Cuando Draco se despertó, cegado por los rayos de sol que se filtraban por la ventana, se dio cuenta de que Astoria no estaba a su lado. Se sentó en la cama y se desperezó, y, cuando se agachó para recoger los pantalones, que estaban tirados en el suelo, entró su novia.

-Buenos días- lo saludó la morena-, ¿cómo has dormido?- Draco levantó su vista para mirarla. Llevaba tan solo puesta la ropa interior y una de las camisas de Draco sin abotonar.

-¿De dónde has cogido esa camisa, Astoria?- le preguntó.

-De tu armario, de dónde si no- la morena se acercó a él, que se levantó y se subió los pantalones.

-Te he dicho como mil veces que no te pongas mis camisas limpias porque después se quedan impregnadas del aroma de tu colonia y no soporto como huele- gruñó.

-Para empezar, yo no uso colonia, si no perfume- se cruzó de brazos, claramente ofendida-, y huele bien.

-Olería bien si no te echases medio litro de tu maldito perfume.

-No te pongas así, es solo una camisa, Dobby la lavará y asunto arreglado.

-Voy al baño que no tengo ganas de discutir contigo tan temprano- salió de su dormitorio sin mirar a la morena.

-¡Dobby!- llamó al elfo-, ¡prepara en desayuno!- le gritó.

-En seguida, señorita Greengrass- obedeció el pequeño elfo doméstico.

Astoria se abotonó la camisa de Draco, se calzó sus zapatos, se recogió el pelo y se dirigió a la cocina. Se sentó en una silla, frente a la mesa, y esperó hasta que el elfo le sirvió el desayuno.

Al rato, entró Draco y se sentó frente a ella.

-¿Sigues enfadado?- le preguntó su novia.

-No- y mordió su tostada- solo que te he dicho cientos de veces que no te pongas mis camisas limpias.

-Lo siento, Draco- se disculpó. El rubio asintió-, ¿a qué hora me paso esta noche?

-Pues a lo hora de cenar- bebió un gran trago de su zumo-, pásate sobre las nueve y media, me llegaré a por Luce sobre las nueve, y si no estoy aún, te recibirá Dobby.

La chica, que ya había terminado de desayunar, se acercó a Draco y se sentó sobre sus piernas.

-¿Qué te parece si después de cenar nos vamos tú y yo a algún sitio?- lo besó en el cuello.

-No creo que sea posible, Luce se quedará a dormir- ella suspiró.

-Draco, quiero pasar más tiempo contigo- empezó a deslizar sus dedos sobre el pecho desnudo de él.

-No pasamos más tiempo juntos porque no quieres.

-¿Que no quiero?- preguntó-, tú no pones de tu parte, últimamente siempre estás con tu hija.

-Me he perdido casi ocho años de su vida, ahora me gustaría pasar tiempo con ella.

-¿Y qué hay de mí? Soy tu pareja, ¿acaso no soy importante para ti?- estaba a punto de echarse a llorar.

-No montes ningún numerito, por favor- le pidió- puedes estar con nosotros dos siempre que quieras.

-¿Con ese pequeño monstruito?, lo lamento, pero no- se cruzó de brazos.

-No la llames así, es mi hija- la defendió.

-Quién te ha visto y quién te ve- lo señaló con un dedo-, acabas de descubrir hace nada que tienes una hija y te has vuelto más responsable.

-Como debe ser- se limitó a contestar.

-Lo que tú digas- murmuró por lo bajini, aún así, él la escuchó, pero le hizo caso omiso- voy a cambiarme de ropa y me voy, ya nos veremos esta noche- Astoria se dirigió hasta el cuarto del rubio, y, cuando pasó por su lado, éste le dio una palmada en el trasero.

-¡Oye!- lo regañó ella en broma y Draco se rió.


Luce estaba en su habitación, guardando algunas cosas, como el pijama y el cepillo de dientes en una mochila, ya que hoy cenaría con su padre, y lo más probable era que se quedase en casa del rubio a dormir.

-¡Luce!- escuchó que la llamaba su madre, desde el piso de abajo.

-¡Voy!- gritó, salió de su dormitorio y bajó las escaleras, llegando hasta donde se encontraba su madre.

-¿Lo tienes ya todo listo?- le preguntó.

-Sí, mamá.

-Muy bien, cielo- Hermione miró su reloj de muñeca-, la tía Ginny está a punto de venir, yo voy a cambiarme de ropa, ábrele tú, ¿de acuerdo?

-Sí, mamá- le dijo-, ¿vais a salir?

-Sí, es que dice que tiene que contarme una cosa importante sobre… su trabajo- inventó en último momento. En verdad le había dicho por carta que tenía que contarle algo muy importante sobre Malfoy.

-Ah- dijo la pequeña.

-Voy a cambiarme que se me hace tarde- y subió a toda velocidad las escaleras.

-Mami, no corras te vayas a caer- le dijo lo que le solía decir la castaña a ella. Luce iba a entrar al salón cuando llamaron a la puerta. Se acercó y abrió. Pero no era la pelirroja, sino su padre.

-Hola, Draco- lo tomó de la mano y tiró de él. Cerró la puerta detrás del rubio.

-Hola, Luce- la saludó-, ¿estás lista para que nos vayamos?

-Sí, espera que baje mi madre, que se está cambiando de ropa porque se va con su amiga, me despido de ella y nos vamos, ¿vale?

-Claro- aceptó, se metió las manos en los bolsillos delanteros del pantalón.

-Vamos al salón mientras- echó a andar y él la siguió.

Hermione, que había escuchado llamar a la puerta, se pensó que era Ginny la que había llegado, por lo que se enfundó unos vaqueros y ni tan siquiera se los abotonó, cogió una blusa de la percha y bajó rápidamente las escaleras.

-¡Ginny!- gritó, mientras bajaba corriendo las escaleras-, espera un segundo que se me ha hecho un poco tarde y…- entró al salón y vio que la persona que había llegado no era su amiga, sino que era Malfoy, el que la estaba mirando de arriba abajo- joder, Malfoy- exclamó, avergonzada, se dio la vuelta con rapidez, se puso la blusa y abotonó la camisa y los pantalones.

A pesar de que ella había tardado tres segundos en darse cuenta y reaccionar, esos segundos fueron suficientes para que el rubio contemplara todo su cuerpo. Descubriendo que, bajo ese sostén rosa palo, se escondían unos pechos más desarrollados que la última vez que los vio, al menos, que él recordara. Admiró su estrecha cintura y sus caderas redondeadas y algo más anchas. Hasta le dio tiempo de ver el filo de sus braguitas, también de color rosa palo, por lo que supuso que llevaba un conjunto de ropa interior.

Y, cuando se dio la vuelta para ponerse la blusa, clavó la vista en su trasero, y en sus piernas largas y firmes.

-Luce- la castaña se había vuelto para mirar a la niña, y Draco sonrió al ver que sus mejillas estaban teñidas de un suave tono rojo-, ve arriba a por tus cosas, cariño- la aludida asintió y salió rápidamente del salón.

-No te avergüences, Granger- le dijo-, he visto menos de lo que vi hace ocho años- ella lo miró desafiante, pero no respondió, y él no le dijo nada más.

-Ya estoy lista- se acercó a su madre, Hermione se agachó y le dio un beso a su hija.

-Granger, ¿te importa que se quede a dormir en mi casa?

-No, me parece bien- le respondió, pero sin mirarlo-, nos vemos mañana, cariño.

-Hasta mañana, mami- se acercó a su padre, el que le quitó la mochila de los hombros y se la colgó en el antebrazo. Ella los acompañó hasta la puerta.

-Nos vemos mañana, Granger- le dijo Draco, aunque se sintió tentado de decirle algo como: "no me importa si mañana me recibes así también", o "te sienta jodidamente bien el rosa", pero decidió morderse la lengua.

-Adiós, Malfoy- cuando ellos salieron, cerró la puerta y se apoyó sobre ella. Se dijo a sí misma que jamás de los jamases saldría sin ponerse algo encima, que luego pasaba lo que pasaba.

El sonido del timbre la sobresaltó y se despegó de la puerta. Esta vez sí que era su pelirroja amiga.


Theo se maldijo una y mil veces el haberle pedido una cita a Luna. Ni tan siquiera lo pensó, se limitó a soltarlo así, a bocajarro.

¿Qué pretendía con esa chica? Pues, ciertamente, ni él mismo lo sabía, porque ni tan siquiera le gustaba. Y aunque le gustase, jamás intentaría nada con la mujer a la que su padre había violado.

-Joder- murmuró para sí mismo.

Además, tampoco era hablador, ¿qué iba a hacer con ella esa noche?

Ella lo tendría que haber rechazado. En verdad, Luna estaba loca por haber aceptado salir con él, ¿qué lunática saldría con el hijo de su violador?

Al parecer ella, Lunática Lovegood, que le daba oportunidades a todo el mundo. Solo a ella se le ocurriría.

-Una cita y no la volverás a ver- se dijo a sí mismo-, tampoco será tan malo- intentaba convencerse.

Se miró al espejo antes de salir de su casa, ¿para qué iba a darle más vueltas al asunto?


Draco y Luce estaban sentados ya a la mesa, esperando a Astoria, la cual debería haber llegado hacía ya más de media hora. Luce tamborileaba los deditos sobre la mesa.

-Luce, me estás poniendo de los nervios- pero a la niña no le importó que Draco le repitiera eso por septuagésima vez.

-Tengo hambre, vamos a comer ya, porfi- hizo un mohín.

-Cinco minutos más, y si no aparece, le decimos a Dobby que sirva la mesa- accedió el rubio, al que le rugían las tripas debido al hambre que tenía.

Luce soltó un suspiro, pero no se quejó, no iba a servir de nada.

Tras varios minutos en los que lo único que se escuchaban las tripas de Draco y a Luce golpeando la mesa con los dedos, llamaron a la puerta. El primero se levantó de un salto y se dirigió a grandes zancadas a la puerta.

-Hola, Draquito- Astoria le dio un beso en los labios al rubio y entró al interior de la casa.

-Ya era hora de que hicieras acto de presencia, ¿no te parece?- le espetó.

-Lo siento, estaba terminando de arreglarme, además, todas las mujeres somos impuntuales.

Se sentó a la mesa, ignorando completamente a la pequeña.

-Maleducada- soltó luce, por lo bajini.

-¿Has dicho algo, niña?- le preguntó bruscamente.

-Que estás muy guapa- le sonrió falsamente.

-Tengamos la fiesta en paz, por favor- el rubio se sentó a la mesa y llamó a Dobby para que sirviera la comida.

La cena transcurrió totalmente en silencio, lo único que se escuchaba era el sonido de las copas al dejarlas sobre la mesa y el ruido de los cubiertos. Se palpaba la tensión en el ambiente.

-Cielo, no me has dicho nada acerca de mi vestido nuevo- la morena se puso en pie y dio una vuelta sobre sí misma-, ¿qué te parece?

-Estás muy guapa, y el vestido es precioso- le dijo su novio, y ella le lanzó un beso. Luce fingió una arcada.

-Astoria, ¿puedes darte la vuelta un segundo?- le dijo la pequeña. Ella hizo lo que le dijo, aunque no muy convencida-, sí, el vestido es precioso- le dijo con sinceridad-, aunque, no sé, creo que falla algo.

-¿De veras?- se giró para mirar a Luce a la cara, contenta de que la niña le dedicase unas bonitas palabras-, ¿el qué?- Draco intuía que lo que iba a soltar su hija no era nada bueno.

-A ver, date la vuelta un segundo, por favor- ahora que no lo veía, Draco le hizo gestos a la niña para que se callara, pero ella sacudió la mano en señal para que no se preocupara, y él pareció tranquilizarse.

-Sí, ya lo tengo- comentó despreocupadamente-, tu trasero, ¿siempre lo has tenido así o es que te ha engordado?- preguntó, con malicia.

-¡Pero serás!- la morena le dedicó una mirada envenenada. El rubio fingió tener tos y bebió de su copa, aunque, en realidad pretendía disimular la risa. Él también se había dado cuenta que el trasero de Astoria había ganado volumen.

-Oh, te he ofendido- Luce se llevó la mano a la boca-, no era esa mi intención, de veras.

-Eres un pequeño monstruito- le dijo, pero la aludida lo único que hizo fue ensanchar su sonrisa-, ¿y tú qué?, ¿no piensas defenderme?

Draco se señaló a sí mismo con el dedo.

-Vamos, son cosas de niños, siéntate.

-Claro que sí, Astoria, son cosas de niños- le dijo de nuevo Luce.

-Esta niña es puro veneno, Draquito.

-Pero siempre se ha dicho que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, ¿me equivoco?- prosiguió, ignorando lo dicho por la morena.

-Luce, por favor, basta ya- le pidió su padre, la niña frunció el entrecejo-, te lo estoy pidiendo por favor- ella asintió.

Al parecer, todo volvió a la normalidad, aunque esa paz duraría poco. Dobby sirvió el postre.

-Dobby, ¿por qué no te sientas con nosotros?- el elfo miró a Malfoy, el que le hizo un gesto afirmativo con la cabeza, Dobby se sentó al lado de la hija de Hermione.

-Oh, no, esto sí que no- la morena se levantó de la silla que ocupada, una vez más-, no pienso cenar al lado de un elfo, esto es demasiado-. Dobby hizo ademán de levantarse.

-No te levante, Dobby- le dijo-, no seas cría y cállate de una vez- estaba bastante enfadado por el comportamiento que estaba teniendo su novia.

-¡Pero Draco!- chilló.

-¿Prefieres comer en el suelo?- le preguntó, ella abrió los ojos-, dime, ¿lo prefieres?

-¡Por supuesto que no!- tomó su plato y se sentó en el sofá.

-¿Por qué no te comportas como una mujer adulta en vez de como una cría caprichosa con una rabieta?

-No me estoy comportando de ninguna manera- él bufó y puso los ojos en blanco, pero no dijo nada-, pero parece que para ti un maldito esclavo es más importante que yo.

-¡Dobby no es esclavo de nadie!- chilló Luce, defendiendo a su nuevo amigo.

-¡Dobby es un elfo libre, señorita Greengrass! ¡Harry Potter hizo que su antiguo amo le otorgara la libertad a Dobby! ¡Dobby trabaja aquí porque siente cariño por su antiguo amo!- dijo, a la par que Lucinda.

-No vayas de víctima- le dijo Draco.

Todos se tomaron el postre a la mesa, excepto Astoria, que no paraba de quejarse de que no le importaba nada a su novio, pero él no dijo nada, a sabiendas de que ella andaba buscando pelea.

Dobby se levantó de la mesa el primero y comenzó a recoger los platos. Draco llenó una copa de vino y se la tendió a su hija.

-Tengo siete años, no puedo beber vino- le dijo ella.

-Eso lo sé, es para que se la lleves a Astoria- la niña lo miró con gesto enfurruñado-, me gustaría que os llevaseis bien, o, por lo menos, no tan mal, ¿es mucho pedir?

-De acuerdo, trae- el rubio se la dio, y ella la sostuvo con ambas manos.

Todo ocurrió demasiado deprisa. Luce caminaba lentamente, sin quitar la vista de encima de la copa para que no se le derramara, por lo que no vio la alfombra, tropezó con ella, y el contenido de la copa cayó sobre el vestido de la morena, la que se levantó de un gran salto.

-¡Mi precioso vestido nuevo!- gritó tan fuerte que de seguras se enteró todo el vecindario-, ¡tú!- la señaló con un dedo, Luce empezó a caminar de espaldas.

-Lo siento- murmuró la niña, con sinceridad.

-¡Lo has hecho a propósito!

-No, de verdad, es que he tropezado, y…

-¡Mentirosa! Eres igual de mala que tu madre.

-¡No te metas con mi mamá!- le gritó Luce.

-Vamos, Astoria, cálmate, ha tropezado- se acercó con una servilleta, y ella se la arrancó de las manos.

-Estoy harta de tu hija, Draco. Me duele la cabeza de escucharla-, se dejó caer en el sofá y se llevó una mano a la frente-, llévasela a su madre ya, por favor.

-Te dije que iba a pasar aquí la noche.

-¿Qué? Oh, no. Que la aguante su madre, que para algo está- le dijo-, además, Granger ya ha conseguido librarse un rato de ella.

Ese comentario le dolió. ¿Sería una carga para su madre?

-Draco, que si molesto, me voy con mi mamá.

-¿Ves?, si ella quiere irse con su madre, seguro que la echa de menos, venga, quítala de mi vista.

-Luce no se va a ir a ninguna parte, así que no insistas más- se revolvió su rubio cabello.

-Muy bien- Astoria se puso en pie-, sino se va ella, me voy yo, lo siento, pero es así.

-No seas infantil.

-No lo soy, va en serio, o ella o yo- se cruzó de brazos, a la espera.

-¿Es un ultimátum?- ella se encogió de hombros-, ¿me estás dando a elegir entre mi hija y tú?

-Así es.

-Muy bien- se encaminó hacia la puerta y la abrió de un fuerte tirón. Luce se acercó hasta la puerta, arrastrando los pies.

-Saluda a tu madre de mi parte- le dijo la morena con maldad.

-Aquí la que se va eres tú, no Luce- se le cambió la cara de repente.

-Pero Draco…

-No hay peros que valgan, no puedes hacerme elegir entre mi hija y tú y esperar que te elija.

-Soy tu novia- susurró.

-Te confundes de tiempo verbal, lo correcto sería decir "eras", pasado del verbo ser- le señaló la puerta-, si eres tan amable de dejarnos.

-Muy bien, pero luego no me busques- y, por segunda vez, fue "invitada" a abandonar esa casa.

Luce se sentó en el sofá. Se sentía culpable, si ella no hubiera comenzado la discusión con Astoria, su padre no habría roto con ella. Todo era su culpa. Comenzó a llorar en silencio.

Al cabo de un instante, el rubio se sentó junto a ella.

-No llores, Luce- le pidió.

-Es mi culpa- le dijo-, lo siento mucho, de veras, si yo no hubiera empezado a meterme con ella.

Él no dijo nada.

-No le he tirado la copa encima queriendo, te lo prometo.

-Lo sé, lo sé. Venga, no llores más.

-Pero por mi culpa has terminado con tu novia- se lamentó- soy una persona horrible.

-No digas tonterías, Luce- le dijo-, venga, vete a dormir, que es tarde y tienes sueño.

-Me quiero ir con mi mamá- pidió.

-¿Quieres que te lleve con ella?- ella lo miró y asintió-, pero debe estar durmiendo, no vamos a molestarla. Además, la vas a preocupar cuando te vea así- ella se encogió de hombros.

-Porfi, quiero a mi mamá.

-Está bien. Pues vamos. Voy a por tus cosas, tú ve a lavarte la cara- y cada uno tomó una dirección.


-Hola, Ginny- la saludó.

-¿No sabes?, ¡tengo muchas cosas que contarte!

-Vale, Gin, pero saluda antes, ¿no?- bromeó la castaña.

-Oh, sí, hola Hermione, guapa. ¿Estás ya lista?

-Sí, entro un segundo a por el bolso y en seguida regreso.

-Date prisa, Herms- dijo la pelirroja a una de sus mejores amigas.

-Ya, vamos- cerró la puerta de su casa, y juntas echaron a andar-, pensé que Luna vendría contigo.

-Tiene una cita con Theodore Nott.

-Vaya, ¿así que se trae algo con él?- preguntó, movida por la curiosidad.

-Ya hablamos de eso luego, Hermione- la interrumpió-, es más interesante lo que tengo que contarte.

-Tú dirás- la animó a hablar.

-Bien, pues ayer vino Draco Malfoy a mi casa, ¿lo sabías?- miró a su amiga.

-Sí, me lo dijo él, fue a pedirte mi dirección, ¿cierto?

-Sí, pero es que no sabes la que se formó en mi casa, prepárate, porque no vas a dar crédito a tus oídos.

-A ver, dime.

Y ahí empezó el relato de la menor de los Weasley. Le contó absolutamente todo lo que le dijo el rubio a su hermano Ronald. La castaña no le dio la más mínima importancia.

-Y bueno, ¿qué opinas?- le preguntó cuando terminó su narración.

-Vamos, es Malfoy, no se lo tomarías en serio, Ginny.

-Me parece que no me has escuchado bien, te repito, dijo que volvería a hacer el amor contigo, ¿lo pillas?, ¿sabes lo que quiere decir eso?, ¿sabes por qué lo dijo?

-Sí, lo pillo. Sí, se lo que quiere decir. Y sí, sé por qué lo dijo, está claro, solo lo hizo para molestar a Ron, Ginny- respondió a las tres preguntas de su amiga pelirroja.

-¡Qué dices!, estoy segura de que lo sigue pensando. Ya se ha acostado contigo una vez, ¿por qué no lo haría más veces?

-Lo que pasó la otra vez fue…- Ginny la miró con las cejas alzadas, esperando-, no sé lo que fue, pero no se va a repetir nunca, te lo aseguro. Ni él volvería a hacerlo conmigo ni yo con él.

-No digas de esta agua no beberé, porque nunca se sabe.

-Pues lo afirmo: jamás volverá a pasar nada entre él y yo.

-¿Te has arrepentido alguna vez de lo que pasó?- quiso saber, aunque esa pregunta se la hacía constantemente.

-Te repito lo de siempre, no. No me arrepiento, si no hubiera sucedido no tendría a Luce, que es lo más importante de mi vida.

-Bueno, al menos dime si fue o no un buen polvo.

-¡Ginny!- le regañó.

-Vamos, solo respóndeme a eso. Te lo he preguntado mil veces y no sé cómo te las arreglas, pero siempre consigues darme esquinazo.

-Sí, no estuvo mal- la pelirroja la miró-. Está bien, sí, estuvo muy bien, ¿contenta?

-¿Ha sido la mejor relación sexual de tu vida?- continuó.

-Vamos a tomarnos algo, anda- ignoró la pregunta de su amiga y tiró de su mano, para entrar a un bar.

-Pero…- pero no hubo peros que valgan, Hermione no respondió a nada más que estuviera relacionado con ese tema.


Hermione, que estaba durmiendo, le pareció escuchar que estaban llamando a su puerta. Miró el despertador, que estaba sobre su mesita de noche. 1:17 a.m.

Se levantó de la cama, abrió la ventana, y asomó la cabeza.

-Aquí abajo, Granger- era Malfoy, y venía con su hija, ¿le habría pasado algo a la niña? Porque se suponía que iba a pasar la noche en su casa.

-Un segundo, ya bajo- cerró la ventana, se puso una bata sobre el pijama, y bajó las escaleras apresuradamente.

-Luce, hija- dijo, cuando abrió la puerta-, ¿qué te ha pasado?- Luce se abrazó a la cintura de la castaña, la que la rodeó con sus brazos.

-¿Qué ha pasado, Malfoy?- le preguntó.

-Bueno, verás, es que ha habido un problemilla con Astoria y ninguna estaba cómoda en compañía de la otra, por lo que Luce quería venirse contigo, y nada, aquí la tienes- le respondió.

-¿Por qué no subes a tu habitación, mi vida? En un segundo estoy contigo- se separó de su madre, se despidió del rubio, y subió las escaleras.

-Ya te vale, Malfoy- le espetó-, ¿se puede saber qué le habéis hecho tú y tu novia para que mi hija esté así?- estaba realmente enfadada.

-Eh, tranquilita, Granger, que yo no le he hecho nada- se apoyó en el marco de la puerta.

-Oh, ya, claro. Mi hija se pone así sin motivo. ¿Qué ha pasado?, respóndeme con sinceridad.

-Nada, es solo que ella y Astoria no se llevan bien, y se han peleado y he pensado que lo mejor era traer a Luce contigo- para el rubio, eso no fue mentir, sino omitir parte de la verdad.

-Oh, ya veo- ella se cruzó de brazos y dio un paso hacia adelante, acercándose al rubio-ayer mismo me dijiste que querías recuperar el tiempo perdido con mi hija, y ahora mira, te presentas en mi casa a las una y media de la mañana para traerme a Luce, como si fuera un paquete, para que no te moleste, ¿me equivoco?- él la miraba seriamente, pero la dejó continuar, a pesar de que no lo estaba haciendo ni pizca de gracia lo que estaba diciendo de él-, ¿qué pasa?, ¿vas a tirarte a Greengrass y las has traído a mi casa para que no te moleste? Bien, Malfoy, eres un padre ejemplar- la castaña se dio media vuelta y se dispuso a cerrarle la puerta en las narices, pero él, que fue más rápido y tuvo mejores reflejos, puso el pie, impidiendo que ella cerrase.

El rubio empujó la puerta y volvió a abrirla. Se plantó delante de la entrada a la casa para que ella no pudiera tratar de echarlo una vez más.

-Menos lobos, Caperucita, que no tienes ni idea de lo que ha pasado en mi casa, y deja a un lado las conjeturas que la Adivinación se te da de pena, así que no puedes saber lo que ha ocurrido para que Luce esté así.

-Muy bien, ilumíname- ella se cruzó de brazos, a la defensiva.

-Astoria y Luce han estado toda la noche lanzándose pullitas la una a la otra, al final, Luce le ha tirado una copa encima a Astoria- Hermione abrió los ojos-, pero sin querer, y Astoria se ha puesto hecha una furia, total, que una cosa llevó a la otra y Astoria me hizo elegir entre ella y mi hija.

-O sea, por esa razón la has traído, para estar con tu querida novia, es casi lo mismo que yo he dicho.

-¿Quieres dejarme terminar?- esperó unos instantes-, entonces le dije a Astoria que se marchase, vamos, que la puse de patitas en la calle, pero Luce empezó a llorar porque decía que ella era la culpable de que hubiera terminado con Astoria y no dejaba de repetirme que quería estar contigo, por eso la he traído a su casa. Fin. Ya puedes hablar.

-Vaya, la verdad que no sé qué decir- se colocó un rizo detrás de la oreja.

-No sé, quizá una disculpa estaría bien, digo yo- sugirió.

-Sí, llevas razón, siento haberte juzgado de antemano, no volverá a ocurrir.

-Bien, hasta otro día, Granger, dale las buenas noches a Luce de mi parte- caminó hacia fuera.

-Descuida, lo haré- ella iba a cerrar tras él cuando Draco giró sobre sus talones y le agarró un brazo. Tiró de ella hacia él.

-Por cierto, Granger- se acercó a su oído, tanto que el cabello de ella le hacía cosquillas en la nariz-, no vuelvas a hablarme de ese modo- su aliento impactó en el oído de Hermione, provocándole un escalofrío.

Ella no respondió y el rubio se separó rápidamente de ella.

-Dulces sueños, Granger- le dijo, ya de espaldas. Ella sonrió y cerró la puerta.

La castaña fue al dormitorio de Luce, la que estaba profundamente dormida, por lo que la arropó y le dio un beso en la frente.

-Te quiero, cariño- susurró.