—Bueno, ¿Que has hecho hoy?
Marinette se hundió en los cojines de su cama, sonriendo mientras miraba a Adrien y pensando qué contestar.
Obviamente no podía contarle exactamente a qué había dedicado la tarde, porque la había pasado con Chat. Lo cierto es que llevaba ya una semana pasando las tardes enteras con él, algo que no quería revelar a nadie, ni siquiera a Adrien; no podía hacerlo sin poner en riesgo al marino. Y era curioso porque, aunque se conocían desde hacía poco, en aquellos días ambos habían aprendido a confiar el uno en el otro. Marinette sabía que Chat no la traicionaría y que era una buena persona, a pesar de que en ningún momento hablasen de sus vidas más allá de lo básico. Sólo se daban la información necesaria, y era algo que en el fondo Marinette agradecía; de esta forma había comprobado que Chat no estaba dispuesto a regalar los secretos marinos a los secos, y ella no tenía que inventarse un pasado que no tenía. Pero en el fondo nada de eso importaba porque hablar con Chat era como estar con un amigo de toda la vida.
Por suerte, no todo su día implicaba al marino, así que Marinette aún podía contarle a Adrien lo que hacía por las mañanas y evitar que sospechase.
—Pues nada, ayudar en la panadería y jugar un poco con los niños. Imagina como está la cosa que lo más interesante de hoy ha sido ver a Manon acatarrada.
Adrien sonrió, pero era una sonrisa más pícara que alegre y Marinette tragó saliva. Desde hacía unos días sentía que el chico, más que interesarse por ella, lo que intentaba era sonsacarle información. Y se moría de ganas de contarle lo de Chat y presentárselo —algo le decía que se llevarían bien—, pero no podía hacerlo.
Si no había sido capaz de contar su propio secreto, ¿Cómo podía contar el de terceras personas?
— ¿Y ya? ¿Manon tose un poco y tú has hecho bollos? —Se inclinó hacia Marinette, fijando sus ojos en los de ella— ¿No has conocido a nadie en todo este tiempo más allá de Nino y yo? Algún amigo tendrás, hay gente muy agradable en... la ciudad.
La chica rio nerviosa y negó con la cabeza.
—Ya te lo he dicho, mi vida es bastante aburrida—se tumbó de lado y lo miró con curiosidad— ¿Y tú? Seguro que tienes mucho más que contar.
Adrien sostuvo su mirada durante unos segundos llenos de tensión y finalmente se acomodó en el sillón, aceptando que Marinette no iba a decir nada sobre Chat.
Otra vez.
No sabía por qué le molestaba tanto que no se lo contara. Una parte del chico sabía que esto era una muy buena noticia: significaba que era buena mantenimiento secretos. Pero también quería que Marinette se sintiera cómoda con él, y el hecho de que le ocultase una parte tan grande de su tiempo le hacía sentir prescindible.
Aunque a veces tenía que reconocer que lo único que buscaba era que Marinette le confesase qué opinaba de su alter ego. Pero ella no lo hacía. Nunca.
Pero claro, cómo quejarse del secretismo de la chica si él mismo ocultaba mucho más. Desde que su padre había vuelto y le había levantado el castigo —al parecer sorprendido porque sus salidas fueran sólo durante el día, pese a que él no estuviera— su plan había consistido en desaparecer por la mañana y volver antes de cenar, sin decirle a nadie dónde iba. Antes de comer solía seguir con sus experimentos en la cascada, aunque sentía que ya tenía todos los datos que podía necesitar: se transformaba en el acto, ya no le dolía, y el cambio pasaba únicamente al sumergirse. Y después de comprobar lo mismo una y otra vez se dedicaba a nadar alrededor del Arrecife, intentando coincidir con Ladybug pese a que no había vuelto a verla desde que ella asomó la cabeza en su lado de la isla.
Es decir, lo único que había sacado de sus excursiones mañaneras era una transformación prácticamente instantánea, y un pelo sorprendentemente hidratado.
Sin embargo, de sus tardes... A veces se planteaba qué le pasaba en la cabeza: pasaba el tiempo con Marinette como Chat y luego lo hacía como Adrien, pero sin decirle la verdad en ningún momento. ¿Por qué no dejaba de complicarse e invertía todo su tiempo con ella en su forma seca? Pues porque era idiota, no había otra explicación.
—He estado en los Acantilados, por la parte de arriba—mintió—. Creo que en poco tiempo podré empezar a cartografiar el lado derecho de la isla.
Marinette abrió los ojos con interés.
—¿Quieres que te acompañe mañana?
—Pero esa no es tu zona, Marinette. Todavía no he llegado a ningún pueblo habitado.
—¡Da igual! No hace falta que busques mi pueblo, no es como si quisiera verlo. Es el bosque lo que...
Adrien escuchó los nervios en su voz y enarcó una ceja, preocupado.
—Espera, ¿No quieres ver tu pueblo? ¿Tan mal... está tu relación con ellos?
"No es que tenga mala relación, es que no tengo relación alguna porque el pueblo no existe" pensó Marinette, manteniendo la cara imperturbable.
—No, no es eso. Yo...—Recordó la decepción de Alya e intentó sincerarse lo máximo que pudo—. Tengo miedo de volver. He pasado tanto tiempo fuera que ya no sé qué podría decir para arreglarlo.
—Pues... la verdad. Te sorprenderías, la verdad suele funcionar.
Marinette lo miró fijamente y Adrien se sintió como el mayor tramposo del mundo. ¿La verdad? ¿En serio? Llevaba mintiendo a la pobre muchacha en toda la cara durante semanas, día y noche —literalmente—, y ahora recomendaba sinceridad. Aunque en su defensa tenía que decir que ella tampoco se había dado cuenta de nada, y no era precisamente por el disimulo que gastaba el chico.
Con una pequeña sonrisa, Adrien se preguntó hasta qué punto tenía que ser despistada para no darse cuenta de que en ese mismo momento tenía delante a Chat.
—Puede que tengas razón—dijo Marinette pensativa, interrumpiendo el hilo de Adrien—. Puede que haya llegado el momento.
Algo en el tono de la chica le hizo tragar saliva.
— ¿Quieres que vaya contigo?
—No—Pestañeó y dejó de parecer tan pensativa, recuperando su cara sonriente aunque se notaba que no había nada de real en el gesto—. Iré mañana y hablaré con ellos.
—Bueno, pues entonces te dejo dormir.
Adrien se levantó del sillón y Marinette le acompañó a la puerta, agarrándolo de la camisa justo antes de que se fuera.
—Adrien... no sé qué pasará mañana. Y no quiero dramatizar, pero...— Le abrazó con fuerza y hundió su cara en el pecho de Adrien, que la agarró sin saber qué hacer—. Si no vuelvo, quiero que sepas que has sido muy importante para mí. Y no pierdas tus ideas, por favor; no importa lo que te digan.
Adrien la abrazó de vuelta y besó su pelo, preocupado por lo que podía haber provocado con su estúpido consejo.
Marinette salió de su cuarto por la mañana, mirando por última vez la habitación antes de cerrar la puerta. Lo que había dicho la noche anterior era cierto, no sabía si podría volver al palacio. Al fin y al cabo las indicaciones de Fu habían sido salir con los secos y encontrar alguna posibilidad para mejorar las relaciones con ellos, no quedarse a vivir en la ciudad durante más de un mes. La chica no creía que Fu estuviese muy contento con que su enviada hubiera decidido desaparecer; y mucho menos cuando se enterase de que la mitad de su tiempo la había invertido charlando con un marino.
Lo había hecho sin mala intención, pero tenía que reconocer que como embajadora era bastante inútil.
Pero Adrien tenía razón, tenía que decir la verdad. Fu quería saber si había posibilidades de establecer la paz, y el rubio era la respuesta. Había alargado el momento por miedo a lo que podría pasar –y un poco a la reacción de Alya—, pero había llegado la hora.
Salió del palacio en silencio, pero esta vez lo hizo por la puerta. No se despidió de nadie, pensando que sería mejor así; para ella y para todos. Al salir del recinto se cruzó con Kim, que la saludó con un asentimiento. Ella respondió con una sonrisa triste y apretó el paso, queriendo acabar cuanto antes con esto.
Prácticamente corrió a la cueva, pero cuando llegó ahí no se detuvo. En su lugar decidió pasar al otro lado, y disfrutó del bosque hasta llegar a la pequeña cascada. Observó el mar y después la isla, deseando con todas sus fuerzas que las cosas pudieran seguir como hasta ahora.
Con un suspiro dejó el vestido detrás de unos troncos alejados del río. Se estiró con los ojos cerrados, sintiendo el aire en todo el cuerpo, y acto seguido salto de cabeza a la pequeña laguna en la que rompía la cascada. Al sumergirse se transformó al instante, sintiendo poco más que escozor, y su cola se agitó entre las burbujas que la rodeaban. Sonrió sin poder evitarlo y dio una vuelta, disfrutando de su cuerpo original.
Lo echaba de menos.
Adrien bajó a desayunar y se encontró con Nino, que tarareaba una canción mientras untaba mermelada de frutas en su tostada. Adrien se dejó caer a su lado y cogió una de las rebanadas de pan, mirándolo con resignación.
—Marinette no está, ¿no?
—No, ya se ha ido, creo que hace poco— Levantó la mirada y vio lo alicaído que parecía Adrien—. Tío, ¿Estás bien?
—Creo que Marinette se ha ido definitivamente.
Nino detuvo el cuchillo en el aire durante un segundo y después volvió a hundirlo en la mermelada, conteniendo una sonrisa. Adrien puso los ojos en blanco antes de robarle el bote.
—Me alegra ver que uno de los dos disfruta con esto.
—Oye, Adrien—dijo, mirando a su amigo—. Lo siento por ti, de verdad; sé que te caía bien. Pero no me fío de ella, y jamás me ha fallado la intuición— Mordió su tostada y se encogió de hombros, hablando con la boca llena—. Así que no me pidas que la eche de menos.
Adrien puso los ojos en blanco y se puso en pie, agarrando otras tres rebanadas.
—Me voy a los acantilados.
El rubio salió del salón y Nino sacudió la cabeza. Lo cierto es que empezaba a acostumbrarse a Marinette, así que la noticia no le hacía tanta ilusión como hubiera podido sentir un mes antes. La chica era agradable y, por mucho que él sintiera que algo fallaba, la verdad es que Marinette todavía no había hecho nada que le hiciera sospechar.
Nino se encogió de hombros y volvió a agarrar el cuchillo. No sabía cómo sentirse respecto a Marinette, pero una cosa estaba clara: si no volvía, se acababan sus problemas.
Cuando Adrien llegó a la cueva no perdió el tiempo con experimentos. Se desnudó y entró de un salto en el lago, sintiendo como las escamas lo cubrían. No sabía que pasaría con Marinette, si arreglaría las cosas con los suyos o no, pero él...
Nadó con fuerza hacia el Arrecife. Esperaba no perder el contacto con Marinette, pero lo hiciera o no por ahora no dependía de él. Sin embargo, llevaba mucho sin ver a Ladybug y esto sí que era su culpa. ¿Quedarse dando vueltas alrededor del Arrecife por si aparecía? ¿Se podía ser más lerdo?
«¡Chat!»
El chico se detuvo al sentir que lo llamaban, y no dio crédito cuando Ladybug se acercó a él desde la distancia. Ante su sorpresa, la marina no pudo evitar sonreír.
«Vaya, parece que has visto a un muerto» Llegó finalmente a su lado y le golpeó el brazo de forma amistosa «¿Tan mal me he levantado?»
«N-no» el marino se rascó la nuca, aún boquiabierto «Es sólo... ¿Cómo es que no nos hemos visto hasta ahora?»
«Ya, eso» Ladybug empezó a nadar lentamente hacia el Arrecife y el chico la siguió, sin querer perder su rastro de nuevo «He estado bastante ocupada»
Chat sacudió la cabeza y sonrió.
«Debes estar muy solicitada, my Lady» Infló los mofletes y nadó a su alrededor, lanzándole un guiño «¿Dónde puedo pedir mi turno?»
«En la oficina de caraduras, despacho dos»
Chat se llevó la mano al pecho como si lo hubieran herido y Ladybug se cubrió la boca para esconder una risa.
En ese momento ambos recibieron una oleada de indignación proveniente de la derecha. Se giraron y ahí estaba Alya, observándolo todo con sorpresa. Chat levantó la mano tímidamente para saludarla, pero Ladybug salió a toda prisa en su dirección.
«¡Alya!»
«Qué»
«Yo...» Ladybug sintió como las lágrimas empezaban a aflorar y se esforzó por contenerlas «Lo siento por desaparecer. Pensaba que era lo mejor para todos si lo hacía así y...»
«No tienes ni idea de lo que he pasado» interrumpió la morena «Un mes. Un mes pensando que te habían cogido los secos o sabe Dios qué. ¿Lo mejor para todos? ¿O lo mejor para ti?»
«Lo siento, Alya, lo siento de verdad»
«¿Sabes lo peor?» Alya soltó una carcajada irónica «He estado sintiéndome mal todo este tiempo, pensando que era culpa mía por preguntarte tanto sobre lo que hacías y sobre Chat. ¿Y qué me encuentro?» preguntó señalando al marino con la barbilla, que permanecía lejos y con cara de circunstancias «Que tenía razón y que me estabas mintiendo. Otra vez»
«Alya, por favor...»
La marina negó con la cabeza y se marchó, dejando a Ladybug en el mismo sitio. Chat se acercó a ella lentamente, sin saber cómo consolarla.
«¿Ladybug? ¿Estás... estás bien?»
"Obviamente no lo está, imbécil" pensó para sí mismo, sacando media sonrisa a la chica.
«Bueno, esto era exactamente lo que esperaba, así que...»
«Pero, ¿Por qué estaba así? Si no te importa que pregunte, claro»
Ladybug negó suavemente.
«No, está bien. Verás, siempre he estado escapándome para ver el lado de los secos y últimamente... la cosa ha estado un poco tensa. Ella se preocupaba, yo me ponía a la defensiva; y en resumen, la he cagado pero bien»
«No creo que sea para tanto. Es tu amiga, al fin y al cabo»
«¿Has visto lo mismo que yo, Chat?»
«Lo he visto, y por eso lo digo» Sonrió de medio lado, recordando su propio historial «Nadie se enfada tanto como la gente a la que le importas»
La chica sonrió y le dio un suave abrazo, mandándole oleadas de gratitud. Chat se sonrojó y miró más allá de ellos, nervioso.
«Entonces... ¿Qué tiene de entretenido el lado seco? ¿Una bolera? ¿Un karaoke? ¿Un enorme espejo en el que reflejar mi belleza?»
Ladybug rio y entonces lo miró con los ojos entrecerrados, aún con la sonrisa en sus labios.
«Algo mejor»
«Lo dudo» dijo Chat mientras la seguía.
Al cabo de un rato llegaron a una pared de roca, y el chico se detuvo incómodo mientras Ladybug tocaba las grietas. De pronto una de ellas cedió y la piedra se separó, mostrando la entrada a un espacio sorprendentemente iluminado.
«Después de usted» dijo Ladybug, haciendo una reverencia.
Chat entró en el espacio y se encontró una cueva exactamente igual que la que usaba para transformarse. Tenía las mismas runas y la misma claraboya, y lo único que las diferenciaba era que la submarina no tenía los conos del suelo.
Se giró sorprendido hacia Ladybug, que lo miraba con expectación.
«¡Es la cueva! Te pregunté por ella hace tiempo y me mentiste, me siento estafado»
La chica se encogió de hombros, sin una pizca de arrepentimiento.
«Era pronto para darte mi más valioso secreto»
«¿Es secreta? La cueva, digo» preguntó Chat, acercándose a las runas para tocarlas con curiosidad.
«En realidad no. Pero a nadie le interesa, así que lo he mantenido en secreto para que no se rieran de mí. Salvo Alya, claro; ella sí que lo sabía» dijo, bajando ligeramente el tono «Y nunca se rió, aunque no le gustaba nada que viniera»
«Eh, ven a ver esto»
Ladybug salió de su ensoñación y fue al lado de Chat, observando lo que señalaba. Entre las runas había una que parecía un círculo con cinco rayas, otra de las runas que nunca había podido descifrar. Estaba a punto de decírselo a Chat cuando éste apoyó su mano en la marca, que encajaba a la perfección.
No pasó nada, por supuesto, pero Ladybug se sorprendió igual. Había estado tan ocupada en ver las runas que se repetían que nunca había prestado atención a su tamaño. Y ahora que lo veía, se fijó en que todas eran más pequeñas que esta, como si fuera especial de alguna forma.
Especial más allá de que era una clara huella de mano y ella no se había fijado hasta ahora, por supuesto.
«¿Qué crees que significa?»
«No tengo ni idea. Pero podríamos preguntar a...» Se llevó una mano a la frente, angustiada «¡FU!»
«Tiene un nombre muy... ruidoso» dijo el chico, ajeno a los pensamientos de Ladybug.
«Lo siento, Chat, pero acabo de recordar que tengo que hablar con él de una cosa importante» Se dirigió a la salida y el marino la siguió, preocupado «Tengo que irme»
Colocaron de nuevo la roca de la entrada y Ladybug le puso una mano en el hombro.
«Ha sido un placer verte, Chat. Espero que podamos pasar el rato en algún otro momento» Él asintió y la morena se dio la vuelta, lista para marcharse. Sin embargo, en el último momento se giró de nuevo «Y si fuera tú me iría a casa. Es tarde, y no es como si... Da igual» dijo, viendo la cara perpleja de chat.
El chico vio cómo se marchaba y la despidió con la mano, aún sorprendido. ¿Quién era este Fu? ¿Y que había querido decir con que se fuera a casa?
Sacudió la cabeza y empezó a nadar hacia la cueva de la isla, dejando atrás la submarina. Si el sol no le engañaba aún no era muy tarde, así que puede que Marinette fuera a reunirse con él como todos los días. De pronto recordó la marcha de la chica y sus rasgos se endurecieron. No perdía nada por esperarla, pero si no venía ni a verle como chat...
Sacudió la cabeza y siguió nadando. Por ahora lo único que podía hacer era esperar, y es lo que haría.
Ladybug llamó a la puerta de Fu con un nudo en el estómago. Ya se había enfrentado a Alya —con un resultado nefasto— y si hora el Guardián reaccionaba igual...
La puerta se abrió y el anciano la miró, con una enorme sonrisa apareciendo en sus labios. Ladybug saludó tímidamente y Fu le dio un fuerte abrazo antes de hacerla pasar.
«¡Ladybug! Es un placer verte; siéntate, siéntate» La joven cogió una de las sillas y el hombre le puso una botella delante, sentándose en el lado contrario de la pequeña mesa «¿Cómo te está yendo? ¿Te están tratando bien?»
«¿No estas enfadado?»
«¿Por qué iba a estarlo?» preguntó Fu, contrariado «Te he mandado a una misión demencial y de momento no has hecho nada malo, así que... Espera, ¿Has hecho algo malo?»
«No, no» Marinette dio un sorbo al té y se permitió suspirar «Es sólo que pensaba que estaba tardando demasiado, nada más»
«En absoluto»
«Bueno pues a lo que vengo es...» Los ojos de Fu brillaron de entusiasmo y Ladybug sonrió con nerviosismo «Hay un seco que nos puede ayudar. Es bueno y comprensivo, y le interesamos; le interesamos de verdad. Y además es el príncipe, así que tiene poder dentro de su sociedad»
«¿Es el mismo que me comentaste la otra vez?»
«Eh... sí»
«Bueno, espero que estés segura de esto, Ladybug. Vamos a poner nuestra supervivencia en sus manos»
La chica pensó en Adrien, en cómo había demostrado una y otra vez ser de confianza, y asintió con firmeza.
«Es el correcto»
«De acuerdo entonces» Se levantó y le dio otro abrazo «Estoy muy orgulloso de ti, Ladybug. Vas a conseguir lo que los marinos llevan siglos intentando, y lo has hecho en un mes. No parece que hayas tardado mucho, ¿no?»
Ladybug sonrió avergonzada y el marino la condujo de nuevo a la puerta con suavidad.
«Tómate el tiempo que necesites para hablar con él, y no te pongas en peligro. No pasa nada si tardas, es mejor que lo hagas en el momento correcto a que te apresures y lo asustes» Sonrió con afabilidad y la dio un pequeño empujón «Y ahora déjame dormir, Ladybug. No sé cómo lo haces pero siempre me interrumpes el ciclo de sueño»
Ladybug soltó una carcajada y se despidió de Fu, que asintió antes de cerrar la puerta. La marina echó a nadar hacia la cascada, pensando ya en cómo podría decirle la verdad a Adrien y sintiendo una ligereza en el estómago que llevaba mucho tiempo sin estar ahí.
Y no sabía que pasaría después de contárselo, pero esperaba no perderlo. En parte por su gente, pero también por ella misma: Adrien era una de las personas a las que más quería, y no podía permitirse defraudar a otra de ellas.
