Lo siento, lo siento, lo siento, me ha llevado una eternidad actualizar, lo sé, pero y aunque parece que la excusa es muy repetitiva, he tenido mucho trabajo en la universidad y me ha costado encontrar tiempo para escribir. Además… supongo que los sucesos ocurridos recientemente en París, os tienen a todos consternados. Solo pensar que eso sucede a diario en Siria… solo puedo decir que tenemos que rezar, por las víctimas de París, por las de Siria y por los que lo hacen.

Bueno dejando de lado estos sucesos, me gustaría agregar que quería colgar este capítulo antes de mi próximo cumpleaños, el cual será si Dios quiere, el próximo domingo.

Como siempre me gustaría agradecer a todos los que leen mi historia, los que la siguen y especialmente me gustaría agradecer a: Fan de Basil de Baker Street y Zeragii vuestros comentarios, siempre son bienvenidos.


Capítulo 12. ¿Otra vez?

Era ya por la tarde, y en los bosques que rodeaban la aldea de los irreductibles galos, al haber ya casi llegado el verano, los árboles estaban verdes y las grandes hojas que coronaban las copas de estos árboles, proporcionaban una sombra bajo la cual era agradable descansar.

Pero para los que en estos momentos estaban en este bosque, no había tiempo para descansar. Entre los árboles de este espeso bosque, se hallaban varias patrullas de legionarios del campamento de Babaorum. Todos ellos estaban asustados, y con razón, sabían que pronto deberían enfrentarse como mínimo al galo gordinflón, como mínimo, ¿para eso se habían alistado a la legión? Si alguien les hubiera contado que acabarían de este modo, ninguno de ellos se habría planteado siquiera entrar en el ejército, aunque eso fuera para la grandeza de Roma.

Pero ahora estaban aquí, avanzando sigilosamente o al menos… tan sigilosamente como les era posible, algo bastante difícil teniendo en cuenta el tipo de terreno que estaban atravesando, hacia el pueblo en el que vivían los peores enemigos con los que jamás habían combatido. Y todo esto ¿para qué? ¿Para capturar a un niño? Pero si ya tenían a su druida, ¿por qué exponerse a tal riesgo? Y encima, ninguno de sus vecinos había aceptado su petición de ayuda, por lo que tenían que hacerlo ellos solos. ¡Por Júpiter, eso no era justo!

Caius Marsupialus iba por delante en la patrulla que estaba más cerca del pueblo, a él esta idea tampoco le gustaba en absoluto, pero ¿qué otra opción tenían? Ese… Lucius Flordelotus estaba obsesionado, y contradecirle, podría constituir un grave error.

Se detuvieron cuando la muralla de la aldea apareció ante sus ojos y el humo de las chimeneas de las distintas casas se elevaba hacia el cielo azul en el que ya no quedaba ni un resquicio de las nubes que habían descargado su furia la noche pasada. No era ningún secreto que tras la visita de los galos y con tan poco tiempo para reparar el campamento, muchos de los legionarios se habían visto obligados a dormir a la intemperie esa noche, bajo la intensa lluvia, el frío viento y los deslumbrantes relámpagos seguidos por el sordo sonido de los truenos. Sí, había sido una noche muy, muy larga para la mayoría, y algunos comenzaban a sentir los efectos de pernoctar en semejantes condiciones.

"¡AAAATCHÍS!" un ruidoso estornudo escapó de uno de los integrantes de la patrulla dirigida por el Centurión. Esto provocó que todos los demás se estremecieran de miedo e inmediatamente se volvieran hacia la fuente del ruido.

"Por Minerva, Cubitus un poco de silencio" susurró Caius Marsupialus con un ligero toque de nerviosismo en su voz. Lo último que necesitaban, era alertar a los galos de su presencia antes de lo estrictamente necesario, y si hacían ruido como el que acababa de hacer este legionario, entonces lo tenían muy crudo.

"Lo siento" respondió el responsable del escandaloso incidente, él había hecho todo lo posible para contenerse, pero finalmente, el estornudo se había abierto camino hacia el exterior antes de que el pobre legionario pudiera detenerlo.

"Centurión, ¿es absolutamente necesario que ataquemos a los locos?" preguntó uno de los legionarios con un hilo de voz. A este legionario, al igual que a la mayoría de ellos, le resultaba difícil ocultar su temblor de piernas. El dirigente de la patrulla exhaló un suspiro antes de dirigirse nuevamente a sus hombres.

"Por desgracia, sí, lo es" respondió tristemente Caius Marsupialus, nada le causaba más temor que el hecho de tener que cumplir esa orden, pero como soldado romano, era lo que debía hacer, esas eran sus órdenes.

"Pero Centurión eso es un suicidio, por Mercurio" protestó otro de los legionarios, a ellos les daba igual que fuesen órdenes, era muy distinto ir a una guerra que meterse del lleno en una misión imposible, y enfrentarse a los galos, era sin duda una misión imposible.

"¡¿Acaso crees que no lo sé?!" gritó el Centurión olvidándose momentáneamente del lugar en el que se hallaban y del peligro al que se enfrentaban.

"Sshh no alce la voz Centurión, es muy arriesgado" dijo otro de los legionarios, reprendiendo a su superior por alzar la voz.

Caius Marsupialus se golpeó la cara con la palma de su mano, ¿por qué eran tan exasperantes sus soldados? Miró nuevamente al legionario que le había hablado de un modo tan insolente y le dijo entre dientes, siempre procurando no alzar demasiado la voz:

"Entonces, no me deis motivos para hacerlo, por Juno"

Mientras todo esto sucedía, otro de los legionarios giró repentinamente la cabeza y agudizó el oído y cuando el ruido de un crujir de rama llegó hasta él, palideció de inmediato y con nervios evidentes, le dijo a su superior:

"Centurión, creo que he escuchado algo… por allí"

Los demás integrantes de la patrulla también prestaron atención y cuando les llegó el ruido de otra rama quebrándose, Caius Marsupialus ordenó:

"Rápido, escondeos todos"

No hizo falta repetir la orden dos veces, pues en un abrir y cerrar de ojos, ninguno de los integrantes de la patrulla estaba a la vista. Todos se escondieron entre la maleza, vigilantes a cualquier movimiento que pudiera producirse.

Todos ellos estaban quietos como estatuas, conteniendo la respiración, con los ojos revoloteando de un lado a otro de su campo de visión, escaneando cada árbol, cada matorral, cada pequeña brizna de hierva que alcanzaran a ver. Temían lo que podía presentarse ante ellos y sinceramente, casi deseaban que fuera lo que fuese no apareciera.

Otro crujir de rama, este sonó aún más cerca que los anteriores. ¿Quién o qué era lo que se estaba acercando? Los romanos estaban tan asustados que en estos instantes, no se habrían podido mover aunque lo hubieran intentado. Entonces de repente, de entre los árboles apareció… ¡¿un jabalí?! ¿Se habían asustado por un simple jabalí? ¿Y qué hacía un jabalí tan cerca del pueblo de los locos? Si precisamente los romanos eran conscientes de que estos animales eran el plato favorito de los galos, así que era algo insólito que uno de estos ejemplares anduviera tan cerca del peligro. Carecía de sentido.

Muchos de los legionarios dejaron escapar el aliento que hasta entonces habían estado conteniendo, si solo era un jabalí, entonces no había nada que temer. Poco a poco comenzaron a salir de sus escondites cuando estuvieron seguros de que solo era una falsa alarma.

"¡Ideáfix, Ideáfix! ¡Vamos rápido!"

Ese grito les sobresaltó, aunque no con la misma intensidad a la que estaban acostumbrados, pues el grito pertenecía claramente a un infante y no a un adulto. Y Caius Marsupialus sabía exactamente quién era el infante poseedor de esa voz. Quizás los dioses se habían finalmente compadecido de su situación y habían decidido obsequiarle. Sin perder tiempo se volvió hacia sus hombres.

"Está bien chicos, por Júpiter, escondeos de nuevo y guardad silencio" les dijo a continuación con una gran sonrisa en su rostro. No tendrían que enfrentarse a los galos después de todo.


Astérix estaba ligeramente confuso… de nuevo. Había ido al bosque montones de veces utilizando su salida secreta y prácticamente lo conocía como la palma de su mano, al menos hasta donde se había atrevido a adentrarse, pero esta vez, al entrar en él lo encontró… distinto a las otras veces. Era el mismo bosque sin duda, pero algo había cambiado, los árboles se habían hecho más grandes, había sitios en los que había más árboles y por el contrario, lugares en los que la falta de árboles había originado nuevos claros que el pequeño galo no recordaba que estuvieran antes. Afortunadamente, Astérix nunca se había fiado de los árboles para orientarse, siempre había preferido utilizar rocas y otros elementos inamovibles del suelo. Era algo que su padre, Astronómix, le había enseñado y que sin duda ahora agradecía sinceramente a Tutatis que lo hubiera hecho, pues de lo contrario, seguro que se habría perdido en más de una ocasión, en especial ahora.

El galo rubio siguió andando entre los árboles, quería encontrar a Panorámix, quería demostrar que a pesar de su estado, podía ayudar en algo y que no hacía falta que le estuvieran vigilando todo el tiempo. A decir verdad, desde su primera pelea con los chicos mayores de la aldea, el niño galo siempre había sentido esa necesidad de demostrar que no era un inútil, en especial Esautomátix, quería enseñarles que él también podía hacer grandes cosas. Era por eso que a menudo se escapaba de la aldea.

Era muy consciente de que cada vez que lo hacía, su madre le reñía, pero eso no le importó en absoluto ni una sola de las veces que lo hizo. Lo único que deseaba era demostrar que se podía confiar en él, que no lo podían considerar un lastre.

"Con ese tamaño nunca serás capaz de hacer nada bien" esta frase se quedó grabada en su corazón para siempre en el mismo instante en el que salió de los labios del niño que lo dijo.

Tampoco le era fácil olvidar cómo se habían burlado de él, y aunque les había perdonado de corazón y Astérix les consideraba a todos ellos sus amigos, sus ofensas seguían presentes aún en su mente, como una herida abierta que todavía no ha cicatrizado.

A decir verdad, aunque sabía que los otros niños habían dicho todo eso sin mala intención, solo para hacerle enfadar, no podía negarse a sí mismo que sus palabras habían sembrado la duda en su corazón. ¿Era en verdad su estatura un impedimento llegar a hacer bien las cosas? Él no lo creía, pero cada vez que pensaba en ello, la incertidumbre se apoderaba de su ser y entonces sentía la necesidad de ir al bosque a enfrentar cualquier peligro por pequeño que fuera y demostrar, al menos a sí mismo, que no importaba la estatura que tuviera, sino que lo importante era el valor y el ingenio que guardaba en su corazón y en su mente, algo que Panorámix le dijo después de la fiesta que se celebró en honor de Obélix y de él.


Flash back

Tras la fiesta, los adultos estaban recogiendo las mesas y decoraciones utilizadas en ellas mientras los niños jugaban inocentemente. A pesar de la pelea que había tenido lugar antes de la celebración, la fiesta había sido un éxito y Astérix y Obélix habían disfrutado de ella tal y como estaba planeado.

En esos momentos, ambos galos estaban jugando cada uno con el regalo que había recibido. Obélix en especial estaba disfrutando de lo lindo y su rostro brillaba con una alegría genuina.

"Mira Aztérix, mi zueño ze ha hecho realidad, ahora tengo un perrito y lo llamaré Ideáfix. Zerá mi mejor amigo… dezpuéz de ti claro"

"Me alegro mucho por ti Obélix" respondió el galo más bajo con una sonrisa en el rostro. En verdad se alegraba de que su mejor amigo estuviera tan contento, en cambio él… miró su espada de madera con una expresión de tristeza en sus ojos, seguía dándole vueltas a la pelea que habían tenido antes con los niños mayores. Como ya había dicho, no quería que dejaran de ser amigos, pero… todo lo que le habían dicho hacía que le doliera el pecho y que tuviera ganas de llorar, aunque hizo todo lo posible para ocultarlo, en especial a Obélix.

Había, sin embargo, un par de ojos que le observaban detenidamente. Centrándose en la pose del joven galo y de la falta de brillo habitual en sus ojos, sí, sin duda a Astérix le pasaba algo, y era hora de hablar con él.

"Astérix, ven aquí por favor" dijo la persona que había estado observando al niño.

Astérix levantó la vista hacia la persona que había hablado y vio a su druida allí de pie, con las manos detrás de su espalda y una expresión neutra en su rostro. El pequeño galo se sorprendió y a la vez se extrañó que el hombre barbudo quisiera hablarle.

"Sí Panorámix ya voy" respondió Astérix, se puso la espada en su cinturón y cuando se giró para ir con el druida, alguien le agarró por el hombro. El niño se giró y vio su rostro reflejado en los pequeños ojos de su amigo, que además le miraba con una expresión de temor. Entonces, el galo pelirrojo dijo:

"Oh Aztérix, por Tutatiz… ¿ez por lo de la pelea? No tendríaz que haber dicho que habíaz zido tú"

Astérix se giró nuevamente y miró a su mejor amigo con una sonrisa forzada, no sabía por qué le llamaba Panorámix, pero no podía permitir que su mejor amigo se preocupara tanto por él, sobre todo cuando Obélix no había hecho nada, así que le dijo:

"Obélix, no te preocupes, seguro que no es nada importante, vuelvo enseguida"

Obélix aún parecía indeciso, pero viendo la sonrisa en el rostro de su amigo, le dio la tranquilidad suficiente como para dejarlo marchar. Cuando Astérix se giró de nuevo para irse con el druida, dio un paso adelante y preguntó

"¿Lo prometez?"

Astérix miró por encima del hombro y respondió:

"Lo prometo"

Luego corrió hacia Panorámix que le había estado esperando pacientemente. Cuando llegó a su lado, el viejo druida le hizo señas para que le acompañara, algo a lo que el galo rubio no se atrevió a negar.

Anduvieron en silencio hasta llegar a la cabaña de Panorámix. Entonces el druida abrió la puerta e hizo que el niño que iba mirando al suelo. Sin duda, sospechaba cual sería el tema que abordaría el druida. Panorámix entró a continuación y cerró la puerta tras de sí.

Acto seguido, instó al muchacho a que se sentara en un taburete mientras él hacía lo mismo. Tras hacer esto, Panorámix se quedó mirando al pequeño galo durante un buen rato. El niño por su parte, miraba las manos que descansaban sobre sus rodillas. No se atrevía a alzar la vista y mirar al druida a los ojos, casi como si estuviera convencido que había hecho algo malo e iba a ser castigado por ello. Finalmente, escuchó al hombre mayor suspirar y entonces su voz suave y tranquila que le decía:

"Astérix… primero déjame decirte que no te he traído aquí para regañarte, no has hecho nada malo. Sin embargo, por favor, quiero que me digas la verdad"

El niño rubio abrió los ojos como platos y miró al druida, entonces, intentó fingir incertidumbre.

"¿La verdad sobre qué? No sé a qué te refieres Panorámix"

El viejo druida negó con la cabeza, no estaba dispuesto a permitir que el Astérix se saliera con la suya, no esta vez, eso solo le haría más daño.

"Yo creo que sí sabes a qué me refiero, quiero saber qué ha pasado antes y cuál es el motivo que os ha llevado a pelaros"

El galo rubio se removió incomodo n su taburete y comenzó a juguetear con sus manos, estaba claro que buscaba una alternativa para escapar de esta situación.

"Ya lo he dicho antes-"

"Y sin embargo, me temo que no te creo" le cortó Panorámix cruzándose de brazos. No estaba dispuesto a permitir que el niño cargara con toda la culpa en su conciencia. Quería al menos aligerar un poco de esa carga. Astérix por su parte fingió sorpresa, aunque no le salió muy bien.

"¿No?"

Panorámix negó nuevamente con la cabeza mientras decía:

"No, así que no nos iremos de aquí hasta que me lo cuentes todo"

Astérix retrocedió ligeramente asustado ante la declaración del druida, miró entonces al druida con ojos suplicantes en un último intento de evitar lo que quería Panorámix que hiciera.

"Pero-"

"Nada de peros jovencito, quiero que me cuentes lo que ha sucedido en realidad"

De nuevo fue cortado por el hombre mayor. El druida de la aldea se preocupaba demasiado por todos los habitantes del pueblo y no estaba dispuesto a permitir que ninguno de ellos estuviera triste, preocupado o disgustado por algo que podía solucionarse.

Astérix bajó la cabeza y con voz apenas audible dijo:

"Yo… no puedo…"

Panorámix se levantó de su asiento y se agachó al lado del galo rubio. Le puso una mano sobre el hombro para hacerle saber que no estaba enfadado con él, que solo quería ayudarle, así que, con la voz más suave que pudo le habló de nuevo:

"¿Y por qué no puedes?"

Los ojos del pequeño se dirigieron al druida y de nuevo a sus manos entonces con voz temblorosa dijo:

"No sé…"

Panorámix le agarró por la barbilla y le levantó suavemente la cabeza, obligando al joven galo a mirarlo a los ojos y entonces con voz suave pero al mismo tiempo firme le habló nuevamente:

"Vamos pequeño, te conozco muy bien, eres muy inteligente y tienes también un gran corazón, pero, hay veces en las que no está bien mentir, aunque sea por proteger a los demás, así que cuéntamelo"

Astérix se quedó mirando al druida, bajó a mirar de nuevo sus manos y se quedó en silencio un rato. Cuando levantó nuevamente los ojos hacia el hombre de larga barba le preguntó:

"Por Tutatis Panorámix, ¿me prometes que no se lo dirás a nadie? ¿Y que tampoco castigarán a ningún niño si te lo cuento?" lo último que quería Astérix, era que los otros se enfadaran con él por confesarlo todo, sobre todo después de decirles que aceptaba la culpa para evitar que se rompiera su amistad. Panorámix miró con simpatía al pequeño galo, y respondió simple y llanamente:

"Lo prometo"

Astérix lo pensó unos segundos más, como si tratara de averiguar si Panorámix decía la verdad o no, y entonces asintió.

"Está bien, te lo cuento…" aceptó finalmente y comenzó a relatar "ellos, los niños mayores… se metieron conmigo por ser bajito… al principio no me importó, pero después…" en este punto del relato se detuvo, intentando contener las lágrimas que poco a poco se habían acumulado en sus ojos. Se frotó los ojos con su antebrazo y prosiguió:

"Comenzaron a decir que era un inútil… y yo… les dije que no era verdad, pero cuanto más lo hacía más me lo decían… y al final…" a estas alturas, sus palabras salían entrecortadas con el hipo resultante del llanto contenido "ya no-pude-aguan-tarme más-y pegue a Esau-tomátix…"

Tras esta confesión, las lágrimas comenzaron a correr por segunda vez por sus mejillas. El viejo druida de inmediato rodeo al niño con sus brazos y le susurró palabras tranquilizadoras, cuando el joven galo se hubo tranquilizado un poco, le dijo nuevamente al druida:

"Panorámix, estoy muy avergonzado"

El druida se acarició su larga barba y su rostro adquirió una expresión reflexiva

"No voy a negar que lo que has hecho esté mal, pero me enorgullece que seas capaz de aceptar que has cometido un error. Eso demuestra que eres fuerte, Astérix"

"¿Que yo soy fuerte?" preguntó el niño levantando sorprendido la cabeza. Jamás habría imaginado que le dirían algo así.

Panorámix sonrió ante la reacción del niño, entonces le explicó con voz suave:

"Sí, lo eres. Verás Astérix, existen distintas formas de fortaleza"

Astérix se levantó de su asiento, no daba crédito a lo que decía su druida. ¿Cómo era posible que existieran diversas formas de fortaleza? Eso no tenía sentido.

"¿En serio?" preguntó con un toque de incredulidad en su voz. Pero a Panorámix no pareció importarle la falta de confianza del chico, pues a pesar de ser muy inteligente, Astérix era solo un niño. Así pues, Panorámix decidió explicárselo de la forma más sencilla que pudiera para que el pequeño lo entendiera:

"Sí, hay la fortaleza física, que parece ser la única en la que la mayoría de gente se fija"

"Y que yo no tengo…" dijo el galo rubio bajando la cabeza avergonzado.

Panorámix se levantó también de su asiento y se agachó frente al pequeño galo. Le puso una mano sobre el hombre, acción que provocó que Astérix levantara la vista hacia él. Entonces, el druida le dijo:

"Eso puede ser verdad, aunque tengo mis reservas respecto a eso" esto último, el druida lo dijo más para sí mismo que para el pequeño galo "pero sin embargo como he dicho, existen otros tipos de fortaleza, como la fortaleza intelectual, la fuerza de voluntad y la compasión por ejemplo"

Astérix adoptó una pose pensativa, frunció el ceño y desvió su mirada al suelo, pensando en lo que su druida acababa de decirle. Por mucho que lo intentara, no le hallaba sentido a lo que Panorámix acababa de decirle, no era que no le creyera, era solo que… levantó de nuevo la mirada hacia el viejo druida y le dijo:

"Creo que no lo entiendo Panorámix"

El viejo druida no podía culpar al niño, pues todo el mundo y en especial en la aldea, todas las gentes asociaban la fuerza física como único atributo de la fortaleza. Aun así, Panorámix no se rindió.

"Dime una cosa, ¿por qué decidiste presentarte como único responsable en vuestra pelea anterior?" le preguntó.

"Pues… porqué no quería que por culpa de eso dejásemos de ser amigos" respondió el galo rubio tras pensarlo unos instantes. La verdad, no le había importado en absoluto cargar con toda la culpa. A fin de cuentas, fue él el primero en golpear a otro niño.

"¿Así que valoras la amistad que tienes con los demás?" preguntó el druida nuevamente con una ligera sonrisa en su rostro.

"Por supuesto" respondió Astérix. Casi parecía ofendido de que Panorámix pudiera pensar lo contrario.

"¿Y harías cualquier cosa para protegerles?" siguió preguntando el druida de la aldea ignorando el tono utilizado por el joven galo.

"Claro que sí" respondió nuevamente Astérix, esta vez con orgullo. Nadie haría daño a sus amigo si él podía evitarlo.

"Entonces eso dice mucho de ti, dice que eres valiente por aceptar la culpa y compasivo al no querer que nadie más fuera castigado, y eso amiguito mío es símbolo de fortaleza" explicó Panorámix con su sonrisa todavía en su rostro.

Astérix abrió los ojos como platos, nunca habría pensado que eso pudiera ser así, tras escuchar a su druida, lo único que pudo decir fue:

"Oooh"

Y Panorámix siguió diciendo:

"Además el hecho de que quieras que sigáis siendo amigos, me demuestra que eres bondadoso. La bondad es otra forma de fortaleza"

Astérix parpadeó un par de veces tras escuchar estas palabras, cuanto más escuchaba al druida, menos se acordaba de lo que le habían dicho los otros niños, es más ya casi lo había olvidado y ya no estaba tan triste como antes. Ahora con voz animada agregó:

"Nunca lo había pensado"

Panorámix asintió sabiendo que Astérix había comprendido todo lo que el druida le había explicado, interiormente, se enorgulleció ligeramente de este pequeño éxito, pues sin duda el hecho de poder ayudar a cualquiera de los aldeanos, era recompensa más que suficiente para el druida. Ya para terminar su conversación habló nuevamente:

"En resumen mi pequeño Astérix, puede que no seas fuerte físicamente, pero sin duda tu valor y tu bondad son símbolo de la fortaleza que guardas en tu interior, así que no eres ni débil ni inútil, ¿comprendido?"

"Sí Panorámix" respondió el niño con una voz llena de alegría. Ahora ya no le importaba lo que pudieran decirle los demás niños, recordando lo que le acababa de decir Panorámix, Astérix ya no tenía de qué preocuparse.

"Muchas gracias Panorámix" le dijo mientras le abrazaba. El druida al principio se sorprendió de que el galo rubio le abrazara, pero no tardó en reponerse y le devolvió el abrazó mientras respondía:

"De nada pequeño. Ahora, vete a jugar con los demás"

"Sí" respondió el joven y al instante salió corriendo de la cabaña del druida con una inmensa sonrisa en el rostro.

Fin del flash back


Astérix recordaba con claridad todas y cada una de las palabras que le había dicho el druida de la aldea y si bien era cierto que lo que le dijo Panorámix le ayudo a olvidar en su mayoría los sucesos de ese día, también era cierto que Astérix seguía sintiendo la necesidad de demostrar que no era un inútil, al menos necesitaba que sus amigos lo vieran. Y Astérix pensó que ahora que Panorámix podría estar en problemas, era un buen momento para hacer precisamente eso.

El joven galo siguió avanzando entre los árboles mientras seguía a Ideáfix. El perrito blanco tenía su nariz pegada al suelo, husmeando aquí y allá, intentando hallar el rastro del druida. Era muy consciente de que si algo le pasaba a Astérix, conllevaría grabes consecuencias, así que dos prioridades coexistían en su mente, encontrar a Panorámix cuanto antes, y cuidar que nada malo le sucediera al pequeño galo.

Ideáfix siguió avanzando con Astérix detrás de él hasta que de repente un olor particular llegó a su nariz. Un olor que le hizo detenerse en seco, un olor que en cualquier otra ocasión habría estado encantado de percibir, pero no ahora, no cuando Astérix no podía luchar. Entonces levantó la cabeza del suelo y mirando unos matorrales comenzó a gruñir. Astérix se detuvo a poca distancia de él y se extrañó de la reacción del pequeño animal.

"¿Qué sucede Ideáfix?"

En respuesta, Ideáfix comenzó a ladrar.

"Ideáfix por Belenos ¿qué te pasa?"

El galo rubio se acercó y se arrodilló al lado del pequeño animal y lo recogió del suelo, estaba preocupado por lo que le podía estar ocurriendo a Ideáfix, nunca le había visto así antes. No es que le conociera desde hacía mucho tiempo, pero aun así… estaba seguro de que ese no era su comportamiento normal, y estaba comenzando a asustar al niño.

Astérix estaba tan concentrado mirando a Ideáfix que no se percató de que había movimiento a su alrededor. Es decir, hasta que una rama quebrada provocó que un jadeo escapara de sus labios y se diera la vuelta lo más rápido que pudiera.

Al girarse, se encontró con un rostro inconfundible y que hubiera preferido no volver a ver. Era Caius Marsupialus.

Astérix retrocedió asustado al verle. ¡No, esto no podía estar pasando otra vez! Si los romanos le cogían, le llevarían a Roma, no podía permitir que eso sucediera, tenía que impedirlo fuera como fuese. Por su parte, Caius Marsupialus sonrió al ver la reacción del pequeño galo. No es que le gustara amenazar a los niños, pero teniendo en cuenta que este niño en concreto era en realidad uno de los galos más peligrosos de entre los irreductibles, entonces era, más o menos, como si ese galo, el adulto, estuviera asustado de él, y eso le hacía sentirse importante. Atemorizar a uno de los irreductibles galos, era un sueño hecho realidad. Se acercó un poco más al galo rubio y le dijo alegremente:

"Seguramente lo que le pasa es que intenta advertirte de que estamos aquí"

Astérix retrocedió aún más hasta que su espalda chocó contra algo. Mirando por encima de su hombro vio a otro legionario romano que también sonreía. Lo siguiente que vio el joven galo fue que estaba rodeado de romanos. Apretó sus pequeñas manos contra Ideáfix, mientras que el perrito no paraba de ladrar, su rostro mostrando su animosidad contra los romanos.

El legionario que estaba al lado de Caius Marsupialus dijo entonces con voz alegre también:

"Parece que no tendremos que enfrentarnos a los galos después de todo ¿verdad Centurión?"

"Así es mis valientes, tenemos lo que queríamos sin sufrir daños innecesarios" respondió Caius Marsupialus. Verdaderamente era una bendición de los dioses que precisamente el galo que necesitaban hubiera salido a su encuentro y eso les librara de enfrentarse a los otros aldeanos.

"Bien soldados, coged a este niño por Júpiter"

El pequeño galo estaba aterrorizado, no tenía por dónde escapar, y los romanos estaban cada vez más y más cerca de él. ¿Cómo iba a escapar? Bajó la mirada hacia Ideáfix que seguía ladrando sin cesar en sus brazos. Estaba claro que la mascota de su mejor amigo no iba a caer sin luchar. Viendo esto, Astérix decidió que él tampoco iba a permitir que los romanos le cogieran tan fácilmente. Dejó al perrito en el suelo y de inmediato este corrió hacia uno de los soldados y le mordió la pierna. La reacción fue instantánea. El legionario en cuestión gritó de dolor y levantó la pierna herida dando brincos con la otra.

Astérix vio el hueco generado por el romano y sin dudarlo corrió hacia allí, pasando por debajo de las piernas de ese legionario. Por desgracia, su acción no fue mucho más allá, pues otro de los legionarios que estaba al lado del que había recibido la mordedura se apresuró veloz como un rayo y cogió al niño por la espalda. Astérix de repente se vio levantado del suelo y su torso fue rodeado por el brazo de uno de los romanos. El galo rubio agitó los brazos y las piernas intentando librarse de su captor. Naturalmente le fue del todo inútil.

"¡No! ¡Por Tutatis! ¡Soltadme! ¡No! ¡No quiero venir con vosotros!"

"Nos da igual lo que quieras o no quieras, por Plutón, lo único que sé, es que estoy siguiendo órdenes y que por lo que a mí respecta, no tengo ninguna intención de dejarte escapar" le dijo el Centurión al galo.

Ideáfix vio lo que le había sucedido a Astérix y corrió a ayudarle mordiendo al legionario que le había cogido en el trasero. Ese legionario dejó escapar un grito de dolor, pero no liberó a Astérix, hecho que provocó que el perrito incrementara la fuerza de acción de sus mandíbulas pero no sirvió de nada, el romano seguía sin liberar al niño rubio.

Entonces, el legionario que había sido mordido primero por Ideáfix se acercó a él con su lanza en la mano y le golpeó en la cabeza dejando al pobre perrito inconsciente.

"Eso te enseñará a no meterte con un legionario romano, animal" dijo la primera víctima de Ideáfix con una sonrisa de suficiencia en su rostro.

"¡No Ideáfix! ¡Por Belenos! ¡¿Por qué habéis hecho esto?!" gritó Astérix al ver lo que le habían hecho a la mascota de su mejor amigo.

El legionario que sostenía al galo rubio miró al animal inconsciente. Aun le dolía al lugar en el que había sido mordido, para ser tan pequeño, ese perrito, era muy peleón. Aun así, había algo que intrigaba al romano.

"Centurión, ¿qué hacemos con este animal?" preguntó mientras trataba de evitar que Astérix se escapaba de su agarre.

Caius Marsupialus se giró a mirar a Ideáfix. La verdad, no había pensado en ello, pero ciertamente no podían dejarlo allí… podría despertar en cualquier momento, tarde o temprano y entonces…

"Nos lo llevamos, si lo dejamos aquí podría conducir a los galos nuevamente hacia nosotros antes de que podamos reaccionar"

El resto de los integrantes de la patrulla tragaron con temor ante la idea de que los galos fueran a por ellos otra vez, así que sabían a ciencia cierta que su superior tenía razón y simplemente respondieron:

"Entendido Centurión"

Tras recoger a Ideáfix del suelo, se encaminaron nuevamente hacia su campamento. A partir de este momento, el tiempo era crucial. Cuanto antes se llevaran a Astérix, antes escaparían de la furia de los temibles galos, o al menos eso era lo que esperaban.


Bien, espero que os haya gustado y que hayas disfrutado del capítulo. Una vez más, me gustaría disculparme por no haber podido actualizar antes y me gustaría poder decir que la próxima será más temprano, pero a decir verdad, no sé cuándo llegará. Pero una cosa sí está clara. No dejaré este fic abandonado. Llegaré a escribir el final ;).

Hasta pronto.