Im back! ¿Quién me extrañó? Sorry por los errores toda la fiaca de corregirlos.


Si su semana hubiese sido normal, probablemente no estaría en esa estúpida situación y en la misma habitación que todos ellos. Debería haberlo sabido desde el día en que volvieron a la mansión Sakamaki. Nadie más que Subaru sabía de la condición de Umiko quien no había corrido a sus hermanos gritando "eel lobo se quiere comer las ovejas". Había guardado el secreto dejando descolocadas a las dos hermanas mayores.

Pero esa no había sido el primer mal de su semana. Todo había comenzado ya en su cuarto.

Akane salió de darse una rápida ducha el frío entumecía sus músculos y eso era un claro signo de que su cuerpo sabía que la luna llena estaba llegando. Tras ponerse su ropa interior, sintió un leve mareo. Estaba débil. Siempre le ocurría desde que tenía memoria. Sus padres le habían adjudicado una leve anemia. Y luego al saber la verdad todo se había ido al demonio.

Se recostó en la cama por si llegaba a desmayarse y al molestarle la luz se tapó los ojos con su brazo. un grave error. Imágenes se contradecían en su cabeza. La de los hermanos Sakamaki y Mukami, contra el vampiro que había jurado asesinar. ¿ Tan mal había estado toda su vida? Su estómago se contrajo de la culpa al pensar en que ella podría tener las manos manchadas de sangre de inocentes.

Oyó el chasquido de su pierta al abrirse o cerrarse y se incorporó rapidamente para ver al intruso. Ruki Mukami se hallaba en su cuarto observandola con algo parecido al interés. Claro, ella estaba semi desnuda delante suyo. Ella entrecerró los ojos y le siseó demostrándole que pasaría si no se iba. Pero los ojos del Mukami no estaban en su rostro, recorrían su cuerpo analizandolo. Entonces recordó porque ella detestaba mostrarse en bikini.

- Está la cena lista.- pareció volver a encontrar su voz el vampiro.

Ruki salió al pasillo rápidamente antes que Akane le atizara con algo. Camino rapidamente por el pasillo (nno fuera a ser que la loca lo siguiese con algo igual) y se detuvo a verificar que no lo siguiese. Se apoyó en la pared soltando un suspiro. Solo una cksa había quedado de ver a Akane así. Bueno, dos... oero una solo le daba curiosidad y la otra cierta incomodidad en el pantalón.

Pequeñas y pálidas cicatrices a penas perceptibles decoraban la piel de Akane. ¿ Qué le había sucedido? No eran una o dos... Parecían muy viejas. En eso pensaba... cuando se chocó contra Ayato.

- Mira donde caminas, molestia.

- Lo mismo te , ¿ Sabes que puede ocasionar múltiples cicatrices?

- Mm?


Luna creciente: Wounded


Akane estaba dispuesta a dejar pasar el incidente con Ruki por alto. Si nadie la había molestado hasta ahora con ello, no iban a hacerlo. Estaba volviendo a su habitación( con la casa extrañamentw vacía) cuando pasó por el cuarto del indeseable número uno. Oh, si, Ayato Sakamaki. Su curiosidad fue demasiado fuerte al ver una féretro de madera en el interior asi que se metió seguida por la intriga. ¿ Por qué demonios Ayato tendría un bendito ataúd en medio del cuarto. Para su gran decepción estaba vacío pero era exactamente de la talla de un humano promedio. Una idea estúpida pasó por su cabeza. Estúpida y macabra.

¿ Sería ese un ataúd para ella? ¿ Era una premonición de lo que le iba a pasar si seguía ese camino que ella tan ansiosamente había elegido? Como broma de su propia ocurrencia se metió allí y bajó la tapa por curiosidad de cómo sería estar alli dentro. Había escuchado terribles historias de mujeres y hombres que habían sido enterrados con vida. ¿ Qué se habían encontrado al despertarse? El ambiente no le molestó. Era cálido. Estaba completamente oscuro... aunque era molesto pensar en la tapa de madera sobre ella, no le incomodaba. Es más era acogedor. Bostezo al encontrarse exactamente en el típico ambiente en el que dormiría. No le gustaba ni un ápice de luz cuando intentaba dormir. La molestaba. ¿ Hace cuanto que no dormía más de dos horas seguidas? No alcanzo a recordarlo. Sus párpados le pesaron e internamente se dijo a si misma la más grande mentira que pudo haberse dicho:serán solo unos segundos.

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Algo mojado contra su cuello la hizo despertar de golpe. Su mirada se enfocó en medio de la oscuridad reinante y la molestia de no tener el suficiente espacio la atormento. Lo extraño era que hace un momento estaba genial... cuando recalibro su mente somnolienta, sintió el aliento de alguien contra su cuello y otra lamida. Sus ojos se ajustaron a la oscuridad automáticamente y casi profesa un grito al encontrarse con dos pares de ojos mas.

- No te muevas, melones.- sonrió Ayato saboreando su piel.- Eres realmente traviesa, ¿ a que si?

Por reflejo ella trató de alejarse inútilmente. El maldito sarcófago estaba cerrado y a penas cabían los dos separados.

- Si te mueves mucho, van a pensar los demás que estoy haciendo otra cosa con una mujer...- se le burló el pelirrojo como de costumbre. - Salvo que quieras que piensen que estamos teniendo sexo salvaje aquí dentro, picarona.

- No me molestes, sanguijuela y déjame salir de aquí ahora.

- Mjm, no creo que quieras eso... Te metiste por tu propia voluntad a mi cuarto. ¿ Me estas dando una invitación a torturarte, Akane?

- Abre la fucking tapa, vampiro. O juro que te mataré.

Akane sintió los dedos fríos de Ayato meterse por debajo de su falda entre sus muslos y acariciarla por sobre sus bragas. Un gruñido de advertencia salió de entre sus labios. Pero se sorprendió de sentir sus dedos volver por sobre sus muslos y tocar una hendidura en su piel... una de sus marcas casi invisibles en su piel.

- Puede que Ruki no tenga tanta experiencia en esto, traviesa, pero yo... reconoceria este tipo de marca donde fuese.- se mofó el Sakamaki con esa típica voz suya de señor todo poderoso.

Podía sentir la mirada del vampiro en ella analizando sus reacciones. Akane trato de no dejarle entrever nada.

- Yo mismo le he hecho varias a un par de mujeres. Dime, Akane, ¿ tienes estas cicatrices en otro lado? ¿ Por qué las tienes?

Akane se rehusó a contestar. Primero muerta antes que decirle a un chupasangre el porque de sus cicatrices más viejas.

- Déjame salir o te mataré. - volvió a amenazarlo.

Estaba lista para embocarle un puñetazo en la cara de ser falta. Al parecer no fue necesario. Ayato abrió la tapa del cajón y se quedó recostado esperando que ella saliese. Akane se incorporó de costado y sacó el torso dispuesta a irse. Confío demasiado rápido en el vampiro. En cuanto vio que bajó la guardia, Ayato la volvió a arrastrar pero esta vez debajo suyo aprisionandola con su cuerpo. Tomó sus muñecas con una mano y notó más cicatrices en los brazos. Realmente no parecía sorprendido.

Akane forcejeó sin éxito tratando de liberarse mientras Ayato la recorría con la mirada y con un poco mas de luz.

- Me estaba preguntando por qué tu odio hacia los vampiros. ¿ No me digas que algún ex novio te rompió el corazón tras utilizarte de bolsa de sangre? ¿ Te hizo suya hasta el cansancio, melones? ¿ Te mordió en lugares más íntimos?

Ayato lamió de nuevo su lóbulo y su cuello con deseo. El también quería probar su sangre. Arrancó su camisa haciendo saltar los botones y dejó los abundantes pechos de Akane expuestos para él. Le gustaba esa vista. Quería enterrar su rostro en ellos y succionar hasta que se corriese. Pero no vio marcas que esperaba ver. Estas estaban más estiradas, más viejas incluso. Ayato solo pensaba en una forma que la cicatriz de una mordida haya quedado de ese modo... que la hubiesej mordido allí antes de que desarrollase su pecho y que hubiesen crecido sus senos. Un momento en que todavía Akane era plana. Dudaba seriamente que Seiji Kkmori la hubiese dejado tener un novio vampiro bajo su tutela. La idea parecía estúpida de solo oensar en un exterminador y... él solo lo había dicho para molestarla a sabiendas que esas marcas eran muy similares a las que hacía la mordida de un vampiro.

Eso significaba... que si no le habían hecho esas mordeduras en batalla... y por la apariencia y el lugar donde se encontraban esas cicatrices... tan íntimas y viejas... que se las hicieron antes de que ella conociese a Seiji Komori, antes de sus cinco años. Akane aprovecho al atónito Ayato para liberar parte de su bestia interna que ansiaba partirlo en dos de un golpe. Se zafó del agarre del pelirrojo con facilidad gracias a su estado salvaje y golpeó en el pecho al vampiro mandando lo por los aires. El ataúd quedó hechk trizas... y escapó a toda velocidad de la habitación antes de reculerar el control. Pero el daño ya estaba hecho y Ayato empezaba a sospechar del origen de esas marcas en su piel. Marcas con una historia demasiado sombría para una niña. ..


Tsubasa llegó a la mesa donde Akane esperaba a todos para almorzar. La pollera a tablas del uniforme volaba peligrosamente con los saltitos que daba la pelinaranja a propósito para atraer la atención masculina del 99% de la poblacion. A Akane no le molestaba. Despues que se atuviese a las consecuencias. Cuando se detuvo frente a ella, movió un objeto frente a su cara como un péndulo interrumpiendo su lectura.

- Neee chaaaan.- la llamó al ver que no le daba el apunte.

Con desgano Akane miró el objeto. Era un celular. Rosa fucsia con una carcasa de corazones y cupidos. Y un colgante lleno de flores digno de Tsubasa. De haber sido de otra persona le hubiese extrañado algo tan... rosa. Siendo de Tsubasa lo que le sorprendía era que el celular no tuviese un maldito vestido con volados... Y bueno, después estaba el hecho de que ninguna podía permitirse comprar un celular con el sueldo que les pasaba la Iglesia.

- ¿ No es bonito?

- ¿ Que pene tuviste que chupar para que te regalasen algo así? - fue directo al grano la mayor.

La cara de Tsubasa se puso roja de la indignación de esa suposición. Pero bueno... ella solía hacer cossas así. Y kou había sido una de sus víctimas.

- Me lo regaló Kou. Y Yuma le regaló uno a Natsumi, y a Umiko le regaló Asuza también uno. Y ellas no creo que le hayan hecho ningún favor sexual a nadie.

Justo en ese momento llegaron las aludidas. Cada celular estaba personalizado para cada dueña en honor a sus gustos. A Akane le daba curiosidad que habían pedido a cambio de esa tecnología.

- No entiendo a que viene tanta generosidad... menos para que necesitarían uno.

- En tu caso, especialmente tú necesitas uno.

- ¿ Por qué? - preguntó a Ruki que se había acercado a la mes.a.

El chico le sonrió con superioridad tendiendole un celular de color negro con detalles rojos. Era sencillo y macizo. Pensado seguramente para ella.

- Siempre te metes en problemas, me dice mi sexto sentido, Chikage. Asi que me tomé la libertad de comprarte uno y agendar todos nuestros contactos en caso de que necesites ayuda.

- ¿ Por qué llamaría a un vampiro en caso de emergencia?

Ruki solo sonrió y le dejó el celular en la mesa. Akane lo vio irse y meditó la opción de dejar el celular nuevo allí tirado. Con una leve mordida en el labio lo guardó en su bolso. No había que desperdiciar las oportunidades...


Shu entró a la sala rapidamente fijádose que ninguna de las "primas" de Yui estuviesen presentes. Todos se sorprendieron por su actitud antes de dejarse caer en un sillón.

- Hay algo importante de lo que les tengo que hablar. Natsumi me dijo que Akane y Umiko planean irse de lacasa,y eso implica que ellas también lo hagan.

- Pero...- comenzó Yui sentada en el regazo de Kanato.- ¿Por qué? Pensé que les gustaba aquí...

- Al parecer las dos mayores no estan del todo de acuerdo.- maldijo por lo bajo Subaru.

- Creo que el problema central yace en su líder.- suspiró Ruki mirando por la ventana.- Akane no confía en nosotros.

Reiji dio un paso hasta la bibliotea donde Natsumi había dejado el libro que se había traido de la playa, la supuesta enciclopedia escrita por su padre.

- Me atrevo a agregar que nos odia.- complementó lo que el Mukami había dicho.

Yui negó con la cabeza. Ella no recordaba a Akane así. La pelinegra siempre había sido la hermana mayor del grupo, la que cuidaba de todas y protegía a cada ser viviente bajo su techo. No mataba ni siquiera a las arañas. Valoraba cada ser vivo y lo respetaba. Sus mejores recuerdos con ellas habían sido en el bosque o yendo de paseo en el campo. Una vez Akane le había adiestrado un tordo, otra le había enseñado a llamar a los ciervos y no espantarlos. Akane había sido eso para ella... Un hermana mayor de la que aprender, tan distinta a la mujer que veía ahora. Llena de odio y rencor.

- No lo entiendo.- se negó Yui.- Ella no es así, ella...

- Tal vez siempre fue así.- bufó Laito amargado por la idea de que Tsubasa se fuese.

- Solo que koneko-chan no podía verlo porque ni siquiera sabía que ella era una exterminadora...

Los ojos de Kou también estaban frívolos y distantes hablando de Akane.

- Tal vez habría que matar a Bitch-chan.- sonrió Laito.- No podrá contra todos.

- O...- comentó por primera vez Ayato en la discusión.- Podrían averiguar que oculta, a que teme que sepamos o que es lo que motiva ese odio y usarlo en su contra.

Shu alzó las cejas sorprendido de que Ayato diese una propuesta tan diplomática. No se esperaba nada de él. Es más, se hubiese esperado que aceptase gustoso la idea y que se ofreciese a abrirle el estómago de una puñalada.

- Tsk... Encontrar los secretos de esa mujer es más difícil que convencerla de tener sexo con un vampiro.- gruñó Yuma.- No vas a sacarle nada, es imposible.

Ruki y Ayato se miraron por primera vez en toda la charla.

- Salvo que...- notó Asuza.-Ya hayan descubierto algo.

- Digamos que estoy en buen camino.- flotó Ayato en el aire con sonrisa socarrona.- Dejenmelo a mí. Tarde o temprano la dejaré al desnudo.

- Juju.- rió Laito.- Me sorprende lo emocionado que estas con hacer eso. Tal vez Akane sea más dócil de lo que pensamos si se la deja literalmente al desnudo.

Los ojos de Ayato brillaron peligrosamente y siseó.

- Es mi presa. No creas que voy a compartirla, pero donde yo fracase, puedes intentarlo gustoso.

- Muy bien.- los interrumpió Reiji al ver que podía ponerse más fuerte la discusión.- Ahora, alistense... Tenemos colegio.

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Akane gruñó otra vez al verse en la puerta del shopping. Era una molestia tener que gastar la poca plata que recibía en nuesvos conjuntos de ropa debido a lo que había destrozado la luna llena anterior. Tsubaki generalmente era la que iba y compraba ropa ppr ella pero como tenía un trabajo práctico de educación civica (y se veía muy entusiasmada por ello), Akane había insistido en que se quedase a hacerlo y ella le pediría consejo si lo necesitaba. No todos los días sus hermanas estaban entusiasmadas por ir a la escuela... y cadi nunca podían considerarse normales y tener vidas comunes. Con un bufido entró al lugar yendo directamente a la parte de remeras y agarró un par que le gustaron sus diseños en negro y blanco. Su vestimenta generalmente eran esos colores y alguna que otra camiseta con colores azules oscuros o rojos. No tenia mucho tiempo para ser femenina o ponerse colores claros que podrían terminar rotos y sucios.

Era más del estilo jeans, remera, una camisa a cuadros y una campera. Botas o borcegos en los pies. Pero no mucho más. Si la situación requería algo más femenino siempre le podría robar alguna prenda a Tsubada o a Umiko (las de Natsumi eran demasiado pequeñas para su busto). Iba de camino al probador cuando cruzó la sección de ropa interior. Con otro largo suspiro se encaminó a elegir unos cuantos. Había roto dos pares la última luna llena y se detestaba por ello. Agarró un conjunto de encaje negro (se iba a arrepentir demasiado si llegaba a romperlo pero era demasiado bonito). Sus ojos automáticamente se fijaron en un conjunto traslúcido y de color rojo sangre. Sus pensamientos se dispararon hacia una persona que tenía el mismo color en el pelo.

Se quizo dar un golpe en medio dela tienda. ¿Por qué pensaba en el Sakamaki más molesto del universo? Negó con la cabeza confundido y agarró el conjunto llevándoselo al probador. No tenía tanto dinero así que decidió recurrir a Tsubasa como método de descarte. Nadie mejor que ella para una segunda opción. Se probó la ropa interior roja y agarró el nuevo celular que le había dado los vampiros. Ni siquiera sabía como usar uno de esos. Tomó una foto y se la mandó a Tsubasa... O eso creyó.

-Mjmm...Ayato que eso era para mí.-le llegó un mensaje del pelirrojo insoportable número 1 al rato.

- ¿Qué significa?- preguntó confundida hasta que notó el mensaje anterior que equívocamente le había mandado.- Oh, por Dios. ¿Te lo mandé a tí?

- Aparentemente. Que linda sorpresa me has dado, Melones.

AKane maldijo hasta los cielos. Hasta podía escuchar la risilla insoportable de Ayato.

-¡ Elimínala! Fue un error. No estaba tratando de mandártela a tí en primer lugar.

- Espera. ¿A QUIÉN le ibas a mandar eso?

Akane se mordió el labio. ¿Por qué le tenían que pasar estas cosas a ella?

- Ugh, no es de tu incumbencia. Solo deshazte de la foto.

- Nah.

- ¿A qué te refieres con "No", imbécil?

Pudo soltar un gruñido ronco mitad humano, mitad bestia. Ese hombre la exasperaba realmente todos los días.

- Primero que nada no dije no.

- Entonces vas a borrarla.- enarcó una ceja confundida.

- No. Admite que compraste eso para mí.

- ¡¿Estás demente?! Jamás compraría algo así para tí, sanguijuela.

Lanzó el celular del otro lado del probador con fuerza pero este ni se rompió. Al cabo de un rato volvió a vibrar una y otra vez como buscando su atención. El sonido le molestaba así que lo leyó. No porque le interesase lo que dijese Ayato Sakamaki.

- No te creo, hasta apuntaste a tus preciosos pechos.

- ¡¿Por qué compraría lencería para tí de todas las personas del universo?!

- ¿Por qué no lo harías?

Las uñas de Akane se alargaron en garras. ¿Entendían a lo que se refería? Era absolutamente exasperante. Quería ahorcarlo con sus dos manos y lo disfrutaría.

- Prometo que nadie verá nunca la foto si me dices la verdad de por qué ibas a comprar eso. Lo juro por mis hermanos.

Akane se mordió el labio. ¿Confiar en la promesa del vampiro? No perdía nada intentándolo.

- ¿Por tu vida?

- Tengo la palma de mi mano sobre santos evangelios si te ayuda a confiar.

Akane medio sonrió. No servía nada jurar sobre evangelios si no creías en esa religión. Un verdadero estúpido...

- Vine a comprar un par de cosas y generalmente Tsubasa me ayuda en estas cosas, vi el color y me recordó ttu color de pelo, así que me lo probé y traté de mandarle una foto a Tsubasa... Pero este celular endemoniado no sirve.

- Entonces, según lo que entendi, mientras te estabas comprando ropa interior sexy, en todos el tiempo estabas pensando en mí.

- ¿Qué?¡No! Eso no es el punto del asunto.

- Yeah, yeah, lo que sea. Sabía que no podías resistirte por mucho tiempo.

- Ugh será mejor que te encargues de que esa foto desaparezca, Sakamaki, o tu pene no quedará pegado a tu cuerpo mucho tiempo.

Tomó todo y corrió a la caja a pagar. Le importaba un pito lo que le costase ahora, tenía que verificar que el bastardo de Ayato eliminase la foto. Con las bolsas en mano se subió a su moto y volvió a la casa con unas cuantas infracciones para ella (ya vería de que Tsubasa convenciera a alguno de los vampiros de pagarla). Abrió la puerta con maos temblorosas ( ¿desde cuando le temblaban las manos? Ella podía darle a una ardilla a una cuadra de distancia con un rifle...). Olfateó el aire buscando a Ayato en la casa y lo encontró... en la cocina hablando animadamente con Umiko mientras jugueteaba con su celular con Reiji de oyente mientras preparaban la cena.

- Me hubiese encantado verla así.- se rió Ayato.

- Era realmente tierna Akane cargando con Yui y Natsumi en la espalda.- rió Umiko y su cara pasó a una sorpresa mayor cuando vio algo en el celular de Ayato.

Algo que evidentemente Akane no alcanzaba a ver. Carraspeó anunciando su presencia con molestia y la sonrisa de Ayato se acentuó.

- ¿Compraste algo interesante, melones?

Sus ojos dorados fulminaron al vampiro y Umiko la alcanzó antes que se le tirase a la yugular.

- Bienvenida a casa, Akane.- le sonrió antes de susurrarle con seriedad.- ¿Por qué Ayato tiene una foto tuya en ropa interior como fondo de pantalla?

Todo se volvió rojo para Akane mientras apuntó al pelirrojo con una navaja.

- ¡Tu! - gritó en modo de aullido de guerra antes de tirarse a perseguirlo hasta el fin del mundo.


Ruki sintió el olor a sangre desde la cocina Y apostaba que no era el único. Siguió el rastro tan atrayente hasta la sala de lectura, usualmente ocupada por él, por Reiji o por Umiko. Sus ojos excrutaron el lugar en busca del origen de la sangre.

Akane, nada más y nada menos, se encontraba durmiendo, hecha un ovillo contra la ventana. Temblaba fuertemente y sus uñas se clavaban en su piel haciéndola sangrar levemente. El lugar ya empezaba a apestar con su sangre. Se dio la vuelta y volvió al rato con una manta.

- Eres realmente una molestia, exterminadora.- dijo cubriendola con la frazada.

Su piel hizo contacto con la de la morena y notó que estaba helada tanto como un cadáver. Sus manos se mancharon levemente con los hilillos de sangre de Akane y por costumbre se los llevó a la boca para lamerlos. Su cabeza comenzó a doler intensamente y cuando abrió los ojos ya no estaba en la salita. Un enorme campor verde y lleno de vida se extendía en su visión. Una mujer se encontraba a escasos metros de él de espalda con un largo pelo azabache. Una niña corrió hacia ella con un ramillete de flores blancas que cuando la mujer las tocó perecieron en el acto y la mujer de desplomó. El campo pereció junto con ella y tarde notó que ya no se encontraba en ese prado sino en una biblioteca más grabde aún que la de la casa Sakamaki.

La niña se abrazaba al cuerpo de la mujer llorando desconsoladamente mientras un hombre de cabello blanco se aproximaba a ella. La niña voló por los aires contra una patada del hombre y se desplomó.

Las visiones desaparecieron esfumandose en el aire cuando sintió un dolor en la muñeca. Parpadeó de la sorpresa al encontrarse nuevamente en la sala de los Sakamaki y que Akane estuviese tomándole de la muñeca como si su vida dependiese de ello. Estaba más palida de lo normal y Ruki se sintió mal y confundido respecto a ella.

- Lo siento. - susurró ella soltando lo al ver que ponía morada su piel.

- Vuelve a dormirte.- la arropó otra vez con la frazada.- Solo fue un mal sueño.

- ¿ Cómo lo sabes?

- Murmurabas en sueños. - mintió.

Akane fijó su vista inconscientemente en el hueco del cuello de Ruki. Podía sentir su pulso incluso a esa distancia. Escuchar sus latidos del corazón y lo único que podía pensar a pesar de la amabilidad del Mukami... era en arrancarle la yugular de una mordida.


- Contesta, contesta.- rogó Akane paseando de una pared a la otra en la habitación.

Faltaba un día para la primera luna llena... y su contacto no atendía sus llamadas a la casa.

- Satsujin.- escuchó lz voz seria y molesta de la zorra del otro lado.

- Yuna, ¿sabes cuántas veces te he llamado en este día?

- Oh, eres tú. ¿No sabes saludar, perra?

Un disparo se oyó del otro lado de la línea y otra más después de ese. Estaba trabajando...Hizo una mueca pensando en que ella podría estar "divirtiéndose" y cortando cabezas de algún que otro demonio, pero no. Ella estaba en esa casa clavada allí por sus hermanas. A veces pensaba que el modo de vida de Yuna Satsujin era mejor. Era solitario, sí. Pero le daba más libertad de movimiento y al no estar directamente relacionada con la Iglesia si no como uno de sus aliados no tenía a la orden de exterminadores respirándole en la nuca como ella. El trabajo de Yuna era como el de ellas solo que ella se consideraba una "empleada independiente". ¿Ayudaba a los exterminadores de la orden? Si, pero no seguía órdenes de nadie más que de ella misma.

- ¿Ya terminaste de asesinar a la plaga o tengo que seguir hablando sola por teléfono?

- Ni siquiera haz dicho una palabra. Puedo hacer dos cosas a la vez, soy mujer. Ahora, ¿qué quieres?

- Necesito ir a tu casa por unos días. Mañana es luna llena.

- No lo hagas.- la cortó Yuna.

Se escuchó del otro lado algo caerse (Akane podía apostar que había sido el teléfono) y el sonido de una pelea. Podía imaginarse a la joven del otro lado de la línea ccombatiendo con algún demonio y haciéndolo trizas.

- Ya está. ¿En qué estábamos?- preguntó Satsujin cuando volvió a recoger el celular.- Ah, si. No vayas a mi casa, no te conviene.

- ¿Por qué?

- No estoy en la ciudad y antes de venir a una misión, me interceptaron una banda de exterminadores preguntando por tí.

Akane palideció de repente. ¿Exterminadores en la ciudad? Esto no era bueno para ellas. Akane se mordió el labio haciéndolo sangrar. Ella había sido cuidadosa, no había dejado huellas. ¿Por qué la estaban buscando si supuestamente nadie sabía que vivían con chupasangres y no los mataban?

- No les dije nada, tranquila.

- ¿Qué les dijiste?

- Que no te había visto desde la última vez que cazamos juntas y que no tenía ni puta idea de donde estaban uds.

- Gracias.

- No hay por qué.- y antes de colgarle la llamada agregó:- Hazte un favor y mata a esos vampiros, Akane, ni siquiera tus supuestas hermanas valen el riesgo de perder tu vida sin haber completado esa tarea.

Akane lanzó frustrada el celular contra la pared que estalló en mil pedazos. No tenia lugar para esconderse y se acercaba la luna llena. ¿Qué podía hacer? Un risa ronca resonó por todo el pasillo y ella volteó llegando a vislumbrar una cabellera blanca doblando en otro corredor. No, no era posible. ¿O si? Sus pies se movieron solos mientras el timbre del recreo sonaba haciéndole doler sus sensibles oídos.

- ¿Akane? - pudo reconocer la voz de Natsumi cuando la vio pasar casi corriendo por la entrada de su aula.

Sintió su aroma, el de Ayato y Ruki mantenerle el ritmo por detrás pero se adelantó al ver que ella perdería a esa persona de pelo blanco. No podía ser él. No, ¿qué hacía allí? Vio la espalda de un hombre de pelo blanco algo largo por debajo de sus hombros vestido de negro. Esa persona se volteó levemente sobre su hombro y Akane quedó congelada. Esos ojos... amarillos, casi dorados la observaron con rechazo y repulsión. Ella sabía a quien pertenecía esos ojos. Si ese hombre en frente suyo estaba allí... significaba... significaba. Sus dientes se alargaron y dos hileras más salieron en su boca como la del tiburón. El hombre había desaparecido pero había dejado un rastro con su aroma hasta el patio.

Akane saltó por la ventana. ¿Qué le importaba si era vista? Estaba cerca, lo había encontrado. Cayó en cuclillas y al escuchar pasos detrpas de ellas rugió hacia quien venía por atrás. Natsumi dio tres pasos hacia atrás espantada y detrás de ella estaban Ruki y Ayato.

- Aki...- avanzó un paso Natsumi al verla que se agarraba la cabeza tratando de contenerse.

- No.- salió de sus labios una voz gutural.

Una mezcla entre la bestia en la que se estaba convirtiendo por la cercanía de la luna llena y su pérdida de control. Salió disparada hacia el lado opuesto hasta donde estaban ellos. Iba a aniquilarlos a todos si seguía allí. Sintió a los km, el inciio del cambio. El dolor de sus huesos rompiéndose, su piel desgarrándose. Por lo menos estarían seguros a tan lejos que había quedado el colegio. Se dejó llevar por el cambio, y no hubo más racionalidad. Su cabeza se dejó llevar por el instintio y uando recuperó la conciencia, yacía desnuda en el patio de la mansión Sakamaki debajo de un árbol y el Sol comenzaba a clarear en el horizonte. No recordaba nadade lo que había hecho esa noche y su cuerpo aullaba de dolor por el cambio en una noche que no fuera de luna llena. Trató de dar un paso a la casa y sucumbió al suelo con fuerza. Unos pasos se acercaron pero ella no tenía fuerza para abrir los ojos.

- Volviste.- escuchó lavoz de Ruki Mukami.

Sintió el peso de una colcha envolverla y los brazos fuertes del vampiro llevarla para adentro de la casa hasta su cama. Trató inumerables veces de pedrle que la bajase, o de darle las gracias, no podía ni siquiera hablar del dolor. Ni siquiera se dio cuenta cuando se quedó dormida. Solo cuando despertó desorientada en su cuarto... que Ayato, Ruki, Shu y Reiji la observaban desde el otro lado de la habitación aompañados de Umiko y Natsumi.

Ella pudo verlo en sus ojos, sabían uno de sus grandes secretos... Y no descansarían hasta terminar de descubrirlos todos.

- Supongo que deberías empezar por el principio, melones.- sonrió Ayato invitándola a abrir las puertas de su infierno.