Llevaban ya tres meses en Mereen descansando, recomponiendo su ejército e intentando comerciar con otras ciudades. En particular estaba muy interesada en las ciudades libres, donde había mucho comercio y muchas mercancías que ahora hacían falta en Mereen. Mientras venían en el viaje de vuelta, tuvieran la agradable y sorprendente noticia de que Qarth había sido, por fin tomada por los esclavos, un grupo que se había estado entrenando a escondidas de sus amos. Después de varios años de guerra encubierta en forma de guerrillas, aquellos eslavos, inspirados por su causa, habían dado el gran paso. Al principio los Sangrepura se lo tomaron como una diversión, pero después de unos cuantos años sin resultados positivos por su parte, se cansaron de las guerrillas y pagaron a los Hombres Pesarosos para que mataran a los cabecillas y así sofocar de un plumazo la rebelión. Con lo que no contaban era que los Hombres Pesarosos estaban entrenando a dichos cabecillas a sus espaldas, así que, en vez de ir a por estos, fueron a por los Sangrepura y los mataron a todos en una carnicería que los esclavos apodaron "la noche sangrienta". Aun desconocía por que los Hombres Pesarosos se habían puesto de parte de los esclavos, o mejor dicho, que sacaban ellos en beneficio de aquella rebelión, pero sea lo que fuere, a ella le beneficiaba enormemente.
No pudo evitar sonreír en cuanto tuvo constancia de la noticia. Le hubiera gustado verlos, junto a aquellos ricos comerciantes, justo cuando los masacraban, seguro que ya no tenía aquel aire de suficiencia y superioridad que solían gastar. En particular le hubiera gustado ver la cara de Xaro Xhoan Daxos en el instante en que lo asesinaban, a ver si sus lágrimas eran realmente de cocodrilo en el momento en el que le clavaran el puñal en su abdomen.
Una suave y caliente brisa le acarició ligeramente los cabellos plateados. Por fin, y esta ver era cierto, podía respirar un poco en paz. Mereen estaba empezando a remontar el vuelo, después de tanto tiempo de guerras, asedios, hambrunas, sequias, plagas, problemas de liquidez y dificultades para comerciar y levantar la ciudad, ahora podía decir que lo había conseguido. Su razón le decía que debía quedarse aquí, cuidando de su ciudad, de sus súbitos, vigilando que el comercio de esclavos no volviera a resurgir, aunque algo le decía que esta vez no tenía de que preocuparse. Pero por otra parte…
"Debo regresar a mi hogar, a mi verdadero hogar… debo recuperar lo que le arrebataron a mi padre, aunque me cueste la vida en conseguirlo…"
Tenía dos opciones, la opción cómoda, que era quedarse aquí a vivir con tranquilidad hasta el resto de sus días, o volver a Poniente y embarcarse en una nueva guerra, de la que podría no sobrevivir a ella. En el fondo no le apetecía embarcarse en semejante aventura, pero esto ya no se trataba de querer, sino de deber.
- Missandrei.- Llamó a su escriba, la cual vino presta a cumplir su orden.- Convoca una reunión de urgencia con todos mis consejeros y capitanes. Y también haz llamar a Reznak mo Reznak. Tengo que comunicarles algo.
Había tomado una decisión, y esperaba de todo corazón que los dioses antiguos y nuevos la ayudaran en su deber. Se encomendó a ellos, esperando que fueran magnánimos y la ayudaran en tamaña misión.
Arya estaba cruzando espadas, y esquivando los golpes, con dos de los mejores mercenarios que había en el ejército de la Reina Dragón. Uno era Perto, de los Cuervos de la Tormenta, este tenía un estilo de lucha parecido al de ella, pequeño, escurridizo, rápido, ágil y peligroso con dos espadas en las manos. El segundo se llamaba Roaca, un antiguo esclavo que antaño trabajaba en las minas de cobre de Mereen. Una bestia enorme, aunque lenta, que gastaba como arma un hacha enorme de doble hoja; si que acertaba con ella te partía en dos casi sin pestañear. El tercero, el cual estaba sentado como reserva, era un inmaculado que se hacía llamar "Mandoble valeroso", un autentico virtuoso con la lanza. Para complicar más las cosas, se había vendado los ojos para potenciar su olfato y su oído, ya que si no se trabajaban, los sentidos agudizados perdían potencia y volvían a su nivel básico. Sorprendentemente, no solo no había perdido sus facultades, sino que se percató que de ese modo le era más fácil detectar cada uno de los movimientos de sus adversarios, ya que la vista, al quitársela, no la confundía ni la engañaba. Igualmente, pelear contra dos guerreros a la vez sin la vista era francamente difícil y peligroso, pero a ella no le asustaban los retos, todo lo contrario. Cuanto más complicados y peligrosos, mejor.
- ¿Otra vez entrenando?- Se escuchó una voz masculina mientras se acercaba hacia ellos, lo cual hizo que los tres pararan de moverse. Los guerreros saludaron a los recién llegados y se retiraron a un lugar discreto para no molestar.
Se quitó la venda para observar quien venía, aunque ya lo había reconocido por su voz. Era Ser Barristan "el Bravo", junto con el idiota de Daario.
- ¿Y qué queréis que haga? Yo no me voy de putas a entretenerme como la mayoría de vosotros.
Ese comentario levantó sonrisas socarronas.
- La próxima vez que quieras entrenar de verdad con alguien que te pueda enseñar algo, llámame. Lo que estás haciendo es de principiantes.- Contestó con un leve tono jactancioso para picar a la joven.
- Así que os ofrecéis…Muy bien, sacad la espada y veremos si es tan lento como me parecéis en el campo de batalla.- Le retó Arya mientras se ponía en posición de ataque, aceptando la invitación.- ¿O es que acaso la edad os ha vuelto un cobarde?
Se escuchó un carraspeo incomodo.
- Ejem… por cierto… antes de que os lieis a jugar a mandobles como chiquillos desaforados…¿Dónde están tus espadas? Esas no son las mismas que trajiste la primera vez que te vi.- Comentó el mercenario Tyroshi como quien no quería la cosa señalándola con la barbilla. Sabía que si la reina se enteraba de estas bravuconadas de guerreros no le iba a hacer mucha gracia, pero, a fin de cuentas, no era asunto suyo…
- Tengo una de las hojas rajada y a punto de romperse, no las puedo utilizar.- Contestó la chica, volviendo a la posición de descanso.- Estas espadas no valen un pimiento, y en todo Mereen no hay un herrero lo suficientemente bueno como para que me las arregle en condiciones y las ponga en buen estado.
- Podías haber cogido cualquier otra par de espadas…- Cuestionó Ser Barristan.
- Es lo que he hecho, pero ninguna de las que había en la armería valía la pena, están todas melladas y desequilibradas de peso. Esto es lo mejor que he podido encontrar, me tendré que acostumbrar a ellas a mi pesar.- Masculló la chica.- Maldita sea… esos idiotas meerenses sabrán mucho de esclavos, pero de reparar armas en condiciones no tienen ni puta idea.
- Bueno… Creo que tengo una solución para este problema, si permitís que continúe.- Comentó nuevamente Daario mientras se cruzaba de brazos, esperando una respuesta por parte de sus oyentes. Al ver que no ponían inconveniente a escucharle, siguió hablando.- Ser Barristan…¿Verdad que estamos a punto de llegar a Volantis?
El caballero asintió con la cabeza.
- Bien, cuando estuve en Myr me hablaron de un chico el cual llevaba solo unos seis meses en la ciudad, y decían era muy habilidoso con la fabricación de armas. Sé donde está, aunque aún no he ido a visitarle, si lo deseáis, puedo acompañaros…
- ¿Estás diciendo que desviarnos a Myr? No tiene ningún sentido, Myr no está precisamente al lado de Volantis. Además, seguramente en Volantis habrá unos excelentes herreros que podrán arreglarle el arma.
- Si… claro… si primero nos dejan pasar…- Comentó el mercenario con sarcasmo.
Barristan "El Bravo" suspiró de frustración, percatándose de lo que quería decir el Tyroshi. En Volantis aun había una red de comercio de esclavos bastante fuerte, y la reina solo quería ir a Volantis para hacer acopio de víveres, reorganizar el ejército y poner rumbo a Tyrosh. Pero era seguro que tendrían algún problema con los Triarcas.
- Además, la chica tiene razón.- Continuó el mercenario.- En Mereen no tienen ni idea de arreglar en condiciones una buena espada, y dudo que en Volantis haya un buen herrero que sepa arreglar una hoja rota de espada sin tener que romperla y fundirla del todo. Es más, me apuesto un brazo a que meterán acero de mala calidad a la mezcla, conozco muy bien cómo trabajan los herreros de Volantis y esa trampa lo hacen todos, así es como ganan sus beneficios. De hecho, ese muchacho se ha hecho un nombre excelente como herrero, todos los mercenarios van allí de lo bueno que es en lo suyo. ¿Cuánto hace que un buen herrero no te arregla tus armas como es debido?
Ser Barristan se lo pensó, percatándose que aquel maldito mercenario tenía razón. Su espada necesitaba también una buena puesta a punto, y como los herreros ponientís no había nada mejor para arreglar una espada como la suya. A falta de un herrero ponientí, si aquel chico era tan bueno como decían, bien valía la pena hacer dicha visita…
- De acuerdo, lo haremos.- Respondió el caballero.- Pero no antes de que lleguemos a Volantis y asegurarnos de que los triarcas no van a atacarnos por sorpresa. En cuanto tengamos asegurado el campamento, solicitaremos permiso a la reina y saldremos lo antes posible.
- Perfecto… y de paso haremos un poco de turismo…- Respondió socarrón el mercenario mientras ponía una mano en el hombro del caballero.
- Ni hablar, iremos, arreglaremos nuestras armas y nos volveremos al campamento. Estaremos lo imprescindible, nada más.
- Venga hombre…- Cuestionó el Tyroshi mientras se giraban y seguían su camino, ignorando por completo a Arya.- Mientras arreglan nuestras armas podemos ir a beber, jugar al Sitrang, irnos de putas…
- ¿Se puede saber por quien me tomas?- Cuestionó enfadado el noble caballero mientras se alejaban.
- Por alguien que hace muuuucho tiempo que no ha echado un buen polvo…
Arya observó cómo estos dos se marchaban mientras discutían, pensando que todos los hombres eran iguales. Aun así, se quedó intrigada con aquel armero que decían ser tan bueno.
"¿Y si es…? No, imposible, no puede ser…"
Cuando era la tonta de Arya Stark, siendo una niña conoció a un muchacho, aprendiz de herrero. Se conocieron mientras iban de camino al norte, a ella la llevaba Yoren para dejarla en Invernalia, a él le esperaba el muro. Desgraciadamente las cosas se torcieron demasiado y ninguno acabó donde debía haber acabado. El decidió quedarse en la Hermandad sin Estandarte, obnubilado por aquellos falsos ideales de caballería que decían seguir. En cuanto a ella… pues acabó donde tenía que acabar.
Llamó nuevamente a los mercenarios con los que estaba luchando antes de que los interrumpieran y prosiguió con su entrenamiento, como si aquella conversación no se hubiera realizado.
Un día solamente para llegar a los muros de Volantis se acercó una comitiva que no esperaban. En dicha comitiva estaba uno de los Triarcas, Therequo del Tigre, en representación del consejo de gobierno de Volantis.
- Es un gran honor que venga a hacerme una visita.- Comenzó la conversación la Reina, después de las presentaciones y formalidades protocolarias.
- Verá, en Volantis estamos preocupados, por llamarlo del algún modo, a su llegada.- Comentó el Triarca.- En el consejo estamos "inquietos" debido a las noticias que nos han llegado desde Yunkai y Astapor. Se dice que arrasó esta segunda, dejándola completamente arrasada.
- Astapor estaba perdida incluso antes de que yo llegara. Estaba asolada por la Peste Gris, era una ciudad fantasma, y si yo no hubiera arrasado la ciudad dicha enfermedad se habría escampado por toda la bahía de esclavos. En cuanto a Yunkai… digamos que tuve que ponerla en vereda.
- Entiendo…- Respondió el Triarca asintiendo con la cabeza.- Se dice que dos noches antes del asedio de Yunkai, por una fábula del destino, los Sabios Amos murieron a la vez, envenenados por un veneno llamado "Estrangulador". Es una gran casualidad que eligieran morir todos a la vez justo antes del asedio, un dato demasiado importante y"pecular" para que no pase desapercibido. Si uno fuera medianamente tonto pensaría que eligieron inmolarse antes que enfrentarse a usted, pero el consejo de los Triarcas no es precisamente tonto.
- ¿Qué quiere insinuar…?- Preguntó inquisitiva Daenerys.
- En realidad nada, pero se rumorea que tiene a un miembro de la Hermandad de los Hombres sin Rostro entre sus filas.
- Caray, que informadas están sus fuentes.- Respondió con ironía.- Es la primera noticia que tengo…
- Se lo voy a preguntar directamente, mi reina. ¿Realmente tiene a un miembro así o son solo rumores malintencionados?
- ¿Usted que cree?
El Triarca se tomó tres segundos para contestar, mientras la miraba fijamente a los ojos.
- Supongo… que serán rumores malintencionados, alteza.- Respondió el Triarca, pero su mirada delataba una descarada mentira.
- Mire… Therequo del Tigre, si me permite la familiaridad…- Dijo la reina.- Si lo que quiere saber es si se avecina una guerra, si, se avecina, pero no es contra Volantis. Precisamente por ese motivo no voy a asediar la ciudad, necesito guardar mi ejército para lo que se nos avecina. Así que pueden estar tranquilos, sus culos de momento están a salvo, pero si no fuera por esto créame que no obtendría mayor satisfacción que acabar con todas las grandes familias que se jactan de esclavizar a seres humanos para su propio beneficio.
Therequo del tigre se removió intranquilo en su asiento.
- Bien entonces… ¿Qué desea de nuestra ciudad?
Daenerys sonrió, sabiendo que había ganado la partida.
- En realidad vengo a recoger víveres, hacer un alto en el camino, reorganizar mi ejército y preparar mi siguiente camino a Tyrosh. Solo pretendo eso, cuando estemos preparados levantaremos el campamento y nos iremos. A cambio, deseo poder entrar a la ciudad de Volantis cada vez que lo necesite, inmunidad total y la garantía de que mis soldados, capitanes y consejeros no serán detenidos por pisar la ciudad. También quiero la garantía de que no nos atacarán por sorpresa. Esa fue una táctica que utilizaron los Yunkios, con desastrosos resultados.
El triarca se lo pensó un rato, asintiendo con la cabeza para dar su aprobación a sus condiciones.
- De acuerdo. Y usted nos tiene que garantizar la no invasión a la ciudad, no queremos casos de vandalismo o peleas por parte de sus soldados. Si encontramos a alguno haciendo algo fuera de nuestra ley será detenido, juzgado y sentenciado según nuestras leyes.
- De acuerdo, pero yo estaré presente. No quiero abusos, y si veo alguna irregularidad quiero tener el veto de impugnar el juicio.
- ¿Me jura que será una medida excepcional?
- Será una medida excepcional, pero estaré pendiente. Me comprometo a respetar y acatar la ley Volantina, pero si tengo alguna mínima sospecha de que se utiliza la ley para ejecutar a mis soldados en masa como un método para debilitarme este acuerdo se deroga automaticamente.
El triarca asintió nuevamente, para después levantarse de su asiento.
- De acuerdo, a partir de este momento, el acuerdo es vigente. Saldré inmediatamente para informar al resto del consejo.
Al día siguiente, Daenerys y varios de sus capitanes entraron en Volantis como cualquier ciudadano dispuesto a realizar sus asuntos en una bulliciosa ciudad, sin que nadie les hiciera caso ni les señalara con el dedo.
