Disclaime: Los personajes no me pertenecen.
Hola a todos! Bueno ya sé, me demoré un montón pero es que la tecnología me odia! Mi licencia del Word se venció y hace una semana que estoy intentando bajar una nueva y no pude (de hecho todavía no la bajé) Y como no tenía word, no podía abrir el archivo donde tenía escrito ya más de medio cap. Porque obviamente, pese a que mi hermana me aconsejó que no lo haga, tengo todo guardado en Docx y no podía abrirlo en la otra compu porque tiene una versión más vieja. Finalmente, luego de varios días de sufrir, se me ocurrió que podía subir el documento a fanfiction y teminar de escribirlo acá, y eso hice =) Ya sé, soy media lerda, pero es que no se me ocurrió antes. Por eso, si ven errores, perdón, es que me cuesta mucho encontrarlos si el word no me los marca.
Cambiando de tema quería agradecerles por sus bonitos reviews! me alegra mucho que les haya gustado! prometo subir un cap pronto, ahora que ya tengo el secreto para escribirlo sin word =P
También, obviamente, gracias a todos por leer!
Les cuento que subí un one-shot de esta hermosa parejita, si quieren se pasan por mi perfil! "De esperanzas y sueños rotos" (así se llama) y pronto subiré otro. (Creanme que les digo que comencé a escribir estos one-shots -junto con gaaino que ya esta terminado- porque no podía abrir el documento con este capitulo)
Bueno ya me extendí mucho! Una vez más: Perdón por la demora y muchas gracias por leer!
Un besote enorme
lu
XII
XX... ¿X o Y?
Hinata miraba impaciente y una tanto nerviosa el camino que llevaba a las puertas de Konoha. Ya en el punto de encuentro comenzaba a tener dudas sobre si debía o no seguir adelante con todo aquello. La idea de Tenten había sido muy buena, y realmente deseaba hacer aquello, pero tenía miedo. No le agradaba mentir y temía que Tsunade o alguien se enterase de lo que estaban a punto de hacer.
–¡Hinata! –La saludó desde la rama de un árbol Tenten, haciendo que la Hyuuga se sobresaltase, no la había visto llegar –Tranquila, todo salió como lo esperaba, debemos ir a la puerta principal, allí nos está esperando la anciana Nanami –Saltó con gracia y aterrizó justo al lado de Hinata –Cálmate, deberías estar emocionada en vez de tan nerviosa –Sonrió como solía hacerlo y luego comenzaron a caminar rumbo a la puerta.
–P-Pero qué… ¿Q-Qué l-le has d-dicho p-para q-que nos s-solicite de e-escoltas? –Preguntó Hinata tímidamente.
–Fácil –Dijo sonriendo –Yo siempre compro en su almacén por lo que me tiene bastante estima, cuando me dijo que llevaría su mercadería a una aldea cercana solo tuve que contarle de unos supuestos ataques a comerciantes y de lo peligroso que puede ser viajar sola –Hinata se removió inquieta, no le gustaba manipular así a la gente –No te pongas mal, Nanami-baa-chan puede pagar tranquilamente la misión y solo tuve que decirle que no pida ser escoltada por algún hombre porque estos eran muy irrespetuosos –Ese simple comentario había hecho poner más nerviosa a Hinata –Tranquila… –Esta vez el tono de Tenten fue muy suave y cariñoso –Hacemos esto solo por el bien del bebé, ya es tiempo que te hagas un control, no quiero que te sigas arriesgando.
–Y-Yo… Y-Yo… L-Lo s-siento Tenten-san… No era m-mi intención h-hacerte p-pasar por t-todo e-esto –Tenten hizo un gesto con la mano quitándole importancia al asunto y la alentó a seguir caminando.
Finalmente llegaron a la puerta de la aldea donde la anciana Nanami las estaba esperando. La mujer de alrededor de unos sesenta años era muy simpática y parecía encantada con que las muchachas fuesen sus escoltas. Durante el camino a la aldea se la pasó conversando sobre sus días de juventud y de cómo el tiempo se le había escapado de las manos. Ambas kunoichi escuchaban atentas y reían ante las locuras que había hecho la anciana de joven. El viaje se les pasó volando y antes de que pudiesen darse cuenta se encontraban en una ajetreada aldea llena de puestos de comidas.
Tras acompañar a Nanami al local donde haría su transacción, y luego de que ésta les dijese que aprovecharía el viaje para comprar algunos productos que estaban más baratos, se excusaron diciendo que irían a almorzar. Hinata sostenía en sus manos los papeles que le había dado la médica aquella primera y única vez que se había hecho un control. Los sentimientos que la envolvían se contradecían entre sí, por una lado se sentía feliz por poder volver a ver a su bebe y por saber si todo marchaba bien, por otro lado no podía evitar sentirse un poco nerviosa… ¿Y qué si algo malo sucedía? ¿Qué haría si la médica le anunciaba que a su bebe le sucedía algo? Intentaba no pensar en aquello pero lo cierto era que esa preocupación siempre estaba latente dentro de ella, por suerte esta vez tenía a Tenten a su lado.
Debía reconocer que la castaña había sido una excelente compañía desde que, unas semanas atrás, Hinata le hubiese confesado su estado. Cierto era que Tenten solía ser bastante impulsiva y un poco exigente, al menos en lo que refería a cuidar de su salud -la de Hinata y la del pequeño que estaba creciendo dentro de ella- pero no podía estar menos agradecida por ello. Después de todo Hinata sabía que Tenten hacía todas esas cosas porque realmente le importaba su bien estar. Era extraño, Hinata nunca había tenido una amiga y siempre había creído que no la necesitaba. Se había dicho una y otra vez que con amigos como Kiba y Shino nada le faltaba, eso hasta que supo que estaba embarazada.
Había aprendido por las malas que cuando se trataba de temas específicamente femeninos siempre era mejor, y mucho más fácil, hablar con una chica. Por eso agradecía febrilmente toda la preocupación y cariño que la castaña le brindaba. Porque si bien siempre le había caído bien, y siempre habían mantenido una buena relación, nunca antes habían pasado tanto tiempo juntas como lo venían haciendo desde que habían ido a Suna, y ahora Hinata se sentía casi segura de que podía llamar a Tenten Amiga, por supuesto no lo diría en voz alta, ya le era bastante difícil abrirse a ella y confiarle cosas tan intimas como sus sentimientos y temores.
Llegaron al hospital de la aldea y tras mostrarle a una enfermera el papel con las indicaciones que la médica anterior le había dado a Hinata, las hicieron pasar a un gran consultorio. Nuevamente Hinata pudo distinguir aquel aparato con el que le habían hecho la ecografía, una camilla recubierta por una sábana blanca y algunos carteles sobre cuidados de bebés. Esta sala parecía mucho más preparada para atender a mujeres embarazadas que la anterior en donde la habían revisado y eso la hizo sentirse un poco más confiada y tranquila.
–Buenos días –Saludó un hombre vestido con una bata blanca, la cual indicaba que él era efectivamente el doctor –¿Cuál de las dos es la paciente? –Dijo intercambiando su mirada entre Tenten y Hinata.
–Y-Yo… A-Aquí esta… Aquí está mi historia –El hombre tomó el sobre que Hinata tímidamente le extendió y tras leerlo por unos minutos le ordenó a la Hyuuga que se recostase en la camilla.
–¿Sigues sin pedir licencia por maternidad? –Hinata asintió y se removió inquieta –Debes saber que a medida que el embarazo avance es cada vez más y más riesgoso que continúes yendo a misiones –Hinata, igual que una niña pequeña que es regañada, asintió lentamente –Bien… Dicho eso veamos cómo se encuentran el bebé y tú –Hinata observó al médico y luego a Tenten que le sonreía ampliamente infundiéndole confianza.
El doctor le pidió que levantara su remera, la reprendió cuando vio las vendas apretando su vientre y luego puso aquel frío gel sobre su ya bastante abultado vientre. El monitor comenzó a reproducir imágenes en blanco y negro. Nuevamente Hinata no lograba comprenderlas del todo bien pero estaba casi segura que esa cosita que se movía en la pantalla era su bebé, y por más que lo intentó no pudo evitar derramar algunas lágrimas. El doctor comenzó a apretar un poco su panza, produciéndole bastante molestia, no le decía ni le explicaba nada de lo que estaba haciendo y eso preocupaba un poco a Hinata, pero esta no dijo nada, solo aguardó pacientemente hasta que el doctor dijo:
–Todo está bien –Y por primera vez desde que había entrado al consultorio pudo respirar con normalidad –¿Quieres saber el sexo? –Hinata abrió sorprendida sus perlados ojos, no sabía mucho del tema, pero había creído que eso no se podría saber hasta mucho más adelante.
–¿Y-Ya se p-puede s-saber? –El doctor sonrió ante la cara de alegría de Hinata y luego asintió –¿P-Puede d-decirme qué es?
–Es una niña muy sana –Y su mente se desconectó.
Tendría una niña, una hermosa niña producto de su amor con Kiba. Se imaginó a sí misma con la pequeña entre sus brazos y más lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Era una imagen muy linda aunque aún le faltaba completarla con algo que ella consideraba muy importante… Kiba. Hinata quería incluirlo en esa fotografía tan hermosa que su mente había creado pero algo la retenía. El miedo de que él no la quisiese, que él no quisiese aceptar a su bebé, por más que ella se repitiese una y otra vez que eso no sucedería, la idea seguía preocupándola. Seguía acechándola por las noches, preocupándola en esos momentos en los que se encontraba completamente sola. Kiba no haría eso, él me quiere… Y él… Él querrá t-también a n-nuestra bebé…
–¿Aún tomas las vitaminas que te dio la otra doctora? –Preguntó el hombre sacándola del trance en el que se había sumergido.
–S-Sí… T-Todos los d-días c-como m-me lo indicó e-ella –Se limpió el gel con una toalla que Tenten le extendió y luego de acomodar sus ropas se pudo de pie.
–Síguelas tomando –Hinata asintió mientas agarraba un nuevo frasco con más vitaminas –Súbete a la balanza, quiero controlar tú peso –Hinata asintió, se quitó la campera y miró como la aguja de la báscula se movía hasta detenerse en un número más grande que la última vez –Está bien –Dijo el doctor al notar la cara de preocupación de la joven –Aumentó lo normal, casi dos kilos desde la última vez que se hizo un control, teniendo en cuenta que ahora está de 18 semanas, es decir más o menos cuatro meses y medio, calculó que está aumentando un poco más de un kilo por mes…
–¿E-Eso e-es m-mucho? –Preguntó tímidamente Hinata.
–No, el promedio es un kilo por mes pero está bien, no es una regla exacta, de todos modos no debe engordar mucho más que esto por mes –La Hyuuga se bajó de la balanza y luego de colocarse una vez más su campera escuchó atenta el resto de las indicaciones del doctor.
Agradeció mucho que Tenten la hubiese acompañado, especialmente porque una vez que el médico había terminado con el examen físico, esta le hizo varias preguntas que Hinata no se había animado a hacer o que simplemente no se le habían ocurrido. El médico le explicó todos los posibles síntomas que podría experimentar más adelante. Desde que podía llegar a producir calostro, es decir la primera leche, hasta que sus encías podían sangrar. Algunos minutos más tarde, y luego de una exhaustiva charla sobre los cuidados que debía tener Hinata, ambas salieron del consultorio con un sobre cargado con más papeles y una nueva ecografía de su pequeña.
Tenten observaba de reojo como la cara de Hinata expresaba distintas cosas. Estaba feliz, de eso no había duda, aferraba el sobre con las fotos de su bebé con fuerza contra su pecho. Una pequeña sonrisa bailaba por sus labios y sus ojos parecían brillar ante la emoción que la consulta le había provocado. Pero algo la preocupaba, de eso tampoco había duda, Tenten suponía que debía ser algo referente a Kiba pero no quiso preguntar.
Ella sabía, porque la misma Hinata le había contado, que esta tenía miedo de que Kiba no quisiese tener un bebé. La prima de su novio le había dicho que ella lo entendería, que comprendería si Kiba no quería ser padre, después de todo él no había tenido la posibilidad de decidir nada, pero eso no la hacía sentirse mejor. Además, separando toda preocupación que el embarazo le pudiese producir, estaba el temor constante de que a Kiba le sucediese algo en la misión. Tenten estaba al corriente de lo difícil y peligrosa que era esa misión, no sabía los detalles, pero se había enterado lo suficiente como para saber que el regreso de Kiba no era nada asegurado, tranquilamente y sin demasiadas dificultades podría morir lejos de Konoha.
–¿T-Tenten? –Volvió a llamarla un poco más fuerte Hinata.
–Lo siento, creó que me perdí en mis pensamientos –Rió suavemente y contempló a Hinata, se veía bien –¿Qué me decías?
–Y-Yo… ¿N-No d-deberíamos v-volver a b-buscar a Nanami-baa-chan? –Preguntó tímidamente.
–Claro… –Tenten contempló a Hinata detenidamente por unos momentos, lo que diría a continuación la pondría nerviosa pero era necesario –¿Sabes también qué deberíamos hacer? –Hinata negó rápidamente –Deberíamos contarle sobre tu estado a Kurenai-sensei, estoy segura de que ella nos podría ayudar mucho más y también creo...
–¡N-No, N-No! –Comenzó a repetir Hinata, negando rápidamente con su cabeza, haciendo que su cabello se meciera de un lado a otro –P-Por f-favor Tenten… Y-Yo n-no p-puedo… E-Ella e-es… N-No p-puedo… –Terminó diciendo finalmente.
–Tú solo piénsalo, ¿No sería agradable que ella supiese? Kurenai-sensei sabe mucho más sobre embarazos y niños que yo, después de todo ella tiene al pequeño Asuma, contar con ella te sería de mucha ayuda –Hinata comprendía lo que su amiga quería decir, pero no se sentía lista para hacer semejante cosa.
Desde que ella se graduó de la academia Kurenai había sido algo así como su madre, la había protegido y educado desde el momento en que su padre la rechazó. Y si bien deseaba poder contar con su ayuda una vez más en un tema tan delicado como era este, no se atrevía a contarle. Había tardado demasiado en juntar el valor para decirle que estaba saliendo con Kiba, y aunque una vez que se sinceró se había sentido muy bien, no podía imaginarse diciéndole que estaba embarazada. Porque para empezar se sentía completamente avergonzada de la situación, el que ella estuviese embarazada solo era un prueba más de qué tan avanzada había sido su relación con Kiba y que tan pocos cuidados habían tomado juntos, y de solo pensar en eso sus mejillas se encendían. Además, y no menos importante, de hecho era lo que más la retenía, era que sentía que la había defraudado. Quizás nunca lo hubiesen hablado, quizás ninguna de las dos había tenido la necesidad de decirlo en voz alta, pero para ambas el vínculo que las unía iba más allá de alumna-sensei, eran más bien de madre e hija, y como tal, Hinata, sentía que había defraudado a Kurenai, que al quedar embarazada había fallado en sus enseñanzas. Enseñanzas que en ningún momento se habían atenido estrictamente a lo que un Shinobi debería saber, pues Kurenai siempre había velado por su seguridad, física y emocionalmente.
Siguieron caminando en silencio, cada una envuelta en sus propios pensamientos. Hinata con una mano suavemente apoyada en su vientre, donde debajo de sus ropas y esa molesta venda, estaba su bebé. Una niña, aún no lo podía creer. Durante todo ese tiempo nunca se había puesto a pensar realmente en el sexo, entre todas las cosas que tenía en la cabeza lo único que le había interesado era que su bebé fuese sano, pero ahora sabía que no solo estaba bien, sino que además era una niña.
–¡Niñas! –Gritó Nanami cuando las divisó entra la multitud –Ya me estaba preocupando, ¿comieron? –Ambas asintieron –Me alegro, yo ya terminé con la compras… Si están listas podemos partir de regreso a casa.
–Claro –Contestó Tenten –¿Hinata, necesitas descansar?
–No, estoy bien –Suave pero firme, las castaña asintió y luego las tres mujeres emprendieron se regreso a Konoha.
….
Golpeó una vez más el árbol, concentrando el chakra en su puño. Sentía el ardor, la adrenalina que corría por su cuerpo, le pedía más, más esfuerzo, más desgaste pero era consciente que detrás suyo se encontraba Tenten, dispuesta a amarrarla si se esforzaba más de lo que ella había estipulado. Apreciaba en parte su cuidado, Hinata nunca había podido realmente controlar la energía que gastaba entrenando. Desde algún quiebre en su vida, sus entrenamientos solo habían acabado hasta que ella cayese rendida, hasta que hubiese drenado la última gota de chakra, porque esa era la única forma que ella conocía. Esforzándose, llevando su cuerpo al límite, y eso siempre había estado bien, siempre le había dado resultados, pero ahora ya no podía. No podía descuidarse de esa manera.
Activó su Byakugan, miró a Tenten y esta comenzó a alejarse a gran velocidad, moviéndose en zigzag, ascendiendo y descendiendo de los árboles, cada vez más y más. La silueta de la castaña se hacía cada vez menos nítida, menos detalles aparecían ante sus ojos, pero seguía viéndola. Creía que había superado la marca anterior pero no estaba segura, por el momento se concentraba en la pequeña mancha que era Tenten y luego ya no vio nada.
–¡Ahí! –Habló por la radio.
Tenten se detuvo en seco y tras hacer una marca en la tierra con uno de sus kunais, levantó la mano con el pulgar hacia arriba. Era increíble, había vuelto a superar la marca.
–¡17 kilómetros! ¡Los superaste otra vez! –Gritó entusiasmada mientras volvía corriendo al lugar de origen, olvidándose que el receptor de su voz estaba exactamente en el oído de Hinata –Lo siento –Susurró en cuanto se dio cuenta.
Hinata sonrió y se dejó caer sobre la grama. Su entrenamiento, durante ese último tiempo, solo había consistido en golpear árboles e intentar extender su campo de visión con el Byakugan. Y lo había logrado, nuevamente había ganado un par de metros de alcance. Tenten llegó a su lado en ese momento y sonriendo la ayudó a ponerse de pie. Se acomodaron sus ropas, alborotadas por el ejercicio, y comenzaron a caminar rumbo al centro de Konoha.
Era un excelente día, de esa clase que Hinata adoraba, pero hoy no se sentía tan a gusto. Probablemente aquello se debiese a que le había prometido a Tenten hablar esa misma tarde con Kurenai, cosa de la cual, mientras avanzaban más y más rumbo a la casa de su ex sensei, se arrepentía. ¿Cómo había terminado accediendo a eso? ¿Qué pensaría Kurenai cuando se enterase que estaba embarazada? ¿Cómo podría mirarla a los ojos luego de eso? Se sobresaltó cuando sintió la mano de Tenten apoyarse en su hombro, miró los ojos de la castaña y sin quererlo ni esperarlo, se sintió un poco más tranquila, como si no estuviese realmente sola en todo ese asunto. Y era así como se sentía, completamente perdida, dolorosamente sola, lejos de todos, separa por un abismo de sus pares, aterrada ante todas esas cosas nuevas. Y si había considerado contarle a Kurenai su situación era por la pequeña sensación que hablar con ella solía darle.
Deseaba que fuese como cuando le contó de su relación con Kiba, esperaba que su interior se sacudiese un poco y luego todo resultase más calmo. Quería sentir esa sensación de alivio, esa ligereza que la sinceridad le daba, quería volver a experimentar lo que había sentido cuando le contó a Tenten de su embarazo, quería poder sonreír como lo hacía cuando estaba sola, sola con su bebé. Quería... Quería muchas cosas, más solo una era realmente importante, y eso era imposible, al menos de momento lo era.
Kiba-Kun, pensó, Kiba-Kun regresa pronto...
Sus pies se detuvieron solos cuando estuvieron a unos metros de la casa de su sensei. Sus manos comenzaron a sudar y si no hubiese sido porque sus piernas le temblaban hubiese salido corriendo de allí. El temor que tenía de ser rechazada, de que Kurenai la mirase con la misma mirada que lo hacía su padre -decepcionado- la hacían detenerse, porque para ella, que siempre había visto a Kurenai como a una madre, no había nada peor que defraudarla, que ser observada por ella con una mirada dura, una mirada que todos en su clan parecían tener para con ella, una mirada que tanto dolor le había -y aún le seguía- causando. Esa mirada que poco a poco, y con muchísimo esfuerzo, estaba borrando del rostro de su padre, pero que ella sabía volvería en el preciso instante en el que él se enterase de su situación. Por eso no quería decirle, no quería perderla, necesitaba su apoyo, pero prefería no arriesgarse, porque Hinata sabía que era mejor tenerla a medias que no tenerla en absoluto. Y aunque realmente dudaba que Kurenai le diese la espalda o que la despreciara, aún así tenía miedo.
–Tenten... –Pero cuando levantó la vista del suelo y volteó a buscar a su amiga, esta ya no se encontraba a su lado, sino unos siete metro más adelante, en el umbral de su sensei hablando con Kurenai.
–¡Hinata! –Le gritó alegre la castaña mientras sacudía su brazo como invitándola a unirse a la charla que mantenía con la mujer frente a ella –Vamos Hinata –La alentó una vez más.
La aludida, comenzando a marearse, cerró y abrió varias veces los ojos, intentando comprender en qué momento Tenten se había apartado de su lado para tocar el timbre de Kurenai. Quería avanzar, quería correr en dirección opuesta, pero la sonrisa de su maestra a la distancia le hizo hacer exactamente lo contrario. Sin comprender demasiado, sin llegar a pensar en lo que haría más tarde, caminó hacia donde las dos mujeres estaban hablando, y aunque estaba completamente asustada no pudo evitar sonreír cuando su sensei la saludó con un cálido abrazo.
Aún saludándose y haciendo las típicas preguntas de bienvenida ingresaron a la casa. El olor a galletas recién horneadas inundaba todo el ambiente, dándole a la casa de Kurenai un perfume exquisito, una calidez que solo hogares como aquellos, llenos de amor y cariño, podían dos jóvenes se sentaron en el sillón de la pequeña salita y esperaron mientras Kurenai iba a preparar algo de té. En cuanto Tenten estuvo absolutamente segura que Kurenai estaba lo suficientemente lejos, se volteó a Hinata y con una sonrisa le dijo:
–Se lo dirás, ¿verdad? –No quería presionarla pero comenzaba a creer que en ocasiones era eso exactamente lo que la Hyuuga necesitaba para tomar la iniciativa.
–N-No... No lo sé... Yo...
–Pero...
En ese momento apareció Kurenai con té y galletas por lo que la charla de las dos kunoichi se vio interrumpida. La mujer estaba encantada con que Hinata la hubiese ido a visitar, hacía ya bastante, de hecho desde aquella vez en la que le contó que estaba saliendo con su otro alumno, que no la veía; Y había comenzado a preocuparse porque para Hinata, que era una persona extremadamente tímida y muy reservada, no era nada fácil sobrellevar sus temores y problemas, y ciertamente el distanciamiento con Kiba la debía tener mal. Miró a la otra muchacha sentada en su sillón, Tenten. Por supuesto que la conocía pero nunca antes la había visto junto a Hinata fuera de una misión. Era extraño más no podía dejar de sonreír, porque el que Hinata tuviese una amiga de su misma edad era maravilloso, quizás inclusive le sería de mucha más ayuda que ella.
Y aunque estaba feliz de ver nuevamente a Hinata, mientras conversaban, no pudo dejar de notar cuan nerviosa, intranquila y hasta preocupada estaba la chica. No que esas características fuesen completamente ajenas a ella, pero esta vez, esta vez había algo más, algo que Kurenai no podía descifrar. Hinata realmente estaba mal, allí sentada en su salita, lo podía ver... Y le preocupaba, y la hacía observarla a cada segundo, para intentar descubrir qué era, para poder ayudarla, pero Hinata parecía haber construido una barrera, y una muy fuerte.
El ruido de un llanto alertó a las tres mujeres, Kurenai rápidamente se excuso y fue a la habitación de su hijo para ver lo que sucedía. Hinata incapaz de iniciar un conversación sobre "el tema" con Tenten, cerró sus ojos fuertemente intentando no pensar en el niño de su sensei. No quería verlo, y esa era una de las razones por las que no la había ido a visitar en tanto tiempo, porque ver a esa pequeña personita la hacía recordar constantemente su situación, la hacía querer imaginare a sí misma con un bebé en sus brazos y eso era algo para lo que no estaba lista. Porque Hinata, por más que quisiera muchísimo a su bebé, aún tenía dudas. Millones de ellas, porque siendo completamente honesta con sí misma... Ella no sabía mucho de niños, sabía como cuidarlos, sí, pero no sabía como criarlos y era ahí donde estaba la gran diferencia. porque si ella arruinaba su propia vida, era un cosa, al final de todo la única que sufriría las consecuencias era ella, pero arruinar la vida de su bebé... No podía permitírselo, ella sabía que debía darle lo mejor a su hija, pero se le hacía tan difícil, no sabía pues nunca realmente había tenido una madre. Kurenai había sustituido ese rol, pero eso no fue sino hasta que ella cumplió los doce y desde los tres hasta esa edad Hinata había estado completamente sola. Su padre nunca había sido, ni la había tratado, como ella hubiese deseado, y quizás esa también fuese su culpa, porque, después de todo, ella nunca llenó las expectativas que Hiashi tenía sobre ella.
Antes de lo que Hinata hubiese deseado apareció Kurenai nuevamente en la sala, esta vez en sus brazos cargaba al pequeño Asuma. Sus ojitos, levemente enrojecidos a causa del llanto, brillaron emocionados cuando vio a Hinata, y es que ella siempre jugaba con él.
–¡Hina... Hina! –Dijo el pequeño moviendo sus bracitos en dirección hacia ella.
–Lo siento Hinata pero tu nombre aún le resulta muy largo para decirlo completo –El niño seguía moviéndose en los brazos de su madre y de vez en cuando hacía alguna mueca como para llamar la atención.
–¿Puedo cargarlo? –Preguntó Tenten.
Kurenai asintió y luego de besar la cabecita de su pequeño, le pasó el niño a la castaña. Asuma pareció encantado con la atención que Tenten le dedicaba, reía y hacía más muecas que de común. Hinata por su parte no podía sentirse más incomoda, su interior se había descontrolado, sentía nauseas, cosquillas, alegría y tristeza. Sus ojos comenzaban a picar, obviamente las lágrimas estaban amenazando con salir. Kurenai la miró extrañada, probablemente sus emociones se estuviesen trasluciendo demasiado pero Hinata ya no sabía cómo ocultarlas.
–Voy a jugar con Asuma a su habitación, mientras ustedes pueden conversar y ponerse al día –Dijo Tenten, le guiñó un ojo a Hinata y luego desapareció por le pasillo que comunicaba con los dormitorios.
Hinata sintió su pulso acelerarse. No estaba lista, no importaba cuanto lo desease o cuanto lo hubiese pensado, no podía, simplemente no podía mirarla a los ojos y decirle que estaba embarazada. No era porque no quería, porque la idea de poder contar con alguien más le resultaba agradable, incluso había llegado a pensar que ocultándole su embarazo también le estaba mintiendo, que estaba traicionando su confianza. Pero nada de eso la ayudaba a poder reunir las fuerzas, porque no sabía ni por dónde comenzar, no podía simplemente decirle: "Estoy embarazada" Porque ella sabía que debía haber una forma mejor, una forma de suavizar las cosas, de darle a aquella noticia la seriedad que se merecía, pero no podía. No podía ni articular dos palabras.
Y sabía que Kurenai sospechaba algo, era consciente de que la observaba más de lo habitual, que sos ojos carmesí buscaban algo, alguna diferencia, alguna razón por la que ella se comportase de esa manera y quería decirle pero no podía, su voz parecía haberse terminado y sus nervios estaban demasiado tensos.
–Hinata... ¿Quieres decirme algo? –Porque la conocía, la conocía demasiado bien y a esas alturas ya era obvio que la pequeña Hyuuga le estaba ocultando algo, pero de ninguna manera quería presionarla, quería que ella hablase cuando estuviese lista.
–Yo... Yo... ¿P-Podría s-ser un p-poco más de t-té? –Kurenai asintió y poniéndose de pie una vez más se dirigió a la cocina.
Las lágrimas no tardaron en correr por las suaves mejillas de Hinata. Sentía su interior a punto de colapsar. ¿Por qué era todo tan difícil? ¿Por qué no podía simplemente decirle la verdad? Entonces Hinata recordó cómo era que le había dicho a Tenten de su embarazo, y siendo completamente honesta con sí misma, no le había dicho, más bien le había mostrado. Y eso había resultado bastante bien, pues pasada la primera impresión ella había sido capaz de contarle todo a Tenten.
Las preocupaciones y el dolor eran tan grandes, que sin pensarlo demasiado abrió su campera, levantó su remera y con los dedos temblando se quitó aquella faja que disimulaba su redondeado abdomen. No pudo evitarlo, simplemente comenzó a hacer esos círculos con sus dedos que tanto la calmaban, realmente necesitaba tranquilizarse. Ya se lo había advertido Tenten, al igual que los doctores que la habían atendido, estresarse era malo para el bebé.
Sintió el ruido de la porcelana romperse y levantando su vista se encontró con Kurenai. La bandeja con las tazas de té estaba en el suelo, la vajilla completamente rota y los ojos de su sensei abiertos ante la sorpresa. Las lágrimas ya se habían desbordado y Hinata estaba segura de que de su boca pequeños sollozos se escapaban, le dolía, le dolía muchísimo que Kurenai la mirase así, pero no podía seguir ocultándoselo, porque ella era demasiado importante para Hinata y merecía saber la verdad, aún cuando esta no fuese linda, y aún cuando significase que la había defraudado, era lo mínimo que Hinata podía hacer, ser honesta.
Kurenai no necesitó ninguna explicación, para un mujer que había estado embarazada era fácil reconocer el mismo estado en otras mujeres. Veía a Hinata sentada en su sillón, parecía tan pequeña y asustada, quería ir y abrazarla, pero no podía, sus piernas no parecían querer recuperarse de la sorpresa. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¿Cómo no se había percatado de todos esos cambios en el cuerpo de ella? Sí, la había visto un poco más gordita pero no iba a nombrar aquello, el cuerpo de Hinata era un tema muy delicado para esta, siempre -a pesar de tener un figura muy esbelta- había tratado de ocultarlo con ropas holgadas pero... Debería haberlo notado, de entre todas, ella quien era su sensei, casi como su madre, debería haberse dado cuenta.
–Y-Yo... Y-Yo l-lo s-siento... –Las lágrimas bañaban todo su rostro y lo único que pudo hacer Kurenai fue acercarse hasta ella y abrazarla, abrazarla muy fuerte –P-Perdóneme... Y-Yo...
–Shhh –La silenció –Siento haber reaccionado así, es que me tomó por sorpresa –Besó la cabeza de Hinata y la guió hasta el sillón en el que segundos antes había estado sentada –Tranquilízate... Haré un poco de té nuevamente, por favor quédate tranquila –Hinata asintió y observó como su maestra se alejaba.
Las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas y aunque le había dicho que se tranquilizaría, no podía. De hecho no podría hacerlo hasta saber cómo se había tomado realmente su sensei la noticia. Y aunque le había dicho que solo había sido por la sorpresa, por unos segundos, unos eternos segundos a su parecer, Kurenai la había mirado como su padre solía hacerlo cuando fallaba en un entrenamiento. La había defraudado, de eso no tenía dudas, solo esperaba que la perdonase.
Kurenai volvió unos minutos después, nuevamente cargaba un bandeja con dos tazas de té. Le entregó uno a Hinata y le dijo que se la bebiera, que era té de tilo y que la ayudaría a calmarse. Mientras Hinata bebía la humeante bebida, su maestra acariciaba distraídamente su cabello. Aún no lo podía creer, Hinata estaba embarazada. ¿Cuánto tiempo llevaría ocultándolo? ¿Cómo se sentiría realmente? ¡Debí haberme dado cuenta!, se reprochó una vez más. Porque con Hinata todo era distinto, su corazón era tan puro, tan bondadoso que en ocasiones terminaba lastimándose a sí misma por pensar siempre primero en los demás. Sin contar las obligaciones y expectativas que recaían sobre sus hombros, siendo la heredera de su clan, su padre no esperaba nada menos que la perfección y a Hinata le costaba demasiado seguir ese camino, sin embargo se había puesto al nivel y ahora... ¿Cómo haría ahora?
–¿Te encuentras bien? Me refiero a si te sientes bien físicamente –La joven asintió –¿Segura? ¿Fuiste a algún médico?
–S-Si... L-Lo siento –Volvió a decir.
–No debes disculparte –Hinata quería creer eso, quería quedarse tranquila, pero la gentil mirada que siempre acompañaba a su sensei no estaba, no había en ella esa calidez que siempre la hacía sentirse segura –Hinata –Tomó el rostro de la chica entre sus manos y la obligó a mirarla a los ojos –No te preocupes, de verdad no estoy enojada... Solo un poco sorprendida y a decir verdad molesta conmigo misma... Debería haberme dado cuenta.
–N-No.. Y-Yo... Y-Yo d-debería habérselo c-contado a-antes... ES que... Es que t-tenía m-miedo, yo... Yo n-no q-quería d-defraudarla... ¡Lo siento! –Sollozó una vez más.
–No te preocupes... Solo quiero asegurarme que estés bien –Respiró profundamente, pensando en qué era lo siguiente que debía hacer –Supongo que tu padre no sabe nada, ¿verdad? –Hinata negó rápidamente –Deberías decírselo...
–N-No... N-No p-puedo... –Kurenai asintió, después de todo sabía que la reacción de Hiashi sería mil veces peor que la suya, y que nada de eso podía terminar bien, no al menos para la salud de Hinata y la del bebé.
–De acuerdo... Esta noche dormirás aquí, no quiero que vayas a tu casa y te desveles pensando en tonterías –Hinata asintió –No estoy enojada, solo algo sorprendida –Le aseguró una vez más –¡Tenten! –Llamó a la castaña que había desaparecido hacía ya un largo rato con su hijo.
–Lo siento Kurenai-sensei es que... Yo pensé que Hinata... –Suponía que debía disculparse, era muy obvio, ahora que Hinata le había dicho la verdad, que ella había sido la que había aconsejado a la Hyuuga a decirle la verdad.
–Tranquila, voy a comenzar a preparar la cena, ¿Te quedas a comer? –La castaña asintió, sabiendo que Hinata podría necesitar un poco de ayuda para serenarse del todo.
Tomó a su hijo que seguía en los brazos de la castaña y junto a él desapareció por la puerta que comunicaba a la cocina. Buscó su libro de recetas y se dispuso a preparar el platillo favorito de su alumna. Tenía que levantarle en ánimo, no quería que ella se sintiese mal, que pensara que ella estaba enojada, porque realmente no era así. Seguro, no era nada agradable que a los 18 años fuese a ser mamá, era obvio que no estaba lista, que aún tenía muchas cosas que vivir, muchas cosas que disfrutar, pero a pesar de todo, lo sería, sería mamá, tendría un bebé y no había nada más que hacer, al menos no para Kurenai, que ayudarla en todo lo que pudiese.
¿Y? ¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado.
Un beso grande y gracias por leer!
Lucia
