veo que todavía sigues vivo. Seguro que tus hermanitos andan como locos buscándote. Incluso creo que habrán dado ya con el bueno de Mickey e intentarán sacarle información."

"Vete a la mierda." Consiguió decir Dean. La cabeza le dolía, aunque no estaba seguro si le habían dado algún golpe o era porque estaba demasiado cansado, pero apenas podía moverse y levantar la cabeza le hubiera costado un tremendo esfuerzo, por lo que ni siquiera lo intentó.

"Eh chico, no te pongas así, si al fin y al cabo te estamos haciendo un favor. Queremos ayudarte a deshacerte de la criatura que llevaba tu hermana en el vientre." El hombre se agachó hasta a su altura y esperó hasta que sus ojos se encontraron con los del cazador.

Al verlo sonreír con aquella maldad en la mirada, Dean sintió todo su cuerpo estremecerse, con la sola idea de que aquella gente le pusiera las manos encima a su hermana pequeña. Lo notaba, no necesitaba palabras para imaginarse las horribles cosas que tenían preparadas para ella y su bebé.

"Jamás tocaréis a mi hermana." El hombre, como si estuviera dejándose llevar por un resorte, cogió a Dean del cuello de la chaqueta y lo levantó. Lo retuvo ahí un momento, mirándole, respirando tan cerca que el cazador podía notar su aliento sobre su rostro. Dean estaba seguro que le iba a golpear y como las dos veces anteriores acabaría despertándose horas más tarde completamente dolorido.

"Escúchame bien. No eres nadie, te crees muy listo porque has matado demonios, vampiros y hombres lobo. Pues lo siento hijo, pero las reglas han cambiado, nuestro Señor va a llegar a la tierra, lo quieras o no y ten por seguro que tu hermana se odiará por siempre por ser la culpable de su llegada."

Lo lanzó al suelo, Dean se sorprendió de la tremenda fuerza que tenía para ser un hombre de su edad, tanta, que la lanzó unos cuantos metros por el aire, hasta que su cuerpo y sobretodo sus costillas chocaron contra el suelo.

"¡No te acerques a ella maldito bastardo!" Dean se quedó sin aire, pero tenía que gritar, tenía que demostrarle a ese tipo que no se iba a rendir, que tendrían que matarlo para conseguir llegar hasta su hermana; se lo había prometido a su padre, Sam y él habían hecho la misma promesa, Julie siempre estaría a salvo, por mucho que su vida de cazadores los pusiera en peligro, Julie jamás estaría en medio.

Dean creía que había fallado, pero aun esperaba tener la oportunidad de enmendar sus errores y aunque tuviera que morir, poder mantener a su hermana segura. Sin embargo, el hombre no se inmutó, Dean ni siquiera estaba seguro de que le hubiera escuchado. Tan sólo se quedó ahí, mirándole y mostrando su peor sonrisa.

"Señor ya lo tenemos preparado. Ha sido difícil pero tenemos el arma." Dijo uno de los hombres que estaba detrás de su captor. "Aquí tiene." Pese a que el sueño y el agotamiento estaban a punto de apoderarse de él, Dean tenía que aguantar, tenía que ver lo que estaba pasando y entonces lo vio.

En las manos de su secuentrador apareció un enorme cuchillo, su hoja brillaba con una tremenda intensidad, estaba impoluto, seguramente jamás habría sido utilizado y por lo que Dean podía apreciar, pese a estar bastante lejos, era que se trataba de un cuchillo ceremonial y que en su fijo había escritos una serie de símbolos. No los pudo leer, pues el hombre se dio la vuelta y miró a sus acompañantes.

"Mañana será el día, la luna estará en el punto preciso, así que vamos, tenéis que traer a la chica cuanto antes, tenemos que prepararla para la ceremonia."

"Pero su hermana y ella todavía están lejos."

El hombre se dio la vuelta y contempló a Dean, sonrió otra vez antes de hablar. "Entonces tendremos que motivarla la para que venga lo más rápido posible."

La sombra del hombre se cerró sobre Dean, ya sabía lo que iba a ocurrir, aquel tipo disfrutaba torturándole; pero no le iba a dar la alegría de gritar o pedir clemencia, pues sabía muy bien que no le serviría de nada, pues lo que ese tipo quería era hacerle sufrir y que su hermana lo viera.

- o -

Sam sabía que cada vez que sonaba el teléfono y era Julie par decirle que algo malo le estaba ocurriendo a Dean y aquella no iba a ser una excepción. Estaba regresando otra vez de buscar a su hermano. Las pistas se le estaban acabando y aunque no le hubiera dicho nada a Julie, sus sueños eran demasiado vagos y no tenían la suficiente información para poder dar con él. bajó del coche antes de coger el teléfono y al descolgarlo, durante un par de segundos no escuchó nada.

"¿Julie estás bien?" Entonces escuchó los sollozos de su hermana. "¿Julie cariño que ocurre?"

"Dean… lo están haciendo otra vez. le están torturando por mi culpa, lo están haciendo porque me quieren a mi. ¿Y si me entrego y luego me salváis vosotros? Dean estaría a salvo y… Oh dios mío Sam, no quiero verlo."

"Vale, Julie tranquilízate que estoy contigo en un minuto." Sam echó a correr sin dejar de hablar por teléfono con su hermana. "Se que lo estás pasando mal, pero ¿sabes que? Necesito que me digas todo lo que ves, no se algún nombre, algún lugar, tal vez reconoces un sonido."

"Sólo veo a Dean y a ese hombre. Le va a matar, si le sigue golpeando así le va a matar." Julie se echó a llorar, estaba sola y no hacía más que ver lo que le estaban haciendo a su hermano. Llevaba a sí dos días, tal vez más, pero ya había perdido el sentido del tiempo. "Sam por favor, prométeme que lo vamos a encontrar y esos desgraciados pagaran por lo que le están haciendo."

"Claro que si, pero vamos, sólo una vez más, tienes que esforzarte, seguro que hay algo." Por fin, Sam llegó de nuevo a la habitación, al pequeño apartamento que tenían alquilado. Abrió con rapidez la puerta y buscó por todos lados a su hermana. "Julie." Dijo en voz alta, guardando el teléfono para que la chica le oyera.

Entonces la vio aparecer, Julie se levantó rápidamente del sofá, tiró a un lado el teléfono y se lanzó a los brazos de su hermano. Su rostro poblado de lágrimas se hundió en la camiseta de Sam y notó los brazos de él rodeándole con fuerza.

Estaba tan asustada, aterrada incluso, pensando que aquellas fueran las últimas imágenes que fuera a ver de su hermano, sin despedidas, sin poder darle las gracias por haberla cuidado y protegido durante toda su vida. Simplemente viendo como unos desalmados lo mataban por su culpa.

Sam le acarició el pelo y la llevó de nuevo hasta el sofá donde la ayudó a sentarse. Fue a la cocina y le preparó un vaso de leche caliente, como a ella le gustaba desde que era pequeña y se sentó a su lado. Julie se apoyó sobre él.

"¿Por qué tengo que ver lo que le están haciendo si no puedo hacer nada por ayudarle?"

"Claro que puedes ayudarle, mira seguro que has pasado algo por alto. No se algún ruido, algún cartel. Piensa ¿hay alguna ventana en la habitación?" Le besó en la cabeza para hacerle sentir mejor y ayudarle, dentro de lo que podía a superar el miedo a tener que ver de nuevo las horribles escenas.

Julie respiró hondo, cuando conseguía calmarse podía dejar de ver los peores momentos de la tortura de su hermano y cuando Dean se quedaba sólo, cuando estaba adormecido, hasta conseguía comunicarse durante unos segundos con él.

"Es una habitación muy oscura, apenas puedo ver nada. Dean está en el suelo, está echo polvo y está pensando en tirar la toalla."

"Dean no lo hagas." Dijo Sam en voz baja mientras escuchaba el relato de su hermana. Rodeó su frágil cuerpo con ambas manos y las cerró sobre su vientre, protegiendo a su futuro sobrino, creía notar su pequeño corazón latir con fuerza. "No puedes rendirte ahora hermano, debes resistir por ellos.

"Dean, soy Julie. Estamos aquí contigo y te vamos a encontrar." Dean no le contestó, por lo que la chica creyó que su hermano estaba inconsciente o dormido. Esperó uno segundos, casi se podía ver a si misma arrodillada junto a Dean, con la cabeza de él sobre sus rodillas. "No debes rendirte, nunca lo has hecho. Confía en nosotros, porque jamás te vamos a abandonar."

"Julie…"


"Eso es Dean, se que puedes oírme. Estás cansado, lo se, y quieres que todo termine cuanto antes, pero para eso necesito tu ayuda."

"Julie ¿Estás bien?" Sam se dio cuenta que su hermana hacía unos segundos que no se había movido y no había dicho nada. Estaba totalmente quieta, con la mirada perdida en ninguna parte. "Julie, vamos no me asustes." Entonces se dio cuenta que su hermana no estaba allí con él.

Sam suspiró, se sentía completamente impotente. Preguntar a Mike no le había servido de nada, el chico estaba demasiado preocupado por su hermano desaparecido como para atreverse a decirle nada. Había hablado con al gente de los alrededor, pero nadie había visto a Dean. No tenía por donde seguir y por mucho que le doliera, Julie tenía que seguir viendo lo mal que lo estaba pasando su hermano para conseguir algo más.

"Si estás hablando con Dean dile que estamos haciendo todo lo que podemos y que voy a matar a esos desgraciados por todo lo que han hecho a esta familia." Julie no dijo nada, por lo que Sam no pudo saber si le había escuchado o no, pero confiaba en ella, de la misma forma en la que confiaría su vida a Dean. Si la vida de su hermano dependía de ella, por mucho miedo que tuviera, Sam sabía que saldrían de aquello. "No se si me oyes hermanita pero quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ti seguro que Dean también lo está."

"Hace frío aquí dentro."

"Dean lo se, pero haz un esfuerzo y mira tu alrededor, intenta decirme si hay alguna ventana o algo que pueda ayudarnos." Dean seguía quieto. Julie apretó su mano contra la de Sam, tanto que incluso le estaba haciendo daño, pero Sam no dijo nada, no era el momento de preocuparla por una tontería.

"¿Ventana? Espera." Julie escuchó gemir a Dean por el dolor y el cuerpo de ella se estremeció.

"Aguanta un poco más por favor." Julie siempre habría creído que no superaría la muerte de su padre, en realidad no había llegado a hacerlo.

Pero al ver morir a su hermano y sacrificarse por ellos, se dio cuenta que había algo mucho peor que ver morir a su padre y era perder a su hermano. Dean no podía morir, ella no quería verlo, no quería que pasara y mucho menos que ocurriera alejado de ellos, muerto de miedo aunque no lo dijera y sin que sus hermanos tuvieran ninguna oportunidad de salvarle.

"Veo luz."

"¡Eso es! Debe ser una ventana, ¿puedes acercarte a ella?" Sam la escuchó hablar, aquello era una buena señal, si había una ventana podría decirles donde estaba y podrían dar con él.

El cuerpo de Dean tembló al levantarse y todo el se estremeció al tener que dar el primer paso. Le dolía todo, no sentía ninguna parte de su anatomía sana, pero lo que más daño le hacía, era saber que su hermana lo estaba sintiendo, que su pequeña Julie sabía lo mal que lo estaba pasando.

"Desierto mucho desierto." Dean respiró con intensidad. Debía tener alguna costilla rota. "Hay un carte, no lo veo bien… espera si… los mejores tacos del estado. Alguien se acerca."

"¡Dean! Ten cuidado por favor."

"No te preocupes Julie, todo está bien, soy duro de matar, si quieren guerra la van a tener, pero si no os importa estaría bien que os pasarais por aquí a echarme una mano." Julie escuchó una puerta abrirse y luego ¡Boom! Nada, estaba de nuevo en la habitación con Sam.

"Los mejores tacos del estado."

"¿Cómo dices?"

"El cartel que se veía a través de la ventana dice "los mejores tacos del estado." Ya es algo ¿no?"

"Y que lo digas, lo he visto." Sam no se lo podía creer había pasado por esa carretera el día anterior, siguiendo las indicaciones de alguien que le había dicho que había visto a Dean y nada, no había visto ningún edificio. "Se donde es, muy bien si salgo ahora mismo, llegaré allí en hora y media. Julie, no se si te lo había dicho nunca pero eres increíble."

Sam se levantó de un salto del sofá y cogiendo a Julie la levantó también para abrazarla. La chica rió. Hacía demasiadas horas, días incluso que no sentía una mínima esperanza de encontrar a su hermano.

De repente se estremeció. "Dios mío Dean. No." Su pequeño cuerpo comenzó a temblar entre los brazos de Sam. "Van a matarle, saben que me estoy comunicando con él y quieren que sepa que van a matarle si no les entrego al bebé." Se dobló por el dolor. Sabía lo que le estaba ocurriendo a su hermano, porque en ese momento estaba sintiendo el mismo dolor que le estaban provocando a él. "Tengo que ir con él, tengo que estar con él para que este dolor…" Se dobló y sin Sam no hubiera estado allí hubiera caído de rodillas al suelo. "Para que el dolor se vaya, tengo que estar allí con Dean."

Sam no quería hacerlo, Julie ya le había pedido varias veces que le dejara ir con él en su búsqueda, pero se había negado, con la excusa de que eran viajes muy largos y pesados o que en su estado tenía que descansar.

Pero la realidad, era que cada vez que Sam pensaba en llevar a Julie con él, un horrible presentimiento se hacía con él. No debía llevarla, lo sabía muy bien, pero viéndola ahora sufrir, caída sobre sus brazos, tan indefensa y sufriendo tanto, no se le ocurría que otra cosa podía hacer por salvar a sus hermanos.

"Muy bien, vamos, pero no vas a hacer nada sin decírmelo primero." Julie tan sólo asintió, pues en ese momento no podía decir nada, pues todo su pensamiento estaba con Dean.

Porque si eso era lo que ella estaba experimentando, aquellos golpes, aquel sufrimiento, ¿como se encontraría Dean después de todo lo que había pasado durante los días anteriores?