XII. Volviendo a Casa.

Ya le había dado a Kagome la noticia de que debía ir a Tokio, pero no le dijo sus verdaderas intenciones, no quería preocuparla de más. Y como lo imaginó, la noticia de su viaje no le agradó, estaban a la puerta de la casa y él intentaba convencer a la chica de que todo estaba bien.

― Estaré devuelta mañana, lo prometo.― dijo por cuarta vez.

― Todo está bien ¿Verdad?― preguntó de nuevo.

A pesar de que Inuyasha ya le había dicho que no se preocupara, no entendía ¿Por qué de la noche a la mañana le decía que debía ir a Tokio?, eso se planeaba ¿Cierto?.

― Claro que si, debo ir a firmar unos papeles a la clínica.― mintió esperando que ella le creyera.

― Pero, creí que todo estaba en orden.

― Es algo administrativo, no debes preocuparte.― dijo al tomarla de las manos.― Regresaría hoy mismo pero ya sería muy noche.

― Promete que regresaras mañana a primera hora.

― Te lo prometo, ¿Ya te dije que me fascinan tus pucheros?― dijo divertido al verla inflar sus cachetes y arrugar la nariz.

No pudo no sonreír como tonto al imaginar a una criaturita de ojos chocolate hacer eso y no poder decirle "no" a lo que le pidiera, tal y como le pasaba con la hermosa jovencita que tenía enfrente.

― Baka.― fue lo único que dijo, en ocasiones Inuyasha la trataba como niña pequeña.

― Kaede, te la encargo.

― [Que todo salga bien].― le contestó, ella ya sabía a donde iría realmente y oraba porque todo saliera bien.

― Se me olvidaba.― dijo al sacar un móvil de su pantalón.

― Toma.― dijo al dárselo a Kagome.― El número que está registrado es el mío, llámame cuando quieras.

― ¿Seguro puedo tenerlo?― preguntó confundida, se suponía que no podía tener acceso a un teléfono.

― Mientras solo me hables a mí, no debes preocuparte por el contrato. Ya me voy, nos vemos mañana.― se despidió y la beso con infinita ternura, en definitiva no le gustaba separarse de Kagome.

...

Estaba parado a fuera de la casa de sus padres, miró la hora solo para hace tiempo, las 3:34 pm; observo aquel lugar que había sido su hogar y su corazón se acelero, no sabía si era por los nervios pero la gran barda de piedra que rodeaba la casa lo intimidaba, respiró profundo para tomar valor, saco sus llaves de sus pantalones y camino hasta la puerta, introdujo la llave en la cerradura, una vez que abriera y entrara no había marcha atrás; giró la llave y empujó la puerta, caminó por el camino de grava del patio delantero, topándose con la mirada incrédula del servicio, después de todo era la primera vez que iba desde hace más de un año.

Siguió sin inmutarse por las miradas curiosas, entró por la puerta principal a la casa, su corazón latía como poco y sus manos sudaban, aún así paso por la sala en busca de su madre o padre, pero no había nadie, iba a subir las escaleras cuando una mujer le llamo.

― Joven, bienvenido.― saludo cortésmente, una mujer de avanzada edad que tenía un paliacate en la cabeza, era la cocinera de la casa.

Ella había estado en la cocina arreglando los preparativos de la cena, cuando su hijo entro corriendo para decirle que había visto al hijo menor llegar a la casa, de inmediato se apresuró a entrar a la sala para recibirlo.

― Buen día Señora Shibafu, ¿Y mis padres?.

― Su madre está en el invernadero y su padre fue a la oficina. ¿Necesita que le ayude en algo?

― No gracias, vine a ver a mis padres, puedes seguir en tus labores.

La anciana mujer le miró sorprendida, el hijo menor le había dado las gracias y venía a ver a su madre, la última vez solo había ido por ropa y no se detuvo a ver a sus padres, para cuando ellos se enteraron que su hijo estaba en casa, ya se había marchado. Algo le decía que pasarían cosas que pondrían de cabeza esa casa.

Llegó al pequeño invernadero de su madre, al entrar vio una mesa de jardín y sonrió con melancolía, su madre la había comprado cuando él era niño, para que en las tardes se sentaran a tomar té y comer pasteles, ahora estaba cubierta por una tela, indicando que no se había usado en años. Camino otro poco y al pasar por el umbral de la puerta, vio marcas en el marco de madera, era donde el media su crecimiento, se agacho y vio la primera, apenas a sus seis meses, fue subiendo una por una hasta la última que fue a los 13 años, tocó las marcas con parsimonia, en definitiva marcaría también en ese lugar el crecimiento de su hijo. Terminó de entrar y vio a su madre podando unas flores.

― Hola madre.

Izayoi se giró de inmediato esperando que no fuera su imaginación, dejo las tijeras y dio dos pasos hacia su hijo, no era una ilusión, su hijo en verdad estaba frente a ella.

― ¡Hijo! Regresaste antes.― dijo llena de felicidad.― Me alegra verte, hace meses no se de ti.― decía al borde del llanto, quería abrazarlo pero no lo hizo, desde hace tiempo su hijo huía de ese contacto y no quería molestarlo, temía hacer algo mal y que él se fuera.

― Mamá.― le llamó Inuyasha, ver a su adorada madre en ese estado le partía el alma, sin duda había sido un desgraciado con ella.

Inuyasha acortó la distancia y la abrazó como hacía años no lo hacía. Izayoi que seguía sorprendida por ser llamada "mamá" nuevamente por su hijo, se sorprendió más al ser abrazada por él. Pero le correspondió, lo abrazó como había deseado hacer de nuevo desde hace tiempo.

― Mamá, perdóname, en verdad siento mucho como te he tratado, no solo a ti, a mi papá también, les quiero mucho.

― No te preocupes, todo está bien.― dijo maternalmente al tomarlo de la cara.― Pero cuéntame ¿Qué tal Brasil?.― preguntó con curiosidad y para cambiar el tema, no quería llorar y hacerle pensar a su hijo que había hecho algo malo.

― Hay algo que debo decirles.

― ¿Qué sucede? ¿Algo malo paso?― preguntaba preocupada, si algo malo había pasado ella debía saber, para poder ayudarle.

― Tranquila, te contaré cuando llegue mi papá.― dijo con una sonrisa para calmarla.

― Como quieras ¿Cuando regresaste?.

― Llegué hoy.

― ¿Quieres comer algo? Le pediré a Wakaba que preparé lo que quieras, tu solo pídelo y...

― Mamá.― le interrumpió.― Vamos por un pastel y lo comemos aquí.

― ¿En verdad? Tal vez adentro sería más cómodo.

― Aquí está bien, hace mucho no se usa esa mesa.

― Deja me cambio, voy a ponerme algo más apropiado.― decía al ver que la ropa que llevaba no era muy "elegante".

― Estas muy bien así, solo una cosa.― jalo la manga de su suéter y con ella le limpio su mejilla que tenía algo de tierra.― Listo, vámonos.

Izayoi no comprendía que le pasaba a su hijo, él acaba de usar su ropa para quitarle una mancha de tierra, aún así lo siguió y juntos fueron a una pastelería local, cosa que la sorprendió más, ella pensó que irían a una pastelería gourmet. En definitiva algo le pasaba a su hijo, durante el resto del día lo observo para intentar descifrarlo, pero solo estaba segura que él estaba feliz, algo le había pasado que lo tenía lleno de felicidad, pero también estaba preocupado y por otro lado estaba el hecho de hablaba con alguien cada hora, si su teléfono no sonaba cada cierto tiempo, él llamaba, sabía que no era Kikyou, en definitiva no era ella, pero cada que hablaba con aquella persona tenía una radiante sonrisa y reía como hace mucho no lo hacía.

...

Aquel día con su madre fue grandioso, había podido recompensarla un poco por todo el tiempo perdido, pero sentía que no era suficiente. Pero era divertido verla intentando saber con quien llamaba a cada hora, su Kagome le llamaba seguido o simplemente le escribía mensajes, pero cuando ya iban hacer dos horas en que ella no llamaba, él marcaba preocupado, seguramente estaba paranoico de que algo malo le pasará a ella, por ello su madre no le quitaba la mirada cuando se alejaba para hablar con su azabache, ya quería decirle lo que pasaba pero era mejor hacerlo con su padre presente.

Más tarde estaban Izayoi e Inuyasha viendo viejas fotos en la sala, cuando la voz fuerte de InuNo llamo su atención.

― Miren quien se digna a aparecer.― en cuanto llegó Jinenji, su jardinero e hijo de la señora Shibafu, le informó que su hijo menor estaba en casa, al escuchar eso no lo creyó del todo, entró a la casa y comprobó que era verdad.

― Hola papá.― dijo al levantarse.

― ¿Y qué fue lo que pasó para que te dignaras a venir? Ni una llamada en meses ¿Y solo porque si ahora vienes? No te lo creo, ¿Qué es lo que quieres?.― preguntó tajantemente.

― Inu.― reprendió Izayoi a su esposo, no querían que pelearan y su hijo se fuera.

― Mamá, mi padre tiene razón.

― No cambias, solo vienes para pedir cosas y la respuesta es "No".

― Aún no sabes a que vine.

― A pedir nuestro consentimiento para tu boda con la modelo ¿o no?.― dijo como si fuera la respuesta más obvia.

― Te equivocas.

― Entonces solo vienes a anunciarnos que te casaras de todas maneras.― afirmó, aquel tema era del que siempre discutían cuando estaban juntos.

― Tampoco.

― Inu, deja que hable.― suplicó Izayoi.

Izayoi no quería pensar que su hijo se había portado amoroso con ella solo para que le diera su consentimiento para una boda que no le convenía, su corazón le decía que la razón de su visita era otro.

― Sentémonos ¿Qué tal Brasil?.― dijo InuNo para entablar una conversación.

― Sobre eso quiero hablar, no he estado en Brasil.

― ¿Entonces dónde?.

― En Takayama.

― Vaya, creí que a Kikyou no le gustaba.

― Kikyou si está en Brasil.

― ¿Qué es lo que sucede?― no le gustaba por donde iban las explicaciones de su hijo.― No creo que ya recapacitaras y la dejaras por fin.

Inuyasha respiró profundamente y comenzó a relatar todo, sus padres no le interrumpieron, su madre le miraba preocupada y su padre realmente furioso, pero los dos coincidían en que no creían lo que su hijo les contaba.

― ¿Qué clase de broma es?.― preguntó incrédulo InuNo.

― No es ninguna broma, sé que es imposible de creerlo, pero es la verdad.

― Primero que nada, estoy decepcionado, muy decepcionado. No se tu madre, pero yo te desconozco.― habló InuNo con dura.― ¡Lo que hiciste fue imprudente! Una mujer que pone primero su carrera a tener un hijo con alguien que dice amar ¡¿No te hizo pensar?! Te creí más inteligente, pero veo que me equivoqué.― mientras hablaba su tono subía de volumen.― Segundo ¿Y si esta chica solo finge? Obtendría más si te engatusa, seguramente es una oportunista y...

― ¡No lo es y no hables así de ella!― gritó para defender a Kagome, podían decir lo que quisieran de él, se lo merecía, pero no de ella.― Créanme, ella me hizo dar cuenta lo que es amar de verdad, todo lo que les dije es cierto.― decía ya más calmado.― Kagome es tan linda, sincera, pura, amorosa, natural, amable; Kaede la quiere mucho, Kagome le ayuda en la cocina y le gusta pasar tiempo en el jardín. Además, tiene una hermosa sonrisa que quiero ver siempre y ama al bebé como si fuera suyo.

Izayoi le miraba enternecida, su hijo en verdad estaba enamorado, no como cuando decía estarlo de Kikyou, ahora su mirada era otra cuando hablaba de esta joven, cada una de sus palabras venían de su corazón. Y si no estaba equivocada, su hijo había vuelto hacer el de antes gracias a ella. Debía ser con ella con quien hablaba a cada rato.

― ¿Traes los papeles?― preguntó Izayoi, sorprendiendo a sus dos hombres.

― Aquí están.― contestó de inmediato Inuyasha al sacarlos de su mochila.

― Tu padre los mandará revisar.― dijo al tomarlos, su esposo la miró incrédulo.

― Izayoi ¿Qué haces?.

― Tal vez tu no lo has notado, pero este que está aquí es realmente el niño que creíamos con amor, el pequeño que le gustaba subir a tus hombros, el jovencito que se hizo cargo del restaurante preocupado por tu salud; ya no es la persona indiferente que veíamos solo cuando íbamos al restaurante, mi amado hijo regreso y no quiero perderlo de nuevo.

― Mamá... Gracias.

― Solo te pido una cosa, quiero conocerla.

― Claro que si, la van a amar y se darán cuenta de lo que les digo es verdad.

― En tres días iremos.― dijo resignado InuNo.― Pero te advierto que si todo está en orden, nada se puede hacer.― sentenció.


Estaba cerrando todo para irse ya a dormir con Kagome, cuando sonó su móvil y al reconocer el número contestó de inmediato, no es que se muriera por hablar con Kikyou, pero se le había ocurrido una idea que bien podría funcionar para que se cambiara el contrató.

― Que bueno que llamaste, estaba pensando, que al bebé le haría mucho mejor la leche materna que la fórmula y...― fue directo al punto, pero si bien empezó a hablar Kikyou le interrumpió.

― Amor, muchos niños crecen bien con la formula.

― Sí, pero...

― Además ella debe regresar a su escuela ¿o no?.

― Podría ir en su tiempo libre a alimentarlo, quiero que sea un niño sano.

― Crecerá bien.― dijo quitándole importancia.

― Pero los estudios dicen que...

― ¿Quieres seguir cerca de ella? ¿Eso quieres?― decía fingiendo llorar, a pesar de que Tsubaky le dijo que solo había una leve atracción y todo parecía indicar que no había pasado a mayores, lo mejor era prevenirlo.

― ¿Qué?

― Ya no me quieres, es eso.― le reclamó.

― Kikyou, lo siento yo... No sé en que pensaba.

― Entonces no me hagas pensar otras cosas.

― No volverá a pasar.

― Bien, te llamó, besos.

¡Maldita sea! Esa mujer no se preocupaba ni un poco por su hijo, respiró hondo para calmarse, no quería preocupar a Kagome. Subió a la recámara que compartía con ella y antes de entrar la escuchó cantar. Corrió un poco la puerta y allí esta ella, sentada en la cama y acariciando su vientre mientras le cantaba al bebé.

"Nemurenu yoru ni, hitori utau uta. Wataru kaze to issho ni, Omií wo nosete tobu yo..."*

― Inu.― habló sorprendida al verlo.

― ¿Así se calma?― preguntó al ir subiendo a la cama y acostarse abrazando a Kagome a la altura del vientre.

― Algo así, también le gusta que pase mis manos sobre él.

― ¿Qué nombre le pondrías?― preguntó, era algo que había querido saber desde hace tiempo.

― Eso si es algo que debes elegir tú.― claro que había pensando en nombres para él, pero no le iba a decir a Inuyasha, eso ya era mucho para ella, era seguir dándole alas a su imaginación, donde Inuyasha, el bebé y ella eran una feliz familia.

Inuyasha le sonrió, no le insistiría, tal vez eso ya era pedirle mucho, pero luego aprovecharía para saber que nombre le gustaba a ella. Como le gustaría que su bebé tuviera hermosos ojos chocolate o la radiante sonrisa de Kagome, pero eso era imposible, solo esperaba que se pareciera lo más posible a él.


Estaba sentada en el piso de su antigua recamara repasando sus materias para ahora que regresará a la escuela, pero no tenía muchos ánimos, tal vez si dormía un poco al despertar tendría más ganas, ahora el problema era, levantarse ¿Por qué no se sentó en la cama? Claro, quería sentir el viento fresco que entraba por la ventana ¿Inuyasha la escucharía si le gritaba? Pero si le gritaba solo lo espantaría ¿Qué debía hacer?. Meditaba en eso cuando Inuyasha entró a la recamara, tenía la sonrisa de alguien que acaba de hacer una travesura.

― Kag, ven a la sala.

― ¿Qué pasa?― preguntó al ser ayudada para levantarse.

― Hay visitas.

― ¿Vinieron Sango y Miroku?― preguntó emocionada.

― Solo ven.― dijo con una sonrisa, sin duda sería una gran sorpresa.

Bajaron las escaleras, Kagome le miraba nerviosa, Inuyasha estaba emocionado y no sabía la razón. Entraron a la sala y se sorprendió de ver a dos personas que jamás había visto, la mujer tenía el cabello negro, lacio y largo, además de ser hermosa, su porte era muy elegante; el hombre era fornido y apenas tenía canas, pero lo que casi hace que se desmaye fue ver que sus ojos ¡Eran color miel! No podía ser, ellos no podía ser... Debía estar alucinando, se quedo dormida y ahora tenía una pesadilla, eso debía ser.

― Mamá, papá les presento a Higurashi Kagome. Kagome, ellos son mis padres.

¡Por todo lo bueno y sagrado! No se había equivocado ¿Qué hacían allí? ¿Qué debía decir? ¿Cómo debía actuar? ¿Ellos qué era lo que sabían?

― Hijo ¿Por qué no le dijiste? La pobre está asustada.― dijo Izayoi al ver que aquella chica se había quedado pálida.― ¿Estás bien cariño?.― Kagome lo único que atino hacer fue asentir.― Ven, siéntate e Inuyasha trae algo de tomar.― de inmediato el chico asintió, saliendo de inmediato a la cocina.

Kagome volteo a ver a Inuyasha asustada ¿Por qué la dejaba sola?. Inuyasha siguió de largo, solo esperaba que ella le perdonará por aquella sorpresa y no advertirla, pero quería que sus padres la cocieran como era, si le advertía ella podía planear el cómo comportarse frente a ellos, quería que sus padres vieran a la verdadera Kagome.

― Tranquila, soy Izayoi la madre de Inuyasha.

― Mucho gusto.

― Inuyasha no mentía, eres muy bonita y la maternidad va muy bien contigo.― ante esas palabras se sonrojo.― ¿Te digo un secreto? Después de que Inuyasha nos contó todo no para de hablar de ti, lo hubieras visto, estaba emocionado.

― ¿Les contó todo?.

― Con lujo de detalles.

En definitiva no sabía que decir, la madre de Inuyasha esta siendo muy amable con ella. Pero su padre no dejaba de verla con esa mirada que le helaba la sangre, ¿Sería algo como "policía bueno, policía malo"?.

― No muerde.― dijo divertida al notar que la joven se había percatado de la mirada escrutante de su esposo.

― ¿Cómo?.― preguntó confusa, no sabía de que hablaba.

― InuNo, deja ya esa actitud, la asustas.

― Cuénteme de su familia.

― Mi familia vive en Kodaira, mi papá es Higurashi Sabato, es maestro de matemáticas en una secundaría pública y es entrenador del equipo infantil de beisbol local; mi mamá es Higurashi Sonomi tiene una pequeña cafetería en la planta baja de la casa, mi hermano Souta va en primer año de preparatoria; mi abuelo materno vive con nosotros.

― ¿Qué hacías antes de embarazarte?― Izayoi lo fulminó con la mirada, había maneras más adecuadas de preguntar eso.

― Yo estaba en la universidad de Tokio, cursaba Arte y Diseño... Vivía en un complejo de cuartos en Nerima y tenía un trabajo de medio tiempo para pagar la renta, luego paso lo de mi madre y me di de baja temporal en la escuela, entonces comencé a trabajar en dos lugares.

― ¿Tu madre cómo ha estado?.

― No lo sé, no he hablado con ellos el contrato dice que...

― ¿No has mandado a nadie a verlos?― preguntó a su hijo que recién regresaba con las bebidas.

― Le pedí a Miroku que se encargará de todo, después de todo su familia tiene un hospital, allí será operada y también es dónde la han estado checando, le dije que si algo anda mal me lo informará.

― ¿Y no le habías dicho a ella?.

― Lo siento, yo... He estado pensando en otras cosas, como en impedir dejarla.

― ¿Ya comieron?― preguntó Izayoi queriendo cambiar de tema.

― En una hora estará la comida.― respondió Inuyasha.

― Salgamos a comer, además tengo ganas de recorrer el pueblo. Subamos a dejar nuestras maletas InuNo.― tomó a su esposo de la mano y salieron de la sala.

― ¿Estás bien?― preguntó Inuyasha una vez solos.

― ¿Por qué no me dijiste?.― le reclamó de inmediato Kagome.

― Si te lo decía me hubieras preguntado que decir, que hacer, como actuar y no ibas hacer tu.

― ¿Y si hago algo mal?.

― ¿Cómo que?.― dudaba que ella hiciera algo mal.

― Si digo algo impropio, si no tengo los modales que esperan que tenga o si simplemente no les agrado.

― No digas tonterías, saldremos con ellos y todo estará bien.

La tomó de la cara y la beso, cuando sintió los brazos de ella rodearlo la sujeto de la cintura, en ese momento no le importaba que sus padres regresarán y los vieran, solo quería demostrarle a Kagome lo mucho que la amaba.

― Es hermoso.― susurró Izayoi desde las escaleras, se detuvieron allí para "espiarlos".― Tienes que admitirlo nunca lo habíamos visto así, está feliz.― dijo al seguir subiendo las escaleras.

― Izayoi, no te entusiasmes tanto, todavía no sabes si del contrato...

― No se pueden separar.― dijo al entrar a su recámara.― Viste la forma en que se ven, es como tu me miras, es como Sessho...

― Lo sé, pero sus acciones tienen un precio.

― Siempre quisimos que conociera a alguien que lo hiciera feliz y ya la tiene, si no fuera por lo que hizo jamás se hubieran encontrado.

― Tal vez un día en la calle o en una tienda.

― ¿En verdad? Los lugares a dónde Inuyasha iba no son los mismos que ella seguramente frecuenta.

― El destino da muchas vueltas, yo no iba a ir a aquella boda y fue donde te vi por primera vez, luego nos topamos en un jardín botánico y yo no los frecuentaba.

― ¿Y si Buda quería qué fuera de esta manera?.

― Entonces Buda sabrá arreglarlo.

Izayoi sonrió, su esposo tenía razón, solo quedaba tener fe.

...

Era el segundo día de sus padres en Takayama y ya amaban a Kagome. En esos momentos miraba fascinado como su madre y Kagome arreglaban el jardín, ellas se llevaban muy bien. A su madre le encantaron todas las pinturas que había hecho Kagome, y ahora que veía la primer pintura que ella hizo, se daba cuenta que le falta algo como Kagome le había dicho, pero no sabía qué.

― Hijo.― le llamó su padre.

― ¿Encontró algo?― preguntó esperanzado, habían estado esperando una llamada de un abogado amigo de su padre que daba clases en Oxford y hace unos minutos había llamado.― ¿Papá?― llamó al ver que él se había quedando viendo a las dos mujeres.


Mil perdones, pero me entretuve escribiendo el inicio de otra historia, no tengo perdón, pero era necesario antes de que se me fuera de la cabeza, pero bueno, aquí tenéis la continuación y espero lo hubieran disfrutado.

Miles de gracias por sus mensajes .

joh chan, Maritza, aky, Guest, elvi y jossy-chan.

Nos estamos leyendo.

20/09/2014

Shibadu Wakaba:

Shibafu: hierba. Wakaba: hojas frescas. Ya saben porque tiene plantas medicinales XP.

*Yoru no Uta - CCS