Como lo prometido es deuda, serán varios capítulos subidos simultáneamente, espero disfruten este, aquí verán un comportamiento madre hijo realmente hermoso, espero lo disfruten.
Mi mamá salió ayer y no sé a dónde, pensó que todos estaban dormidos pero yo estaba en la cocina cogiendo un poco de agua, tomó su chaqueta y se fue… el miedo que experimenté fue horrible, regresé a mi cuarto y me quedé dormido mientras lloraba, haber experimentado el abandono de mi padre a pesar de nunca haberlo conocido me marcó mucho, mi madre no lo sabe pero cada que ella se va por las noches yo tengo miedo de que me abandone, por eso la abrazo muy fuerte cuando la veo en la mañana, pero hoy fue diferente, esta mañana Mary Margaret me dijo que mamá tenía un terrible dolor de cabeza, y antes de irme solo abrí la puerta de su cuarto y me despedí con un beso al aire, mamá estaba en casa, no me había dejado.
Tan metido estaba en esos pensamientos que no noté cuando me había metido en mi pequeño escondite, un jardín tras el colegio que nadie sabía su existencia, o eso había pensado hasta que la vi sentada en una manta recibiendo el sol que ingresaba por entre las ramas del gran manzano, en serio que la Señorita Mills parecía un ángel y más cuando aparecía justo cuando la necesitaba, un paso torpe provocó su alerta por el sonido de las hojas bajo mis pies, pero su semblante cambió al verme ahí.
-Se supone que estás en clase Henry, estas no son horas de merodear-
-No se lo diga a nadie Señorita Mills, hablé con la profesora y me dijo que podía retirarme, en serio necesitaba estar solo.
-Pero entonces has elegido el peor lugar porque yo estoy aquí, y es mejor que me digas Regina, me haces sentir vieja con lo de Señorita Mills- eso fue gracioso, Regina no era nada vieja a mi parecer –Tranquilo, no se lo diré a nadie, pero debes decirme lo que tienes- me dijo y yo solo sonreí y me acerqué.
Me senté en la manta junto a ella y ella me ofreció un sándwich que yo acepté gustoso, la salida de la mañana hizo que me olvidara mi almuerzo y como mamá estaba con dolor de cabeza seguro no vendría a verme para dejarlo, lo más gracioso es que tan perdido estaba que no me había dado cuenta que tenía hambre hasta que tuve comida en mi mano y mi estómago me delató.
-Vaya que tienes un Gremlin ahí dentro, mejor come rápido para que lo calmes- me dijo sonriendo y yo reí también con un poco de vergüenza, -olvidé mi almuerzo en casa, recién ahorita noto que en verdad tengo hambre- Regina me quedó viendo con tristeza, sinceramente cada que abro la boca es para que ella piense que mamá no se preocupa de mí.
-¿Cómo te ha ido en el trabajo Henry?- me preguntó y yo dudé en contestar, pero ella me inspiraba confianza- ha estado bien, nuestros nuevos trajes les gusta a la gente, por ello nos han pagado bien, mamá ya no ha salido casi en las noches, aunque ayer…- dije como perdiéndome en mis pensamientos y solo desperté cuando unos brazos me tenían y cálidas manos limpiaban mi rostro, sin darme cuenta estaba llorando y lo peor, frente a Regina, -¿Qué ha pasado pequeño Príncipe?- escucharle decir eso me hizo sentir querido, habíamos desarrollado una dinámica de Príncipe y Reina desde hace 3 días, que nos conocimos y habíamos acordado lo de la estudiantina, que no hubiera dado por tener una mamá como Regina, y no porque Emma no fuera buena madre, pero ella es más como un papá, pues con ella jugamos, me alza por los aires, me compra golosinas, me lee cuentos, pero no está en las noches para compartir mis miedos, mucho tiempo había guardado estos miedos y lo que pasó la noche anterior los había liberado.
La abracé con fuerza y las palabras salieron sin querer – Tengo miedo que Emma me deje mamá- Regina me abrazó con todas sus fuerzas y me calmó un poco – Henry, tu mamá te quiere mucho, tú mismo lo dijiste, ella ha hecho mucho por ti, te ha dado todo lo que ella puede, ¿por qué temes que ella te abandone?- esa palabra lastimaba muchísimo, pero tenía que decirlo, expresarlo para que empiece a esfumarse el dolor – Mi papá ya me dejó, que evitaría que Emma me deje también- respondí y apreté el abrazo, Regina me hacía sentir protegido, y eso era lo que necesitaba por ahora, protección de este dolor que llevaba.
No sabía cómo un niño tan pequeño podía llevar ese miedo a cuestas, saber que tu padre te abandonó, pero por qué dudaba de Emma, no lo podía entender, en ese momento sentí como Henry aflojaba el abrazo, se estaba quedando dormido y con su calor, yo también lo estaba logrando, casi no había dormido últimamente por pensar en Emma, la chica de mis sueños, coincidencia o no, el mismo nombre de la madre de Henry, a la que ya tenía muchas ganas de conocer.
-¡Mamá!- escuché como gritaban mientras yo estaba en el jardín, inconscientemente levanté mi rostro y sonreí, Henry estaba ahí, corriendo a mi encuentro y abrazándome, esperen… ¿qué hace Henry en este jardín?, es el jardín de mis sueños, ¿Cómo llegó hasta aquí?
-Hola mi príncipe, ¿qué pasa?- le pregunté en un tono que solo había usado pocas veces para Emma.
-Quería escuchar la historia del ladrón de nuevo- me dijo y yo solo reí – pero Henry te la he contado un millón de veces- le dije esperando que desistiera, -no me importa, yo la quiero escuchar otra vez- este niño jamás desiste de algo, de seguro eso no lo sacó de mí, pensaba mientras Henry tiraba mis vestido para llamar mi atención y ante su mirada y puchero, solo pude darme por vencida, él era mi luz desde que la perdí a ella.
Hace un poco más de cinco años en los caminos del bosque se escuchaban rumores de un desalmado bandido, más fuerte que un león y con las astucia y velocidad de un águila en vuelo, pero la Reina Regina no se dejaba intimidar por nada, además, tanto escuchar de él había empezado a intrigarle, quería conocerlo; una tarde dio aviso que el carruaje real saldría a un paseo por el bosque con el fin de atraer su atención, el bandido no se resistiría a atacar el carruaje, pero Regina era más lista que él, usando su traje de montar igual al de los caballeros de la reina cerraba el cortejo de la carroza mientras paseaban por el bosque, y en un abrir y cerrar de ojos escucharon un sumbido fuerte, uno de los hombre cayó herido por una flecha con polvos de sueño, Regina lo examinó, en unas horas estaría sano, era solo una advertencia, y el cortejo siguió en su camino, pero no pudieron avanzar más de dos metros cuando un golpe seco advirtió la llegada del bandido, en un abrir y cerrar de ojos los guardias fueron desarmados y las joyas de la carroza fueron robadas, este bandido en verdad era tan bueno como decían, Regina llamó a los hombres que aún seguían bien y les dio órdenes de cazar al bandido, esa noche sería su última noche, los guardias se fueron y un sonido alertó los sentidos de la Reina, pidió por conocer la identidad del bandido y por sus malos modos incitó la ira de la Reina, lo que el bandido no sabía era que así como Regina era hermosa, también era mortal, su magia fue convocada y se enfrascaron en una pelea cuerpo a cuerpo, la lucha era entre iguales pues en poco tiempo Regina notó que el bandido también usaba magia, aunque de una manera poco convencional, poco a poco los ánimos se fueron calmando y algo diferente surgió entre ellos, Regina nunca antes había sentido nada en su corazón y esta vez muchas eran los sentimientos que se encontraron en su interior y fue exactamente lo mismo lo que el bandido experimentó, así poco a poco dejaron de luchar y se miraron, perdiéndose en los ojos del otro, un beso casto fue entregado y la magia de ambos cuerpos se hizo una sola, lo que esa noche inició como una caza a muerte, terminó como la muerte de la Reina Malvada, una vez más había vuelto a ser tan solo Regina.
-¿Má, de esa unión nací yo?- me preguntó mi pequeño algo confundido, yo no sabía cómo responder a ello, respondí esperando que solo eso necesitara –Sí Henry, de esa unión naciste tú- le dije y sus ojos se iluminaron –Qué guay, soy hijo de dos fuertes magias, que súper- gritó mientras lo veía corriendo por el jardín.
-¡Mamá!- me gritó y yo me acerqué nuevamente, la mirada de Henry se había oscurecido.
-¿El bandido no nos quería?, ¿Por eso no está aquí con nosotros?- me preguntó y yo no supe cómo responder a ello Emma nos amaba, pero en esta vida no podía ser, solo abracé a mi niño con todas las fuerzas de las que era capaz.
-Henry tu mamá te ama con todas las fuerzas de su alma, y jamás te dejará, tu eres parte de ella y ella de ti, es lo que son las familias, eternas parte del otro a pesar de no estar juntas- Escuché como Regina hablaba entre sueños, al final incluso dormida ella sabía lo que decirme, Emma me quería como a ningún otro, y sin querer había encontrado la pieza que me faltaba, Regina era tierna y en poco tiempo se había convertido en alguien muy especial para mí, ahora más que nunca lo que pensé cuando la vi se confirmaba, voy a lograr que Regina sea mi mamá de verdad, aunque tenga que obligar a Emma y a Regina a enamorarse, porque ellas son parte de mi familia, y yo no estoy bien sin las dos a mi lado, solo tengo que pensar una forma de hacerlas enamorarse.
Me dicen si les gustó, pero me lo dicen... sino me voya demorar más en actualizar :P… ando sentimental últimamente y un capítulo así ya hacía falta en el fic, dejen sus comentarios y nos estamos leyendo
Besos de maracuyá.
