NdA: ¡Hola! La votación fue bastante reñida y al final ganó la opción de seguir como hasta ahora. De todos modos, más adelante, cuando la saga esté ya terminada, subiré dos a la semana.
En cuanto al capi de hoy, ralentiza un poco la historia, pero no se me ocurrió otra manera de tratar un asunto que no podía seguir pasando por alto (porque me cuesta horrores pasar cosas por alto, para empezar XD). Espero que, de todos modos, os guste. Y gracias a todos por leer y comentar ^^
Capítulo 12 ¿Malas compañías?
Scorpius decidió que ganar era algo a lo que definitivamente quería acostumbrarse. Pasó los dos primeros días casi en una nube, reviviendo cada momento una y otra vez. Todo había sido perfecto: la mirada de sus padres, la fiesta, la admiración de sus compañeros, las palmaditas de felicitación que le había dado Aino Kaspersen, el gesto agrio en la cara de James Potter y Longbottom en el Gran Comedor, la carta que le había mandado Albus con una lechuza anónima, diciéndole que esa voltereta en el aire había sido una pasada.
Pero quedaban sólo dos semanas para el final de las clases y la Navidad, los profesores les estaban llenando de deberes para asegurarse de que los conocimientos de aquel trimestre habían quedado bien grabados en sus memorias y Scorpius pronto estuvo demasiado ahogado con los ejercicios, las prácticas y las redacciones como para fantasear con su momento de victoria. De vez en cuando, sin embargo, el recuerdo afloraba de pronto como una burbuja en el agua y sonreía, satisfecho.
El miércoles después de Historia de la Magia, los Slytherin fueron a su primera clase de Herbología de aquella semana. Scorpius sabía que Longbottom caería sobre él como un hipogrifo sobre una comadreja si insinuaba cualquier cosa sobre el partido, así que estaba mentalizado para actuar, como siempre, igual que si fuera sordomudo. Además, estaba satisfecho con el resultado de los deberes de Herbología. Longbottom les había dado una planta enferma para que la examinaran, la diagnosticaran y la trataran. A Scorpius le había tocado una bombania –una delicada planta de pequeñas flores rojas con diversos usos medicinales- y él había descubierto pronto unas manchitas púrpuras en las raíces que indicaba una infección por chinches. Añadir tres gotas de secreciones de bundinums cada vez que la regaban podía ayudar a acabar con la plaga y después de varios días, la planta tenía mucho mejor aspecto.
Los Gryffindor aún no habían llegado y los Slytherin ocuparon sus habituales asientos al fondo de la clase. La excepción fue Watson, que se colocó en segunda fila. Scorpius, sentado junto a Diana, lo observó con ojos maliciosos; a Watson aún se le notaban los rastros del Furnunculus que había recibido misteriosamente el día anterior. De todos los regalos que había recibido en su vida, Scorpius pensaba que la Capa de Invisibilidad era sin lugar a dudas el mejor de todos.
Un par de minutos después, los Gryffindor entraron charlando amistosamente entre ellos. Scorpius saludó a Albus con un neutro gesto de la cabeza y después se fijó en la expresión descorazonada que Urien le dirigía a Watson, con quien se veía obligado a sentarse la mayor parte de las veces que compartía clase con Slytherin. Entonces, Scorpius miró a su derecha; Britney era la que se había quedado sola esta vez.
-Pssst, Britney… -Ella lo miró inquisitivamente-. ¿Te sentarías con Sutherland?
Britney asintió, encogiéndose de hombros.
-Me da igual.
Scorpius se volvió hacia Urien.
-Eh, Sutherland… -llamó, en voz más alta-. Si te interesa, hay un sitio libre al lado de Steele.
Urien miró a Britney como si quisiera asegurarse de que ella no tenía nada en contra, asintió también y empezó a recoger sus cosas sin que pareciera importarle nada la expresión ofendida de Watson.
-¿Vas a sentarte con los Slytherin?
-Tú eres un Slytherin, subnormal –replicó Damon, irritado.
Los Slytherin y algunos Gryffindor, entre ellos Albus, se echaron a reír, aunque Scorpius se dio cuenta de que a Williamson y a alguno más no les hacía mucha gracia que Urien se sentara con Britney. Por su parte, Urien ocupó su nuevo asiento con la cara de alguien que no pensaba dejarse detener; estar sentado al lado de Watson tenía que ser sinceramente espantoso.
-¿Por qué ese Gryffindor se sienta con Britney? –le preguntó Diana, confundida por los recientes acontecimientos.
-Porque cualquiera preferiría sentarse con ella a sentarse con Watson –replicó Scorpius, en voz lo bastante alta como para que el aludido pudiera escucharlo.
Diana parecía ir a preguntar algo más, pero en ese momento Longbottom entró en el aula y todos los Slytherin, excepto Watson, se sentaron bien, cerraron la boca y parecieron quedarse mirando a un punto del infinito. Albus le había dicho a Scorpius que era como si los desconectaran a todos de golpe; Scorpius entendía la metáfora gracias a Estudios Muggle, pero lo consideraba simple supervivencia.
Longbottom saludó distraídamente a la clase y frunció el ceño en cuanto descubrió que Watson estaba solo y Urien se había sentado atrás con Britney.
-Señor Sutherland, ¿qué hace ahí?
Antes de que Urien contestara, Watson intervino con voz quejumbrosa.
-Malfoy le ha dicho que se siente con Steele, profesor.
La máscara inexpresiva de Scorpius se rompió con un fogonazo de incredulidad e indignación y después de fulminar a Watson con una mirada que prometía una docena de Furnunculus más se giró instintivamente hacia Longbottom en espera de su reacción.
-Usted no es nadie para decirle a los demás dónde deben sentarse, señor Malfoy –dijo el profesor, con irritación. Después, tanto su rostro como su voz se suavizaron-. Señor Sutherland, vuelva a su sitio, venga.
Scorpius no tenía intención de girarse a ver lo que hacía Urien hasta que le oyó con toda claridad.
-Prefiero quedarme aquí, profesor. No me he sentado con ella porque me lo haya dicho Scorpius, es que prefiero estar aquí.
Los ojos grises de Scorpius fueron rápidamente de Urien a Longbottom, hasta que Albus intervino, haciendo que todas las cabezas se volvieran hacia él.
-Es verdad, profesor. Malfoy no ha hecho nada malo. Watson se lo ha inventado, como hace siempre.
El hecho de que todos supieran ya que ellos dos estaban muy lejos de ser enemigos no hizo que se quedaran menos sorprendidos cuando vieron a Albus hablar en su defensa. Scorpius estaba entre ellos, preocupado, además, porque sabía que más tarde James agobiaría a Albus al respecto. Pero a Albus no parecía importarle. Estaba allí sentado, mirando a Longbottom como si no hubiera pasado nada fuera de lo normal.
A juzgar por la cara de Longbottom, él no opinaba lo mismo. A Scorpius le dio la impresión de que estaba a punto de agarrar a Albus del brazo y llevárselo a toda prisa a la enfermería para que le miraran la cabeza. Pero después se limitó a asentir secamente.
-Está bien.
Albus sabía con absoluta certeza que James y sus primos acabarían enterándose de lo que había pasado. En el improbable caso de que Watson se callara la boca, otros le irían con el cuento, impresionados al parecer por la idea de un Potter hablando a favor de un Malfoy.
Pero Scorpius era su amigo. Y empezaba a estar cansado de morderse la lengua cada vez que Neville, James o los demás la tomaban injustamente con él. Desde luego no iba a quedarse callado mientras dejaba que fuera Urien quien lo defendiera.
Tal y como esperaba, a la hora del té, James se acercó a él con esa cara que tenía cuando algo escapaba a su comprensión.
-¿Qué ha pasado ahora en Herbología?
-¿Quién ha perdido el culo para irte con el cuento? –replicó Albus despectivamente-. ¿Watson?
-Oh, créeme, todo el colegio sabe ya que has dado la cara por Malfoy.
Mientras recogían sus cosas al final de Herbología, cuando sus miradas se habían cruzado, Scorpius había vocalizado el nombre de su hermano con expresión preocupada. Albus había hecho un gesto de quitarle importancia. Y ahora que tenía a James delante seguía pensando que no era para tanto.
-Watson se inventa las cosas para que castiguen a Malfoy. ¿Eso te parece justo? Te recuerdo que si no fuera por él, Urien estaría muerto.
James pareció quedarse por un momento sin palabras.
-Tú sabrás lo que haces, Al. Pero fíate de él y ya verás cómo acabas.
Albus iba a decirle que era él quien se equivocaba, pero James ya había dado media vuelta y se estaba marchando. Sin saber muy bien qué había pasado y contento de haberse ahorrado una discusión, Albus se encogió mentalmente de hombros y se fue a sentarse a su sitio junto a sus amigos.
-Scorpius… -dijo su primo Gabriel, yendo hacia él en la Sala Común.
-¿Qué? –dijo Scorpius, que estaba jugando con Nox y llevaba un par de arañazos frescos en las manos para demostrarlo.
-¿Es verdad que has estado hablando con los Scamander?
-¿Hablando? Bueno, hace un par de semanas, en la biblioteca. –Y se habían saludado alguna que otra vez por los pasillos-. ¿Pasa algo?
Su primo lo miró con una expresión rara.
-No te fíes, Scorpius. ¿Es que no sabes quién es su madre?
Scorpius trató de recordar lo que sabía de la genealogía del apellido Scamander.
-¿Una tal Luna Lovegood? Su padre es el director de El Quisquilloso, ¿no?
Tanto los Lovegood como los Scamander se consideraban sangrepuras, aunque habían tenido cruces con sangremuggles de vez en cuando.
-Y aparte de eso, ¿no te suena el nombre de nada más? –preguntó Gabriel, con tono de pensar que era tonto.
-No. ¿Por qué?
Gabriel suspiró.
-Scorpius, su madre estuvo prisionera en Malfoy manor durante la guerra. Si están siendo simpáticos contigo probablemente es porque estén planeando alguna venganza, ¿comprendes?
Scorpius ni siquiera pensó en eso entonces, demasiado confuso y abochornado. Sabía que Voldemort había mantenido prisioneros a varias personas, incluso a un duende de Gringotts, durante la guerra, pero el único nombre que le habían dado era el de Ollivander.
-Voldemort les obligó –dijo automáticamente.
-Eso ya lo sé –replicó Gabriel, con impaciencia-. Tú ándate con ojo, ¿de acuerdo?
-Pero… son Hufflepuff.
-¿Y crees que ellos no son capaces de vengarse? No seas ingenuo, Scorpius. No es normal que quieran hablar contigo; debe de ser una trampa o algo así.
Scorpius tuvo que admitir que aquello resultaba raro y decidió ignorar a los gemelos, igual que trataba de hacer con los Weasley. No le resultó muy difícil, porque apenas tenía trato con ellos, aunque tenía que admitir que se había quedado con las ganas de conocerlos un poco más y averiguar en qué países habían estado.
Pero un par de días después se cruzó con ellos por los pasillos y los Scamander le saludaron con una sonrisa y un gesto con la cabeza. Scorpius iba a hacer caso omiso de su saludo, pero de pronto se le ocurrió que no podía dejar que dos mocosos de primero intentaran tenderle una trampa y se fueran de rositas. Él no le había hecho nada a nadie y no tenía por qué aguantar aquello.
-Eh, vosotros…-Los gemelos se dieron la vuelta y lo miraron con atención. Scorpius adoptó su aire más intimidante-. Sé quién es vuestra madre y qué pasó con mi familia, así que no intentéis haceros los simpáticos conmigo porque no va a colar.
Los gemelos intercambiaron una mirada de asombro.
-¿Estás enfadado con nosotros porque nuestra madre estuvo prisionera en tu casa? –preguntó uno de ellos, con incredulidad.
La pose un tanto amenazadora de Scorpius se desinfló un poco porque dicho así, sonaba como una auténtica estupidez.
-Yo no estoy enfadado por eso. Pero sé que me queréis tender una trampa. Y como intentéis algo haré que os arrepintáis, ¿me habéis entendido? Yo no os he hecho nada, así que dejadme tranquilo y cada uno por su lado.
-¿Qué trampa? Nosotros no queremos tenderte una trampa.
-Ya. Queréis ser amigos míos –dijo con sarcasmo-. Aunque mi familia tuviera secuestrada a vuestra madre, ¿verdad?
Los Scamander volvieron a mirarse.
-Oye, si no nos quieres hablar, no nos hables. Pero esto no es ninguna trampa. ¿A que no, Lys?-Su hermano hizo un gesto negativo con la cabeza-. Anda, vámonos.
Los gemelos se marcharon entonces y Scorpius observó sus espaldas iguales sin entender absolutamente nada.
En cuanto pilló a Albus a solas, Scorpius le contó lo que había pasado. Hasta ese momento no le había hecho falta porque había pensado que los Scamander no eran distintos a James Potter, a sus primos o a Longbottom, pero la conversación que había tenido con ellos le había dejado en terreno poco familiar.
-Tienes que ayudarme, Al. ¿Por qué no hablas con ellos, a ver si les sonsacas algo?
-No sé, Scorpius, para mí que dicen la verdad. Tú no conoces a su madre, es muy… distinta. A lo mejor ni se dio cuenta de que la tenían prisionera porque estaba pensando en animales raros.
-No digas tonterías, Albus –replicó Scorpius, impaciente-. ¿Cómo no va a darse cuenta de algo así? Venga, habla tú con ellos. Pregúntales si les caigo mal y esas cosas.
Albus suspiró resignadamente y se rascó la nariz.
-Está bien. Pero ya te digo que los Scamander no son así. No los he visto enfadados ni una sola vez en la vida.
-¿Los conoces mucho?
-Su madre es muy amiga de mis padres, sobre todo de mi padre, y también es la madrina de mi hermana. Lo que pasa es que ellos también han pasado mucho tiempo en el extranjero, como tú, así que no les he visto muchas veces. Lorcan es el que más habla, Lysander es más callado.
-¿Y te han hablado alguna vez de mi familia?
-No, nunca. Casi siempre están hablando de animales.
Scorpius se quedó pensativo mientras le daba vueltas a su pulsera. La idea de que alguien que había sufrido a manos de su familia no le tuviera animadversión resultaba totalmente ajena a su experiencia. Estaba Albus, claro, pero Albus era una excepción en sí mismo. Scorpius no creía que fuera a haber muchos más como él.
-Creo que mi familia subvencionó una de sus expediciones el año pasado –dijo, recordando de pronto-. Mi padre me dijo algo de eso.
-¿Sí? –exclamó Albus, muy sorprendido.
-Sí, estoy casi seguro de que fue a los Scamander –dijo, tratando de hacer memoria. Su padre le hablaba a veces de sus negocios, pero la verdad era que él pocas veces le escuchaba, porque normalmente el tema le parecía un aburrimiento-. No es un apellido difícil de olvidar.
Albus tenía cara de considerarlo muy importante.
-A lo mejor tu familia quería… ya sabes, ayudarles para compensar lo que le hicieron a ella en la guerra.
-A lo mejor –asintió Scorpius-. A ellos no les gusta lo que tuvieron que hacer en la guerra, en serio. Mis abuelos y mi padre ni siquiera quieren contarnos lo que Voldemort les hizo para torturarlos, dicen que somos demasiado pequeños.
Albus asintió otra vez, mirándolo con compasión.
-Hablaré con ellos, Scorp. Pero ya verás como no tienen nada contra ti.
Albus se hizo el encontradizo con los gemelos al día siguiente, cuando salían del Gran Comedor después de tomar el té.
-Hola, Albus –dijeron a la vez.
-Hola. ¿Os vais a ver a Hagrid?
Los gemelos se habían hecho visitantes habituales de aquella cabaña y a menudo se les veía hablando también con el profesor Zhou.
-No, hoy no. Tenemos un montón de deberes que hacer.
Los Slytherin de segundo salieron entonces del Gran Comedor y Albus intercambió una mirada fugaz con Scorpius, quien le hizo un disimulado gesto de ánimo antes de seguir su camino con sus amigos. Albus suspiró para sí mismo, porque no sabía muy bien cómo hacer aquello.
-¿Qué tal os va todo?
-Bien.
-Quería preguntaros… no sé, ¿qué tal lleváis que Scorpius Malfoy esté aquí? –Albus intentó que su tono sonara lo más casual posible.
Los gemelos parecieron extrañados por la pregunta.
-Nos da igual. Aunque está como una cabra, la verdad. Cree que queremos vengarnos de él o algo así, ¿a que sí, Lys?
Su hermano asintió silenciosamente.
-¿Y os queréis vengar?-preguntó Albus.
-Claro que no. Nuestra madre dice que los Malfoy no querían tenerla prisionera y que eso pasó hace mucho tiempo y que nosotros no debemos pensar en esas cosas. Además, Scorpius no tiene la culpa de nada de eso. Sería injusto vengarnos de él, ¿no?
-Sí, yo también pienso así –dijo Albus, aliviado-. Además, ya sabéis lo que hizo el año pasado. Si fuera malo, no me habría ayudado con Urien.
-No, claro. –Lorcan se encogió de hombros-. No sabemos por qué se puso así con nosotros, ¿verdad, Lys?
Lysander negó con la cabeza.
-Todo el mundo se mete con él por lo que hicieron sus abuelos –explicó Albus-. Por eso cree que le queréis tender una trampa.
-¿Te lo ha dicho él? –preguntó Lorcan, mirándolo con curiosidad.
-No, no –dijo, intentando no ponerse colorado al verse medio pillado-. Lo supongo. Y he visto cómo se meten con él.
-Sí, tu hermano no lo puede ni ver. Nos dijo que habláramos con él si Scorpius se metía con nosotros. Pero la verdad es que nunca nos ha hecho nada.
Albus sintió una oleada de exasperación ante la maniobra de James. ¿Cómo era posible que su hermano estuviera tan ciego?
-Sí, James se cree que es Voldemort reencarnado.
El silencioso Lysander se decidió a intervenir también, cambiando de tema.
-Oye, Albus, ¿quieres ver el pedazo de ámbar con un billywig dentro que nos han enviado nuestros padres?
-Claro –dijo, interesado. La gente decía que sus aguijones secos eran uno de los ingredientes de las meigas fritas.
-Acompáñanos, está en nuestro dormitorio.
Albus echó a andar con ellos hacia la disimulada entrada de la sala Común de Hufflepuff, que estaba cerca de las cocinas del colegio. En teoría, la ubicación de las entradas a las cuatro Salas Comunes era un secreto, pero en la práctica todos sabían más o menos dónde estaban. Lo que Albus ignoraba era que estuviera localizada justo detrás de un cuadro muy realista que representaba una escena campestre. Al igual que en Gryffindor, debían decir una contraseña para que la puerta se abriera. Albus se quedó muy sorprendido cuando Lorcan la dijo delante de él y lo miraron como si dieran por sentado que iba a entrar con ellos.
-¿Queréis que entre?
-¿Está prohibido? –preguntó Lorcan, sorprendido.
-No creo que está prohibido, es que… no se hace. –Que él supiera, la única excepción a esto era la celebración del Solsticio, de la que Scorpius le había hablado-. Y no deberíais haber dicho la contraseña delante de mí.
-Ah, ya… Bueno, no pasa nada, la van a cambiar mañana.
Un alumno de esa Casa salió en ese momento por la puerta entreabierta del cuadro y los miró a los tres con una ligera curiosidad
-Oye, Richardson, ¿hay algún problema si entra un momento con nosotros? –preguntó Lorcan.
Para sorpresa de Albus, Richardson le dirigió una sonrisa amable.
-No creo, él es de fiar.
-Puedo esperar fuera, en serio.
-No digas tonterías, Potter. Siempre serás bienvenido en Hufflepuff.
Lorcan le metió entonces prisa para que entrara y Albus le siguió, intuyendo que Richardson había actuado así por ser hijo de Harry Potter. La idea le hacía sentirse afortunado e incómodo a la vez. Le gustaba mucho ver que la gente admiraba tanto a su padre, y bueno, conllevaba sus ventajas, pero también tenía la sensación de que todo era un poco absurdo. Richardson no tenía ni idea de cómo era él, podría haber sido un asqueroso como Watson, incluso una mala persona. Si algo le había enseñado su amistad con Scorpius era que los padres eran los padres y los hijos eran los hijos.
Pero una vez dentro, Albus no pudo dejar de observar todos los detalles de aquella Sala Común, que podría haber sido la suya. Era distinta a la de Gryffindor y, por lo que Scorpius le había contado, a la de Slytherin. Estaba decorada con tapices de color amarillo y los sillones tenían un aspecto realmente mullido y confortable, como pollitos gigantes. Alrededor de la Sala, que era redonda, había catorce pequeñas puertas redondeadas, como madrigueras, que debían conducir a los dormitorios. Cerca de las ventanas había dos macetas con dos frondosas plantas. Los alumnos estaban charlando tranquilamente, o jugando a las cartas y todos lo miraron con sorpresa al verlo allí, aunque no parecían exactamente disgustados. Albus, nervioso al notar tantos ojos fijos en él, saludó torpemente con la mano.
-Hola, Albus –dijo Harry Creevey, acercándose a él. Iba con su amigo Brian, un chico alto y rubio-. ¿Qué haces aquí?
Parecía más curioso que otra cosa, pero Albus seguía siendo demasiado consciente de que lo que estaba haciendo era totalmente insólito. No le gustaba llamar tanto la atención.
-Sólo he venido a que Lorcan y Lysander me enseñen una cosa.
-Espera un momento, Albus, ahora volvemos –dijo entonces Lorcan, desapareciendo con su hermano por una de las puertas.
-¿Qué es? –preguntó Harry.
-No sé si es un secreto, espera que vuelvan.
Harry frunció un poco el ceño.
-Espero que no hayan vuelto a meter ninguno de sus bichos en los dormitorios.
-No, no es ningún animal –le aseguró Albus.
-Mejor.
Los gemelos no tardaron en salir y tampoco tuvieron inconveniente en enseñarles a Harry y Brian el pedazo de ámbar, del que se sentían muy orgullosos. Según ellos, tenía más de diez mil años. Albus lo examinó con atención.
-Está genial –dijo al final-. Pero ahora es mejor que me vaya. Yo también tengo muchos deberes que hacer.
-Vale, nos vemos.
Albus salió entonces de allí y echó a andar hacia las escaleras principales para subir a su Sala Común. Se alegraba de que los gemelos no tuvieran nada contra Scorpius y había sido interesante ver el ámbar y el interior de la Sala Común de Hufflepuff. No había salido tan mal, después de todo, pero esperaba no tener que volver a cumplir un encargo así de tonto nunca más.
Un par de días después, Scorpius se las arregló para encontrarse con los gemelos. Albus ya le había contado lo que ellos habían dicho sobre él, y aunque costaba de creer, estaba claro que si los Scamander hubieran querido vengarse no habrían tenido razón para mentirle a Albus, al que habrían considerado de su bando.
-Eh…
Ellos lo miraron con extrañeza.
-¿Qué pasa? –preguntó el que debía ser Lorcan. Scorpius había decidido llamar así al primer gemelo que hablara hasta que la conversación no revelara otra cosa.
-¿Dijisteis en serio no queréis vengaros por lo de vuestra madre?
-Jo, qué pesado, que no queremos vengarnos de nadie.
Scorpius asintió.
-Está bien… Me alegro. Ya tengo bastante con James Potter y los Weasley.
Los gemelos se encogieron de hombros.
-Tú no nos has hecho nada.
Hubo una pausa incómoda. Scorpius se dio cuenta de que los gemelos encontraban realmente incomprensible todo aquel asunto.
-¿Es verdad que has estado viviendo en el extranjero? –preguntó Lysander de pronto.
-Sí.
-¿Dónde has estado? –preguntó Lorcan.
-No sé, en muchos sitios. –Hizo memoria-. China, Grecia, Estados Unidos, Australia… España, Francia, Italia… Israel, Senegal… ¿Y vosotros?
-Nosotros también hemos estado en Israel y en Estados Unidos. Nuestros padres querían fotografiar una manada que queda de piesgrandes.
-Oh, ¡yo también los vi! –exclamó Scorpius-. Mi madre nos llevó a mi hermana y a mí a verlos. Eran enormes. Y cómo apestaban.
Los gemelos sonrieron.
-Sí, es verdad. A carne podrida. También hemos vivido en Nueva Zelanda, Angola, Papúa-Nueva Guinea, México, Marruecos… Nuestros padres siempre están haciendo expediciones para buscar y fotografiar animales exóticos. –Scorpius vio cómo Lysander le hacía a Lorcan un gesto casi imperceptible-. ¿Por qué has vivido tú en el extranjero?
-Mi padre estaba haciendo negocios por todo el mundo. Y supongo que además querían que nos criáramos fuera de Inglaterra para que nos dejaran tranquilos.
Esto último no se lo habían dicho con esas palabras, pero Scorpius había sumado dos y dos. Les habían alejado de Inglaterra porque era peligrosa para ellos, no había más que ver cómo le habían recibido en Hogwarts. Y aun así, en Italia habían intentado matar a su padre.
-¿Qué tal es Australia? ¿Qué animales viste allí?
Scorpius les contestó, tratando de hacer memoria, y pronto se embarcó en una conversación sobre los países en los que habían estado. Los Scamander prácticamente sólo hablaban de los animales que habían visto en cada sitio y en la comida más rara que habían probado, pero aun así era interesante. Se trataba de países mucho más exóticos que los que él había visitado. Antes de darse cuenta los tres terminaron sentados en uno de los bancos de piedra que había por los pasillos, charlando tranquilamente.
"Querido Scorpius,
La verdad es que me ha sorprendido mucho lo que me has contado de los Scamander. Cuando terminó la guerra traté de hablar con Luna Lovegood para decirle que sentía lo que le había pasado en Malfoy manor y su padre me dijo que ella no quería volverme a ver en la vida. Quizás el tiempo ha hecho que esté menos enfadada conmigo y con tus abuelos. Si es así, me alegro, y es un gesto que le honra. De todos modos, ten cuidado con lo que dices delante de los gemelos, porque podrían decírselo a sus padres y Lovegood se lo podría decir a su vez a Potter.
Por cierto, espero que repases genealogías, Scorpius. Una de las tatarabuelas de Luna Lovegood era una Diggory prima hermana del padre de tu tatarabuelo, Cygnus Black. Y su bisabuelo materno, Jacob, era primo hermano de tu tatarabuelo, Caronte Malfoy. Esas cosas tendrías que saberlas. De todos modos, contestando a tu pregunta, el parecido en el color del pelo es simple coincidencia.
No se me ocurre por qué demonios íbamos a querer ir de vacaciones a Papúa-Nueva Guinea (no, no tenemos negocios allí), pero imagino que podemos hablarlo cuando vengas en Pascua.
Cambiando de tema, si todo sale bien, los Malfoy pronto daremos una sorpresita. No te digo nada más, ya lo verás tú mismo en El Profeta cuando llegue el momento. Y tranquilo, que es algo bueno. Podrás sentirte orgulloso. Pero espero que no presumas mucho. Los Malfoy no alardean. Admito que personalmente me costó mucho seguir esa regla cuando tenía tu edad, pero creo que tú sabrás hacerlo mejor que yo.
Nos vemos pronto, Scorpius. Besos,
Draco Malfoy"
Continuará
