Disclaimer: Todo lo relacionado con Crepúsculo pertenece a Stephenie, yo me adjudico la trama, créanlo o no (?)
Marca de heroína.
Summary: Edward Masen ha consumido desde que tuvo uso de razón necesaria para tomar una aguja e inyectársela. Eso, hasta que encuentra su marca de heroína perfecta. "Estás completamente equivocado porque yo sé que eres mucho más que un adicto. Eres dulzura, eres cariño y esperanza. Eres perseverancia y fuerza de voluntad, eres… Eres amor, Edward, eres mi amor."OoC. TH. AU. Bella&Edward.
¡Gracias a Sarai GN (a.k.a. la beta malvada), de Élite Fanfiction, por el beteo de esta locura!
Epílogo.
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"... Encontrar a alguien como tú."
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—¿Bella? ¿Qué estás haciendo aquí?
—Yo…
Apreté la cadenilla entre mis manos fuertemente. Carlisle me observaba con tristeza y desaprobación. Le sonreí, dándole a entender que a veces todo esto era más grande que yo. Y me sobrepasaba. Pero no podía darme el lujo de dejar que lo hiciera. No ahora cuando dos vidas dependían de mí completamente.
Tres, si contamos a Edward.
Oh, Edward.
—Lo hablamos.
—Lo sé, doctor, es solo… —Mis ojos se llenaron de lágrimas recordando el último suceso.
Yo casi lo había perdido, esta vez para siempre.
Por mi culpa.
Por dejarlo de lado.
Por mentirle.
Por querer lo mejor para él.
Todo lo que siempre quise fue que pudiera salir adelante, que se diera cuenta de la hermosa persona que en realidad era y no el monstruo que él creía. Por sí mismo. Porque él lo necesitaba. Le hice daño, sí, con cada palabra me dañaba a mí misma también. Pero era necesario. Debía endurecerse, debía ser fuerte. Por él, pero sobre todo por nosotros.
—Tranquila, cariño. —Tomó una de mis manos y le dio un suave apretón—. No es bueno para el bebé.
—Solo entréguele esto, ¿sí? Por favor, yo… pensé mucho sobre esto, lo vengo pensando desde el día en que me informó que Edward estaba internado en el hospital… —carraspeé, tratando de alejar el nudo aferrado en medio de mi garganta—. Entiéndame, doctor Cullen, yo casi lo pierdo…
—Él lo está haciendo bien ahora.
Sonreí, una verdadera sonrisa al escuchar eso.
—No sabe cuánto me alegro.
—Ese hombre te ama, muchacha.
—Tanto como yo lo amo a él, por eso hago esto, por eso hice lo que hice y usted lo sabe.
—Lo sé, yo fui quien lo sugirió, ¿recuerdas? —Me dio una sonrisa conciliadora—. Para sanarse Edward debía desprenderse de sus dos adicciones. La heroína y tú.
Yo.
Un escalofrío recorrió mi espalda por la cruda realidad.
—Él cree que lo he olvidado, ¿no es así? —Carlisle desvió la mirada—. Yo le dije que no lo amaba. Nunca había dicho una mentira tan aberrante como esa, ni siquiera sé cómo me creyó con tanta facilidad. —Sonreí con tristeza—. Me cercioraba de hacerle saber cada día lo que significaba para mí, y cuando por primera vez digo lo contrario, él decide creerme. Irónico, ¿no lo cree?
—No con una persona como él. Autodestructiva, con una autoestima por los suelos. Probablemente siempre en su mente fue más fácil aceptar el hecho de que no lo amaras a que pudieras sentir algo tan fuerte por él.
Y dolía eso.
Dolía que a pesar de que traté con todas mis fuerzas de demostrarle mi amor… él siempre dudó de ello.
No de mí, no, pero su manera de ser, su manera de pensar sobre sí mismo, no le dejaba ver lo que los otros veían en él. Y yo veía tanto, tanta bondad y tanto amor por entregar, tanto para dar pero sin ser consiente de cómo hacerlo. Yo vi un hombre que necesitaba sanar tanto por fuera como por dentro, y creí que podría hacerlo. Creí que el amor era suficiente para pegar cada pieza en su lugar.
Me equivoqué.
—Esta cadena es para él, puede solo entregársela, sin decir quién la envió, como guste.
—¿Hope? —preguntó el doctor Cullen al leerla.
Una sonrisa se desplegó en mis labios por la sola mención del nombre.
—Nuestra hija… Solo que él no lo sabe todavía. Pero lo estamos esperando, ambas. —Acaricié el pequeño bulto que tenía en mi barriga—. Junto a este pequeñín que crece. Sé que esa cadena le dará el mensaje que quiero darle.
—¿Cuál es ese mensaje?
—Que siempre hay esperanza, doctor Cullen, incluso para él.
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—¡Hope, cuidado con tu hermana!
Cubrí mi boca y reí al ver la escena frente a mis ojos.
—¡Faith no quiede jugar! —Hope infló sus sonrojadas mejillas, completamente enfurruñada.
Edward soltó una dulce carcajada que fue música para mis oídos.
Su rostro había adquirido color hace ya un tiempo, él había dejado crecer una pequeña barba que poblaba su mandíbula. Se le veía fuerte y completamente sano. Sus ojos brillaban como tardes en la pradera, justo en plena primavera. Brillaban maravillosamente, como nunca lo habían hecho. Las cicatrices en sus brazos eran casi imperceptibles, pero estaban ahí, blancas, casi translúcidas, un constante recordatorio de la lucha que había llevado hace cuatro años atrás.
Cuatro años atrás.
Era impresionante cómo la vida nos había cambiado.
Cómo él había cambiado desde que había vuelto del centro.
Lloró todo el día y toda la noche, aferrado a mí como un niño, pidiendo perdón, pidiendo aceptación de mi parte. Él me había rogado que lo aceptara de vuelta, que él haría que lo amara una vez más. Que trabajaría en eso. Recuerdo a la perfección su rostro lleno de dolor y confusión cuando yo reí por sus palabras.
—¿Cómo puedes hacer que te ame más de lo que ya lo hago? —le pregunté, ante su atónito rostro.
Y ahí fue cuando nos sinceramos.
Cuando le expliqué que el doctor Cullen y yo habíamos pensado que era lo mejor.
Lo fue, en cierto modo, estar lejos de él.
Pero lo extrañé como el infierno.
Esa noche él no se movió de mi lado ni del de Hope, la sostuvo con uno de sus brazos como si fuera lo más preciado de su vida, miraba su rostro completamente embelesado, y cuando creía que yo no estaba escuchando le pedía perdón. Suaves susurros que salían desde sus labios mientras que con su mano libre acariciaba mi prominente vientre de siete meses.
Perdón por decir que no te quería cuando ya te amaba por completo.
Perdón.
Perdón.
Perdón.
Esa noche dormí de corrido, como no lo hacía hace un largo tiempo.
Incluso Hope siguió de largo, sin despertar a mitad de la noche con un horrible llanto de desolación.
A veces pensaba que ella sabía que no estábamos completas, que nos faltaba algo. Alguien.
—Tienes una hermosa familia, mujer.
Sonreí por sobre mi hombro a la pelinegra que estaba junto a mí.
Alice me ofreció un vaso de jugo y me sonrió de vuelta, observando también a mis chicos.
Mi familia.
—Tendrás la tuya pronto. —Coloqué mi mano sobre su abultado vientre—. ¿Garrett?
—Dentro, está terminando con unos arreglos en la habitación del niño. Ese hombre es un controlador. —Alice entornó sus ojos y yo reí—. ¡Aún quedan dos meses para que llegue al mundo y ya quiere tener todo listo!
—No es el único —apunté a Edward con mi barbilla—, creo que está bastante feliz de tener otro hombre en la familia.
Como si supiera que hablaba de él, giró su rostro hacia mí.
Suspiré como la mujer enamorada que siempre sería.
Era tan hermoso, siempre lo fue, y lo seguiría siendo.
Dejó a Faith sobre sus pies para que jugara con su hermana mayor en el jardín trasero de la casa de Alice y Garrett, que era donde nos encontrábamos. Edward me contó sobre la amistad que había formado con ella, y yo se lo agradecí, la primera vez que nos vimos le abracé como si la vida me dependiera de ello, y le agradecí el estar a su lado cuando lo necesitaba.
—¿Están hablando de mí? —preguntó cuando llegó junto a nosotras. Dejó un beso sobre la mejilla de Alice y me rodeó luego con sus brazos, descansando ambas manos sobre mi panza donde descansaba nuestro primer hombrecito.
—No eres el centro del mundo, Masen, supéralo.
Ella entornó sus ojos haciéndome reír.
—Solo necesito ser el centro del mundo de Bella, pequeña.
—A veces extraño al amargado del centro, ¿sabes? Eres tan… cursi.
Edward sonrió y escondió su sonrojado rostro en la curvatura de mi cuello.
—No lo avergüences, y ve por tu hombre, nosotros esperamos aquí.
Ella me guiñó un ojo y desapareció por la puerta de la cocina.
Edward me giró entre sus brazos para quedar frente a frente. Mi barriga de seis meses haciendo de barrera entre nosotros. Era mágico cada vez que él posaba sus manos sobre mi panza, la delicadeza que empleaba para hacerlo, la dulzura en sus facciones, como parecía que el mundo no existiera a su alrededor. Yo amaba tanto a este hombre.
—Te amo.
—También te amo —murmuré sobre sus labios—, no tienes una idea de cuánto.
—Te quiero conmigo, para toda la vida. —Besó mis labios con fuerza—. Gracias por todo lo que me has dado.
—Edward… —El tono de advertencia en mi voz lo hizo reír.
—Debo agradecerte —susurró, tomando mi rostro entre sus manos—, nunca pensé que podría ser así de feliz. Tengo dos hijas preciosas a las que adoro con mi alma y por las que daría mi vida. Un pequeño bribón que viene en camino… Pero me falta algo.
Fruncí el ceño.
—¿Qué es lo que te falta?
—Una esposa.
Tragué saliva y abrí mis ojos de par en par.
Miré hacia todos lados, Alice y Garrett estaban espiando la escena desde el ventanal de la cocina. Edward se arrodilló frente a mí, tal y como esa primera vez que nos vimos luego de largos y arduos seis meses. Pero esta vez era distinto, las lágrimas no estaban en su rostro, el remordimiento y dolor no marcaba sus hermosas facciones. Ahí solo había paz, tranquilidad y amor.
Mucho, mucho amor.
—¿Sabes? Desde que te vi al salir del centro, supe que el doctor Cullen se había equivocado en una cosa. —Lamió su labio inferior y sacó una pequeña cajita desde el bolsillo trasero de su pantalón—. Y es que nunca dejaría de ser un adicto —confesó, fruncí el ceño por sus palabras—, porque siempre seré adicto a ti. Tú eres y siempre serás mi gran adicción, Isabella Swan, y no sabes lo feliz que me haría saber que podré tenerte para toda la vida. Amor, ¿aceptas ser mi marca de heroína?
El hombre frente a mí era un hombre nuevo.
Con un pasado como todos, pero que había superado por sus propios medios.
Un valiente y dulce hombre que la vida había golpeado una y otra vez, y que no le había dado oportunidad de levantarse. Hasta hace cuatro años. Porque a veces el amor sí lo puede todo, y, a pesar de lo que digan, todos merecemos nuestros finales felices.
Sobre todo Edward.
Sobre todo mi Edward.
—Sí, seré tu marca personal de heroína por lo que me quede de vida e incluso más.
FIN.
¡Buenas tardes!
Yo enserio lo iba a subir el jueves pero el Ice Bucket Challenge de Rob me alegró tanto que aquí tienen el epílogo.
¡Muuuuuuuuuuuchas gracias a todas ustedes que se dieron el tiempo de leer esta historia! Y gracias infinitas a Sarai por acompañarme en esta nueva locura y ayudarme con el beteo de la historia, ¡graaaaacias mujer, eres un sol por aguantarme! :3 Gracias enormes también a ustedes por acompañar a Edward en este camino de superación, realmente, espero de todo corazón que les haya gustado de principio a fin. Aquí les dejo el POV Bella que tanto me pedían, hahaha. Y, hice algo imperdonable para mi, dejé a Alice con otro que no era Jasper (Jasper está aquí conmigo, para ser honestas) Nunca pensé que podría hacer a mi Jasper así, este fic me demostró lo contrario, bwahahaha. Nunca pensé escribir un género más allá del humor, pero quise probar con algo más y es todo culpa de esa canción de Kodaline que me parte el cucharón hahaha. ¡Y aquí sí que está el fueron felices por siempre! Mi nene se lo merecía, yo no podía simplemente arruinarle la vida y dejar un final triste, me corto los dedos para no escribir más si la idea hubiera pasado por mi mente XDDD
Aquí termina una nueva historia que espero hayan disfrutado tanto como yo lo hice escribiéndola :3
¡Gracias nuevamente por todos esos reviews, alertas y favoritos que me dieron! ¡Nos estamos leyendo en mis otras historias!
Lamb~
