Conociendo al enemigo
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"Mantén a tus enemigos cerca."
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No sabía que esta frase se aplicaría a él. Siempre se había considerado una persona sin enemigos; nadie se metía con él y él no se metía con nadie, asi de pacífica era su vida. No había contemplado que adentrarse en la vida de Hermione, significaría un revuelo en su vida y más aún en su alma.
Edmund ahora se sentía tan fuerte, con un valor que creyó no tener nunca. Cada que Hermione lo necesitaba, ahí estaba él para ella. Le ayudaba a estudiar para su examen del próximo año, y al mismo tiempo cumplía con su rol de estudiante y practicante. Hermione lo motivaba para esto y más.
Había adquirido una rutina nueva: las mañanas a la universidad, las tardes al hospital y ya por la noche acudía a visitar a Hermione a la Madriguera. Susan reclamaba que ya vivía en casa de los Weasley, debido a que pasaba más tiempo allá que en la mansión. Pero detrás de todo esto, ella se encontraba feliz por su hermano, al fin alguien lo había hecho despertar y disfrutar de las cosas que en verdad importan. Incluso, ahora se llevaba mejor con Peter y ver a su familia unida lo agradecería enormemente.
Y no fue lo único importante que pasó alrededor de Edmund. Hace cuatro días que se había ido la madre de Hermione, debía volver con el señor Granger, pero prometió que volverían para el nacimiento de su nieto. Edmund la llevó al aeropuerto, esta vez Ron no lo acompañó. Durante el trayecto esto fue lo que le había dicho:
—Quisiera no dejarla aquí en Londres —explicaba conforme se acercaban al aeropuerto —, pero me tranquiliza tanto dejarla estando rodeada de gente que la ama.
La señora Granger le sonreía abiertamente, había algo que ella sabía y que Edmund no lograba asimilar. Pero la mujer no quería asustarlo con lo que había descubierto en sus días en la Madriguera; la forma en la que se trataban, como cuidaba de su hija, como su mirada se iluminaba con tan solo verse a la distancia.
—Quiero pedirte algo, Edmund. Cuídala —le pidió dulcemente —, cuida de mi Hermione. Sé que te pido mucho, pero estoy mas que convencida de que tu estarás complacido por cuidar de ella.
—Señora Granger, jamás nadie había adivinado tan a la perfección mis sentimientos.
—Se que tu serás bueno. No eres nada comparado con ese Draco Malfoy que destrozó a mi hija.
A Edmund casi se le detiene el corazón, la señora Granger ni siquiera noto que él casi muere de la impresión. Jamás se le había ocurrido pensar en el hombre que había embarazado y abandonado a Hermione, ciertamente no le importaba saberlo. Pero ahora sabía que el causante de todo se había sentado a su lado en clases por muchos meses.
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Había acudido esa mañana al hospital para su cita mensual, faltaba menos de dos meses para que su bebé naciera, y ahora se sentía más dichosa que nunca. Hermione había encontrado una paz infinita y una felicidad que un día perdió. Incluso esta vez, se sentía distinto. Todo gracias a los Weasley y, en especial, a Edmund.
Ginny la acompañaba a aquella cita. La sostenía con el antebrazo para poder ayudar a su amiga embarazada a entrar en el elevador. No podía evitar buscar con la mirada a Peter, sabía que sería muy sencillo toparselo en aquel lugar, quería verlo. Pero sabía que lo más importante era hablar primero con Harry, tenía más que aclarado todo en su mente.
Al llegar al piso de obstetricia, ambas salieron al gran pasillo. Y para la sorpresa de Ginny, ahí estaba Peter. Se encontraba portando su bata blanca, hablaba con otros doctores, se veía sumamente profesional, y para qué negarlo; sumamente guapo. Toda su atención se quedó atrapada en Peter.
Tal vez, si no se hubiera distraído, hubiera podido evitar lo que a continuación ocurriría.
Draco se acercó a Peter, muy interesado en la plática que mantenía con los doctores residentes. Pero no pudo prestar más atención a sus superiores, cuando la vio a ella. Ahí de pie, hermosamente embarazada. El alma, si alguna vez la tuvo, se le escapó en un suspiro. Se quedó hecho piedra.
Para la castaña, todo fue en cámara lenta. Se sentía tan bien aquella mañana, que jamás pensó en que era probable ver a Draco en aquel lugar. Hasta que lo vio. Justo a unos metros frente a ella, él la miraba sin parpadear. Y todo el amor que una vez logró sentir por el rubio, ya no se presentó.
En aquel momento sintió una furia tremenda, la manera en que la había botado a tan solo unas horas después de haberle dado la noticia de que serían padres.
Comenzó a temblar, todo en su mente le recordaba todo el odio que sentía por Draco Malfoy, y no podía pensar en otra cosa que las mil maneras de hacerle daño ahí mismo. Que sintiera toda la desdicha que ella sintió. Sentía que podía descuartizarlo sin dudar.
Ginny sintió los temblores de su amiga, volteó a verla asustada.
—¿Hermione? —pero su amiga no reparó en ella. Fijó la vista a donde miraba la castaña y vio al rubio, que no dejaba de observarla —¿Hermione quieres que nos vayamos?
Pero todo empeoró en segundos, fueron tantas las malas emociones que sintió Hermione, a tal grado de comenzar a sentir una fuerte punzada en el vientre.
—¡Ah! —se dobló por la cintura. Llevó sus manos directamente a su estómago. Comenzaba a marearse, el dolor era insuperable. Ginny alcanzó a agarrarla, pero no podía sostenerla por mucho tiempo. Hermione ya no podía sostenerse en sí.
—¡Ayuda!
Al instante Peter y Draco corrieron a su encuentro, al mismo tiempo que los doctores con los que se habían encontrado hablando.
—¡Ginny! ¿Qué sucedió? —ambos jóvenes se disponían a tomarla para que no cayera directamente al suelo. Pero al ver que Draco se acercaba, la voz de Hermione lo hicieron paralizarse.
—¡No me toques! ¡Alejate Malfoy! —la mirada de Hermione no era la misma tierna y cálida que una vez le había brindado. Ahora ya no había rastro de eso, a su paso, había ira y repulsión. Draco no se alejaba, no respondía en sí.
—Señor Malfoy, haga el favor de retirarse —el doctor que estaba a cargo fue el que logró hacer que el rubio entendiera. Se retiró lentamente, viendo todo lo que con su simple presencia había causado.
—Llevemosla a revisión, Peter sientala en la silla de ruedas.
Pero no pudieron avanzar más, debido al intenso dolor, Hermione se había desmayado. Así que Peter, la levantó en brazos.
—Ginny la revisaremos, debes llamar a sus padres —le indicaba Peter, mientras se alejaba con su amiga en brazos. Sabía que, por la mirada del rubio, era importante hacer esas llamadas, intuía que algo iba mal.
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Manejaba deprisa, iba que echaba fuego con las llantas de la camioneta. Al momento en que Ginny le había informado que Hermione se puso mal, no dudó en saltarse la clase que tenía extra ese día,
Llegó en menos de 15 minutos, jamás había conducido de esa manera. Pero Hermione valía cada infracción. Entró como una bestia al hospital, no tenía tiempo de esperar el ascensor, por lo que subió corriendo las escaleras. Jamás había corrido tanto, pero esta vez sentía que se moriría si no llegaba deprisa.
Al llegar al piso indicado, busco como loco a Ginny. La vio sentada en una banca, con la preocupación marcada en el rostro.
—¡Ginny! ¿Dónde está Hermione?
Pero antes de que pudiera contestar, su hermano Peter se acercaba a ellos. No pudo dejar de sentir confusión al ver a Edmund y Ginny juntos.
—Tendremos que practicarle una cesárea a Hermione. Ha perdido mucho líquido y no es seguro para ambos. La están preparando ahora mismo, necesito que firmen unos papeles ¿llamaste a sus padres?
—Los padres de Hermione están en Australia, pero mi mamá ya no tarda en llegar, ella está cuidandola en estos meses.
Ginny vio a Edmund a punto de la desesperación, por lo que se apresuró a rodearlo con su brazo por los hombros. Peter se encontraba tan contrariado, incluso los celos comenzaban a aflorar ¿Que hacía su hermanito? ¿Por qué Ginny lo abrazaba con tanta confianza?
—Tranquilo, Edmund. Hermione es fuerte, debemos de serlo también.
—Es muy pronto para que nazca, ¿el bebé estará bien? —esto último lo preguntó mirando a su hermano a los ojos. Peter vio la preocupación en su mirada, y todo esto le hizo pensar que tal vez Edmund sería el padre de ese bebé. Eso sí que era una idea remotamente ridícula.
—Es la opción más viable Ed, no debes preocuparte, haremos todo lo posible —hablar con su hermano de esta manera lo hacían sentirse extraño, tener que reconfortarlo y transmitirle confianza era algo que jamás había hecho, se daba cuenta de cuan distanciado había estado de él —. Ahora ve a ponerte una bata, intuyo que querrás estar cerca de ella.
Fue lo único que se le ocurrió para poder tranquilizarlo. Edmund se quedó quieto unos segundos pero al instante se puso en marcha para poder cambiarse dejándolo solo con Ginny. Y por un instante los celos volvían a él, pensar que su hermano sí podía acercarse a ella sin temor, sin sentir que hacían mal las cosas, que Ginny daba el primer paso para acercarse a su hermano y no a él.
—Gracias por dejar que Edmund entrara, mi amiga estará tan agradecida por eso.
—Veo que conoces bien a Edmund —fue lo único que pudo pronunciar para poder contener todos los pensamientos negativos que emanaban de él. Intentaba mostrar una sonrisa para no delatarse.
—Si, un poco. Él es como el novio de Hermione, pero sin serlo —explicaba Ginny.
—Entonces ¿Estoy a punto de ser tío? —preguntó incrédulo. Quería soltarse a reír a carcajadas, pero eso significaba que su hermano no tenía ninguna relación cercana con la pelirroja, así como la tenía él.
—Podría decirse —Ginny sonreía ante la idea, era difícil de explicar —, Edmund no es el padre del bebé, pero en estos días casi se gana el título.
Fue lo único que le dijo a Peter, no quería ser ella la que adelantara las cosas a los hermanos de Edmund, debía ser él junto con Hermione quienes decidieran qué hacer con su intento de relación. El rubio se disculpó con ella, tenía que entrar ya con la castaña para ayudar con su cesárea.
Ginny lo vio alejarse, no sabía como se había contenido para no lanzarse al encuentro con sus labios tal cual lo hizo aquella noche en la Madriguera, ahora más que nunca deseaba hablar con Harry y aclarar todo.
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Había salido del hospital, le habían pedido que se alejara y eso fue lo más complicado que le había vuelto tocar hacer. Draco se recargó en la pared del edificio, sentía que sus piernas no lo podrían sostener más, recordaba la forma en la que Hermione lo había mirado y eso fue mil veces peor que la primera vez que la dejó.
Sabía que no tendría caso intentar acercarse a ella, ya había perdido toda posibilidad.
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Al verlo entrar al quirófano, sintió un alivio inmenso. La tenían ya preparada para comenzar con el procedimiento, se sentía tan nerviosa, con un temor horrible de saber que su bebé sería prematuro; pero al verlo atravesar la puerta todos sus miedos se disiparon.
—¡Edmund! —extendió su mano para entrelazarla con la del joven Pevensie —, creí que nadie vendría a acompañarme.
—Siempre te acompañaré, no dudes eso —y una vez más, ese valor que le infundía la castaña se hizo presente. No soltó su mano, la miró a los ojos sin dudar. Porque estar con Hermione no lo hacían dudar de nada, tener que hacerse cargo de un bebé, llamarlo su bebé, era algo propiamente absurdo. Pero su amor por Hermione había crecido en tan poco tiempo, que amarla a ella significaba amar a esa criatura que estaba por nacer. De pronto una gran responsabilidad le caía encima, y se sentía ansioso, nervioso y entusiasmado por entrar en una nueva etapa en su vida.
Ya nada sería aburrido, ya no se sentiría solo jamás. Ya no sería débil.
—La anestesia pronto comenzará a hacer efecto —le avisaba la enfermera.
—Todo estará bien corazón —se animó a decirle Edmund al tiempo en que besaba la comisura de sus labios. Iban comenzando un viaje, de esos que no sabes cuánto durarán pero que cuentas con la certeza de que será lo más extraordinario que experimentarás.
Había miedo de por medio, pero ¿qué gran cambio no te genera cierto temor? Y más aun trayendo consigo una gran responsabilidad como cuidar a un bebé, que otro ser humano esté a tu completo cuidado. Pero nada de eso lo iban a hacer retractarse, su corazón ya estaba estancado en esa castaña, sus sentimientos ya no dudaban; Edmund Pevensie ya no dudaba.
—Te amo Hermione —las palabras de Edmund fueron recibidas a la perfección por Hermione, como si de una droga se tratara, sonrió con ímpetu y el temor pudo ser apaciguado al instante.
—Yo tambien te amo, Edmund.
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Afuera, en la sala de espera, Ginny seguía a la espera de que su familia llegara. Molly había se encontraba retrasada, miraba el reloj que colgaba en la pared para ver si éste lograba aparecer a su madre, pero esto no sucedió.
Las puertas del ascensor sonaron al abrir su puertas, trayendo consigo a su novio, Harry entraba al piso, al verla ahí sentada se acercó a ella. Ginny lo recibió con un abrazo, se encontraba tan abatida y preocupada por su amiga, que tener a alguien conocido en aquella fría sala de espera era un gran alivio.
—¿Cómo se encuentra? —fue lo primero que pudo decir Harry sin dejar de abrazarla, al igual que la pelirroja, él estaba preocupado.
—No ha salido nadie a darme noticias, Edmund está dentro con ella.
—Ese tipo siempre tan oportuno ¿cierto? —comentó sonriendo mientras miraba a su novia, se separó de ella rompiendo el abrazo. Ginny vio una oportunidad, lo tenía ahí justo enfrente de ella.
—Harry, necesitamos hablar —Las palabras de Ginny fueron directas y serias. Miraba a Harry con absoluta firmeza —. No tiene nada que ver con Hermione, es sobre nosotros. Sobre nuestra relación —el azabache la miraba atento, ciertamente él se había planteado lo mismo días atrás —, sobre nuestro distanciamiento, sobre el hecho de que ya no te amo.
Ginny esperaba una reacción tremenda, una serie de preguntas e incluso gritos. Pero la verdad fue que Harry le sonrío serenamente.
—Creo que ambos estamos con los mismos sentimientos, Ginny. No sabía cómo expresarlo, ni siquiera sabía cómo mirarte a la cara con todos estos sentimientos desapareciendo.
—Harry, creí que me odiarías, creí que te rompería el corazón enterarte de todo esto.
—Ambos hemos cambiado, ambos lo dejamos desaparecer, y ninguno de los dos hicimos algo al respecto. Simplemente el amor desapareció.
—Quiero terminar contigo Harry. Estoy lista para empezar otra historia —por el momento, Ginny no podía decirle que comenzaba a sentir algo por otra persona y que ese fue su detonante para animarse a terminar con él.
—Estoy de acuerdo, aunque, hace unos meses que llevo esto conmigo todo el tiempo —comentaba sacando una cajita de terciopelo negro de su bolsillo, se lo extendió a la pelirroja —. En verdad creí que eras la indicada.
Ginny admiro el anillo que había dentro, se sintió halagada con Harry por pensar en ella de esa forma, pero sabía que incluso él ya no sentía lo mismo por ella. Por lo que esa sortija nunca fue para ella.
—Esto no me pertenece —comentó regresándole la cajita—, ahora puede pertenercerle a alguién más, a la mujer indicada. Merecer encontrarla.
El azabache tomó la cajita, guardandola nuevamente en su bolsillo.
Se miraron y ambos se sonrieron. Ya no se amaban, ambos habían elegido otros caminos, otras personas. Y ahora Ginny sentía algo muy parecido a la libertad; podía hacer lo que quisiera.
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Pasadas tres horas, Hermione se encontraba en recuperación acompañada por algunos Weasley y Harry. La cesárea fue un éxito, su bebé se encontraba estable pero no lo habían dejado con ella, se lo habían llevado inmediatamente a una incubadora pues su prematuro nacimiento así lo requería.
Había dado a luz a un varón, un pequeño niño castaño con la piel más pálida que jamás vio. Quería verlo y cargarlo, pero debía ser paciente para poder disfrutarlo. Se percató que Edmund llevaba ya varios minutos desaparecido e intuía donde se encontraba.
Edmund miraba a la criatura a través del cristal de la habitación donde lo habían internado. Estaba dentro de la incubadora, con un respirador en el pequeño rostro, se veía tan frágil dentro de esa caja transparente. No lo podía creer; en tan solo unas horas había dicho que amaba a alguien, se había convertido en un padre (o eso asumió él), todo fue tan rápido pero lo más impactante fue que todo sucedió de una forma tan sencilla, al natural, como sí formar una familia de ese modo fuera lo más común del mundo.
—Hola pequeño —susurró al cristal —, me alegra tanto que estés con vida. Me he preocupado tanto por ti y por tu madre, que verte respirando justo a unos metros me hace sentir tanto alivio. Se fuerte, aún la lucha no termina.
Nadie más estaba ahí para presenciar las palabras de Edmund. Cualquiera diría, que eran las palabras de un padre a su hijo. Su hijo.
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Se encontraba ausente en aquel bar, su acompañante se sentía tan ajena, su bebida era de los más insípida. Incluso la música era incomprensible para él. Quería huir, esconderse. A quien engañaba, quería largarse a llorar, pero ahora estaba tan metido en este patético plan, que no podía escapar.
—Te pido que cuando veas a nuestro futuro abogado, mantengas la compostura —la voz de astoria le pareció tan alejada a pesar de tenerla sentada a lado suyo. Lo miraba para ver alguna señal de entendimiento de su parte, pero al no encontrarla siguió hablando —. Draco, ¿estás escuchando?
Después de haberse alejado del hospital, acudió a su cita con Astoria y su nuevo "aliado" para la estafa de sus padres. Tan solo el día de ayer creía que era el mejor plan que se le había ocurrido, pero hoy, hoy solo creía que pelearía en vano, que saldrían perdedores. Que todo sería una mierda.
Pero Astoria no lo dejó huir, lo había obligado a no faltar ese día, porque si bien, quería desaparecer; esa mujer lo conducía a no dejarse caer, al menos no tan fácil.
—Si te escucho Astoria, quieres que no me alarme al ver a tu amigo abogado.
—Bien hecho —comentó sonriente —, me alegra saber que captas mis palabras. Porque en verdad necesito que las comprendas. No quiero una escena en el bar.
Astoria se notaba preocupada, como si ella supiera algo que él ignoraba.
Pasaron breves minutos cuando la campanilla de la puerta del bar sonó. Anunciando que alguien entraba. Ciertamente no se percató que Astoria se ponía tensa justo al mirar a la persona que había entrado, y que inmediatamente lo miraba a él; esperando a que saltara en cualquier instante.
—Hola Astoria, me alegra verte.
Esa voz la conocía, levantó la vista de la mesa para apreciar al tipo que estaba parado junto a ellos. Solo el verlo le causó un mal en el estómago, no quería delatar que su presencia lo descolocaba, porque al fin de cuentas; era amigo de Hermione.
—Potter —las palabras de Draco a penas dejaron de sonar arrogantes.
—Malfoy, creí que habías huido de Londres, por lo que escuché.
Harry miraba al rubio con odio mal disimulado, pero trataba de comportarse estando Astoria frente a él. Era la hija del dueño de su escuela, no quería tener problemas con su institución.
—Como verás, Draco y yo hemos estado ocupados, nadie ha desaparecido —Astoria miraba a Harry seriamente, sabía a qué venía el comentario de Harry, y no le gustaba nada que le hablaran así a su amigo.
—Estoy confundido, como a Malfoy se le da por desaparecer —y para qué mentir, Harry odiaba al rubio por lo que le hizo a Hermione.
—Harry, estás aquí para ayudarnos, si ahora que viste a Draco ya no planeas hacerlo, te pido te retires —pidió Astoria firmemente. Vio que Harry dudaba, no se movió inmediatamente y por un momento temió que en verdad se fuera. Sabía que Harry era una carta perfecta para su ataque, algo que nadie esperaría y qué mejor que el elegido de Dumbledore de su lado.
Pero Harry no se fue, optó por sentarse a lado de Astoria, los apoyaría, le había dado su palabra a la chica y no se echaría para atrás. Aunque ayudar a Malfoy no fuese de su agrado.
Le contaron el plan. de la estafa, de lo que sus padres planeaban hacer con ellos para asegurar su fortuna. De que fingirían casarse para que creyeran que estaban de su lado. Pero que temían por hacer un movimiento en falso y fueran descubiertos. Necesitaban protección y Harry sabía cómo dársela.
Terminaron de charlar unos cuarenta minutos después, en toda su plática trató de no mirar a Draco, porque sabía que se abalanzaría sobre él, sobre su perfecto y pulcro peinado y su maldita sonrisa ladeada. Pero se contuvo, se felicitó a sí mismo por no matar al rubio y saber controlar la situación. Todo iba bien, hasta que Astoria se despidió dejándolos a ambos solos salir del lugar.
—Creo que Astoria fue mejor opción de Hermione —observó Harry, caminaba detrás del rubio mientras salían por la puerta. No podía no decirle todo aquello.
—No sabes nada Potter.
—¡Claro que lo se! ¡Dejaste a mi amiga! ¡Casi muere el bebé y todo por tu culpa!
—¡Yo solo lo hice por protegerla! —Draco no pudo más, se volteó de golpe para enfrentarlo cara a cara. Ahora que lo veía tan cerca, se percató que su rostro ya no era el mismo. La perfección que un día presumió, hoy se había esfumado. A su paso unas ojeras, labios partidos y piel pálida lo sustituian.
—No entiendo tu forma de pensar, ¿cómo ibas a proteger a un bebé abandonandolo?
—Eso Potter, es algo que no te incumbe.
—Pues solo reafirmas lo que siempre creímos de ti, un cobarde maldito. Jamás te importó nadie que no fueras tu. Y ahora, ¡Ahora sales con otra y planeas quitarle la fortuna a tu padre! ¿¡En que te has convertido!? —Harry estaba al borde de la histeria, verlo sin expresión alguna lo desesperaba, mientras Hermione sufría, el estaba ahí, sin sentir nada. Eso creía él.
—Nada de esto es para ganar una fortuna —Draco se había calmado un poco antes de contestar, hablaba pausado, ya no quería gritar, necesitaba comenzar a encontrar paz en las palabras que saldrían de su boca; porque ciertamente él no había actuado con maldad en sus intenciones —. Lo hago simplemente para que mi padre se quede en ceros, no me interesa su dinero, me interesa hacerle perder lo que más ama, así como él lo hizo conmigo.
Harry no comprendía del todo sus palabras.
—Por dios Potter, no se porque te digo esto. Cuando mi padre se enteró que Hermione estaba embarazada, amenazó con hacerle daño a ella y al bebé si yo seguía a su lado. Parte de la amenaza incluía que debía casarme con Astoria para poder cumplir su capricho de poseer más fortuna, más empresas. Potter, él va a matar a Hermione si yo me le acerco a ofrecerle ayuda.
El azabache parecía que había recibido noticias surrealistas. Siempre había pensado en Draco como el malo de la historia, y ahora, nada era lo que parecía ser.
—Pudiste luchar por Hermione.
Harto, desesperado, exhaló una bocanada de aire —Mirame, es lo que estoy haciendo —replicó antes de darse media vuelta y dejar a Harry plantado sobre sus pies sin poder replicarle nada más. Vio como el rubio se alejaba decidido. Todo este tiempo había creído lo peor de ese hombre, y ahora, sólo veía a un tipo que había hecho lo mejor que pudo hacer en su debido momento.
Entendió, que ya no debía usar la palabra cobarde para describir a Draco Malfoy.
