Milk volvió a despertar en completa oscuridad, pero esta vez no estaba sola. Pudo darse cuenta de inmediato de que alguien se encontraba acostado a su lado. Escuchar la profunda respiración del chico y comprender que estaba durmiendo la tranquilizó; lo último que quería era hablar con él.
La molestia de la herida en su pecho había desaparecido, incluso ya era capaz de respirar con normalidad pero aún se sentía tan cansada... La idea de levantarse de la cama se le antojaba como un sacrificio innecesario.
—Las heridas han desaparecido —susurró mientras tocaba con cuidado el lugar donde horas antes había sentido una venda empapada en sangre—. Goku habló de una semilla del ermitaño —recordó mientras miraba con ternura al chico que dormía junto a ella.
Pero la sangre y las vendas habían desaparecido también y eso sólo significaba que él se encargó de limpiarla. La chica se ruborizó al pensar en que Goku había visto su pecho desnudo.
—¡No seas tonta! —se reprendió a sí misma—. Aún es tu esposo y te ha visto completamente desnuda muchas veces, además, para él nunca fue algo extraño.
Posó su mano sobre la frente del chico y despeinó con cariño su cabello, aunque este regresó a su lugar en un segundo. Siempre se sintió fascinada por el extraño peinado de su marido; era una de las cosas que más le llamó la atención la primera vez que lo vio, cuando eran tan solo unos niños.
En ese momento Goku comenzó a moverse, haciendo que Milk se paralizara. Lo había despertado.
Después de un grande y largo bostezo, el peli-negro de inmediato puso su atención en su esposa.
—Estás despierta —afirmó con una sonrisa. Se levantó con facilidad y prendió las luces de la habitación. Se quedó un momento de pie, mirándola—. Te ves mucho mejor.
Ya con la habitación iluminada la muchacha se pudo dar cuenta de que afuera seguía oscuro. Los ruidos de la noche impregnaron el lugar. ¿Cómo no se dio cuenta antes? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que perdió el conocimiento? Sus pensamientos se vieron interrumpidos con un brusco movimiento de la cama. Goku había saltado sobre ella, arrodillándose a su lado. Colocó su cabeza con cuidado sobre el vientre de Milk, como si quisiera escuchar algo, haciendo que ella se quedara paralizada ante tan inesperado gesto.
—El ki del bebé volvió a la normalidad —le informó, sonriendo.
—¿El bebé? —preguntó balbuceando por la impresión de las palabras del chico.
—¡Sí! —respondió. Parecía como si fuera el hombre más feliz del planeta— ¡Nuestro bebé!
Al ver que la chica no reaccionaba, Goku volvió a poner su cabeza sobre su vientre. Tal vez, pensó él, el doctor estaba equivocado y Milk no estaba embarazada. Le parecía muy extraño que ella no estuviera feliz con la noticia siendo que llevaba mucho tiempo queriendo eso.
—Ahí está, no puedo estar equivocado —dijo para sí mismo.
Podía sentir un ki desconocido en el lugar donde debería estar el pequeño ki de su esposa.
—Goku —le llamó. El chico sintió cómo Milk colocaba ambas manos sobre sus mejillas para hacer que levantara la cabeza y la mirara—. Dime qué está pasando, por favor.
—Cuando fui por ti al hospital el señor que te tenía ahí me dijo que estabas embarazada.
—¿Fuiste por mí? ¿Cómo me encontraste? ¿Estoy embarazada?
Milk estaba a punto de explotar en llanto. No sabía si era de felicidad por la noticia del embarazo, por la sorpresa de que Goku se mostrara tan interesado, la desesperación por entender los sentimientos del chico o por el miedo de darle un futuro sin padre al pequeño que estaba en camino.
—Haces demasiadas preguntas —respondió Goku haciendo una mueca. Con mucha calma e intentando ser claro y no pasar nada por alto, su esposo le contó todo lo que había sucedido desde la mañana que despertó y no la encontró en casa—. Estaba muy preocupado. Jamás vuelvas a hacerlo, ¿lo prometes?
—Yo...
No lo pudo soportar más y comenzó a llorar. Se tapó la cara con ambas manos; no quería que él la viera así. Se sentía tan confundida y feliz al mismo tiempo.
—No llores, por favor —le pidió, preocupado.
Se acercó a ella y la tocó con cuidado en donde había estado la herida.
—Ya no está, ya no te va a doler más. No llores —le pidió nuevamente. No le agradaba la sensación que le provocaba verla de esa manera—. Ahora que recuerdo, ¿cómo fue que te hiciste esa herida? Y... ¿Por qué te fuiste? ¿Ya no te gusta vivir aquí conmigo?
