No podéis quejaros, esta vez he actualizado pronto :P

Espero que os guste el capítulo, gracias por las reviews!


Cuando salió del taxi se limpió la lágrima que resbalaba por su mejilla y subió a su apartamento. Cogió su móvil y buscó su número en la agenda. Estuvo a punto de marcarlo, pero desechó la idea. Él había dicho que necesitaba estar solo, necesitaba su tiempo y ella no iba a negárselo. Continuó buscando en la agenda hasta que encontró el número de su amiga. Se detuvo unos segundos antes de pulsar a llamar, tal vez Lanie estaba durmiendo. Sacudió la cabeza y recordó que a Lanie le gustaba acostarse tarde. Pulsó el botón verde y se llevó el teléfono a la oreja.

-¿Tú llamando a estas horas? ¿Qué ha pasado? – Es lo que se escuchó al otro lado de la línea nada más descolgar.

-¿Te he despertado? – preguntó Kate, sintiéndose algo culpable por llamar tan tarde.

-No, y aunque así hubiese sido, tú tienes mi permiso, ¿Qué pasa?

Kate le relató lo ocurrido esa noche en el restaurante, mientras su amiga escuchaba atenta al otro lado del teléfono. Cuando terminó, la abogada esperó a que Lanie le diese su opinión.

-Vale, la has cagado un poco y ¿qué? Le has pedido perdón, estoy segura de que él lo ha comprendido, y te ha perdonado, pero es normal que necesite estar solo para pensar en lo ocurrido.

-Ya, pero Lanie…

-Si quieres mi opinión – le cortó la forense – Él está tan comprometido con vuestra relación que tiene miedo de que tú no lo estés igual.

-Nunca me había sentido así.

-Estás enamorada.

-Sí… - dijo Kate, acompañando el monosílabo de un suspiro.

-Pues díselo, él necesita saberlo.

Minutos más tarde, Kate se metía en la cama, algo más tranquila después de haber hablado con su amiga. Nunca había pensado que estar enamorada fuese de verdad tan complicado. Ella nunca expresaba sus sentimientos, no a no ser que fuese con sus padres o con Brigitte, y tener que hacerlo ahora con alguien más le costaba. Sobre todo porque Rick había conseguido enamorarla tanto, que tenía miedo de que eso terminase algún día, al igual que tenía miedo de que durase para siempre.


Al día siguiente, Rick pidió un taxi que lo dejó justamente en frente del edificio al que él se dirigía. El edificio se encontraba en un acomodado barrio de Manhattan, y él ya había estado allí una vez, solo que esta era la primera vez que acudía solo.

Suspiró antes de llamar a la puerta y finalmente lo hizo. Un minuto después, cuando estaba a punto de volver a llamar, la persona a la que había ido a buscar le abrió la puerta.

-Rick – dijo, sorprendida - ¿Qué haces aquí?

-Hola Johanna – le saludó él, inclinándose para darle dos besos.

-Hola Rick – El escritor reparó en ese momento en Brigitte, que medio escondida detrás de su madre, le miraba sonriente.

-Hola pequeña – le saludó él, también con una sonrisa.

-¿Todo bien con Kate? - preguntó Johanna, confusa con la inesperada visita de Rick.

-Sí, quería hablar contigo…

-Pasa – le dijo la abogada, haciéndose a un lado.

Después de que Brigitte le enseñara algunos de los dibujos que estaba haciendo en ese momento, Johanna le propuso que le hiciese un dibujo a Rick y ésta aceptó encantada, marchándose a su dormitorio y dejando que los dos adultos hablasen a solas.

-¿Quieres tomar algo? – preguntó Johanna.

-No, gracias.

La abogada asintió, y se sentó en el sofá, al lado de Rick, sosteniendo entre sus manos una taza de café. Rick sonrió de lado al ver aquel gesto que ya había visto en Kate. Johanna guardó silencio, esperando a que fuese el escritor quien le contase la razón por la que estaba allí.

-No sé si Kate te ha hablado de mi hija – comenzó él, tras aclararse la garganta.

Johanna asintió, y dejó que continuase.

-Está tratando de ayudarme a conseguir su custodia. Pero… ella tiene este otro caso, tan importante para ella… y yo no quiero que lo pierda por ayudarme a mí.

Johanna miró a Rick con una sonrisa. Comprendía lo qué el escritor quería decir, si Kate perdía el caso de Green Enterprise por ayudarlo a él, tal vez eso abriría una brecha irreparable entre ambos. Observó al escritor durante unos segundos, vio la preocupación de éste y se sintió feliz de saber que su hija por fin tenía a su lado a alguien que la quería de verdad.

-¿Me estás pidiendo que lleve yo el caso de tu hija? – preguntó Johanna, mirando a Rick con una sonrisa.

-¿Lo harías? – preguntó él, con algo de miedo en sus ojos.

-Sí. Voy a necesitar toda la información acerca del caso.

-Gracias – dijo él, sin querer ni poder esconder la sonrisa en su rostro – Kate tiene todos los informes… hablaré con ella.

-¿No sabe que estás aquí, verdad?

-No… - Dijo él quedándose en silencio unos segundos – Ayer… discutimos.

Johanna escuchó atenta, mirando al escritor, viendo cómo le dolía haber discutido con Kate.

-Yo quiero a Kate…

-Lo sé, puedo verlo – dijo ella, posando una mano en el hombro de él.

-Se va a enfadar cuando sepa que he venido aquí sin hablarlo con ella – dijo, ahora con una sonrisa melancólica.

-Te perdonará – aseguró, convencida, Johanna – Kate es difícil de descifrar, y hasta hace poco por lo único que se comprometía era por su trabajo, pero eso ha cambiado desde que está contigo.

Castle sonrió de lado

-Gracias Johanna.

En ese momento, Brigitte entró saltando en el salón, con un dibujo en la mano. Se acercó hasta el escritor y se lo tendió.

-Es para ti – dijo, con una tímida sonrisa.

Rick cogió el dibujo y lo observó. En él había dos personas dibujadas, un chico y una chica, con un corazón encima de sus cabezas.

-Sois tú y Katie. ¿Te gusta?

-Me encanta – dijo Rick, dejando de mirar el dibujo para mirar a Brigitte. Le hizo un gesto para que se acercase y la estrechó entre sus brazos, mientras la pequeña reía, feliz.


Dejó la taza de café en la mesa, ya vacía. Ese era su tercer café y todavía eran las cuatro de la tarde. Suspiró e intentó volver a centrar su atención en los papeles que tenía delante. Se le estaba haciendo bastante cuesta arriba, pero tenía que trabajar bien en toda aquella esa información. Había dejado por varias horas el caso de Green Enterprise para centrarse en el de Alexis y ahora debía centrar su atención en el primero de ellos. Además no podía concentrarse, no sabiendo que Rick todavía seguía enfadado con ella. Él dijo que la llamaría, sin embargo no había sabido nada de él en todo el día, y tampoco quería llamar ella y que eso le molestase.

Volvió a suspirar y, como si de un momento telepático se tratase, su móvil, al lado de todos aquellos papeles, comenzó a vibrar. Su rostro se iluminó al ver el nombre de Rick escrito en la pantalla y sin pensárselo dos veces deslizó el dedo por la pantalla.

-Rick – Sonó casi como un suspiro, pero no le importó.

-Kate – su voz sonaba suave, sin ninguna muestra de enfado.

-Te he echado de menos – se atrevió a decir ella, para después morderse el labio.

-Yo a ti también – una sonrisa apareció en el rostro de la abogada al escuchar aquello - ¿Puedo… subir a verte?

-¿Estás aquí? – dijo ella, levantándose de la silla, tirando sobre la mesa la taza de café, afortunadamente vacía.

-Si, estoy en el portal – dijo él, riendo al escuchar el nerviosismo de Kate y el ruido de algo caer.

-Sí, claro, claro, sube. Por favor.

-Vale. Nos vemos ahora.

Cuando el teléfono comenzó a comunicar, Kate lo dejó sobre la mesa de nuevo y se dirigió hacia la puerta. La abrió y se quedó apoyada en el marco, esperando a Rick. Se mordió las uñas, algo que nunca hacía. Quería seguir el consejo de Lanie y decirle a Rick lo que ella sentía de verdad hacia él, pero esperaría hasta encontrar el momento adecuado.

Las puertas del ascensor se abrieron, con su característico sonido, dejando ver al escritor al otro lado. Llevaba unos vaqueros y una camiseta tejana, un look normal a los ojos de cualquiera, pero realmente sexy a los ojos de Kate. Rick sonrió al verla allí, esperándolo y se acercó.

Ambos se quedaron en silencio, con escasos centímetros separándolos, hasta que ella se inclinó sobre sus talones, descalzos, y rodeó el cuello del escritor. Cerró los ojos y aspiró su aroma, sintiéndolo allí, con ella. Una lágrima se escapó por su mejilla y, cuando se separaron, Rick se la limpió con el pulgar, acariciando después la mejilla de Kate con dulzura y cariño. En otro momento ella se hubiese reprimido por llorar así, pero en este preciso momento no le pudo importar menos.

-Vamos – dijo Castle, dirigiendo a Kate hacia dentro de su apartamento.

Los dirigió a ambos hacia el sofá y tomó aire antes de comenzar a hablar. Kate lo miró, asustada, temiendo lo que el escritor fuese a decir a continuación.

-He hecho algo que necesito contarte.

Kate tragó saliva y esperó a que él comenzase a hablar.

-Sé que has estado muy ocupada con los dos casos – le dijo, agarrándole ambas manos entre las suyas – y que te estás jugando el puesto por ayudarme a conseguir la custodia de Alexis.

-Rick…

-No, déjame terminar por favor. Aprecio muchísimo lo que estás haciendo, pero no quiero que te juegues tu trabajo por mí.

Kate lo miro, sin comprender, ¿le estaba pidiendo que deje el caso de Alexis?

-He contratado a otra abogada – dijo él, cauteloso.

-¿Qué? – soltó ella, sorprendida. No pudo evitar sentirse decepcionada al saber que la había apartado de aquel caso, tan importante para él, sin consultarle – Rick yo… no tenías que hacer eso.

-No soportaría que perdieses el trabajo, o ese caso tan importante, por mi culpa.

-No era necesario – insistió ella, tratando de ocultar que estaba molesta. En realidad no quería volver a enfadarse con él.

-Sabía que te molestarías – dijo él. Ella le miró e intentó decir algo pero él levantó la mano, queriendo continuar – Y es un caso importante, no podía dejar que lo lleve cualquiera. Por eso he contratado a la segunda mejor abogada.

-¿De quién estás hablando? – preguntó ella, mirándolo confusa.

-Johanna va a llevar el caso.

-¿Mi madre? – dijo, ahora sorprendida.

-Mhmm. Confío en ella lo suficiente como para que lleve mi caso y, si tu quieres puedes ayudarle, mientras no dejes de lado el caso de Green Enterprise.

Ella no dijo nada, se quedó mirándolo, admirándolo. Rick había hecho eso para que ella no perdiese su puesto.

-¿Estás… enfadada? – preguntó él, temeroso.

¿Enfadada? No podía estar enfadada con él, y no por eso. Más bien se sentía agradecida. Realmente le había quitado un peso de encima, podría dedicar estos dos días siguientes al caso de Green Enterprise mientras su madre se ocupaba del caso de custodia de Alexis, y después, ayudar a Johanna si lo necesitaba.

-No – dijo, sonriendo – No estoy enfadada.

Él sonrió y soltó un pequeño suspiro, aliviado. Ella sonrió, lo rodeó del cuello y lo acercó hacia ella, acariciando los labios del escritor con los suyos. Deleitándose de su tacto, acariciado con sus manos las mejillas de él. Ambos sonrieron y se acariciaron con la nariz. El enfado de la noche anterior estaba olvidado por parte de ambos o al menos, perdonado, y sin duda había marcado un antes y un después en su relación.

El escritor se movió en el sofá, cogiendo a Kate por la cintura, colocándola a horcajadas sentada en sus piernas. Ante ese movimiento, un papel cayó sobre el sofá, del bolsillo de Rick.

-¿Qué es esto?

-Oh, esto… - dijo él, desdoblando el papel con una sonrisa – Tu hermana me hizo un dibujo.

-Brigitte – dijo ella, mirando el dibujo con una gran sonrisa en el rostro – Somos nosotros.

-Sí.

Kate miró sonriente a Rick, dejó el dibujo en la mesita del salón y acercó su cuerpo más al de suyo, sintiendo la reacción de él y sonriendo sobre sus labios, sintiendo los dedos de él acariciarle la piel bajo su camiseta.


Espero que al final no os parezca tan malo el cambio de abogada ;)