Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Stephenie Meyer.
Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.
Los que está escrito en cursiva son conversaciones telefónicas o en la lejanía.
Los personajes son humanos.
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Me he dado cuenta de que escribía esta historia en tercera persona y, de repente, comencé a escribir en POV Renesmee. No me di cuenta. Sorry.
Ahora voy a volver a escribir en tercera persona.
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12.
Cuando Renesmee abrió los ojos, se dio cuenta de que estaba en una habitación oscura, tumbada en una cama y atada de pies y manos. Intentó soltarse de sus ataduras, pero lo único que consiguió fue hacerse aun más daño en las muñecas.
- ¿Ya has despertado? – dijo una voz desconocida para ella. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie, solo oscuridad. – La verdad es que te pareces un poco a él. En el pelo y los ojos.
- ¿Quién eres?
- La novia de tu padre.
- Mientes. – dijo Renesmee, más bruscamente de lo que había pretendido. No reconocía la voz como la voz de Bella. – Tú no eres Bella.
- ¿Qué has dicho?
- La novia de mí… de Edward es Bella. Y tú no eres Bella. – dijo Renesmee, volviendo a mirar a su alrededor.
- Pero Bella es la mujer de Jacob. – dijo la misteriosa voz, con voz temblorosa. - ¿Bella se tira a Edward? Como se atreve! – dijo, ahora con dolor en la voz. – Va a pagar por ello, pero más tarde. Ahora tengo que ocuparme de ti.
- Pero yo no te he hecho nada. – dijo Renesmee, sintiendo como el miedo comenzaba a dominarla. – Ni siquiera sé quién eres. No nos conocemos.
- Tú no me conoces, pero yo sí que te conozco a ti. Llevo mucho tiempo buscándote.
- ¿Qué?
- He cometido algunos errores, pero al fin te he encontrado.
- Has sido tú. – dijo Renesmee, al darse cuenta de que esa persona era la que había matado a sus amigas. – Tú las has matado. ¿Por qué?
- Porque no sabía quién eras. – dijo, pasando la mano por el brazo de Renesmee, lo que hizo que la muchacha se sobresaltara. – Así que pensé en quitar de en medio a todas las chicas parecidas a Edward.
- Madre mía… - dijo Renesmee, intentando no ponerse a llorar.
- Y al fin te he encontrado.
De repente, se encendió la luz, cegando a Renesmee, que tuvo que cerrar los ojos. Victoria se alejó de la cama pero, al momento, volvió a acercarse con algo en la mano. Renesmee volvía a tener los ojos abiertos, mirando con terror el cuchillo que la pelirroja llevaba en la mano.
- Qué más da que Edward sea mi padre. – dijo Renesmee, intentando de nuevo zafarse de sus ataduras. – No voy a apartarte de él. – dijo, siguiéndole el juego a la chica. – No va a dejar de quererte por mi presencia.
- Claro que sí. Te quiere y quiere estar a tu lado. – dijo Victoria, mirando a Renesmee directamente a los ojos. – Y si tú estás en su vida, ya no se acordará de mí.
- Es todo tuyo. Yo no quiero saber nada de él.
- No te creo. Es tu padre.
- Mi padre se llama Emmett McCarty. – Dijo Renesmee, poniéndose a la defensiva. – Solo tengo un padre y no se llama Edward.
Victoria se quedó inmóvil varios segundos, pensando en lo que Renesmee le estaba diciendo, pero ello no la detuvo. Se acercó a Renesmee y le levantó un poco la camiseta, dejándole el vientre al descubierto. Renesmee se puso nerviosa, pero aún se puso más nerviosa al notar el frio acero de la punta del cuchillo.
- Vamos a impedir más distracciones para Edward. – dijo, pinchando un poco en el vientre de Renesmee, que no gritó. Apartó un poco el cuchillo, dejando un pequeño reguero de sangre. – Quiero que respondas unas preguntas.
Renesmee no dijo nada. Estaba demasiado ocupada soportando el dolor.
- ¿Te has acostado con Jacob?
- ¿Qué?
- Ya me has oído.
- No.
- Embustera. – dijo, haciendo otro pequeño corte en el vientre de la chica, que volvió a guardar silencio. – Te pillé masturbándole, y no creo que eso sea lo único que hayáis hecho.
- ¿Qué más te da? Mátame y acaba.
- ¿Y perderme la diversión? – dijo Victoria, sonriendo malévolamente. – No. Quiero saber desde cuando te follas a Jacob.
- Yo no follo.
- Oh… - dijo, fingiendo ternura. – La niña está enamorada y solo hace el amor.
Renesmee no dijo nada, aunque le hervía la sangre de la rabia.
- Esto es como un culebrón que quiero entender. – dijo Victoria, yendo hacia el otro lado de la cama. – Jacob y Bella están casados. Bella se folla a mi Edward y Jacob a su hijita. ¿Crees que Edward dejaría a Bella si se lo pides?
- No voy a pedirle eso.
- Claro que sí. Si no quieres morir, lo harás.
Renesmee se quedó pensando. Desde un principio, había querido hacer daño a Edward, como venganza por lo que le hizo a su madre, pero en ese momento no quería que eso sucediera. No quería que la pelirroja se saliera con la suya, pero tampoco quería morir. Era demasiado joven y tenía muchas cosas que hacer y qué decir a la gente que amaba.
- Si realmente eres su novia, yo no tengo que decirle nada. – dijo, viendo la sorpresa en el rostro de Victoria. – A mí no me va a hacer caso, sabe que le odio, pero si se lo dices tú, si tanto te quiere, tendrá que dejarla.
- Te crees muy lista, verdad?
- Haz lo que debas hacer, loca. – dijo Renesmee, cerrando los ojos, justo antes de sentir como Victoria hundía el cuchillo en su vientre.
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Jacob seguía dando vueltas a su apartamento, poniendo de los nervios a Edward, que era quien no le dejaba marcharse.
- Tengo que ir a buscarla. – dijo Jacob, por enésima vez, yendo hacia la puerta.
- Ni siquiera sabes dónde está. – dijo Edward, que no se molestó en levantarse de la silla. Seth estaba con ellos, aunque sin entender muy bien lo que estaba pasando.
- Por eso no puedo perder el tiempo estando aquí haciendo el capullo. – dijo, mirando a su amigo. – Y tú deberías hacer lo mismo. – dijo, señalando a Edward. - ¿Acaso no te importa lo que le pase a Renesmee?
- Claro que si. – dijo, poniéndose en pie. – Pero no sé por dónde debemos empezar a buscar.
- Por casa de Victoria.
- Es muy obvio. No estarán allí. – dijo Seth. Edward asintió con la cabeza.
- Pero puede que haya alguna pista de sus planes.
- En eso tienes razón. – dijo, yendo hacia Edward. – Debemos intentarlo, no?
- Si… - suspiró Edward. – Deberíamos llamar a Rosalie.
- ¿Para qué? – exclamó Jacob, sin entender a su amigo.
- Para que sepa lo que está pasando. – dijo, sacando el móvil del bolsillo de los vaqueros, tendiéndole su mano a Jacob, para que llamara.
Jacob ignoró el gesto de su amigo, se acercó a él y le dio un bofetón en la cara, sorprendiendo tanto a Edward como a Seth.
- ¿Qué haces, Jacob? – dijo Seth, aun sorprendido.
- Estás gilipollas o te lo haces? – exclamó, mirando a Edward a los ojos. – Tu hija ha sido secuestrada y tu solo piensas en llamar a sus padres para que sufran más de lo necesario. – continuaba hablando demasiado alto, pero es que realmente estaba muy enfadado. – Deja de hacer el capullo y vámonos a casa de Victoria.
- Pero…
- Edward!
- Vale, vale. – dijo, siguiendo a Jacob, arrastrando los pies.
Seth fue tras ellos, hasta llegar al coche de Edward. Los tres se montaron en el coche y fueron a toda velocidad, siguiendo las instrucciones de Edward, hacia el apartamento de Victoria, que estaba casi a las afueras de la ciudad. Cuando llegaron, aparcaron frente a la puerta y los tres salieron corriendo del coche. Edward, que parecía haber reaccionado, encabezó la marcha y fue quien abrió, a golpe de hombro, la puerta del apartamento de Victoria.
- ¿Cómo sabes que Victoria vive aquí? – preguntó Seth, mirando el apartamento desde el otro lado de la puerta.
- Nos acostamos un par de veces. – dijo Edward, adentrándose en el apartamento. – Pero eso fue hace ya un par de años.
- Todo tiene sentido. – dijo Jacob, cuya mente no dejaba de dar vueltas, buscando una respuesta al ataque de Victoria a Renesmee. – Aunque no sé porque ha ido a por ella y no a por Bella.
- ¿A qué te refieres? – dijo Edward, volviéndose para mirar a su amigo.
- Está claro que Victoria está obsesionada contigo, y no quiere que tengas a ninguna otra mujer cerca.
- Pero…
- Vamos. – dijo Jacob, yendo hacia el dormitorio de Victoria.
Se quedaron los tres boquiabiertos. Las paredes de la habitación estaban recubiertas de fotos de Edward, salvo una, que estaba repleta de fotos de adolescentes, algunas de ellas con una raya amarilla encima. Jacob reconoció enseguida los rostros de las chicas. Eran las adolescentes asesinadas en la aldea amish.
- Madre mia! – exclamó Seth.
Jacob ignoró a sus dos amigos y, siguiendo su instinto de policía, fue hacia una puerta que había en el pasillo. Abrió la puerta y vio que daba a unas escaleras que iban hacia arriba. Sin avisar a nadie, sacó el móvil del bolsillo y con él fue iluminando el camino, mientras subía los escalones con cuidado de no hacer ningún sonido.
Al final de las escaleras, había una puerta. La abrió con cuidado, aunque hubiera deseado no hacerlo. Casi se desmaya ante tal imagen.
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Hola, hola.
Espero no haber interrumpido la historia en un mal momento.
Jejejeje. Que mala que soy.
Bueno, espero que os haya gustado y que querais seguir leyendo.
Besos.
