Atención a los dos capítulos del cumpleaños...
Capitulo 12: Cumpleaños I
Era el día, no había podido dormir por los nervios que se habían instalado en mi estómago. El cumpleaños de Kat.
Se marcaría el fin de mi nefasta semana.
Terminé el día del martes con Santana y Brittany acurrucadas en el asiento trasero de Barbra y unas pesadillas horribles. El miércoles decidí empezar a hacer las cosas buen y fui yo misma a buscar a Jesse para tener esa conversación que tanto se había pospuesto. Regresé a mi casa, no me parecía apropiado acoplarme a la de Santana, y ahí estaba él. No estaba afectado, era como si estuviese esperando que todo se acabase tanto con yo. Llevábamos meses mal, quizá empezamos mal desde el principio. Ni mi hermana ni mi mejor amiga le soportaban ni él a ellas, no había tenido su apoyo en los momentos más duros de mi vida y ni siquiera sabía mi gran secreto. Opino que solo estábamos juntos para estar acompañados, porque nos aterraba la soledad. La cena de aquel día solo había sido un último y desesperado recurso para tratar de salvar nuestra agónica relación. No hubo gritos, ni reproches, ni lágrimas. Todo fue como un paso que estábamos destinados a dar desde hace tiempo. Jesse ya había recogido sus cosas antes de que yo llegase y las había almacenado en cajas que ya esperaban a ser trasladadas en el jardín. Los dos nos quitamos un peso de encima. Eso me hizo pensar, su calma, indiferencia, o su expectación por nuestra ruptura, que él también tenía a alguien más. Incluso podía haberme engañado con otra persona. En ese momento me daba igual, por mucho que yo renegase que me gustase una chica, tampoco quería seguir con una persona por la que desde tiempo atrás no sentía nada.
El día siguiente fue calmado. No puedo negar que sentir la casa tan vacía me producía un incómodo sentimiento de abandono. Me fui al hospital para pasar todo el día con Lex viendo musicales. Mi hermana no paraba de preguntarme pistas acerca de su regalo y si sabía si Quinn finalmente iba a acudir a su cumpleaños. Eso provocó que me sintiese culpable, tuve miedo de que por mi estúpida conducta y la discusión optase por no ir. Alex y yo nos quedaríamos destrozadas. Por lo que simplemente de dije a mi hermana que si lograba tener un rato libre en su ajetreada agenda se pasaría por allí.
Me quedé a dormir con ella, como en los viejos tiempos. El hospital solo me permitía quedarme en fechas muy puntuales como Navidad, Año nuevo, o la víspera de su cumpleaños. Me tumbé sobre la incómoda cama, lamentando que Alex tuviese que dormir allí todo el año. Se cobijó en mis brazos, posando su carita en mi hombro y contemplándome sonriente. No pude evitar que una lágrima bajase quemándome la piel y pasando por encima del puente de mi nariz para desembocar en la almohada.
- Te quiero Lex, y te prometo que voy a hacer todo lo posible para sacarte de aquí - susurré.
- Esto tampoco está tal mal Rach, solo echo de menos algunas cosas... – sabía que solo lo decía para que no me preocupase.
- Pero el exterior está muchísimo mejor cielo, podremos viajar por todo el mundo. ¿Qué te parece Egipto? Siempre has querido ir...
- ¡Oh Rach! ¿En serio me llevarás a Egipto? - se revolvió emocionada entre las sábanas y yo me limpié una nueva lágrima y sonreí asintiendo. - ¡Prométemelo!
Se incorporó y me puso sus manos en mis costados, supe lo que pretendía hacer.
- ¿Está pensando en amenazarme con cosquillas señorita? - la miré divertida y desafiante, y fue detonante para que ella comenzase con su ataque.
- ¡Prométemelo Rach! - Te prometo Lex
- Una promesa es una promesa - y con estas palabras se acurrucó de nuevo en mi pecho y se quedó profundamente dormida.
Yo me quité la sábana de encima para poder arroparla mejor. Y envuelta en esa burbuja de nostalgia, no tardé en sucumbir al sueño también.
Mi móvil entonando a máximo volumen Don´t rain on my parade me despertó de la peor forma posible. Lo busqué a tientas, tratando de moverme lo mínimo posible para no despertar a mi hermana, cuya cabeza reposaba en mi vientre. Siempre se movía mucho en sueños y despertaba en una postura completamente opuesta que con la que se había acostado. Acepté la llamada para que el sonido de la canción remitiese. Tenía los ojos cerrados por lo que no pude saber de quién se trataba.
- ¿Si? - susurré.
- ¿Rach? - preguntó la voz al otro lado de la línea.
Abrí los ojos con lentitud, era de día, se me había descontrolado completamente el horario.
- Un momento Spence - supliqué levantándome de la cama, colocando la almohada debajo de la cabeza de Lex para sustituir a mi abdomen.
Me desperecé, expidiendo un sonoro bostezo mientras estiraba los brazos. Miré el reloj, eran las doce y media de la mañana. Técnicamente, y según mis planes Alex y yo teníamos que habernos despertado a las ocho. Intenté no tomármelo muy a pecho. Me calcé y salí de la habitación sigilosamente. Ya en el pasillo, volví a acercarme el móvil a la oreja:
- Ya Spence dime.
- ¿Os he despertado? Lo siento… Es que son las doce... - me explicó con cierto arrepentimiento patente en su voz. Escuché cierto murmullo, a su alrededor. Estaba con alguien.
- Se me ha ido un poco el tiempo, la pobre Lex estuvo aguantado mis musicales toda la noche y aún está dormida.
- Solo quería felicitarla, pero si está dormida la llamaré luego otra vez - indicó mientras yo comenzaba a internarme en los pasillos del hospital sin importarme que estuviera en con una simple camiseta de tirantes y unos shorts azules con los que había dormido - Déjala dormir.
- Perfecto. Gracias por acordarte Spencer. - musité realmente agradecida, esas cosas me hacían recordar por qué era mi mejor amiga.
- ¿Bromeas? Amo a Lex. Ya le daré mi regalo cuando vuelva a Brooklin.
- ¿No estás aquí? - pregunté con exceso de curiosidad. Tuve miedo de que se hubiese ido a recorrer los Estados Unidos en coche o algo parecido con Quinn.
- Ohh bueno... Emm... Estoy en Siracusa - titubeó.
Yo me senté en uno de los sillones de cuero negro que se disponían en la sala de espera de neurología. Había llegado hasta allí sin darme cuenta.
- ¿Qué haces en Siracusa? ¿Por qué no me avisaste? - sí, había tenido el móvil apagado todo el día anterior pero aún así necesitaba explicaciones.
- ¡Tenías el móvil apagado! - me reprochó - necesitaba hablar contigo. Verás... El otro día volví a ver a Heather.
Heather, su ex. Prácticamente me había olvidado de su existencia. En ese momento justo me di cuenta de que la conversación no me iba agradar. Nada que comprendiera a la chica, Spencer y Siracusa podía hacerlo.
- Está trabajando aquí, pero quiere encontrar trabajo en Brooklin. Dijo que teníamos una conversación pendiente y es cierto. Creo que volví a sentir cosas por ella... La había echado mucho de menos y...
- ¿Qué? - la interrumpí con un tono nada adecuado para estar en la sala de espera de un hospital -. ¿De qué demonios hablas? ¿Qué pasa con Quinn?
- Bueno, tranquilízate. Quinn no me quiere y yo solo... La llamaré y hablaremos - aseguró.
- No puedes hacerle esto Spence. La estás utilizando, solo la quieres para acostarte con ella y te da completamente igual lo que la pase - había tirado mi contención por la borda. Estaba enfadada, muy enfadada. Porque había estado sufriendo por haberla estado traicionando al obsesionarme con Quinn y ella no había desaprovechado la primera oportunidad de fugarse con su ex. - Seguro que ya te has tirado a Heather otra vez - añadí con desdén.
- ¡Cállate! - me gritó, ella estaba casi tan enfadada como yo - ¿Te crees que tienes derecho a recriminarme algo? He hablado con Jesse ¿sabes? Me ha dicho que habéis roto y tú ni siquiera te dignaste a llamarme. También me explicó lo del nombre de otro, no me quiso decir de quién ¿pero si está bien Rachel? ¿Eso no es utilizar a Jesse? - ¡Jesse y yo llevamos mal meses! Yo no quería pensar en ella mientras estaba con él.
- ¿Ella?
- ¡Da igual Spencer! - me apresuré a exclamar con nerviosismo. - El caso es que tú estás en tu derecho en hacer las cosas que quieras y yo haré lo mismo. Solo pienso que Quinn es demasiado buena para que no se lo hayas contado, ella necesitaba tu ayuda. Igualmente lamento haberte recriminado nada. Le diré a Lex que llamaste.
Y colgué con la mano temblorosa. Cerré los ojos con fuerza y solté todo el aire de mis pulmones. Nada me salía bien. El universo se confabulaba para que todo se me torciese y acabase de la peor forma.
Me di prisa para volver a la habitación de Alex porque no me gustaba dejarla tanto tiempo sola, estando tan cerca de ella. Había apagado el móvil de nuevo, para evitar problemas.
Abrí la puerta con precaución para no hacer ruido. Y allí estaba, Quinn, con su guitarra apoyada en la cama y mi hermana en sus brazos. Me dedicó una sonrisa tímida y yo me acerqué. ¿Cómo alguien en el mundo podía rechazar esa sonrisa por la de otra persona? Era perfecta, y no sé como Spencer podía ser tan estúpida.
- Está dormida. Estaba gritando en sueños y me asusté - me contó mientras acariciaba el pelo de Lex y la movía con suavidad.
- Pensaba que no vendrías - comentó cerrando la puerta tras ella. Después volvió a acercarse a mí, para que pudiese escuchar con nitidez sus susurros.
Las tres, con Alex en mis brazos, y Rachel a mi lado era la estampa más perfecta que había vivido en mucho tiempo. Mi mente empezó a divagar en cosas que me obligué a desechar. En realidad me había costado mucho decidirme en sí acudir a no. Por un momento, esperé hasta encontrarme a Santana con Rachel después de la actitud tan cariñosa que habían tenido el otro día. O peor aún a Spencer. Hubiese sido muy incómodo dar explicaciones de por qué estaba allí y de por qué había omitido el dato de que conocía más profundamente a Rachel. Pero sí, lo reconozco, echaba de menos a las dos Berrys. Además tenía que darle la noticia a Rachel, y no podía esperar para descubrir su reacción.
- No podía perderme la oportunidad de estar con vosotras - solté. Rachel se sonrojó, con su adorabilidad habitual.
- Me alegro - susurró acercándose peligrosamente a nosotras.
A lo mejor el desbocado ritmo de mi corazón despertaba a Lex.
- Cielo, despierta - acarició la mejilla de su hermana que aún estaba en mis brazos. Lo que implicaba de sus palabras fuesen pronunciadas demasiado cerca de mi oído. - Mira quién ha venido.
Los párpados de la niña se despegaron con parsimonia. Despegó su cabecita de mi cuello y me miró.
- ¡Quinn! ¡Has venido! - me abrazó con su efusividad característica y me dejó un inocente beso en la mejilla.
- Felicidades, peque - le dije abrazándola de nuevo.
- Felicidades cielo - musitó Rachel dándole un beso en la frente.
- Oh lo siento Rachel - me disculpé - yo no sabía que tú no la habías felicitado aún. Yo creía que... - Está bien Quinn
No. Sus palabras no podían afectarme tanto, la culpa era suya por decir la palabra primera con ese tono.
- ¿Y mis regalos? - preguntó entonces Alex logrando sacarme una carcajada.
- ¡Lex! - le dijo Rachel en tono reprobatorio -. No seas maleducada.
Dejé con cuidado el cuerpo de la niña sobre la cama.
- Oye, tiene razón - agregué mirando a la morena con humor - lo único bueno que tienen los cumpleaños son los regalos, yo odio hacerme mayor. - No os aliéis contra mí
- ¿Ves Rach? Quinn me entiende...
Cogí una de las bolsas que había traído y había dejado en la mesilla al entrar. Saqué el regalo, y cuando mis ojos se posaron en el papel de envolver verde, no pude evitarlo, sonreí como una idiota al recordar cómo sus manos se habían puesto sobre las mías en las galerías Meien indicándome como envolver. La miré, y juro que vi en sus ojos que ella también estaba recordándolo.
- Dale el tuyo primero - intervine dirigiéndome a ella, no pretendía quitarle protagonismo ni nada por el estilo.
- Las he visto más rápidas Rach - bromeó Alex mientras su hermana se giraba para coger su regalo. Yo volví a reír, hacía tiempo que no era tan feliz.
:) Gracias por los review, y para esos que los habéis escrito y no soléis hacerlo.
Sí, todavía no explicado para qué son las pastillas que toma Rachel, se descubrirá más adelante...
Continuará...
