Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.
Capítulo 12
Al comienzo de la clase de trigonometría el lunes, no podía dejar de mencionar esos calcetines cuando me senté detrás de Bella.
—¿Calcetines de renos hoy? —pregunté.
—No. Lunares.
—¿Cómo guantes?
—Regulares. —Sus labios se movieron como si estuviera luchando contra una sonrisa.
—No estoy seguro de como sentirme acerca de eso. —Golpeé mi pluma en el borde de mi escritorio, pretendiendo dar un toque de seriedad a esa idea—. Los calcetines regulares parecen tan aburridos después de ver los de renos.
Jessica se aclaró la garganta.
—¿Calcetines de renos?
—Tiene calcetines con dibujos de renos y son como una especie de guantes para los dedos de los pies —le expliqué.
—Oh, tengo un par así —dijo Angela, sonriendo—. Pero los míos tienen rayas. Los amo durante el invierno.
La mirada de Bella era todo engreimiento.
—¿Soy la única persona que se pregunta cómo viste sus calcetines?—preguntó Jessica.
Angela le dio un puñetazo en el brazo.
—Vivimos uno al lado del otro —le recordé—. Veo un montón de cosas.
Bella negó con la cabeza frenéticamente.
—No, no lo hace. No ve nada.
—Sonrojo —dije, señalando sus mejillas con mi pluma.
—Cállate. —No había ningún calor en sus palabras.
—De todos modos, ¿qué haces esta noche? —pregunté.
Ella se encogió de hombros.
—Tengo planes.
—¿Qué tipo de planes…?
—Sólo planes. —Se volteó hacia atrás en su asiento.
¿Sólo planes? Tenía la sensación de que no me iban a gustar esos planes. Por alguna razón, me sorprendió, porque tenía una fuerte sospecha de que esos planes implicaban a un imbécil, y después de la noche del sábado...
¿Por qué diablos pensaba que la noche del sábado cambió algo?
Porque dormimos uno al lado del otro hasta que me largué de allí antes de que su madre llegara a casa. Apenas. Tuve que recurrir a algo de esa jodida velocidad de la luz al salir de la casa sin ser capturado.
Mientras me volvía a sentar, me di cuenta de que Jacob no vino a la clase de hoy. Qué lastima. Quería ver cómo actuaba alrededor de Bella para determinar qué tipo de riesgo planteaba, pero no me encontraba demasiado sorprendido por su ausencia. Tampoco se presentó en la clase el viernes. Todavía no podía creer que él tuviera las pelotas o la gran estupidez de mostrar su rostro la noche del viernes.
Fruncí el ceño ante la fórmula que el profesor escribió en la pizarra.
Me encontraba bastante seguro de que no era correcta. Mordiendo la parte inferior de mi bolígrafo, eché un vistazo a Bella.
Me miraba por encima del hombro. El rosa se amplió por sus mejillas, y a toda prisa se dio la vuelta, pero ya era demasiado tarde. La había atrapado.
Alrededor de la tapa de mi bolígrafo, sonreí.
Era alrededor de las cinco cuando mi teléfono sonó. Era Anthony.
Debemos encontrarnos. Todos nosotros. Incluyendo a Bella. Se trata del DOD.
Quitando los pies de la mesa de café, me senté con la espalda recta. Le respondí, pero él no quiso responder a ninguna de mis preguntas.
Todo lo que decía era que iba a venir aquí. No más de dos segundos más tarde, Alice apareció en la sala de estar, con el teléfono en la mano. Ella abrió la boca.
—¿Dónde está Bella? —pregunté.
Hizo una mueca y luego se giró hacia la puerta.
—Iré a buscarla.
Le gané en la puerta, las llaves del coche en la mano.
—¿Dónde está?
Alice se puso las manos en las caderas, con los labios apretados en una delgada línea.
—Puedo quedarme aquí y mirarte fijamente toda la noche, eso no va a cambiar nada —dije, y luego suspiré—. Mira, más o menos supuse esta mañana que ella iba a salir con él. No es una gran sorpresa. Iré a buscarla y tú te puedes quedar aquí y hacer que todo el mundo esté bien. Eres mejor en eso que yo.
Ella miró hacia otro lado, con la mandíbula tensa.
—Fue a ese restaurante que tiene comida india.
—De acuerdo. —Me deslicé por la puerta principal. Teniendo en cuenta que sólo había un lugar en el condado que vendía comida india, sabía dónde ir.
Conduje hasta el restaurante, buscando una plaza de aparcamiento en la calle. Al entrar, inmediatamente sentí el calor a lo largo de la base de mi cuello. No había que esperar en la puerta, y cuando la dueña de la casa se me acercó con una sonrisa cansada, la evadí.
—He quedado con unos amigos aquí. Sé dónde están.
Ella dio un paso a un lado, y en serio, el lugar era tan pequeño que no tuve que buscar mucho. Pasé mesas con velas, acercándome a una mesa tapada por un tabique. Sabía que ella era consciente de mí antes de que apareciera a la vista. Sus ojos me siguieron hasta la mesa.
El imbécil se dio la vuelta, y sus hombros se pusieron rígidos. Echó un vistazo a Bella.
—¿Tipo sobreprotector...?
—Yo no... Ni siquiera sé que decir —murmuró sin poder hacer nada.
—Hola, chicos. —Me deslicé en el asiento junto a Bella. Todo el lado izquierdo de mi cuerpo se presionó contra el suyo—. ¿Interrumpo?
—Sí —dijo ella, con la boca abierta.
—Oh, lo siento. —No lo sentía en absoluto.
El imbécil sonrió mientras se acomodaba y cruzó los brazos.
—¿Cómo estás, Edward?
—Estoy muy bien. —Me estiré, pasando el brazo a lo largo de la parte posterior de la cabina—. ¿Cómo estás tú, Brad?
Se rió en voz baja.
—Mi nombre es Benjamín.
Toqueteé con mis dedos la parte posterior de la cabina, rozándole el pelo.
—Entonces, ¿qué hacían?
—Estábamos cenando. —Bella comenzó a deslizarse hacia adelante, pero enganché mis dedos en su nuca. Mis dedos rozaron la parte posterior de su cuello, y ella jadeó, inmóvil.
—Y creo que estábamos a punto de terminar —dijo Benjamín, con los ojos fijos en mí—. ¿No es así, Bella?
—Sí, sólo necesitamos la cuenta. —Debajo de la mesa, la mano de Bella aterrizó en mi muslo. Me gustó dónde iba hasta que me pellizcó; me pellizcó fuerte.
Tiré de su cuello alto.
—¿Qué pensabas hacer después de la cena? ¿Bruno te llevará a ver una película?
La sonrisa del imbécil comenzó a tambalearse.
—Benjamín. Y ese no era el plan.
—Hmm. —Miré su vaso de agua y descuidadamente curvé mi dedo.
Su vaso volcó. El agua se derramó sobre la mesa, derramándose en su regazo. El chico se levantó.
—Mierda.
Mi dedo se movió de nuevo.
Su plato de fideos picantes a medio comer se colocó en la parte delantera del suéter de Benjamín.
La boca de Bella se abrió.
—Jesús —murmuró Benjamín, con las manos en los costados mientras miraba hacia abajo.
Agarrando las servilletas, la mirada de Bella me prometía la muerte mientras le entregaba las servilletas al imbécil. Sonreí.
—Eso fue... muy extraño.
Con la cara roja, él levantó la vista de darse palmaditas en el jersey y en la entrepierna. Sus ojos se encontraron con los míos, y por un segundo, algo que vi en ellos activó mi instinto. Algo sobre esos ojos no era... normal.
Por otra parte, acababa de hacer caer un vaso de agua y un plato de fideos en su regazo, por lo que su mirada asesina era lo esperado.
En silencio y con movimientos espasmódicos rígidos, se sacudió los fideos marrones. La camarera corrió a su lado con varias más servilletas.
—Bueno, de todos modos, en realidad estoy aquí por una razón. —Cogí el vaso de Bella y tomé un trago—. Te necesitan en casa.
El imbécil detuvo sus movimientos.
—¿Cómo dices?
—¿Hablé muy rápido, Bart?
—Su nombre es Benjamin —espetó—. ¿Y por qué me necesitarían en casa? ¿Ahora mismo, en este preciso momento?
Me miró a los ojos.
—Algo ha ocurrido y debes echarle un vistazo ahora.
Ella comenzó a responder, y luego entendió lo que yo no decía. Se puso rígida y se volvió hacia el imbécil.
—Yo realmente, realmente lo siento.
Su mirada pasó entre nosotros mientras recogía el cheque.
—Está bien. Las cosas suceden.
—Voy a compensarlo. Te lo prometo.
Él sonrió.
—Está bien, Bella. Te llevaré a casa.
—Eso no será necesario. —Sonreí, pero no había nada cálido en ello—. Yo me encargo, Bernardo.
Bella parecía querer golpearme.
—Benjamín. Su nombre es Benjamín, Edward.
—Está bien, Bella —dijo, apretando los labios—. Soy un desastre.
—Entonces está resuelto. —Me puse de pie y Bella se deslizó fuera.
Todo el mundo se encontraba feliz mientras el imbécil se hizo cargo de la cuenta y nuestro increíble trío se dirigió al exterior. Esperé, oh tan pacientemente, cuando se detuvo junto a su coche.
—Estoy muy, muy apenada —dijo ella.
Puse los ojos en blanco.
—Está bien. Tú no arrojaste esas cosas hacia mí. —El imbécil me miró, y yo levanté las cejas—. Eso fue la cosa más loca que he visto jamás. Pero de todos modos, vamos a vernos cuando regrese de las vacaciones, ¿de acuerdo?
—Está bien. —Ella comenzó a darle un abrazo, pero se detuvo.
El imbécil se rió y luego se inclinó, besando a Bella, y tomó todo de mí no lanzarlo hacia el tráfico.
—Te llamaré —dijo.
Bella asintió mientras caminaba hacia donde aparqué. Al abrir la puerta para ella, esperé.
—¿Estás lista? —pregunté, y se acercó al coche y subió, dando un portazo. Fruncí el ceño—. Oye. No descargues tu ira con Dolly.
—¿Nombraste a tu coche Dolly?
—¿Qué hay de malo en eso?
Puso los ojos en blanco.
Rodeé la parte delantera del coche y entré. En el momento en que cerré la puerta, Bella me dio un puñetazo en el brazo.
—¡Eres un idiota! Sé lo que hiciste con el vaso y el plato. ¡Estuvo muy mal!
Levanté las manos, incapaz de aguantar la risa por más tiempo.
—¿Qué? Fue divertido. La mirada en el rostro de Bob no tuvo precio. ¿Y el beso que te dio? ¿Qué fue eso? He visto a los delfines dar besos más cálidos que eso.
—Su nombre es Benjamín. —Me golpeó la pierna esta vez—. ¡Y tú lo sabes! No puedo creer que hayas actuado de esa forma. ¡Y no besa como un delfín!
Solté un bufido.
—Por lo que he visto, sí lo hace.
—Tú no viste la última vez que nos besamos.
Mi risa terminó con rapidez mientras la miraba.
—¿Se habían besado antes?
—Eso no es asunto tuyo. —Sus mejillas se sonrojaron.
Oh hombre, una gran parte de mí quería señalar que ella me gritó por suponer que me acostaba con Irina después de besarla cuando, de hecho, acababa de admitir que ha hecho lo mismo de lo que me acusa.
Tomó un acto de Dios el que no fuera allí.
—No me gusta.
—Ni siquiera lo conoces.
—No necesito conocerlo para ver que hay algo... que no está bien en él. —El coche rugió a la vida—. Creo que no deberías salir con ese tipo.
—Oh, esto es demasiado, Edward. Lo que sea.
La miré de nuevo, dándome cuenta de su temblor.
—¿Tienes frío? ¿Dónde está tu chaqueta?
—No me gustan las chaquetas.
—¿También hicieron algo terrible e imperdonable? —Subí la temperatura. El aire caliente salió de las rejillas de ventilación.
—Las encuentro... incómodas —suspiró ruidosamente. Fue bastante impresionante—. ¿Qué fue eso tan terriblemente imprescindible que te obligó a ponerte en modo acosador y encontrarme?
—Yo no te estaba acosando.
—Ah, ¿no? ¿Utilizaste tu GPS alienígena para encontrarme?
—Bueno, sí, algo así. —No iba a decirle que Alice me había dicho dónde se encontraba.
—¡Argh! Esto es tan malo. —Por un segundo, pensé que me iba a golpear de nuevo—. Entonces, ¿cuál es el problema?
Esperé hasta llegar a la carretera.
—Anthony ha convocado una reunión, y tú debes estar allí. Tiene que ver con el DOD. Algo ha sucedido.
—¿Qué? —susurró—. ¿Qué ha pasado?
Mis manos se apretaron en el volante.
—No lo sé, pero estoy…
—¿Estás qué?
—No hemos oído hablar del DOD desde antes de Halloween. Eso no es normal, especialmente con toda la energía que pusimos con la lucha de Félix. Algo pasa y yo... no creo que sea bueno, gatita.
Cuando los Denali llegaron unos minutos después de regresar a mi casa, Alec miró a Bella sentada en la silla y puso los ojos en blanco.
—¿Alguien tiene una idea de por qué está aquí?
Bella suspiró. Alec sabía que Anthony había enviado en el mensaje de texto que Bella tenía que estar aquí. Él sólo trataba de hacerla sentir incómoda.
—Necesita estar aquí. —Anthony cerró la puerta detrás de él y entró en el centro de la habitación. Alice saludó con la mano, medio empujando puñados de palomitas en su boca—. Quiero hablar con todos juntos de una vez.
—El DOD sabe de ella, ¿verdad? ¿Estamos en problemas? –preguntó Irina, pasando la mano por sus medias de color púrpura.
Bella palideció.
—¿Lo saben, señor Mason?
—Hasta donde yo sé, no saben de ti —dijo—. Los ancianos me llamaron a un encuentro esta noche porque hay un aumento de la presencia del DOD aquí. Parece que algo llamó la atención del DOD.
Eathan se quedó mirando un trozo de mantequilla de las palomitas de maíz.
—Bueno, ¿qué vieron? Nadie ha hecho nada malo.
Alice dejó la bolsa de palomitas de maíz a un lado.
—¿Cuál es el problema?
La mirada de Anthony rodeó la habitación.
—Uno de sus satélites captó las luces del show del fin de semana de Halloween, y estuvieron en el claro, utilizando algún tipo de máquina que capta la energía residual.
Resoplé. Así que ahora sabíamos que eran conscientes de lo que pasó, pero eso no era nada en comparación.
—Lo único que van a encontrar es una mancha de tierra quemada.
—Saben que podemos manipular la luz por autodefensa, así que eso fue lo que pensé en decirles, pero no fue eso lo que llamó su atención. —Anthony me miró, frunciendo el ceño—. Es el hecho que esa energía fue tan fuerte que interrumpió la señal de un satélite y no fueron capaces de capturar imágenes de cualquier evento. Nada como esto había ocurrido antes.
Mantuve mi expresión en blanco.
—Supongo que solo soy más que impresionante.
Eathan se rió por lo bajo.
—¿Eres tan poderoso que interrumpes las señales satelitales?
—¿Solo interrumpir la señal? —Anthony soltó una breve carcajada—. Esto destruyó el satélite… un satélite diseñado para rastrear la alta frecuencia de la luz y energía. Esto ocurrió en Petersburg, y el evento destruyó el satélite.
—Como dije, soy así de impresionante. —Sonreí a pesar de la tensión arrastrándose en mis músculos.
—Guau —murmuró Alec. Respeto brillaba en sus ojos—. Eso es bastante impresionante.
—No importa cuán impresionante sea, el DOD está muy curioso. Los ancianos creen que estarán por aquí durante un tiempo, monitoreando cosas. El hecho es que ellos ya están aquí. —Anthony hizo una pausa y miró su reloj de pulsera—. Es imprescindible que todos se comporten mejor que nunca.
—¿Qué dicen los otros Luxen acerca de esto? —preguntó Alice.
—No están demasiado preocupados por ahora. Y no tienen razón para estarlo —dijo Anthony.
—Porque fue Edward quien causó la explosión y no ellos —dijo Irina, y luego jadeó—. ¿El DOD sospecha que tenemos más habilidades?
—Creo que ellos quieren saber cómo es posible que él sea capaz de hacer algo así. —Anthony me estudió—. Los ancianos dijeron que hubo una lucha entre los de nuestra especie. Nadie te implicó, Edward, pero ya saben que eres fuerte. Puedes esperar una visita de ellos pronto.
Me encogí de hombros, dando la bienvenida a su visita, porque el que ellos estuviesen ausentes era más preocupante a que se metieran en mi mierda.
—Bella, es muy importante que seas cuidadosa cuando estés cerca de los Cullen —continuó Anthony—. No queremos que el DOD sospeche que tú sabes algo que no deberías.
—Habla por ti mismo —masculló Alec.
Me enfrenté a él.
—Alec, voy a patearte el…
—¿Qué? —exclamó Alec—. Sólo estoy diciendo la verdad. Ella no tiene por qué gustarme, solo porque estás encaprichado con esa estúpida humana. Nadie…
Disparándome a través de la habitación, me cambié a mi verdadera forma mientras le agarraba y golpeaba a Alec contra la pared. Las fotos se sacudieron. El yeso probablemente se quebró, pero estaba harto de la mierda que decía sobre Bella.
—¡Edward! —chilló Bella.
Irina saltó de su silla.
—¿Que estás haciendo?
Me pareció oír a mi hermana decir—: Aquí vamos. ¿Más palomitas?
Y después, Eathan.
—Honestamente, Alec necesita que le pateen trasero. El DOD no está aquí por culpa de Bella. Ella tiene tanto que perder como nosotros.
Irina se giró.
—¿Así que estás de su lado ahora? ¿Una humana?
—No se trata de estar en contra de alguien —argumentó Bella.
Anthony se movió y puso su mano en mi hombro. Cuando habló no fue en voz alta. «Tienes que dejarlo ir, Edward. Ahora.»
Él tiene que dejar de hablar mierda.
Alec no iba a decir ni una palabra. Creo que entendió al punto. «Edward, por favor. Luchar entre nosotros no va a hacer que esta situación sea más fácil.»
Presioné a Alec. «Para con esta mierda con Bella . Estoy hablando en serio, hombre. Te quiero como a un hermano, de verdad, pero no voy a tolerar esto. Ya no más.»
—Nada de esto estaría sucediendo si tú no te hubieras aparecido por aquí. Fue por tu rastro que ellos nos encontraron —gritó Irina, atrayendo atención—. ¡El Arum nunca debió haberte visto, y toda esta cadena de eventos nunca hubiera ocurrido!
—Oh, cállate, Irina —replicó Alice—. En serio. Bella arriesgó su vida para asegurarse de que el Arum no supiera donde vivíamos.
—Eso es lo mínimo que debía hacer —espetó Irina—. Pero Edward no hubiera tenido que enfrentarse al Arum si su preciada humana no corriera peligro cada cinco segundos. Esto es su culpa.
—¡No soy su preciada humana! —gritó, y Alec brilló de nuevo en su forma humana. Anthony seguía hablando, pero yo no le escuchaba ya—. Sólo soy su... su amiga —dijo Bella—. Y eso es lo que los amigos hacen. Se protegen entre ellos. Bueno, eso es lo que los humanos hacen por sus amigos, por lo menos.
—Y eso es lo que hacen los Luxen —dijo Eathan—. Solo que a algunos se les olvida.
Irina no pensaba igual.
—Los esperaré afuera.
En pocos segundos, Alec me eludió. Yo lo observaba de cerca.
—Amigo —dijo—. Esto está mal. Golpéame todo lo que quieras, pero no voy a estar de acuerdo con ella
—Alec —advirtió Anthony.
—¿Qué? —Alec alzó las manos—. ¿De verdad crees que podrá fingir no saber de nosotros si el DOD se lo pregunta? Solo por el hecho de pasar tiempo con Alice y contigo van a cuestionarla. Y tú, Edward, ¿estás planeando repetir lo que hizo tu hermano? ¿Vas a morir por ella, también?
Mi luz brilló más brillante, y me encontraba a segundos de atravesar la pared con Alec cuando sentí la mano de Bella envolviéndose alrededor de mi muñeca. El toque en mi verdadera forma me sacudió. Me tranquilizó.
—Eso fue un golpe bajo —dijo Bella, con voz temblorosa—. Ni siquiera merece que le patees el trasero, Edward.
—Ella tiene razón —dijo Eathan. Se trasladó a mi lado—. Pero si quieres ponerlo fuera de servicio durante la próxima semana por ese comentario, tienes mi ayuda.
—Caramba, gracias, hermano. —Alec frunció el ceño.
Sí, quería noquearlo para que le dure hasta la próxima semana, pero, ¿qué solucionaría eso? Nada. Cambié a mi forma humana, bajando la mirada adonde la mano de Bella seguía envuelta alrededor de mi muñeca. Una carga pasó entre nosotros, un choque crujiente. Me soltó.
—Este es el tipo de comportamiento que no podemos permitirnos. —Anthony se pasó la mano por la cabeza—. Creo que es suficiente por esta noche. Necesitan calmarse y recordar porque estamos aquí. Necesitamos ser cuidadosos.
Todos, incluyendo a Alice, salieron de la casa. Mi hermana quería asegurarse de que Eathan no asesinó a su hermano. Comprensible. Bella y yo nos quedamos solos.
Sediento y necesitando algo con lo que distraerme, me dirigí a la cocina. Bella me siguió, su voz suave.
—Siento lo que Alec dijo. Estuvo mal.
—Es la verdad —dije, agarrando dos latas de Coca-Cola. Le entregué una.
—Incluso así, todavía está mal el habértelo dicho.
Busqué en su rostro alguna señal de miedo.
—¿Te preocupa que el DOD esté aquí?
Hubo una pausa.
—Sí.
—No deberías —dije, a pesar de que debería estarlo.
—No es tan fácil hacerlo, como decirlo. —Ella jugó con la lengüeta de la lata—. No me preocupo por mí. Ellos pensaran que tú eres el responsable de lo que ocurrió… de esa cosa loca de la energía. ¿Qué pasará si creen que eres… peligroso?
¿Cómo podría responder a eso?
—Esto no es por mí, gatita. Incluso si yo lo hubiera hecho, nunca se trataría de mí. Se trata de todo lo relacionado a los Luxen. —Aparté la vista, mojando mis labios—. ¿Sabes lo que Anthony cree?
—No.
Una sonrisa cínica tiró de mis labios.
—Él cree que algún día, probablemente no en nuestra generación, pero algún día, mi especie y los Arum posiblemente superarán a los de tu tipo.
—¿En serio? Eso es un poco...
—¿Tenebroso?
Se metió el pelo hacia atrás.
—No sé si es tenebroso. Quiero decir, los Arum lo son, pero los poderes de los Luxen… tú no eres muy diferente de nosotros.
—¿Qué hay del hecho de que estamos hechos de luz?
Ella sonrió un poco.
—Bueno, además de eso.
—He estado pensando —dije, volviendo a mi punto acerca de lo que Anthony cree—, que si algunos de nuestra especie lo cree, ¿cómo es que el DOD no se preocupa por esto?
—¿Qué ocurrirá si ellos piensan que son una amenaza? Y no te andes con rodeos.
Una parte de mí no quería decirle esto, pero mantenerla en la oscuridad no iba a ayudarla.
—Cuando me encontraba en el recinto, hubo algunos Luxen que no quisieron ser encerrados. La mayoría no quería estar siendo observado por el DOD. Otros, supongo, lo vieron como una amenaza porque hacían demasiadas preguntas. ¿Quién sabe realmente?
Tragó saliva.
—¿Que ocurrió con ellos?
Varios momentos pasaron antes de contestar.
—Los mataron.
