historia de Josenso Di Farias los personajes son de Meyer...
CAPITULO 12
No tenía suerte, era el segundo día que recorría el área, y esta vez había traído consigo a Skip, su perro labrador, aunque no era de gran ayuda, estaba más interesado en jugar con una vara que llevaba y traía que encontrar su anillo; realmente creyó que el perro tenía alguna habilidad rastreadora, pero no es lo mismo encontrar huesos que el mismo animal enterró que un anillo entre medio de la maleza al costado de la carretera. No fue su intensión tirarla por la ventana, pero la pelea con su novio le había alterado y especialmente él sabía cuando se enfadaba realizaba actos impulsivos y pocos juiciosos, como tirar su anillo por la ventana en medio de la noche, creyendo que su relación había terminado. Por lo que estaba desesperada, dependía su relación el encontrar el anillo, aunque podía alegar muchas cosas para justificarse pero también sabía que costaba dinero, que ninguno de los dos podía afrontar nuevamente por los tiempos de crisis económica.
Ayudada con su pie, Maria Morales, abrió entre medio del yuyo en busca de ese preciado e imperante objeto pero demasiado pequeño; no le daría la satisfacción a su suegra, no era una adulta que se comportaba como una niñita, solo tenía sus pequeños momentos de angustia absolutamente justificada y por ende, actuaba de cierta manera, errática para muchos, apasionada para ella—. Vamos Skip, ayúdame. —Suplico hacía el animal que le miro un rato para luego mover la cola y girar sobre sí mismo corriendo hacia delante—. ¿Quién mierda me manda a hacer estas cosas? —Garrett no se lo perdonaría, o al menos tendría que ceder en varias cosas para que estuviesen bien, cosas que no quería ceder. Hacía dos horas estaba buscando, por suerte no hacía mucho frio pero si tenía ganas de orinar, muchas ganas; las contuvo, cuando se percató de un objeto entre medio del pasto. Distinguió la forma de una billetera, sonriendo por la suerte que tenía, esperaba que tuviese dinero dentro, que no le vendría nada mal. La billetera, tenía unos pocos billetes, entre papeles de promociones de distintos lugares había una identificación; sacando la célula identificadora, lo leyó—. Edward Cullen —Sonrió mirando la foto del joven que le pareció apuesto—. Si que estas para… lástima que seas tan chico. —Frunció la nariz desilusionada al enterarse por su fecha de nacimiento que apenas tenía 18 años.
Skip labró fuertemente, indicando un lugar a tres metros de ella, Maria guardo el dinero en su bolsillo sin soltar la billetera, dirigiéndose hacia donde estaba su perro. Noto a Skip inquieto, olfateando hacía otro objeto—. ¿Qué encontraste? —Le demando y fue ahí cuando vio una zapatilla, con manchas de sangre; un escalofrió recorrió su espalda, asustándola, pasando su vista desde la billetera hacia la zapatilla; inquietada por el ladrido del perro grito, soltando la billetera como si esta le quemara. Tomo del collar del perro para alejarlo de ahí, lográndolo con dificultad, el animal se había alterado con el rastro de sangre; por el miedo, hizo lo que siempre hacía cuando estaba en dificultades o no sabía qué hacer, llamar a Garrett.
Después de tres timbres, él le atendió—. ¿Qué pasa, Maria? —Molesto por la última pelea. Ella grito sin decir nada concreto—. ¡¿Qué pasa?! ¡¿Te lastimaste?! ¿Dónde estás? —Se desesperó su novio. Sin quitar su vista de la zapatilla que estaba manchada con sangre y como la foto de un joven se visualizaba cuando la billetera se cayó y abrió los ojos, pronunciando.
—Creo que mataron a alguien.
.
.
Le miro la herida, la cascara formada por el golpe estaba seca pero aún faltaba tiempo para que esta desapareciera, procurando no tocarla recorrió el contorno de esta perdida en algún pensamiento lejano solo inculcada en acariciar su rostro. Cada línea de su cara y también de su cuerpo le parecía hermosa, brindando paz en su interior, él estaba ahí, a su lado y lo demás no existía. Miro hacía la ventana y el sol estaba alto en el cielo, los días de frio acababan así como el tiempo de Edward en la casa, sonrió triste porque no podía evadir por mucho tiempo más la realidad, él tenía que regresar con los suyos y ella. A quien le importaba lo que pasaría con ella, ni siquiera a ella misma le importaba. Paso sus dedos por los bordes de sus pestañas, siendo estas muy largas, debía ser uno de los motivos de su mirada profunda, las pestañas daban esa impresión; Edward estaba profundamente dormido, tenía el sueño muy pesado, cosa que le impresionaba bastante, gustándole, así podía mirarle o tocarle sin ser sorprendida en una posición incómoda, aunque demasiadas cosas habían hecho juntos como para tomarle con la guardia baja. Adoraba su aroma, no era un perfume, su propia piel expedía el rico sabor a hombre y eso era lo que extrañaría cuando todo terminase, porque con la llegada de la realidad lo perdería todo.
Contuvo las ganas de llorar que acumulaban la comezón en su nariz y el peso en su pecho, porque ella siempre lo supo, no podía durar para siempre, muy egoísta y totalitaria había sido y el momento de la separación había llegado. Sabía que le estaba pasando a él, la delicadeza y consideración que demostró hacía ella, tenía el nombre de "Síndrome de Estocolmo", podría lidiar con eso cuando fuese a un psicólogo, contando entre otras cosas como una loca, fea, gorda y estúpida chica, llena de maldades le había obligado a tener sexo con ella y no mentiría, cualquier acusación sería cierta y le dolía haberle dañado. No tenía miedo a las consecuencias de sus actos, solo las implicaciones en él, como todo esto había afectado a él y a su familia; lo que siempre se repitió no tenía base alguna, no era una buena persona, no cuando hizo tanto mal a su paso sin plantearse a los demás, sin tener en consideración a Edward. Bajo su cabeza apoyándola sobre la almohada, posicionando su nariz justo en el cuello de él, aspirando su aroma, quería recordarlo, no podría olvidarlo y quería vivir para siempre en ese momento, junto a él.
Le abrazó con fuerza aferrándose a lo imposible, y lo imposible se acomodó para regresar su abrazo, protegiéndola con su cuerpo. Edward abrió los ojos encontrándola a su lado y sonrió tranquilo, percibió cierta tristeza por parte de ella pero no preguntó sobre el tema, no quería que ella se apartara protegiéndose del pasado, por lo que paso su dedo gordo por los labios de ella, concentrándose en su boca
— Puedes confiar en mí, Bella. —Ella tembló, soltando una lagrima esquiva a su defensa, ocultándose en el pecho de él, para alejar el odio y el tiempo que jamás fue justo con ella, detestaba como las horas pasasen como minutos y él no podía quedarse eternamente con ella. Edward la sostuvo, mientras que lloraba entre sus brazos y le dolía sentir el peso de ella, como se desgarraba cada órgano suyo ante los sonidos de queja; ella aferro su agarre sobre él, como si en cualquier momento desapareciese por lo que intuyo automáticamente a que tenía miedo, y no podía acotar nada para apaciguarla, también sabía que en algún punto tenía que irse.
¿Cómo es posible que el corazón no se rompa? ¿Cómo puede doler tanto y no dejar de latir a consecuencia? Estaba aterrada, horrorizada con lo que ella misma se había hecho, porque todo era su culpa, ella se mintió tanto tiempo y ahora tendría que afrontar las consecuencias, no había nada peor que afrontar el castigo que la misma vida había dispuesto ante sus acciones, él se iría y todo volvería a ser como antes pero; ¿cómo le olvidaría? ¿Cómo podría seguir adelante? ¿Cómo se levantaría cada mañana sin él a su lado? Y esa era su sentencia, nada podía cambiarlo por lo que le abrazo y lloro, liberando parte de sus penas, no quería ser libre cuando estando con él significo tocar lo magnifico y horrible de la existencia y salir airosa para seguir con vida besándole. Edward le acurruco, pasando su pierna encima de las de ella, rodeándola, sin excitarse por tocar su cuerpo desnudo con el suyo sino que palpando el dolor, era lo mismo que él sentía y cerrando los ojos, una lágrima también cayó por su rostro.
El comisario Hyde bajo el cigarrillo colocándolo sobre el cenicero, para soltar el humo mientras que el sargento primero Ramírez y el cabo Smith esperaban, ocultando su nerviosismo
— ¿Registraron bien la zona? —Se limitó a preguntar con tono molesto; las consecuencias de este caso podrían ser nefastas para la comisaría, y por ende, para su cargo.
—Sí señor, no encontramos nada más. —Indico el sargento, muchas cabezas rodarían si encontraban el cuerpo del muchacho después de no atender correctamente el reclamo de su madre por la desaparición. Hyde no llego a asentir cuando golpearon la puerta.
—Adelante. —Y entró el fiscal de turno, Charlie Swan. Sin dignarse a saludar a los presentes, fue directamente hacía la mesa, donde se encontraba dentro de dos bolsas separadas, una billetera y una zapatilla ensangrentada. Tomo la zapatilla mirando la billetera sobre la mesa y asintió hacía un pensamiento no compartido, nerviosamente.
—¿Cuándo encontraron esto? —Era la primera vez que Hyde notaba al fiscal Swan preocupado con respecto a un caso.
—Ayer, rastrillamos la zona pero no encontramos nada más, la sangre está seca pero la lluvia de hace días habrá quitado la mayoría de esta. —Pasando la mano por sus ojos, apretando los ojos, Charlie reprimió cualquier actitud improductiva que quisiese entorpecer su labor—. ¿Se encuentra bien? —Charlie abrió los ojos, para sentarse en una silla próxima, enfrente del comisario.
—Conozco a los padres, —agito la cabeza molesto— mejor dicho sus tíos, Carlisle Cullen es mi amigo. —Con eso el comisario Hyde confirmo que sería una mierda este caso, el chico desaparecido tenía conocidos que podía arruinar su vida. El sargento y el cabo se miraron incómodos, para luego mirar como el comisario sudaba por más que no existiesen las condiciones climáticas para que lo hiciera—. Hace dos días llamo a su padre que esta institucionalizado, y por lo que me entere, le dijo algo que le altero. —Se concentró en cómo le diría a Carlisle y su mujer sobre lo que encontraron—. Rescate no pidieron. —Quiso darle forma a sus pensamientos, formalizando alguna hipótesis hasta que el comisario tosió, llamando su atención.
—Por lo que sé, el chico llamo hasta ahora dos veces, y como leí en la denuncia hecha por la señora Cullen. —Aclaro levantando el formulario realizado. —Ella oyó ruidos raros de fondos y que el chico se escuchaba distante; "cansado" dijo. —Citando lo que Esme expreso— y ahora usted me dice que llamo a su padre, más de tres semanas después, para alterarlo. No es un caso de trata de blancas, no trafican con adolescente masculinos mayores de edad, no tenemos que tomar ese rumbo, pero sí, es probable que lo tengan secuestrado, aunque no hayan pedido rescate y por la sangre el chico esta herido, sino es que esta muerto a este punto. —Ante la exposición del comisario, Charlie regreso su vista a la billetera, sabiendo que cambiaría la vida de Carlisle para peor.
con ustedes otro cap... espero que es guste... en un rato subire otro.
*** Gis Culle ***
