ADVERTENCIA: Los personajes y temáticas aqui mostradas son de contenido fuerte, asi que por favor, si vas a leer que sea bajo tu propia responsabilidad:::::
La obra es de mi autoria y los personajes aqui presentados pertenecen unica y exclusivamente a la señora Stephenie Meyer...
Mi Beta es Mentxu Masen (Beta FFAD) www facebook groups / betasffaddiction ...
Summary : Isabella siempre fue: la chica perfecta Swan, pero el dolor acumulado por la pérdida de sus seres queridos, la aparición y más tarde muerte de Jacob Black despierta en ella la oscuridad oculta de su alma.
—Me aferro al dolor porque es lo único que me demuestra que estoy viva.
—Ya no siento placer si no obtengo mi dosis de sufrimiento.
CAPITULO 12. ENTRE BESOS Y PROMESAS DESCUBRO QUE ME AMAS.
Se separan lentamente, tomando su tiempo para observarse y sentirse. Él la mira sonriente, ella le devuelve la sonrisa y lo vuelve a tomar de las solapas. Él es tan adictivo que duda dejar esta adicción. Sus manos se vuelven codiciosas y acarician la espalda del muchacho por primera vez. Él gime porque una corriente eléctrica acaricia su cuerpo y se detiene en su miembro semi-excitado. Enloquecido, la levanta y la lleva entrada de su hogar.
—Llaves —dice apenas besado cada tanto sus labios.
Ella empieza a reírse y busca en su bolsa. A Edward le gana la desesperación y las busca él mismo. Bella se aparta un poco y mira distante tratando de contener su risa
—Mierda, putas llaves —y ella explota—. ¿Qué, ahora qué hice?
—No puedo evitarlo —ella toma su estómago—. Te ves tan gracioso —sigue riendo.
Edward la mira pícaro.
—Con que gracioso… veremos cuán gracioso seré —la empuja violentamente contra la puerta y ella se ve obligada a levantar sus pies y enrollarlos en las caderas del muchacho. Él empuja fuerte, ella siente la roca presionar su clítoris y grita—, tomándote aquí frente a tus vecinos —empuja otra vez. Ella está empapada, su voz se vuelve jadeante y necesitada. Él empieza a besar su cuello, pasando la lengua una y otra vez. Es una tortura, una dulce y perfecta tortura.
—Llaves —ahora dice ella desesperada, él ríe—. No te rías, Edward Cullen, que si no aparecen las putas llaves, tu amigo no será feliz.
La sonrisa se borra de su rostro, su expresión se transforma en una mueca desesperada.
—Las malditas llaves —gritan ahora los dos. Ambos se miran y estallan a carcajadas
— ¿Edward? —dice ella tratando de calmarse y calmar sus hormonas—. ¿En qué viniste?
—Mi auto, está a unas calles de aquí —él parece confundido.
—Muy bien, vamos para allá y luego a tu departamento —ella toma su mano y entrelaza sus dedos—. Deprisa, estoy que exploto aquí mismo.
Oh santísima madre…
El maestro se pasea una y otra vez como león enjaulado.
—Ella no pudo decirme aquello. No pudo, no pudo. ¡Mierda! —Aro lleva repitiendo lo mismo desde que la chica se marchó dejándolo en shock—. Es mentira, ella ama el dolor, lo he visto —pero él no comprende que la obsesión a veces hace ver en nuestras mentes cosas que no son ciertas.
—Debo demostrárselo, debo mostrarle quién soy yo, que ella ama esto. Debo hacerlo.
En su mente se crea un plan un tanto aterrador, pero que en su cabeza pinta excitante. Sonríe satisfecho porque en su mente la chica descubrirá o más bien recordará por qué ama el dolor.
Edward y Bella ríen a carcajadas, están mojados, excitados y felices. Ambos sienten que el mundo ha cambiado y que el sentido ahora se centra en ese ser que tienen al lado. Se bajan del auto a toda prisa. La casa de Edward queda relativamente cerca, ella le da besitos en la mandíbula mientras él abre la puerta. Cuando están adentro, ella brinca y enrolla sus piernas alrededor de las caderas de Edward. Ninguno de los dos creyó que las cosas pudieran ir tan rápido, pero poco importaba. Cuando dos personas se aman, lo más lógico es entregarse en cuerpo y alma, y eso precisamente era lo que ambos deseaban hacer.
Ella empieza a besar desesperada el cuello de Edward, él siente su cuerpo en llamas, las brasas queman cada parte de su cuerpo. Cegado por la pasión como está, la aprieta mas a él, disfrutando de la sensación de sus cuerpos pegados. Camina a ciegas y empieza a chocar con todo, ambos ríen aún unidos. A ella le estorba la ropa para su objetivo por lo que trata de quitar su camisa, pero es inútil, está adherida a su cuerpo. A regañadientes, se despega de Edward tratando de desprenderse de lo que parece su nueva piel.
— ¿Qué? —pregunta él ardiendo—. ¿Por qué nos detuvimos?
Ella asesina sus propias ropas con la mirada. —Mi ropa está pegada a mí —hace un puchero—. Al parecer hoy no podrá ser.
— ¿Estás loca? —se queja Edward—. No, no, no, no….
Él la carga estilo novia y corre a su baño, la hace dejar su bolsa por ahí tirada y la mete a la ducha. El agua nuevamente hace contactos con sus pieles y gimen porque es inevitable hacerlo. Edward toma posesión de su boca nuevamente y se degusta probando su piel mojada. Pasa sus labios por su cuello hasta el lóbulo de la oreja, una y otra vez. El centro de Bella palpita necesitado, ella sabe lo que es desear ser penetrada, pero nunca antes como hoy. Era de vida o muerte, como si unirse a él le garantizara su redención.
—Ahhh —gime alto—. Ahhh, Edward, por favor —implora.
Él simplemente sonríe y sigue con el recorrido por su cuerpo. Con dificultad, quita las prendas de ambos, pero cuando lo logra y se sabe desnudos, se pega a la chica para saber que esto era real, que lo que ambos vivían en ese instante no era un tonto sueño ideado por su cabeza. La mira embelesado, asombrado por su cuerpo perfecto y curvilíneo. La luz y el vapor del baño dan un efecto especial que lo hacen pensar que, efectivamente, ella en un ángel caído. Empieza a recorrer su cuerpo con sus manos, tocando y sintiendo las conocidas descargas eléctricas. Se acerca a ella en busca de contacto piel a piel. Los pezones de Bella están erectos y hacen que su corazón lata deprisa y su pecho se estremezca con el ligero roce. Enloquece, desea probarlos, baja su boca despacio, besando cada centímetro de su piel, hasta que, con delicadeza, atrapa sus hermosos y rosados pezones y los empieza a lamer y chupar. El sabor es embriagador, jamás en la vida sintió un sabor así.
Me volveré adicto.
Ella se retuerce debajo, está desquiciada. Su cuerpo arde y clama urgente una liberación. En medio de su burbuja de placer, siente como los dedos de Edward avariciosos empiezan un recorrido en descenso hasta toparse con su centro palpitante. Se abre paso entre su carne y Bella piensa que morirá allí mismo presa del placer. Empieza a bombear como loco mientras su otra mano acaricia su clítoris y su boca mama sus senos. Ella no es de las que se abruma con facilidad, pero hoy navega en aguas oscuras y se pierde en las brumas de las sensaciones que genera su cuerpo. Cuando los movimientos de Edward se hacen más desesperados y ella empieza a encontrar su liberación, sus dedos la dejan y su boca avariciosa empieza a descender hasta que cae arrodillado en la ducha y con una mirada pasional y pícara, hunde su lengua en ella y gime deslumbrado por el sabor. Ella no aguanta más, es demasiado. Se libera con un grito fuerte y desgargante. Siente sus paredes contraerse repetidas veces insatisfecha por no tener un falo que exprimir.
—Tú, dentro de mí, ya —grita. Él explota en carcajadas, pero luego se paraliza.
—No tengo condones —dice apenado.
—Yo uso un método intradérmico —dice casual, pero deseosa de ser penetrada.
Él se enoja inevitablemente, pensando que se protege por una muy activa vida sexual. La ira lo toma con tanta fuerza que con los deseos primarios de marcarla como suya, toma una pierna de ella, la enrosca lo más alto posible a él y la penetra con fuerza y rudeza. Sus paredes aún se contraen y lo hacen creer que morirá. Ese es el cielo, su cielo.
Ella siente como un nuevo nudo se forma en su vientre…
No puede ser, aún no acaba el primero —piensa maravillada.
—Mier…da —dice ella—. Edward —gime.
—No te imaginas… cuánto soñé esto —dice él.
—Ahhhh —es lo único que dice ella cuando las contracciones descienden por completo y luego inician de nuevo—. Moriré…
La conocida sensación abruma al muchacho, su liberación está cerca, bombea tres veces más y se libera con ella. Ella lo exprime, él la marca y ambos caen exhaustos en la tina, arrodillados y mojados.
—Me parece —dice agotado—, que debemos secarnos y hablar.
Ella solo asiente y se levanta desnuda, siendo penetrada por esa intensa mirada en todo momento. Aún mojada, empieza a caminar como la diosa que embruja a todos y con el movimiento suyo de caderas se pierde de la vista de un muy embobado Edward, que al reaccionar, la sigue también desnudo.
Ella no conoce el lugar, pero es fácil llegar a su sala, por lo que cuando llega allí se sienta cómoda en un amplio sofá, pícara, dándole una muy perfecta vista de cada parte de su cuerpo. Ahí está una parte de Marie, arriesgada y sin pudor.
—Te amo —dice ella—, no me parece que deba negarlo más —está envalentonada y feliz.
Él sonríe como un idiota y la alcanza en el sofá, se ubica sobre ella aún desnudo.
—No tanto como yo —añade él—. Jamás creí que algún día amaría así, pero así es y estoy feliz por haberte encontrado.
—A la mierda el diálogo —dice ella en medio de una carcajada y enreda sus manos en sus hebras cobrizas y húmedas—. Quiero hacer lo que deseo hace tanto y he dejado de hacer.
Él la mira con tal ternura que su pecho y su corazón se encojen. — ¿Y qué sería?
—Amarte —murmura quedo.
Une sus labios con gentileza y sutileza, roza su boca con la de él como si temiera mancharlo o romperlo y empieza a dar ligeros toques por todo su cuerpo, enviando esa conocida corriente eléctrica. Sus manos acarician con suavidad y gentileza como nunca lo hicieron, por primera vez, y se siente orgullosa de sí misma. El beso trata de tornarse más fiero pero ella lo impide, por primera vez siente que puede suave y lento.
Edward entiende el mensaje y decide unirse a las suaves caricias. Sus manos rozan sus brazos como toque de una pluma y ella empieza a estremecerse. No harán el amor de nuevo, al menos no ahora. Ellos solo quieren sentirse y explorarse porque lo han deseado durante mucho tiempo.
—Eres tan hermosa —murmura él sobre sus labios.
Ella sonríe y lo abraza, él se acomoda y ambos, desnudos sobre el sofá, se abrazan y se quedan dormidos, dando la bienvenida a su primera noche, juntos.
Alec ha bebido mucho esa noche, desde que la dejó no ha dejado de pensar cuán terrible es su suerte. Enamorarse de alguien como ella no puede ser bueno y, no porque ella tenga algo malo, sino todo lo contrario, pues es tal su fuerza de atracción que el simple hecho de no saberla tuya te destruye de a poco por dentro.
—Uno más, mesero —grita a todo pulmón—. Quiero olvidarla por completo, o verla en mi ebriedad —empieza a reírse por la extraña palabra.
— ¿Oye estás bien, lindo? —la voz de la chica está distorsionada.
—No, no lo estoy, acaso no ves que estoy borracho y que quiero llorar —dice enojado.
La chica de cabellos rojizos empieza a reírse con fuerza.
—Vaya, veo que no —contesta su propia pregunta—. Me sentaré aquí aunque no quieras, me han dejado plantada y eres el único solo por aquí.
Alec sonríe, la chica es simpática y ahora que la observa bien, muy hermosa. Tal vez pueda tener un poco de diversión para variar.
—Vamos dormilona, levántate —implora Edward.
—No, cállate, deja dormir y ven a la cama —dice ella—. Por cierto, recuerdo quedarme dormida en el sofá.
Él niega con la cabeza y empieza a reírse divertido.
—Te pasé como a las 3 am, para que no despertaras con dolor en el cuello —dice él—. De hecho, te quejaste por cargarte.
—No recuerdo —dice ella—. Como sea, me estás despertando y quiero dormir. Buenas noches —y se cubre con la sábana hasta la cabeza.
—Son las diez de la mañana, Isabella —dice frustrado y divertido—. A levantarse he dicho.
—No seas mandón y gruñón Edward. Enserio, quiero dormir, mi amor —él se congela cuando ella lo llama así.
—Me has dicho mi amor —dice maravillado—. ¿Soy tu amor?
—Edward, enserio tengo sueño. No tengo cabeza para pensar y tú me dices que si ¿eres mi amor? —se destapa y se levanta frustrada con el cabello revuelto y el rímel un poco corrido—. Sí, eres mi amor y dudo mucho que yo sea el tuyo ahora que me has visto así —dice frustrada.
Él la besa para callar sus protestas y ella tapa su boca.
—Aliento asqueroso —murmura. Él suelta risitas y se va dejándola sola.
—Prepararé el desayuno, amor —grita.
Ella sonríe como una tonta enamorada, aunque irónicamente eso es lo que es.
Aro ha despertado sonriente y con esa idea macabra fortalecida. Ha buscado entre sus macabros contactos alguien que le ayude a desarrollar su idea, pero no está del todo seguro si su elección sea la adecuada. Él busca a alguien igual a él y no superior, pero Garret Stanford era precisamente eso, alguien mucho peor que no tenía conciencia y que todo cuanto hacía estaba netamente guiado a la satisfacción de sus deseos. Era de esos chicos que podrías distinguir a leguas con solo observarlo a la cara cuan podrido y jodido estaba.
—Habla Aro Vulturi —dice cuando el joven contesta con voz somnolienta y gruñona.
—Maestro —dice burlón, le parecía gracioso aquel apodo—. ¿A qué debo el honor?
Aro está hirviendo por el tono de aquel niño, a él nadie le hablaba así y mucho menos se burlaba de él.
—Necesito que me ayudes con algo, Garret —dice tragándose el veneno que se forma en su boca.
— ¿Y qué ganaría yo con eso, maestro? —su tonto se vuelve despectivo—. Sabe que no hago nada de gratis.
—Medio millón de dólares —dice como si estuviese hablando del clima—. Creo que eso será suficiente para saldar tu ayuda.
Al otro lado de la línea Garret sonríe perverso y se relame los labios imaginando qué haría con ese dinero.
—Edward —chilla ella—, me estaba quedando dormida de nuevo, ¿por qué me despiertas? —se queja como niña pequeña.
Edward niega divertido.
—Ay amor, jamás en la vida pensé que fueras perezosa —dice sonriente.
—No lo soy —afirma ella—, solo qué… ¡diablos! Estoy en vacaciones y siento que debo dormir lo que no he dormido.
Él se acerca a ella y besa el tope de su cabeza con cariño y ternura.
—El desayuno está listo —dice él—, y por más que quiera ser romántico, soy obsesivo con la limpieza y el orden.
Él se aleja para darle su espacio mientras ella se estira como un gato perezoso. Cuando siente que sus músculos están preparados para dejarla dar unos pasos, lo hace, se tambalea y se estabiliza al segundo de casi caer. Sabe que Edward la mira divertido, pero no es que pueda hacer mucho. Suele ser algo torpe y desubicada en las mañanas. Camina despacio teniendo cuidado de tropezar y cuando llega al comedor, el aire se escapa de sus pulmones. Su desayuno está decorado con unas rosa y algunas velas y, puede ser un poco tribal, pues es un simple desayuno y la luz del día no permite ver a la perfección el brillo de las bellas, pero el siempre hecho de tomarse el trabajo de hacerlo, le dice a ella que es cierto y que él la quiere.
—Yo… es, perfecto —murmura en medio de un jadeo de asombro—. Nunca nadie…—ella se caya y baja la mirada triste.
—Esto es una mínima parte de cuanto mereces, amor mío.
Ella corre a Edward sin importar que apenes y camina. Cuando está cerca de él lo abraza y empieza a sollozar con fuerza enterrando su rostro en su pecho. Él es tan perfecto y tan cariñoso y real que teme que vea quien es ella realmente y la deseche asqueado. Levanta su mirada dolida y a la vez feliz y mira sus orbes verdes con profundidad. Lo besa castamente, pues necesita sentirlo suyo en ese gesto tan pequeño, pero puro e íntimo.
—Ahora entiendo que se debe sufrir para poder amar.
Él la mira interrogante, conoce por todo lo que ha pasado, pero aún así desea con fervor que ella tenga la suficiente confianza para decirlo.
— ¿Qué?
—He atravesado muchos caminos para llegar a este punto, he derramado lágrimas y me he fragmentado en pedazos una y otra vez. Me hice fuerte y convertí mi vida en un espejismo. Tú llegaste como agua en el desierto para hacerme ver que no todo es pena, para entender que es más oscuro antes del amanecer.
Él siente su corazón palpitar rápido y retorcerse al escuchar de su boca que ha sufrido, pero toda la tristeza por ella pasa a segundo plano cuando los brazos pequeños de ella lo envuelven en un abrazo cálido y posesivo que calientan su ser desde lo más hondo de su pecho.
—Contigo aquí, tengo la certeza de que nada ha sido en vano.
N/A: He tardado lo se lo se y lo siento, he pasado por lo que se conoce como "crisis de inspiracion" y he cambiado y escrito este cap al menos diez veces. Espero que lo disfruten enserio y que les guste y que me digan que tal...
Por cierto estare en examenes parciales por lo que puede que tarde en actualizar, pero hare lo posible por no hacerlo. Y que quede claro algo, yo no dejare mis historias solo puede que tarde un poco. :)
Besos mis Adictas :*
FIRE
