Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.

12/22

Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Primero que nada -y como siempre-, gracias, de verdad. A todos ustedes por darme una oportunidad y dársela a mi historia y más aún gracias a aquellos que se molestan en hacerme saber qué piensan al respecto. De verdad, les estoy eternamente agradecida. Segurdo, perdonen si encuentran algun error de tecle o algún error de otro tipo, ya sea ortográfico y demás. Habitualmente, reviso cada capítulo antes de subirlo(porque, como habrán notado, soy una obsesiva de la ortografía). Sin embargo, en esta ocasión no pude hacerlo. Espero sepan disculparme. Y, tercero, ojalá les guste. ¡Nos vemos y besitos!


Yuxtaposición de soledades

Irracional

XII

"Silogismo"

Shikamaru era una persona racional y, desde que tenía uso de la razón y memoria para recordar, siempre lo había sido. Por supuesto, como persona racional que era; comprendía perfectamente las reglas de la lógica, el razonamiento que de esta debía emplearse y su forma de ser. En efecto, comprendía perfectamente que esta estaba compuesta por dos silogismos (proposiciones o premisas de razonamiento lógico) que relacionados por el juicio culminaban en una conclusión irrefutable. Sin importar cual fuera esta, si el proceso de razonamiento estaba bien hecho y era acertado, la conclusión –por extraña que pareciera- era igual de acertada. Válida. Dicha conclusión, una vez alcanzada, significaba un quiebre. Un punto sin retorno, porque un nuevo juicio había surgido de ella y Shikamaru no podía ignorar los juicios (menos aún siendo lógicamente validados) y desecharlos como si no valieran nada o nunca hubieran existido. Entonces, él podía decir que: "Todas las mujeres son problemáticas", luego, podía afirmar que "Ino -en efecto- es mujer", por lo tanto... "Ino es problemática". Y eso era cierto, lógico y desgraciadamente cierto. Era un proceso de razonamiento sencillo y la lógica en él era irrefutable, indudablemente. Sin embargo, ese razonamiento –que nada tenía de novedoso-, esa particular conclusión, no era la que le perturbaba. No era la que hacía que se arrepintiera del día en que había llegado a esa conclusión, todos los días. No, no era. Pero esa era otra historia, una que no tenía ánimos de contemplar en aquellos instantes.

Contemplando el tablero frente a sí, movió una nueva pieza en diagonal, solo una casilla, y observó la ubicación del resto de las fichas y su distribución sobre él distraídamente. Tanto las que apuntaban hacia delante, y que pertenecían a él, como las que apuntaban en la dirección opuesta. Debía admitir, jugando con la pieza que había movido instantes previos y colocándola en posición vertical con dificultad –dada la delgadez de la pieza-, que jugar solo no era tan divertido como hacerlo con su padre. Aún si rara vez pudiera ganarle, no lo era. Inclusive jugar con Asuma, que no representaba reto alguno y perdía constantemente, era más divertido que hacer aquello. Pero su padre estaba ausente en una misión y Asuma estaba... no estaba... Shikamaru se rehusaba a repetir en aquel estado de ánimo melancólico la palabra. En todo caso, no encontraba placer alguno en estar allí, haciendo aquello. Esto es tan aburrido... Pensó, aún sentado en el suelo con las piernas entrelazadas; apoyando su codo sobre una de sus rodillas y descansando su rostro en la palma de su mano. Dándole un pequeño golpecito con el dedo medio y pulgar a la ficha para que esta cayera nuevamente. Cansado, estiró ambos brazos por encima de su cabeza y se dejó caer de espaldas contra el suelo; cruzando ambos brazos detrás de su nuca. Nada. No había nada que hacer aquel día. Desde su regreso hacía ya una semana completa, nada había cambiado. Sasuke y Naruto, aún permanecían en el hospital y aún no se había decidido sobre el futuro del miembro del clan Uchiha. Kiba, también, por su impulsividad y torpeza, había terminado en el hospital por interponerse entre el prisionero llamado Juugo y el grupo. Y el resto, aunque prácticamente ilesos, habían regresado completamente drenados. El ritmo cotidiano parecía incluso haberse vuelto aún más lento y tedioso. Era como si el tiempo no avanzara. Por una razón u otra, tenía esa sensación que no podía sacudirse.

Cerrando los ojos, se concentró únicamente en el sonido de la lluvia contra el techo de madera encima de su cabeza. Afuera, cerca de la gran ventana de la habitación que daba al jardín, en el cual había un pequeño estanque, podía oír el "splash" de las gotas al morir contra la calma superficie cristalina de este. Era un sonido relajante, sumamente cautivante, y le permitía despejar su cabeza de cualquier pensamiento que pudiera estar teniendo en aquel momento. Cualquier cosa, todo parecía borrarse. Aunque claro, nada podía compararse con la sensación de observar despreocupadamente las nubes en la terraza de la academia; pero esa actividad tendría que ser aplazada aquel día, por razones obvias.

En ese instante, sin embargo, toda paz que pudiera estar percibiendo fue barrida por el sonido de la puerta de papel de arroz detrás suyo deslizándose con cierta prisa y brusquedad; seguida de unos pasos apresurados. Genial... Pensó, pues conocía esos pasos y esa impaciencia perfectamente. Eran la marca del diablo, por así decirlo, la marca familiar de una mujer. La única que, en aquellos momentos, compartía la casa con él.

—¿Shikamaru? —su nombre, como era de esperarse, fue pronunciado con impaciencia acompañado con el golpeteo del pie contra el suelo. No podía verla, pues continuaba acostado en el suelo con los ojos cerrados, pero podía imaginarse a la endemoniada mujer con los brazos cruzados debajo de pecho y aquellos inquisitivos ojos marrones haciendo agujeros a través de él.

—¿Uh? —farfulló, demasiado cansado para articular algo más. Además, nunca era seguro hablar demasiado con una mujer como aquella presente. O, con cualquier mujer. La regla también parecía aplicarse a casi la mayoría de ellas.

—¿Qué haces aquí? —demandó saber ella, caminando apresurada por la habitación—. ¿Y qué haces a oscuras?

Shikamaru abrió un ojo en el instante exacto para ver a su madre encendiendo con rapidez una de las velas que yacía sobre un viejo candelabro de pie forjado en hierro, en una de las esquinas de la habitación.

—Meditaba...

Yoshino encendió otra vela, bufando —Esa es la palabra que tu padre y tú usan para definir "holgazanear". A mi no me engañas. —No, él lo sabía... pero valía la pena intentar—. ¿No oíste que te llamaba?

—No... —bostezó. O quizá si la había oído e inconscientemente había reprimido su fastidiosa voz. Ahora que lo pensaba, lo segundo parecía más probable; pero no podía estar seguro de ello.

—¡Hace horas que te estoy llamando! —el joven Nara puso los ojos en blanco. Exagerada como siempre—. ¿Y qué se supone que significa esto, Shikamaru? Te dije cientos de veces que no dejaras el tablero de shogi tirado y las piezas esparcidas, pueden perderse y son herencia de tu abuelo.

El moreno se sentó perezosamente y rascó su nuca, observando el desastre que había a su alrededor. Al parecer, accidentalmente había pateado el tablero estando acostado y ahora todas las piezas estaban propagadas por la habitación —Bien, bien... ya lo acomodo... —¡Cielos! Mujer problemática. No lo entendía, ¿cuál era el problema con las mujeres y, más en particular, con las madres que no eran capaces de ver a alguien en paz y sin hacer nada que debían ordenarle inmediatamente algo que hacer? Era absurdo.

—Con un "bien" es suficiente Shikamaru, y no me agrada tu tono de voz.

Él bajó la cabeza. Había batallas que debían ser perdidas. Esta, definitivamente, era una de esas —Lo siento.

—Levanta todo eso porque necesito que hagas algo por mí.

El chico terminó de guardar hasta la última pieza debajo de la pequeña mesa baja, se incorporó y acomodó sus ropas. Luego, con notorio desgano y obvio fastidio, se volvió a su madre —¿Si?

—Necesito que vayas a comprar varias flores de vainilla.

El moreno enarcó una ceja —¿Flores? Esta lloviendo...

La mujer forzó un pequeño papel a la mano de su hijo y abandonó la habitación, dando por sentado que no era una petición la que había hecho sino una orden que él debía cumplir. Fastidiado, abandonó la habitación donde solía jugar shogi, se dirigió a la suya para tomar el chaleco verde que habitualmente solía usar y que había dejado abandonado a los pies de su cama, tomó algo de dinero del jarrón de la sala de estar, y tras anunciar que saldría se marchó. Sintiendo al instante en que puso un pie fuera de la casa la primer gota impactar contra la punta de su nariz, a la cual le siguió otra y otra y otra. Y aunque, ciertamente, no disfrutaba mojarse, emprendió su camino hacia la florería Yamanaka; arrastrando los pies pesadamente sin preocuparse por la lluvia. Después de todo, apresurarse no haría que se mojara menos y Shikamaru no tenía intención alguna de acelerar el paso. Era su día libre y, aunque ya estuviera bastante arruinado, lo disfrutaría. Al menos eso se merecía, un tranquilo paseo por la aldea.

Tras recorrer las calles, doblando un par de veces, y algunos minutos después, finalmente llegó. El letrero colgado en la puerta definitivamente leía abierto, de eso estaba seguro, pero el lugar parecía completamente muerto y las flores que habitualmente solían estar afuera para que todos las admiraran no estaban allí. De hecho, aquel particular día, el lugar parecía mas sombrío que alegre. Sacudiendo su cabeza, ingresó al lugar.

—¡Buenos días! —lo recibió una voz alegre al oír la campanilla anunciar la llegada de un cliente. Sin embargo, al ver de quien se trataba; la alegría en la voz desapareció—. Oh. Eres tú Shikamaru... ¿Qué quieres?

Él escurrió el agua de su rostro con la manga de su chaleco y farfulló, irónicamente —Me alegro también de verte Ino.

—Si. Si. Lo que sea. Si no comprarás nada no me interesa.

Él caminó hasta el mostrador y se detuvo frente a él, dejando un rastro de agua en el suelo desde la entrada de la tienda hasta donde se encontraba la encargada del lugar que, casualmente, no era otra que Ino —Siempre tan amable... —suspiró, sacando el papel que su madre había escrito. Solo para descubrir que las palabras trazadas sobre él se habían borrado por haberse mojado la hoja y corrido la tinta—. Genial...

La rubia rió, apoyando su mejilla contra la palma de su mano. Shikamaru se veía miserable, empapado y con un ánimo sombrío que emanaba de todos y cada uno de sus poros, y no ayudaba el obvio malhumor que estaba manifestando en aquellos momento —Te ves terrible.

—Cielo, gracias —farfulló, aún intentando recordar lo que su madre le había pedido que comprara. Quizá, solo quizá, si había debido prestarle un poco más de atención a la mujer cuando hablaba—. Oh... me matará... —dejó caer su cabeza rendido.

Ino encontró curiosa la actitud de él. Sonriendo, se inclinó más sobre el mostrador —¿Quién?

—Mi problemática madre... me dijo que comprara algo y el problemático papel se borró y ahora estaré en problemas...

La rubia empezó a reír —Deberías dejar de usar tanto la palabra problema y todas sus derivaciones Shikamaru, te hace sonar como un viejo gruñón.

Él suspiró, abollando el papelito y observando las gotas caer de su cabello —Pero... es problemático...

Ino sonrió, bordeando el mostrador para desaparecer detrás de una puerta y regresar segundos después con una toalla en mano. La cual arrojó bruscamente a la cara del chico —Deja de quejarte holgazán bueno para nada. Primero, sécate... estás mojando todo mi piso y soy yo quien tiene que trapearlo luego.

El Nara asintió y aceptó la toalla de buena gana, a pesar de los modos poco amables de su amiga. En primer lugar, porque en verdad estaba empapando la tienda de los Yamanaka y; en segundo lugar, porque aquella muestra de seudo amabilidad de Ino probablemente no se repetiría en otros 60 años o más. Y él no sería quien rechazara una oportunidad tan fortuita. Por lo que, soltándose el cabello de su agarre lo estrujó con ayuda de la toalla y lo volvió a sujetar rápidamente. Todo esto, conciente de la mirada se la joven rubia sobre él, la cual sonreía ufanamente.

—¿Qué? —la cuestionó desconcertado.

Ella rió, señalándolo a él —Deberías usar el cabello suelto más seguido.

—Si claro, no te burles —masculló, desviando la mirada apenado por el comentario. Era justamente por esa razón que siempre lo llevaba sujeto.

—No lo hacía. En fin, ahora ten.

Él parpadeó, observando el trapeador que Ino acababa de empujar contra él —Ino... ¿qué-

—Fuiste tú quien mojó mi tienda, sécala —demandó; señalando el piso con la otra mano libre en la cadera.

—Pero... ¿no se supone que tú trabajas aquí? ¿Por qué yo tengo que limpiar la tienda?

—Porque tú la ensuciaste en primer lugar —dijo, como si fuera lo más obvio del mundo. Y aguardó impaciente a que el chico comenzara a trapear la tienda de inmediato. Segundos después, cuando el Nara comprobó que –efectivamente- Ino no bromeaba, aunque eso era algo que ya había supuesto, tomó el trapeador con ambas manos y se puso a limpiar el rastro de agua que él mismo había dejado. Luego, abusándose de su bondad (para variar) Ino lo hizo trapear el resto de la tienda. Cansado, dejó el trapeador contra una pared y se dejó caer en el suelo, sentado.

—Oy, mujer... eso no fue justo...

—¿Quieres que te ayude o no? Porque por mi, puedes enfrentar a tu madre tú solito. Y explicarle porque su "brillante hijo" volvió con las manos vacías de una simple tienda de flores.

Eso era un insulto, Shikamaru lo sabía. E Ino probablemente volviera a abusar de él como lo había hecho forzándolo prácticamente a limpiar la tienda por ella pero eso era definitivamente mejor que enfrentarse a la ira de su madre... quizá. O eso pensaba.

—Bien... bien... —bostezó.

—Ahora levántate, no queda bien que alguien este sentado en el suelo en medio de la tienda... la gente no querrá entrar más a comprar.

Él observó los alrededores —Ino... no hay nadie aquí o en las calles...

—Si bueno, la gente no compra flores un día lluvioso. Ahora levántate.

El moreno puso los ojos en blanco. Absurda como siempre. Pero terminó haciéndole caso, como siempre —Ya voy... ya voy... mujer problemática...

Ino, sin decir nada, se marchó y regresó con una pequeña jarra llena de agua; la cual le entregó al chico —Toma.

—¿Qué es esto? Porque estoy seguro que mi mamá quería una planta... no una jarra de agua... pero... ¿gracias?

La chica negó con la cabeza —Claro que no, idiota. Ahora riega las plantas.

—¡¿Qué? Oye mujer problemática... eso no estaba en el trato. No hay forma natural de que al haber entrado haya secado las flores así que...

—Sécalas —repitió, tajantemente.

—Pero...

—Sécalas, Shikamaru.

Él asintió y arrastrando los pies se dispuso a distribuir el agua entre las distintas plantas de la tienda, una a una las regó, asegurándose que todas recibieran suficiente líquido para mantenerse húmedas y sanas. En algún momento del trabajo, Ino incluso se marchó; dejándolo completamente solo y fastidiado por el hecho de estar haciendo un trabajo que ni siquiera le correspondía realizar a él. Y, hasta que no terminó, no se detuvo. Solo para notar que Ino acababa de regresar y se encontraba sentada en el mostrador, sonriendo triunfalmente. Endemoniada mujer problemática.

—¿Sabes, Shikamaru? Me agrada tu compañía... debería venir más seguido —bromeó.

Él puso los ojos en blanco. Si claro... para que puedas esclavizarme. Pero, obviamente, eso era algo que no diría. No. Simplemente refunfuñó por lo bajo y depositó finalmente la jarra en una esquina de la tienda, exactamente en el lugar donde Ino le había indicado. Al volver hasta el mostrador, se encontró con una taza de té humeante solo para él. Ino tenía otra entre las manos, de la cual estaba dando un pequeño sorbo.

—¿Uh? —fue todo lo que atinó a decir. Desconcertado por el gesto amable que Ino parecía haber realizado. O... quizá, lo estaba imaginando. Si, probablemente fuera eso. Desconfiado, tocó la taza para ver si no se trataba de un genjutsu. No, definitivamente quemaba demasiado contra su piel como para ser falsa.

—Esta caliente —añadió, al verlo retirar la mano que obviamente acababa de quemarse.

Él torció el gesto —Mujer problemática, podrías haberlo mencionado antes.

—No hubiera sido tan divertido, ¿o si? —canturreó.

Shikamaru negó con la cabeza. Ino definitivamente era sádica. Debía serlo. Nadie podía ser tan cruel y disfrutarlo tanto como aquella mujer, menos aún, podía serlo luciendo de esa forma. Alguien que lucía como Ino... no podía hacer daño a nadie... O esa era la percepción general que de ella se recibía. Una errada, por cierto.

Una vez más, desconfiado, analizó el color del líquido de la taza, luego percibió con recelo el aroma que de ella emanaba. Tal vez estaba volviéndose paranoico, tal vez Ino finalmente había causado que enloqueciera. Si, eso debía ser —¿Lo envenenaste o algo, mujer?

En respuesta, Ino estiró la mano a través del mostrador y lo golpeó en el costado de la cabeza —¿Qué idioteces dices Shikamaru? Una vez que hago algo amable...

Exacto. Ino nunca hacía algo amable. No para con él, no a menos que deseara algo de él y esta vez ese no parecía ser el caso —Ouch... eso dolió.

—Te lo merecías —sentenció, dándole un nuevo sorbo a su propia taza de té. Shikamaru hizo lo mismo, intentando recordar la estúpida planta que su madre le había ordenado que comprara para ella.

Ino, como si hubiera leído la mente de él en aquel preciso instante; preguntó —¿Para qué quería tu madre la planta o flor que te pidió? ¿Decoración?

Él rascó su nuca, pensativo. No, decoración no era... de eso estaba seguro —Nah.

—¿Fines medicinales? ¿Quizá alguna planta que se les terminó para realizar medicina de los cuernos de ciervo?

El chico negó con la cabeza. Si fuera para tal fin, él lo sabría pues había comenzado hacía poco a aprender la forma de realizar tales medicinas junto con su padre y recordaba todas las flores y plantas que podían disponerse para ello y ninguna era la que su madre había solicitado. Si tal fuera el caso, Shikamaru lo recordaría —No.

Ino empezaba a impacientarse —¿Para utilizar en la cocina? —sugirió, tamborileando con los dedos inquietamente sobre la superficie del mostrador.

—¿Eso creo?

La rubia puso los ojos en blanco —Eres un inútil en esto Shikamaru...

—Oy, no hay necesidad de insultarme —aunque Ino nunca lo hacía por necesidad, sino por satisfacción—. ¿Algo de una esencia o algo así?

Ino negó con la cabeza —¿Vainilla? Shikamaru.

Él asintió, perezosamente. Definitivamente esa era la que Yoshino le había pedido que consiguiera pero ahora que lo pensaba no sabía que cantidad de ella necesitaba —¿Cuanto...?

—¿Para hacer esencia de vainilla? —Ino se marchó y regresó con la cantidad exacta de flores que la mujer Nara podría necesitar para la realización de una botella completa—. Toma, holgazán.

Tomó los tallos florecidos y depositándolos sobre el mostrador comenzó a hacer girar uno de ellos entre sus dedos, una y otra vez, distraído, contemplando la flor alargada y blanca girar frente a sus ojos. Una y otra vez. Por alguna razón, los pensamientos que ese mismo día en su casa había tenido volvían a su cabeza.

Ino, que observaba al que una vez había sido su compañero con curiosidad, musitó —¿Sabes? La vainilla significa agrado.

Él alzó la mirada y la miró fijo por unos segundos, luego volvió la vista a la flor que continuaba girando entre sus dedos —¿Puedo hacerte una pregunta? —su voz desinteresada y monótona como siempre.

Lo miró con curiosidad —¿Qué pregunta?

—Tú me odiaste por no haber podido traer a Sasuke de vuelta... aquella vez... ¿verdad? Es decir, yo era el líder de la misión.

Ino bajó la mirada y contempló el té frente a ella. Hubiera deseado poder decir que no, que no lo había odiado por ello. Que la razón por la que había dejado de hablarle por una semana y media no era por ello. Que nada tenía que ver con su fracaso y con Sasuke. Que solo había estado ocupada, tal y como había alegado cuando tenían 13... pero ya no eran niños, y ella no podía mentirle —Si... un poco.

Él miró un instante a Ino y volvió a ver la flor, aún retraído sobre sí mismo. Aún distraído y distante —Eso pensé... Supongo que Sakura me habrá culpado también...

Ino desvió la mirada —No. Ella no hizo tal cosa —solo ella, solo Ino, había sido tan infantil como para reaccionar de esa forma. Y lo peor había sido que su enfado no era dirigido a él sino a Sasuke, quien se había marchado de la aldea sin importarle nada ni nadie. Sin importarle ella ni Sakura ni nadie.

Shikamaru volvió a girar la flor —Aún amas a Sasuke —no era una pregunta.

Ino asintió —Si...

—Pero el Sasuke que amas... —es una idea.

—No existe... —porque Ino no era inocente. Lo sabía, sabía que se mentía y mentía al mundo al decir que aún pensaba en él. Porque no pensaba en la persona, pensaba en lo que ella había creído que él era, en lo que ella había deseado que él fuera para ella, pero todo eso se había terminado. No era tonta tampoco. Ya no era una niña y se rehusaba a salir dañada nuevamente. No, no dejaría que nadie volviera a dañarla de esa forma.

Shikamaru, que había permanecido en silencio hasta entonces, rompió la afonía del momento con un bostezo y envarándose sacó algo de dinero de sus bolsillos, lo colocó sobre la mesa. Tomó las flores, dio media vuelta y se marchó, olvidando una flor de vainilla en el proceso.

—¡Shikamaru, te olvidas esta!

Él, sin voltearse, hizo un gesto despreocupado de la mano y replicó, como quien no quiere la cosa —¡Bah! Quédatela —y sin decir más se marchó. E Ino observó la flor, la cual giró entre sus dedos de la misma forma que había hecho Shikamaru. ¿Sabes? La vainilla significa agrado. Negó con la cabeza, Shikamaru era increíble. Aún a pesar de todo, aún a pesar de la forma en que constantemente lo trataba, aún a pesar de los maltratos y los abusos y los insultos y los golpes innecesarios. Aún a pesar de todo ello, ella a él le agradaba. ¿Por qué? No tenía idea. A lo largo de los años no había hecho otra cosa que intentar apartarlo de su camino y, aún así, él regresaba. Siempre.

—Problemático... —bufó abandonando la tienda y nuevamente de regreso bajo la lluvia. Observando las pequeñas motas caer sobre su rostro y su cabeza. Un razonamiento acechó su mente, aquel que tanto quería apartar de ella:

Las mujeres son una perdición

Ino es mujer.

Ino es una perdición.

(Su –propia y personal- perdición) Simple. Efectivo. Y problemático, en efecto.