DISCLAIMER.- YA SABEMOS QUE NO SOY DUEÑA DE INUYASHA...ES TODO IDEA DE DOÑA RUMIKO T.
CACERIA II
Detuvo sus pasos a poca distancia del campamento…la suya era una raza diseñada para la caza elegante, acechar era su segunda naturaleza. Había estudiado a la hembra durante varios meses, ya conocía sus extraños hábitos nocturnos.
Pronto dejaría la protección que le ofrecía el fuego y la presencia de sus aliados, para deambular sola entre los árboles. Lo hacía cada noche, en las narices de sus pretendidos guardianes.
Se quedó quieto, volviéndose uno con la rama del árbol sobre la que descansaba.
Había hecho todo mal desde el principio. Quiso ser el primero ante sus ojos, el más interesado en ella, reclamarla antes de que los otros vieran la joya que descansaba al costado del Señor del Oeste. Ella no lo conocía, y por supuesto, interpreto todo mal.
Se había disculpado…algo que no había hecho jamás ante nadie. Pero tenía la firme convicción de que para ella ese tipo de cosas eran importantes. La había visto por primera vez, durante una cacería. Un aroma suave lo distrajo, el pulso de energía espiritual no lo intimidó, había tanta calma en la energía. Ella estaba sentada en la hierba. El hanyou hijo de Inu no Taisho, reposaba la cabeza sobre sus muslos mientras ella corría lentamente los dedos entre las hebras plata de su cabello.
Ambos profundamente calmados, la mujer sonreía…Y entonces quiso sentir algo así…
Desde ese momento comenzó a observarla. Siempre escondido, entre las altas ramas de los árboles. La veía reñir con su compañero, jugar con el kitsune y los niños humanos de la aldea, recolectar hierbas al amanecer para ayudar a la anciana sacerdotisa… La rutina de la mujer, su día a día; fue absorbiendo su atención. Comenzó a disfrutar su compañía a la distancia, y al principio eso bastaba…
Un día se acercó a la aldea y no quedaba nada en pie, una sensación extraña se instaló en su pecho, pero lo dejó correr. Los humanos tienen vidas muy frágiles. Cuando lo convocaron al palacio del Oeste, lo último que esperaba era encontrarla de nuevo en el palacio de su Señor. Viuda.
Cualquiera podría apelar a su mano, en cuanto el duelo pasara…y habló sin pensar, dejando que su impulso youkai se manifestara en su yuki, asustándola.
Y ahora, ella cambiaba su hermosa sonrisa por una expresión de miedo en cuanto él se acercaba.
Detuvo la marcha de sus pensamientos en cuanto escuchó el suave rumor de pasos entre la hojarasca, cómo esquivaba a los guardias…era un misterio. La silueta envuelta en seda oscura se acercó, hasta sentarse, con la espalda reposada contra el tronco del árbol, justo bajo sus ojos.
El cabello largo, más allá de la cintura descansaba en una gruesa trenza sobre su hombro izquierdo, las manos de elegantes dedos largos, se escondían dentro de las mangas de su atuendo. No alcanzaba a ver más. Lentamente se deslizó hasta permanecer de pie junto a ella, oculto por el tronco del árbol…un movimiento en falso y perdería la vida a causa de su poder espiritual.
No era su belleza lo que lo atraía, aunque hermosa; en su propio hogar tenía cortesanas mucho más agraciadas físicamente, algunas de ellas muy poderosas. Sin embargo no eran nada más que un ornato en su palacio vacío.
- Buenas noches, Señora Kagome – Se aseguró de modular la voz, apenas lo suficiente para que ella lo escuchara. La joven se puso de pie bruscamente, llevando ambas manos al frente mientras el suave brillo rosado acudía a su piel.
- ¿Qué es lo que busca? ¿Por qué me acecha? – Aunque su voz temblaba un poco, el poder sobre ella se mantenía constante. Kento levanto las manos, en un gesto tranquilizador.
- Tengo información para el Señor Sesshomaru
- Sabe dónde está el campamento, él duerme ahora
Las manos de la joven bajaron, pero aun conservaban el brillo amenazador. El youkai se acercó un par de pasos más
- ¿Me permitiría hablar con usted, Señora?
- No creo que sea apropiado…
- Sé que tienes miedo de mí…yo…quiero…me gustaría que no fuera así. No tienes nada que temer conmigo.
- Kento, yo no te conozco…
- Yo te conozco…- Kagome se sobresaltó un poco al escucharlo, el youkai siguió hablando - Te gusta levantarte al alba y ver el amanecer, jugar con los cachorros y cuidar al pequeño kit que has tomado como tuyo…Shippo. Eres diestra con las plantas, y tus habilidades como sacerdotisa son cada día mayores.
Kagome se quedó quieta, sin saber qué hacer con respecto al youkai frente a ella. El yuki del macho rodeándola, expandiéndose ante ella mostrándose sin segundas intenciones.
- Se cuánto amabas al hanyou…tu sonrisa lo mostraba espléndidamente. Yo…se lo que es amar…y perder al que amas
- Los youkai no tienen sentimientos
- ¿Eso crees? - Kento se acercaba aún más, el aroma de la joven le llegaba suavemente, el youkai inhalo profundamente saturándose con el delicado aroma – Tal vez no conoces bien a nuestra raza.
Kento tomó una de las manos de Kagome entre las suyas. La calidez y suavidad de la piel le abrumaba, agradecía que la joven le permitía tal acción pero no aceleraría las cosas, aún había tiempo…lentamente liberó los dedos de la mujer.
- Te pido la oportunidad de mostrarte que soy digno de tu confianza Señora Kagome
- Kento…
El youkai se alejaba lentamente, permitiendo que su aura avisara su presencia al Señor del Oeste.
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Sangre goteaba lentamente hasta el suelo cubierto de hojarasca. El sonido del bosque se opacaba por el rumor de su yuki, zumbando contra la contención que obligaba la energía dentro de su cuerpo.
Escuchaba cada palabra, casi se relajó cuando ella elevo las manos para defenderse…Pero el corazón de la joven era tierno, y el youkai estaba jugando bien sus cartas.
Era humillante estar ahí acechando a una humana. Cada noche seguía sus pasos en la distancia, la veía pasar horas con la mirada perdida en el cielo.
Tiempo que el pasaba preguntándose que estaba mal con él. Ella reunía todo lo que le molestaba en más o menor grado.
Y sin embargo…ahí estaba observando como otro macho se atrevía a acercarse a ella.
A tocarla
La ira estuvo a punto de conseguir transformarlo…tomar al youkai por el cuello y apretar hasta que la vida se escapara ante sus ojos.
No tenía derecho a tocarla
-…Nadie lo tiene…- Dio un paso decidido a quitar el olor del macho de la pequeña humana, no quería otro olor sobre ella que no fuera el suyo.
- Espera - Una mano con bandas negras en las muñecas, sujetó firmemente su brazo. Sesshomaru volvió la mirada carmesí hacia Kai. La energía suave del youkai manando en olas hasta él. El oro llenó sus ojos nuevamente. Mantuvo la mirada fija en las pupilas rojas del Daiyoukai del este. No había forma de escabullirse esta vez…
- Suéltame Kai
- Cuanto tiempo más vas a pretender que ella no te importa
-…
- ¿Vas a conformarte con esto? Acecharla entre las sombras, saltando sobre cualquiera que tenga el coraje de hacer lo que tu no.
- Soy un Daiyoukai.
Kai dejó que una mano descansara en el hombro del youkai presionándolo suavemente, conocía a su amigo; había mucho más que eso en su mirada. Con un suspiro, completamente impropio de un Daiyoukai de sus años, Kai liberó a Sesshomaru, mientras se acercaba a la joven sacerdotisa
-Vuelve; Kento está esperando, yo cuidare a la humana en tu lugar…No mates a Kento
- Hn.
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Sesshomaru y Kento se mantenían en silencio, el youkai pantera le había presentado información valiosa. Kagome y Kai habían llegado a tiempo de escuchar la mayor parte del informe.
- Una emboscada nos aguarda en el siguiente pueblo…al parecer no hay sino sacerdotisas, monjes y youkai renegados haciéndose pasar por aldeanos. – Sesshomaru hablaba fríamente, sin perder detalle a la sonrisa tímida que Kagome le dedicaba al Señor pantera.
- Debemos evitarla y rodear por el acantilado- Kai veía atento el mapa que se extendía frente a ellos.
- Perdón Kai…pero creo que lo mejor sería entrar en el poblado – Kagome observaba atentamente el mapa, antes de elevar la mirada hasta Sesshomaru – Kento ha dicho que esta emboscada se realizará con la totalidad de los rebeldes
- Así es Señora Kagome…
- Ya veo…el plan es caer en la trampa para acabar con ellos – La expresión asesina de Kai se perdió cuando fijó los ojos en el rostro de Kagome, distraída unos momentos en la mirada fija de Sesshomaru. Dio un toque tentativo en la mano de Kagome, que levemente sonrojada devolvió la atención a Kai.
- Lo siento…es que…no me agrada matar…- Kagome alternaba la mirada entre Kai y Kento, evitando las gotas de oro líquido que seguían fijas en ella.
- Vas a volver al Oeste – La voz de Sesshomaru retumbo de forma oscura en el aire. Listo para el arrebato emocional de la joven. Sorprendido cuando todo lo que hizo fue encogerse de hombros y alejarse lentamente de él. Por un momento pensó que había sido más simple de lo que esperaba. Hasta que la voz de la joven se escuchó mientras ella se tendía de nuevo a dormir
- Claro…en cuanto hayamos terminado con esta guerra absurda…
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- Los Señores youkai del este y Oeste siguen acercándose al corazón del Shiro del este, la sacerdotisa va con ellos mi señor.
- Eso es un problema que no necesitamos, nuestro maestro aún no está listo…debemos hacer que bajen la guardia. Es una pena perder tantos elementos, pero el fin lo justifica. ¿Cómo vas con la mujer?
- Estoy acercándome a ella, mi señor. Pronto su confianza será total
- Excelente. Llegado el momento deberá elegir si aliarse con el maestro…o morir. Mantente cera de ella
- Si mi señor.
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SUS OPINIONES SON MI MAYOR FUENTE DE INSPIRACION ¡ALIMENTA A LA NEURONA JOROBADA!
BESOS
mistontli
