Gracias a Neyade, Koumal Lupin-Nott, Vampisandi y Nimue-Tarrazo por sus reviews :DD/
Diclaimer: Harry Potter no es de mi propiedad.
Palabras: 718
Notas: Aquí vemos más de Theo (y Pansy ) como mortífago, espero que les guste :) La siguiente viñeta será menos seria, y un poco… crack (suponiendo que se le diga así XD).
Tabaco
La noche despunta. El cielo se aclara con los primeros rayos de sol, lenta pero inexorablemente. Cuando Theodore y su grupo comienzan el recorrido aún quedan estrellas de tintineo leve y la luna, pálida y vaporosa. Hace frío, lo cual ha obligado al grupo a abrigarse más de la cuenta, debajo de su característico uniforme.
Llegan a su destino, un territorio con ruinas de una oscura edificación, recientemente destruida: La imponente Azkaban. Los cuerpos que ofrecieron batalla en el sorpresivo asalto aún permanecen allí, enemigos y aliados. Nadie los cogerá y les dará una debida ceremonia.
El grupo en donde Nott forma parte ha ido a registrar a los caídos de ambos bandos. Se dividen en siete grupos, de dos personas cada uno, para recorrer el lugar. A la hora de identificar los cuerpos, se llevan una gran decepción, seguida de una ira que acaba siendo alimento para su odio. La mayoría de los muertos, todos decapitados, son de los suyos. Hay magos reconocidos, respetados, temidos. Su señor no estará conforme con la noticia.
Pero el odio que siente Theodore no tiene nada que ver con ello.
La cabeza de su padre se encuentra encima de un montón de rocas de aspecto inestable. Parkinson le hace el favor de bajarla ya que él no se ve en la capacidad de hacer ningún movimiento. Se ha quedado paralizado de la impresión, y en su áspera mirada sólo distingue la cabeza flotante de su padre dirigiéndose a él. Su rostro se deforma por el desconsuelo, el dolor y la desesperación.
Quiere jalarse de sus cabellos, gritar, alejarse de allí, confinarse en una habitación apartada, tumbarse, y ser olvidado por todos, incluyéndose a él mismo. Quiere despertar de aquella pesadilla pero le aterra descubrir la macabra realidad.
No hace nada de eso.
Trata de recuperar su raciocinio y de tomar la situación con la profesionalidad que debe de tener un mortífago, pero falla al desgarrar de su garganta un quejido lastimero cuando la cabeza de su padre se posa frente a sus pies. La expresión del cadáver destila una combinación de odio, horror y furia, y sangre seca empaña su rostro.
Theodore se marea, le parece que vomitará de un momento a otro.
-¿Afectado, Nott? –pregunta Pansy, intentado sonar condescendiente.
Theodore niega con la cabeza, agachándose. Sus manos temblorosas vacilan en agarrar la cabeza, pero termina haciéndolo con cuidado.
-Padre… -murmura. Las lágrimas, ocultas tras la máscara, le queman la piel al resbalar por sus mejillas-. Jamás pensé que acabaría así…. –se calla. Su voz suena desfigurada por los sollozos.
Presenta un aspecto lamentable, y poco común en él. La mayor parte del tiempo parece inalterable. Y Pansy se siente incómoda, y ella acabaría con la escena si estuviera en sus manos hacerlo. Ella es la que se altera, la emocional, la que puede destruir construcciones enteras sólo con exaltarse, la que llora con la misma facilidad con la que se enfada. Ella es la débil por no saber controlar debidamente sus emociones, no Nott. Él no llora, no se enfurece, no se deja llevar por lo que siente. Él es frío, calmado y meditativo. Demasiado meditativo. No se derrumba nunca.
Theodore sale de sus reflexiones al mismo tiempo que Pansy oculta sus preocupaciones.
-Dame un cigarro… -dice Theodore en voz baja.
-Tú no fumas.
-Sólo dámelo.
Pansy busca en sus bolsillos. Saca de la caja casi vacía uno y se lo pasa.
-Ten, pero es una deuda. Me tendrás que comprar otra caja al acabar con esto.
Theodore asiente sin escucharla realmente, prende el cigarro con la varita y le da una calada que lo deja tosiendo, casi ahogado. Jamás pudo aprender a fumar.
Recuperándose, coloca el cigarro en la boca de su padre. A Pansy le parece extraño, pero se abstiene de preguntar.
-A padre le gustaba mucho fumar… -explica Theodore en un murmullo, como si le hubiera leído los pensamientos a Pansy-. Demasiado, para serte sincero.
-Ya veo…
-… Juraba que moriría por alguna falla respiratoria –Theodore sonríe como si se tratara de un mal chiste. Pero es una sonrisa cansada, deprimente-. Uno se puede a llegar a equivocar mucho –dice con voz adolorida y resignada.
Permanecen en silencio, sin que haya falta de agregar algo más. Y se quedan a esperar a que el cigarro se consuma.
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